Cáncer, la mortalidad aumenta en los pacientes obesos

Evolución

En este contexto, la doctora Yolanda Escobar, del servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, añade que «la obesidad puede tener influencia en la evolución de los cánceres que sean hormonodependientes y, en concreto, estrógenodependientes porque hay una relación entre la grasa y la síntesis de los estrógenos». Esta misma opinión la comparte la doctora Mónica Jorge, oncóloga médica del Hospital de Vigo, quien añade que «en la mayor parte de los cánceres, sobre todo en los de digestivo, uno de los factores de riesgo es la obesidad».

Para conocer cómo influye el exceso de peso en los pacientes oncológicos, el doctor Jesús García-Foncillas, jefe de Oncologia de la Fundacion Jiménez Díaz de Madrid, explica que «cuando hay obesidad se producen una serie de cambios metabólicos que conllevan la activación o cambios en la regulación de unas hormonas como la insulina. Las células tumorales tienen receptores para factores de crecimiento que se asemejan a la insulina, lo que significa que cuando hay una alteración en este equilibrio podemos estar poniendo en marcha mecanismos de activación de la célula tumoral que si hay un normopeso no suele estar alterado». Dado que las dosis que se emplean en el tratamiento contra la enfermedad «se administran en función de la superficie corporal, es decir, que están calculadas según el índice de masa corporal (IMC) del paciente. Por tanto, ahora mismo hay un debate sobre de qué forma y de qué manera se deben determinar la dosis más adecuada en pacientes oncológicos con un cierto grado de obesidad de cara a buscar el maximizar la eficacia y minimizar, por tanto, los efectos secundarios». Hay que tener en cuenta, según Jorge, que «la distribución de los fármacos en estos pacientes no es la misma porque si tienen mucha grasa, se deposita más ahí y el metabolismo es diferente».

Otro aspecto relevante se halla en los procesos inflamatorios asociados a la obesidad y que, según García-Foncillas, «la inflamación conlleva la producción de una serie de sustancias que son, a su vez, capaces de inducir al tumor o cambiar su entorno. Todo ese conjunto de situaciones hace que, sobre todo en situaciones donde esa obesidad llega a lo que clásicamente conocemos como patología de obesidad mórbida, pueda tener más derivaciones y consecuencias en todo el contexto del perfil y del comportamiento biológico del cáncer». Esta situación complica, según Escobar, el tratamiento, porque «a veces no pueden entrar en los estudios clínicos, no reciben la terapia a dosis plenas y si, además, presentan alguna patología asociada a la obesidad como cardiovascular, renal o diabetes descompensada todo se vuelve más difícil».

Post terapia

Hay tumores que conllevan una pérdida importante de peso. «En el caso de los cánceres de cabeza y cuello es muy frecuente que adelgacen un porcentaje importante de kilos. En este caso, los obesos se quedan no obesos y los que no tenían un exceso importante de peso se quedan muy delgados durante el tratamiento», advierte Escobar. Sin embargo, los expertos coinciden en que durante la terapia oncológica no se debe exigir a los pacientes que pierdan peso. «No es el momento porque a veces les cuesta, incluso, ingerir lo básico», recuerda Escobar.

¿Coladitos por sus huesos?

Los hombres son más tolerantes con los «kilos de más» de su pareja: buscan la garantía de la maternidad. Ellas añoran al fornido cazador y no quieren comprometerse con los gorditos

La Razón ·  Gonzalo Núñez

Calle Génova abajo, lindando ya con la plaza de Colón, el Ayuntamiento de la capital tuvo a bien, ¡feliz idea!, instalar una «gorda» de Botero. Sus pliegues, aun en bronce, son eterna alegría para todo tipo de menores y «guiris» inclinados a las fotos chocarreras. El consistorio y el artista colombiano sabían a lo que se exponían. Nada de esto hubiera sucedido si, en su lugar, se hubiera colocado una sílfide, émula de la sirenita danesa, pongamos, o una muchachita corriente tal que la estudiante de la placita de San Ildefonso. Pero es innegable que la carne proporciona más juego que el hueso. De ahí que los «hits» verbeneros no hablen de esbeltas jovencitas sino de «gordas, gordas, gordas, super gordas y apretás» o de las «pechugas» de una tal Ramona; de ahí, la frase estrella del marido sensato: «A mí me gusta que haya donde agarrar». Los huesos, para el perro.  

