Los antibióticos, nuevos sospechosos de epidemia de la obesidad

Una nueva teoría señala que detrás de la epidemia de obesidad en el mundo están los antibióticos. Los expertos explican qué pasa cuando el apetito se mezcla con la penicilina.
Semana.com
obesidad y antibioticosEn el juicio por identificar el culpable del aumento de peso de la población han pasado muchos sospechosos a la silla de acusados: el azúcar, la grasa, el sedentarismo, e incluso se ha señalado a la industria alimenticia por hacer comidas muy apetitosas. El más reciente en la lista, sin embargo, parece el más inocente, pero todo indica que no lo es. Se trata de los antibióticos, medicamentos ampliamente usados hoy para tratar infecciones.

Quien los acusa es Martin Blaser, director del programa del Microbioma Humano de la Universidad de Nueva York, que ha estudiado durante décadas la relación entre estas drogas y la obesidad en animales. La idea de que los antibióticos engordan no es nueva. De hecho, en las fincas se utilizan rutinariamente para aumentar la talla y el peso del ganado y los pollos. En su laboratorio, Blaser comprobó hace unos años que a los ratones les pasa lo mismo con un experimento que consistió en ofrecerles una dieta alta en calorías. Aquellos que fueron expuestos a dicha droga aumentaron el doble de peso a pesar de haber ingerido el mismo tipo de comida que los demás.

Desafortunadamente, en los humanos se ha visto ese mismo efecto. Uno de los estudios pioneros en el tema reveló que a los niños a los que se les suministraba antibióticos ganaban más peso, 6,5 libras, mientras que el grupo control apenas aumentaba 1,9 libras.

Blaser, quien en abril publicará el libro Missing Microbes, cree que esto sucede porque los antibióticos interfieren con el microbioma de las personas, es decir con las millones de bacterias que habitan en el cuerpo y que a cambio de comida ayudan a procesar enzimas y a producir hormonas en el organismo. El experto está investigando una en particular, la Helicobacter pylori, bacteria que incrementa el riesgo de úlcera y cáncer de estómago. A pesar de su prontuario, Blaser ha encontrado que H. pylori tiene un papel importante para regular la ghrelina, hormona involucrada en la sensación de apetito, tanto así que el estómago se comporta distinto luego de un tratamiento con antibiótico para erradicar esa bacteria.

Antes de comer, los niveles de ghrelina deben subir para anunciarle al cerebro que la persona tiene hambre, y bajar después de comer para que reciba la señal de satisfacción. Pero todo parece indicar que en personas sin H. pylori no se produce ese control. En un trabajo con 92 personas, aquellos que fueron tratados con antibióticos para eliminar esta bacteria aumentaron de peso porque los niveles de ghrelina se mantuvieron altos luego de comer, cuando debían haber bajado, lo que hizo que tuvieran hambre por mucho más tiempo y por consiguiente que comieran más. “Esto quiere decir que el microbio está regulando no solo la ghrelina sino también el apetito”, dijo Blaser a Scientific American. En su lucha por demostrar esta teoría, Blaser no está solo. Otros investigadores han encontrado que si se altera el balance microbiano del estómago con antibióticos aumenta el riesgo de que los pacientes suban de peso.

Estos hallazgos suponen un dilema pues si no se administran antibióticos para este tipo de bichos se pondría en peligro la vida de la persona. Además, “los pacientes que tienen la flora intestinal dañada por los antibióticos la recuperan en el tiempo”, dice Barry Marshall, biólogo de la Universidad de Western, Australia. Pero lo contrario también podría llevar a comer de más y, a largo plazo, a la obesidad, una condición que genera otros riesgos de enfermedad. Pero lo que preocupa a Blaser no son estos tratamientos sino su abuso. Hoy cualquiera se los autorreceta como si se tratara de una aspirina.

El proyecto del Microbioma Humano podría probar la validez de esta teoría. Y de ser así, Blaser piensa que se podrían identificar cuáles microbios protegen al ser humano de la diabetes y de la obesidad e impedir que los antibióticos los aniquilen. La otra opción es desarrollar drogas que podrían llamarse anti-antibióticos, cuya función sería repoblar el estómago con los bichos indispensables para regular el apetito. Mientras tanto, habrá que convivir con el sospechoso.

El sobrepeso hará aumentar la diabetes un 250% en 2030

EFE, La Razón

image_content_medium_992338_20130920123109Con un 80% de la población actual con sobrepeso, la prevalencia de la diabetes crecerá un 250% en el año 2030, según ha advertido el doctor Luís Gutiérrez, que ha señalado que una alimentación equilibrada y hacer ejercicio son la base para el control eficaz de esta enfermedad.

Gutiérrez, médico de Atención Primaria y colaborador habitual desde hace 17 años en programas de TVE, ha impartido en Barcelona una conferencia dirigida a las personas con diabetes y sus familiares, organizada por la Associació de Diabètics de Catalunya (ADC), la Federación de Diabéticos Españoles (FEDE) y DiaBalance.

La falta de tiempo para cocinar, la pérdida de hábitos saludables, las restricciones alimenticias y, muchas veces la desinformación, llevan a muchas personas con diabetes a descartar la práctica de ejercicio o a descuidar su dieta, ha señalado el doctor.

“Es vital evitar el sedentarismo y perder peso si es necesario”, ha comentado Luís Gutiérrez, que ha señalado que la clave para aprender a llevar una vida sana sin complicaciones es conocer bien el papel que desempeñan los hidratos de carbono en el organismo y saber cómo preparar y tomar los alimentos que son ricos en estos nutrientes.

