El Síndrome Postvacacional afectará en mayor grado a los desempleados

Las hormonas implicadas en el buen humor, antiestrés y el descanso son clave para superarlo, sostienen los especialistas del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO

  • El 65% de los españoles sufre alguno de los síntomas propios de la depresión postvacacional, según un informe reciente de Sanitas[1].
  • La tasa de paro en España es del 26,3%, según los datos del mes de julio de Eurostat.
  • El 36% de los españoles no ha salido de su localidad de residencia durante estas vacaciones y un 58,8% tenía de presupuesto menos de 1.000 euros, según encuesta realizada por Axesor Marketing Intelligence.

depresión postvacacionalRecientes estudios arrojan luz sobre un hecho sorprendente: si en época de bonanza un tercio de los españoles se enfrentaba al denominado síndrome postvacacional[2] (SPV), en la situación de incertidumbre económica y laboral esta cifra casi se ha duplicado. En la actualidad, se estima que un 65% de los españoles sufre algún grado de depresión postvacacional. En el caso de las personas en activo los síntomas de adaptación se minimizan al contar con un puesto de trabajo, mientras que “en el caso de aquellos que se encuentren en situación actual de búsqueda de empleo o de incertidumbre laboral estos síntomas se manifiestan con dureza y en un mayor grado”, advierte Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

“A lo largo del año hemos ido comprobando, gracias a las mediciones Electro Intersticial System (EIS), que los niveles de serotonina (neurotransmisor que controla el estrés), dopamina (neurotransmisor del buen humor) y noradrenalina cerebral (hormona que nos capacita para solucionar problemas), marcaban evidencias sólidas en niveles superiores de tendencia a la depresión y ansiedad en aquellos pacientes que están sufriendo dificultades laborales, un cuadro emocional inestable que podrá agravarse por el efecto negativo que produce el síndrome postvacacional en nuestras capacidades, afectando en mayor medida a éste grupo poblacional más sensible”, explica Bravo. Cuando estamos de vacaciones, el cerebro tiende a eliminar las informaciones que generan ansiedad, algo que cambia cuando uno retoma sus obligaciones habituales, ya sea el trabajo en sí o la difícil tarea de buscarlo. Es allí donde puedan manifestarse indicios del síndrome postvacacional y es el momento oportuno para remediarlos.

“La duración de esta ‘depresión’ oscila entre una y dos semanas y se caracteriza con una sensación de malestar importante que repercute en la calidad de vida, tanto en área emocional, como física”, determina el experto. En los casos más acusados, observamos cuadros de angustia vital, depresión temporal, bloqueo o predisposición a la agresividad. Se trata de un fenómeno estudiado por los psicólogos que refleja los desajustes que se producen en el organismo cuando la realidad no se adapta a las expectativas. Aunque nunca fue catalogado como enfermedad, aúne una serie de síntomas inequívocos para detectar: aumento progresivo en los niveles de ansiedad, alternaciones en procesos cognitivos como memoria, concentración o atención, nerviosismo, apatía, irritabilidad y tristeza. Hasta hace poco dábamos por hecho que el síndrome postvacacional era algo propio de los que se reincorporaban a su puesto de trabajo, tras agotar la mayor parte de sus vacaciones anuales.

“Hoy somos conscientes de la necesidad de ampliar el diapasón y las evidencias nos muestran que este malestar general puede afectar en un mayor grado a los desempleados”, recalca Bravo. En esta época del año, con el retorno de los familiares al trabajo se acentúa la comparación social y se agudizan sentimientos negativos como soledad, decaimiento, sensación de fracaso personal, frustración o culpa por no ser capaz de conseguir un empleo.

Estos episodios se pueden diezmar, si gestionamos de forma adecuada nuestras emociones y controlamos la alimentación, trabajando para aumentar nuestros niveles de dopamina por el día, y potenciar la secreción de serotonina y melatonina (hormonas del antiestrés y el descanso) por la noche. De ésta manera nuestro cerebro y el total de nuestro organismo tendrá vitalidad estable y suficiente para experimentar un alto rendimiento diurno y favoreceríamos la sensación de bienestar nocturno.

A continuación ofrecemos una serie de consejos elaborados por psicólogos y nutricionistas del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) que nos ayudarán a hacer más llevadera la vuelta a la normalidad.

Consejos prácticos del IMEO para combatir los síntomas del SPV

1.- Instaurar equilibrio entre los estados de vigilia y sueño, trabajo y descanso, actividad física y reposo.

Es el primer paso para hacer menos traumática la vuelta a la normalidad tras las vacaciones. Dormir entre 7 y 8 horas potencia nuestra capacidad de retentiva al despertar y ayuda a mejorar los procesos racionales. No olvidemos que durante el sueño profundo se lleva a cabo el momento de recuperación física y mental.

