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¿Por qué engordo si vivo a dieta?

enero 29, 2016

Cinco años después de hacer una dieta, el 90 por ciento de la gente ha recuperado el peso inicial. Y lo que es aun peor: casi la mitad ha ganado incluso más kilos. ¿Por qué? El hipotálamo tiene su propia agenda. Uno puede engañar a la báscula, puede engañar al estómago, pero no puede engañar al cerebro. Sí escucharlo… Se lo contamos.
Finanzas.com, por Carlos Manuel Sánchez / Ilustraciónes: Mekakushi – XL Semanal

dietasSandra Aamodt hizo su primera dieta a los 13 años. No es nada raro en Estados Unidos, donde el 80 por ciento de las niñas de 10 años reconocen que se han puesto a régimen.

Durante tres décadas, Sandra estuvo yendo y viniendo entre diversas dietas, inmersa en un bucle de frustración que conocen bien millones de personas. Porque el peso perdido siempre acaba regresando. Es el efecto yoyó, que hace que la mayoría de las dietas no funcionen a la larga e incluso sean contraproducentes. Según un estudio de la Universidad de California, cinco años después de una dieta, la mayoría de la gente recupera el peso inicial. Y lo que es peor, un 40 por ciento gana aún más. Moraleja: ¿quiere usted acabar ganando peso? Póngase a dieta.

«Por supuesto, cuando volvía a engordar, me culpaba a mí misma», reconoce Sandra Aamodt, de 48 años, que es doctora en Neurociencia, autora de libros acerca del funcionamiento del cerebro y ex redactora jefe de la prestigiosa Nature Neuroscience. Hace unos años, Sandra tomó una decisión: «Como propósito de Año Nuevo, dejé de hacer dieta». No es que se rindiese. Pero procuró no obsesionarse con su peso, no mirar la báscula cada dos por tres. Básicamente, se propuso comer cuando tuviera hambre. Y dejar de comer cuando estuviera saciada.Parece fácil, pero no lo es. Sandra reconoce que le costó un año aprender a comer. Perdió cinco kilos casi sin darse cuenta. Cinco kilos que no ha recuperado.

Estar gordo no es un fracaso de la voluntad. 

Como neurocientífica, Aamodt decidió revisar las últimas investigaciones sobre el cerebro para intentar comprender y, antes que nada, para explicarse a sí misma por qué las dietas no suelen funcionar. «En Estados Unidos, uno de cada tres adultos y niños tiene sobrepeso. Creíamos que sabíamos la respuesta a la epidemia de obesidad: reducir las calorías; comer menos. Habíamos concluido que estar gordo es un fracaso de la voluntad, quizá acompañado de una mala jugada de la genética. Pero estábamos equivocados». Sandra expone sus conclusiones en una charla de TED que se ha convertido en viral y que sirve de base para su próximo libro: Why diets make us fat (‘Por qué las dietas nos hacen engordar’), que se publicará en junio. Su tesis pone en tela de juicio las promesas de una industria la de los productos alimenticios y medicinales pensados para perder peso que mueve 60.000 millones de dólares en Estados Unidos y 2000 millones de euros en España. Según Sandra Aamodt, las dietas, en especial las restrictivas o depurativas, no funcionan por el simple hecho de que lo que necesita una persona que quiere perder unos kilos no es ponerse a dieta, es cambiar de hábitos.

El cerebro decide cuánto debes pesar. 

«Obviamente, tu peso depende de cuánto comes y de cuánta energía gastas. Pero lo que muchos no aprecian es que el hambre y el gasto energético son controlados por el cerebro. Y el cerebro tiene una noción propia de lo que debes pesar. Este peso ideal se denomina ‘punto de ajuste’, pero es un término engañoso porque en realidad abarca una horquilla que varía de cuatro a siete kilos. Puedes hacer cambios en tu estilo de vida para modificar tu peso dentro de ese rango, pero es mucho más difícil mantenerse fuera de él», explica Sandra Aamodt.

La fórmula habitual cuentas las calorías de los alimentos y, si quemas más de las que ingieres, pierdes peso, que parece tan lógica, no funciona a largo plazo (la tasa de fracaso oscila entre el 80 y el 98 por ciento, dependiendo de los estudios). Otra presunción corriente una vez que llegas al peso ideal, basta con equilibrar los dos términos de la ecuación, o sea, calorías y gasto energético, para mantenerte también está equivocada. ¿Por qué? Porque el hipotálamo, que es la región del cerebro que se ocupa de estos menesteres, tiene su propia agenda y hace sus propias cuentas.

No solo hay que tener en cuenta las calorías que entran o salen de nuestro cuerpo, también las señales químicas que emite el cerebro. Son los ‘semáforos’ que regulan el metabolismo y que hacen que nuestro cuerpo intente llevarnos de vuelta al peso que considera adecuado. Por eso, en cuanto empezamos a perder kilos, nuestro cuerpo responde ralentizando el metabolismo: se empeña en recuperar el punto de ajuste con las calorías de menos que le aportamos.

Tu mente trabaja para que vuelvas al ‘peso ideal’. 

El mecanismo está diseñado para salvarnos como especie en épocas de escasez, que han sido casi todas las que ha vivido la humanidad, a excepción de unas últimas décadas de abundancia en los países desarrollados; pero a nivel individual nos hace la puñeta. «El sistema responde a las señales del organismo regulando el hambre, la actividad y el metabolismo para mantener ese peso ideal estable, aunque cambien las condiciones, igual que un termostato mantiene estable la temperatura en casa. Podemos abrir una ventana en invierno, pero el termostato responderá aumentando la intensidad de la calefacción. El cerebro funciona de la misma forma, respondiendo a la pérdida de peso con poderosas señales para empujar a tu cuerpo hacia lo que considera normal. Si pierdes mucho peso, tu cerebro interpreta que estás sufriendo hambruna y le da igual que estés gordo o flaco: reacciona dándote hambre y haciendo que tus músculos consuman menos energía», expone Sandra Aamodt. Las investigaciones del endocrinólogo Rudy Leibel, de la Universidad de Columbia, parecen sostener esta teoría. Leibel constató que la gente que ha perdido el diez por ciento de su peso corporal quema de 250 a 400 calorías menos.

