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La obesidad amenaza el desarrollo de miles de niños españoles

mayo 4, 2015

El exceso de peso provoca dolencias a un 30% de los pequeños y acorta su expectativa vital. Con apenas 4 años, sufren hipertensión, colesterol alto, apnea del sueño y diabetes

El Periódico de Aragón, por Ángeles Gallardó
diabetes I en niñosLos médicos denominan ambiente obesogénico al cúmulo de circunstancias, consustancial al actual momento histórico, que explican por qué la generación de españoles que ronda la adolescencia, y los niños y bebés que han nacido después, están amenazados por una acumulación de peso y grasa corporal que cuestiona su salud futura. Un 14% de la población española menor de 17 años sufre una obesidad avanzada que les provoca trastornos cardiovasculares graves. A otro 20% le ha sido diagnosticado sobrepeso, el proceso metabólico que altera la asimilación de los hidratos de carbono e induce al cuerpo a almacenar grasa y convertirse en obeso.

Ambos fenómenos se han estabilizado en España en unos niveles que superan a los del resto de Europa. Las cifras de afectados no descienden, aunque sí se intensifica el grado de obesidad con que los niños son conducidos al hospital por su pediatra, a la vez que baja la edad en que se inician en el trastorno metabólico. Se ha diagnosticado a niños de 2 años. “Nos llegan a esa edad, ya obesos, y a los 4 años entran en el momento crítico que determinará su futuro; un año después ya sufren obesidad severa”, explica Diego Yeste, responsable de endocrinología pediátrica en el Hospital del Vall d’Hebron. “Tengo pacientes que, con apenas 5 años y poco más de un metro de altura, pesan 65 kilos: es muchísimo”, asegura Marta Ramon, endocrino en el Hospital de San Juan de Dios.

MECÁNICA Y COMIDA La perspectiva de que esta tendencia se detenga no se percibe. La tecnología ayuda a ganar peso y la industria de la alimentación dispone de aparatos publicitarios imbatibles, contra los que el mensaje dietético choca y fracasa. “Ascensores y escaleras mecánicas por todas partes, comida barata e hipercalórica, bebidas azucaradas que sustituyen al agua, tabletas electrónicas como objeto de juego y un sedentarismo infantil alarmante”, enumera Yeste, intentando explicar el origen del problema. “La publicidad engañosa tiene una influencia determinante –añade Marta Ramón–. Anuncian galletas superazucaradas como si fueran dietéticas; venden cruasanes integrales que se confunden con comida saludable, y bebidas energéticas que son bombas de azúcar”.

A esto añaden la dificultad de los niños gorditos por emprender algún deporte, dado que, por razones obvias son propensos al esguince y las lesiones. Y suman la predisposición a almacenar grasa que provoca la propia alteración metabólica. “Comiendo un 10% menos de calorías que otro niño, engordan igual”, dice Ramón. No auguran mejoras. “El 90% de los niños que lleguen a la adolescencia siendo obesos, lo serán el resto de su vida y su supervivencia será entre cinco y 10 años inferior a lo previsto para su generación en un país occidental”, advierte la doctora Ramón. Las consecuencias patológicas de todo esto no son una amenaza sino un hecho. El páncreas de la mayoría de niños obesos muestra signos de agotamiento y cada vez produce menos insulina, la hormona imprescindible para metabolizar la glucosa de los alimentos y evitar que el azúcar se acumule en la sangre. Muchos, ya son diabéticos antes de cumplir 10 años. La carga grasa les causa hipertensión arterial, exceso de colesterol en la sangre, retinopatía, apnea obstructiva del sueño y un bajo aprecio por sí mismos. Para cada uno de esos síntomas, toman medicación.

La influencia genética apenas explica esta expansión de la obesidad, excepto en los colectivos de niños de origen latinoamericano, nacidos o no en España, cuya tendencia a engordar y acumular grasa es un dato conocido en las consultas médicas. “Los niños de origen latino tienen unos genes que los hacen propensos a engordar rápidamente y sufrir una obesidad complicada, con un alto riesgo de diabetes –asegura la doctora Ramón–. Al llegar a España, adoptan el estilo de vida sedentario que predomina aquí, y ganan peso rápidamente”. Algo parecido ocurre a los niños procedentes de China, Pakistán e India, añade.