El ejercicio físico es una buena forma de combatir el insomnio y también el estrés relacionado con el trabajo o su búsqueda. De este modo potenciamos la necesidad de descanso aumentando los niveles de Melatonina, al igual que la sensación de plenitud pues nuestra Dopamina se ve estimulada tras la actividad física.

Muchas veces la monotonía es la culpable de encasillarnos en un estilo de vida predominantemente sedentario; habrá que abrirnos a la diversidad de actividades que existen hoy en día y que combinan ocio, ejercicio físico y diversión.

Los fines de semana son para desconectar, al ser posible al aire libre, en familia o con amigos. Es la recomendación general para romper la rutina y mantener un buen estado anímico. La ilusión y las metas aumentan tambien nuestros niveles de Dopamina, haciéndonos pensar que después del esfuerzo tendremos un descanso o un premio, jugando un papel de aliciente psicológico.

2.- Marcar las tareas según prioridades, desde el primer día.

Una de las sensaciones más habituales en aquellos que padecen este mal postvacacional es el bloqueo a la hora de volver a la rutina. “Llevamos varias semanas de inactividad y descanso, por lo que nuestros niveles de Acetilcolina –un importante neurotransmisor que influye en la memoria, la concentración y en procesos que suponen más esfuerzo intelectual como pensamiento, cálculo o innovación– han disminuido, haciendo que nos cueste arrancar y mantener el ritmo”, indica Rubén Bravo. Una forma de romper este bloqueo, según los psicólogos, es marcar las tareas por prioridades desde el primer día. De esta manera romperemos el bloqueo y la sensación de tener muchas cosas que hacer sin saber por dónde empezar.

3.- Asegurarnos a diario una buena y saludable fuente de energía a base de fruta, verdura e hidratos de carbono integrales.

El cerebro consume alrededor del 15% al 20% de nuestra energía diaria que principalmente proviene de la glucosa. Para funcionar a un buen ritmo, necesitamos priorizar los alimentos que nos proporcionan energía de forma estable y regular.

Las frutas, las verduras y lo que comúnmente conocemos como hidratos de carbono son nuestra principal fuente de energía. Entre ellos, debemos escoger aquellas que tengan bajo índice glucémico, es decir, que aporten los niveles de glucosa de forma constante y estable, y no de golpe. Por ello recomendamos seleccionar los hidratos de carbono en su forma integral, ya que nos aportan más del doble de vitaminas y minerales que las versiones no integrales y, además, tienen un índice glucémico mucho más bajo. Es conveniente consumir el pan integral y el salvado de cereales en el desayuno, pues es cuando nuestro organismo demanda más cantidad de energía. Las frutas y las verduras de bajo índice glucémico darán un apoyo imprescindible a los hidratos de carbono.

Entre las frutas recomendadas para superar el síndrome postvacacional son las peras, pomelo, naranja, melocotón o manzana; y en el caso de las verduras, los espárragos, espinacas, lechuga, pepino, calabacín, coliflor, pimientos, champiñones, setas, cebolla cruda o tomates.

4.- La hidratación es esencial.

Nuestro cerebro regula y dirige las acciones y reacciones de nuestro cuerpo. Se compone en un 75% de agua, por lo que es sumamente importante tener una hidratación óptima, entre 2 y 2,5 litros de agua, pues nos ayudará a que nuestras neuraonas (entre 50 a 100 mil millones) funcionen a pleno rendimiento.


[1] Difundido por el Servicio de Promoción de la Salud de Sanitas, 2013.

[2] En 2006 un estudio de Cerveceros de España situaba la cifra en un 35%. En 2008, el Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP) registraba el mismo porcentaje en estudio.

Nueva Zelanda podría deportar a un sudafricano por su obesidad

Es un “riesgo” para el sistema sanitario

Europa Press
Las autoridades de inmigración neozelandesas han desestimado una petición de prórroga del permiso de trabajo de sudafricano que vive en el país porque sus 130 kilos de peso suponen un “riesgo” para el sistema sanitario público.

   El afectado es Albert Buitenhuis, quien trabaja como chef y llegó hace seis años a Nueva Zelanda, y, según la notificación que ha recibido, no tiene “un estándar aceptable de salud”, informa la prensa australiana.

“Es importante que todos los inmigrantes tengan una salud aceptable para minimizar los costes y las cargas para el servicio de salud de Nueva Zelanda”, ha indicado un portavoz de las autoridades migratorias quien ha destacado la propensión a diabetes, hipertensión y enfermedades cardíacas de los obesos.

El hombre ha recurrido la decisión y espera que le renueven el visado. “Es irónico ahora que pesa menos que cuando llegamos a Nueva Zelanda, menos que en la primera revisión sanitaria” a la que fue sometido, ha explicado la mujer de Buitenhuis, Marthie, quien asegura que su marido ha perdido 30 kilos en los últimos seis años.

Hasta ahora sus visados de trabajo habían sido renovados “sin problemas”, según Marthie. “Los hemos pedido año tras año y no pasó nada. Nunca mencionaron el peso de Albert ni su estado de salud pese a que entonces pesaba más”, ha argumentado.