No es lo mismo cazar un mamut que abrir la nevera. 

La evolución juega en nuestra contra. «La resistencia a perder peso tiene sentido. Cuando la comida escaseaba, la supervivencia dependía de la capacidad de conservar energía cuando hubiera comida disponible. Durante el transcurso de la historia, la hambruna ha sido un problema más grave que el sobrepeso. Esto podría explicar una triste realidad. Los puntos de ajuste pueden subir, pero difícilmente bajar. Una dieta exitosa no baja tu punto de ajuste. Incluso después de no recuperar el peso durante siete años, tu cerebro sigue intentando recuperarlo», añade Sandra. Para más inri, un aumento de peso temporal puede convertirse en permanente. «Si te mantienes con sobrepeso un par de años, tu cerebro podría decidir que ese es el nuevo estándar».

Y no es lo mismo salir a cazar un mamut que abrir la nevera. Esa diferencia entre la escasez de la antigüedad y la abundancia del presente es la razón por la cual el doctor Yoni Freedhoff, profesor de la Universidad de Ottawa, reconoce lo obvio: que la vida moderna conduce a ganar peso por la comida basura y el sedentarismo. Y lo que es menos obvio: para adelgazar sin dañar al organismo, lo importante es cambiar de hábitos y recordar que las dietas no son la solución pues exigen un esfuerzo permanente. Según Freedhoff, no somos capaces de mantener el mismo nivel de sacrificio toda la vida: la fuerza de voluntad es un ‘músculo’ con mucha fuerza, pero poca resistencia. «El gran enemigo de las dietas es el tiempo».

La fuerza de voluntad es limitada. No la desaproveches.

Los psicólogos clasifican a la gente en dos grupos: los comedores intuitivos (comen cuando tienen hambre y paran cuando están saciados) y los controlados (los que mantienen a raya su apetito recurriendo heroicamente a su fuerza de voluntad). Los primeros son menos propensos a tener sobrepeso y pasan menos tiempo pensando en la comida. Los segundos se obsesionan y entran en una espiral de atracones y restricciones, sazonada de culpabilidad. Entre los hábitos saludables que deberíamos incluir en nuestra vida, Sandra Aamodt aconseja el mindful eating o alimentación consciente. Debemos aprender a leer las señales que nuestro cerebro nos envía para hacer algo que hemos olvidado: comer con hambre y dejar de comer cuando ya estamos llenos. Para conseguirlo, hay que empezar por comer sin distracciones, porque si estamos pendientes del móvil o la televisión nos desentendemos de las señales de nuestro cuerpo.

«En el mejor de los casos, la dieta es un desperdicio de energía. Quita la fuerza de voluntad que podrías estar usando para ayudar a tus hijos con sus tareas o para terminar un proyecto y, como la fuerza de voluntad es limitada, cualquier estrategia que dependa de su aplicación está condenada a fallar cuando tu atención se traslade a otro asunto», resume Aamodt. Y en el peor, es la antesala de una vida arruinada por los desórdenes alimentarios. «¿Qué pasaría si les dijéramos a todas esas niñas a dieta que está bien comer cuando tienen hambre? ¿Qué pasaría si les enseñáramos a entender su apetito en lugar de a temerlo? Creo que la mayoría de ellas serían más sanas y felices y, de adultas, más delgadas».

El papel del cerebro en las dietas

Sandra Aamodt, de 48 años, es doctora en Neurociencia y comenzó a estudiar el efecto de las dietas alentada por su propio y ‘desesperante’ caso. Las sorprendentes conclusiones a las que ha llegado en junio en un libro titulado ‘Por qué las dietas nos hacen engordar’.

Lo que debes saber para tener éxito (adelgazando)

Ármate de paciencia. CLAVE: EL PUNTO DE AJUSTE.

Cuando comes, el cuerpo hace tres cosas con la energía: gastarla para hacer un trabajo físico, almacenarla como grasa o quemarla para mantener el calor corporal. El resto, un 60 por ciento, se elimina porque la digestión es ineficiente para convertir toda la comida en energía. El punto de ajuste es el peso que el cerebro de cada persona considera adecuado. Si pesamos menos, el metabolismo se ralentiza. Un problema de las dietas es que esa ralentización puede durar seis o siete años. Lo que obliga a quien hace dieta a seguir comiendo menos para mantenerse.

Recuerda: Tu cuerpo no te ayuda. EL ‘MODO HAMBRUNA’.

¿Por qué se ralentiza el metabolismo? Porque cuando comemos menos de lo necesario, nuestro cerebro cree que nos enfrentamos a un periodo de escasez y reacciona como ha hecho durante cientos de miles de años, activando el ‘modo hambruna’, un mecanismo evolutivo: las funciones corporales se atenúan y lo poco que comemos se almacena como grasa de reserva. Saltarse una sola comida al día puede activar este mecanismo, que aumenta la producción de enzimas lipogénicas (almacenan grasa) y disminuye las lipolíticas (las queman).

La báscula no tiene la última palabra. MÚSCULOS PRESCINDIBLES.

Las dietas hipo-calóricas nos hacen perder músculo. La masa muscular pesa más que la grasa, así que la alegría que nos llevamos ante la báscula es engañosa, porque los músculos necesitan más calorías que el tejido adiposo. Si además los músculos no se ejercitan, se hacen resistentes a la insulina, que regula el almacenamiento de la glucosa. Cuando el cerebro interpreta que los músculos no se utilizan, prescinde de ellos para ahorrarse su gasto energético. El azúcar que comamos no se convertirá en glucógeno (el combustible muscular), sino en grasa.

Hay algo que puede ayudarte. LA GRASA MARRÓN.

Solemos considerar a la grasa un enemigo. Pero hay grasas y grasas… El tejido adiposo marrón quema muchas calorías, es el que se encarga de mantener el calor corporal y necesita una gran cantidad de energía. Pero si seguimos una dieta estricta, el cerebro desviará los nutrientes hacia los órganos vitales y no producirá grasa marrón. De ahí la sensación de destemplanza y frío cuando no hemos comido lo suficiente. Hacer ejercicio aumenta los niveles de irisina, la hormona que estimula la conversión de la grasa blanca en marrón.

