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Una dieta de verduras, frutas y legumbres, un seguro de vida

agosto 29, 2014

dietas para vegetarianosSe confirma que los menús vegetarianos con una correcta planificación previenen las enfermedades

Noticias de Gipuskoa
, por Isabel Román

Una dieta basada en verduras, frutas, cereales y legumbres reduce la presión arterial y las posibilidades de una muerte prematura por enfermedades cardiovasculares y previene la diabetes. Además, las verduras son protectoras frente a algunos tipos de cáncer como los de pulmón, estómago y boca.

Hay diferentes dietas basadas en el consumo de verduras y cereales y distintos modelos de vegetarianos, desde el vegano, persona que basa su dieta en productos obtenidos de la tierra, hasta aquellos que incorporan leche y huevos en su dieta diaria; hay incluso vegetarianos que admiten el consumo de pescado y otros, denominados flexivegetarianos, que consumen ocasionalmente carnes blancas. Los motivos para adoptar una dieta vegetariana son diversos, desde la sensibilidad con los animales a los beneficios para la salud o la conciencia ecológica, ya que relacionan la ganadería extensiva con la destrucción del medio ambiente y el aumento del CO2 y el metano.

En 2012 la revista científica Archives of Internal Medicine publicó un estudio realizado a 120.000 personas durante 28 años que asoció el consumo de carne con el incremento de la mortalidad prematura por cáncer y enfermedades cardiovasculares. Según la Universidad de Harvard, aunque ya existían estudios previos que habían identificado la relación entre el consumo de carne y la diabetes, la enfermedad coronaria y ciertos cánceres, lo sorprendente es la magnitud, porque incluso “una pequeña cantidad de carne está asociada con un aumento significativo del riesgo a morir”.

Para Francisco Ruiz, que sigue una dieta vegetariana ovoláctea, “es importante que se abandone el discurso del déficit alimenticio, ya que hay muchas instituciones internacionales que indican que trae muchos beneficios para la salud”. No obstante, reconoce que no es la “panacea”, porque en algunas ocasiones se puede necesitar vitamina B12, obtenida de las proteínas de la carne, yodo o potasio, un déficit que el psicólogo compara con el que muchas personas omnívoras tienen de hierro o ácido fólico. Si bien es cierto que una dieta que incluya huevos y leche debe satisfacer todas las vitaminas, la planificación de los alimentos durante la transición de una dieta tradicional a una vegetariana es esencial para cumplir con la pirámide alimenticia.

El consumo de legumbres y productos integrales como el arroz y el trigo son primordiales. Según la Comisión Europea, las legumbres se consideran un tesoro por las proteínas que aportan y son comparables con las de la carne. Ruiz añade que la planificación de un patrón alimenticio es ideal para la creación de una rutina alimenticia sana y completa y que un cambio progresivo hacia la dieta vegetariana evita posibles cambios bruscos en el metabolismo.

Según un estudio de la Universidad de Oxford de 2002, la población que sigue una dieta vegetariana tiene un riesgo inferior a la morbimortalidad (muerte causada por enfermedades). Además, alimentos cotidianos en la dieta vegetariana como la fibra soluble, los frutos secos, los esteroles vegetales (legumbres, semillas, cereales integrales), la soja, los flavonoides y otros fitoquímicos reducen la posibilidades de enfermedades cardiovasculares. El consumo de fruta y verdura -de cinco a diez piezas diarias- reduce la presión arterial, y un estudio realizado en 2010 revela que existen beneficios preventivos para las personas con riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 con la ingesta de verduras, cereales integrales, legumbres y frutos secos.
Según el World Cancer Fund, las frutas y verduras son alimentos protectores frente a diferentes tipos de cáncer, como el de pulmón, boca, esófago y estómago ya que contienen una compleja mezcla de fitoquímicos.

Test para detectar dietas milagro

diciembre 19, 2012

Diez preguntas sencillas para detectar dietas ineficaces, fraudulentas o peligrosas para la salud

Por Julio Basulto / Laura Caorsi, Eroski Consumer

test dietas milagro by Alberto GEl 95% de los europeos considera, con buen criterio, que la obesidad es perjudicial para la salud. No obstante, nuestras cifras de sedentarismo son muy elevadas, mientras que los conocimientos sobre la relación entre alimentación y salud son más bien escasos. Apenas el 42% de los europeos sabe que la salud puede alterarse en función de los alimentos ingeridos. La combinación de estos “ingredientes” genera un caldo de cultivo muy propicio para que surja la llamada “charlatanería nutricional”, esto es, información falsa o errónea sobre alimentación que, por lo general, persigue fines comerciales y puede ser peligrosa para la salud. Su máximo exponente son las dietas milagrosas. A continuación se explica qué es una dieta milagro y se aporta un cuestionario práctico para detectarlas y no caer en la trampa.

