Posts Tagged ‘familia’

Venció la obesidad y perdió los 80 kilos que le sobraban

junio 26, 2019

Tras someterse a un tratamiento de reducción de estómago en el IMEO, esta joven madrileña mejoró su salud y autoestima; dejó de ser una “nini” para recuperar el control de su vida 

Eva entró en quirófano con 27 años, pesando 140 Kg. Tenía síntomas analíticos de hígado graso e hipotiroidismo subclínico. Sus niveles de triglicéridos, colesterol LDL y fibrinógeno eran muy altos apuntando a riesgo cardiovascular y diabetes tipo 2. Su tasa metabólica era bajísima, priorizaba el consumo de azúcar y almacenaba su exceso en forma de grasa.

La obesidad es una enfermedad crónica multifactorial, difícil de abordar en solitario, debido a mecanismos biológicos y de comportamiento que dificultan la pérdida de peso. En los casos graves, cuando se busca reducir más de la mitad del peso corporal del paciente, la solución pasa por el quirófano y forma parte de un tratamiento multidisciplinar que ofrece las garantías y controles periódicos necesarios. Porque no sólo se trata de limitar la capacidad de ingesta y, con ello, frenar temporalmente los atracones, sino de corregir con ayuda profesional aquellos hábitos que han llevado a esta situación de alto riesgo.

Con el fin de concienciar a la sociedad sobre los riesgos de esta enfermedad que se instala en la vida de las personas de forma sigilosa e indolora, condicionando no sólo su movilidad física y salud general, pero también las perspectivas de futuro, queremos dar a conocer un verdadero caso de éxito en la lucha contra la obesidad. Es el caso de Eva Lerma, una joven madrileña que tras someterse a un tratamiento de reducción de estómago en el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) no sólo logró perder los 80 kilos que le sobraban, sino también recuperó el control de su vida; dejó de ser una “nini” que no trabajaba, ni estudiaba para convertirse en una mujer emprendedora, centrada en su proyecto familiar y laboral.

Mejoras sobre la salud que trascienden más allá del aspecto físico 

Después de perder los 80 kilos que le sobraban, la paciente no muestra ningún signo de hígado graso, colesterol malo o problemas con las tiroides. Su metabolismo está equilibrado y no tiene riesgo de diabetes tipo 2.

En el caso de Eva Lerma, combinar la cirugía bariátrica con un seguimiento semanal multidisciplinario nos ha permitido: reducir la grasa visceral de la paciente y con ello, el riesgo de enfermedad cardiovascular e hipertensión; remitir en un alto porcentaje la incidencia de la diabetes 2; mejorar la tasa metabólica, es decir, la efectividad del organismo para utilizar la grasa como fuente de energía; normalizar la función del páncreas y los niveles de tiroides, triglicéridos y colesterol.

Tras reducir su peso corporal en un 57%, eliminando 80 kilos de peso, la paciente necesitó varias cirugías complementarias reconstructivas realizadas por la unidad de cirugía plástica y reparadora del IMEO, entre ellas una abdominoplastia, lifting de brazos y muslos, corrección y rejuvenecimiento mamario.

Puntos importantes del estudio médico[1] de la paciente

“Eva Lerma, cuyo caso de éxito queremos compartir para que sirva de referencia para personas con similares problemas, es una joven madrileña que hace dos años acudió al IMEO con un sobrepeso de 80Kg, para someterse a una intervención de reducción de estómago, conocido como manga gástrica o gastroplasia tubular”, señala Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto. Esta cirugía aporta en una reducción importante de la ingesta de alimentos, obligando a la paciente, por un lado, a comer muy despacito y, por otro, a eliminar sustancialmente su sensación de hambre, de modo que con una cantidad muy pequeña de comida el estómago se siente lleno. La técnica ha sido completada con un seguimiento quincenal psicológico y semanal nutricional para asegurar la eficacia de este tratamiento multidisciplinar en los dos años posteriores.

El día que ingresó en quirófano, Eva tenía 27 años de edad y pesaba 140 Kg. A fecha de hoy ella pesa 58,9 Kg, habiendo perdido unos 80Kg. Su porcentaje de grasa inicial era de 46,1% estacionándose en un nivel muy elevado correspondiente a obesidad tipo IV, considerada extrema. Actualmente su IMC se sitúa dentro de su normopeso ideal. Su porcentaje de grasa ha pasado a un 19,8% y corresponde a un nivel muy bajo dentro de la masa grasa saludable.

