Venció la obesidad y perdió los 80 kilos que le sobraban

Tras someterse a un tratamiento de reducción de estómago en el IMEO, esta joven madrileña mejoró su salud y autoestima; dejó de ser una “nini” para recuperar el control de su vida 

Eva entró en quirófano con 27 años, pesando 140 Kg. Tenía síntomas analíticos de hígado graso e hipotiroidismo subclínico. Sus niveles de triglicéridos, colesterol LDL y fibrinógeno eran muy altos apuntando a riesgo cardiovascular y diabetes tipo 2. Su tasa metabólica era bajísima, priorizaba el consumo de azúcar y almacenaba su exceso en forma de grasa.

La obesidad es una enfermedad crónica multifactorial, difícil de abordar en solitario, debido a mecanismos biológicos y de comportamiento que dificultan la pérdida de peso. En los casos graves, cuando se busca reducir más de la mitad del peso corporal del paciente, la solución pasa por el quirófano y forma parte de un tratamiento multidisciplinar que ofrece las garantías y controles periódicos necesarios. Porque no sólo se trata de limitar la capacidad de ingesta y, con ello, frenar temporalmente los atracones, sino de corregir con ayuda profesional aquellos hábitos que han llevado a esta situación de alto riesgo.

Con el fin de concienciar a la sociedad sobre los riesgos de esta enfermedad que se instala en la vida de las personas de forma sigilosa e indolora, condicionando no sólo su movilidad física y salud general, pero también las perspectivas de futuro, queremos dar a conocer un verdadero caso de éxito en la lucha contra la obesidad. Es el caso de Eva Lerma, una joven madrileña que tras someterse a un tratamiento de reducción de estómago en el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) no sólo logró perder los 80 kilos que le sobraban, sino también recuperó el control de su vida; dejó de ser una “nini” que no trabajaba, ni estudiaba para convertirse en una mujer emprendedora, centrada en su proyecto familiar y laboral.

Mejoras sobre la salud que trascienden más allá del aspecto físico 

Después de perder los 80 kilos que le sobraban, la paciente no muestra ningún signo de hígado graso, colesterol malo o problemas con las tiroides. Su metabolismo está equilibrado y no tiene riesgo de diabetes tipo 2.

En el caso de Eva Lerma, combinar la cirugía bariátrica con un seguimiento semanal multidisciplinario nos ha permitido: reducir la grasa visceral de la paciente y con ello, el riesgo de enfermedad cardiovascular e hipertensión; remitir en un alto porcentaje la incidencia de la diabetes 2; mejorar la tasa metabólica, es decir, la efectividad del organismo para utilizar la grasa como fuente de energía; normalizar la función del páncreas y los niveles de tiroides, triglicéridos y colesterol.

Tras reducir su peso corporal en un 57%, eliminando 80 kilos de peso, la paciente necesitó varias cirugías complementarias reconstructivas realizadas por la unidad de cirugía plástica y reparadora del IMEO, entre ellas una abdominoplastia, lifting de brazos y muslos, corrección y rejuvenecimiento mamario.

Puntos importantes del estudio médico[1] de la paciente

“Eva Lerma, cuyo caso de éxito queremos compartir para que sirva de referencia para personas con similares problemas, es una joven madrileña que hace dos años acudió al IMEO con un sobrepeso de 80Kg, para someterse a una intervención de reducción de estómago, conocido como manga gástrica o gastroplasia tubular”, señala Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto. Esta cirugía aporta en una reducción importante de la ingesta de alimentos, obligando a la paciente, por un lado, a comer muy despacito y, por otro, a eliminar sustancialmente su sensación de hambre, de modo que con una cantidad muy pequeña de comida el estómago se siente lleno. La técnica ha sido completada con un seguimiento quincenal psicológico y semanal nutricional para asegurar la eficacia de este tratamiento multidisciplinar en los dos años posteriores.

El día que ingresó en quirófano, Eva tenía 27 años de edad y pesaba 140 Kg. A fecha de hoy ella pesa 58,9 Kg, habiendo perdido unos 80Kg. Su porcentaje de grasa inicial era de 46,1% estacionándose en un nivel muy elevado correspondiente a obesidad tipo IV, considerada extrema. Actualmente su IMC se sitúa dentro de su normopeso ideal. Su porcentaje de grasa ha pasado a un 19,8% y corresponde a un nivel muy bajo dentro de la masa grasa saludable.

Respecto al Índice de Tasa Metabólica que nos indica la efectividad del metabolismo para quemar grasa, hemos observado que en el punto de partida la paciente mostraba unos niveles bajísimos, correspondientes a 1 en una escala de 1 a 15, donde un metabolismo equilibrado se situaría en la tasa de 5 a 10. Esto nos indicaba claramente que el organismo de la paciente priorizaba el consumo de azúcar, no de grasa y que, al no utilizar el exceso de azúcar como fuente de energía –básicamente por la inexistente actividad física–, lo almacenaba en forma de grasa.