Si te pasas, lo pagas. HUIR DEL ESTRÉS.

Las dietas ponen el sistema hormonal patas arriba. El organismo desnutrido genera una señal de estrés, elevando la producción de cortisol, la hormona que dispara las alarmas para que y podamos reaccionar a las amenazas. Pero pagamos un precio: el cortisol hace estragos en el sistema inmune. Y, además, cualquier situación de alerta debe ser momentánea, porque si nuestro cuerpo está siempre estresado las glándulas suprarrenales al final dejan de producir cortisol. Nos sentimos entonces cansados y sin fuerza, lo que complica aún más la correcta absorción de los nutrientes.

Hábitos de estrella

Harley Pasternak es asesor de nutrición de Lady Gaga, Halle Berry y otras ‘celebrities’. Recomienda varios hábitos sencillos: caminar al menos diez mil pasos diarios, dormir lo suficiente y librarse del móvil y otros aparatos electrónicos por lo menos una hora al día.

Que no te engañen

¡Es la guerra… metabólica!

El paradigma de las dietas es que, si comes menos y te mueves más, adelgazas. Pero es una verdad a medias», afirma el endocrinólogo David Ludwig, director del programa contra la obesidad del Children’s Hospital de Boston. «No es cuestión de sumar las calorías que comes y restar las que gastas y si el resultado sale negativo pierdes peso. Es más complicado. A la industria alimentaria le conviene presentarlo así porque desplaza la responsabilidad hacia el consumidor. Si comes comida basura o bebidas azucaradas, se supone que puedes contrarrestarlo comiendo menos de otras cosas o haciendo más ejercicio… Pero no es cierto. Y las calorías no son iguales.Una dieta típica, baja en grasa y alta en hidratos, nos mantiene constantemente con sensación de hambre, eleva los niveles de insulina y dispara la producción de células adiposas para almacenar calorías. Pensamos que la obesidad es un estado de exceso, pero en este caso es un estado de privación. La restricción de calorías crea una guerra entre nuestra mente y nuestro metabolismo que estamos destinados a perder. Perdemos peso a corto plazo, dándonos la ilusión de que ejercemos un control sobre nuestro peso. Pero a la larga el cuerpo se adapta y produce respuestas biológicas muy potentes para regresar al punto de partida».

Evita que tu cuerpo se rebele

NO A LAS DIETAS DE GUERRA

Los nazis dejaron morir de hambre a millones de personas que recibían raciones miserables. Médicos judíos del gueto de Varsovia documentaron que la ración diaria era de 1100 calorías. Como muchas dietas actuales. «Estar a dieta, en cierto modo, es como estar en un campo de concentración. Es imposible vivir contando calorías y tomando mucha agua sin pagar un precio. El precio es el atracón. El atracón es la expresión de una parte sana y libre que se rebela y decide comer como un ser humano normal», explica el doctor Juan Martín Romano, especia-lista en nutrición

DUERME Y PASEA

Para un peso correcto, los ciclos de activi-dad y reposo son esenciales. Un paseo de 15 minutos, tres veces al día, ayuda a reajustar los niveles meta-bólicos y baja los niveles de azúcar en sangre. Dormir al menos seis horas al día también hace que disminuyan las células adiposas. En cambio, se ha demostrado que, si se duermen menos de cuatro horas y media durante cuatro noches a la semana, la sensibilidad a la insulina de las células adiposas disminuye un 30 por ciento. Comer despacio y sin distracciones ayuda a identificar las señales de saciedad. Comer por aburrimiento, ansiedad o costumbre es el peligro que ha de evitarse.

Aprendiendo a comer con los maestros

ferran_adria-600xXx80Ferran Adriá: “Hice lo contrario de lo que dicen los cánones. La dieta se tiene que adaptar a cada uno”

Superó los 100 kilos y decidió que no podía seguir así si quería llegar en forma a los 70 años. Se puso manos a la obra y bajó 20 kilos en dos años. De esto hace ya más de un lustro y lo mantiene sin esfuerzo. ¿Cómo? A base de cierto autocontrol y mucha lógica. No existen las fórmulas mágicas, basta con observar cómo reacciona el propio cuerpo y actuar en consecuencia.

XLSemanal. Usted pesaba 100 kilos. 

Ferran Adrià. Llegué a pesar 102.

XL. ¿Por qué decidió adelgazar?

F.A. La cocina exige mucho esfuerzo físico y me costaba mucho mantener el ritmo que exigía elBulli. Además, empecé a preparar un libro con Valentín Fuster que se titulaba La cocina de la salud. ¡No podía presentarme con un libro así y sobrepeso!

XL. ¿Y qué hizo?

F.A. Tenía claro que no quería perder 10 kilos en dos meses. E hice lo contrario de lo que dicen los cánones.

XL. ¿Es decir?

F.A. Casi no comía nada a mediodía. Desayunaba fruta. A media mañana, unos frutos secos. Para comer, una ensalada. Por la tarde, algo de fruta, chocolate o frutos secos. Y a la noche cenaba fuerte.

XL. ¿Muy fuerte?

F.A. No. Pescado y algo de verdura.

XL. ¿Ese es su consejo?

F.A. ¡No! Es lo que me permite mi modus vivendi. Uno no tiene que hacerlo todo perfecto. No existe la dieta perfecta. Lo que yo hago no es de 10, pero se acerca a un 8.

XL. ¿Sigue haciéndolo así?

F.A. Sí. Y también dejé de comer pan y beber alcohol en casa.

XL. Pero fuera sí. 

F.A. Yo ceno fuera 100 días al año… y como lo que me gusta y bebo, porque lo disfruto. Una buena cerveza o algo de champán. Entendí que los 265 días que no salía tenía que ser bueno. ¡Además, cuando yo salgo, no tomo una tortillita y ya está!

XL. La dieta se tiene que adaptar a nosotros. 

F.A. Exacto. Yo disfruto de la comida. Hay que comer relajado, y a mediodía no lo estoy.

