Coronavirus: qué alimentos comprar ante una cuarentena

CuidatePlus Marca, por Joanna Guillén Valera
Ante situaciones de emergencia son muchos los que acuden a centros comerciales a comprar productos y alimentos sin control y sin pensar realmente en lo que necesitarán, ni en sus características nutricionales. Desde CuídatePlus, ofrecemos una serie de consejos para hacer una lista de la compra coherente en este tipo de situaciones.

La mayoría de las personas, en casos de emergencia, compran productos congelados y ultraprocesados.

A la hora de planificar la compra de alimentos para llenar la despensa a largo plazo, es importante considerar sobre todo los alimentos que tengan una vida útil muy amplia y también que sean, en la medida de lo posible, no perecederos. 

El primer consejo será mantener la calma y hacer una lista de la compra por grupos, en función del número y tipología de personas para los que se van a comprar los alimentos, ya que no es lo mismo hacer la compra para niños que para adultos o mayores.

Un error común que se observa en este tipo de situaciones es que se compra casi la totalidad de los alimentos congelados y ultraprocesados, asociados a una fecha de caducidad más amplia, algo que es un error ya que no hay que olvidar que muchos de estos productos utilizan como “conservadores”, altas cantidades de sal, azúcar añadido o grasas saturadas “que son perjudiciales para la salud”.

Ante situaciones de emergencia, lo habitual es “encontrar gente haciendo compras de forma compulsiva, sin tener una idea de la cantidad de alimentos que deben comprar, ni de las fechas de caducidad o si son perecederos o no”, constata Estefanía Ramo, diplomada en Nutrición y Dietética y Licenciada en Tecnología de los Alimentos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO)

Según la experta, los grupos de alimentos indispensables en una lista de compra que se realiza con vistas a largo plazo debería incluir, a nivel general:

  • Cereales: harina, arroz, pasta, pan precocinado congelado o elaborado casero, cereales de desayuno enriquecidos en hierro y copos de avena, ambos sin azúcar añadido.
     
  • Legumbres: garbanzos, lentejas, judías pintas y judías blancas, todos ellos frescos o en conserva, guisantes congelados o en conserva, quinoa fresca, edamames congelados.
     
  • Verduras y hortalizas: en conservas o congelados como, por ejemplo, espinacas, acelgas, judías verdes, zanahorias, cardo, calabaza, menestra de verduras, patatas y tomate entero o triturado al natural; cebolla y cabezas de ajo crudos; purés de verduras envasados bajos en sal.
     
  • Frutas y frutos secos: conservas al natural de piña y melocotón, fruta deshidratada o confitada, mermeladas, papillas de fruta y zumos sin azúcar añadido esterilizados; frutos secos naturales o ligeramente tostados, como nueces, almendras, avellanas o pistachos.
     
  • Carnes y productos curados o en salazón: pata de jamón serrano o loncheado y envasado al vacío, cecina y lomo embuchado; ternera, pollo y cerdo para congelar en casa fileteados o troceados.
     
  • Pescados y mariscos: salazones de bacalao y atún, conservas de pescado al natural o en aceite de oliva (sardinas, atún o ventresca), conservas de marisco al natural (almejas, mejillones o berberechos); alimentos perecederos como merluza, dorada o salmón para congelar en casa y aumentar su vida útil.
     
  • Lácteos: leche en polvo, leche UHT, yogures esterilizados y quesos curados.
     
  • Grasasaceites y vinagres: aceite de oliva virgen extra, vinagres.
     
  • Cafés, tés y especias: café, tés, infusiones, sal, azúcar moreno, especias, hierbas, condimentos, levadura.
     
  • Dulces: chocolate negro, cacao puro sin azúcar añadido en polvo.

Sobre los productos perecederos Paula Crespo,  presidenta del Colegio de Dietistas y Nutricionistas de la Comunidad Valenciana indica: “A pesar de que es conveniente comprar productos frescos lo menos posible, sí se podrían comprar determinados tipos de hortalizas que aguantan mucho y muy bien el paso del tiempo, como es el caso de la col, la coliflor, la col lombarda, las zanahorias o las cebollas”. 

Por otro lado, se descartarían “el brócoli y alimentos como la lechuga o los tomates”. En este sentido, la experta recuerda que, para su conservación es mejor tenerlas fuera de la nevera “que es donde más tiempo aguantan, a diferencia de lo que la gente piensa y hace”. 

Otra opción, si se opta por este tipo de productos, es someterlos a tratamientos conservadores para que “aumenten su vida útil”, aconseja Ramo. Algunos ejemplos de estos procesos serían el escaldado, el congelado o el envasado al vacío. 