En este sentido, Eva tenía que hacer frente a la tendencia genética que tenía de obesidad, una dificultad añadida a la hora de perder peso. Gracias a sus esfuerzos y el trabajo de nuestro equipo multidisciplinar, compuesto por cirujanos, psicólogos, nutricionistas, fisioterapeutas y preparadores físicos, la paciente normalizó su tasa metabólica a 10 que corresponde a un metabolismo de alta efectividad.

Sus analíticas iniciales mostraban niveles de azúcar de casi 170 mg/dl, indicando claramente el riesgo de desarrollar una diabetes tipo 2. En el trascurso de la pérdida de peso, estos valores se fueron corrigiendo.

Otra amenaza para su salud suponía los síntomas analíticos de hígado graso con factores elevados tanto en la gama GOT, como en la gama GPT. Ambas enzimas se encargan del correcto funcionamiento de nuestro organismo y su presencia ayuda para diagnosticar enfermedades hepáticas. A esto debemos sumar los altos niveles de triglicéridos y colesterol malo LDL y la cantidad de fibrinógeno en sangre, una proteína que contribuye al incremento de la agregación plaquetas y a la formación de trombos, estando directamente relacionada con un alto riesgo cardiovascular.

Además, Eva Lerma rozaba los límites que se definen como un hipotiroidismo subclínico, con una TSH de 3,5 y aunque no llegaba a ser hipotiroidismo analítico, era bastante preocupante, visto su estado de salud general. Hoy esta tasa se ha reducido, pasando a 1,22, mostrando un funcionamiento de tiroides correcto.

Su fibrinógeno también está corregido. Los niveles de azúcar han pasado de casi 170 a 86 y la paciente está totalmente fuera de riesgo de la diabetes tipo 2. No aparecen ya ningún tipo de signo de hígado graso, todos los variables que medimos están en valores normalizados y saludables.

TESTIMONIAL DE EVA LERMA

La motivación, clave

Tardé muchos años en decidirme a pasar por el quirófano para deshacerme de los 80 kilos de más que llevaba encima. El apoyo de mi familia y de la persona que ahora es mi pareja me han ayudado a dar el paso y a superar el miedo a la intervención y a la anestesia. Lo que realmente me hizo tomar la decisión, fue el deseo de tener hijos en un futuro. El nivel de obesidad que tenía en aquel entonces suponía un factor de riesgo de mucho peso, que afectaría mi salud, complicaría un posible embarazo y pondría en cuestión mi capacidad de poder jugar y cuidar bien de mis hijos, al tener la movilidad bastante limitada por el exceso de peso.

Había llegado a una situación insostenible; me di cuenta que estaba perdiendo mucho tiempo de mi vida encerrada en casa frente al ordenador. No estudiaba, no trabajaba y tampoco me esforzaba en buscar un empleo: encajaba perfectamente en la “generación nini”. Aunque no lo admitiese, creo que también me daba vergüenza salir a la calle o ir según a qué sitios. Una vez tomada la decisión, he tenido el apoyo incondicional tanto de la familia, como de amigos y simples conocidos y sabía que lo que hago lo hago por mi bien.

Riesgo para la salud

Llegué a pesar en algún momento determinado 152 kilos; entré a quirófano con 27 años y unos 140 kilos. Siempre he sido una niña gordita hasta que la cosa se descontroló y pase, sin darme cuenta, a una obesidad importante. Tenía el hígado graso y corría el riesgo de desarrollar hipertensión, es decir, estaba claro que la mochila de sobrepeso que cargaba me pasaría factura más bien antes que después, pero por aquel entonces todo me daba igual. Tampoco me esforzaba a dedicar tiempo a la actividad física; en mi rutina diaria era prácticamente nula. 

Relaciones afectivas

Antes de dar paso al cambio no tenía gana de hacer nada, vivía en un estado de ansiedad y depresión constante. No obstante, tuve mucha suerte de dar con un grupito de amigos que me brindaron su cariño y apoyo, así que, por ese lado, más bien me sentía acompañada que sola. En cuanto a la situación sentimental, me considero afortunada: conocí a mi actual pareja pesando 140 kilos y puedo afirmar que, a día de hoy, con 80 kilos menos, me sigue queriendo tal como soy.

La relación con la comida

Antes todo entorno a la comida era un caos: no tenía horarios y raciones eran desmesuradas. Comía cuando me apetecía, cuando tenía un bajón de ánimo, cuando me sentía deprimida o, incluso, cuando estaba indispuesta. “El grueso” de mi plato consistía en pasta, galletas, patatas, ensaladas condimentados con mucho aceite o salsas y carne. No tenía el hábito de desayunar, pero cuando lo hacía el paquete de galletas completo con un vaso de cacao no me lo quitaba nadie. Era capaz de acabar medio kilo de pasta o una ensaladera completa, de aquellas que se ponen en el centro de la mesa para que se sirva toda la familia, con mucho aceite.

