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Proponen cambiar el concepto de «obeso»

abril 27, 2016

La Razón, por E. Villar
“Dicho de una persona: excesivamente gorda”. El diccionario de la Real Academia Española no lo pone demasiado fácil ni resuelve muchas dudas. Un obeso es alguien “excesivamente gordo”. Sin más. Desde el punto de vista médico, este concepto se vincula con el de un peso corporal superior al que debería ser en proporción a la altura del individuo, asociado a una cantidad demasiado elevada de grasas. ¿Nada más?

Ahora, un estudio internacional liderado por la Universidad de Granada ha “redefinido” el concepto que la ciencia tiene de obesidad, para determinar que se trata de un exceso de peso corporal (incluyendo mucha grasa, pero también mucho músculo) para una altura en particular, y no solo un exceso de grasa corporal como se había creído hasta ahora.

Para realizar la investigación, los investigadores analizaron los datos de más de 60.000 personas que fueron seguidas durante un promedio de 15 años para estudiar cómo factores como la obesidad predicen el riesgo de morir por enfermedad cardiovascular, informa la Universidad de Granada en un comunicado.

A diferencia de la mayoría de estudios de similares características, este trabajo evaluó no solo el peso y talla de los participantes, lo cual permite calcular el índice de masa corporal (IMC=peso(kg) dividido por la altura(m)2), sino que además evaluó también la cantidad de grasa y músculo de los participantes mediante la medición de pliegues cutáneos y en una submuestra de más de 30.000 participantes mediante pesaje hidroestático, lo cual es considerado como un método de referencia o ‘gold-standard’ para la medición de la grasa corporal.

El IMC lo propuso por primera vez Adolphe Quetelet en el año 1832, y se usa internacionalmente para definir cuando una persona tiene sobrepeso (IMC≥25kg/m2) u obesidad (IMC≥30kg/m2) y desde entonces hasta la fecha se ha usado en más de 100.000 artículos científicos publicados, siendo por tanto el índice antropométrico más empleado en todo el mundo.

Pero este sistema de catalogación no es, ni mucho menos, perfecto. “El IMC recibe al mismo tiempo muchas y muy fuertes críticas, por su falta de capacidad para discriminar si un alto peso corporal se debe a que la persona tiene mucha grasa, mucho músculo o ambos. Muchos autores proponen que se debería usar el porcentaje de grasa en lugar del IMC, sobre todo cuando se estudie en relación con la enfermedad cardiovascular”, explica el investigador de la UGR Francisco B. Ortega y responsable de la investigación.

En el estudio realizado en la UGR, sus autores se plantearon si realmente una medida precisa de la grasa corporal sería un predictor más potente de mortalidad por causa cardiovascular que el simple, barato y rápido de medir el IMC. Para sorpresa de muchos, el resultado fue justo lo opuesto: el IMC fue un predictor significativamente más potente que el porcentaje graso en la predicción del riesgo futuro de morir por enfermedad cardiovascular.

Es más, incluso cuando el análisis se restringió a la mitad de la muestra (30.000 personas), con estimación de la grasa corporal medida por el método de referencia del pesaje histrostático, un método extremadamente caro y complejo, aun así, el IMC fue el mayor predictor de mortalidad por causa cardiovascular.

¿Cómo es posible que el IMC que consiste en peso (que incluye grasa más músculo) relativo a altura, prediga mejor la enfermedad cardiovascular que indicadores precisos de la cantidad de grasa que tiene una persona?, se preguntan los investigadores. “Nosotros nos planteamos que una hipótesis posible sería que no solo grandes cantidades de grasa se asocien con mayor riesgo, sino quizás también grandes cantidades de músculo o masa no grasa”, apunta Ortega.

Para ello, los científicos de la UGR testaron esta hipótesis con los datos del presente estudio y se confirmó, lo que explicaría que el IMC, que es la suma de la grasa más el músculo y todo ello relativizado por la altura, sea a nivel epidemiológico más potente predictor de enfermedad cardiovascular futura que indicadores de la cantidad de grasa de forma aislada. En el estudio, los autores exponen diferentes mecanismos fisiológicos que pueden explicar estos resultados.

Esta investigación ofrece resultados novedosos y casi contradictorios con las creencias existentes y contribuye a entender mejor lo que es la obesidad y cómo esta se asocia con la enfermedad cardiovascular.

Esta investigación, pionera a nivel mundial, ha sido coordinada por Francisco B. Ortega, investigador Ramón y Cajal en la Facultad de Ciencias del Deporte de la UGR, y co-director del grupo de investigación PROFITH en colaboración con prestigiosos investigadores estadounidenses (el epidemiólogo Steven N Blair y el cardiólogo Charles J.Lavie). Su investigación ha sido publicada en la revista Mayo Clinic Proceedings.

La paradoja de la obesidad tan sólo beneficiaría a unas pocas personas

julio 28, 2014

Existe un pequeño grupo de población que es obesa y metabólicamente sana. En el resto de los casos el exceso de peso sólo sería cardioprotector si va acompañado de un índice de masa muscular magra alto.