En cuanto a las frutas, Crespo hace una distinción entre las climatéricas y las no climatéricas. “Las primeras son aquellas cuyo proceso de maduración no termina en la recolección y, por tanto, duran menos tiempo en las cocinas”. Aquí se incluirían el plátano, la manzana y la pera, por ejemplo.

En el otro lado estarían las frutas no climatéricas que son las que se aconseja comprar en caso de situaciones de emergencia porque “duran más tiempo”, señala Crespo. En este grupo entrarían las naranjas o las mandarinas, que no se ponen malas por maduración sino por otro tipo de agentes externos, como hongos”. 

Otro tipo de productos totalmente prescindibles serían la bollería industrial (por su alto aporte en grasa saturada, trans, azúcares y sal).

¿Cuánto duran estos productos?

Para hacer una buena compra para situaciones de emergencia, es importante tener en cuenta la fecha de caducidad de los productos que se van a adquirir. Tal y como informa Ramo, “en el caso de la pasta seca y el arroz, estos productos tienen una fecha de consumo preferente de más de 6 meses en un lugar seco y sin luz”, por lo que no habría problema a largo plazo, al igual que ocurre con las latas de conserva que también  “tienen una fecha de consumo preferente de más de 6 meses en un lugar seco”.

Las leches infantiles o leches de fórmula, para los niños pequeños, “tienen una fecha de consumo preferente de 6 meses (sin abrir) y conservados en lugar seco y sin luz”. Es importante tener esto en cuenta ya que “una vez abiertas, se deben de consumir en menos de 1 mes”, advierte la experta del IMEO.

En el caso de las legumbres secas, éstas “tienen una fecha de consumo preferente que puede ir de meses a años” y las leches y zumos UHT “pueden conservarse hasta aproximadamente 3 meses (sin abrir). En caso de que se abran se deberán conservar en la nevera de 3 a 4 días”.

En el caso de productos frescos, como carnes y pescados, es importante saber que “son productos muy perecederos por lo que se recomienda su consumo en menos de 2 o 3 días”. En estos casos, la experta aconseja “congelarlos para alargar su vida útil”.

¿Qué ocurre con los huevos? ¿cuánta caducidad tienen? Y el aceite de oliva y el vinagre o el café? Los huevos son considerados alimentos perecederos, pero “bien refrigerados en la nevera tienen una fecha de consumo de aproximadamente 3 semanas”. Es importante tener esto en cuenta ya que “esta fecha no se debe superar en este tipo de alimentos ya que podrían provocar intoxicaciones alimentarias”, alerta Ramo.

El aceite de oliva “no tiene fecha de caducidad, pero se comercializa con fecha de consumo preferente (de 1 año aproximadamente), a partir de la cual puede ir perdiendo propiedades nutricionales y organolépticas, algo que no supone ningún riesgo para la salud”.

En el caso del café, “este se considera alimento no perecedero y su fecha de consumo preferente en lugar seco y sin luz es superior a 6 meses”.

El vinagre, informa la nutricionista del IMEO, “es un alimento que se conserva por sí mismo debido a su gran acidez, de hecho durante años se ha utilizado como un conservante de alimentos”. En este caso su almacenaje deberá estar alejado de la luz.

En cuanto al chocolate, uno de los productos estrella en los carros de la compra, “tiene una fecha de consumo preferente de más de 6 meses y el consejo es guardarlo en lugar fresco y seco”.

Cantidades para 15 días

Otra de las cuestiones importantes es saber qué cantidad de cada producto sería recomendable comprar en cada caso. Suponiendo que necesitamos productos para quince días las cantidades, según Ramo, serían:

  • Lentejas: 1 paquete (menos cantidad no se vende).
     
  • Taquitos de jamón: 4 paquetes de 75 gr.
     
  • Pasta: 1 paquete (menos no se vende).
     
  • Bolsitas de verduras congeladas (zanahorias baby, espinacas, pisto, pimiento rojo y verde): 2 bolsitas de cada.
     
  • Carne de ternera: 0,5 Kg.
     
  • Bacalao en salazón: 2 lomos.
     
  • Colas de rape congelado: 2 bolsas.
     
  • Huevos: entre media y una docena.
     
  • Botes en conserva de menestra de verduras y tomate entero al natural: 2 botes de cada.
     
  • Bote de garbanzo en conserva con espinacas: 1 bote.
     
  • Latas en conserva de atún y caballa: 3 latas de cada una.
     
  • Bolsita de congelado de salteado de gambas y langostinos pelados con trigueros: 2 bolsitas.
     
  • Aceite de oliva virgen extra: 1 botella de 1 litro.

Con todos estos productos, Ramo ofrece una serie de recetas saludables que se pueden plantear para evitar caer en la monotonía diaria, en caso de que no podamos salir de casa. 