Cuando me daba ansiedad por el dolor de ovarios, obtenía extra energía de en un paquete de donettes, –¡8 unidades de estos pastelitos industriales rondan 700 kcal! — y una bolsa de doritos, un aperitivo de maíz frito con sabor a queso donde la módica cantidad de 150 gr que contiene la bolsa sumaba otros 750 Kcal. Tomaba esta mezcla de grasas, azúcar y sal todos los días durante una semana hasta que me pasaban los dolores. En mi nevera antes nunca podían faltar salsas, nata, mayonesa, bollería industrial, pan, pasta y latas de pescado en aceite; eran “los alimentos básicos de supervivencia” en mi despensa.

Un cambio que “ha valido la pena”

Ahora tengo 29 años y peso 59,85 Kg. Estoy consciente del esfuerzo que hice para conseguirlo: la cirugía ayuda, pero no hace milagros y durante años he seguido las pautas del nutricionista para llegar a mis objetivos. Ahora hago la compra de forma responsable, pensando en mi dieta y en la salud: jamás pueden faltarme en la nevera filetes de carne magra (pollo sin la piel, lomo de cerdo o ternera, todas ellas bajas en grasas), verduras como las espinacas, frutas de la temporada y, para ocasiones especiales, chocolate negro sin azúcar.

Mi analítica ha mejorado, igual que mi estado de salud general. Eso sí, tengo algo de anemia, un efecto bastante frecuente después de una cirugía bariátrica, que se está tratando. Anímicamente estoy un poco saturada, debido a la falta de costumbre de hacer cosas. Intento tomarme las cosas con calma, sin prisa, pero sin pausa.

En cuanto a la ocupación profesional, ya no me quedo sentada en casa. Trabajo como auxiliar de enfermería y tengo encaminado mi proyecto empresarial. En mi tiempo libre me gusta pasear, junto a mi perra y, ahora que me veo en forma, tengo ganas de ir al gimnasio, algo impensable en mi condición de antes.

Si tengo que resumir la experiencia, solo diría que vale muchísimo la pena. Para mí era como darme otra oportunidad en la vida, como volver a nacer. Mi consejo hacia los que ahora están como yo hace dos años es que no lo dejen para después. Lo que a primera vista parece enorme sacrificio, trae inimaginables beneficios para la salud y en cuanto al crecimiento personal y profesional. Es algo por lo que merece la pena luchar.  


[1] Los estudios de seguimiento se han realizado a través de ElectroImpedancia TANITA Medical Multifrecuencial, evaluando metabolismo basal, composición corporal total y segmental, índice de grasa visceral, tasa metabólica, equilibrio del agua y distribución corporal.

Tras la navidad, barriga fuera chicos

Recomendaciones. Ya las fiestas decembrinas son cosa del pasado, es hora de empezar a disciplinarse con la alimentación. Conozca los consejos de los expertos.

EFE/ El Nuevo diario
¿Por qué la obesidad masculina se sigue viendo como un mal menor y se presenta con eufemismos exculpatorios, como barriguita cervecera o la curva de la felicidad, que le ayudan a gozar de un mayor grado de aceptación social? ¿Por qué la obesidad del varón se acepta como algo normal y se justifica porque es sabido que los hombres beben más, frecuentan restaurantes por motivos de trabajo, comen durante las reuniones, hacen vida social en bares y apenas hacen dieta?

Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) y experto en nutrición y gastronomía, no ofrece una respuesta para estas interrogantes, pero tiene claro que quitar importancia a un problema de salud, no hace que se resuelva por sí solo.

“El número de hombres que visita nuestras consultas en busca de solución a su estado de obesidad es significativamente menor (21%) que el de mujeres (79%)”, explica el experto.

“Pero entre 1975 y 2014 el número de hombres obesos se ha triplicado y la cantidad de mujeres obesas solo se ha duplicado”, señala Bravo en referencia a un estudio publicado en 2016, coordinado por el Imperial College de Londres y que involucró a 20 millones de hombres y mujeres adultos de 186 países. “Al analizar los datos estadísticos podemos corroborar que la obesidad masculina aumenta a un ritmo superior a la femenina en todo el mundo de manera general y que cada vez son más los hombres con altos niveles de grasa corporal y, por tanto, en riesgo de padecer todas las enfermedades que esto conlleva”, confirma a Carmen Escalada, nutricionista clínica del Imeo.

La naturaleza del sobrepeso se muestra de forma diferente entre ambos sexos, según los especialistas. En los hombres empieza a desarrollarse a partir de los 35 años, acompañado por un cambio hormonal conocido como hipogonadismo relacionado con la disminución de testosterona, mientras que en mujeres el golpe importante suele darse a partir de la menopausia, entre los 48 y los 52 años, según el instituto Imeo.

