Uno de cada dos españoles tiene kilos de más

Estadísticas de obesidad INESegún la recién publicada Encuesta Europea de Salud (2014) el 52,7% de la población española de 18 y más años está por encima del peso considerado como normal. Este problema se da en mayor medida entre los hombres (60,7%) que entre las mujeres (44,7%). En lo que se refiere a la población menor de edad (de 15 a 17 años), un 18,3% se encuentra por encima del peso considerado como normal (el 20,4% en el caso de los hombres y el 16,2% en el de las mujeres). La obesidad afecta al 16,9% de la población de 18 y más años (17,1% de los hombres y 16,7% de las mujeres) y el sobrepeso al 35,7% (43,6% de los hombres y 28,1% de las mujeres). En el caso de los menores (de 15 a 17 años) la obesidad afecta al 2,4% (2,7% de los hombres y 2,1% de las mujeres) y el sobrepeso al 16,0% (17,7% de los hombres y 14,2% de las mujeres). La obesidad aumenta con la edad. En los hombres hasta el grupo de 65 y más años. Y en las mujeres hasta el de 75 y más años.

En sentido contrario, el 2,2% de la población de 18 y más años tiene peso insuficiente (1,0% de los hombres y 3,4% de las mujeres). En el caso de los jóvenes (de 15 a 17 años) un 8,7% tiene peso insuficiente (el 4,0% de los hombres y el 13,5% de las mujeres). En todos los grupos de edad las mujeres presentan mayor porcentaje de peso insuficiente que los hombres, destacando el 13,5% de las mujeres de 15 a 17 años y el 11,3% de las mujeres de 18 a 24 años.

Ejercicio físico

Tres de cada 10 personas de 15 y más años (31,0%) realizan ejercicio físico en su tiempo libre más de dos días a la semana. El 14,3% realiza ejercicio físico uno o dos días a la semana y el 54,7% no realiza ejercicio físico en su tiempo de ocio. Por sexo, cinco de cada 10 hombres y cuatro de cada 10 mujeres realizan ejercicio físico en su tiempo de ocio. En cuanto a la actividad física realizada durante los desplazamientos, ocho de cada 10 personas de 15 y más años declara caminar para desplazarse de un lugar a otro (80,6% de los hombres y 80,2% de las mujeres). Por su parte, uno de cada 10 utiliza la bicicleta (14,8% de los hombres y 5,8% de las mujeres).

Consumo de fruta y verdura

Seis de cada 10 personas afirman comer fruta a diario (el 58,2% de los hombres y el 67,1% de las mujeres). La frecuencia de consumo se incrementa con la edad. Así, solo cuatro de cada 10 jóvenes de 15 a 24 años consume fruta diariamente, frente a ocho de cada 10 personas de 75 y más años. Por su parte, el 6,0% de la población toma fruta menos de una vez a la semana o no la consume (11,0% de los jóvenes de 15 a 24 años y 2,4% de los mayores de 75 años). El consumo de verduras es algo inferior al de fruta. Cuatro de cada 10 personas afirman consumir verdura a diario (el 39,1% de los hombres y el 50,0% de mujeres).

Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE)

Así influye la belleza de tu pareja en lo que los demás piensan de ti

Aunque no nos guste reconocerlo, seguimos juzgando a las personas que nos rodean por su apariencia. Y no sólo eso, sino que también influye la percepción que tenemos de su media naranja
El Confidencial
asi-influye-la-belleza-de-tu-pareja-en-lo-que-los-demas-piensan-de-tiQue somos muy superficiales es evidente, y no hace falta que la ciencia lo demuestre para que todos nos pongamos de acuerdo en que así es en mayor o menor grado. Sin embargo, muy pocos estaríamos dispuestos a reconocer que las personas guapas no sólo nos atraen sexualmente –hasta ahí, poco que objetar, qué le vamos a hacer–, sino que también nos caen mejor, nos parecen mejores personas, nos gustaría que fuesen nuestros amigos y, si tuviésemos que juzgarlos, nos costaría más condenarlos. Sin embargo, hay incontables pistas de que el conocido como efecto halo sigue vigente en nuestra comprensión del mundo: la belleza es buena, la fealdad es inmoral, como los héroes y villanos de las películas Disney.