De mujer a mujer: Sandra Pino en portada

Entrevista con Sandra Pino, Preparadora física de IMEO, Licenciada en Psicología y Campeona de España de Bodyfitness en el 2009

– ¿Cómo la obesidad moderada y severa afecta el aparato locomotor de una persona (músculos, huesos y ligamentos)? ¿Y de una mujer? 

S.P.- Son muchos los problemas asociados a la obesidad, problemas circulatorios, respiratorios, estomacales, cardíacos e incluso locomotores. Si bien nuestro cuerpo está diseñado para soportar nuestro peso ideal, según vamos añadiéndole kilos de más, éste comienza a dar sus primeras respuestas. La columna va a ir adaptándose para compensar el peso, aparecen dolores y problemas de espalda. Las articulaciones de las extremidades inferiores van a comenzar a sufrir el impacto de esos kilos que sobran. Rodillas, tobillos y caderas son los puntos que más sufren esta sobrecarga llegando a producirse lesiones o deficiencias locomotoras. Cuanto mayor es el peso, más daño le provocamos a nuestro cuerpo.

Paralelamente a estos problemas y al dolor que ellos desencadenan, la persona va perdiendo la funcionalidad de su cuerpo y, como consecuencia, se aferra a un estilo de vida cada vez más sedentario. Es un círculo vicioso del que resulta difícil salir.

Las mujeres son más afectadas, en este sentido, ya que su organismo es más propenso que a sufrir problemas óseos como artritis u osteoporosis. Si a eso le añadimos un problema de sobrepeso, las posibilidades de que estas patologías se agraven son aún mayores.

Una persona que se mantiene en su peso ideal, se alimenta de manera correcta y hace ejercicio de forma habitual, tiene más energía para afrontar el día a día. Su fuerza, potencia, resistencia y flexibilidad son mayores y le proporcionan una mayor funcionalidad. Además, cuidando de nuestro estado físico, ayuda a tener una mejor autoestima y como resultado de ello, también mejores relaciones personales y laborales.

– ¿A nivel psicológico, cómo afecta a la mujer la obesidad? El papel de la mujer en la sociedad actual es tan variado e importante que abarca un amplio abanico de roles, desde el ámbito familiar –ama de casa, esposa, madre, compañera sentimental–, hasta el ámbito profesional en igualdad de condiciones con el sexo masculino –dirigente, empresaria y trabajadora–.

S.P.- Hoy en día el canon de belleza que existe es el de una mujer muy delgada. Las revistas, la televisión y los carteles publicitarios nos lo recuerdan constantemente. Con lo cual, el impacto que esto tiene sobre una mujer que no cumple con esos parámetros es considerable. Conceptos como adelgazar y dieta se han convertido en motivo de una constante preocupación entre las mujeres. No saber alcanzar un físico con el que nos encontremos a gusto, puede hacer que la ansiedad y la desesperación se manifiesten de manera considerable en la persona. En los casos graves, se podrían desencadenar periodos depresivos, de apatía y mal humor.

– Algunas estadísticas de la OMS señalan que la prevalencia mundial de la obesidad casi se duplicó en el período 1980-2008, afectando en el año 2008  a quinientos millones de hombres y mujeres mayores de 20 años, siendo en todas las regiones de la OMS más frecuente en las mujeres que en los hombres. Sin embargo, en España, en cuanto a obesidad en mayores de 20 años, la palma se la lleva el hombre con unos índices de 24,9% registrados frente a un menor porcentaje registrado en la mujer, equivalente al 23%. En tu opinión, ¿se cuidan más las españolas que los españoles?

S.P.- En cuanto a mi experiencia laboral se refiere, son ellas las que más se cuidan. La mayor parte de mis clientes son mujeres, supongo que también tendrá que ver con que yo lo sea y que puedan identificarse más conmigo, que con un hombre.

Lo motivos por los que la mujer se cuida suelen ser básicamente estéticos, mientras que el hombre le da más importancia a sentirse bien y tener más energía. La mujer está tomando cada vez más protagonismo en las salas de fitness, cosa que me enorgullece muchísimo. Las clases dirigidas están compuestas mayoritariamente por mujeres. Además, ellas son mucho más constantes a la hora de llevar una alimentación equilibrada y hacer ejercicio.

Lo que les suele jugar en contra es que ellas se dejan para lo último, primero atienden todo lo demás –trabajo, casa, pareja, hijos–, y si queda un hueco, se lo dedican a ellas. En muchas ocasiones el abandono y la dejadez son considerables. La solución no es cambiar de prioridades, sino de llegar a un equilibrio, compaginando las responsabilidades familiares y laborales con lo que supondría el tiempo de cuidado personal. Dedicar un tiempo para una misma día tras día, es primordial.