Dietas milagro: qué son

Se podría definir a una “dieta milagro” como aquella que contiene promesas que suenan demasiado bonitas como para ser ciertas. La Estrategia Naos propone otra definición, quizá más acertada: son aquellas que prometen una rápida pérdida de peso sin apenas esfuerzo. Perder peso de forma rápida no es en absoluto aconsejable: puede causar graves problemas de salud, tal y como declara la American Obesity Treatment Association.

Un ejemplo de dieta que cumple con las dos definiciones anteriores es la “La dieta paleolítica”, que incluye la siguiente frase: “Puedes perder de 10 a 13,5 kg en un año tomando la misma cantidad de alimento y sin hacer ningún cambio en tus hábitos de ejercicio”. Tras leer una promesa así, u otra similar (imposible de cumplir según cualquier tratado serio de obesidad o de metabolismo energético), el mejor consejo es mirar hacia otra parte.

Sin embargo, a veces no es tarea fácil desenmascarar (o sea, quitar la máscara) a una dieta milagro, ya que, o bien se camufla bajo campañas publicitarias muy bien diseñadas, o bien cuenta con el aval de un “reputado experto” (que nunca lo es). Es más, en gran parte de las ocasiones, la dieta se acompaña de afirmaciones veraces mezcladas con otras que no lo son. Tal y como afirma el catedrático de Nutrición Abel Mariné, “de estas dietas cabe afirmar que tienen cosas buenas y originales, pero las buenas no son originales y las originales no son buenas”.

Test práctico: diez preguntas para detectar una dieta milagrosa

Las dietas milagrosas, en el mejor de los casos, son ineficaces. También pueden provocar el resultado contrario al esperado -el conocido “efecto yoyó”- y, peor aún, dañar nuestra salud. Ante la proliferación de estas dietas -cada vez más abundantes, variadas y sofisticadas-, el GREP-AEDN acaba de editar un documento denominado “¿Cómo identificar un producto, un método o una dieta ‘milagro’?”. El informe de este grupo de dietistas-nutricionistas aporta las claves para reconocer cuándo estamos ante una promesa dietética fraudulenta.

A partir de este informe, EROSKI CONSUMER propone un sencillo test, un cuestionario con diez preguntas clave para desenmascarar dietas milagro.

Si marcas un “sí” en cualquier ítem de la lista, es muy probable que te quieran tomar el pelo.
Si marcas dos “sí”, es casi seguro que la propuesta, además de ser engañosa, incumple la legislación.
Si marcas “sí” tres veces o más, corres un alto riesgo de perder tu salud a causa de la dieta o el “método” en cuestión.

La dieta…     Sí     No
1. ¿Promete resultados rápidos?
2. ¿Promete resultados asombrosos o “mágicos”? (una “cura milagrosa”, un “ingrediente secreto”, un “antiguo remedio” o un “quemador de grasas”).
3. ¿Prohíbe el consumo de un alimento o grupo de alimentos?
4. ¿Ofrece listados de alimentos “buenos” y “malos”?
5. ¿Presenta relatos, historias o testimonios para aportar credibilidad? (“La dieta con la que han adelgazado 30 millones de personas” o “Mary sobrevivió a un cáncer gracias a esta dieta”).
6. ¿Se puede autoadministrar o implementar sin la participación de profesionales sanitarios cualificados? (“hágalo usted mismo”).
7. ¿Atribuye “proezas” a determinados nutrientes? (“El omega-3 moviliza sus grasas” o “las proteínas sacian muchísimo”).
8. ¿Conlleva consumir “preparados” que vende quien promueve la “dieta” o el “método”?
9. ¿Contiene afirmaciones que sugieren que los “preparados” son seguros, ya que son “naturales”?
10. Los preparados que se consumen (productos dietéticos o similares), ¿tienen un coste muy elevado si los comparamos con el valor económico de obtener los mismos resultados mediante alimentos comunes?

Entre las dietas que cumplen todos o la mayoría de los puntos del anterior cuestionario, el GREP-AEDN ha desenmascarado a las siguientes: la “dieta de la Zona“, la “Isodieta“, la “dieta Dukan“, la “dieta enteral Planas“, el “método Pronokal®” y la “dieta flash“.

El consejo es claro: hay que alejarse de ellas. Si queremos prevenir enfermedades crónicas mediante la alimentación, es preciso seguir una alimentación saludable. Sus beneficios a largo plazo son innumerables. Y si padecemos obesidad o cualquier otra enfermedad, el primer paso es acudir sin demora a un profesional sanitario en toda regla.