Algunos de los síndromes cardiovasculares citados –hipertensión e hipercolesterol– se podrían revertir modificando el estilo de vida, coinciden ambos especialistas. De no ocurrir así, en esta generación de niños y adolescentes abundarán los cardiópatas, alertan.

El Síndrome Postvacacional afectará en mayor grado a los desempleados

septiembre 3, 2013

Las hormonas implicadas en el buen humor, antiestrés y el descanso son clave para superarlo, sostienen los especialistas del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO

  • El 65% de los españoles sufre alguno de los síntomas propios de la depresión postvacacional, según un informe reciente de Sanitas[1].
  • La tasa de paro en España es del 26,3%, según los datos del mes de julio de Eurostat.
  • El 36% de los españoles no ha salido de su localidad de residencia durante estas vacaciones y un 58,8% tenía de presupuesto menos de 1.000 euros, según encuesta realizada por Axesor Marketing Intelligence.

depresión postvacacionalRecientes estudios arrojan luz sobre un hecho sorprendente: si en época de bonanza un tercio de los españoles se enfrentaba al denominado síndrome postvacacional[2] (SPV), en la situación de incertidumbre económica y laboral esta cifra casi se ha duplicado. En la actualidad, se estima que un 65% de los españoles sufre algún grado de depresión postvacacional. En el caso de las personas en activo los síntomas de adaptación se minimizan al contar con un puesto de trabajo, mientras que “en el caso de aquellos que se encuentren en situación actual de búsqueda de empleo o de incertidumbre laboral estos síntomas se manifiestan con dureza y en un mayor grado”, advierte Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

“A lo largo del año hemos ido comprobando, gracias a las mediciones Electro Intersticial System (EIS), que los niveles de serotonina (neurotransmisor que controla el estrés), dopamina (neurotransmisor del buen humor) y noradrenalina cerebral (hormona que nos capacita para solucionar problemas), marcaban evidencias sólidas en niveles superiores de tendencia a la depresión y ansiedad en aquellos pacientes que están sufriendo dificultades laborales, un cuadro emocional inestable que podrá agravarse por el efecto negativo que produce el síndrome postvacacional en nuestras capacidades, afectando en mayor medida a éste grupo poblacional más sensible”, explica Bravo. Cuando estamos de vacaciones, el cerebro tiende a eliminar las informaciones que generan ansiedad, algo que cambia cuando uno retoma sus obligaciones habituales, ya sea el trabajo en sí o la difícil tarea de buscarlo. Es allí donde puedan manifestarse indicios del síndrome postvacacional y es el momento oportuno para remediarlos.

“La duración de esta ‘depresión’ oscila entre una y dos semanas y se caracteriza con una sensación de malestar importante que repercute en la calidad de vida, tanto en área emocional, como física”, determina el experto. En los casos más acusados, observamos cuadros de angustia vital, depresión temporal, bloqueo o predisposición a la agresividad. Se trata de un fenómeno estudiado por los psicólogos que refleja los desajustes que se producen en el organismo cuando la realidad no se adapta a las expectativas. Aunque nunca fue catalogado como enfermedad, aúne una serie de síntomas inequívocos para detectar: aumento progresivo en los niveles de ansiedad, alternaciones en procesos cognitivos como memoria, concentración o atención, nerviosismo, apatía, irritabilidad y tristeza. Hasta hace poco dábamos por hecho que el síndrome postvacacional era algo propio de los que se reincorporaban a su puesto de trabajo, tras agotar la mayor parte de sus vacaciones anuales.

“Hoy somos conscientes de la necesidad de ampliar el diapasón y las evidencias nos muestran que este malestar general puede afectar en un mayor grado a los desempleados”, recalca Bravo. En esta época del año, con el retorno de los familiares al trabajo se acentúa la comparación social y se agudizan sentimientos negativos como soledad, decaimiento, sensación de fracaso personal, frustración o culpa por no ser capaz de conseguir un empleo.