Respecto al Índice de Tasa Metabólica que nos indica la efectividad del metabolismo para quemar grasa, hemos observado que en el punto de partida la paciente mostraba unos niveles bajísimos, correspondientes a 1 en una escala de 1 a 15, donde un metabolismo equilibrado se situaría en la tasa de 5 a 10. Esto nos indicaba claramente que el organismo de la paciente priorizaba el consumo de azúcar, no de grasa y que, al no utilizar el exceso de azúcar como fuente de energía –básicamente por la inexistente actividad física–, lo almacenaba en forma de grasa.

En este sentido, Eva tenía que hacer frente a la tendencia genética que tenía de obesidad, una dificultad añadida a la hora de perder peso. Gracias a sus esfuerzos y el trabajo de nuestro equipo multidisciplinar, compuesto por cirujanos, psicólogos, nutricionistas, fisioterapeutas y preparadores físicos, la paciente normalizó su tasa metabólica a 10 que corresponde a un metabolismo de alta efectividad.

Sus analíticas iniciales mostraban niveles de azúcar de casi 170 mg/dl, indicando claramente el riesgo de desarrollar una diabetes tipo 2. En el trascurso de la pérdida de peso, estos valores se fueron corrigiendo.

Otra amenaza para su salud suponía los síntomas analíticos de hígado graso con factores elevados tanto en la gama GOT, como en la gama GPT. Ambas enzimas se encargan del correcto funcionamiento de nuestro organismo y su presencia ayuda para diagnosticar enfermedades hepáticas. A esto debemos sumar los altos niveles de triglicéridos y colesterol malo LDL y la cantidad de fibrinógeno en sangre, una proteína que contribuye al incremento de la agregación plaquetas y a la formación de trombos, estando directamente relacionada con un alto riesgo cardiovascular.

Además, Eva Lerma rozaba los límites que se definen como un hipotiroidismo subclínico, con una TSH de 3,5 y aunque no llegaba a ser hipotiroidismo analítico, era bastante preocupante, visto su estado de salud general. Hoy esta tasa se ha reducido, pasando a 1,22, mostrando un funcionamiento de tiroides correcto.

Su fibrinógeno también está corregido. Los niveles de azúcar han pasado de casi 170 a 86 y la paciente está totalmente fuera de riesgo de la diabetes tipo 2. No aparecen ya ningún tipo de signo de hígado graso, todos los variables que medimos están en valores normalizados y saludables.

TESTIMONIAL DE EVA LERMA

La motivación, clave

Tardé muchos años en decidirme a pasar por el quirófano para deshacerme de los 80 kilos de más que llevaba encima. El apoyo de mi familia y de la persona que ahora es mi pareja me han ayudado a dar el paso y a superar el miedo a la intervención y a la anestesia. Lo que realmente me hizo tomar la decisión, fue el deseo de tener hijos en un futuro. El nivel de obesidad que tenía en aquel entonces suponía un factor de riesgo de mucho peso, que afectaría mi salud, complicaría un posible embarazo y pondría en cuestión mi capacidad de poder jugar y cuidar bien de mis hijos, al tener la movilidad bastante limitada por el exceso de peso.

Había llegado a una situación insostenible; me di cuenta que estaba perdiendo mucho tiempo de mi vida encerrada en casa frente al ordenador. No estudiaba, no trabajaba y tampoco me esforzaba en buscar un empleo: encajaba perfectamente en la “generación nini”. Aunque no lo admitiese, creo que también me daba vergüenza salir a la calle o ir según a qué sitios. Una vez tomada la decisión, he tenido el apoyo incondicional tanto de la familia, como de amigos y simples conocidos y sabía que lo que hago lo hago por mi bien.

Riesgo para la salud

Llegué a pesar en algún momento determinado 152 kilos; entré a quirófano con 27 años y unos 140 kilos. Siempre he sido una niña gordita hasta que la cosa se descontroló y pase, sin darme cuenta, a una obesidad importante. Tenía el hígado graso y corría el riesgo de desarrollar hipertensión, es decir, estaba claro que la mochila de sobrepeso que cargaba me pasaría factura más bien antes que después, pero por aquel entonces todo me daba igual. Tampoco me esforzaba a dedicar tiempo a la actividad física; en mi rutina diaria era prácticamente nula. 

