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No tiene ni idea de lo que es saludable

julio 12, 2017

La enorme cantidad de mercurio que los pescados azules de gran tamaño, como el atún o el emperador, acumulan en su grasa puede ser neurotóxica. Su omega 3 es esencial para el organismo, pero quizá nadie le había dicho antes los riesgos que se pueden derivan de su consumo en grandes cantidades.

Buenavida, El País
Llevar una vida saludable es tendencia. Tanto que una de cada tres familias, según según un estudio de la consultora Nielsen, ha vetado algún alimento o ingrediente en sus comidas en busca de una rutina más sana. Y es más: el 18% de los hogares en España sigue una dieta baja en grasas, aunque, según las encuestas de la Agencia Española de Consumo Seguridad Alimentaria y Nutrición, el 40% de los que siguen regímenes especiales lo hace sin la supervisión de un médico u otro profesional sanitario.

Y no solo en la dieta. Aquí le presentamos algunos peros de alimentos y hábitos que debería poner en entredicho si de verdad le preocupa llevar una vida saludable.

El pescado azul, con mucha moderación

Según un estudio del Instituto de Salud Carlos III, las mujeres españolas tienen en el organismo 10 veces más mercurio que los alemanes o los canadienses. ¿Por qué es malo? El mercurio está considera un neurotóxico que afecta al desarrollo infantil. Y la razón de la alta exposición de los españoles es su elevado consumo de pescados como el atún o el emperador. Las grandes especies están más expuestas a los contaminantes que hay en el mar. Aunque los pescados azules son ricos en omega 3, esencial para el organismo, la nutricionista de la Clínica Medicina Integrativa Elisa Blázquez advierte de que su consumo, especialmente por parte de mujeres embarazadas y niños, “puede resultar neurotóxico”. Por eso, aconseja no comer pescado azul más de dos veces al mes y elegir preferiblemente especies de pequeño tamaño como las sardinas o el boquerón, menos contaminados. “El mercurio tiene la capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica y afectar al sistema nervioso”, advierte.

Virginia Gómez, dietista-nutricionista del centro Nutrigandia, recuerda que la controversia siempre ha rondado a este alimento, con estudios en ocasiones contradictorios. “Los nutricionistas recomendamos reducir el consumo de este pescado por precaución”.

El lavavajillas para eliminar microbios

Lavan a temperaturas de hasta 65 grados centígrados y esta es, más allá de la comodidad, la razón de que muchas familias con niños lo elijan para “eliminar microbios”. Mal. La exposición a estos microorganismos hace que sea más difícil desarrollar alergias. Y no solo: un estudio sueco publicado en la revista Pediatrics concluye que los niños de familias que friegan a mano tienen menos eccema que los que usan lavaplatos (23% frente al 38%) y sólo el 1,7% de los pequeños donde los platos se limpian a base de estropajo tienen asma, frente al 7,3% de los niños de hogares en los que el lavavajillas friega el menaje.

La leche de vaca no tiene sustituto

La moda de las bebidas con estractos de soja, avena, arroz u otros son cada vez más una alternativa para los intolerantes a la lactosa. Pero Camilo Silva, endocrinólogo de la Clínica Universidad de Navarra, advierte de que dejar de tomar leche de vaca “podría limitar innecesariamente la ingesta de calcio y el aporte de vitaminas A, D, E y B”. Y remarca que “no es fácil sustituir las propiedades de este alimento”.

Los rollitos primavera son una bomba

¿Crep crujiente rellena de verduras? Parece de lo más saludable que se puede pedir en una carta cuando salimos a cenar; pero no. Los rollitos de primavera forman patre de aquellos alimentos que los nutricionistas eliminarían de la faz de la tierra si pudieran. “El elevado contenido de grasas saturadas que contienen los aceites que suelen emplear en los restaurantes de corte asiático junto con las harinas refinadas que utilizan para los rebozados promueven el aumento de colesterol y sobrepeso”, advierte Rubén Bravo, experto en Nutrición y Gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad. “Hinchazón abdominal, indigestiones, pesadez digestiva y, en casos extremos, diarreas o intoxicaciones” son algunas de las consecuencias que describe.

Mascarillas de papel contra la contaminación

Cualquier día de alta intensidad de contaminación ambiental en algún país asiático; las imágenes que llegan desde allí nos muestran a los viandantes protegidos con mascarillas de papel. Lamentablemente no sirven de nada. “Aunque no dejan pasar las partículas grandes, las más pequeñas (0,1 micras) pasan fácilmente hasta el final del aparato respiratorio -incluso al torrente sanguíneo- y causan problemas”, aclara Carmen Diego, coordinadora del Área de Medioambiente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ). Y “no hay mascarilla que valga” para protegerse de los gases contaminantes. Las más sofisticadas, con filtro incorporado, “son mejores que las de papel pero que tampoco evitan que respiremos aire contaminado”, insiste Carmen Diego.

