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Dietas para adelgazar con nombres curiosos y raros, ¿pero funcionan?

abril 18, 2018

No son las tradicionales, ni las más conocidas, pero lo cierto es que las peculiaridades de estas dietas las convierte en una opción atractiva.

Mujerhoy.com, por Raquel Alcolea

Quieres adelgazar? ¿Has ido retrasando tu puesta a punto para el verano y se te hace cuesta arriba la Operación Bikini? Es hora de trazar un plan. Te recordamos, antes de nada, que debes consultar a un nutricionista, pues no todas las dietas valen para todo el mundo y lo mejor es que trabajes con un profesional para saber cuál es la que te resulta más adecuada, si bien es cierto que algunas dietas resultan más atractivas gracias a sus peculiaridades. Te contamos las que, en los últimos años, más interés han despertado entre las usuarias de Mujerhoy y te explicamos por qué:

La dieta de las horas

Tu riesgo de engordar o tu dificultad para adelgazar tienen mucho que ver con las agujas del reloj. ¿Por qué no es lo mismo cenar a las ocho de la tarde que a las 10 de la noche? Lo explica la doctora Marta Garaulet, experta mundial en cronobiología. Tal como recoge el artículo de Marisol Guisasola citando a la experta Marta Garaulet, el secreto de este éxito se encuentra en que nuestra biología responde de forma diferente a las calorías que consumimos en horas distintas del día. Más sobre la dieta de las horas.

La dieta del bocadillo

El nombre de esta apuesta nutricional puede resultar curioso (por aquello de la demonización de los carbohidratos) pero lo cierto es que lo que propone la nutricionista Terica Uriol, co-autora junto a Ana María Pascual de ‘La dieta anti Dukan’ (Ediciones B), es más saludable de lo que parece. Según la experta, cuya máxima premisa es que “se puede adelgazar comiendo de todo”, la base de esta dieta reside en alimentarse tomando como referencia la pirámide nutricional, que indica qué tipo de alimentos hay que comer y también indica si hay que hacerlo en mayor o menor cantidad. Más sobre la dieta del bocadillo.

La dieta del dos

Se llama así porque el número 2 ayuda a recordar las raciones diarias de alimentos en esta propuesta de la doctora y nutricionista María Ángeles López Marín, de Centro Médico Rusiñol. Así, a diario deberíamos consumir 2 raciones de proteínas, 2 raciones de verduras de hoja verde, 2 raciones de frutas, 2 raciones de lácteos desnatados, 2 raciones de aceite de oliva virgen extra y como excepción que confirme la dieta, 1 ración de pan. Eso sí, se marcan salvedades en cuanto a cantidades y alimentos. Más sobre la dieta del dos.

La dieta lógica

La doctora en Nutrición Laura Isabel Arranz, impulsora de la Dieta Lógica, ofrece las pautas de la dieta lógica, que en España toma el modelo de la Dieta Mediterránea. Es una propuesta que tiene en cuenta la alimentación emocional y que destaca por la variedad de alimentos, especialmente frutas y verduras. Permite postres y meriendas a base de jugosas cerezas, rodajas de sandía o melón, y ensaladas con tomates de temporada, a las que podemos añadir ingredientes como semillas de sésamo, chía, e incluso, trocitos de fruta que llenan de cromatismo y de antioxidantes nuestras mesas. Más sobre la dieta lógica.

La dieta del 5-5-5

En esta dieta debes comer cinco veces al día haciendo especial énfasis en las frutas y verduras ricas en fibras y bajas en hidratos de carbono. Tantos cincos solo reflejan la consistencia con que debe llevarse este régimen para que funcione, pues debes comer cinco veces cada día de tu vida para perder el peso deseado. Deben ingerirse alimentos ricos en proteínas, grasas saludables y fibra, así como mantenerse lo más activo posible a lo largo del día. Más sobre la dieta del 5-5-5.

La dieta de los colores

Una de las máximas de la propuesta de la Doctora Montse Folch es hacer de la comida un acto placentero y no convertirlo en algo penoso.En líneas generales, las mujeres seguirán la pauta 3 + 3+ 3 (tres alimentos del grupo rojo, tres del amarillo y tres del marrón) y los hombres la de 4 + 4 + 4. Es importante combinar adecuadamente las raciones y grupos de alimentos recomendadas a lo largo de todo el día (cuatro de cada grupo). Para saber cuáles son los alimentos de cada color ficha más información sobre la dieta de los colores.

Dieta alcalina o del pH

Cada comida debe estar constituida por alimentos alcalinizantes en mayor proporción que los alimentos acidificantes. Hay que adaptar las proporciones a las circunstancias y las capacidades metabólicas de cada persona, es decir, consumir los alimentos ácidos cuando el organismo está preparado para ello: por ejemplo, para las personas llamadas “metabolizadores débiles” es mejor consumir la fruta por la tarde, cuando su metabolismo funciona a pleno rendimiento y tiene la capacidad de eliminar sus componentes ácidos sin problemas, según explica la nutricionista Isabel Belaustegui. Más sobre la dieta alcalina o del pH.