– Todos sabemos que las personas obesas no pueden soportar ejercicios físicos con una intensidad alta, como correr, saltar, subir escaleras o cuestas. El exceso de grasa también limita el movimiento del cuerpo en el agua (lo mantiene a flote), e impide hacer otros movimientos que suponen soportar el propio peso (flexiones) o trabajar con las partes del cuerpo (abdominales, yoga, pilates), etc. Sin embargo, para bajar de peso el deporte, junto con una dieta personalizada, es sustancial. ¿Qué pautas de ejercicios nos recomiendas para las mujeres con problemas de sobrepeso y obesidad?

S.P.- Como entrenadora personal del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, suelo aconsejar a las mujeres que se ponen en mis manos  comenzar poco a poco. Obviamente, todo depende del punto en que cada una se encuentre y del sobrepeso que tenga.

Lo ideal para una persona desentrenada es comenzar a caminar de manera regular a un ritmo ligero, más o menos constante.

Mis chicas suelen comenzar con paseos de lunes a viernes de entre 30-60 min. Dependiendo de su estado físico, serán menos días y/o menos tiempo.

Lo importante es dejar que nuestro propio cuerpo nos guíe. Una de las cosas que procuro transmitir a mis chicas es que aprendan a tener relación con su cuerpo. Que confíen en él y que escuchen lo que nos tenga que decir en su propio lenguaje. Esto nos servirá para saber si lo que estamos haciendo está bien o no.

Una vez de que comienzan a ser constantes con el ejercicio cardiovascular (los paseos), que por lo general suelen ser unas 3-4 semanas, comenzamos a introducir rutinas para fortalecer la musculatura y que eso se refleje en su tono muscular y aspecto físico. Dos o tres días con un circuito de fortalecimiento será suficiente.

Lo que sucede según van notando los resultados es que ellas mismas cada vez comienza a ponerse objetivos más altos y desafíos más importantes, que les llevan a sentirse bien consigo mismas y a que eso se refleje en su aspecto físico. Ver esta transformación en cada una de ellas, es maravilloso. La constancia y el esfuerzo hacen que incluso las que no creían en sus posibilidades, lo consiguieran con el tiempo.

Dietas hiperproteicas o proteinadas para adelgazar: innecesarias y arriesgadas. Dieta Dukan y método PronoKal® como ejemplo

Autores: Julio Basulto Marset, Maria Manera Bassols y Eduard Baladia Rodríguez

Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas. Barcelona. España. FMC. 2012;19(7)411-8. Trabajo íntegro publicado.

  • El libro No consigo adelgazar, basado en un método inventado por Pierre Dukan, ha ocupado los primeros puestos de ventas de “no ficción” en 2011. El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad considera que dicho método es ineficaz, fraudulento, ilegal y arriesgado.
  • ¿Por qué las dietas proteinadas, que se autopresentan como un método eficaz para adelgazar, están desaconsejadas por el Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas, por la Organización de Consumidores y Usuarios y por la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición?
  • Las dietas o métodos para adelgazar que cuentan con el reclamo de la palabra “proteína” pueden inducir a error al paciente con exceso de peso. No hay evidencias que señalen que la proteína tiene efectos positivos a medio-largo plazo en el control de peso.
  • La creencia popular (también arraigada entre no pocos profesionales sanitarios) de que la proteína es saciante y conserva la masa magra en la pérdida de peso no se sostiene en evidencias sólidas.
  • Es habitual perder peso de manera rápida mediante cambios drásticos y a menudo poco convencionales en la manera de alimentarse, lejos de una dieta saludable. Esto suele ser la norma, pero debería evitarse por ser arriesgado e ineficaz a medio-largo plazo.

