Qué alimentos pueden cuidar la flora intestinal

CuidatePlus, por Isabel Gallardo Ponce

No es un secreto que la dieta es un factor clave de la salud. Pero ¿qué ocurre con el tracto intestinal? El intestino está poblado por multitud de microorganismos que conforman la flora intestinal, aunque su nombre correcto es microbiota intestinal. 

Según explica a CuídatePlus Ana Zugasti, endocrinóloga y vocal de Comunicación de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), el término de flora intestinal proviene de la creencia de que estos microorganismos pertenecían al reino vegetal. La microbiota intestinal “es el conjunto de microorganismos o bacterias que viven en el intestino, siendo los lactobacilos y las bifidobacterias las predominantes”, con más del 85% del total.

Pero además esta población intestinal tiene una relación directa en la salud. “Una flora intestinal saludable nos protege frente a los microorganismos patógenos que puedan alterar el equilibrio, ejerciendo un efecto barrera para el sistema inmune”, dice Andrea Marqués, nutricionista experta en dietética y gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Además, también participa en la proliferación y en la diferenciación celular en el tracto intestinal, como parte de su función inmunitaria

Y es que las funciones que realiza la microbiota intestinal en el organismo hacen que se le considere un órgano metabólico, con funciones en la nutrición, la regulación de la inmunidad y la inflamación sistémica. 

¿Cuándo aparece la microbiota y en qué influye?

La microbiota no está presente antes del nacimiento, sino que al nacer el tracto intestinal es colonizado por microorganismos y bacterias. “La vía de nacimiento (parto o cesárea) y el tipo de alimentación (leche materna o fórmula) ha demostrado producir diferencias en la microbiota intestinal. Durante la infancia y a lo largo de la vida, la composición microbiana también cambia de acuerdo con la edad y la dieta”, añade Zugasti. 

Las alteraciones de la microbiota intestinal, bien por cambios en la composición o por falta de diversidad, se denomina disbiosis. Esta disbiosis se asocia con diferentes enfermedades, como el asma, las enfermedades inflamatorias crónicas, la esteatohepatitis no alcohólica, las alergias de la piel y la obesidad, entre otras. Incluso la composición de la microbiota en los primeros años de vida puede predecir el riesgo de desarrollar obesidad en el futuro. 

Pero también se asocia con la diabetes, con las enfermedades autoinmunes, con la inflamación y con las enfermedades neurodegenerativas. En esa línea, un estudio de la Universidad de Ginebra, que se publica en Journal of Alzheimer Disease, asocia el desequilibrio en la flora intestinal con un mayor desarrollo de placas amiloides en el cerebro, íntimamente ligadas con el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer

Marqués recuerda que también se produce una estrecha relación entre “el intestino y el cerebro. La flora intestinal modula la liberación de serotonina, y los niveles adecuados de este neurotransmisor son fundamentales para prevenir los estados de ansiedad o depresión”. 

¿Qué alimentos benefician la flora intestinal? 

El camino para mejorar la microbiota intestinal pasa por incorporar a la alimentación prebióticos y probióticos y por conseguir un equilibrio entre ambos, dicen Zugasti y Marqués. ¿Qué son los probióticos y los prebióticos? 

Los prebióticos sirven “como alimentos para las bacterias beneficiosas que albergamos en nuestro intestino”, matiza Zugasti. Estos alimentos son ricos en fibra soluble, principalmente fructooligosacáridos e inulina, “que no pueden ser digeridos y absorbidos en el intestino delgado. Así pasan al colon donde favorecen la proliferación de la flora positiva: los lactobacillus y los bifidobacterium”, añade Marqués. 

Así, los alimentos que pueden mejorar la salud intestinal son:

  • Frutas.
  • Verduras. 
  • Cereales integrales. 
  • Legumbres. 

De esta forma, si nuestra alimentación sigue un patrón saludable que contenga “cinco raciones de frutas y verduras al día, además de legumbres como aporte de proteína vegetal al menos 2-3 días a la semana y cereales integrales, estimularemos a las bacterias beneficiosas del intestino”, dice Zugasti. Asimismo, los prebióticos pueden mejorar el tránsito intestinal, contribuyendo a reducir el estreñimiento o la diarrea y a mejorar ciertos trastornos asociados al síndrome del colon irritable.

