Glutenianas ¿Moda o necesidad?

Hoy Mujer, por Marisol Guisasola

Gwyneth Paltrow, Rachel Weisz, Jessica Alba, Victoria Beckham, Miranda Kerr, Goldie Hawn, Oprah Winfrey… Todas ellas, y un ejército creciente de mujeres, siguen dietas libres de gluten aunque no sean celíacas. La nueva moda antigluten hace furor en los EE.UU., donde este complejo de proteínas presentes en el trigo, la cebada o el centeno parece ser el causante de todos de males y las páginas web de “glutenianas” brotan como la hierba en primavera.

Tanto rechazo al gluten ha animado al gobierno norteamericano a realizar una encuesta nacional, a la que ha seguido un estudio de la Clínica Mayo, para saber si las dietas que carecen de él son hoy más una tendencia social que un tratamiento. Y la respuesta es que sí, que la tendencia es real. Los datos del estudio lo afirman claramente: aproximadamente 1,8 millones de norteamericanos padecen celiaquía, pero 1,4 millones de ellos no lo saben. Junto a este dato, 1,6 millones de personas siguen dietas exentas de gluten, aunque no han sido diagnosticadas como celíacas.“La ironía es que no hay solapamiento entre ambos grupos”, explica el profesor Alberto Rubio-Tapia, de la División de Gastroenterología y Hepatología de la Clínica Mayo en Rochester (EE.UU.), coautor del estudio. “Dicho de otro modo: la gran mayoría de las personas que siguen dietas sin gluten no necesitarían hacerlo y muchas de las que no siguen ese régimen no saben que padecen celiaquía y no evitan el gluten en su alimentación, con serias consecuencias para su salud”.

Sin necesidad

Para determinar la prevalencia de celiaquía, los investigadores de la Clínica Mayo combinaron análisis de sangre específicos con entrevistas realizadas dentro de la encuesta NHANES (siglas en inglés de Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición), que incluyen exámenes físicos de los encuestados. Gracias a ello, comprobaron que 35 personas, de un total de 8.000, reunían los requisitos de la celiaquía. A la vez, y paradójicamente, 53 de las 55 personas del estudio que confesaron estar siguiendo dietas libres de gluten no necesitaban hacerlo.

En los últimos años, han proliferado spas, centros de belleza y clínicas “naturistas” que anuncian dietas sin gluten como parte de sus programas detox o de pérdida de peso, tratamientos contra las migrañas y dolores de todo tipo, estrategias para mejorar la piel y hasta para “curar” problemas autoinmunes. La pregunta es: ¿quién necesita de verdad esta dieta? ¿Tienen fundamento esas alegaciones? “Se ha extendido la idea de que el gluten es una proteína nociva para la salud general y que las dietas sin gluten son más sanas”, explica el dr. Modesto J. Varas Lorenzo, de la Unidad de Gastroenterología y Hepatología del Centro Médico Teknon de Barcelona. “Pero eso no es cierto; no hay evidencias de que una dieta libre de gluten ayude a la población general. No decimos que sea necesariamente peligroso seguirla, de hecho, sabemos que muchas personas que lo hacen acaban consumiendo más frutas y verduras, y menos comida basura, lo cual se reflejará en una mejor salud, pero no hay por qué someterse a ningún tipo de alimentación restrictiva sin necesidad. Iniciar una dieta libre de gluten por decisión propia puede conducir a deficiencias y desequilibrios nutricionales. Asimismo, una celiaquía que no genera síntomas obvios (algo que es muy frecuente) y no se diagnostica ni se trata puede tener serias consecuencias en la salud”.

¿Nueva patología?

