¿Gordito pero feliz?

17.04.2011 | Noticias y protagonistas
Según últimos estudios realizados, las personas con obesidad visceral o elevada acumulación de grasa abdominal presentan alteraciones hormonales características de un envejecimiento prematuro junto con alteraciones del estado de ánimo.
Nos comunicamos con Rubén Bravo, experto de nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, quien explica cómo afecta la grasa abdominal a la vida cotidiana.

Noticias & Protagonistas: Usted es especialista en nutrición y obesidad visceral, un tema que toma cada vez más importancia. ¿Es verdad que cada vez hay más chicos y adolescentes obesos?
Rubén Bravo: Es verdad, los datos se disparan, ya están en un 15 o 20% de los niños, y esto engrosará los datos actuales, que ya son alarmantes. Es un problema muy grave.

N&P: Se sabía desde hace tiempo que la grasa abdominal era nociva para la salud, pero en los últimos estudios realizados por ustedes aparecieron otros factores, incluso los emotivos. ¿Qué encontraron?
RB: Exactamente estamos viendo que la obesidad, esa grasa visceral detrás del abdomen, conduce a un círculo vicioso. Los pacientes se sentían depresivos, con ansiedad, estrés, y haciendo análisis bioquímicos vimos que en esos casos la dopamina, que es la hormona que produce estrés, era muy alta. Eso hace que la neurotoxina, un transmisor que regula los niveles de ansiedad, estuviera también muy desajustada, y esa ansiedad les hacía difícil seguir las dietas. Por un lado querían perder peso, pero al final su propia bioquímica interior se los impedía.

N&P: La dieta actual de gran parte de la humanidad induce la aparición de lo que algunos consideran una obesidad mórbida. En Estados Unidos es el lugar en el que se hace más visible, pero se está extendiendo por todo el orbe…
RB: Se está convirtiendo en la primera causa de muerte en los países desarrollados, no por la obesidad en sí misma, pero sí por las enfermedades que acarrea, como diabetes tipo II, o enfermedades degenerativas como el cáncer, el infarto tanto cerebral como de corazón, o la hipertensión, que no sólo llevan a la muerte a los 60 años, sino que además llegan a esa edad con muy baja calidad de vida y dependiendo de medicamentos para sobrellevar problemas de salud y anímicos también.

N&P:
¿Se da más en hombres que en mujeres?
RB: A partir de los 35 años los hombres acumulamos grasa visceral. Y con la mujer el proceso se da luego de la menopausia, alrededor de los 55 años, cuando llevan grasa a esa parte del cuerpo. El hombre tiene necesidad de comer mejor, de hacer deporte; a la mujer se le viene encima más de golpe, y se acompaña con una baja de la autoestima y un shock de dietas.

N&P:
Algo sucede con el ser humano, porque a pesar de la cuantiosa información, la mala conducta alimentaria y el rechazo a las frutas y verduras crece, mientras las cadenas de fast food florecen…
RB: Sí, algo pasa a nivel emotivo, ético, moral, basta ver la TV. La gente no está en equilibrio, no es alegre, no disfruta de la vida; vive con mucho estrés y muchas cosas se pagan con la comida, que se desnaturalizó muchísimo. No es como la de los abuelos, del huerto familiar; al tener que dar de comer a tanta gente, se llegaron a utilizar métodos que no son sanos, que están llenos de buen sabor y satisfacen, pero hacen mucho mal a la salud, engordan, como por ejemplo las hamburguesas, el exceso de grasas, de hidratos de carbono.

N&P: Ustedes afirman que existe una concepción equivocada en la gente, que en lugar de realizar una dieta apropiada, se lanza a una actividad rigurosa pasándose al otro extremo, ¿verdad?
RB: Sí. Normalmente cuando uno piensa en bajar la barriga, sale a correr y hace abdominales; lo vemos todos los días. Una dieta estricta no es comer poco sino retirar hidratos como arroz, pastas, pan, papas, zanahorias, con eso empezaríamos. Con esas dietas bajas quitamos proteínas, no quitamos peso, y cuando las hacemos mal lo que se baja es la  masa muscular que es la que, paradójicamente, quema calorías, por lo que terminamos a la larga con un metabolismo mucho menos efectivo.

N&P: ¿Y con el ejercicio físico?
RB: Con respecto al deporte, hay personas con grasa abdominal que tienen un alto índice de problemas vasculares, por lo que saturamos al corazón si lo ponemos a correr. Y hacer abdominales es otro error tremendo, porque esa grasa visceral está acotada por la masa muscular, y por arriba por el diafragma. Si metemos ese globo para adentro con los abdominales, hacemos que la grasa apriete los órganos, el hígado, el páncreas, las arterias principales que comunican el corazón con las piernas, y aceleramos la tendencia a la diabetes, al hígado graso, problemas de cáncer, comunicación entre hormonas y demás.  Sugerimos una dieta equilibrada retirando lo que se convierte en grasa, y el deporte moderado, los abdominales fuera hasta que nos quede muy poco, y realizar un ejercicio como caminar rápido, algo de levantamiento de pesas, natación ligera, poco a poco, hasta ir bajando.

N&P:
Hay más de 500 millones de gordos en el mundo, tanto en las sociedades desarrolladas como en las que no lo son tanto. ¿Cómo juega el alcohol en esta enfermedad?
RB: El alcohol representa calorías muertas. Una copa de alcohol son 400 calorías que equivale a un solomillo, esa ternera tan buena que tienen ustedes en Argentina. El tabaco también es importante, porque hace que nada funcione bien. El café, que tomamos a diario y varias veces, no hace que engordemos pero hace que no perdamos grasa. Esa grasa visceral se pierde cuando hay niveles bajos de insulina; si no, se usa la glucosa como fuente de energía, y el café la estimula. Deberíamos tender a un descafeinado, o a lo sumo tomar uno a la mañana, pero hay gente que toma cuatro o cinco por día y eso es malo en todo sentido. Quitarlo baja el volumen de ansiedad y permite eliminar grasas.

N&P:
En realidad, no imaginábamos lo del café…
RB: Pues tiene mucha influencia, porque además incrementa los niveles de insulina, que estimulan mucho. Cuando esos niveles bajan, lo sentimos y nos deprimimos. A la larga produce un trastorno bipolar: primero estoy contento y luego muy triste. Vamos creando situaciones de agresividad, un comportamiento casi bipolar que se ve continuamente.

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