Durante su conferencia, el doctor Gutiérrez también ha ofrecido algunos consejos prácticos en este sentido como el uso de alimentos específicos para diabéticos en los que la información acerca de su contenido en hidratos de carbono está detallada.

“Es importante evitar la sal y los alimentos con índice glucémico alto, pero la dieta de una persona con diabetes no difiere apenas de la dieta de quienes no son diabéticos”, ha explicado.

La conferencia impartida en Barcelona forma parte de la campaña “Tú también puedes”, una iniciativa de DiaBalance y la Federación de Diabéticos Españoles (FEDE) que nace con vocación de ayudar e informar a las personas con diabetes y de concienciar a la sociedad de que esta enfermedad no es ningún impedimento para poder realizar cualquier tipo de actividad.

Combatir la obesidad caminando

Estudio de la Universidad de Harvard demuestra que caminar una hora diaria reduce en un 50% la influencia genética de obesidad. La Organización Mundial de la Salud asegura que 1,9 millones de muertes anuales son atribuibles al sedentarismo

La obesidad, un problema de salud multifactorial, ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial y es la causa de muerte de al menos 2,6 millones de personas al año. Sin embargo, hay buenas noticias para aquellos que tienen una predisposición genética a la obesidad.

Según un estudio científico del departamento de nutrición de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard en Estados Unidos, un estilo de vida sedentario, marcado por el hecho de ver televisión cuatro horas al día, aumenta la influencia de los genes sobre el tamaño de la cintura y hace subir en un 50% el índice de masa corporal (IMC). Pero, el efecto se puede reducir en un 50% si se camina a un ritmo constante durante una hora diaria.

El estudio científico fue presentado en la conferencia sobre nutrición, actividad física y metabolismo (EPI/NPAM, por sus siglas en inglés) organizada por la Asociación Americana del Corazón (AHA) en marzo de 2012.

En el estudio participaron 7 740 mujeres y 4 564 hombres. Los investigadores recolectaron información sobre la actividad física de los participantes y las horas dedicadas a ver televisión durante dos años antes de evaluar su IMC. El efecto de la predisposición genética a la obesidad fue calculado con base en 32 variaciones genéticas que se considera influyen en el aumento de peso.

Combatiendo la obesidad paso a paso

La obesidad, así como sus enfermedades no transmisibles asociadas, es en gran parte prevenible. Según Mae Moreno, doctora y Máster en Nutrición Humana, la evidencia científica demuestra que la práctica constante de actividad física contribuye a disminuir el riesgo de padecer enfermedades y es indispensable para el buen funcionamiento del cuerpo y de la mente. Además permite alcanzar un estilo de vida activo y saludable porque influye directamente en mantener un equilibrio calórico (el balance entre la ingesta y el gasto calórico).

“Para mantener un estilo de vida activo y saludable se deben practicar como mínimo 30 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada, 5 veces a la semana. También es de suma importancia mantener una alimentación balanceada. Es posible comer sano y rico al mismo tiempo. Debemos recordar que no hay alimentos buenos o malos, solo dietas mal balanceadas. Lo esencial es alimentarse e hidratarse adecuadamente y realizar actividad física de forma regular”, afirma la experta.

El Colegio Americano de Medicina del Deporte señala que el cuerpo humano tiene cerca de 640 músculos y 206 huesos y está hecho para moverse. Sin embargo, las sociedades en los últimos 50 años han creado un ambiente que promueve una vida sedentaria, por ejemplo las personas permanecen más tiempo sentadas en sus lugares de trabajo, viendo televisión o usando la computadora, y caminan menos al utilizar automóviles u otros medios de transporte.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el sedentarismo es uno de los principales factores que pueden producir hipertensión, hiperglucemia, sobrepeso u obesidad y enfermedades cardiovasculares. Además, se le atribuyen 1,9 millones de muertes anuales.

La OMS también indica que no hay que confundir la actividad física con el deporte. Se considera actividad física cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos (músculos estriados unidos al esqueleto, usados para facilitar el movimiento y mantener la unión hueso-articulación a través de su contracción), con el consiguiente consumo de energía. Esto incluye los deportes recreativos, el ejercicio programado y otras actividades tales como jugar y caminar.

La doctora Moreno agrega que la intensidad de las diferentes formas de actividad física varía según la edad, género, talla y condición física previa de cada persona.

Explica que una manera sencilla de medir si se está realizando actividad física a una intensidad moderada, es que la persona esté caminando rápidamente y que a su vez pueda hablar sin que le falte el aire. “Si a usted le falta el aire cuando camina significa que probablemente va a una intensidad vigorosa para su nivel de condición física”, sostiene la especialista.

“Algunos ejemplos de actividad física moderada son caminar a paso ligero, bailar o realizar las tareas domésticas. Correr, andar en bicicleta rápido, nadar rápido o mover grandes pesos son ejemplos de actividad física intensa”, menciona le experta.

Actividad física en todas las edades:

Según la OMS:

* Niños y adolescentes de 5 a 17 años deberían realizar al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa (La mayor parte debe estar dirigida a actividad física aeróbica como caminar, correr o andar en bicicleta).

* Adultos de 18 a 64 años deberían hacer como mínimo 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada, o 75 minutos de actividad física vigorosa, o alguna combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas.

* Las recomendaciones para adultos mayores son las mismas que para el grupo de 18-64 años. Los ancianos con escasa movilidad deben realizar actividades físicas para mejorar el equilibrio y evitar las caídas, al menos 3 días por semana.

Fuente: Analitica.com