  1. Lentejas con verduras y taquitos de jamón serrano. En este caso las verduras serían congeladas (zanahorias baby y espinacas).
     
  2. Pasta con boloñesa (utilizaríamos para la boloñesa trocitos de carne o carne picada y tomate natural triturado junto con especias).
     
  3. Pisto con huevo a la plancha. En este caso las verduras para el pisto se pueden obtener directamente en bolsitas congeladas.
     
  4. Bacalao con menestra de verduras. El bacalao se desala durante unos días antes y la menestra de verduras la encontramos en botes de conserva ya preparada.
     
  5. Garbanzos con espinacas y atún. En este caso, se usará un bote de conserva de garbanzos y espinacas y una lata de atún al natural.
     
  6. Pipirrana. A partir de bolsitas de congelado de pimiento rojo y verde (cortado en trocitos), trocitos de tomate entero al natural en conserva, 1 lata de caballa en aceite de oliva, cebolla picadita y huevo cocido.
     
  7. Gazpacho con taquitos de jamón y huevo cocido picado. El gazpacho se utilizaría ya envasado.
     
  8. Tabulé. Utilizaremos bulgur, perejil molido, cebolla congelada, pimiento congelado en taquitos, zumo de limón, aceite de oliva virgen, pizca de sal y pimienta.
     
  9. Alcachofas rellenas de atún y pimientos. En este caso se utilizarían: alcachofas en conserva, atún en lata al natural, pimiento en conserva, ajo y perejil molido y cebolla molida.
     
  10. Revuelto de huevo, espárragos trigueros y gambas. Se utilizará: huevo, espárragos trigueros congelados gambas congeladas, sal y pimiento.
     
  11. Sopa de pescado y marisco con arroz integral. En este caso se utilizará: agua, langostinos pelados congelados, arroz integral, huevo cocido, cola de rape congelada, almejas y mejillones congelados, aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta negra recién molida, especias al gusto.

Las dietas veganas son seguras con planificación

Las personas que siguen un patrón dietético vegano -con menús bien planificados y adaptados a sus características corporales- cuidan su corazón e incluso puede que aumenten su longevidad. Esto sucede porque, al suprimir la carne, hay un menor aporte de grasas saturadas y colesterol y también de sodio. Además, como ingieren una mayor cantidad de frutas y verduras, disponen de más antioxidantes y fibra. Sin embargo, al evitar los lácteos, sus huesos podrían sufrir.

Correo Farmacéutico, Enrique Mezquita, Valencia

piramide nutricionalLas dietas veganas son motivo de debate sobre sus beneficios e impacto sobre la salud. Según los expertos consultados por CF, una correcta planificación y diseño dietético a cargo de profesionales especializados -incluyendo su adaptación a las características de cada individuo- y el control analítico de micronutrientes séricos para valorar suplementación y evitar carencias vitamínicas, proteicas y lipídicas perjudiciales para la salud, son fundamentales para conseguir beneficios.

Para Carlos Morillas, endocrinólogo del Hospital Universitario Doctor Peset de Valencia y presidente de la Sociedad Valenciana de Endocrinología, Diabetes y Nutrición (Svedyn), “aquéllos que sigan una dieta vegana bien planificada y ajustada a los requerimientos nutricionales individuales tendrán menos riesgo cardiovascular”. De los beneficios derivados de las dietas veganas, los más relevantes son: menor aporte de grasas saturadas y colesterol, consumo más bajo de sodio derivado de carnes procesadas y mayor consumo de antioxidantes y fibra. De hecho, recuerda Marián García, farmacéutica y doctora en Nutrición, incluso “la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda limitar el consumo de carne roja y evitar los productos cárnicos procesados”.

En esta línea, Rubén Bravo, experto en Nutrición, naturópata y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), añade que los estudios y evidencias científicas realizadas hasta el momento sobre la exclusión total de cualquier tipo de carne o producto de origen animal, “nos indican que la dieta vegana bien planificada aporta una importante prevención frente a enfermedades del corazón y patologías degenerativas y un posible aumento de la longevidad”. Además, estas dietas suelen estar asociadas a un aumento del consumo de frutas y verduras, “lo cual es beneficioso por su alto contenido en vitaminas y minerales”, expone García. En cambio, matiza que no existe evidencia suficiente que “justifique el beneficio de suprimir los lácteos de la dieta, ya que la grasa saturada que contienen podría no ser tan perjudicial como tradicionalmente se ha pensado”.