“El aumento de peso en hombres se caracteriza principalmente por la acumulación de tejido graso a nivel abdominal, lo que se denomina obesidad de tipo androide”, explica Estefanía Ramo, nutricionista. Esta grasa acumulada en la barriguita de los hombres es la grasa visceral (aquella que envuelve los órganos vitales) es la más peligrosa para la salud y la que va a dar lugar al síndrome metabólico (SM), asociado a una mayor prevalencia de patologías crónicas.

Algunas de las patologías asociadas al SM y que limitan las expectativas y calidad de vida de la persona son: la hipertensión arterial, la diabetes mellitus tipo 2 e insulino-resistencia, el hígado graso, la cardiopatía coronaria, el cáncer y las enfermedades respiratorias u osteoarticulares, según los expertos de Imeo.

Ramo traslada cinco claves nutricionales encaminadas a controlar la obesidad y prevenir el SM en los hombres, cuyo patrón alimentario, según indica, tiende a incluir carnes, arroz, pasta, pan o alcohol, así como comida rápida, snacks, platos listos para calentar y productos animales reconstruidos.

Recomendaciones

1 Aumente los alimentos de origen vegetal y la fibra soluble (frutas, verduras, legumbres, avena…) que ayudan a disminuir el colesterol.

2 Asegure el aporte de calcio, vitamina D, vitamina K y magnesio, para mejorar la salud ósea, aumentando el consumo de lácteos no enteros, pescados azules, verduras de hojas verdes o alimentos enriquecidos.

3 Recuerde los alimentos proteicos, dando prioridad a la proteína vegetal (legumbres, cereales, frutos secos) y a las carnes que sean magras, sin grasa.

4 Reduzca o modere el consumo de alimentos grasos, sobre todo de grasas saturadas (que inciden en el riesgo cardiovascular) y aumente el consumo de grasas poliinsaturadas, como los omega 3, que ayudan a prevenir las dolencias cardiovasculares y que se encuentran presentes en pescados azules, aceites vegetales o nueces.

5 Haga ejercicio físico. Esto es muy importante porque reduce la pérdida de músculo, aumenta el gasto calórico y fortalece los huesos, a la vez que mejora la salud cardiovascular, la presión arterial, la resistencia aeróbica y la autoestima.

Diez claves para evitar el síndrome postvacacional

Dormir al menos ocho horas diarias, comer fruta y tomárselo con sentido del humor; entre los puntos más importantes para superar este trance
La Voz de Galicia
afp_20150729_154615525Agosto es sinónimo de sol, playa, reencuentros,viajes, fiestas y, para algunos, trabajo. Porque sí, hay personas que ya han disfrutado de sus días libres como se merecían y les toque volver «al curro». Para muchos esto supone un trance difícil de superar.

Fatiga, falta de sueño y de apetito, cansancio generalizado, dolores musculares, baja concentración… estos son solo algunos de los síntomas que acompañan al síndrome postvacacional. Esa «dolencia» que sobreviene a la mente del trabajador, en ese preciso momento en el que tienen que incorporarse a su puesto de trabajo.

Desde el primer minuto, algunos incluso antes, del primer madrugón postvacacional, el empleado puede comenzar a experimentar esa extraña sensación que le hace reaccionar como gato panza arriba que busca apagar el despertador para aferrarse a su cama cinco minutos más. Esos últimos cinco minutos…

Aunque escapar de este síndrome es tarea casi imposible, sí que se pueden minimizar sus efectos. Solo hay que tener la paciencia suficiente para, en uno de los descansos de tu jornada laboral (que en estos días iniciales no serán pocos) , leer lo recogido en estas líneas. La empresa líder mundial en pañuelos desechables, Kleenex, te trae10 claves para que tu vuelta al trabajo sea un poco menos dolorosa.

1. Ir paso a paso

Para superar esta depresión, lo primero que debes hacer es reconocer que estás enfermo. Sí, lo estas. Por ello se debe ir paso a paso, pero sin pausa, en busca de la normalidad. Hay que aceptar que durante unos días es lógico que estés cansado pero que, con el paso del tiempo, esa sensación acabará abandonándote y volverás a ser el trabajador eficiente que «cameló» al jefe. Retomar las tareas y la vuelta al trabajo de golpe es un error. Planifica tu reincorporación con tiempo y déjate un par de días para que el cambio de hábitos no sea tan brusco.

2. Lleva siempre un bolígrafo contigo

Sería bueno que apuntaras en una libreta todo aquello que te has propuesto cambiar de tu vida durante estos días de vacaciones. Guárdalo y, cuando termines tu fase de adaptación, encárgate de cumplir, al menos, alguna promesa de tu listado.

3. Organizar tu tiempo por prioridades

Empezar por el principio siempre cuesta menos. Analiza las tareas que tienes que hacer y ponte metas muy concretas y realistas que puedas cumplir. Ordénalas comenzando por las más fáciles y agradecidas, esto hará que sientas que eres productivo de nuevo.