Aceite de oliva: lea la etiqueta

“El aceite de oliva es el mejor”. En las últimas décadas este alimento ha pasado por ser demonizado y alabado por estudios diversos hasta que esta ha sido la conclusión a la que hemos llegado; pero con matices. Tal y como explica Marta Miguel, doctora e investigadora del CSIC en el Instituto de Investigación en Ciencias de Alimentación, “el aceite de oliva recomendado es el que lleva el apellido virgen o virgen extra: son aquellos que se han producido a través de procedimientos mecánicos. Es decir, simplemente se ha exprimido la aceituna hasta conseguir ese zumo natural que sería el aceite”.

Si en la etiqueta solo se indica aceite de oliva “sin ningún otro apellido, significa que después de exprimirse la aceituna se ha seguido otro procedimiento y existiría algún tipo de refinamiento con otros productos”.

El brócoli también tiene peros

La OMS remarca sus propiedades antioxidantes, su aportación en la prevención del cáncer y su capacidad para combatir el colesterol. Pero los nutricionistas advierten de que el brócoli tiene también un lado oscuro: las mismas sustancias responsables de su olor caracteristico, común en toda la familia de las crucíferas (coliflor, repollo o col), tienen también la capacidad de bloquear la utilización y absorción de yodo, “con lo que frenan la actividad de la glándula tiroidea”, según explica David Mariscal, director de la Clínica Mariscal, en Madrid.

Este efecto se mitiga si se cocinan las verduras, pero según cómo se haga será la dentadura la que se vea afectada.“Todo nuestro aparato masticatorio está diseñado para incidir, desgarrar y moler. La dieta debe ser dura, seca y fibrosa. Los dentistas recomendamos que se incremente el consumo de verdura fresca, porque la consistencia de una verdura cruda, la textura, hace que el propio alimento haga un efecto de barrido sobre los dientes, y además incremente el flujo de saliva, la cual protege contra la caries”, advierte Irene Iglesias Rubio, directora de la clínica dental e-Boca, en Segovia.

Además, el brócoli asado al horno aumenta su acidez hasta el nivel de las bebidas carbonatadas y, por tanto, se incrementa su caracter corrosivo, según detectó una investigación de la Universidad de Dundee (Reino Unido).

Un smoothie es como dos Big Mac

Tienen todo el aspecto de sano: 500 mililitros de pulpa de fruta con hielo o leche, parece un desayuno casi perfecto. Un estudio publicado por LiveLighter ha desvelado que estas bebidas contienen más calorías que una hamburguesa y más azúcar que un refresco de cola. ¿Por qué? Un solo trago contiene una enorme cantidad de fructosa a lo que se suma el azúcar contenido en otros ingredientes habituales en los smoothie, como la leche o el yogur.
Cuando se trata de preparados industriales, el panorama empeora. El diario NY Times alertaba especialmente de uno llamado The Hulk Strawberry. Se comercializa en un tamaño de alrededor de medio litro -lo que suponen 125 gramos de azúcar- y aporta nada menos que 1.000 calorías, el equivalente a dos Big Mac.

El ‘crossfit’ le puede dejar sin defensas

Hacer ejercicio es más importante para nuestro cuerpo que el peso corporal. Pero hay deportes que practicados en exceso pueden terminar ocasionando el efecto contrario al que buscábamos. Una investigación dirigida por el doctor Ramires Tibana, de la Universidad de Brasilia, determinó que la práctica de ejercicio tan intenso como el crossfit sin dejar descansar el cuerpo al menos un día entre sesiones puede debilitar el sistema inmunológico.

Aunque el estudio de Tibana necesita, según sus propias conclusión, continuarse con una investigación longitudinal y más entrenamiento, para el doctor y su equipo los resultados permiten recomendar moderación: “No se encontró ningún efecto negativo en la musculatura, pero sí se halaron indicios de las consecuencias que dos días seguidos de esta práctica pueden tener sobre el sistema inmunológico”. El equipo de expertos midió los niveles de citoquinas -proteínas implicadas en la respuesta inmune, la inflamación y la reproducción celular, entre otras- y el panel metabólico, además del poder del músculo antes y después de cada sesión de crossfit a los nueve hombres que participaron en el estudio. El nivel de citoquinas disminuyó después del segundo entrenamiento cuando este se realizó sin permitir un descanso al cuerpo.