Estos episodios se pueden diezmar, si gestionamos de forma adecuada nuestras emociones y controlamos la alimentación, trabajando para aumentar nuestros niveles de dopamina por el día, y potenciar la secreción de serotonina y melatonina (hormonas del antiestrés y el descanso) por la noche. De ésta manera nuestro cerebro y el total de nuestro organismo tendrá vitalidad estable y suficiente para experimentar un alto rendimiento diurno y favoreceríamos la sensación de bienestar nocturno.

A continuación ofrecemos una serie de consejos elaborados por psicólogos y nutricionistas del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) que nos ayudarán a hacer más llevadera la vuelta a la normalidad.

Consejos prácticos del IMEO para combatir los síntomas del SPV

1.- Instaurar equilibrio entre los estados de vigilia y sueño, trabajo y descanso, actividad física y reposo.

Es el primer paso para hacer menos traumática la vuelta a la normalidad tras las vacaciones. Dormir entre 7 y 8 horas potencia nuestra capacidad de retentiva al despertar y ayuda a mejorar los procesos racionales. No olvidemos que durante el sueño profundo se lleva a cabo el momento de recuperación física y mental.

El ejercicio físico es una buena forma de combatir el insomnio y también el estrés relacionado con el trabajo o su búsqueda. De este modo potenciamos la necesidad de descanso aumentando los niveles de Melatonina, al igual que la sensación de plenitud pues nuestra Dopamina se ve estimulada tras la actividad física.

Muchas veces la monotonía es la culpable de encasillarnos en un estilo de vida predominantemente sedentario; habrá que abrirnos a la diversidad de actividades que existen hoy en día y que combinan ocio, ejercicio físico y diversión.

Los fines de semana son para desconectar, al ser posible al aire libre, en familia o con amigos. Es la recomendación general para romper la rutina y mantener un buen estado anímico. La ilusión y las metas aumentan tambien nuestros niveles de Dopamina, haciéndonos pensar que después del esfuerzo tendremos un descanso o un premio, jugando un papel de aliciente psicológico.

2.- Marcar las tareas según prioridades, desde el primer día.

Una de las sensaciones más habituales en aquellos que padecen este mal postvacacional es el bloqueo a la hora de volver a la rutina. “Llevamos varias semanas de inactividad y descanso, por lo que nuestros niveles de Acetilcolina –un importante neurotransmisor que influye en la memoria, la concentración y en procesos que suponen más esfuerzo intelectual como pensamiento, cálculo o innovación– han disminuido, haciendo que nos cueste arrancar y mantener el ritmo”, indica Rubén Bravo. Una forma de romper este bloqueo, según los psicólogos, es marcar las tareas por prioridades desde el primer día. De esta manera romperemos el bloqueo y la sensación de tener muchas cosas que hacer sin saber por dónde empezar.

3.- Asegurarnos a diario una buena y saludable fuente de energía a base de fruta, verdura e hidratos de carbono integrales.

El cerebro consume alrededor del 15% al 20% de nuestra energía diaria que principalmente proviene de la glucosa. Para funcionar a un buen ritmo, necesitamos priorizar los alimentos que nos proporcionan energía de forma estable y regular.

Las frutas, las verduras y lo que comúnmente conocemos como hidratos de carbono son nuestra principal fuente de energía. Entre ellos, debemos escoger aquellas que tengan bajo índice glucémico, es decir, que aporten los niveles de glucosa de forma constante y estable, y no de golpe. Por ello recomendamos seleccionar los hidratos de carbono en su forma integral, ya que nos aportan más del doble de vitaminas y minerales que las versiones no integrales y, además, tienen un índice glucémico mucho más bajo. Es conveniente consumir el pan integral y el salvado de cereales en el desayuno, pues es cuando nuestro organismo demanda más cantidad de energía. Las frutas y las verduras de bajo índice glucémico darán un apoyo imprescindible a los hidratos de carbono.

Entre las frutas recomendadas para superar el síndrome postvacacional son las peras, pomelo, naranja, melocotón o manzana; y en el caso de las verduras, los espárragos, espinacas, lechuga, pepino, calabacín, coliflor, pimientos, champiñones, setas, cebolla cruda o tomates.