4. Siempre con sentido del humor.

Diviértete, dedica tiempo para ti mismo y disfruta de tu familia y tus amigos. Si en el trabajo hay buen ambiente y tienes buena relación con tus compañeros, tómate tu regreso con humor. Siempre es bueno que el resto de compañeros se den cuenta de que vuelves renovado.

5. Planifica nuevos viajes

Según un estudio IMEO, programar nuevas salidas para tu disfrute hace que aumenten los niveles de dopamina en tu cuerpo. Este neurotransmisor hace que te sientas con más energía y aumente tu vitalidad. El 64 % de los españoles ya lo hacen. No pierdas tiempo, haz tu reserva.

6 Evita los desplazamientos innecesarios

Posiblemente estés cansado de desplazarte durante tus vacaciones y no te apetecerá mucho tener que soportar esos trayectos llenos de tráfico y pérdidas de tiempo. No obstante, aunque durante tus día de relax hayas permanecido encerrado en tu casa, debes saber que esta rutina de idas y venidas al trabajo provoca irratibilidad y un aumento del estrés. Puede servir de gran ayuda sintonizar la radio, escuchar música y relajarte.

7. Aprende a desconectar

El portal especializado en salud y bienestar Feeling aconseja evadirte por completo de tu rutina en cuanto salgas por la puerta del trabajo.Disfrutar de tu familia o tus amigos desconectando por completo de tu oficio te ayudará a mejorar tus relaciones con ellos y obtener un mejor descanso mental.

8. Come cinco raciones de fruta y verdura diarias

Los hidratos de carbono integrales y los alimentos de bajo índice glucémico te ayudarán en tu retorno. Existen recetas sencillas y sanas para una buena alimentación, que utilice este tipo de productos.

9. Practica deporte

Durante el ejercicio físico se liberan endorfinas, lo que ayudará a mejorar tu estado de ánimo y crear una actitud positiva, tanto en el cuerpo como en la mente. La vuelta al trabajo es buen momento ara comenzar a practicar ejercicio físico durante tu tiempo libre. Aprovechando las pilas recién cargadas tras tus vacaciones, es incluso una buena opción para bajar esos kilitos de más que posiblemente hayas ganado durante tus días de descanso.

10. Descansa

Es lo más importante. El descanso ayuda a recuperar el cuerpo de los esfuerzos llevados a cabo durante la jornada y afrontar el día siguiente con mayor vitalidad. Dormir menos de 8 horas al día no es el camino adecuado para superar ese síndrome que te trae por el «camino de la amargura».

 

 

La obesidad cuesta miles de millones: sanidad, salarios, absentismo y transporte

Las personas obesas suelen faltar al trabajo con mayor asiduidad

El Economista.es
Un equipo de investigadores ha publicado un informe con datos no vistos hasta el momento sobre los costes que tiene en la economía la creciente tasa de obesidad entre la población de EEUU.

Los gastos médicos ligados a los problemas que causa la obesidad se han disparado, según publica Bloomberg. Pero no es este el único problema, parece que la productividad, los salarios y el coste del transporte también salen mal parados por culpa de los kilos de más.

Y es que en la actualidad el 36% de los estadounidenses son obesos, una cifra que supera el 30% alcanzado en 2002 y el 13,3% que se registró en EEUU entre 1960 y 1962. Según los especialistas médicos, para ser obeso el índice de masa corporal debe ser igual o superior a 30, un rango que cada día superan más norteamericanos.

En sanidad

Los gastos extra en sanidad son el coste directo que se puede observar y analizar con mayor facilidad. Según John Cawley, profesor de la Universidad de Cornell, la obesidad ha provocado que los gastos en sanidad fueran 316.000 millones de dólares más altos en 2010. De media, cada persona obesa ha incurrido en 3.508 dólares más en gastos sanitarios que una persona con un peso ideal.

La obesidad está directamente relacionada con enfermedades crónicas como la diabetes o los problemas cardiovasculares, cuyos tratamientos se encuentran entre los más caros. Los costes derivados de estas enfermedades están cubiertos o por el seguro de salud privado o por sistema de sanidad público, lo que significa que las personas delgadas están subsidiando a aquellos que sufren de obesidad: “Todos nosotros estamos pagando los costes”, explica el profesor Cawley.

En el trabajo

Por otro lado, las personas obesas suelen faltar al trabajo mucho más que las que gozan de una buena salud y un peso adecuado, según Tatiana Andreyeva, directora de iniciativas económicas de Rudd Center for Food policy and Obesity. El coste de este tipo de absentismo laboral se cuantifica en unos 8.650 millones de dólares. Y es que los empleados obesos faltan de media 1,7 días más al año a su puesto de trabajo.

Además, los empleados obesos son menos productivos, lo que repercute sobre los resultados de la empresa. El resultado final suele ser un salario menor para todos los empleados para compensar la menor productividad de los trabajadores obesos.

