Complicaciones derivadas de la obesidad en la infancia y la adolescencia

 Un 29,3% de los niños españoles entre los tres y los doce años sufre sobrepeso u obesidad; el 21,1% tiene sobrepeso y un 8,2% obesidad con el IMC superior a 30, según datos de la Fundación Thao.

La obesidad puede no ser heredada genéticamente, pero un hecho contundente es que los hijos adoptan los malos hábitos de los padres. Muchos menores se encuentran comiendo la misma cantidad de comida de un adulto y a veces son las propias madres que les inducen a la obesidad, animándoles a que acaben su plato. “Una infancia o adolescencia con problemas de peso, nos marcan una edad adulta de obesidad y sobrepeso, estamos condenando a nuestros hijos a padecer ésta enfermedad, por no dedicarle la importancia y el tiempo suficiente a enseñarles como comer, a favorecerles la actividad física y unos hábitos saludables. Transmitir una adecuada cultura alimenticia es también un acto de responsabilidad que repercute en la salud, igual o más importante que pagar su colegio, o cubrir sus necesidades básicas”, recuerda Bravo, supervisor del departamento de Endocrinología y Nutrición en el Instituto Méduci Europeo de la Obesidad (IMEO). Cuando esto no sucede y el niño crece obeso, surgen una serie de problemas: psicológicos (marginación escolar, pérdida de autoestima, alteración de la percepción del esquema corporal), respiratorias (insuficiencia pulmonar, apnea obstructiva del sueño), cardiovasculares (hipertensión arterial, colesterol e hígado graso), de crecimiento (aumento de la masa muscular, edad ósea adelantada, estatura aumentada y artrosis de rodillas) y estéticos (estrías y celulitis). 

Los primeros signos de aterosclerosis comienzan en la edad pediátrica. Para evitar dolencias cardiacas en el futuro, todo niño, adolescente o adulto con sobrepeso u obesidad, debería realizarse un estudio completo de los marcadores de riesgo cardiovascular, aumento del estrés oxidativo e inflamación con los cuales se pueda detectar precozmente la enfermedad. Las taquicardias reactivas al esfuerzo, los problemas de asma e insuficiencia cardiorrespiratoria, son cada día más frecuentes en los niños con obesidad. Todos estos problemas generan en el pequeño un rechazo total al esfuerzo y una falta de autoestima que refuerza negativamente esta situación.

La pobre imagen que tienen de sí mismos los niños obesos está relacionada con las sensaciones de inferioridad y rechazo, y explica su dificultad para hacer amigos. La discriminación por parte de los adultos o de los compañeros desencadena en ellos actitudes antisociales, que les conducen al aislamiento, depresión e inactividad, y frecuentemente producen aumento en la ingestión de alimentos, lo que a su vez agrava o al menos perpetúa la obesidad. Los adolescentes se ven influenciados en su forma de alimentarse dependiendo con quién comen, si sus amigos son obesos o no. Según algunos estudios, los niños que tienen sobrepeso consumen 300 calorías más cuando están con amigos de su mismo calibre, que cuando están con amigos más delgados, y que comen con más apetito y en cantidad cuando hay confianza que con niños recién conocidos, ambos de peso similar al suyo.

En la adolescencia, donde no sólo se forma el cuerpo, también lo hace la personalidad y el carácter, el concepto de sí mismo es de tal importancia que cualquier característica física que les diferencie del resto de sus compañeros tiene el potencial de convertirse en un problema más grave, disminuyendo su autoestima. Celulitis, taquicardia de esfuerzo, estrías, caída del pelo e incluso alteraciones menstruales son consecuencias directas de la obesidad que se viven por los adolescentes con verdadero sufrimiento. Otro problema es la vestimenta para chavales obesos, ya que es difícil encontrar artículos de moda para su talla. “Por todo esto, no extraña que los menores que acuden al IMEO presentan frecuentemente alteraciones del comportamiento, síntomas de depresión y ansiedad”, explica el especialista.

A partir de la adolescencia empiezan a aparecer algunos problemas psicológicos, como el desorden de conductas alimentarias y perturbación emocional por hábitos de ingesta erróneos. La modificación del comportamiento en estos casos puede ayudar a los adolescentes a controlar la obesidad. Consiste en reducir el consumo de calorías estableciendo un régimen bien equilibrado con los alimentos habituales y realizando cambios permanentes en los hábitos alimentarios, así como aumentar la actividad física. Si no se tiene la costumbre de acudir al gimnasio, se puede caminar, montar en bicicleta, nadar o bailar. La asistencia psicosociológica para ayudar a los adolescentes a enfrentarse con sus problemas y a combatir su escasa autoestima puede ser muy útil.

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: