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¿Qué hay de malo en un cine con palomitas?

diciembre 3, 2018

¡Que levante la mano el que nunca haya ido a ver cine y, de paso, se ha llevado en la sala una bolsa con palomitas! “Mucho cuidado con la tan dulce imagen de familia feliz tomando palomitas y viendo cine”, avisan los expertos en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), ya que tiene una lectura bien distinta desde el punto de vista de la neurogastronomía.

Asienta un patrón muy explotado por la industria alimentaria que parte de los cinco sentidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto) con el fin de lograr una experiencia sensorial, capaz de crear humor y bienestar o conectar emociones y recuerdos a través de la comida.

Hoy la gran pantalla ha encontrado cabida en nuestro hogar en mini formatos, más prácticos, fáciles de llevar y manejar que nos permiten deleitar de un pasatiempo ilimitado y a precio muy económico sin levantarnos del sofá.

Podemos decir que las palomitas, en sus múltiples variaciones, también se han colado en casa, junto con los anuncios publicitarios de los canales de televisión infantiles, en un prime time de los más amplio posible, con su oferta de emociones cargadas de sabor a base de azúcares, grasas, aditivos y harinas refinadas: cremas de cacao para untar o beber; galletas de cereales con forma de dinosaurios o dibujos estampados; huevos y figuras de chocolate; bebidas azucaradas, néctares y zumos industriales; golosinas, pizzas, aperitivos salados, entre otros.

Lo que podemos hacer para resistir a la tentación, aconseja Estefanía Ramo, es imaginar la actividad física necesaria para quemar las calorías provenientes de un picoteo de esta índole. Tomaremos como referencia una persona de 70 Kg y veremos que se necesitan realizar:

– 1 h y 55 minutos de ciclismo (paseo: 16 Km/h) para quemar las 540 Kcal de 100 g de chocolatinas;

– 1 hora y 35 minutos de aquagym para quemar las 459 Kcal de 100 g de palomitas dulces;

– 1 hora y 31 minutos de aerobic para quemar las 533 Kcal de 100 g de palomitas saladas con aceite y sal;

– 45 minutos de fútbol para quemar las 480 Kcal de una bolsa de 120 g de aperitivos salados.

– 42 minutos de tenis (individual) para quemar las 343 Kcal de cada 100 g de golosinas;

– 32 minutos de kárate para quemar las 384 Kcal de tres galletas infantiles (una ración de 96 g);

– 24 minutos de carrera para quemar las 225,2 Kcal de una rebanada de pan de molde con una cucharada de crema de cacao sin aceite de palma y con Estevia;

– 23 minutos de yoga para quemar las 68,5 Kcal de una porción de pizza de pollo y queso (87,5 g);

– 21 minutos de paseo (5 km/h) para quemar las 84 Kcal de 200 ml de zumo industrial concentrado;

– 9 minutos de natación (mariposa) para quemar las 119 Kcal de 30 g de cereales con virutas de chocolate;

“Por consiguiente, ninguno de estos alimentos estaría recomendado para un consumo habitual y cuando se trata de niños el principal consejo a los padres es no improvisar y descartar las opciones de comida rápida, ya sea en casa o fuera”, apunta la nutricionista del IMEO Andrea Marqués. Hay que planificar los menús entre semana para conseguir que la dieta de los menores sea variada, equilibrada y lo más compensada posible con las tomas realizadas en el colegio.

Para el fin de semana se puede plantear una actividad, como preparar recetas saludables apetecibles junto a los niños para iniciarles en el mundo de la cocina y concienciarles de la importancia de una nutrición saludable.  

Glutenianas ¿Moda o necesidad?

octubre 9, 2012

Hoy Mujer, por Marisol Guisasola

Gwyneth Paltrow, Rachel Weisz, Jessica Alba, Victoria Beckham, Miranda Kerr, Goldie Hawn, Oprah Winfrey… Todas ellas, y un ejército creciente de mujeres, siguen dietas libres de gluten aunque no sean celíacas. La nueva moda antigluten hace furor en los EE.UU., donde este complejo de proteínas presentes en el trigo, la cebada o el centeno parece ser el causante de todos de males y las páginas web de “glutenianas” brotan como la hierba en primavera.