4.- La hidratación es esencial.

Nuestro cerebro regula y dirige las acciones y reacciones de nuestro cuerpo. Se compone en un 75% de agua, por lo que es sumamente importante tener una hidratación óptima, entre 2 y 2,5 litros de agua, pues nos ayudará a que nuestras neuraonas (entre 50 a 100 mil millones) funcionen a pleno rendimiento.


[1] Difundido por el Servicio de Promoción de la Salud de Sanitas, 2013.

[2] En 2006 un estudio de Cerveceros de España situaba la cifra en un 35%. En 2008, el Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP) registraba el mismo porcentaje en estudio.

“La obesidad comienza en el cerebro”: Jeffrey Friedman

agosto 15, 2013

El peso corporal es regulado por circuitos cerebrales y en el futuro podrá tratarse mediante drogas que actuarán sobre las células que controlan el apetito

Por Ricardo Segura/EFE-Reportajes/ Vanguardia.com.mx

obesidad, foto EFE Justin LaneLa leptina es una hormona producida por la grasa que actúa sobre el hipotálamo del cerebro, para regular la ingesta de alimento, el gasto energético y la cantidad de grasa que se acumula en el organismo, y la carencia de esta sustancia o de su receptor (área bioquímica que la recibe en el cerebro) conduce a la obesidad.

El descubrimiento de este mecanismo, identificado en ratones y  humanos, ha abierto nuevas vías de investigación sobre las bases biológicas de la obesidad y provocado un importante cambio de paradigma, al demostrar que el peso excesivo no se debe a un comportamiento inadecuado, sino que es la consecuencia de un desequilibrio en un proceso regulado hormonalmente.

Este hito científico lo realizaron el químico canadiense-estadounidense Douglas Coleman y el médico norteamericano Jeffrey Friedman, quienes pese a no haber trabajado juntos, han tenido una de las relaciones más estrechas que pueden darse en la ciencia, ya que Friedman demostró que las hipótesis científicas de Coleman eran correctas.

A finales de la década de 1970, Coleman había demostrado que debía haber una hormona, entonces desconocida, que regulara la ingesta (ingestión de comida) y el peso corporal, mediante ensayos con ratones de laboratorio, portadores de una mutación que los convertía en extremadamente obesos.

Las investigaciones anteriores indicaban que este defecto estaba en un único gen, y Friedman entró en escena a mediados de la década de 1980, cuando decidió buscar ese gen culpable, labor que culminó en 1994, al descubrir el gen de la hormona leptina, que funciona como había predicho Coleman.

Ambos expertos han recibido el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Biomedicina por “revelar la existencia de los genes involucrados en la regulación del apetito y del peso corporal, un descubrimiento fundamental para entender patologías como la obesidad” y que según Friedman, “permitirá que se desarrollen nuevos tratamientos”.

“La leptina está diseñada para controlar el peso corporal, circula por la sangre y actúa sobre los centros cerebrales que regulan el apetito”, ha señalado Friedman, catedrático de la Universidad de Rockefeller de Nueva York (Estados Unidos) y director del laboratorio de Genética Molecular de dicha entidad.

NUESTROS KILOS Y LA EVOLUCIÓN HUMANA

Según este médico “el sistema funciona de forma que cuanta más grasa corporal hay, más leptina se produce y menos apetito se siente. Su objetivo es que un individuo con mucha grasa acabe comiendo menos, para que no siga engordando. A la inversa, cuando falta grasa corporal, falta leptina, y el apetito aumenta”.

La causa de este mecanismo del cuerpo es evolutiva y crucial para la supervivencia de nuestra especie, según Friedman, ya que “sería muy peligroso no tener grasa, porque te arriesgas a morir de inanición, pero también es peligroso estar demasiado gordo, porque estás a merced de los depredadores. Así, el sistema busca mantener un nivel equilibrado de grasa”.

“La gente creía que comer mucho o poco era una cuestión de falta de voluntad, pero ahora sabemos que el peso corporal, en los humanos y otros animales, lo regulan células en el cerebro que reciben señales como la de la leptina, que regulan el apetito de forma inconsciente“, dice Friedman, para quien esto significa en últimas instancia que la obesidad “está en el cerebro”.