Esta inclinación psicológica puede ir un paso más allá y contaminar incluso a las personas con las que nos relacionamos. Pero no es nada descabellada. Pongámonos a prueba y preguntémonos qué pensaríamos si, por ejemplo, viésemos a una persona terriblemente atractiva (da igual si hombre o mujer) a la salida del metro, esperando a su pareja, mientras nosotros hacemos lo mismo. Debido a que realizamos asunciones sobre los demás conforme a los tópicos que hemos aprendido y nuestra propia experiencia, probablemente imaginaremos que su pareja será tan guapa como él o ella, y no alguien bajito, calvo y obeso. Nos costaría reconocer el prejuicio, pero ahí está.

¿Cuántas estrellas de Hollywood no salen con modelos, artistas o actores tan guapos y estupendos como ellos?

Ello tiene otra implicación: que aceptamos esa visión de las relaciones amorosas y el matrimonio como un mercado que funciona con reglas semejantes a la bolsa de valores. Dicho de otra manera, y salvo excepciones, los guapos salen con los guapos y los feos con los feos, lo que también condiciona nuestro comportamiento: las personas menos agraciadas no suelen buscar pretendientes entre las que consideran fuera de su liga y, en el sentido contrario, puede ocurrir que los más bellos sientan reservas a la hora de salir con alguien más feo que ellos. En otras palabras, ¿cuántas estrellas de Hollywood no salen con modelos o actores tan guapos y estupendos como ellos?

Me gusta tu novia, me gustas tú

Los evolucionistas (cómo no) se han preguntado a menudo qué nos lleva a realizar esas asunciones. Uno de los más prolíficos en el estudio de las relaciones de pareja es Ryan Anderson, de la Universidad de Queensland en Australia, que expone en un artículo publicado en ‘Psychology Today’ los resultados de sus investigaciones sobre la manera en que nuestra pareja influye en la percepción que los demás tienen de nosotros.

Por una parte, es una buena pista que ofrecemos a los demás para que conozcan nuestro nivel de competencia (o, al menos, eso señala la visión más evolutiva). Anderson lo compara de manera elocuente con la red social de trabajo LinkedIn. En ella, si un seleccionador de personal ve que en nuestro perfil somos amigos de algunas personas que admira, nos considerará más válidos que si sólo tenemos a nuestro primo, un amigo de la infancia y un perfil vacío. Lo mismo ocurre con las parejas: si son guapas, inteligentes, simpáticas y, en general, atractivas, por extensión, nosotros seremos más deseables que si son unas bordes, feas, secas y estúpidas.

El principio psicológico que articula esta visión es el de la asociación positiva o, como el científico lo plantea, “lo mismo atrae a lo mismo”. Por lo general, y no únicamente entre los humanos, los animales tienden a aparearse con aquellos más similares a sí mismos; algo que en la raza humana es incluso más evidente debido a su organización en forma de sociedad, que provoca que aquellos que pertenecen a un mismo nivel social, edad y raza terminen juntos. Por lo general, asegura Anderson, cada cual suele salir con una pareja más o menos tan atractiva como él.

El mero hecho de tener amigas atractivas hacía parecer al hombre más deseable

Pero puede ocurrir que esto no sea así (afortunadamente), y que un hombre más o menos feucho termine con una mujer estupenda –siempre según los cánones de belleza coyunturales, claro está–, o al revés. En ese caso, probablemente mejore nuestro caché social, como sugiere un experimento realizado durante los años 70 llamado, muy apropiadamente, ‘Irradiando belleza’. En él debía juzgarse a cada uno de los participantes, de los que se disponía muy poca información, salvo sus parejas, que iban rotando cada vez. Por lo general, aquellos hombres que salían con las mujeres más atractivas (habría que ver respecto a qué baremo) eran mejor valorados. Y, como el propio Anderson ha comprobado con sus propios experimentos, basta con que el hombre esté rodeado por mujeres simpáticas y atractivas para que este resulte más deseable. Una investigación publicada en ‘Human Nature’ aseguraba que si un hombre se presentaba acompañado de una pareja atractiva resultaba un mejor candidato que si acudía a la cita solo o con una pareja “del montón”.

Independientemente de lo que digan los evolucionistas, que siempre tienen una explicación para cualquier cosa (y la contraria), lo que está claro es que vivimos en la era del ‘lookism’ (o “fascismo del cuerpo”), ese prejuicio que tanto influye en el mundo laboral y que provoca que el trabajador sea frecuentemente juzgado y valorado por su apariencia, incluso de manera inconsciente. Quizá ser conscientes de nuestros prejuicios cognitivos nos ayude a descubrir las injusticias que cometemos habitualmente a la hora de juzgar a los demás.