Los alimentos probióticos contienen microorganismos vivos y su objetivo es mantener o mejorar la microbiota intestinal. Se trata de bacterias beneficiosas, como el lactobacillus o el bifidobacterium. “Los probióticos se encuentran en alimentos fermentados como lácteos (yogur natural y kéfir), en verduras encurtidas, como pepinillos, chucrut, zanahorias, tomates etc. y en el pan de masa madre”, explica Marqués. 

Alimentos que dañan la microbiota intestinal

Puesto que hay alimentos que favorecen la salud de la microbiota intestinal y evitan la proliferación de bacterias patógenas también hay otros que pueden ejercer el papel contrario: reduciendo o dañando esa flora tan importante. Es el caso de:

  • Alimentos ultraprocesados, como la bollería industrial o las carnes procesadas.
  • El consumo elevado de conservantes, como emulsionantes o edulcorantes artificiales, presentes en salsas, bollería, helados etc. 
  • Alcohol en exceso.
  • Refrescos azucarados, como los zumos de fruta envasados, o con gas y las bebidas isotónicas

Y más allá de la dieta también hay hábitos perjudiciales como el sedentarismo, el tabaco y el estrés que perjudican la microbiota. “Hasta los cambios de los horarios de las comidas o la falta de sueño, son aspectos que influyen negativamente”, añade Zurita. 

¿Cómo afectan los antibióticos a la microbiota intestinal? 

Mención aparte requieren los antibióticos, tan necesarios para el abordaje de infecciones, pero que puede traer consigo la aparición de disbiosis. Su efecto negativo se refleja “no solo en una drástica reducción de las bacterias intestinales, sino también en el período de tiempo que la flora intestinal tarda en recuperarse, pues no todas las bacterias intestinales se regeneran automáticamente tras el tratamiento con antibióticos”, explica Zurita. 

Para mejorar este desequilibrio de la flora intestinal se puede recurrir a una dosis más elevada de prebióticos y probióticos, haciendo hincapié en el consumo de verduras -como los espárragos, las alcachofas, la cebolla o el puerro-, legumbres y frutas. Además, Marques recuerda que se puede optar por consumir kéfir o yogures naturales al menos una vez al día.

Además se puede recurrir a la suplementación de probióticos durante el tratamiento antibiótico, siempre cumpliendo con una buena alimentación prebiótica. Algunos estudios sugieren un efecto beneficioso de los probióticos “sobre la flora intestinal para la prevención de diarrea asociada a los antibióticos o incluso la producida por la infección Clostridium difficile. Cabe tener en cuenta que no todas las especies y cepas de probióticos producen los mismos efectos. Parece ser que los microorganismos con más evidencia para la prevención de la diarrea postantibiótica son los Lactobacillus rhamnosus y los Saccharomyces boulardii”, explica Zurita.

Y es que la investigación aún tiene mucho que aportar sobre el efecto beneficioso o no de los probióticos. Y para ello en 2018 -afirma Zurita- se publicó la guía mundial del uso de probióticos y prebióticos en la que se refleja en qué cepas y sobre qué enfermedades pueden mostrar un efecto beneficioso estos complementos y cuándo deben ser recomendados. 

Pautas para tomar un probiótico

Conviene recordar que antes de decidir tomar un complemento o suplemento alimenticio es muy importante consultar con un profesional sanitario. En cuanto a la toma, se recomienda dejar pasar un mínimo de dos horas entre la toma del antibiótico y la del probiótico – excepto en los casos en que el probiótico sea una levadura como Saccharomyces– para evitar que el medicamento destruya las bacterias que contiene el probiótico.

Foods to strengthen the immune system

Spinach are great allies. Learn about other options.

Archyde/ EFE

When temperatures drop, it is necessary to raise the organic defenses to face in the best possible conditions the attacks of respiratory diseases. And some foods can naturally help in these protective functions, according to some nutritionists.

“From the point of view of nutrition, nourishing consists of providing calories, lipids, proteins and other nutrients to the body to maintain proper functioning and health“, highlights Estefanía Ramo, nutritionist and food technologist at the European Medical Institute of the Obesity (Imeo).