Relaciones afectivas

Antes de dar paso al cambio no tenía gana de hacer nada, vivía en un estado de ansiedad y depresión constante. No obstante, tuve mucha suerte de dar con un grupito de amigos que me brindaron su cariño y apoyo, así que, por ese lado, más bien me sentía acompañada que sola. En cuanto a la situación sentimental, me considero afortunada: conocí a mi actual pareja pesando 140 kilos y puedo afirmar que, a día de hoy, con 80 kilos menos, me sigue queriendo tal como soy.

La relación con la comida

Antes todo entorno a la comida era un caos: no tenía horarios y raciones eran desmesuradas. Comía cuando me apetecía, cuando tenía un bajón de ánimo, cuando me sentía deprimida o, incluso, cuando estaba indispuesta. “El grueso” de mi plato consistía en pasta, galletas, patatas, ensaladas condimentados con mucho aceite o salsas y carne. No tenía el hábito de desayunar, pero cuando lo hacía el paquete de galletas completo con un vaso de cacao no me lo quitaba nadie. Era capaz de acabar medio kilo de pasta o una ensaladera completa, de aquellas que se ponen en el centro de la mesa para que se sirva toda la familia, con mucho aceite.

Cuando me daba ansiedad por el dolor de ovarios, obtenía extra energía de en un paquete de donettes, –¡8 unidades de estos pastelitos industriales rondan 700 kcal! — y una bolsa de doritos, un aperitivo de maíz frito con sabor a queso donde la módica cantidad de 150 gr que contiene la bolsa sumaba otros 750 Kcal. Tomaba esta mezcla de grasas, azúcar y sal todos los días durante una semana hasta que me pasaban los dolores. En mi nevera antes nunca podían faltar salsas, nata, mayonesa, bollería industrial, pan, pasta y latas de pescado en aceite; eran “los alimentos básicos de supervivencia” en mi despensa.

Un cambio que “ha valido la pena”

Ahora tengo 29 años y peso 59,85 Kg. Estoy consciente del esfuerzo que hice para conseguirlo: la cirugía ayuda, pero no hace milagros y durante años he seguido las pautas del nutricionista para llegar a mis objetivos. Ahora hago la compra de forma responsable, pensando en mi dieta y en la salud: jamás pueden faltarme en la nevera filetes de carne magra (pollo sin la piel, lomo de cerdo o ternera, todas ellas bajas en grasas), verduras como las espinacas, frutas de la temporada y, para ocasiones especiales, chocolate negro sin azúcar.

Mi analítica ha mejorado, igual que mi estado de salud general. Eso sí, tengo algo de anemia, un efecto bastante frecuente después de una cirugía bariátrica, que se está tratando. Anímicamente estoy un poco saturada, debido a la falta de costumbre de hacer cosas. Intento tomarme las cosas con calma, sin prisa, pero sin pausa.

En cuanto a la ocupación profesional, ya no me quedo sentada en casa. Trabajo como auxiliar de enfermería y tengo encaminado mi proyecto empresarial. En mi tiempo libre me gusta pasear, junto a mi perra y, ahora que me veo en forma, tengo ganas de ir al gimnasio, algo impensable en mi condición de antes.

Si tengo que resumir la experiencia, solo diría que vale muchísimo la pena. Para mí era como darme otra oportunidad en la vida, como volver a nacer. Mi consejo hacia los que ahora están como yo hace dos años es que no lo dejen para después. Lo que a primera vista parece enorme sacrificio, trae inimaginables beneficios para la salud y en cuanto al crecimiento personal y profesional. Es algo por lo que merece la pena luchar.  


[1] Los estudios de seguimiento se han realizado a través de ElectroImpedancia TANITA Medical Multifrecuencial, evaluando metabolismo basal, composición corporal total y segmental, índice de grasa visceral, tasa metabólica, equilibrio del agua y distribución corporal.

Cómo sobrevivir a los propósitos de septiembre

septiembre 7, 2014

sindrome postvacacionalRecuperar ilusiones y proyectos puede ser una buena forma de afrontar de nuevo la rutina. Las más básicas son perder los kilos ganados en vacaciones, hacer más ejercicio y la eterna asignatura pendiente del inglés.

La Voz de Gsalicia, por Blanca Hermida

Tensiones musculares, nerviosismo y ansiedad. Si usted sufre estos síntomas al regresar al trabajo probablemente esté pasando el tan temido síndrome postvacacional.un concepto que año tras año ha ido aumentando y haciéndose notar, se refiere a la ansiedad o presión emocional que se afronta al readaptarse a las tareas laborales después de un período vacacional. Y parece que es tendencia, que cada vez más hay personas que les cuesta adaptarse a la rutina. Los datos lo muestran. El 65% de los españoles sufren este bajón tras las vacaciones, según un estudio de Sanitas. Según los expertos, se manifiesta como una reacción de rechazo al trabajo en forma de tristeza, agitación, ansiedad, agobio, nerviosismo e irritabilidad.