“Además de las alteraciones en la leptina y su receptor, más del 10 por ciento de los individuos con obesidad mórbida tienen defectos en genes ya identificados que regulan la ingesta, el peso corporal y el metabolismo y todos ellos funcionan en el cerebro. Por lo que sabemos, la causa principal de que la gente engorde es una química cerebral alterada”, señala el investigador, como introducción a su entrevista con Efe.

EFE: Si engordamos por una alteración de la química del cerebro, ¿qué puede hacerse para hacer frente a esta alteración?

Jeffrey Friedman: El peso corporal y el apetito son regulados por un circuito compuesto de células nerviosas en muchas regiones del cerebro y ya se conoce la identidad de varias poblaciones celulares clave en la regulación del apetito.

En principio, una comprensión más completa de la naturaleza de los circuitos cerebrales que controlan el apetito podría conducir a nuevos tratamientos.

EFE: ¿Cuáles son esos circuitos cerebrales del apetito?

Jeffrey Friedman: En el cerebro, algunas vías neurales aumentan el apetito (se las denomina orexígenas) y otras disminuyen el apetito (se las llama anorexígenas). Dentro de un tiempo, podría ser posible tratar la obesidad mediante la inhibición de las vías orexígenas y la activación de las vías de anorexígenas, utilizando drogas.

ÚLTIMAS NOVEDADES SOBRE LA LEPTINA

EFE: ¿Cuáles han sido los principales avances en la investigación y  comprensión de leptina desde que fue descubierta?

Jeffrey Friedman: Un avance clave es la delineación del circuito neural que responde a la leptina para regular el apetito y la demostración de que los defectos en los componentes de este circuito neural, incluyendo la leptina y su receptor, causan la obesidad humana.

Otro avance importante es la constatación de que la leptina tiene efectos antidiabéticos potentes, lo que ha llevado a usarla para el tratamiento de una forma menos común de la diabetes conocida como lipodistrofia, con la esperanza de que su uso puede llegar a ampliarse al tratamiento de otras formas de diabetes.

Un progreso más es el hallazgo de que hay varias enfermedades que se asocian con la deficiencia de leptina, las cuales pueden tratarse con eficacia con esta hormona. Esto incluye la lipodistrofia, así como la amenorrea hipotalámica, una forma de infertilidad en las mujeres, entre otros trastornos.

EFE: Aparte del gen de la leptina, ¿cuántos otros genes pueden estar involucrados en la obesidad?

Jeffrey Friedman: Hasta la fecha, se conocen las mutaciones en aproximadamente 8 genes que causan la obesidad humana por sí mismos, pero espero que este número crezca con el uso de nuevas tecnologías, como la secuenciación del ADN genómico. Además, las diferencias genéticas en un gran número de otros genes también pueden tener un efecto menor sobre el peso corporal. Espero que una mejor comprensión del mecanismo de acción de estos genes ayude a explicar la patogénesis de la obesidad y a conducir a nuevos tratamientos.

EFE: ¿En qué proporciones la obesidad es el resultado de factores genéticos y de factores de estilo de vida como la dieta y la actividad física?

Jeffrey Friedman: Los datos disponibles de los estudios con gemelos idénticos, con familias y con niños adoptados, indican que los factores genéticos son el principal contribuyente a la obesidad. Ingerir una dieta saludable para el corazón y hacer ejercicio son hábitos muy importantes para la buena salud y deben fomentarse en los pacientes obesos (y en todos los demás), pero estas medidas no son generalmente eficaces para lograr una pérdida de peso significativa en el largo plazo.

La genética tiene un gran impacto en las diferencias en la ingesta de alimentos, el metabolismo y el peso corporal.

EFE: La obesidad se trata con dieta, ejercicio físico, medicamentos y psicoterapia. ¿Por qué estas estrategias no siempre funcionan?

Jeffrey Friedman: El peso corporal lo regula un sistema biológico inconsciente, que actúa para mantener el peso dentro de un rango relativamente estrecho en cada persona. Así, cuando alguien pierde peso, se activan estos potentes mecanismos biológicos que buscan revertir la pérdida de peso (o el aumento de peso, en otros casos).