Tanto rechazo al gluten ha animado al gobierno norteamericano a realizar una encuesta nacional, a la que ha seguido un estudio de la Clínica Mayo, para saber si las dietas que carecen de él son hoy más una tendencia social que un tratamiento. Y la respuesta es que sí, que la tendencia es real. Los datos del estudio lo afirman claramente: aproximadamente 1,8 millones de norteamericanos padecen celiaquía, pero 1,4 millones de ellos no lo saben. Junto a este dato, 1,6 millones de personas siguen dietas exentas de gluten, aunque no han sido diagnosticadas como celíacas.“La ironía es que no hay solapamiento entre ambos grupos”, explica el profesor Alberto Rubio-Tapia, de la División de Gastroenterología y Hepatología de la Clínica Mayo en Rochester (EE.UU.), coautor del estudio. “Dicho de otro modo: la gran mayoría de las personas que siguen dietas sin gluten no necesitarían hacerlo y muchas de las que no siguen ese régimen no saben que padecen celiaquía y no evitan el gluten en su alimentación, con serias consecuencias para su salud”.

Sin necesidad

Para determinar la prevalencia de celiaquía, los investigadores de la Clínica Mayo combinaron análisis de sangre específicos con entrevistas realizadas dentro de la encuesta NHANES (siglas en inglés de Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición), que incluyen exámenes físicos de los encuestados. Gracias a ello, comprobaron que 35 personas, de un total de 8.000, reunían los requisitos de la celiaquía. A la vez, y paradójicamente, 53 de las 55 personas del estudio que confesaron estar siguiendo dietas libres de gluten no necesitaban hacerlo.

En los últimos años, han proliferado spas, centros de belleza y clínicas “naturistas” que anuncian dietas sin gluten como parte de sus programas detox o de pérdida de peso, tratamientos contra las migrañas y dolores de todo tipo, estrategias para mejorar la piel y hasta para “curar” problemas autoinmunes. La pregunta es: ¿quién necesita de verdad esta dieta? ¿Tienen fundamento esas alegaciones? “Se ha extendido la idea de que el gluten es una proteína nociva para la salud general y que las dietas sin gluten son más sanas”, explica el dr. Modesto J. Varas Lorenzo, de la Unidad de Gastroenterología y Hepatología del Centro Médico Teknon de Barcelona. “Pero eso no es cierto; no hay evidencias de que una dieta libre de gluten ayude a la población general. No decimos que sea necesariamente peligroso seguirla, de hecho, sabemos que muchas personas que lo hacen acaban consumiendo más frutas y verduras, y menos comida basura, lo cual se reflejará en una mejor salud, pero no hay por qué someterse a ningún tipo de alimentación restrictiva sin necesidad. Iniciar una dieta libre de gluten por decisión propia puede conducir a deficiencias y desequilibrios nutricionales. Asimismo, una celiaquía que no genera síntomas obvios (algo que es muy frecuente) y no se diagnostica ni se trata puede tener serias consecuencias en la salud”.

¿Nueva patología?

La industria alimentaria es muy consciente de la tendencia antigluten. Según datos de la empresa Mintel, los productos libres de esta proteína son los de mayor crecimiento en los supermercados. A la tendencia se han sumado rápidamente los restaurantes, las cadenas de reparto de comida a domicilio e, incluso, panaderías y pastelerías que recurren a masas elaboradas con harinas de arroz y maíz. Aún así, como denuncian a menudo las asociaciones de pacientes, los celíacos siguen gastando más en su cesta de la compra que las personas que no sufren esta enfermedad. Su gasto anual en comida es 1.525 € superior al de una persona sana. La mayor parte de ese extra proviene de las harinas, panes y pastas adaptadas a sus necesidades. Un encarecimiento que proviene de la inversión que necesitan realizar los fabricantes de estos productos para evitar la contaminación cruzada durante todo el proceso de producción, porque incluso las trazas de gluten pueden provocar síntomas. “Puede que las dietas sin gluten se hayan convertido en tendencia, pero la celiaquía no es ninguna moda”, interviene Clara Blasco, a quien no le diagnosticaron la enfermedad hasta los 30 años. Clara relata una juventud repleta de molestias digestivas, migrañas, distensión abdominal, cansancio… “No tuve la primera regla hasta los 17 y sufría diarreas continuas. Tantos años de mala absorción de nutrientes se reflejaron en mis huesos y acabé con osteoporosis y una dentadura desastrosa. La dieta sin gluten me cambió la vida”, declara.

