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Si comes entre horas, incluye estos alimentos en tu dieta y evitarás 365 calorías extra cada día

febrero 26, 2018

¿Sabías que elegir bien puede ahorrarte 45 minutos de ‘running’?

HOLA, por Elena M. Medina

Según un estudio reciente publicado por expertos en nutrición y gastronomía y titulado Estado de situación sobre el desayuno en España, el tiempo que dedicamos de media a desayunar en nuestro país es de apenas 10 minutos. Después de esta rápida primera comida tenemos que esperar varias horas hasta la hora de comer. Y en el horario de oficina la espera no suele ser fácil ya que las situaciones de estrés y ansiedad pueden jugar en nuestra contra a la hora de controlar el apetito. La tentadora idea de saciar el hambre a media mañana va cobrando fuerza a medida que avanzan los minutos y en este sentido la máquina expendedora es una opción fácil y rápida a la que se suele recurrir con demasiada frecuencia.

Si esta situación te resulta familiar ha llegado el momento de cambiar de hábitos y abrazar las bondades de la comida saludable y desterrar las chocolatinas, patatas fritas o barras energéticas con alto porcentaje de azúcar de tu día a día, dejando hueco a la fruta, frutos secos, zanahorias…

Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, nos alerta de los peligros de recurrir asiduamente a los snacks poco saludables: “El consumo continuado de estos alimentos puede provocar en nuestro organismo sobrealimentación y desnutrición, es decir una alta ingesta de calorías vacías de los nutrientes mínimos necesarios que necesita nuestro organismo para sobrevivir”, además de propiciar enfermedades como la diabetes tipo 2 y aumentar los niveles de colesterol.

Si entre horas se despierta tu apetito, deja a un lado la comida poco saludable y centrate en las ventajas de optar por los snacks benficiosos para tu organismo. “Las frutas, los frutos secos en una cantidad moderada, las barritas bajas en azúcares simples y grasas saturadas y los lácteos desgrasados son buenas opciones para saciar el hambre a media mañana o media tarde”, recomienda el experto.

Para comer sano no es imprescindible recurrir a exóticos superalimentos, estas alternativas las podrás encontrar con facilidad en casa o en cualquier supermercado y, además de los beneficios que aportan a tu organismo, te ayudarán a ahorrar calorías si eres de las que come entre horas. Tal y como explica el experto en nutrición Rubén Bravo, “la cifra que deberíamos dedicar a esta ingesta entre comidas es de unas 150-200 calorías para no pasarnos”.

Al calcular cuantas calorías se consumen tomando los snakcs más habituales de la máquina expendedora, como una bolsa pequeña de patatas (unas 228 calorías los 45 gramos), un refresco azucarado (unas 140 calorías por lata) o una chocolatina (una de 45 gramos de chocolate con leche tiene 234 calorías), la cifra asciende a 602 calorías, casi el cuádruple del total recomendado.

Sin embargo, al sustituir estos alimentos por un montón moderado de frutos secos (el equivalente a 50 pistachos, tiene apenas 130 calorías), una macedonia de frutas casera (una taza de fruta de diversos tipos tiene aproximadamente 77 calorías), o un puñado de zanahorias troceadas (alrededor de 30 calorías por zanahoria), estaríamos reduciendo la cifra a 237 calorías, logrando un ahorro calórico de 365 calorías, apróximadamente lo que se quema corriendo durante 45 minutos a una velocidad de 8 kilómetros por hora.

Más energía en la oficina

Dejar a un lado los alimentos ultraprocesados y nocivos para nuestra salud no solo se reflejará en el ahorro calórico sino también en nuestro estado de ánimo. “Muchos estudios asocian el consumo frecuente de grasas saturadas, harinas refinadas y azúcares a la depresión y falta de vitalidad“, sostiene el portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

 

 

Cinco trucos para perder peso sin necesidad de dietas

octubre 20, 2014
  • El poder oculto de acciones tan diminutas como pagar en efectivo o mascar chicle en el supermercado puede tener resultados inesperados.
  • Coma con el cerebro.