Según un informe del Hospital Quirón, el regreso de las vacaciones puede provocar alteraciones como la falta de apetito, dolores musculares o irritabilidad, una situación que suele afectar más a menores de 45 años y a aquellos que se incorporan a la rutina sin una breve transición. Los expertos apuntan a que alrededor de un 20% de los afectados por este síndrome se recupera en uno o dos días mientras que un 35% tarda hasta dos semanas.

Y ante esta situación, ¿qué se puede hacer para evitar esa ansiedad? Pues cosas tan sencillas como programar el regreso a casa de manera anticipada y relajada, abordar antes las tareas más gratas, mantener una actitud proactiva y positiva en el trabajo, no llevarse trabajo a casa o practicar ejercicio físico moderado.

De hecho, el regresar al gimnasio (o probarlo por primera vez) era una de las metas que se planteaba a principios de año el 30 por ciento de los participantes en una encuesta. Después del verano, este porcentaje puede que incluso haya aumentado, ya que, según aseguran los expertos, durante las vacaciones se suele engordar una media de entre tres y cinco kilos por persona, en parte porque los españoles se dan también «vacaciones gastronómicas»; se come menos pero peor, como explica Rubén Bravo, especialista en nutrición y gastronomía del Instituto Médico Europeo de Obesidad (IMEO). «Los datos que manejamos en el Instituto son de entre tres y cinco kilos de media los que cogen los españoles en esta época del año. El problema es que esta cantidad posiblemente en kilos de grasa sea más y perderla es mucho más difícil, por lo que al final nuestro metabolismo se ve perjudicado porque estamos bajando nutrientes necesarios en la dieta», destaca el experto.

Por ese motivo ha recomendado trazar un «plan programado» que incluye una dieta equilibrada y ejercicio regular. «Si vamos a un plan rápido en el que queramos perder peso a celeridad alta al final tendremos efecto rebote y no vamos a tener los tres o cuatro que hemos cogido en verano sino que se van a sumar otros y podemos llegar a navidad con ocho kilos de más», ha advertido.

Así, Bravo ha asegurado de que los españoles «no se toman del todo en serio» la necesidad de llevar una alimentación equilibrada y solo ponen remedio al problema cuando los malos hábitos resienten la salud. «Los datos reflejan que entre el 60 y 65 por ciento de españoles tienen problemas de obesidad y el 30 por ciento de población infantil; hasta que no se ve el problema no saltan las alarmas», ha lamentado.

Por otra parte, en el listado de propósitos se incluyen otras metas, y un 27 por ciento de la población prefiere aprender idiomas, -siendo el inglés y el alemán los preferidos-, el 23 por ciento hacer más deporte, y con un 8 y un 6 por ciento se encuentran propósitos como bajar el colesterol, dejar de fumar y ahorrar más.

Para no perder la ilusión ni dejar de hacer estos propósitos a la primera de cambio, Niklas Gustafson, experto en nutrición y salud, señala que es necesario tener una orientación y asesoramiento a la hora de afrontar estos retos. «Una pequeña ayuda que se traducirá en satisfacción personal no solo por la consecución de los objetivos sino también por la constancia demostrada para alcanzarlos», ha asegurado.

Por su parte, psicólogos y especialistas coinciden en que la mayoría de «sueños rotos» vienen dados por metas irrealizables. «Los grandes objetivos son los grandes incumplidos», señala el doctor Pedro Rodríguez, y por eso este psicólogo y psicoterapeuta familiar recomienda prudencia y moderación a la hora de hacer la lista de quehaceres para el nuevo curso, como mucho, una o dos actividades.

Si no queremos que en un mes nuestros propósitos sean cosa del pasado, el doctor Iñaki Ferrando, director de Comunicación Médica de Sanitas, sugiere afrontar estos retos desde la psicología positiva, algo que se hace «viéndose a uno mismo como alguien capaz de hacer cosas, rodeándose de gente alegre y agradeciendo el mero hecho de estar vivos».