XL. ¿Qué cenará hoy?

F.A. Algo sencillo, como siempre: un pescadito a la plancha y unas alcachofas hervidas.

XL. ¿Es su menú habitual en casa?

F.A. En casa siempre cocino cosas sencillas. Pero la clave está en comer muy diverso. La gente, al final, come siempre lo mismo.

XL. Error.

F.A. Absolutamente. No hace falta saber qué papel desempeñan los carbohidratos, las proteínas o las vitaminas. Come muy variado y acertarás. Yo como muy variado en los restaurantes; y en casa, hortalizas, fruta y pescado. Pero si no es tu caso, varía la dieta en casa.

XL. No ha mencionado la pasta ni el arroz.

F.A. Como, pero poco: carbohidratos los justos. Si te hinchas a pasta y alcohol, vas mal.

XL. ¿Controla mucho su peso?

F.A. Sí. Y cuando hago un exceso tres días seguidos, me toca estar una semana sin salir a cenar. Exige control.

XL. ¿Cómo se consigue?

F.A. Como todo: siendo exigente contigo mismo y estando mentalizado.

XL. ¿Qué manda más, la cabeza o el estómago?

F.A. El disfrute. Si tienes cerveza en casa, bebe una. Si no tienes fuerza de voluntad, te tomarás tres. Yo no tengo alcohol en casa, porque sé que voy a beber fuera.

XL. Muchos dirán que el suyo no es el mejor método. 

F.A. ¡Que lo digan! Lo que no puede ser es que no disfrutes de la vida. La clave está en el equilibrio. Ahora, todo el mundo defiende que para hacer una buena dieta hay que comer cosas naturales. ¡Mentira!

XL. ¿Mentira? ¿Por qué?

F.A. ¿Qué quiere decir ‘natural’? Lo que está en la naturaleza. No hay yogures naturales, ni tomates naturales.

XL. Hombre, el tomate sí es natural. 

F.A. ¡No! El tomate natural existe, sí: pero está en Los Andes y es incomestible. Los que comemos hoy no son los que nos dio la naturaleza. No me hables de una dieta natural.

XL. ¿Y de qué hablamos? 

F.A. De calidad y de cantidad. ¡La gente pone el grito en el cielo si le dices que compras la salsa de tomate ya elaborada!

XL. ¿Usted lo hace?

F.A. ¿Por qué no? Tú compras el aceite de oliva ya hecho… y el vino o la pasta. Lo importante es la calidad, no quién lo haya hecho. ¡Que no nos manipulen! La mejor dieta es la lógica.

XL. Si cada caso es distinto, ¿cómo sé qué es lo que me conviene a mí?

F.A. Obsérvate. Aprende a interpretar qué pasa con tu cuerpo y compruébalo en la balanza. Si lo haces durante seis meses, lo tendrás claro. Es importante conocerse, porque no existen las fórmulas mágicas.

paco-roncero-600xXx80Paco Roncero. De 112 kilos a 78. Chef ejecutivo del Casino de Madrid y de los gastrobares Estado Puro. Dos estrellas Michelin.

«Yo llegué a pesar 112 kilos, ahora me muevo en torno a los 78 u 80. Un día, por casualidad, me calcé unas zapatillas y me puse a correr. Sentí tal liberación que una cosa llevó a la otra: te empiezas a encontrar bien, a cuidar más tu alimentación… Pero yo nunca he hecho una dieta radical. No funcionan. Hago cinco o seis comidas al día. Hoy, por ejemplo, a las 6:30, antes de ir al gimnasio, he tomado un café con leche y unas galletas. Al salir, tostadas de pan con tomate. Sobre las 10:30 tomo una fruta o un bocadillito de atún. A las 13:00, lo que haya en el comedor: pasta, lentejas, arroz… A media tarde, otra pieza de fruta o un yogur; y las 19:30 ceno. Eso sí: a partir de las 17:00, nada de hidratos. Y a última hora, algunas noches, tomo un vaso de leche o un yogur».

jordi-cruz-600xXx80Jordi Cruz. De 90 kilos a 74. Jurado de “MasterChef” y chef del restaurante ABaC de Barcelona. Dos estrellas Michelin.

«No te plantees una dieta. No hay trucos.Tómatelo en serio y ve paso a paso. Yo, por la mañana, tomo un bocadillo pequeño, de unos 80 gramos y que no contenga embutidos grasos. Y, si tomo fruta, la pieza entera. Nada de zumos. Para comer, unos 120 gramos de proteína: carnes magras; y unos 80 gramos de hidrato de carbono: lentejas, arroz… Y una ensalada. Siempre teniendo en cuenta que solo debes tomar dos cucharadas de aceite al día. Para merendar, lo mismo que por la mañana. Y para cenar, la mitad de lo que he comido a mediodía. Así, yo perdí 15 kilos. Desde que tenía 15 años había pesado siempre unos 70 kilos. Pero a los 30 se me ralentizó el metabolismo y, comiendo lo mismo que antes, me planté en los 90 kilos. Ahora rondo los 74 o 75».

 

 

Dietas hiperproteicas o proteinadas para adelgazar: innecesarias y arriesgadas. Dieta Dukan y método PronoKal® como ejemplo

octubre 25, 2012

Autores: Julio Basulto Marset, Maria Manera Bassols y Eduard Baladia Rodríguez

Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas. Barcelona. España. FMC. 2012;19(7)411-8. Trabajo íntegro publicado.

  • El libro No consigo adelgazar, basado en un método inventado por Pierre Dukan, ha ocupado los primeros puestos de ventas de “no ficción” en 2011. El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad considera que dicho método es ineficaz, fraudulento, ilegal y arriesgado.
  • ¿Por qué las dietas proteinadas, que se autopresentan como un método eficaz para adelgazar, están desaconsejadas por el Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas, por la Organización de Consumidores y Usuarios y por la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición?
  • Las dietas o métodos para adelgazar que cuentan con el reclamo de la palabra “proteína” pueden inducir a error al paciente con exceso de peso. No hay evidencias que señalen que la proteína tiene efectos positivos a medio-largo plazo en el control de peso.
  • La creencia popular (también arraigada entre no pocos profesionales sanitarios) de que la proteína es saciante y conserva la masa magra en la pérdida de peso no se sostiene en evidencias sólidas.
  • Es habitual perder peso de manera rápida mediante cambios drásticos y a menudo poco convencionales en la manera de alimentarse, lejos de una dieta saludable. Esto suele ser la norma, pero debería evitarse por ser arriesgado e ineficaz a medio-largo plazo.