La industria alimentaria es muy consciente de la tendencia antigluten. Según datos de la empresa Mintel, los productos libres de esta proteína son los de mayor crecimiento en los supermercados. A la tendencia se han sumado rápidamente los restaurantes, las cadenas de reparto de comida a domicilio e, incluso, panaderías y pastelerías que recurren a masas elaboradas con harinas de arroz y maíz. Aún así, como denuncian a menudo las asociaciones de pacientes, los celíacos siguen gastando más en su cesta de la compra que las personas que no sufren esta enfermedad. Su gasto anual en comida es 1.525 € superior al de una persona sana. La mayor parte de ese extra proviene de las harinas, panes y pastas adaptadas a sus necesidades. Un encarecimiento que proviene de la inversión que necesitan realizar los fabricantes de estos productos para evitar la contaminación cruzada durante todo el proceso de producción, porque incluso las trazas de gluten pueden provocar síntomas. “Puede que las dietas sin gluten se hayan convertido en tendencia, pero la celiaquía no es ninguna moda”, interviene Clara Blasco, a quien no le diagnosticaron la enfermedad hasta los 30 años. Clara relata una juventud repleta de molestias digestivas, migrañas, distensión abdominal, cansancio… “No tuve la primera regla hasta los 17 y sufría diarreas continuas. Tantos años de mala absorción de nutrientes se reflejaron en mis huesos y acabé con osteoporosis y una dentadura desastrosa. La dieta sin gluten me cambió la vida”, declara.

Ningún médico dudaría hoy en prescribir una dieta libre de gluten a una persona como Clara, con celiaquía diagnosticada. ¿Pero qué hay de las que dan negativo en los tests, pero se quejan de que toleran mal el gluten? Hasta hace cuatro o cinco años, los expertos se mostraban escépticos ante estos casos, pero hoy empiezan a ver las cosas de otra manera. “Esos pacientes existen, tienen síntomas reales. Aunque den negativo en las pruebas y sus intestinos no aparezcan deteriorados, podrían tener lo que hoy se conoce como “sensibilidad al gluten”, explica el dr. Varas Lorenzo.

Alta sensibilidad

El problema es que no existe un test para esa sensibilidad. “Tenemos que ver el historial del paciente y creerle cuando nos cuenta que el gluten le produce efectos indeseables”, explica el dr. Varas. Pero, en cualquier caso, antes de ponerle a dieta, hay que descartar o confirmar la enfermedad celíaca mediante unas pruebas específicas. De hecho, cualquier persona que sospeche sensibilidad o intolerancia al gluten debería hacérselas por su bien y el de su familia, porque la enfermedad celíaca tiene un claro componente hereditario. Si se retira el gluten de la dieta antes de haber realizado todas las pruebas necesarias, los resultados pueden enmascarar una enfermedad celíaca subyacente.

“Los síntomas de la celiaquía varían mucho entre una persona y otra y, a menudo, son atribuidos a otros problemas de salud. A eso hay que añadir la falsa idea que sobrevive en la población sobre que la celiaquía es una enfermedad rara y que afecta básicamente a los niños y porque apenas se dan casos en personas adultas. Pero si existe la duda, hay que acudir al médico para que considere la conveniencia de realizar las pruebas necesarias. Una vez diagnosticado el problema y prescrito el tratamiento, las asociaciones de celíacos pueden ser de gran ayuda en el día a día de la enfermedad y para mantenerse bien informado”, concluye el dr. Varas Lorenzo.

10 cosas que debes saber

La enfermedad celíaca es una intolerancia permanente al gluten, un complejo de proteínas.
Puede estar asociada a otras enfermedades autoinmunes y a la deficiencia selectiva de Inmunoglobulina A.
Además de la serología y la biopsia intestinal, hoy en día se dispone de un test que puede diagnosticarla solo en 10 minutos.
Tener antecedentes familiares de intolerancia al gluten aumenta el riesgo de padecer la enfermedad.
Es el doble de frecuente en mujeres, puede presentarse a cualquier edad y los síntomas varían de una persona a otra. Seguir una dieta libre de gluten sana el daño a los intestinos. Sus efectos se ven al cabo de seis meses en niños y dos años en adultos.
Los niños con celiaquía pueden tener defectos en el esmalte y el color de los dientes; crecimiento lento; diarreas o estreñimiento; náuseas…
Retrasos en el diagnóstico, o no seguir la dieta, aumenta el riesgo de trastornos autoinmunitarios, osteoporosis, cáncer, anemia, hipoglucemia, infertilidad, abortos…
Los celíacos pueden consumir productos con harinas de arroz, maíz, soja, mijo, amaranto y algarroba.
Poseen gluten los productos con: cereales, harina, almidones modificados, amiláceos, fécula, fibra, espesantes, sémola, proteína vegetal, hidrolizado de proteína, malta, levadura, especias y aromas.

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