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IMEO avisa de que el Plan de Sanidad para reducir la sal, azúcar y grasas “no afecta” a la mayoría de zumos infantiles

abril 10, 2018

Un análisis a fondo realizado por expertos en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) ha puesto de manifiesto que el Plan aprobado por el Ministerio de Sanidad para mejorar la composición de alimentos y reducir el contenido de sal, azúcar y grasas de cara a 2020 en más de 3.500 productos “no afecta” la mayoría de refrescos o zumos infantiles envasados, o disminuye la sustancia menos relevante en otros.

El Economista/ EP

“En países, como Canadá, el modelo voluntario hacia las empresas a la hora de reducir las cantidades de sal, azúcar y grasa en los alimentos industrializados ha fracasado”, ha explicado el portavoz del IMEO, Rubén Bravo. Asimismo, prosigue, en el caso del sodio, por ejemplo, se pedía disminuir la proporción en un 60 por ciento, cuando éste se utilizaba para mejorar el gusto, y en un porcentaje menor cuando desempeñaba un papel de conservación.

Ahora el organismo federal responsable de la salud pública canadiense exigirá que los alimentos que son ricos en estas sustancias se marquen en la parte delantera de sus envases y, si quieren evitar este logotipo negativo, los fabricantes tendrán que revisar y cambiar las recetas.

Otra medida adoptada por muchos países, tal y como ha argumentado el experto en Nutrición, es la subida de impuestos para aquellos productos que superan los 5 gramos de azúcar por cada 100 de producto. Dinamarca fue la primera en introducir el gravamen, si bien terminó eliminándolo dos años después tras ver que apenas tuvo efecto sobre el consumo de refrescos y bollería.

“Hay que aprender de los errores y buscar vías alternativas y eficaces para resolver un problema de salud que comienza por un cambio en los hábitos de consumo y por fomentar la cultura nutricional desde casa. Desde IMEO apelamos a la conciencia, tanto de las empresas como de las familias, a la hora de abordar el tema con responsabilidad, para que alimentación y salud vayan de la mano”, ha recalcado Bravo.

Además, ha asegurado que combatir desde la cesta de compra el excesivo consumo de sal, azúcar y grasas ayudará a prevenir tanto la obesidad, como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión o cáncer. Por todo ello y con el fin de afrontar el problema desde su raíz, los expertos del instituto ofrecen una serie de consejos prácticos, ejemplos saborizantes naturales y alternativas saludables a la hora de sustituir dichas sustancias o alimentos que muestran un contenido muy elevado.

“Combinados con otros potenciadores del sabor, como el glutamato y los edulcorantes, o las grasas, activan nuestra serotonina a nivel cerebral, desencadenando una sensación de placer y bienestar, con un efecto aditivo difícil de controlar en pacientes con ansiedad”, ha apostillado una nutricionista del IMEO, Andrea Marqués.

De hecho, la recomendación general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) limita la cantidad del azúcar, tanto añadida, como la presente de forma natural en los alimentos, al 10 por ciento de la ingesta calórica diaria, siendo lo deseado que ésta sea inferior del 5 por ciento para obtener beneficios para la salud.

“Hablamos de unos 25-50 gramos, equivalentes a 1-2 cucharadas soperas, dependiendo del peso y la edad de cada persona. Estas cantidades suelen superarse con frecuencia, debido a malos hábitos alimentarios, consumo frecuente de productos preparados, bollería industrial, zumos y refrescos con elevadas cantidades de azúcar añadido”, ha recalcado la experta.

Se estima que tres cuartas partes de la sal que se ingiere proviene de productos elaborados y procesados, si bien la recomendación de la OMS limita el consumo a los 5 gramos al día, que corresponden a 2 gramos de sodio y sería el equivalente de una cucharadita de café. En el caso de los niños menores de 14 años y en pacientes hipertensos esta cantidad se reduce a 3-4 gramos.

Respecto a la grasa, su consumo diario debe representar de 20 a 30 por ciento de la ingesta calórica total: entre 50 y 80 gramos en adultos y entre 30 y 40 gramos en niños. Sin embargo, las grasas saturadas que resultan perjudiciales para la salud y se encuentran en los lácteos enteros (mantequilla, nata, queso curado, leche entera), en las grasas vegetales de baja calidad (palma, palmiste, margarina) o en las carnes grasas (embutidos grasos, manteca de cerdo o de vaca) no deben superar el 10 por ciento de esa ingesta total, siendo ideal que fueran inferiores al 7 por ciento.

