El régimen de la mochila y la sonda, desaconsejado

  • La asociación de nutricionistas desaconseja la popular dieta por ser muy agresiva
  • La dieta es la misma que recibe un enfermo en estado de coma
  • “Es extrema pero aparentemente no dañina”, afirman expertos en EE UU

El País
la dieta de la sondaAdelgazar 10 kilos en 10 días sin probar bocado y sin tener sensación de hambre. Esto es lo que promete un nuevo tipo de dieta que se está popularizando en Estados Unidos y causa especial furor entre las novias que quieren adelgazar rápido y sin esfuerzo días antes de la boda. El régimen consiste en suministrar al paciente 800 calorías (el mínimo diario necesario para subsistir) a través de una sonda nasal. El método ha originado una gran controversia porque algunos especialistas consideran esta dieta “muy agresiva”. En España, una clínica de Barcelona ofrece el mismo tratamiento.

La técnica es la que se utiliza para alimentar a pacientes en coma, en algunos casos de anorexia o para enfermos de cáncer que reciben quimioterapia y tienen dificultades para comer. La nueva dieta es conocida por las siglas KE (Ketogenic Enteral) y la popularizó  Oliver di Pietro desde su clínica de Miami. El médico defiende que sus pacientes no pasan hambre porque el suministro de alimento es constante.

Una enfermera introduce al paciente por la nariz una sonda, de dos milímetros de grosor (la misma que utilizan para los recién nacidos), que pasa por el esófago y acaba en el estómago. Después, deberá cargar con la mochila que contiene todos los elementos nutritivos (hidratops de carbono, grasas y proteínas mezclado con agua, vitaminas, electrolitos y oligoelementos) que con la ayuda de una bomba surte al paciente de alimento las 24 horas del día.

Mientras la dieta gana adeptos, algunos especialistas lo califican de “extrema, pero aparentemente no dañina”. En EE UU, el tratamiento cuesta 1.500 dólares (1.146 euros), mientras que en la Clínica Planas de Barcelona el paciente debe pagar entre 3.000 y 5.000 euros. El centro asegura que es un método sencillo y que el cuerpo reacciona bien. Sin embargo, la Asociación Española de Dietistas Nutricionistas (AEDN) lo ha desaconsejado —puede causar fracturas óseas, gastroenteritis y otras alteraciones, asegura— y ha instado a las autoridades a proteger a la población de las consecuencias negativas de este tipo de régimen, que califican de fraudulento y de “dieta milagro”.

Las personas que han afrontado esta dieta tan radical afirman que no vieron peligrar su salud. Por la clínica catalana han pasado 91 pacientes desde hace seis meses (cuando comenzó el tratamiento). El 63% son mujeres con un 100% de éxito en la etapa inicial y sin incidencias por el momento, según la clínica.

El doctor Manuel Sánchez Sánchez, responsable de la unidad de nutrición y dietética de la clínica, atiende a un máximo de cinco pacientes por semana. Uno de ellos fue Juan Soler, alcalde de Getafe (Madrid) por el PP. Él viajó hasta Barcelona para someterse a este régimen de choque a principios del pasado enero. “Fue por indicación médica, ya que tenía unos niveles altísimos de colesterol”, admitió Soler. El alcalde adelgazó ocho kilos en 10 días.

A Soler le recomendó la clínica de Barcelona Gonzalo Lapique, empresario madrileño, amigo del regidor y uno de los primeros en someterse al régimen. “Había intentado perder peso por otras dietas pero esta es la que mejor ha funcionado”, dice el empresario, de 44 años. “No tienes sensación de hambre en ningún momento. Pero cuando llega la hora de la comida te acuerdas de comer por puro hábito”, afirma. La clínica barcelonesa, asegura Lapique, ofrece para paliarlo masajes o entrenamiento de un fisioterapeuta.

Ningún estudio ha probado la eficacia de la dieta ni su seguridad, según un informe de la asociación de nutricionistas AEDN. “Considero descabellado usar este método de adelgazamiento”, explica Nancy Babio, una de las cinco especialistas que elaboró el informe sobre la dieta Dukan y miembro de la Federación Española de Sociedades de Alimentación, Nutricionista y Dietética (FESNAD-SEEDO). Un real decreto de 2000 limita “el uso de alimentos destinados a usos médicos” para que solo se suministren a enfermos con problemas para “ingerir, digerir, absorber, metabolizar o excretar”. Este tratamiento, recuerda Babio, requiere monitorización y, en algunos casos, puede ocasionar complicaciones como obstrucción de la sonda, infecciones por la contaminación por bacterias, diarreas y deshidratación. El centro barcelonés responde que la dieta es fruto de sus cuatro décadas de experiencia y que tienen lista de espera.