La dieta del vino y del jamón

Es una propuesta que generó una gran controversia cuando fue publicada en mujerhoy, debido a su “nombre como titular”, si bien la peculiaridad reside en el hecho de que, basándose en el control de los alimentos (verduras, frutas, legumbres, carnes y pescados, de forma equilibrada) se permite incluir el vino y el jamón a diario, eso sí, en cantidades muy limitadas. El creador de la propuesta es Ruben Bravo, experto en nutrición y gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad. Más sobre la dieta del vino y del jamón.

La dieta ketogénica

Es una dieta alta en grasas, baja-moderada en proteínas, y con muy bajo contenido en carbohidratos. En una dieta ketogénica el 75% de las calorías diarias proviene de la grasa, el 6% de las proteínas y el 2% de los carbohidratos. Originalmente su objetivo no es perder peso sino controlar los ataques en las personas epilépticas. Más sobre la dieta ketogénica.

La dieta ALEA

Los nutricionistas Roberto Cabo y María Astudillo, asesores científicos del programa ‘Dame veneno’ de Movistar+, proponen su propio método para reorientar los hábitos alimentarios, reordenar tu cerebro y tus ideas sobre la comida y dejar de comer por ansiedad. Más sobre la dieta ALEA.

Además de estas dietas, de las que hemos explicado unos apuntes, en los últimos meses han cobrado protagonismo la dieta DASH, dieta Weight Watchers, Dieta MIND, Dieta TCL y la dieta volumétrica. Aquí te damos las claves de estas dietas para adelgazar.

Eso sí, recuerda que la clave de la pérdida de peso con salud reside en la personalización de la alimentación, en lograr que nuestros hábitos de alimentación sean saludables, en la práctica de ejercicio y en el descanso.

Por qué no funcionan las tres dietas más buscadas

octubre 12, 2015

· La dieta alcalina, la Perricone y la 5:2 son nuevas variaciones de ‘dietas milagro’
· En la antigua Grecia, la “Díaita” hacía referencia al estilo de vida. Ahora solo buscamos bajar de peso a cualquier precio
· Dieta mediterránea y aceite de oliva reducen el riesgo de cáncer de mama

El País, por Julio Basulto Marset
vida saludable“¿Qué dieta funciona?”, es una de las búsquedas más comunes en Google. Pero “funcionar” y “dieta” son conceptos que no congenian, salvo para algunos charlatanes dietéticos que se inventan propuestas alimentarias, o se abrazarán a una “dieta milagro” ya existente, para prometernos un éxito garantizado y sin esfuerzo. Sus promesas convencen a miles de personas por dos motivos: nuestros conocimientos relacionados con la nutrición son escasos, y además estamos poco dispuestos, en general, a cambiar nuestros hábitos.

Las “dietas milagro”, como las denomina el Ministerio de Sanidad, suponen un riesgo para la salud. Lo peor es que algunos de estos legionarios de la dieta definitiva, por llamarlos de alguna manera, son nutricionistas titulados o incluso médicos en bata blanca. Son los más peligrosos. Uno de ellos se llama Pierre Dukan. Por fortuna, el Colegio de Médicos de su país lo expulsó en enero de 2014, lo que coincidió con el declive de su proteínico imperio.

¿Qué hemos aprendido de esta lección? Muy poco, a juzgar por lo que revela “Google Trends” con relación a las dietas más buscadas en Internet. Hablaremos de ellas en unas líneas, pero antes, miremos a los ojos a los conceptos “funcionar” y “dieta”.

Si entendemos por “funcionar” conseguir que la báscula marque una cifra que alguien ha decidido arbitrariamente, para que la aguja se mantenga allí in sæcula sæculorum, vamos mal encaminados. Si nos mencionan un peligroso constructo intelectual denominado “peso ideal”, no solo nos están timando, además están poniendo en riesgo nuestra delicada autoestima. El objetivo de la pérdida de peso no debería ser embellecer nuestra estética, sino mejorar la salud.