 Ansia de proteína

 “A mi amada y cariñosa esposa Verónica, que en todo mo­mento me ha proporcionado un infalible alimento emocio­nal, intelectual, espiritual y bajo en hidratos de carbono”. Es la dedicatoria de La nueva revolución dietética del Dr. At­kins, uno de los libros más vendidos en relación con el con­trol de peso1. En 2004, aproximadamente 2 de cada 10 ame­ricanos había seguido la dieta Atkins2. El libro de este autor promueve una altísima ingesta de proteína (“done sus ali­mentos altos en hidratos de carbono a un comedor benéfico, y llene su nevera y su despensa con sus alimentos ricos en proteínas preferidos”) y asegura ser “el programa más pro­bado, efectivo y seguro para adelgazar y no volver a engor­dar” (sic). Atkins preconizó, desde 1970 hasta su muerte (en 2003, con un exceso de peso que desacreditaba sus categóri­cas afirmaciones), la ingesta de proteína como clave de la pérdida de peso. Algo que sigue de moda. La Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó en su libro El reto de la obesidad en la Región Europea de la OMS y estrategias de respuesta, publicado en 2007, que: “Las dietas ricas en pro­teína y pobres en carbohidratos son, actualmente, elecciones muy populares en lo que respecta a la pérdida de peso”. Aunque también afirmó que: “Su popularidad no se sostiene en las evidencias de su eficacia y de su seguridad a largo plazo”, que “no existen datos disponibles para evaluar la pérdida y el mantenimiento de peso a largo plazo”, y que “su perfil de seguridad tanto a corto como a largo plazo es con­fuso”3. ¿Por qué las dietas con la palabra proteína están de mo­da? ¿Acaso nos falta proteína? ¿Tomamos demasiados car­bohidratos? La ingesta de proteína en España cubre el 173% de las recomendaciones en varones de 20 a 39 años, y el 228% en mujeres de la misma edad4. Como las recomen­daciones de proteínas, a diferencia de las necesidades, se estiman al alza para evitar los posibles riesgos de su défi­cit5, nuestra ingesta proteica será sin lugar a dudas muy su­perior a las necesidades. Es cierto que no se ha establecido un límite superior de ingesta para las proteínas, pero tam­bién es cierto, tal y como señaló el Instituto de Medicina de Estados Unidos cuando estableció las ingestas dietéticas de referencia para proteínas (2005), que “eso no significa que no exista un potencial de efectos adversos resultante de in­gerir una alta cantidad de proteínas a partir de alimentos o suplementos”6. En España, los alimentos que más contribu­yen a nuestra ingesta proteica son los cárnicos y derivados7. En este sentido, mientras que la Sociedad Española de Nu­trición Comunitaria sugiere una ingesta media de carne de entre 43 y 71 g/día, nuestra ingesta real asciende a 179 g/día: del 252 al 416% de dichas recomendaciones7,8. Sin duda es recomendable, tal y como señalan Varela-Moreiras G et al, “disminuir la proporción de proteína animal en la ingesta proteica total”7. El antropólogo Marvin Harris hizo una de­liciosa reflexión en su libro Bueno para comer sobre nues­tra avidez de proteína al describir cómo una notificación del Gobierno polaco que restringía un 20% el suministro de carne generó en 1981 un alud de protestas que obligó al Go­bierno a declarar la ley marcial: “¿Por qué viven los polacos y otros pueblos de la Europa Oriental obsesionados por el espectro de unos mostradores sin rastro de jamón o de sal­chichas? […] ¿Es su dieta deficiente en calorías o proteínas? Según las últimas recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura/OMS, un varón adulto que pese 80 kilos necesita unos 60 gramos de proteínas por día. En 1980, los polacos obte­nían no ya 60, sino más de 100 gramos diarios […] las gen­tes se desesperan cuando escasea algo que muchos exper­tos en nutrición consideran un lujo y otros condenan cada vez más por estimarlo perjudicial para la salud”9. En cuan­to a los carbohidratos, nuestra ingesta cubre aproximada­mente el 41% de la energía de la dieta7, es decir, está por debajo de las recomendaciones establecidas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (45-60%)10 o la OMS (55-75%)11.

Dieta Dukan: fraudulenta, ilegal, ineficaz y peligrosa

Tal y como hemos visto, no parece existir un motivo para que nos ofusquemos en ingerir más proteínas y menos car­bohidratos (complejos, se entiende). Pero sí lo hacemos, so­bre todo si queremos perder peso. Es probable que por ello uno de los libros más vendidos en 2001 (no ficción) sea No consigo adelgazar, libro escrito por un autodenominado “ex­perto en nutrición” llamado Pierre Dukan, que promueve pa­ra adelgazar, entre otros sinsentidos (como chupar hielo o ducharse con agua fría), una altísima ingesta de cárnicos12. El más reciente Consenso para la prevención y el tratamien­to de la obesidad de la Federación Española de Sociedades de Alimentación, Nutrición y Dietética (FESNAD), que ha contado con la colaboración de la Agencia Española de Se­guridad Alimentaria y Nutrición, no sólo no avala la capaci­dad adelgazante de las proteínas, sino que señala claramente que “el elevado consumo de carne y productos cárnicos po­dría incrementar la ganancia de peso y el perímetro abdomi­nal (evidencia nivel 2+)”13. Un estudio no revisado en dicho Consenso, por su reciente aparición, también asocia la ma­yor ingesta de proteína animal con un incremento en el ries­go de ganancia de peso a largo plazo14. Sea como fuere, la dieta Dukan ha sido recientemente calificada como fraudu­lenta, ilegal e ineficaz para adelgazar y arriesgada para la sa­lud por parte de la Asociación Española de Dietistas-Nutri­cionistas en un documento refrendado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad15. Fraudulenta por­que cumple las características que definen a las llamadas dietas milagro. Ilegal porque incumple el Real Decreto 1907/1996, de 2 de agosto, que prohíbe cualquier clase de publicidad o promociones de productos, materiales, sustan­cias o métodos que sugieran propiedades específicas adelga­zantes o contra la obesidad que proporcionen seguridades de alivio o curación cierta, que utilicen el término “natural” co­mo característica vinculada a pretendidos efectos preventi­vos o terapéuticos, que atribuyan a determinadas formas, presentaciones o marcas de productos alimenticios de consu­mo ordinario concretas y específicas propiedades preventi­vas, terapéuticas o curativas, o que pretendan aportar testi­monios de profesionales sanitarios, de personas famosas o conocidas por el público o de pacientes reales o supuestos, como medio de inducción al consumo. Todo ello es publici­tado por el método Dukan. No sirve para adelgazar porque el único estudio publicado sobre este método revela que el 75% de sus seguidores recupera el peso perdido al cabo de dos años (lo que provoca, entre otros riesgos, una dificultad para perder peso con éxito). El fallo de la dieta causa, ade­más, un sentimiento de culpa en el 60% de las personas16. Y puede perjudicar a la salud porque el incremento en la inges­ta de proteínas de origen animal (por ejemplo, carne roja), algo que muy probablemente ocurre en los seguidores de es­te tipo de dietas, no sólo a corto plazo, sino también a medio o largo plazo, se asocia a un claro aumento en el riesgo de diabetes tipo 217,18 y de mortalidad total19-21, entre otros riesgos potenciales, tal y como se detalla más adelante.