CONSEJOS PARA ENDULZAR LOS PLATOS SIN AZÚCAR

“Las opciones más utilizadas para endulzar un alimento sin añadirle azúcar son los edulcorantes y la miel, aunque últimamente se han ido introduciendo en nuestro entorno otros, como la panela (obtenida del jugo de la caña de azúcar, con minerales y vitaminas del grupo B) o el sirope de agave. A pesar de tener ventajas, no son la mejor opción, puesto que favorecen el desarrollo de numerosas patologías y mantienen el umbral del dulzor extraordinariamente alto, neutralizando el propio sabor del alimento”, ha argumentado una nutricionista clínica del IMEO, Carmen Escalada.

Por ello, ha asegurado que la manera “más sencilla” de endulzar los platos de manera saludable es usando fruta fresca, madura o deshidratada (manzana, plátano, higo y pera) o verduras dulces (calabaza, zanahoria y remolacha). Todas ellas se pueden emplear en recetas variadas para hacer masa de bizcochos, salsas o siropes, solas o mezcladas con leche o bebida vegetal, en ensaladas o guisos. Además, los platos quedan más coloridos y atractivos para los niños.

Otra opción para conseguir este efecto es recurrir a los frutos secos (almendras, avellanas, pistachos, nueces o castañas) y ciertas especias dulces (canela, vainilla, nuez moscada y jengibre). Además, hay hierbas aromáticas o especies picantes que pueden ayudar a reducir el consumo de sal en la dieta.

“En ensaladas o platos de carne y pescado se suele añadir albahaca, perejil, tomillo o romero, lo que aportaría un sabor fresco y refrescante al plato, pero también algunas propiedades medicinales, debido a su poder antiséptico, antiinflamatorio y antibacteriano”, ha aconsejado Escalada, para aseverar que la especies picantes como curri, pimienta roja, cayena, guindilla o chile son “ideales” para aderezar carnes adobadas, arroces, pescados o encurtidos, aportan sabon y pueden reducir la cantidad de alimento ingerida, debido a la presencia de capsaicina que ayuda a regular el apetito.

Respecto a las grasas, hay que evitar aquellas más perjudiciales para la salud como la de palma y los productos que tienden a contenerla, como ultraprocesados o bollería industrial. En este sentido, los expertos han recordado que el aceite de oliva virgen extra, por ser rico en grasas monoinsaturadas, ácido oleico y antioxidantes, ayuda a reducir el riesgo de enfermedades coronarias, así como los altos niveles de colesterol en la sangre, aunque se deben controlar las cantidades, porque es muy calórico.

“En general, recomendamos intentar evitar los productos procesados o elaborados ya que emplean la sal, el azúcar o las grasas como parte de su composición con el fin de aumentar su vida útil y hacerlos más apetecibles para los consumidores”, ha apuntado la nutricionista del IMEO Estefanía Ramo.

Por otra parte, prosiguen los alimentos de la dieta mediterránea con menor contenido de estas sustancias son las verduras y frutas frescas, el pescado blanco y azul, la carne magra, los cereales sin procesar, los frutos secos naturales, el aceite de oliva virgen extra y el agua.

Finamente, han recomendado tener “especial cuidado” con los aperitivos salados, las bebidas refrescantes, los néctares, bollería y pastelería, el pan de molde o envasado, galletas y cereales con importantes cantidades de azúcar, helados y polos comerciales, cremas y salsas procesadas, platos preparados y rebozados, derivados cárnicos ricos en grasa en los que la sal se emplea de conservante.

¿Cómo ahorrar en la cesta de la compra si quiero hacer dieta?

abril 10, 2018
  •  iAhorro.com, el comparador bancario líder en España que ayuda al usuario a la hora de economizar en los gastos habituales, ha comprado 32 alimentos en seis supermercados diferentes (Mercadona, DIA, Alcampo, Eroski, Carrefour, Hipercor) y ha encontrado una diferencia en la cesta de la compra de hasta 22,2 euros.
  • Elegir bien lo que se compra en cada supermercado nos puede ayudar a seguir una dieta sin gastar mucho dinero.

 

Con el verano a la vuelta de la esquina es hora de cuidarse.  La alimentación es clave para perder esos kilos que nos sobran, por eso es muy importante saber hacer la cesta de la compra. ¿Qué puedo comer? ¿Son más caros los alimentos sanos? ¿Es posible hacer dieta sin gastarse un dineral?

Con el fin de dar respuesta a estas preguntas hemos preparado este informe en el que ofrecemos cuatro ejemplos de menús para ponerse a dieta y una comparativa de precios de los 32 alimentos que componen esta cesta de la compra para dos semanas. Para recopilar los datos, hemos consultado los precios de estos alimentos en las webs de los supermercados: Mercadona, Eroski, DIA, Hipercor, Alcampo y Carrefour.