Ningún médico dudaría hoy en prescribir una dieta libre de gluten a una persona como Clara, con celiaquía diagnosticada. ¿Pero qué hay de las que dan negativo en los tests, pero se quejan de que toleran mal el gluten? Hasta hace cuatro o cinco años, los expertos se mostraban escépticos ante estos casos, pero hoy empiezan a ver las cosas de otra manera. “Esos pacientes existen, tienen síntomas reales. Aunque den negativo en las pruebas y sus intestinos no aparezcan deteriorados, podrían tener lo que hoy se conoce como “sensibilidad al gluten”, explica el dr. Varas Lorenzo.

Alta sensibilidad

El problema es que no existe un test para esa sensibilidad. “Tenemos que ver el historial del paciente y creerle cuando nos cuenta que el gluten le produce efectos indeseables”, explica el dr. Varas. Pero, en cualquier caso, antes de ponerle a dieta, hay que descartar o confirmar la enfermedad celíaca mediante unas pruebas específicas. De hecho, cualquier persona que sospeche sensibilidad o intolerancia al gluten debería hacérselas por su bien y el de su familia, porque la enfermedad celíaca tiene un claro componente hereditario. Si se retira el gluten de la dieta antes de haber realizado todas las pruebas necesarias, los resultados pueden enmascarar una enfermedad celíaca subyacente.

“Los síntomas de la celiaquía varían mucho entre una persona y otra y, a menudo, son atribuidos a otros problemas de salud. A eso hay que añadir la falsa idea que sobrevive en la población sobre que la celiaquía es una enfermedad rara y que afecta básicamente a los niños y porque apenas se dan casos en personas adultas. Pero si existe la duda, hay que acudir al médico para que considere la conveniencia de realizar las pruebas necesarias. Una vez diagnosticado el problema y prescrito el tratamiento, las asociaciones de celíacos pueden ser de gran ayuda en el día a día de la enfermedad y para mantenerse bien informado”, concluye el dr. Varas Lorenzo.

10 cosas que debes saber

La enfermedad celíaca es una intolerancia permanente al gluten, un complejo de proteínas.
Puede estar asociada a otras enfermedades autoinmunes y a la deficiencia selectiva de Inmunoglobulina A.
Además de la serología y la biopsia intestinal, hoy en día se dispone de un test que puede diagnosticarla solo en 10 minutos.
Tener antecedentes familiares de intolerancia al gluten aumenta el riesgo de padecer la enfermedad.
Es el doble de frecuente en mujeres, puede presentarse a cualquier edad y los síntomas varían de una persona a otra. Seguir una dieta libre de gluten sana el daño a los intestinos. Sus efectos se ven al cabo de seis meses en niños y dos años en adultos.
Los niños con celiaquía pueden tener defectos en el esmalte y el color de los dientes; crecimiento lento; diarreas o estreñimiento; náuseas…
Retrasos en el diagnóstico, o no seguir la dieta, aumenta el riesgo de trastornos autoinmunitarios, osteoporosis, cáncer, anemia, hipoglucemia, infertilidad, abortos…
Los celíacos pueden consumir productos con harinas de arroz, maíz, soja, mijo, amaranto y algarroba.
Poseen gluten los productos con: cereales, harina, almidones modificados, amiláceos, fécula, fibra, espesantes, sémola, proteína vegetal, hidrolizado de proteína, malta, levadura, especias y aromas.