 Ansia de proteína

 “A mi amada y cariñosa esposa Verónica, que en todo mo­mento me ha proporcionado un infalible alimento emocio­nal, intelectual, espiritual y bajo en hidratos de carbono”. Es la dedicatoria de La nueva revolución dietética del Dr. At­kins, uno de los libros más vendidos en relación con el con­trol de peso1. En 2004, aproximadamente 2 de cada 10 ame­ricanos había seguido la dieta Atkins2. El libro de este autor promueve una altísima ingesta de proteína (“done sus ali­mentos altos en hidratos de carbono a un comedor benéfico, y llene su nevera y su despensa con sus alimentos ricos en proteínas preferidos”) y asegura ser “el programa más pro­bado, efectivo y seguro para adelgazar y no volver a engor­dar” (sic). Atkins preconizó, desde 1970 hasta su muerte (en 2003, con un exceso de peso que desacreditaba sus categóri­cas afirmaciones), la ingesta de proteína como clave de la pérdida de peso. Algo que sigue de moda. La Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó en su libro El reto de la obesidad en la Región Europea de la OMS y estrategias de respuesta, publicado en 2007, que: “Las dietas ricas en pro­teína y pobres en carbohidratos son, actualmente, elecciones muy populares en lo que respecta a la pérdida de peso”. Aunque también afirmó que: “Su popularidad no se sostiene en las evidencias de su eficacia y de su seguridad a largo plazo”, que “no existen datos disponibles para evaluar la pérdida y el mantenimiento de peso a largo plazo”, y que “su perfil de seguridad tanto a corto como a largo plazo es con­fuso”3. ¿Por qué las dietas con la palabra proteína están de mo­da? ¿Acaso nos falta proteína? ¿Tomamos demasiados car­bohidratos? La ingesta de proteína en España cubre el 173% de las recomendaciones en varones de 20 a 39 años, y el 228% en mujeres de la misma edad4. Como las recomen­daciones de proteínas, a diferencia de las necesidades, se estiman al alza para evitar los posibles riesgos de su défi­cit5, nuestra ingesta proteica será sin lugar a dudas muy su­perior a las necesidades. Es cierto que no se ha establecido un límite superior de ingesta para las proteínas, pero tam­bién es cierto, tal y como señaló el Instituto de Medicina de Estados Unidos cuando estableció las ingestas dietéticas de referencia para proteínas (2005), que “eso no significa que no exista un potencial de efectos adversos resultante de in­gerir una alta cantidad de proteínas a partir de alimentos o suplementos”6. En España, los alimentos que más contribu­yen a nuestra ingesta proteica son los cárnicos y derivados7. En este sentido, mientras que la Sociedad Española de Nu­trición Comunitaria sugiere una ingesta media de carne de entre 43 y 71 g/día, nuestra ingesta real asciende a 179 g/día: del 252 al 416% de dichas recomendaciones7,8. Sin duda es recomendable, tal y como señalan Varela-Moreiras G et al, “disminuir la proporción de proteína animal en la ingesta proteica total”7. El antropólogo Marvin Harris hizo una de­liciosa reflexión en su libro Bueno para comer sobre nues­tra avidez de proteína al describir cómo una notificación del Gobierno polaco que restringía un 20% el suministro de carne generó en 1981 un alud de protestas que obligó al Go­bierno a declarar la ley marcial: “¿Por qué viven los polacos y otros pueblos de la Europa Oriental obsesionados por el espectro de unos mostradores sin rastro de jamón o de sal­chichas? […] ¿Es su dieta deficiente en calorías o proteínas? Según las últimas recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura/OMS, un varón adulto que pese 80 kilos necesita unos 60 gramos de proteínas por día. En 1980, los polacos obte­nían no ya 60, sino más de 100 gramos diarios […] las gen­tes se desesperan cuando escasea algo que muchos exper­tos en nutrición consideran un lujo y otros condenan cada vez más por estimarlo perjudicial para la salud”9. En cuan­to a los carbohidratos, nuestra ingesta cubre aproximada­mente el 41% de la energía de la dieta7, es decir, está por debajo de las recomendaciones establecidas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (45-60%)10 o la OMS (55-75%)11.