Por último aparecen los mayores costes en el transporte. Según la Universidad de Illinois se consumen de forma anual mil millones ‘extra’ de galones (un galón son 3,7 litros) de gasolina por culpa la mayor carga que supone el transporte de los individuos con sobrepeso. Esto podría suponer unos 2.500 millones de dólares con los actuales precios de la gasolina.

El profesor Cawley cree que imponer mayores impuestos sobre los alimentos poco saludables no es la solución, ya que sería recortar la libertad de los consumidores. Además, dicha medida no aseguraría el resultado deseado.

Pero sí que se podrían tomar medidas de otro tipo, como fomentar y facilitar la actividad física desde edades muy tempranas. También sería positivo mejorar el acceso a la comida saludable.

¿Por qué nuestros abuelos tenían menos riesgo de ser obesos?

  • Las personas nacidas antes de 1942 parecen inmunes al “gen de la gordura”, mientras sus efectos se doblan en generaciones posteriores

El País, por Nuño Domínguez
la obesiad en personas mayores, foto El PaisMientras las sociedades occidentales se hacen cada vez más obesas, cabe preguntarse si cualquier tiempo pasado fue mejor. ¿Antaño la gente era más delgada? ¿Tienen nuestros abuelos o padres el mismo riesgo que nosotros de ser gordos? Responder a estas preguntas no es fácil. Muy pocos países acumulan datos suficientes como para observar en acción, durante varias generaciones, a los dos determinantes de la obesidad: factores externos como la dieta o el ejercicio físico, por un lado, y la genética, por otro. Ahora, gracias al seguimiento médico de miles de personas durante casi 40 años, un equipo de EE UU ha determinado que hay un tercer factor esencial en la obesidad: el año de nacimiento.

El trabajo intenta explicar el espectacular aumento de la obesidad en las últimas décadas en EE UU, donde este problema se ha cuadruplicado en generaciones jóvenes. España sufre una situación similar y aquí también se han duplicado las tasas de niños y adultos obesos. Los responsables del estudio se centran en el gen FTO, el mayor factor de riesgo genético conocido a la hora de ganar peso. Hasta ahora, varios estudios habían demostrado que una variante de este gen le da al portador unos tres kilos más de media y un mayor riesgo de acabar siendo obeso. Pero el nuevo estudio muestra que esto solo es verdad en las generaciones más recientes y que hay una frontera temporal bien establecida. Las personas nacidas antes de 1942 parecen inmunes a los efectos genéticos de la obesidad a pesar de tener el gen de la gordura.

“La correlación entre la variante genética de obesidad más conocida y el índice de masa corporal crece a medida que aumenta la fecha de nacimiento”, detalla James Niels Rosenquist, médico del Hospital General de Massachusetts y coautor del estudio, publicado en PNAS. Esto parece indicar, por primera vez, que la fecha de nacimiento es una variable más en la ecuación entre genética y entorno cuando se trata de buscar las causas de la obesidad y, quizás, de otras enfermedades, añade Rosenquist.

Los autores del estudio creen estar ante un caso de manual de cómo el ambiente cambia la expresión genética, aunque no pueden determinar la causa exacta. Sí apuntan al cambio radical que supuso el final de la II Guerra Mundial. “Sabemos que el ambiente juega un papel enorme en la expresión de los genes y el hecho de que el efecto que hemos visto se dé incluso entre hermanos nacidos en años diferentes implica que factores ambientales globales como el cambio en los productos alimentarios y el volumen de actividad en el trabajo influyen en las variantes genéticas”, añade Rosenquist.

El factor genético se duplica

Hasta ahora, los estudios sobre la combinación entre genética y ambiente para producir obesidad habían analizado grupos de pacientes de edades similares. Este trabajo se basa en el seguimiento de más de 5.000 personas de entre 27 y 63 años durante un periodo entre 1971 hasta 2008. Los datos son parte del estudio Framingham, que lleva el nombre de la localidad estadounidense en la que arrancó en 1948 para estudiar la salud cardiovascular de miles de personas. El trabajo muestra que la asociación entre el gen de la gordura y un mayor índice de masa corporal era inexistente entre las personas que habían nacido antes de 1942. Sin embargo, en las generaciones posteriores esa correlación entre genética y obesidad no solo ha aumentado de forma progresiva, sino que resulta ser el doble de intensa de lo que mostraban estudios anteriores.

También en España

Cada vez hay más pruebas de que factores externos como la dieta o el ejercicio pueden modelar la actividad genética. Los ejemplos paradigmáticos son gemelos que, teniendo exactamente el mismo genoma, son muy diferentes, pudiendo ser uno obeso o diabético y el otro no. El mecanismo que lo explica se conoce como epigenética, cambios químicos que activan o desactivan los genes como un pianista pulsa unas teclas del piano y otras no y que pueden contribuir a provocar enfermedades como el cáncer. Probablemente otro efecto epigenético esté detrás del aumento de peso registrado ahora entre miles de personas de varias generaciones.