LAS MÚLTIPLES FACETAS DEL PESO CORPORAL

EFE: ¿Cómo se podrá diagnosticar y tratar la obesidad una vez que conozcamos todos los genes implicados en el exceso de peso y el papel desempeñado por cada uno de ellos?

Jeffrey Friedman: Es probable que la obesidad sea heterogénea y que con el tiempo se pueda subdividir en diferentes grupos en función de qué mecanismos genéticos y/o biológicos sean sus responsables. También es probable que los tratamientos sean diferentes dependiendo de cuál sea la causa de la obesidad en cada paciente.

EFE: ¿Qué aplicaciones clínicas cree que tendrá la leptina?

Jeffrey Friedman: Ya está aprobada para el tratamiento de la lipodistrofia, una forma de diabetes, en Japón, y su aprobación está pendiente en los EU. También espero que la leptina pueda utilizarse para tratar esta enfermedad en Europa en el futuro.

Con el tiempo puede ser utilizarse para otros trastornos, y también como parte de una combinación de diversos agentes en el tratamiento de la obesidad. Se ha demostrado en humanos que combinar  leptina y pramlintida, otro péptido, provocauna mayor pérdida de peso que cualquiera de esos dos agentes por separado.

EFE: Usted dice que el objetivo no debería ser “que todas las personas obesas pierdan peso”, sino a “mejorar la salud de la gente”. ¿Podría explicar este razonamiento?

Jeffrey Friedman: La obesidad aumenta el riesgo de varios problemas de salud como la diabetes, las enfermedades del corazón, la hipertensión y algunas formas de cáncer. Una modesta pérdida de peso, del 5 por ciento del peso corporal, es a menudo suficiente para reducir la severidad de estas condiciones y en general no es necesario que las personas obesas pierdan más peso que esto, con el fin de mejorar su salud.

EFE: ¿Qué ocurre si se intenta adelgazar en mayor proporción?

Jeffrey Friedman: Cuanto mayor sea la cantidad de la pérdida de peso, mayor es la dificultad de mantener la pérdida de peso. Creo que es mucho mejor que la gente se centre en objetivos realistas que mejoren su salud, en lugar de establecer objetivos poco realistas, que a menudo conducen a que con el tiempo regrese a su peso original. Otra cuestión abierta es si los pacientes obesos que no tienen diabetes, enfermedad cardiaca o hipertensión, y que por lo demás están sanos, deben ser alentados sistemáticamente a perder peso. Mi opinión es que hay que animarlos a hacer ejercicio y llevar una dieta cardiosaludable, pero que no hay ninguna evidencia de que en tales casos se debe recomendar una pérdida de peso.

DESTACADOS:

— “Cuanta más grasa corporal hay en el cuerpo, más leptina se produce y menos apetito se siente. El objetivo es que un individuo con mucha grasa acabe comiendo menos, para que no siga engordando. A la inversa, cuando falta grasa corporal, falta leptina, y el apetito aumenta”, explica a Efe, el doctor Friedman, Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento.

— “La gente creía que comer mucho o poco era una cuestión de falta de voluntad, pero ahora sabemos que el peso corporal, en los humanos y otros animales, lo regulan células en el cerebro que reciben señales como la de la leptina, que regulan el apetito de forma inconsciente“, señala este catedrático de la Universidad de Rockefeller de Nueva York (Estados Unidos).

— “Una modesta pérdida de peso, del 5 por ciento del peso corporal, es a menudo suficiente para reducir el riesgo de sufrir diabetes, enfermedades del corazón, hipertensión y algunas formas de cáncer y en general no es necesario que las personas obesas pierdan más peso que esto, con el fin de mejorar su salud”, según el descubridor del gen de la leptina.