Dieta Dukan: fraudulenta, ilegal, ineficaz y peligrosa

Tal y como hemos visto, no parece existir un motivo para que nos ofusquemos en ingerir más proteínas y menos car­bohidratos (complejos, se entiende). Pero sí lo hacemos, so­bre todo si queremos perder peso. Es probable que por ello uno de los libros más vendidos en 2001 (no ficción) sea No consigo adelgazar, libro escrito por un autodenominado “ex­perto en nutrición” llamado Pierre Dukan, que promueve pa­ra adelgazar, entre otros sinsentidos (como chupar hielo o ducharse con agua fría), una altísima ingesta de cárnicos12. El más reciente Consenso para la prevención y el tratamien­to de la obesidad de la Federación Española de Sociedades de Alimentación, Nutrición y Dietética (FESNAD), que ha contado con la colaboración de la Agencia Española de Se­guridad Alimentaria y Nutrición, no sólo no avala la capaci­dad adelgazante de las proteínas, sino que señala claramente que “el elevado consumo de carne y productos cárnicos po­dría incrementar la ganancia de peso y el perímetro abdomi­nal (evidencia nivel 2+)”13. Un estudio no revisado en dicho Consenso, por su reciente aparición, también asocia la ma­yor ingesta de proteína animal con un incremento en el ries­go de ganancia de peso a largo plazo14. Sea como fuere, la dieta Dukan ha sido recientemente calificada como fraudu­lenta, ilegal e ineficaz para adelgazar y arriesgada para la sa­lud por parte de la Asociación Española de Dietistas-Nutri­cionistas en un documento refrendado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad15. Fraudulenta por­que cumple las características que definen a las llamadas dietas milagro. Ilegal porque incumple el Real Decreto 1907/1996, de 2 de agosto, que prohíbe cualquier clase de publicidad o promociones de productos, materiales, sustan­cias o métodos que sugieran propiedades específicas adelga­zantes o contra la obesidad que proporcionen seguridades de alivio o curación cierta, que utilicen el término “natural” co­mo característica vinculada a pretendidos efectos preventi­vos o terapéuticos, que atribuyan a determinadas formas, presentaciones o marcas de productos alimenticios de consu­mo ordinario concretas y específicas propiedades preventi­vas, terapéuticas o curativas, o que pretendan aportar testi­monios de profesionales sanitarios, de personas famosas o conocidas por el público o de pacientes reales o supuestos, como medio de inducción al consumo. Todo ello es publici­tado por el método Dukan. No sirve para adelgazar porque el único estudio publicado sobre este método revela que el 75% de sus seguidores recupera el peso perdido al cabo de dos años (lo que provoca, entre otros riesgos, una dificultad para perder peso con éxito). El fallo de la dieta causa, ade­más, un sentimiento de culpa en el 60% de las personas16. Y puede perjudicar a la salud porque el incremento en la inges­ta de proteínas de origen animal (por ejemplo, carne roja), algo que muy probablemente ocurre en los seguidores de es­te tipo de dietas, no sólo a corto plazo, sino también a medio o largo plazo, se asocia a un claro aumento en el riesgo de diabetes tipo 217,18 y de mortalidad total19-21, entre otros riesgos potenciales, tal y como se detalla más adelante.

Dietas proteinadas: innecesarias y arriesgadas. PronoKal® como ejemplo

Varias de estas características podrían aplicarse también a las dietas autodenominadas proteinadas. La acepción “dieta proteinada” no aparece definida en ningún tesauro, manual, guía o consenso de obesidad, razón por la que resulta espe­cialmente difícil analizar este tipo de dietas. No es de extra­ñar que la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición señale, al referirse a la dieta proteinada, que “no existe fun­damento científico para esta dieta”22. Un ejemplo de ellas es PronoKal®. Nos centraremos en ella porque es sobre la que más consultas recibimos por parte de los/las asociados/as de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas. El auto­denominado método PronoKal®, desaconsejado por la Orga­nización de Consumidores y Usuarios23 y por los firmantes de este artículo (Grupo de Revisión, Estudio y Posiciona­miento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionis­tas)24, asegura que, gracias a él y a sus productos “se pierde localmente donde más grasa se tiene” (tabla 1). Jamás he­mos tenido constancia de un método de pérdida de peso que ejerza semejante proeza, y no hemos hallado en la literatura especializada indicios de que ese efecto pueda ocurrir. En cualquier caso, la etapa de adelgazamiento del método Pro­noKal® (“cuya duración varía según el peso que se precisa perder” y en la que “se elimina hasta el 80% del sobrepeso gracias a la combinación de los productos PronoKal® con los alimentos permitidos”) se basa, tal y como recoge su pá­gina web25, en la ingesta del 100% de las necesidades (que no recomendaciones) de proteína, pero el 30,5, el 25 y el 8,5% de las necesidades (de nuevo conviene diferenciar este término de la palabra recomendaciones) de energía, carbohi­dratos y grasas, respectivamente. La cobertura del 25 y del 8,5% de las necesidades de carbohidratos y grasas, respecti­vamente, puede tener consecuencias nefastas sobre la sa­lud3,5,6,8,10,11,23,26,27. Aunque PronoKal® argumente que esta fase de restricción severa de los carbohidratos es corta (la duración, como se ha indicado anteriormente “varía según el peso que se precisa perder”), la realidad es que los pacientes acaban interpretando, según nuestra experiencia, que la pér­dida de peso pasa necesariamente por dicha restricción. Ello puede confundir a la población, tal y como reflejó un ensayo aleatorizado y controlado con 4.320 voluntarios que evaluó el efecto de las declaraciones tipo “bajo en carbohidratos” en las percepciones de los consumidores sobre la el índice de salud de productos alimentarios, y sobre su ayuda en el control de peso28. También se acaba interpretando, muy probablemente, que la pérdida de peso requiere un aumen­to en la ingesta proteica. Si bien PronoKal® no se autocla­sifica en su página web como dieta hiperproteica (es más, PronoKal® critica tales dietas porque “pueden llegar a so­brecargar el metabolismo”25), dicha empresa incluye en su sección “Noticias”, notas de prensa de diferentes medios de comunicación que hacen alusión a la alta ingesta protei­ca como clave del método PronoKal®, tal y como detalla la tabla 229.

PronoKal® propone perder peso rápidamente, algo no sólo desaconsejable30, sino que predispone al llamado efec­to yoyó o weight cycling, que a su vez incrementa el riesgo de mortalidad26,27. Se podría considerar fraudulenta, ya que promete eficacia en el control de peso corporal, “los pro­ductos PronoKal® te ayudarán a conseguir el peso que de­seas” (tabla 1), cuando ninguna de las bases de datos cientí­ficas españolas o internacionales (Elsevier, Excelenciaclinica.net, Guías de práctica clínica en el Sistema Nacional de Salud, Scielo, Scirus, ScienceDirect, clinicaltrials.gov, PubMed, etc.) contiene ensayos clínicos en humanos que hagan referencia al método PronoKal®. Numerosas afirma­ciones publicitadas por PronoKal® inflingen potencialmen­te la legislación, tal y como se detalla en la tabla 1. Y po­dría suponer un riesgo para la salud, además de por los riesgos comentados anteriormente sobre el hipotético exce­so de ingesta de proteínas (producido por la interpretación que hace la población, o los medios de comunicación [tabla 2] de este tipo de métodos: “A más proteína, más pérdida de peso”28), y además de por los riesgos asociados a la rápida pérdida de peso30, debido a que no existen datos que permi­tan concluir que dicho método cumple los preceptos esta­blecidos por los consensos nacionales o internacionales de tratamiento de la obesidad, como el reciente consenso FESNAD-Sociedad Española para el Estudio de la Obesi­dad (tabla 3)13. Las dietas muy bajas en calorías (es el caso de toda dieta que, como ocurre en la etapa de adelgazamiento del método PronoKal®, cubra solamente el 30,5% de las necesidades energéticas) se han asociado a muerte súbita por arritmia cardíaca, inflamación hepática, fibrosis portal y cálculos biliares26,27. El reciente consenso FESNAD-Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, mencio­nado anteriormente, coincide con este particular al señalar que “las dietas de muy bajo contenido calórico presentan un mayor riesgo de efectos adversos que las dietas de bajo contenido calórico (nivel de evidencia 1-)”. Acerca de su eficacia, dicho consenso indica que “a largo plazo (superior a un año), estas dietas no originan una mayor pérdida pon­deral que las dietas de bajo contenido calórico (nivel de evidencia 1+)”13. PronoKal® asegura que existe un control médico en el proceso, pero creemos que dicho control no tiene sentido si no se demuestra previamente una eficacia en la pérdida de peso, a largo plazo, que justifique los ries­gos detallados. En todo caso, una dieta muy baja en calo­rías se reserva (siempre bajo control médico) para pacientes con obesidad severa (índice de masa corporal superior a 35) y comorbilidades asociadas en que esté justificada la pérdi­da rápida de peso3, como en el preoperatorio de la cirugía bariátrica en los pacientes con esteatosis hepática y aumen­to del riesgo quirúrgico13. Así, consideramos injustificado el reclamo que aparece en la página web de Pronokal®, asegurando que dicho método es “el adecuado para co-rregir casos de un ligero sobrepeso hasta una obesidad severa”25. 

Las dietas autodenominadas proteinadas se suelen basar en la ingesta de preparados comerciales que sustituirán a la ingesta habitual durante un cierto período de tiempo. Noso­tros entendemos, en línea con la opinión del Comité de Nu­trición de la Asociación Americana del Corazón31 o del Sis­tema Nacional de Salud de Estados Unidos30, que los cambios drásticos en los patrones de alimentación no educan para mantener el peso perdido y pueden impedir, además, la adquisición gradual de los cambios en el comportamiento alimentario necesarios para el éxito a largo plazo en la pérdi­da de peso. Asimismo, suele existir una alta tasa de abando­no en los consumidores de este tipo de dietas, que podría re­flejar el aburrimiento y el cansancio de ingerir preparados comerciales32. Debemos focalizarnos en cambios a largo plazo en el estilo de vida de nuestros pacientes con obesi­dad, en vez de en enfoques rápidos y a corto plazo27. 

Proteína, saciedad y conservación de la masa magra

Uno de los reclamos más habituales de las dietas hiperpro­teicas es que la proteína es saciante. El libro No consigo adelgazar, mencionado anteriormente, indica: “Después de dos o tres días de una alimentación limitada a proteínas pu­ras, el hambre desaparece por completo”. Pese a que se ha sugerido que el mayor consumo de proteínas podría incre­mentar la saciedad a corto plazo y, por lo tanto disminuir, teóricamente, la ingesta energética33,34, numerosos estudios no sustentan esta hipótesis35-38. De hecho, la Autoridad Eu­ropea de Seguridad Alimentaria indica: “No se ha estableci­do una relación causa-efecto entre la ingesta dietética de proteína y un incremento sostenido en la saciedad que con­duzca a una reducción en la ingesta energética”39. Otro re­clamo es que conservan la masa magra. Si bien durante una dieta hipocalórica es recomendable que la ingesta proteica esté por encima de 1,05 g/kg para conservar la masa ma­gra13, esto es algo que se cumple sobradamente en práctica­mente todas las dietas hipocalóricas estándar40.

Riesgos de las dietas hiperproteicas o proteinadas

Las dietas hiperproteicas o proteinadas comparten una serie de riesgos potenciales: debilidad, riesgo de fractura ósea, ganancia de peso a largo plazo, síndrome metabólico, daño renal, desórdenes gastrointestinales, pérdida de la autoesti­ma, depresión y alteraciones en el comportamiento alimen­tario26,41-43. La Sociedad Española de Endocrinología y Nu­trición señala al respecto de la dieta proteinada que “es absolutamente desaconsejable”, ya que obliga al organismo “a consumir sus propias reservas, primero de glúcidos y más tarde de lípidos”, y porque “pueden aumentar peligro­samente los niveles de ácido úrico y creatinina (fallo re­nal)”22. La Organización de Consumidores y Usuarios opi­na de manera similar23. Sean hiperproteicas o proteinadas, estas dietas deben contraindicarse en niños o adolescentes, mujeres en edad fértil, embarazadas, lactantes, ancianos o personas que padezcan o con riesgo de padecer: alteracio­nes hormonales, psicológicas, renales, cardíacas, óseas o hepáticas8. Si son muy bajas en calorías (por ejemplo, la etapa de adelgazamiento del método PronoKal®), también deben contraindicarse en las situaciones descritas en la tabla 413.

Dieta Dukan y método PronoKal®: ¿válidos para el tratamiento de la obesidad?

Las solemnes afirmaciones de rigor y ciencia (método Pro­noKal®) o de eficacia garantizada en el control de peso cor­poral (dieta Dukan) deben ser contrastadas con las nueve condiciones que debe cumplir, según el más reciente consen­so FESNAD-Sociedad Española para el Estudio de la Obesi­dad, todo tratamiento dietético destinado a tratar la obe-sidad. Al hacerlo (tabla 3)13, apreciamos la ausencia de datos que permitan concluir que la dieta Dukan o el método PronoKal® se acomoden a dichas condiciones.

Reflexiones finales

La Alianza de Ciencias de los Alimentos y de la Nutrición (Food and Nutrition Science Alliance), que engloba 7 socie­dades profesionales científicas de Estados Unidos (Ameri­can College of Nutrition, American Dietetic Association, American Society for Clinical Nutrition, American Society for Parenteral and Enteral Nutrition, American Society of Nutritional Sciences, Institute of Food Technologists y So­ciety for Nutrition Education) enumera diez banderas rojas que permiten identificar a la junk science (ciencia basura) en relación con la nutrición humana y dietética. Deberíamos te­nerlas en mente siempre que se nos plantee cualquier méto­do, sistema o dieta que prometa pérdidas de peso rápidas, exitosas, garantizadas y sin riesgo alguno44,45:

1) Recomendaciones que prometen un éxito rápido.