Expertos ajenos al estudio resaltan su importancia. “Es una aproximación muy interesante”, opina José Luis Gómez-Skármeta, un investigador del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo que este año describió cómo el gen FTO causa obesidad actuando sobre otro gen que controla el apetito. Los efectos de este factor genético, dice, “se han validado en muchas poblaciones, por lo que probablemente el mismo mecanismo esté operando en todos los países que, como España, registran niveles de obesidad crecientes”, resalta.

El equipo de Dolores Corella, una investigadora de la Universidad de Valencia experta en condicionantes genéticos de la obesidad, ha estudiado la misma variante genética en poblaciones de España y su correlación con otros factores. El consumo de grasas saturadas es determinante para que esta variante genética empiece a hacer efecto, dice, pero también hay otros factores. “En población general de Valencia hemos visto que el nivel de estudios contrarresta el efecto del alelo A, de manera que los portadores del alelo de riesgo de obesidad solo tienen mayor índice de masa corporal que los demás cuando su nivel de estudios no es universitario”, resalta. Es curioso, dice, porque ese efecto solo se observa en las generaciones jóvenes y no en personas nacidas durante y después de la Guerra Civil. “Pensamos que quizá si pasaron hambre de pequeños se alteraba la regulación de FTO, por eso me gustan los resultados de Framingham porque ven efectos similares”, resalta. Predimed, el mayor estudio realizado sobre nutrición en España, también mostró “una fuerte regulación del gen por el ejercicio físico”, resalta Corella. Su equipo está ahora analizando cambios químicos, epigenéticos, en este gen. Los resultados aún no se han publicado, pero por el momento sí se han detectado cambios en función de la edad y los genes de riesgo.

 

Cómo sobrevivir a los propósitos de septiembre

sindrome postvacacionalRecuperar ilusiones y proyectos puede ser una buena forma de afrontar de nuevo la rutina. Las más básicas son perder los kilos ganados en vacaciones, hacer más ejercicio y la eterna asignatura pendiente del inglés.

La Voz de Gsalicia, por Blanca Hermida

Tensiones musculares, nerviosismo y ansiedad. Si usted sufre estos síntomas al regresar al trabajo probablemente esté pasando el tan temido síndrome postvacacional.un concepto que año tras año ha ido aumentando y haciéndose notar, se refiere a la ansiedad o presión emocional que se afronta al readaptarse a las tareas laborales después de un período vacacional. Y parece que es tendencia, que cada vez más hay personas que les cuesta adaptarse a la rutina. Los datos lo muestran. El 65% de los españoles sufren este bajón tras las vacaciones, según un estudio de Sanitas. Según los expertos, se manifiesta como una reacción de rechazo al trabajo en forma de tristeza, agitación, ansiedad, agobio, nerviosismo e irritabilidad.

Según un informe del Hospital Quirón, el regreso de las vacaciones puede provocar alteraciones como la falta de apetito, dolores musculares o irritabilidad, una situación que suele afectar más a menores de 45 años y a aquellos que se incorporan a la rutina sin una breve transición. Los expertos apuntan a que alrededor de un 20% de los afectados por este síndrome se recupera en uno o dos días mientras que un 35% tarda hasta dos semanas.

Y ante esta situación, ¿qué se puede hacer para evitar esa ansiedad? Pues cosas tan sencillas como programar el regreso a casa de manera anticipada y relajada, abordar antes las tareas más gratas, mantener una actitud proactiva y positiva en el trabajo, no llevarse trabajo a casa o practicar ejercicio físico moderado.

De hecho, el regresar al gimnasio (o probarlo por primera vez) era una de las metas que se planteaba a principios de año el 30 por ciento de los participantes en una encuesta. Después del verano, este porcentaje puede que incluso haya aumentado, ya que, según aseguran los expertos, durante las vacaciones se suele engordar una media de entre tres y cinco kilos por persona, en parte porque los españoles se dan también «vacaciones gastronómicas»; se come menos pero peor, como explica Rubén Bravo, especialista en nutrición y gastronomía del Instituto Médico Europeo de Obesidad (IMEO). «Los datos que manejamos en el Instituto son de entre tres y cinco kilos de media los que cogen los españoles en esta época del año. El problema es que esta cantidad posiblemente en kilos de grasa sea más y perderla es mucho más difícil, por lo que al final nuestro metabolismo se ve perjudicado porque estamos bajando nutrientes necesarios en la dieta», destaca el experto.

Por ese motivo ha recomendado trazar un «plan programado» que incluye una dieta equilibrada y ejercicio regular. «Si vamos a un plan rápido en el que queramos perder peso a celeridad alta al final tendremos efecto rebote y no vamos a tener los tres o cuatro que hemos cogido en verano sino que se van a sumar otros y podemos llegar a navidad con ocho kilos de más», ha advertido.