Elena Alonso | Correo Farmacéutico

Tener sobrepeso u obesidad, históricamente relacionados con el síndrome metabólico, la hiperlipidemia y la enfermedad coronaria, podría tener también sus contrapartidas positivas. Así lo defienden dos estudios publicados este mes en Mayo Clinic Proceedings. Ambos han ahondado en el fenómeno que se conoce como paradoja de la obesidad.

Los datos obtenidos tras el examen, por parte de científicos del Centro Médico Downstate de la Universidad Estatal de Nueva York (Estados Unidos), de 36 metaanálisis determinaron que existe una mayor mortalidad global y CV e infarto de miocardio después de la resvascularización coronaria en los pacientes con bajo IMC y viceversa.

El porqué de momento pertenece en gran parte al terreno de la especulación.  Los autores señalan como principales explicaciones a este mejor pronóstico de los pacientes severamente obesos a ser más jóvenes que los de peso normal, o a que haya una mayor prevalencia de otros factores de riesgo asociados y susceptibilidad genética.

Francisco J. Rodríguez Rodrigo, profesor de Cardiología de la Universidad CEU San Pablo, advierte de que “no se debe confundir  un factor de riesgo con un marcador de riesgo. La obesidad estaría considerada como un factor de riesgo de desarrollar IC (Insuficiencia Cardiaca), pero no como un marcador de riesgo, ya que en estos pacientes mejorarían la evolución, al menos en el corto plazo”.

Una de las razones aducidas para entender la paradoja de la obesidad ha sido el atribuirla a la inexactitud del IMC a la hora de estimar la composición corporal. Rubén Bravo, del Instituto Médico Europeo de Obesidad (IMEO), cree que se debería optar por herramientas antropométricas que relacionan masa ósea, muscular y cantidad de agua. “Un culturista, según el IMC, tendría obesidad. Un obeso no tiene necesariamente que estar bien nutrido”. Rodríguez Rodrigo considera que es necesario mirar más allá del IMC y parámetros antropométricos: “Se requiere una mejor caracterización de la composición corporal (en especial de los individuos que se encuentran en los extremos de los valores de peso), mayor estudio de las ciocinas y adipocinas, y utilizar instrumentos de investigación como la absorciometría de rayos X de energía dual, la impedancia bioeléctrica o la espectroscopia”.

Parece ser que lo que realmente marca la diferencia es la cantidad de masa corporal magra (LMI, en sus siglas en inglés) que haya en el sujeto, independientemente de las grasas corporales y presente tanto en delgados como en obesos. Rodríguez Rodrigo explica que “la LMI mejoraría el rendimiento cardiorespiratorio y muscular con el consiguiente beneficio sobre el sistema cardiovascular”.

OBESIDAD ‘BUENA’

“La obesidad, en las primeras etapas prehistóricas, era un seguro de supervivencia, pero ahora se ha convertido en una desventaja porque tenemos el alimento a mano”, comenta Bravo.

Otro caso, no menos paradójico, es el pequeño porcentaje de obesos metabólicamente sanos (un 20 por ciento del total de población con obesidad mórbida). “Este paciente tiene una serie de proteínas que ayudan a su tejido celular, y actualmente están siendo estudiadas como dianas terapéuticas”, explica Francisco Tinahones, del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (Ciberobn).

Estos casos son excepcionales y en ningún caso se debe creer que estar con sobrepeso u obeso es bueno. Enrique Galve, presidente de la Sección de Riesgo Vascular y Rehabilitación Cardiaca de la SEC, compara la relación entre salud CV y obesidad con la existente en el tabaco: “Al fumador que le da un infarto puede mejorar dejando el hábito. Sin embargo, el que no fuma no tiene ese mecanismo, haciéndolo, paradójicamente, más vulnerable”.

De estos estudios se extraen tres conclusiones de las que da cuenta Galve: “Si se es obeso, mejor que sea a cuenta del peso magro; estar muy delgado conlleva un mal pronóstico y, pese a todo, estar muy obeso siempre conlleva riesgo”.

DIANAS TERAPÉUTICAS

En un estudio llevado a cabo por el departamento de Bioquímica y Fisiología  de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Rey Juan Carlos se señalaban algunas de las claves de las dianas terapéuticas obtenidas del análisis de los obesos sanos. Los autores, Gema Medina Gómez y Antonio Vidal-Puig, explicaban que esto es debido a que el adipocito está involucrado en una larga lista de procesos fisiológicos y, además, es el centro de disregulación de vías en distintas enfermedades: obesidad, diabetes mellitus, cáncer y estados de inflamación o infección. Muchos de estos procesos pueden explicarse según los distintos factores o adipocinas segregados por el adipocito. Francisco Tinahones, investigador del Ciberobn que ha estado varios años trabajando en este tema, explica que “tenemos previsto analizar alrededor de 40.000 genes, para poder extraer entre 80 y 90 dianas a fin de testarlas en modelos experimentales con animales”. El investigador considera que se trata de un campo de trabajo muy interesante, dado que no ha sido abordado aún en profundidad, y fuente de investigación de nuevos fármacos.