Mucha carne acorta la vida

  • El consumo de carne en España es cuatro veces más que la aconsejada.
  • Comer más de 500 gramos a la semana de carne roja eleva el riesgo de cáncer y problemas de corazón.

El País / La Sexta Noticias


Un estudio recientemente publicado en la revista digital Biomedcentral.com ha concluido que limitar el consumo de carnes procesadas (salchichas, embutidos) a 20 gramos al día reduce la mortalidad un 3,3%. O, dicho al revés: quienes exceden esa ingesta tiene ese ligero riesgo de morir antes.

El trabajo se basa en una observación realizada en 448.568 personas (hombres y mujeres) sin antecedentes de infarto, cáncer o ictus ha permitido delimitar más la situación. Los participantes fueron reclutados en 23 centros de 10 países europeos (Francia, Italia, España, Holanda, Reino Unido, Grecia, Alemania, Suecia, Noruega y Dinamarca) durante una media de 10 años. En líneas generales, se fijaron tres variables: consumo de carne roja, de carne procesada y de carne blanca (pollo, pavo). Y se estableció la relación entre la dieta y la mortalidad.

La Sexta Noticias ha acudido a la opinión profesional de Rubén Bravo, experto en materia nutricional del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) para saber cuál es la cantidad de carne diaria que nos podemos permitir sin poner en peligro la salud.  Según Bravo, «comer más de 500 gramos a la semana de carne roja eleva el riesgo de cáncer y problemas de corazón». Los niveles de grasa de estas carnes son medios o altos, son ricas de omega 6 que, consumida en exceso, puede producir este tipo de problemas y aumentar el colesterol malo en la sangre. Por esta razón, el experto del IMEO desaconseja el consumo habitual de carne procesada, como salchicas, hamburguesas y embutidos, porque en general tienen más grasa, más sal y, por tanto, más riesgo cardiovascular. En algunas ocasiones, este tipo de productos se hacen con grasas vegetales, lactosa, etc.

El consumo de carne en España es cuatro veces más que la aconsejada. Por esta razón los nutricionistas recomiendan no superar el medio kilo a la semana y fijarse cuánto pesa cada pieza que ingerimos. A continuación os ofrecemos algunos ejemplos de carne que nos ayudaría no exceder el tope:

Un perrito caliente pesa unos 29gr.
Una loncha de jamón york – 34 gr.
Un filete normal – 125gr.
Una porción de lasaña – 200 gr.
Una hamburguesa de ternera – 250gr.
Un chuletón de ternera – 500gr.

Los niños que toman antibióticos tienen más riesgo de ser obesos

Un estudio relaciona el consumo de fármacos en bebés con problemas de sobrepeso posteriores

Emilio de Benito / El País

Si los ganaderos usaban antibióticos para engordar a los animales, los seres humanos no son una excepción. Un estudio hecho a 11.532 personas que nacieron en 1991 y 1992 en Avon (Reino Unido) ha demostrado que el riesgo de sobrepeso aumenta un 22% entre los niños que tomaron estos medicamentos antes de los cinco meses de edad. El trabajo lo ha publicado la revista International Journal of Obesity. El efecto engordante de estos fármacos se observa bastante pronto. Entre los 10 y 20 meses de edad ya es apreciable, pero es a los tres años y dos meses cuando alcanza su máximo.

Eso no quiere decir, lógicamente, que estos medicamentos deban rechazarse. Los antibióticos son fármacos eficaces para tratar infecciones bacterianas, y privar de ellos a los niños podría ser aún peor que tener que luchar con un sobrepeso posterior.

Aparte de constatar un hecho estadístico que habrá que seguir estudiando —el estudio no establece una relación causa-efecto—, uno de los coautores del trabajo, Leonardo Trasande, de la Universidad de Nueva York, recalca que “aunque normalmente se piensa que la obesidad es consecuencia de unos malos hábitos alimenticios y de la falta de ejercicio, cada vez hay más estudios que apuntan a que es un problema mucho más complicado”.

Por ejemplo, la semana pasada se publicó otro trabajo en el que se relacionaba el peso de los niños con el de sus madres. Aquellas que tienen sobrepeso o son obesas tienen una mayor probabilidad de tener niños con la misma condición. No se aclaraba si era porque transmiten sus malos hábitos a sus hijos o por otras causas.