Lo sensato es tomar la leche recomendada, ni más ni menos

Una investigación sueca publicada en ‘The British Medical Journal’ apunta un posible riesgo de muerte y fracturas en el consumo excesivo de leche. Expertos advierten de que no es un trabajo concluyente.

Correo Farmacéutico, por Ana Callejo Mora

consumo moderado de lácteosUn estudio observacional publicado en el último número de The British Medical Journal (BMJ) apunta que una elevada ingesta de leche en mujeres y hombres podría estar asociada con altas tasas de muerte y de fracturas, sobre todo de cadera. El trabajo, que ya adelantó correofarmaceutico.com el pasado miércoles, ha sido realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Uppsala y del Instituto Karolinska, ambos en Suecia, coordinados por el profesor Karl Michaëlsson.

Dos grandes grupos de población que habitaba en Suecia (61.433 mujeres de entre 39 y 74 años y 45.339 hombres de 45 a 79 años) cumplimentaron cuestionarios de frecuencia en el consumo de 96 alimentos. Las mujeres fueron seguidas 20 años, tiempo en el cual fallecieron 15.541 y sufrieron una fractura 17.252, de las que 4.259 se rompieron la cadera. En contra de lo esperado, los autores observaron que las mujeres que bebieron más de tres vasos de leche al día (680 ml) tuvieron un riesgo mayor de muerte que aquéllas que consumieron menos de un vaso al día (60 ml). En el caso de los hombres, seguidos durante 11 años, 10.112 murieron en ese periodo y 5.066 sufrieron una fractura, con 1.166 casos de fractura de cadera. Los varones también presentaron un mayor riesgo de muerte asociado a un mayor consumo de leche, aunque de forma menos pronunciada que en las mujeres.

“Como siempre en nutrición, en el medio está la virtud. El exceso en el consumo de cualquier alimento nunca es bueno”, considera María Ballesteros, vocal de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). La especialista puntualiza que, “al tratarse de un estudio observacional, tiene factores de confusión, pero sí que aporta una hipótesis interesante”. Los investigadores sospechan que esta asociación entre ingesta excesiva de leche y mortalidad y fracturas podría deberse a los niveles altos de lactosa y su metabolito, la galactosa, contenidos en la leche, puesto que previamente vieron en ratones que estos niveles incrementan el estrés oxidativo y la inflamación crónica.

“Para que un estudio como éste pueda llegar a tenerse en cuenta y hacer que cambie la recomendación nutricional actual habría que investigar más tipos de población y hacer un metaanálisis que confirmara estos datos”, explica Elena Alonso, vicedecana de la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo, de Madrid. Ballesteros, Alonso y el resto de expertos consultados por CF consideran que, mientras no se demuestren estas conclusiones, lo sensato es seguir las dosis recomendadas: de 2 a 4 raciones diarias de lácteos en la edad adulta.

Desde el Instituto Tomás Pascual Sanz son todavía más precavidos al valorar este trabajo. Consideran que es llamativo en su discusión y resultados, así como en su título, pero, como los mismos autores dicen en las conclusiones del estudio, éstas deben ser interpretadas con cautela, ya que es observacional. Además, opinan que los datos se basan en la respuesta a dos cuestionarios de frecuencia de consumo de alimentos que tienen algunas limitaciones, como infraestimación o sobreestimación del consumo de algunos alimentos por parte de los voluntarios.

“Se cree que con tomar leche basta para tener unos huesos fuertes, pero sin vitamina D el calcio de la leche no cumple esta función. De ahí la importancia de combinarla con alimentos ricos en vitamina D, como el pescado”, insiste Rubén Bravo, especialista en Nutrición y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Dentro de los pescados, “los que aportan más cantidad de esta vitamina son el atún, el bonito, el salmón -incluso ahumado-, el pez espada y las sardinas. Debe tomarse, al menos, 3 ó 4 veces por semana. No hace falta ingerir la leche en la misma comida que el pescado, pero sí el mismo día”.

LÁCTEOS CON POCA LACTOSA

En cuanto a los productos lácteos fermentados con bajo contenido en lactosa (incluidos yogur y queso), las asociaciones halladas por Michaëlsson fueron en la dirección opuesta. Vieron que las mujeres que tomaban cantidades altas de estos productos presentaban tasas más reducidas de mortalidad y fracturas, en comparación con las que ingerían menos cantidad de los citados lácteos.

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