Así, Bravo ha asegurado de que los españoles «no se toman del todo en serio» la necesidad de llevar una alimentación equilibrada y solo ponen remedio al problema cuando los malos hábitos resienten la salud. «Los datos reflejan que entre el 60 y 65 por ciento de españoles tienen problemas de obesidad y el 30 por ciento de población infantil; hasta que no se ve el problema no saltan las alarmas», ha lamentado.

Por otra parte, en el listado de propósitos se incluyen otras metas, y un 27 por ciento de la población prefiere aprender idiomas, -siendo el inglés y el alemán los preferidos-, el 23 por ciento hacer más deporte, y con un 8 y un 6 por ciento se encuentran propósitos como bajar el colesterol, dejar de fumar y ahorrar más.

Para no perder la ilusión ni dejar de hacer estos propósitos a la primera de cambio, Niklas Gustafson, experto en nutrición y salud, señala que es necesario tener una orientación y asesoramiento a la hora de afrontar estos retos. «Una pequeña ayuda que se traducirá en satisfacción personal no solo por la consecución de los objetivos sino también por la constancia demostrada para alcanzarlos», ha asegurado.

Por su parte, psicólogos y especialistas coinciden en que la mayoría de «sueños rotos» vienen dados por metas irrealizables. «Los grandes objetivos son los grandes incumplidos», señala el doctor Pedro Rodríguez, y por eso este psicólogo y psicoterapeuta familiar recomienda prudencia y moderación a la hora de hacer la lista de quehaceres para el nuevo curso, como mucho, una o dos actividades.

Si no queremos que en un mes nuestros propósitos sean cosa del pasado, el doctor Iñaki Ferrando, director de Comunicación Médica de Sanitas, sugiere afrontar estos retos desde la psicología positiva, algo que se hace «viéndose a uno mismo como alguien capaz de hacer cosas, rodeándose de gente alegre y agradeciendo el mero hecho de estar vivos».

La positividad es una de las claves de éxito para el doctor Ferrando, para quien, «con una actitud positiva, moderada y equilibrada, todo se puede cumplir». Para la psicóloga y psicoterapeuta Blanca Armijo, el cumplir las metas vitales pasa por ser realistas, no esperar resultados inmediatos, procurar convertir los propósitos en un estilo de vida, y sobre todo, por «darse tiempo para reflexionar sobre el ideal de persona que cada uno tiene en mente y lo que verdaderamente nos proponemos alcanzar». Armijo entiende que el fracaso viene dado por el planteamiento de metas inalcanzables, que terminan siendo «agotadoras y nada satisfactorias», y que pueden llevarnos a «sentimientos de profunda tristeza e irritabilidad».

Sin embargo, no por ello hay que dejar de plantearse retos, aclara la doctora, pues el querer cambiar es un «síntoma evidente de salud», que indica que una persona se quiere «lo suficiente para visualizarse a sí misma de una manera y lucha por conseguir ser más sana, más atractiva, más inteligente, tener un mejor trabajo, pareja o familia».

 

Televisa: Síndrome postvacacional en España

Cuando terminan las vacaciones es complicado aceptar el regreso al trabajo, pero para quienes no tienen uno, esa vuelta a la realidad puede traer nerviosismo

Televisa, por Yolanda Fernández


Fatiga, falta de sueño, irritabilidad, tristeza o nerviosismo. Son algunos de los síntomas que se presentan tras el período de descanso veraniego conocido como síndrome postvacacional.
Sin embargo, la crisis que sufren los españoles ha cambiado el perfil de los que padecen estos síntomas de adaptación.
Con un 27% de la población activa sin encontrar trabajo, son los desempleados los más afectados.
“Esa sensación negativa de no tener trabajo a la vuelta de las vacaciones se agrava aún más y se suma a esa tendencia depresiva, a estar intranquilo, agobiado, a no dormir bien y entonces es mucho más fuerte en estas personas”, explica Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).
Un 65% de los españoles sufre alguna de las dolencias relacionadas con la vuelta laboral.
Menos derrotista es la actitud de la vuelta a la rutina tras el período vacacional de los que sí conservan su empleo.
La sensación de poder reincorporarse a un puesto de trabajo ha provocado que se reduzcan los síntomas depresivos.

Al respecto, la psicóloga Elisa Sánchez señala: “Valoramos el trabajo de una forma distinta, ya no lo vemos como un castigo, como algo que nos cuesta mucho levantarnos por la mañana para ir a trabajar, si no que lo vemos como una posibilidad, como algo muy positivo, el tener trabajo es una suerte ahora mismo”.
Disminuye la sintomatología adversa de la vuelta al trabajo pero aumenta la ansiedad provocada por el temor a perderlo.
“Aparecen más bien síntomas asociados al estrés, preocupación, sobrecarga de trabajo, insomnio más relacionado con síntomas de activación, que de desactivación o desmotivación”, añade la psicóloga.
La inestabilidad laboral y las pocas expectativas para encontrar un empleo han provocado que para muchos volver al trabajo se convierta en un lujo.

AAE