La cesta de la compra se lleva aproximadamente el 20% del presupuesto mensual, por eso comparar los precios es muy importante para ahorrarse unos eurillos a final de mes. En la gráfica 4 (al final del informe) podemos ver que en la misma cesta de la compra nos podemos ahorrar hasta 22,2 euros, según se haya hecho la compra en una super o en otro.  El monto total de estos 32 alimentos nos ha costado 65,46€ en Mercadona, 71,89€ en Alcampo, 73,01€ en DIA, 75,95€ en Carrefour, 80€ en Eroski y 87,66€ en Hipercor.

La crisis ha aumentado las ventas de productos más baratos

“En Europa la crisis ha empujado a los consumidores a buscar productos más baratos, y, en consecuencia, menos nutritivos. Una de cada dos personas en nuestro país sufre problemas de obesidad o sobrepeso y más de una cuarta parte de la población encuentra dificultades para llegar a fin del mes”, señalan desde el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Además, en 2017, según un informe de Nielsen 360, el precio de los productos frescos se incrementó un 2,8%. Todos ellos costaron de media más que doce meses atrás, siendo el pescado el que más se encareció, un 5,8%.

Desde el IMEO apuntan que en los últimos años han aumentado las ventas de pizzas, zumos envasados y refrescos con altos niveles de azúcar, bollería industrial y precocinados de poco precio, pero escasa calidad e índices calóricos muy elevados, lo que puede repercutir en un incremento de los casos de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares.

Qué tiene que tener nuestra cesta de la compra sana

“Lo primero que hay que hacer es reducir los alimentos procesados y eliminar los ultraprocesados. Los alimentos procesados son aquellos alterados por la adición o introducción de sustancias como aceite, azúcar, sal y/o aditivos, o que son transformados por diferentes métodos de conservación como salazón, encurtido, ahumado o curado. El objetivo de estos tratamientos es que sean más duraderos y más apetecibles, pero a la vez el producto que resulta se reconoce como una versión del alimento original. Entre ellos están: los frutos secos salados, el pescado ahumado, las verduras enlatadas, las frutas en almíbar, etc.”, explica la Doctora Emilia Cancer, miembro del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

La doctora Emilia Cancer ha diseñado cuadro modelos de menús diarios para saber qué tipo de alimentos deberíamos comprar si estamos pensando en seguir una dieta.

Esta experta de la SEEN destaca que para seguir unos hábitos de alimentación saludables hay que tomar como referencia las recomendaciones de la DIETA MEDITERRÁNEA. “Una dieta que incluya principalmente alimentos de origen vegetal, frutas, verduras, legumbres, frutos secos y harinas integrales de cereales. Lácteos desnatados para los adultos, mejor pescado que carne (y dentro de las carnes, mejor las que tienen menos grasa), y aceite de oliva como principal fuente de grasa”, apunta.

¿Es la cesta de la compra sana más cara?

“La cesta de la compra de una persona que sigue hábitos saludables no debería ser más cara siempre y cuando sepa hacer la compra. Los productos procesados pueden ser una ayuda, pero han mostrado muchas veces no tener una buena calidad nutricional por lo tanto no consiguen el objetivo de una alimentación saludable”, señalan desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).

Emilia Cancer afirma que hay alimentos como la verdura, la fruta o el pescado que son fundamentales en una alimentación saludable, pueden resultar caros para algunos bolsillos. “Se puede ahorrar si se compran las frutas de temporada, las verduras congeladas, o los pescados ultracongelados. Además, en relación con el consumo de alimentos proteicos no debemos olvidar que los huevos constituyen la mejor fuente nutricional de proteínas de alto valor biológico (y curiosamente es de las más baratas) y las legumbres, aunque el valor biológico de sus proteínas es algo menor pueden complementarse con cualquier cereal (arroz, pan, etc.) y constituyen la mejor fuente nutricional de fibra”, explica la doctora.

Los productos sustitutivos sí que aumentan el precio de la cesta de la compra

“Si pensamos en los productos destinados a dietas de adelgazamiento como pueden ser las barritas sustitutivas o los suplementos, se trata de productos caros sobre todo si comparamos el “precio de la caloría” con respecto a productos frescos. Estos productos solo se centran en la pérdida de peso (cuando lo consiguen) pero no en la reeducación de hábitos alimentarios que es lo esencial para no volver a estar a dieta. Así que se trata de dinero perdido, ya que muchas veces se recupera el peso y en algunas ocasiones en mayor proporción”, destacan desde la OCU.