Una pieza de fruta para cenar

Lo de “yo esta noche ceno piña” no es la mejor idea para contrarrestar un día en el chiringuito de la playa. La fruta contiene agua, fibra, vitaminas, minerales e hidratos de carbono. Son estos últimos los que nos fastidian el plan de la cena ligerita. “Como los hidratos de carbono son una fuente de energía, es mejor consumirlos cuando nos vayamos a mantener activos”, razona Iris de Luna, endocrinóloga del Hospital Universitario Quirón Salud Madrid.
Por la noche, el metabolismo baja el ritmo. Además, el hígado almacena más azúcares en forma de glucógeno y, cuando los depósitos de glucógeno están llenos, el exceso de azúcares se transforman en triglicéridos. Los mismo ocurre con la fructosa, el azúcar de absorción rápida que contienen las frutas. Por eso la doctora es clara: “En un plan de adelgazamiento, no es recomendable sustituir la cena por fruta”.

Los alimentos sin gluten

Un tercio de la población de Estados Unidos ha eliminado el gluten de su dieta. En España, la oferta para las personas con alergia e intolerancia a este ingrediente está provocando el mismo efecto llamada para el resto. Pero el hecho de que una parte de la población necesite privarse de un alimento no es sinónimo de que hacerlo sea más saludable per se. Camilo Silva, especialista en Endocrinología y Nutrición de la Clínica Universidad de Navarra, alerta de que “eliminar el gluten de la dieta podría derivar en una dieta menos saludable, con un aumento de la ingesta de carnes o quesos magros, pero también podría complicar la dieta en personas con enfermedades, como la diabetes”.

Aparte de las consecuencias que puede tener para la salud, el bolsillo también se ve afectado, pues este tipo de alimentos son más caros. “Hay que tener en cuenta que la dieta antigluten puede encarecer la cesta de la compra 1.400 euros al año por persona”.

La panacea de lo ecológico

Cada vez más productos llevan la etiqueta de ecológico en sus envases. Parece difícil resistirse a una moda que promete ser más amable con el planeta, al tiempo que trae a nuestra mesa alimentos con mejor sabor y más saludables. Pero una cosa es la promesa y otra la realidad detrás de lo ecológico. El bioquímico José Miguel Mulet, autor de Los productos naturales, vaya timo (Laetoli), considera que entregarse a estos productos no es más sano: “La calidad nutricional es similar tanto en convencional como en ecológico. Otra cuestión es la seguridad alimentaria, donde queda claro que las mayores alertas se han producido en ecológico, empezando por la crisis del 2011 que ocasionó 47 víctimas”.

Además, no estamos protegiendo el planeta, al contrario: los productos ecológicos tienen una mayor huella ambiental.

La obesidad aumenta el riesgo de alergias

marzo 8, 2013

El cambio estacional pone a prueba nuestras defensas y se pueden disparar los casos de alergias respiratorias y digestivas, así como ataques de ansiedad, depresión o fatiga, alertan del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO)

Doctor comforting patient in hospital bedEn ésta época del año, con un tiempo cambiante, cuando la ola de frío retarda la llegada de la primavera,  generalmente experimentamos un descenso de las defensas y nos volvemos más propensos a los ataques de algunas alergias, sobretodo aquellas que causan problemas respiratorios y digestivos o guardan relación con estados anímicos de ansiedad, depresión, estrés o fatiga. En las personas con sobrepeso y obesidad aumenta considerablemente el riesgo de sufrir este tipo de alergias, advierten los expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Para evitar posibles complicaciones, se aconseja tomar medidas para reforzar el sistema inmune, perder peso y descartar posibles intolerancias alimenticias que se pueden dar. 

Asma y dificultad respiratoria en personas con obesidad

“En la sociedad actual en que vivimos hay una tendencia de aumento de los casos de obesidad y también crece el número de personas que sufren alergias, pero no solemos establecer una relación clara entre estas dos epidemias”, apunta Rubén Bravo, portavoz del IMEO. Hay que tomar conciencia que la obesidad, junto con otros agentes genéticos, medioambientales, intolerancias alimenticias, hongos o características climáticas, es un factor clave que influye el desarrollo y la expresión de algunas alergias, como el asma, capacidad respiratoria reducida, trastornos gastrointestinales o intolerancias alimenticias. “El exceso de peso hace que se produzca un cambio importante en el organismo con relación a las proteínas que regulan las células del sistema inmune, lo que implica tener una menor tolerancia inmunológica al contacto con antígenos extraños”, explica el especialista. Por esta razón no es casual que en días de niebla, humedad y falta de viento empeora el estado de personas con asma bronquial. En este ambiente climático es más fácil que se irriten y estrechen los bronquios, dificultando el paso del aire a los pulmones. El moco de las vías respiratorias se hace más espeso y difícil de eliminar de las vías aéreas.