RIESGOS POTENCIALES
¿Cuáles son los riesgos potenciales de esta dieta? Según Bravo, todos los posibles perjuicios que pueda ocasionar una dieta vegana serán producidos por una falta de conocimiento o de planificación activa de los menús, “para cubrir las necesidades mínimas diarias en micro y macronutrientes”. Uno de esos riesgos, apunta el portavoz del IMEO, es la anemia megaloblástica y deterioro del sistema nervioso, producido por la deficiencia de la vitamina B12 (cianocobalamina). Según Morilla, ese déficit es el más común al seguir este patrón dietético, ya que las fuentes principales de esta vitamina son aportadas con productos de origen animal, como la carne, el pescado y el huevo. No obstante, sería adecuado el consumo de algunos productos de origen vegetal que presentan cierto contenido en esta vitamina, como son cereales integrales (además, pueden seleccionarse enriquecidos) y las algas (kombu, nori, wakame), “aunque de dudosa biodisponibilidad en humanos”.

CARENCIA DE POLIINSATURADOS
Con frecuencia, coinciden los expertos, la suplementación con cianocobalamina es indispensable. La carencia de ácidos grasos poliinsaturados puede provocar falta de memoria, cambios de humor, riesgo de aumentar triglicéridos y colesterol LDL, sequedad cutánea o envejecimiento prematuro; y, por ello, destaca Bravo, “es importante aportar en la dieta vegana aceite de oliva, aguacate y cacahuetes”. También existe riesgo de anemia ferropénica por una carencia de hierro. “La biodisponibilidad de hierro en alimentos vegetales es menor, por lo que existe riesgo de anemia si el vegano no consume frecuentemente legumbres, tofu y quinoa, junto con alimentos ricos en vitamina C (zanahoria, naranja o coliflor) y en taninos (cúrcuma o uvas negras)”, comenta el experto del IMEO.

Asimismo, según un estudio publicado por la Universidad de Oxford en 2007, el riesgo de osteoporosis es mayor en los veganos por la carencia de vitamina D y calcio presentes en pescados azules y lácteos, respectivamente. Para Bravo, “es posible conseguir cubrir las necesidades mínimas de estos dos micronutrientes tomando al menos tres porciones de bebida de soja enriquecida con calcio, frutos secos, brócoli o coles. La vitamina D o se toma a partir de un complemento alimenticio o de una bebida de soja enriquecida”. García también señala la importancia de alcanzar niveles adecuados de calcio con combinaciones de vegetales de hoja verde (espinacas o berza); legumbres (garbanzos); frutos secos (almendras o avellanas), y semillas (sésamo).

Una vez interiorizados los principios básicos que deben regir su dieta, el vegano debe someterse a controles rutinarios para vigilar que no hay déficit de ningún nutriente y también que su estado de salud es correcto.

Variabilidad individual

Las cantidades recomendadas en una dieta vegana variarán dependiendo de las características de cada seguidor, como estatura, actividad, edad, objetivo de mantenimiento o pérdida de peso. A Rubén Bravo, del IMEO, le convencen las que indica el estadounidense Joel Fuhrman, médico de familia y uno de los grandes precursores modernos de esta dieta, en su libro Comer para Vivir. En él apunta una cantidad ilimitada de verduras crudas o cocidas (de 450 a 500 g como mínimo), “llegando a un máximo de una taza diaria en el caso de las verduras ricas en almidón o cereales integrales, como calabaza, calabacín, maíz, patata, arroz, boniato o pan integral”. Además, de forma diaria, se incluye una taza de legumbres, brotes o tofu; cuatro piezas de fruta fresca; 30 g de frutos secos y/ semillas naturales; 55 g de aguacate; una cucharada sopera de semillas de lino molido, y un complemento de vitamina B12. Otra de las opciones es seguir las recomendaciones de la Academia de Nutrición y Dietética de Estados Unidos en su Pirámide Alimentaria Vegana (ver cuadro), que incide en el manejo de grasas, frutas, vegetales, cereales y alimentos ricos en proteínas y calcio.

En 5 ideas

  1. Menos riesgo cardiaco
    Las personas que sigan una dieta vegana bien planificada y ajustada a los requerimientos nutricionales del individuo tendrán menos riesgos de desarrollar patología cardiovascular.
  2. Beneficios
    De los beneficios derivados de las dietas veganas, los más relevantes son: menor aporte de grasas saturadas y colesterol, consumo más bajo de sodio y más elevado de antioxidantes y fibra.
  3. Toman más vegetales
    Las dietas veganas suelen estar asociadas a un aumento del consumo de frutas y verduras, lo cual es beneficioso por el alto contenido en vitaminas y minerales de estos alimentos.
  4. Más osteoporosis
    El riesgo de osteoporosis es mayor en los veganos, debido a la carencia de vitamina D y calcio presentes, principalmente, en pescados azules y lácteos, respectivamente.
  5. Controles rutinarios
    Tras interiorizar los principios básicos de una dieta de tipo vegano, el seguidor de este patrón debe hacerse controles rutinarios para vigilar que no hay déficit de ningún nutriente.