Los alimentos frescos es una tipología de productos que más variabilidad de precios ofrecen entre distintos establecimientos. “Según nuestros estudios las diferencias entre unos supermercados u otros pueden ser de más del 100%. Por tanto, comprando en un supermercado con precios bajos en los productos frescos reduciremos el precio de seguir una dieta. También los productos integrales son más caros, de ahí nuestra reivindicación de disminuir el IVA de estos productos”, comentan desde la Organización de Consumidores.

 

Cómo ahorrar en la cesta de la compra saludable

El verano es un buen momento para ponerse a dieta porque el calor invita a comidas más ligeras y con menor densidad calórica.  Una opción es comprar en charcuterías y pescaderías ya que el vendedor nos ayudará a escoger mejor el género al mejor precio. “Para carnes, aves y pescados podemos comprar piezas enteras y pedir que nos la corten para poder congelar y así tener género para más tiempo. Comprar en estos puestos nos permite adecuar las cantidades a nuestras necesidades. Los envases o las porciones que sugieren los productos procesados no siempre se ajustan a la realidad, esto supone o comer de más o tirar alimentos. El desperdicio también es una vía de pérdida de dinero”, apuntan desde la OCU.

Lista de consejos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad

  1. Buscar un supermercado económico cerca de casa hace que podamos prescindir del coche y ahorrar en gasolina. Además, es bueno para el medioambiente.
  2. Llevar siempre la lista de compra hace que nos centremos en lo que necesitamos. Nos lo agradecerá el bolsillo y también la salud.
  3. Ir sin hambre hace que se nos antojen menos cosas y ayuda a resistir a la compra compulsiva. Cuando el apetito manda, solemos decantarnos por comida preparada, como pizzas, bollos, bebidas azucaradas o alimentos precocinados de poco precio pero escasa calidad e índices calóricos muy elevados.
  4. Ir sin prisa es primordial para poder procesar mejor la información del etiquetado: cantidad, precio, marca, fecha de caducidad, contenido y valor nutricional, calorías, grasas, etc. y escoger el producto más indicado para nuestras necesidades.

5.Planificar la compra de los menús semanales para no tirar las sobras. Si la unidad familiar se compone por una o dos personas, no necesitamos grandes cantidades. Podemos dar un buen uso de las monodosis y comprar packs de tres o cuatro lonchas de embutido o postres unitarios. Las tostadas integrales duran mucho más que una barra de pan y, además, nos permite controlar las cantidades.

  1. Comprar la verdura y la fruta a última hora de la tarde. En algunos mercados o supermercados suelen hacer muy buenas ofertas a éstas horas para no tirar el sobrante y lo podemos aprovechar.
  2. Comprar los yogures de medio litro en lugar de en raciones individuales. Este envase sale más económico, siempre y cuando no lo comamos de una sola vez.
  3. Comprar los no perecederos –leche, aceite, latas de pescado, botes de verdura, galletas…– en gran cantidad cuando hay buenas ofertas.
  4. Comprar los productos frescos por unidad. Si necesitamos dos manzanas o dos filetes, ¿porque llevarnos un kilo o más? A fin y al cabo comprar un producto fresco tiene sentido sólo cuando se consume al poco tiempo.
  5. A veces el formato ahorro “50% más”, o familiar no es más barato que los envases más pequeños.
  6. Ojo con las cosas de 1 euro. Muy probable el kilo sale a 10 euros, que no es nada barato. También se utiliza este truco para “abaratar visualmente” los productos de panadería, con precio de 100 gramos.
  7. Las legumbres engordan menos que los hidratos y cuestan más o menos lo mismo. La regla de oro que debemos utilizar, si no se quiere engordar, es más lentejas y menos arroz.
  8. El pescado es caro, pero necesario porque es fuente de Omega 3 y previene de enfermedades del corazón. Los nutricionistas recomiendan comer pescado 2 o 3 veces a la semana. Si no se quiere gastar en jurel, salmón, arenque, bacalao y mariscos, se puede optar por pescados asequibles como la panga o el atún enlatado.
  9. Cuidado con el envase antes de pesar el producto. Estos papeles tan gruesos de estraza pesan unos 20 o 30 gramos, y según lo que uno compra, le puedan cobrar el papel o el envase de plástico a precio de embutido, carne o pescado.
  10. Llevar siempre la bolsa de la compra. Es quizás el ahorro menos significante, ya que se ahorran sólo unos céntimos, pero la sensación de que cuidas el planeta no tiene precio.