Varios trabajos científicos aportan luz al tema. Un estudio realizado por el Kaiser Permanente Center for Health Research con más de 1.100 pacientes demuestra que las probabilidades de ser ingresados a causa del asma son cinco veces mayores en personas con exceso de peso. Otra investigación realizada por la Sociedad Europea de Enfermedades Respiratorias a lo largo de once años que se expresa en el seguimiento de 23.245 adultos, de entre 19 y los 55 años de edad, todos ellos sin asma en la etapa inicial, ha demostrado que las personas obesas son 1,44 veces más propensas a sufrir de asma que el resto de la población. Pero si además tienen prevalencia de grasa abdominal, el riesgo de sufrir asma es mucho mayor (1,81). Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año mueren cerca de 250 mil personas en el mundo por causa de asma.

Alergias alimentarias y trastorno gastrointestinal asociados a la obesidad

Otra de las reacciones alérgicas que se dan en el organismo cuando su sistema inmunológico no funciona bien son las intolerancias alimenticias. Son difíciles de detectar y se pueden desencadenar por la ingestión, inhalación o el simple contacto con algún tipo de alimento. En una persona la alergia alimenticia puede manifestarse por síntomas muy diferentes: desde asma o trastornos respiratorios hasta retención de líquidos y problemas digestivos como gases, estreñimiento, etc.

“En el IMEO hemos comprobado que en personas obesas que no responden a los tratamientos habituales de adelgazamiento, se han experimentado pérdidas de peso, al eliminar de la dieta alimentos frente a los que se presenta una sensibilidad alta”, señala el portavoz de la entidad Rubén Bravo. Algunas veces se trata de un “rechazo natural” hacia algunos productos básicos, como son la leche de vaca, los huevos, algunos mariscos, la soja, el trigo, las frutas y los frutos secos. Una forma inequívoca de identificarlos es a través de un test de intolerancia alimentaria que dura aproximadamente 30 minutos, se hace sin necesidad de extraer sangre mediante una técnica de Biorresonancia Magnética. Este diagnóstico permite detectar qué alimentos son inconvenientes para una persona y diseñar un plan nutricional acorde los datos. De este modo se puede perder peso de forma efectiva y se refuerza el sistema inmune. Los resultados obtenidos en el IMEO nos demuestran que en más de dos tercios de los casos se han producido mejorías importantes. Debido a los cambios efectuados en la digestión, el cuerpo comienza a deshincharse, ya que retiene menos líquido. A cabo de poco tiempo, observamos un incremento de la vitalidad y un menor riesgo en la persona de sufrir enfermedades asociadas a un sistema inmunológico débil, como son la dificultad respiratoria, el asma y la rinitis. La supresión de los alimentos que nos pueden causar alergias tiene otro gran beneficio. A nivel anímico, disminuyen los ataques de ansiedad y depresión, a nivel físico nos encontramos con más fuerza y la fatiga desaparece.

El test de intolerancias alimenticias es de mucha utilidad en el tratamiento de personas con problemas de sobrepeso y obesidad, pero también se recomienda a pacientes con dificultades respiratorias o trastornos gastrointestinales.

Consejos prácticos a nivel nutricional

Con el fin de “neutralizar” la capacidad alergénica de algunos alimentos, se aconseja consumirlos procesados, ya que de este modo se pueden desnaturalizar las proteínas. Las técnicas más eficaces son el tratamiento de alta presión, la fermentación o el refinado de aceite. “En algunos casos se podrían tomar como suplemento ciertas enzimas, siempre bajo control médico, que ayudan a inactivar el alérgeno y, en cierto modo, podrían compensar algunas deficiencias del organismo”, aconseja Bravo. Las enzimas amilasas, por ejemplo, se utilizan para deparar hidratos de carbono, la enzima proteolítica para las proteínas y las enzimas lipolíticas en el caso de alergia a grasas. Las personas que son alérgicas a la lactosa pueden tomar la enzima conocida como lactasa que ayuda en la digestión de productos lácteos. La intolerancia a las hortalizas y legumbres también se puede mitigar con la terapia con enzimas, utilizando la que se denomina alfa-galactosidasa.