¿Y qué decir del cada vez más desvalorizado concepto “dieta”? En la Grecia clásica, tal y como reveló Montserrat Jufresa al periodista Antonio Ortí en marzo de 2015, la “Díaita” (de la que deriva el vocablo “dieta”), hacía referencia al estilo de vida, a la manera de vivir. La doctora Jufresa, catedrática emérita de filología griega en la Universidad de Barcelona, añadió que los pitagóricos aplicaban a esta palabra el equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu. Comer saludablemente todos los días, y no solo durante una temporada, realizar ejercicio físico a diario, mantener una buena relación con nuestros congéneres y respetar el medio ambiente, todo eso significaba seguir una buena dieta. Es más, la belleza para ellos no era ni mucho menos el “peso perfecto” sino que tenía un sentido ético. Era impensable ser bello siendo una mala persona. ¿Queda algo de este noble legado? Casi nada, porque la mayor parte de los habitantes de este mundo (incluyendo los griegos) entienden hoy como dieta un descabellado régimen de alimentación a seguir durante un tiempo, para volver más tarde a nuestros (malos) hábitos anteriores.

Vayamos pues a las búsquedas más habituales, según Google Trends, de dietas “que funcionan”. El oro se lo lleva la dieta alcalina, muy de moda en pacientes con cáncer, por más que los oncólogos abjuren de ella con inmisericordes denuncias. La base científica de esta “dieta” es tan sólida como el papel de fumar light: en teoría debemos seguir una alimentación que concuerde con el nivel de pH de la sangre. No voy a extenderme en las características de esta propuesta que se supone que es sana porque es “natural”. Basta con declarar que lo que comamos o bebamos (y eso incluye al vinagre o al zumo de limón) no alterará el pH de la sangre ni una pizca, como refirió en 2008 el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer.

La plata recae sobre la dieta Perricone, que toma su nombre de un adinerado dermatólogo americano. Como hemos apuntado antes, cuando el apellido de una dieta es el de un médico titulado, el peligro aumenta: el médico es una figura de incuestionable reputación cuya casi mística autoridad ejerce una atracción irresistible. Es un fenómeno psicosocial que merece un análisis aparte. En todo caso, este dermatólogo de Connecticut alude desde su estrado al peso ideal, justo después de garantizarnos el éxito en poco tiempo (es una dieta de tan solo tres días). Incluye, además, una lista de alimentos sanadores (básicamente, el salmón) y otra de alimentos prohibidos. Además, el señor Perricone nos vende carísimos complementos alimenticios con los que alcanzar el nirvana nutricional. Sus insostenibles promesas son falsas, pero los riesgos de confiar en ellas son veraces.

Y el dudoso honor del bronce lo ostenta la dieta 5:2. Si la busca en Internet verá que hay varios tipos de dieta 5:2. ¿Cuál es la buena? Buena, lo que se dice buena, ninguna. Seguramente nació inspirada en La dieta del ayuno intermitente, una propuesta que parte de una premisa tan simple como desatinada: la mitad del tiempo podremos comer lo que nos venga en gana, para purgar nuestros pecados en la otra mitad a base de ayunos y crudités. Tanto esta dieta como su sucesora, la dieta 5:2, utilizan una jerga pseudocientífica que persigue convencernos de que no tenemos ni idea de nutrición para que así caigamos en las manos de sus promotores, que nos guiarán por el recto camino. Tal y como indicó en mayo de 2013 NHS Choices, el mayor portal de salud del Reino Unido, esta dieta ni es eficaz ni es segura. Lo más sensato es ayunar de ella.

Si miramos de cerca las tres propuestas, podemos esbozar algunas características comunes.

– Contienen afirmaciones que contradicen conocimientos científicos bien establecidos.
– No aportan pruebas fiables de eficacia y seguridad en base a investigaciones rigurosas en humanos.
– Aluden a que sus propuestas son válidas por el hecho de ser “naturales”.
– Prometen resultados rápidos y sin esfuerzo.
– Detallan listados de alimentos permitidos y prohibidos.
– Es preciso consumir preparados que casualmente vende la persona que promueve el método.
– Se pueden administrar sin la revisión de profesionales sanitarios (“hágalo usted mismo”).

Como ven, para detectarlas no hace falta poseer una aguda sutileza de percepción: son un insulto al intelecto. Recuerde: cuando algo suena demasiado bonito como para ser verdad, es que no lo es.
Es posible que piensen que no he respondido a la pregunta con la que arrancaba este escrito. No lo he hecho porque no tiene respuesta, y porque en muchas ocasiones reconocer lo que no conviene hacer (es lo que he intentado en estas líneas) es más importante que saber qué debemos hacer. Es algo perfectamente aplicable a la nutrición humana, como bien demuestra el llamado “efecto yoyó”.

¿Quiere usted perder peso? Pues no haga dieta. Acuda al médico (un médico de verdad, no un terapeuta alternativo), para que decida si es preciso que usted pierda peso y además revise su estado de salud. A continuación, acuda a un dietista-nutricionista colegiado. Si es un buen profesional, no le “pondrá a dieta”, sino que pactará con usted para qué y cómo mejorar sus hábitos dietéticos, sin olvidar la importancia crucial del ejercicio físico. Cambiar nuestro estilo de vida y no hacer dieta, sino “Díaita”, ahí reside el milagro.