Dietas proteinadas: innecesarias y arriesgadas. PronoKal® como ejemplo

Varias de estas características podrían aplicarse también a las dietas autodenominadas proteinadas. La acepción “dieta proteinada” no aparece definida en ningún tesauro, manual, guía o consenso de obesidad, razón por la que resulta espe­cialmente difícil analizar este tipo de dietas. No es de extra­ñar que la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición señale, al referirse a la dieta proteinada, que “no existe fun­damento científico para esta dieta”22. Un ejemplo de ellas es PronoKal®. Nos centraremos en ella porque es sobre la que más consultas recibimos por parte de los/las asociados/as de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas. El auto­denominado método PronoKal®, desaconsejado por la Orga­nización de Consumidores y Usuarios23 y por los firmantes de este artículo (Grupo de Revisión, Estudio y Posiciona­miento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionis­tas)24, asegura que, gracias a él y a sus productos “se pierde localmente donde más grasa se tiene” (tabla 1). Jamás he­mos tenido constancia de un método de pérdida de peso que ejerza semejante proeza, y no hemos hallado en la literatura especializada indicios de que ese efecto pueda ocurrir. En cualquier caso, la etapa de adelgazamiento del método Pro­noKal® (“cuya duración varía según el peso que se precisa perder” y en la que “se elimina hasta el 80% del sobrepeso gracias a la combinación de los productos PronoKal® con los alimentos permitidos”) se basa, tal y como recoge su pá­gina web25, en la ingesta del 100% de las necesidades (que no recomendaciones) de proteína, pero el 30,5, el 25 y el 8,5% de las necesidades (de nuevo conviene diferenciar este término de la palabra recomendaciones) de energía, carbohi­dratos y grasas, respectivamente. La cobertura del 25 y del 8,5% de las necesidades de carbohidratos y grasas, respecti­vamente, puede tener consecuencias nefastas sobre la sa­lud3,5,6,8,10,11,23,26,27. Aunque PronoKal® argumente que esta fase de restricción severa de los carbohidratos es corta (la duración, como se ha indicado anteriormente “varía según el peso que se precisa perder”), la realidad es que los pacientes acaban interpretando, según nuestra experiencia, que la pér­dida de peso pasa necesariamente por dicha restricción. Ello puede confundir a la población, tal y como reflejó un ensayo aleatorizado y controlado con 4.320 voluntarios que evaluó el efecto de las declaraciones tipo “bajo en carbohidratos” en las percepciones de los consumidores sobre la el índice de salud de productos alimentarios, y sobre su ayuda en el control de peso28. También se acaba interpretando, muy probablemente, que la pérdida de peso requiere un aumen­to en la ingesta proteica. Si bien PronoKal® no se autocla­sifica en su página web como dieta hiperproteica (es más, PronoKal® critica tales dietas porque “pueden llegar a so­brecargar el metabolismo”25), dicha empresa incluye en su sección “Noticias”, notas de prensa de diferentes medios de comunicación que hacen alusión a la alta ingesta protei­ca como clave del método PronoKal®, tal y como detalla la tabla 229.