El País, por Prado Campos
saber comprar, clave para disfrutar de una vida saludableSi la mayoría de la humanidad asocia la pérdida de peso al doloroso, frustrante y draconiano proceso de prescindir de alimentos durante una temporada no es por falta de alternativas. Se puede culpar a la publicidad, como casi todo en el mundo de la imagen, de no haber dado suficiente voz a los estudios que demuestran que quienes asustan a su cuerpo con dietas son más proclives a engordar más a largo plazo. Y se puede volver siempre al mayor fracaso de Occidente en los últimos años: la cultura alimenticia que tenemos no está compuesta de costumbres sanas. El mundo en el que vivimos nos pone fácil comer mucho y mal. Y hablamos del mundo entero. Aunque en Europa le tengamos más miedo a la comida rápida que en Estados Unidos, aquí tenemos menús del día. Y las oficinas de todo el planeta tienen máquinas expendedoras con los alimentos más perjudiciales imaginables. Así, una clave fundamental para regular el peso que ganamos y perdemos (la poca que depende de nosotros, ya que esas decisiones las toma el cerebro por su cuenta), es la psicología y los hábitos con los que incorporamos la comida a nuestras vidas. Brian Wansink, psicólogo y profesor de la Universidad Cornell (EE UU), acaba de escribir un libro sobre el asunto, titulado Slim by Design: Mindless Eating Solutions for everday life (podríamos traducirlo como Delgados de fábrica) y en él defiende que si cambiamos costumbres sencillas, y aparentemente superfluas, como ir mascando chicle a hacer la compra, podemos llegar a perder cerca de un kilo a la semana sin hacer dieta.

Cuantos más hábitos cambiemos, prosigue, más peso perderemos. El método tiene la ventaja de que no requiere someter a nuestro cuerpo a ningun trauma alimenticio y tampoco promete milagros. Se basa en pequeños cambios para combatir el sobrepeso y la obesidad. “Lo que pasa con las personas que tienen sobrepeso es que, a menudo, sienten que su situación no tiene solución y están a punto de darse por vencidos. Lo que hemos descubierto, una y otra vez, es que hacer un pequeño cambio, como comer en un plato más pequeño, conduce a una pequeña pérdida de peso. Algo que luego lleva a hacer más cambios. Y así, en un año esa persona habrá perdido cerca de 15 kilos sin dieta. Esa es nuestra meta”, ha explicado estos días. “La fuerza de voluntad es un trabajo sin fin 24 horas siete días a la semana”.

El profesor y su equipo han catalogado 62 tipos de comedores fácilmente identificables que van desde el emocional que vive solo y compra comida para llevar al menos tres veces a la semana hasta aquellos adictos a las meriendas a base de bocadillos o productos horneados. También están los hombres de 45 a 60 años y las mujeres de entre 25 y 35 años que hacen al menos ocho comidas semanales fuera de casa, o ese padre que odia cocinar y tira de lo menos saludable para alimentar a la familia cuando le toca. A todos les benficiaría esta serie de trucos:

1. En la cocina solo hay que tener a la vista el frutero (y tenerlo lleno de fruta). Un frutero lleno de manzanas, naranjas o uvas no es solo altamente decorativo. Es también una respuesta facilísima y sanísima a la tentación de comer entre horas. Mejor que el pan y las patatas fritas e infinitamente mejor que no caer en la tentación. Wansink explica en su libro que tener la bolsa de patatas fritas o similar a la vista hace que, pongámosle, una mujer pueda engordar 3,5 kilos anuales más que otra que no las tiene.

2. En el restaurante, pida tres cosas. El menú el día no es amigo ni de paladares ni de estómagos. Y en la cena, si en lo que se piensa es en el peso, el vino tampoco ayuda. Wansink propone una fórmula que remedia estos excesos: pedir tres cosas del menú. “Un plato principal que le apetezca y otros dos elementos para acompañarlo. Puede ser un aperitivo y una copa de vino, un bollo de pan y un postre. O un plato y comer dos bollos de pan. O un plato y dos vasos de vino… El caso es poder elegir entre los dos elementos y, así, evitar la sensación de que se priva de algo. Haz esto y comerás entre un 21 y un 23% menos de calorías”.

3. Cómo no comprar la comida que no quieres acabar quemando en el gimnasio. Hacer la compra con hambre es una forma muy eficaz para pasarse la semana picando la basura por la que se ha pagado. Por eso el doctor recomienda llenar la parte delantera de la cesta de la compra con frutas y verduras e ir a hacer la compra mascando un chicle sin azúcar. Según él, esta combinación casi druídica de elementos hace que compremos un 7% menos de comida basura. Y comida basura es, en realidad, todo aquello que no se pudra tarde o temprano.

4. Prohibido comer en la mesa de trabajo. ¿Comes en la oficina? Primero, insiste a tu empresa a que ofrezca fruta gratis o algo similar en las zonas de descanso. Alguien tiene que empezar a traer esa costumbre estadounidense a España y deberías ser tú. Segundo, paga siempre en efectivo tus comidas. Comprarás menos refrescos, dulces y postres. Y si vas a un buffet, prueba a sentarte de espaldas a la cola. Y decide lo que te apetece comer antes de lanzarte a por todo lo que ve tus ojos.

5. Juzgue la comida por sus platos. Si el plato es del mismo color que el alimento que vas a tomar (por ejemplo, un plato blanco para comer arroz ), es probable que te sirvan un 18% más de comida. Además, es mejor utilizar platos más pequeños de lo normal. Se comerá menos cantidad.