2) Advertencias alarmistas de peligro sobre un determina­do producto (por ejemplo, “el pan engorda”) o régimen (por ejemplo, “la dieta occidental produce cáncer”).

3) Declaraciones que suenan demasiado buenas como para ser ciertas.

 4) Conclusiones simplistas extraídas de un estudio cientí­fico complejo.

 5) Recomendaciones basadas en un único estudio.

 6) Afirmaciones refutadas por organizaciones científicas de gran reputación.

 7) Listas de alimentos buenos y malos.

 8) Recomendaciones encaminadas a la venta de un pro­ducto.

 9) Recomendaciones basadas en estudios sin revisión por pares (peer reviewed).

 10) Recomendaciones a partir de estudios que ignoran di­ferencias entre individuos o grupos. 

También debemos tener presentes cuatro citas clarificadoras en relación con la prevención o el tratamiento de la obe­sidad. La primera es de la OMS. En el libro mencionado anteriormente, señala: “Las dietas ricas en carbohidratos desempeñan un papel central en el control del sobrepeso y de la obesidad”3. La segunda procede de las últimas guías dietéticas de Estados Unidos, que contaron con la asistencia de la Colaboración Cochrane46: “Existen evidencias sólidas y consistentes que señalan que cuando se controla la ingesta calórica, la proporción de macronutrientes de la dieta no está relacionada con la pérdida de peso”. Y las dos últimas provienen del reciente consenso de la FESNAD-SEEDO mencionado anteriormente: “En el tratamiento de la obesidad no se recomienda inducir cambios en la proporción de proteínas de la dieta (grado de recomendación A)”, y “las dietas con mayor contenido de hidratos de carbono complejos (≥ 50% del aporte energético total, aproximadamente) se asocian con índices de masa corporal más bajos en adultos sanos (nivel de evidencia 2+)”13.

Finalizamos con una última reflexión: el alimento emocional, intelectual y espiritual que proporcionó en todo momento Verónica a su marido (el Sr. Atkins) debería haber si­do, en nuestra opinión, “rico en hidratos de carbono complejos”.

 Conflicto de intereses

 Los autores declaran que no tienen ningún conflicto de inte­reses.

 Agradecimientos

 Los autores agradecen los comentarios al manuscrito recibi­dos por parte de los dietistas-nutricionistas Pilar Amigó, Ol­ga Ayllón, Violeta Moizé, Juan Revenga y Giuseppe Russoli­llo, del investigador social Juanjo Cáceres, del médico especialista en farmacología clínica Alexis Rodríguez.

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Semana de la Obesidad

noviembre 10, 2011

Con el motivo del Día Mundial contra la Obesidad, que se celebra el próximo 12 de Noviembre, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) inicia la campaña “Soluciones contra la Obesidad” para brindar, como cada año, su apoyo a las personas afectadas por ésta enfermedad.

Jornada de puertas abiertas del 10 al 18 de noviembre 2011

    •  Todos los pacientes que reserven su cita con IMEO Madrid entre el 10 de noviembre y el 18 del mismo mes, podrán someterse de forma gratuita a un Corporal Scanner iDEXA de última generación para determinar sus niveles de agua, masa muscular y los de su grasa androide y genoide. Ésta reserva podrá realizarse en el 91 745 17 96.

    Se trata de un escáner de composición corporal que emplea tecnología de rayos X, pero con una baja frecuencia de radiación -por lo que se puede llevar a cabo la prueba en más ocasiones-, y que además es muy sencillo de utilizar.

Además de realizar un análisis de la densitometría ósea, el escáner puede clasificar los tejidos según la proporción de grasa y proporcionar información sobre cada paciente, indicando la localización de los acúmulos, la densidad ósea o la presencia de pequeñas fracturas. La recopilación y el registro de estos datos son de gran ayuda para el equipo médico a la hora de direccionar tratamientos localizados o cirugía de obesidad. Asimismo, aportan un plus de información en pacientes con problemas óseos.

“Se trata de un gran avance. Antes contábamos con valores de porcentaje sobre el peso total y ahora tenemos la imagen real del cuerpo y la distribución de la grasa; pasamos de trabajar sólo con un número a hacerlo también con una imagen”, explica Pedro Priego, especialista en Biotecnología de IMEO. Además, esta tecnología es muy importante en el estudio de la menopausia y en el seguimiento de pacientes con un gran porcentaje de grasa visceral, que es la que conlleva más riesgo para la salud.

    • Todos los pacientes que reserven su cita con IMEO Barcelona entre el 10 de noviembre y el 18 del mismo mes, podrán someterse de forma gratuita a una Electroimpedancia Sistémica EIS para determinar sus niveles de ansiedad, sensación de hambre, tendencia depresiva, inquietud y estrés. Ésta reserva podrá realizarse en el 93 284 05 89.

    Existen tres neurotransmisores (serotonina, dopamina y noradrenalina) que inciden directamente en la sensación de ansiedad, hambre y depresión, reforzándose unos con otros, de ahí que la mayoría de las personas que padecen ansiedad incurran en depresión y en problemas de sobrepeso. Los bajos niveles de estos marcadores producen sensación de ansiedad, tristeza, insomnio y voluntad baja, favoreciendo el comer rápido y mucha cantidad en un reducido intervalo de tiempo, la apetencia incontrolable por el dulce, atracones nocturnos y, a la larga, una sensación de hambre “casi insaciable”.

La ansiedad alimenticia se vincula al comer, pero ya no sólo como una forma de obtener energía, sino también como fuente de placer y, por tanto, en muchas ocasiones lo que espera satisfacerse es calmar un estado de estrés y malestar, más que la necesaria y propia reposición de energías y nutrientes.

Mediante la técnica de electro impedancia sistémica de la actividad cerebral y hormonal se pueden determinar los niveles de estos neurotransmisores que guardan relación con la ansiedad, el hambre y la depresión.