Cenar temprano reduce el riesgo de sufrir cáncer de mama y próstata

Comer en horas tardías afecta a la salud según un estudio de ISGlobal

El Periódico / EFE

FILE - In this Tuesday July 31 2012 file photo a radiologist compares an image from earlier 2-D technology mammogram to the new 3-D Digital Breast Tomosynthesis mammography in Wichita Falls Texas The technology can detect much smaller cancers earlier Chances of dying from DCIS ductal carcinoma in situ a very early form of breast cancer are small but the disease is riskier for young women and blacks - disparities seen previously in more advanced cancer according to a large study published Thursday Aug 20 2015 in JAMA Oncology Torin Halsey Times Record News via AP mamografia

Cenar a una hora temprana o dejar un intervalo de al menos dos horas antes de irse a la cama se asocia en ambos casos con un menor riesgo de cánceres de mama y de próstata, según un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Según el trabajo, que publica la revista ‘International Journal of Cancer’, las personas que toman la cena antes de las 21:00 horas o esperan al menos dos horas antes de acostarse tienen cerca de un 20 % menos de riesgo de estos tipos de cáncer que las que hacen la comida nocturna después de las 22:00 horas o las que se acuestan inmediatamente después de cenar, respectivamente.

El investigador del ISGlobal Manolis Kogevinas ha destacado que, hasta ahora, los estudios en personas sobre alimentación y cáncer se habían concentrado en los patrones de la dieta, analizando por ejemplo si las personas comen carne roja, frutas o verduras, o bien estableciendo relaciones con la cantidad de alimentos y la obesidad. Sin embargo, no se había prestado atención a otros factores que rodean un acto tan cotidiano como el comer: las horas de ingesta y las actividades que se llevan a cabo antes y después, según Kogevinas.

«La evidencia reciente en estudios experimentales indica que el momento de comer es importante y muestra que hacerlo en horas tardías afecta a la salud», ha señalado el investigador.

El trabajo nocturno

El objetivo de este estudio fue evaluar si los horarios de comidas y de sueño pueden estar relacionados con el riesgo de padecer cánceres de mama y de próstata, que son dos de los cánceres más comunes en el mundo y que más se relacionan con el trabajo nocturno y la disrupción circadiana o alteración del reloj biológico.

En el marco del proyecto MCC-Spain, cofinanciado por el Consorcio de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), los investigadores evaluaron datos de 621 casos de cáncer de próstata y 1.205 de mama y de 872 hombres y 1.321 mujeres seleccionados al azar en centros de salud primaria de diferentes puntos de España.

El análisis lo hicieron a partir de datos recogidos en entrevistas sobre los horarios de comida, sueño y cronotipo y un cuestionario sobre hábitos de alimentación y cumplimiento de las recomendaciones de prevención del cáncer. «Nuestro estudio concluye que seguir patrones diurnos de alimentación se asocia con menos riesgo de cáncer», ha resumido Kogevinas.

Para el investigador, estos resultados «subrayan la importancia de tener en cuenta el ritmo circadiano en los estudios sobre dieta y cáncer». Además, en el caso de confirmarse estos resultados, «tendrán implicaciones en las recomendaciones sobre la prevención del cáncer, que actualmente no tienen en cuenta los horarios de las comidas». «Esto tendría especial repercusión en culturas como las del sur de Europa, donde la cena es tardía», ha añadido.

Metabolismo

Dora Romaguera, investigadora de ISGlobal que también ha participado en el trabajo, considera que «es necesario hacer más estudios en personas para conocer el porqué de estos resultados, pero todo apunta que la hora de ir a dormir afecta a nuestra capacidad de metabolizar la comida«.

La evidencia científica actual en animales muestra que el horario de las ingestas de alimentos tiene «implicaciones profundas en el metabolismo de los alimentos y en la salud», ha concluido Romaguera.

2 riesgos de los edulcorantes que no te esperabas

¿Y si te tomases algo con un fin y lo que lograses fuera justamente lo contrario? Los edulcorantes endulzan sin aportar calorías, pero si se abusa de ellos el cuerpo acaba pagando igualmente un precio.

Cuerpo Mente, por Claudina Navarro

Los edulcorantes son sustancias dulces con pocas o ninguna caloría utilizadas como alternativa al azúcar. Pero no todos son iguales. Cada edulcorante es un compuesto químico diferente y su comportamiento varía en el organismo.

Ahora bien, sobre todos recae una sospecha: la de que engañan al cuerpo y eso tiene sus consecuencias.

1. En vez de adelgazar, te engordan

Cuando tomamos un edulcorante, el cuerpo asocia el sabor dulce a las calorías. En respuesta, aumenta la producción de hormona insulina y se estimula el apetito. La consecuencia es que pueden provocar ganancia de peso, justo lo contrario de lo que se trata de conseguir con su consumo.

Podemos ofrecer al menos dos pruebas de este fenómeno. La primera es que los ganaderos utilizan edulcorantes como la sacarina para favorecer el engorde.

La segunda es el estudio realizado por el doctor Steven Stellman, de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), con 80.000 mujeres y que asocia el consumo de edulcorantes con aumento de peso.

2. Alteran tu microbiota intestinal

Uno de los procesos metabólicos alterados por los edulcorantes tiene que ver con la microbiota intestinal.

Un estudio realizado con ratones por investigadores del Weizmann Institute of Science (Israel) halló que la sacarina, la sucralosa y el aspartamo provocan modificaciones en la composición y el comportamiento de la flora intestinal que se relacionan con la tendencia a la obesidad.

Los edulcorantes más polémicos

En concreto, el aspartamo se ha relacionado con diferentes síntomas, como dolores de cabeza, pérdida de memoria, alteraciones de la visión e hiperactividad. En experimentación animal, ha provocado cáncer de cerebro, ganglios linfáticos y vías urinarias. Pero otros estudios no han confirmado estas sospechas y no hay un consenso científico.

En cuanto a la sacarina, el edulcorante más popular en los últimos años, tiene una historia controvertida. En experimentación animal y en altas dosis se ha asociado a cáncer de vejiga, pero los resultados no se han considerado extrapolables al ser humano.

La dextrosa, por su parte, es una forma de glucosa, un azúcar natural que se obtiene del trigo o el maíz.

La conclusión que podemos sacar de todos estos datos es que, en general, conviene evitar los edulcorantes, especialmente los edulcorantes que tienen más estudios en su contra: el aspartamo (E951 y E962), el acesulfamo (E950) y el ciclamato (E952).

Sin embargo, los edulcorantes más seguros, como los esteviósidos (E960) o el polvo de estevia, pueden utilizarse ocasionalmente en cantidades pequeñas.

Cómo sustituirlos

Como norma general, conviene moderar la presencia del sabor dulce en la dieta, aunque venga de la mano de sustancias naturales como el azúcar de caña integral, la miel o el sirope de agave.

El placer que proporciona este sabor puede obtenerse de manera más sana de ciertos alimentos. Puedes endulzar con frutas frescas enteras, desecadas u hortalizas como las zanahorias. Todos estos alimentos son dulces y además proporcionan una buena dosis de minerales, vitaminas y fibra.