PronoKal® propone perder peso rápidamente, algo no sólo desaconsejable30, sino que predispone al llamado efec­to yoyó o weight cycling, que a su vez incrementa el riesgo de mortalidad26,27. Se podría considerar fraudulenta, ya que promete eficacia en el control de peso corporal, “los pro­ductos PronoKal® te ayudarán a conseguir el peso que de­seas” (tabla 1), cuando ninguna de las bases de datos cientí­ficas españolas o internacionales (Elsevier, Excelenciaclinica.net, Guías de práctica clínica en el Sistema Nacional de Salud, Scielo, Scirus, ScienceDirect, clinicaltrials.gov, PubMed, etc.) contiene ensayos clínicos en humanos que hagan referencia al método PronoKal®. Numerosas afirma­ciones publicitadas por PronoKal® inflingen potencialmen­te la legislación, tal y como se detalla en la tabla 1. Y po­dría suponer un riesgo para la salud, además de por los riesgos comentados anteriormente sobre el hipotético exce­so de ingesta de proteínas (producido por la interpretación que hace la población, o los medios de comunicación [tabla 2] de este tipo de métodos: “A más proteína, más pérdida de peso”28), y además de por los riesgos asociados a la rápida pérdida de peso30, debido a que no existen datos que permi­tan concluir que dicho método cumple los preceptos esta­blecidos por los consensos nacionales o internacionales de tratamiento de la obesidad, como el reciente consenso FESNAD-Sociedad Española para el Estudio de la Obesi­dad (tabla 3)13. Las dietas muy bajas en calorías (es el caso de toda dieta que, como ocurre en la etapa de adelgazamiento del método PronoKal®, cubra solamente el 30,5% de las necesidades energéticas) se han asociado a muerte súbita por arritmia cardíaca, inflamación hepática, fibrosis portal y cálculos biliares26,27. El reciente consenso FESNAD-Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, mencio­nado anteriormente, coincide con este particular al señalar que “las dietas de muy bajo contenido calórico presentan un mayor riesgo de efectos adversos que las dietas de bajo contenido calórico (nivel de evidencia 1-)”. Acerca de su eficacia, dicho consenso indica que “a largo plazo (superior a un año), estas dietas no originan una mayor pérdida pon­deral que las dietas de bajo contenido calórico (nivel de evidencia 1+)”13. PronoKal® asegura que existe un control médico en el proceso, pero creemos que dicho control no tiene sentido si no se demuestra previamente una eficacia en la pérdida de peso, a largo plazo, que justifique los ries­gos detallados. En todo caso, una dieta muy baja en calo­rías se reserva (siempre bajo control médico) para pacientes con obesidad severa (índice de masa corporal superior a 35) y comorbilidades asociadas en que esté justificada la pérdi­da rápida de peso3, como en el preoperatorio de la cirugía bariátrica en los pacientes con esteatosis hepática y aumen­to del riesgo quirúrgico13. Así, consideramos injustificado el reclamo que aparece en la página web de Pronokal®, asegurando que dicho método es “el adecuado para co-rregir casos de un ligero sobrepeso hasta una obesidad severa”25. 

Las dietas autodenominadas proteinadas se suelen basar en la ingesta de preparados comerciales que sustituirán a la ingesta habitual durante un cierto período de tiempo. Noso­tros entendemos, en línea con la opinión del Comité de Nu­trición de la Asociación Americana del Corazón31 o del Sis­tema Nacional de Salud de Estados Unidos30, que los cambios drásticos en los patrones de alimentación no educan para mantener el peso perdido y pueden impedir, además, la adquisición gradual de los cambios en el comportamiento alimentario necesarios para el éxito a largo plazo en la pérdi­da de peso. Asimismo, suele existir una alta tasa de abando­no en los consumidores de este tipo de dietas, que podría re­flejar el aburrimiento y el cansancio de ingerir preparados comerciales32. Debemos focalizarnos en cambios a largo plazo en el estilo de vida de nuestros pacientes con obesi­dad, en vez de en enfoques rápidos y a corto plazo27. 

Proteína, saciedad y conservación de la masa magra

Uno de los reclamos más habituales de las dietas hiperpro­teicas es que la proteína es saciante. El libro No consigo adelgazar, mencionado anteriormente, indica: “Después de dos o tres días de una alimentación limitada a proteínas pu­ras, el hambre desaparece por completo”. Pese a que se ha sugerido que el mayor consumo de proteínas podría incre­mentar la saciedad a corto plazo y, por lo tanto disminuir, teóricamente, la ingesta energética33,34, numerosos estudios no sustentan esta hipótesis35-38. De hecho, la Autoridad Eu­ropea de Seguridad Alimentaria indica: “No se ha estableci­do una relación causa-efecto entre la ingesta dietética de proteína y un incremento sostenido en la saciedad que con­duzca a una reducción en la ingesta energética”39. Otro re­clamo es que conservan la masa magra. Si bien durante una dieta hipocalórica es recomendable que la ingesta proteica esté por encima de 1,05 g/kg para conservar la masa ma­gra13, esto es algo que se cumple sobradamente en práctica­mente todas las dietas hipocalóricas estándar40.