Glutenianas ¿Moda o necesidad?

octubre 9, 2012

Hoy Mujer, por Marisol Guisasola

Gwyneth Paltrow, Rachel Weisz, Jessica Alba, Victoria Beckham, Miranda Kerr, Goldie Hawn, Oprah Winfrey… Todas ellas, y un ejército creciente de mujeres, siguen dietas libres de gluten aunque no sean celíacas. La nueva moda antigluten hace furor en los EE.UU., donde este complejo de proteínas presentes en el trigo, la cebada o el centeno parece ser el causante de todos de males y las páginas web de “glutenianas” brotan como la hierba en primavera.

Tanto rechazo al gluten ha animado al gobierno norteamericano a realizar una encuesta nacional, a la que ha seguido un estudio de la Clínica Mayo, para saber si las dietas que carecen de él son hoy más una tendencia social que un tratamiento. Y la respuesta es que sí, que la tendencia es real. Los datos del estudio lo afirman claramente: aproximadamente 1,8 millones de norteamericanos padecen celiaquía, pero 1,4 millones de ellos no lo saben. Junto a este dato, 1,6 millones de personas siguen dietas exentas de gluten, aunque no han sido diagnosticadas como celíacas.“La ironía es que no hay solapamiento entre ambos grupos”, explica el profesor Alberto Rubio-Tapia, de la División de Gastroenterología y Hepatología de la Clínica Mayo en Rochester (EE.UU.), coautor del estudio. “Dicho de otro modo: la gran mayoría de las personas que siguen dietas sin gluten no necesitarían hacerlo y muchas de las que no siguen ese régimen no saben que padecen celiaquía y no evitan el gluten en su alimentación, con serias consecuencias para su salud”.

Sin necesidad

Para determinar la prevalencia de celiaquía, los investigadores de la Clínica Mayo combinaron análisis de sangre específicos con entrevistas realizadas dentro de la encuesta NHANES (siglas en inglés de Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición), que incluyen exámenes físicos de los encuestados. Gracias a ello, comprobaron que 35 personas, de un total de 8.000, reunían los requisitos de la celiaquía. A la vez, y paradójicamente, 53 de las 55 personas del estudio que confesaron estar siguiendo dietas libres de gluten no necesitaban hacerlo.

En los últimos años, han proliferado spas, centros de belleza y clínicas “naturistas” que anuncian dietas sin gluten como parte de sus programas detox o de pérdida de peso, tratamientos contra las migrañas y dolores de todo tipo, estrategias para mejorar la piel y hasta para “curar” problemas autoinmunes. La pregunta es: ¿quién necesita de verdad esta dieta? ¿Tienen fundamento esas alegaciones? “Se ha extendido la idea de que el gluten es una proteína nociva para la salud general y que las dietas sin gluten son más sanas”, explica el dr. Modesto J. Varas Lorenzo, de la Unidad de Gastroenterología y Hepatología del Centro Médico Teknon de Barcelona. “Pero eso no es cierto; no hay evidencias de que una dieta libre de gluten ayude a la población general. No decimos que sea necesariamente peligroso seguirla, de hecho, sabemos que muchas personas que lo hacen acaban consumiendo más frutas y verduras, y menos comida basura, lo cual se reflejará en una mejor salud, pero no hay por qué someterse a ningún tipo de alimentación restrictiva sin necesidad. Iniciar una dieta libre de gluten por decisión propia puede conducir a deficiencias y desequilibrios nutricionales. Asimismo, una celiaquía que no genera síntomas obvios (algo que es muy frecuente) y no se diagnostica ni se trata puede tener serias consecuencias en la salud”.

¿Nueva patología?

La industria alimentaria es muy consciente de la tendencia antigluten. Según datos de la empresa Mintel, los productos libres de esta proteína son los de mayor crecimiento en los supermercados. A la tendencia se han sumado rápidamente los restaurantes, las cadenas de reparto de comida a domicilio e, incluso, panaderías y pastelerías que recurren a masas elaboradas con harinas de arroz y maíz. Aún así, como denuncian a menudo las asociaciones de pacientes, los celíacos siguen gastando más en su cesta de la compra que las personas que no sufren esta enfermedad. Su gasto anual en comida es 1.525 € superior al de una persona sana. La mayor parte de ese extra proviene de las harinas, panes y pastas adaptadas a sus necesidades. Un encarecimiento que proviene de la inversión que necesitan realizar los fabricantes de estos productos para evitar la contaminación cruzada durante todo el proceso de producción, porque incluso las trazas de gluten pueden provocar síntomas. “Puede que las dietas sin gluten se hayan convertido en tendencia, pero la celiaquía no es ninguna moda”, interviene Clara Blasco, a quien no le diagnosticaron la enfermedad hasta los 30 años. Clara relata una juventud repleta de molestias digestivas, migrañas, distensión abdominal, cansancio… “No tuve la primera regla hasta los 17 y sufría diarreas continuas. Tantos años de mala absorción de nutrientes se reflejaron en mis huesos y acabé con osteoporosis y una dentadura desastrosa. La dieta sin gluten me cambió la vida”, declara.