He explains that in this way, “nutrient” is the component present in food, assimilated by the body and used to obtain energy, repair tissues and regulate metabolic processes.

“If in addition to providing the above benefits, the nutrient is capable of influencing the immune system, then it could be called ‘immunonutrient’”, this nutritionist tells Efe.

Next, Ramo and Rubén Bravo, dietician expert in nutrition and gastronomy at the IMEO, describe that “some foods accessible to the entire population contain numerous nutrients capable of positively influencing the immune system”, explaining how they benefit us and we can incorporate them into our diet habitual.

Salmon, the protection that comes from the sea

“This fish contains omega 3 fatty acids, which help to strengthen the immune system and also vitamins of group B (B2, B3, B6, B9, B12), which perform regulatory functions of the immune response of our body against possible external attacks of viruses and bacteria ”, Ramo and Bravo explain.

They point out that vitamin A has an important role in regulating the immune system, both innate or nonspecific (the organic defenses with which we are born) and acquired or secondary, that is, the immunity that develops when we are exposed to various substances called antigens , which provoke a defensive response from the body.

“This vitamin is involved in the immune reaction to antigens or ‘humoral response’, consisting of the formation of antibodies, substances that fight infections that threaten our body,” they say.

According to these experts, vitamin D is a powerful modulator of the immune system, interacts with most of the cells of said system and also improves innate immunity by intervening in the formation of macrophages, large immune blood cells, which “engulf ”And destroy pathogens or foreign substances.

“Salmon also contains iron, a mineral whose deficit in the body affects the correct function of organic defenses, mainly by depressing certain aspects and cellular functions, such as the secretion of immune proteins called cytokines”, they add.

They point out that iron deficiency has also been related to a greater sensitivity to substances capable of producing oxidative stress (a process that causes cellular damage), as well as to a higher incidence of gastrointestinal and respiratory diseases.

Ramo and Bravo recommend eating salmon “at dinner, grilled, baked, grilled accompanied by vegetables (green leafy, such as spinach) or in the form of a ‘tartar’ with avocado.”

Almonds, sweet allies of immunity

“Almonds are rich in minerals such as copper, which can contribute to the antimicrobial response of macrophages; and selenium, essential for a correct response, both in the innate and acquired immune systems ”, according to Ramo and Bravo.

They indicate that, in addition to iron, this nut contains zinc, a mineral that has a multitude of effects on many types of immune cells, and has a direct effect on the number and function of macrophages.

IMEO experts recommend incorporating them into the diet “as an ingredient in salads or as an alternative to mid-morning meals or a snack, being the best way to consume them raw or lightly toasted”.

Kefir, milk barrier against germs

This fermented milk rich in bacteria and probiotic yeasts, so called because they contain live microorganisms that provide benefits for the body, is rich in vitamins D and A, which promote immune activity through various mechanisms.

A specific probiotic strain of kefir, ‘Lactobacillus Kefiri’, helps the body defend itself against harmful bacteria such as’ salmonella ‘and’ E. Coli ‘. Photo: IMEO

Ramo and Bravo in particular highlight a probiotic strain that is specific to kefir and is called ‘Lactobacillus Kefiri’, which helps the body defend itself against harmful bacteria such as’ salmonella ‘and’ E. Coli ‘.

“This bacterial strain, along with others, helps modulate the immune system and inhibits the growth of harmful bacteria,” they highlight.

Kefir also contains another powerful compound found only in this probiotic drink, an insoluble polysaccharide called ‘kefiran’, which has been shown to have antimicrobial properties to, for example, fight infection due to the ‘candida’ fungus, according to these experts.

“The best way to include kefir in the weekly diet is in breakfast, ‘mid-morning’ meals and snacks, alone or with fruit,” they recommend.

Spinach, “green” force against infection

Spinach are green leafy vegetables, rich in copper, iron and zinc. They are great allies of our immune system, according to Imeo nutritionists, who advise eating them as a garnish at lunch and dinner, accompanying some lean meat or oily fish, raw or as a complement to salads, to make the most of their nutritional potential.

These experts emphasize that the popularly called “Popeye’s vegetable” contains “abundant nutrients, while providing few calories. It can be an alternative to salad lettuce and our recommendation is to include it regularly in a varied and healthy diet”.