Riesgos de las dietas hiperproteicas o proteinadas

Las dietas hiperproteicas o proteinadas comparten una serie de riesgos potenciales: debilidad, riesgo de fractura ósea, ganancia de peso a largo plazo, síndrome metabólico, daño renal, desórdenes gastrointestinales, pérdida de la autoesti­ma, depresión y alteraciones en el comportamiento alimen­tario26,41-43. La Sociedad Española de Endocrinología y Nu­trición señala al respecto de la dieta proteinada que “es absolutamente desaconsejable”, ya que obliga al organismo “a consumir sus propias reservas, primero de glúcidos y más tarde de lípidos”, y porque “pueden aumentar peligro­samente los niveles de ácido úrico y creatinina (fallo re­nal)”22. La Organización de Consumidores y Usuarios opi­na de manera similar23. Sean hiperproteicas o proteinadas, estas dietas deben contraindicarse en niños o adolescentes, mujeres en edad fértil, embarazadas, lactantes, ancianos o personas que padezcan o con riesgo de padecer: alteracio­nes hormonales, psicológicas, renales, cardíacas, óseas o hepáticas8. Si son muy bajas en calorías (por ejemplo, la etapa de adelgazamiento del método PronoKal®), también deben contraindicarse en las situaciones descritas en la tabla 413.

Dieta Dukan y método PronoKal®: ¿válidos para el tratamiento de la obesidad?

Las solemnes afirmaciones de rigor y ciencia (método Pro­noKal®) o de eficacia garantizada en el control de peso cor­poral (dieta Dukan) deben ser contrastadas con las nueve condiciones que debe cumplir, según el más reciente consen­so FESNAD-Sociedad Española para el Estudio de la Obesi­dad, todo tratamiento dietético destinado a tratar la obe-sidad. Al hacerlo (tabla 3)13, apreciamos la ausencia de datos que permitan concluir que la dieta Dukan o el método PronoKal® se acomoden a dichas condiciones.

Reflexiones finales

La Alianza de Ciencias de los Alimentos y de la Nutrición (Food and Nutrition Science Alliance), que engloba 7 socie­dades profesionales científicas de Estados Unidos (Ameri­can College of Nutrition, American Dietetic Association, American Society for Clinical Nutrition, American Society for Parenteral and Enteral Nutrition, American Society of Nutritional Sciences, Institute of Food Technologists y So­ciety for Nutrition Education) enumera diez banderas rojas que permiten identificar a la junk science (ciencia basura) en relación con la nutrición humana y dietética. Deberíamos te­nerlas en mente siempre que se nos plantee cualquier méto­do, sistema o dieta que prometa pérdidas de peso rápidas, exitosas, garantizadas y sin riesgo alguno44,45:

1) Recomendaciones que prometen un éxito rápido.

2) Advertencias alarmistas de peligro sobre un determina­do producto (por ejemplo, “el pan engorda”) o régimen (por ejemplo, “la dieta occidental produce cáncer”).

3) Declaraciones que suenan demasiado buenas como para ser ciertas.

 4) Conclusiones simplistas extraídas de un estudio cientí­fico complejo.

 5) Recomendaciones basadas en un único estudio.

 6) Afirmaciones refutadas por organizaciones científicas de gran reputación.

 7) Listas de alimentos buenos y malos.

 8) Recomendaciones encaminadas a la venta de un pro­ducto.

 9) Recomendaciones basadas en estudios sin revisión por pares (peer reviewed).

 10) Recomendaciones a partir de estudios que ignoran di­ferencias entre individuos o grupos. 

También debemos tener presentes cuatro citas clarificadoras en relación con la prevención o el tratamiento de la obe­sidad. La primera es de la OMS. En el libro mencionado anteriormente, señala: “Las dietas ricas en carbohidratos desempeñan un papel central en el control del sobrepeso y de la obesidad”3. La segunda procede de las últimas guías dietéticas de Estados Unidos, que contaron con la asistencia de la Colaboración Cochrane46: “Existen evidencias sólidas y consistentes que señalan que cuando se controla la ingesta calórica, la proporción de macronutrientes de la dieta no está relacionada con la pérdida de peso”. Y las dos últimas provienen del reciente consenso de la FESNAD-SEEDO mencionado anteriormente: “En el tratamiento de la obesidad no se recomienda inducir cambios en la proporción de proteínas de la dieta (grado de recomendación A)”, y “las dietas con mayor contenido de hidratos de carbono complejos (≥ 50% del aporte energético total, aproximadamente) se asocian con índices de masa corporal más bajos en adultos sanos (nivel de evidencia 2+)”13.

Finalizamos con una última reflexión: el alimento emocional, intelectual y espiritual que proporcionó en todo momento Verónica a su marido (el Sr. Atkins) debería haber si­do, en nuestra opinión, “rico en hidratos de carbono complejos”.

 Conflicto de intereses

 Los autores declaran que no tienen ningún conflicto de inte­reses.

 Agradecimientos

 Los autores agradecen los comentarios al manuscrito recibi­dos por parte de los dietistas-nutricionistas Pilar Amigó, Ol­ga Ayllón, Violeta Moizé, Juan Revenga y Giuseppe Russoli­llo, del investigador social Juanjo Cáceres, del médico especialista en farmacología clínica Alexis Rodríguez.

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