Ningún médico dudaría hoy en prescribir una dieta libre de gluten a una persona como Clara, con celiaquía diagnosticada. ¿Pero qué hay de las que dan negativo en los tests, pero se quejan de que toleran mal el gluten? Hasta hace cuatro o cinco años, los expertos se mostraban escépticos ante estos casos, pero hoy empiezan a ver las cosas de otra manera. “Esos pacientes existen, tienen síntomas reales. Aunque den negativo en las pruebas y sus intestinos no aparezcan deteriorados, podrían tener lo que hoy se conoce como “sensibilidad al gluten”, explica el dr. Varas Lorenzo.

Alta sensibilidad

El problema es que no existe un test para esa sensibilidad. “Tenemos que ver el historial del paciente y creerle cuando nos cuenta que el gluten le produce efectos indeseables”, explica el dr. Varas. Pero, en cualquier caso, antes de ponerle a dieta, hay que descartar o confirmar la enfermedad celíaca mediante unas pruebas específicas. De hecho, cualquier persona que sospeche sensibilidad o intolerancia al gluten debería hacérselas por su bien y el de su familia, porque la enfermedad celíaca tiene un claro componente hereditario. Si se retira el gluten de la dieta antes de haber realizado todas las pruebas necesarias, los resultados pueden enmascarar una enfermedad celíaca subyacente.

“Los síntomas de la celiaquía varían mucho entre una persona y otra y, a menudo, son atribuidos a otros problemas de salud. A eso hay que añadir la falsa idea que sobrevive en la población sobre que la celiaquía es una enfermedad rara y que afecta básicamente a los niños y porque apenas se dan casos en personas adultas. Pero si existe la duda, hay que acudir al médico para que considere la conveniencia de realizar las pruebas necesarias. Una vez diagnosticado el problema y prescrito el tratamiento, las asociaciones de celíacos pueden ser de gran ayuda en el día a día de la enfermedad y para mantenerse bien informado”, concluye el dr. Varas Lorenzo.

10 cosas que debes saber

La enfermedad celíaca es una intolerancia permanente al gluten, un complejo de proteínas.
Puede estar asociada a otras enfermedades autoinmunes y a la deficiencia selectiva de Inmunoglobulina A.
Además de la serología y la biopsia intestinal, hoy en día se dispone de un test que puede diagnosticarla solo en 10 minutos.
Tener antecedentes familiares de intolerancia al gluten aumenta el riesgo de padecer la enfermedad.
Es el doble de frecuente en mujeres, puede presentarse a cualquier edad y los síntomas varían de una persona a otra. Seguir una dieta libre de gluten sana el daño a los intestinos. Sus efectos se ven al cabo de seis meses en niños y dos años en adultos.
Los niños con celiaquía pueden tener defectos en el esmalte y el color de los dientes; crecimiento lento; diarreas o estreñimiento; náuseas…
Retrasos en el diagnóstico, o no seguir la dieta, aumenta el riesgo de trastornos autoinmunitarios, osteoporosis, cáncer, anemia, hipoglucemia, infertilidad, abortos…
Los celíacos pueden consumir productos con harinas de arroz, maíz, soja, mijo, amaranto y algarroba.
Poseen gluten los productos con: cereales, harina, almidones modificados, amiláceos, fécula, fibra, espesantes, sémola, proteína vegetal, hidrolizado de proteína, malta, levadura, especias y aromas.