Claro que la querencia por la carne es más propia del hombre, según se desprende de la encuesta presentada esta semana por el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Las preguntas realizadas a 380 personas de ambos sexos revelan que ellas son más intolerantes a la hora de elegir a una pareja con kilos de más. Un 67 por ciento de las consultadas rechaza comprometerse con un «gordito», mientras que un 83 por ciento de los encuestados –¡ojo, un 83 por cierto!– accedería a emparejarse con una «rellenita» que, evidentemente, encajara con el resto de sus preferencias. Aunque se tiende a asociar a la hembra con un mayor desinterés en el aspecto físico de su pareja, pues se presupone que tradicionalmente han buscado en ellos garantías económicas o estabilidad social y familiar, los expertos no encuentran tan descabellados los datos proporcionados por IMEO. El portavoz del Instituto, Rubén Bravo, considera: «No nos debe extrañar tanto sabiendo que las españolas se colocan entre las mujeres que más se cuidan y menos obesidad tienen en el ámbito de la Unión Europea», todo lo contrario de lo que sucede con sus opuestos, en la cima comunitaria de la dejadez.

Ellas se exigen –y por tanto nos exigen– más. Han experimentado en sus «propias carnes» el peso social y cultural de un exceso de kilos. «Las mujeres, en general, son más intolerantes con el sobrepeso propio y ajeno que los hombres porque están mucho más expuestas a las presiones publicitarias, a un canon de belleza femenina delgada, a veces tiránico», asegura Valentín Martínez-Otero, doctor en Psicología por la Universidad Complutense. Al mismo tiempo, buscan en ellos al depredador atlético y fornido, una remembranza incosciente del viejo líder de la manada Neandertal. Bajo las adiposidades o la clásica curva de la felicidad se escondería, según nuestro experto, «una persona desordenada, que se cuida poco, con más problemas de salud, y, por consiguiente, menos atractivo». En resumen, un cazador fallido.

El «quid» es la maternidad
Probablemente, décadas atrás las cifras de IMEO hubieran variado ostensiblemente. Como en toda época de esterilidad –y ésta lo es–, viene primando un canon femenino que no ha sido en absoluto la tónica general en la historia, que siempre valoró, por encima de todo, una piel sonrosada y unas carnes razonablemente surtidas. A este respecto, el ejemplo de «Las tres gracias» de Rubens es de manual. Sólo el Romanticismo puede alegarse como precedente estético de la época actual. A los excelsos poetas de la esterilidad les atraían las mujeres cadavéricas y pálidas, aquellas incapaces de perpetuar una especie maldita, la nuestra. Entonces, como ahora, funcionaba la delgadez extrema, enfermiza, incapaz de alumbrar una gran progenie. La negación de la naturaleza y su gran baza, la fertilidad.

Ciertamente, en la maternidad está el «quid» de todo este debate y la explicación a la mayor tolerancia del hombre hacia las «rellenitas». Lo explica el doctor Martínez-Otero: «Los varones parecen soportar mejor los kilos de más en la mujer por una probable asociación, igualmente inconsciente, con la maternidad». Hábilmente, la naturaleza manda sobre el gusto, psique mediante. Es la inveterada llamada del útero, el misterioso atractivo de la Venus de Willendorf.

De más a menos
David Bustamante reconoce una y otra vez que fue su mujer quien ordenó su vida. Y sus kilos de más. Es Paula Echevarría la que ha supervisado su cambio de hábitos de vida: más deporte y una alimentación saludable.  Ahora luce un físico envidiable. Y a la inversa que otras parejas, que se abandonan en cuanto dicen el «sí, quiero», ellos están en el punto más alto en su carrera profesional y también en cuanto a proyección de imagen. Ella como bloggera de moda de éxito. Él, como imagen de Police.

De menos a más
La vida y los disgustos le pasan factura a ellos, con más crueldad si cabe que a ellas.  Algunos como John Travolta, abusan de la cirugía y el tinte, pero se olvidan de declarar la guerra a las grasas saturadas. Y así ocurre, que del físico envidiable de Tony Manero sólo quedan las reproducciones de Youtube. Que se lo digan también a Ronaldo, al que ya le costaba mantener los kilos a raya cuando era profesional y que, una vez fuera de juego, se dio a la buena vida. Aunque con poca estabilidad sentimental.