La positividad es una de las claves de éxito para el doctor Ferrando, para quien, «con una actitud positiva, moderada y equilibrada, todo se puede cumplir». Para la psicóloga y psicoterapeuta Blanca Armijo, el cumplir las metas vitales pasa por ser realistas, no esperar resultados inmediatos, procurar convertir los propósitos en un estilo de vida, y sobre todo, por «darse tiempo para reflexionar sobre el ideal de persona que cada uno tiene en mente y lo que verdaderamente nos proponemos alcanzar». Armijo entiende que el fracaso viene dado por el planteamiento de metas inalcanzables, que terminan siendo «agotadoras y nada satisfactorias», y que pueden llevarnos a «sentimientos de profunda tristeza e irritabilidad».

Sin embargo, no por ello hay que dejar de plantearse retos, aclara la doctora, pues el querer cambiar es un «síntoma evidente de salud», que indica que una persona se quiere «lo suficiente para visualizarse a sí misma de una manera y lucha por conseguir ser más sana, más atractiva, más inteligente, tener un mejor trabajo, pareja o familia».

 

Más del 70 por ciento de los saudíes tiene obesidad

agosto 26, 2014

Radio Intereconomía, por Suleiman al Asad

Image by © Celia PetersonHanady, de 26 años y 160 centímetros de altura, anda con mucha dificultad después de que su peso haya alcanzado los 120 kilogramos, aunque su sentido del humor le alivia el sufrimiento físico, ya que, según explicó a Efe, suele hacer bromas con sus amigas sobre su cuerpo.

Hanady es una de las millones de saudíes que padecen obesidad, cuyo porcentaje, según un estudio realizado por la Universidad del Rey Saud en Riad, supera el 70 por ciento de los habitantes.

Más de la mitad de los obesos saudíes, según el estudio, sufren de “obesidad letal”, lo que hace que Arabia Saudí figure entre los países más afectados por esta enfermedad.

“Mi familia me ha ayudado a perder peso en muchas ocasiones, pero siempre he fracasado en ello, y ahora me estoy preparando para que me hagan una operación de reducción de estómago, que es mi última esperanza”, destacó Hanady.

La joven intenta llevar una vida normal pero lo que más le molesta, dice, son las miradas cargadas de pena de las personas con las que se cruza.

“Sentirte que das pena a la gente es algo muy doloroso”, señala Hanady, que asegura además que cree que nunca podrá casarse si continúa así.

“Los hombres buscan a jóvenes esbeltas y nunca se fijarán en mí, aunque esto no conseguirá arruinarme la vida”, añade.

Faisal al Saadi, de 31 años, muestra un pesimismo mayor y explica a Efe que sobre todo se siente frustrado por no poder contraer matrimonio, ya que afirma haber pedido la mano a tres jóvenes y en las tres ocasiones fue rechazado, por lo que decidió olvidarse del tema.

“Siempre me ha gustado comer y nunca he podido resistir la tentación de la comida, por lo que me resulta muy difícil reducir las calorías que introduzco en mi cuerpo diariamente”, indica.

Al Saadi cuenta que sufre una profunda depresión, no solo por no poder casarse, sino porque desde pequeño no puede jugar al fútbol ni correr, como hacen sus amigos.

Además, debido a su obesidad, ha generado una diabetes, que también afecta a más de un millón de hombres y 775.000 mujeres saudíes, según las últimas cifras publicadas por el Ministerio de Sanidad, que afirman también que más de 20.000 saudíes mueren cada año por culpa de la obesidad.

Esta enfermedad supone un importante reto para Arabia Saudí, que gasta casi cinco mil millones de dólares anuales para tratar a sus ciudadanos afectados por la obesidad y el resto de enfermedades que derivan de ella.

El doctor Saleh al Qahtani comenta a Efe que los altos índices de obesidad en Arabia Saudí se explican por los insanos hábitos alimenticios que siguen sus ciudadanos, así como por la falta de actividad física y el excesivo tiempo que dedican a ver la televisión.

Al Qahtani añade que en el sur del país hay menos obesos por el tipo de vida que llevan los beduinos que viven allí, que suelen moverse mucho y hacer trabajos físicos.

Según este médico, miembro del Instituto Saudí de Obesidad, es muy importante desarrollar una estrategia nacional para acabar con la obesidad y así ahorrarle, además, importantes gastos al Gobierno saudí.

En su opinión, es preciso concienciar a los alumnos en las escuelas sobre los peligros de esta enfermedad, ayudarles a desarrollar hábitos sanos de comida y animarles a practicar deporte.

El Instituto Saudí de Obesidad, fundado en 2010, ha desplegado muchos esfuerzos para concienciar a los saudíes de los peligros de la obesidad, uno de los retos más grandes que enfrenta el país en materia de salud. EFE