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¿Sabes distinguir las grasas buenas de las malas?

noviembre 25, 2013

grasas no saturadas, foto ThinkstockBBC Mundo
Aunque la palabra grasa puede parecernos incompatible con una dieta saludable, eso no es así. No todas las grasas son iguales y es muy importante saber qué tipo de grasas debemos comer más y cuáles deberíamos reducir.

Grasas saturadas

Según NHS Choices, un servicio de asesoramiento online del Sistema Nacional de Salud británico, reducir algunas comidas ricas en grasas saturadas es una parte importante de una dieta saludable.

Entre esos alimentos está la mantequilla, la manteca, los chocolates, pasteles y masitas y los productos cárnicos como las salchichas o los pasteles de carne.

La mayoría de la gente come demasiada grasa saturada: en torno al 20% más del máximo recomendado, según recogen los estudios de la Asociación Británica de Dietética.

Las recomendaciones del Departmento de Salud británico dicen que el hombre promedio no debería comer más de 30 gramos de grasas saturadas al día, mientras que en el caso de la mujer esa cifra no debería ser superior a 20 gramos diarios.

Una dieta rica en grasas saturadas puede incrementar los niveles de colesterol de lipoproteína de baja densidad o colesterol malo en la sangre a lo largo del tiempo, lo que también aumenta la posibilidad de sufrir una enfermedad cardiovascular.

Pero ese riesgo ha sido puesto en duda recientemente.

El cardiólogo Aseem Malhotra escribió recientemente en el British Medical Journal que las grasas saturadas han sido “demonizadas durante décadas” al vincularlas con las enfermedades del corazón, algo que, dice, no ha podido ser plenamente comprobado con evidencias científicas.

Según Malhotra, la industria alimentaria ha compensado la bajada de grasas saturadas con el aumento de azúcar.

Grasas no saturadas

Tener una dieta rica en grasas no saturadas puede ayudar a bajar los niveles de colesterol malos en la sangre y a incrementar los de lipoproteína de alta densidad, el conocido como colesterol bueno.

Las grasas saturadas pueden ser sustituidas en una dieta balanceada con las más saludables grasas monosaturadas y polisaturadas, que se encuentran en muchos alimentos como:

– Los pescados “azules” como el salmón, las sardinas o la caballa.

– Frutos secos y semillas.

– Frutas y vegetales, incluyendo el aguacate.

Los ácidos Omega-3 pueden ayudar a bajar los niveles de triglicéridos en la sangre, a prevenir los coágulos de sangre y a mantener los ritmos cardiacos a un nivel regular.

La Fundación Británica del Corazón asegura que deberíamos comer dos porciones de pescado a la semana y que al menos una de ellas debe ser pescado azul.

Además, recomienda tomar una pequeña cantidad de grasas monosaturadas para ayudar a mantener los niveles de colesterol.

Grasas trans (o ácidos grasos trans)

El tercer tipo de grasas se encuentra en los ácidos grasos trans o grasas trans.
Las grasas trans naturales se encuentran en bajos niveles en algunas comidas, como los productos lácteos.

Las trans artificiales se producen cuando la grasa pasa por un proceso de hidrogenación, conocido como grasa hidrogenada.

Se puede usar para freír.

Las grasas trans artificiales también se encuentran en algunas comidas procesadas, como las galletas y los pasteles y en algunas ocasiones se usan para alargar la duración de los productos.

Una dieta rica en grasas trans puede conducir a niveles altos de colesterol malo en la sangre.

Pero, en Reino Unido, por ejemplo, la mayoría de la gente no come mucha grasa trans. De media, cada británico ingiere cerca de la mitad del máximo recomendado.

Y la mayoría de los supermercados del país han retirado el aceite hidrogenado de sus productos.

NHS Choices asegura que consumimos muchas más grasas saturadas que trans, pero dice que reducir la cantidad de grasas saturadas es más importante que disminuir la ingesta de ácidos grasos trans.

La ‘dieta del zumo’ es peligrosa… aunque la sigan algunas famosas

agosto 27, 2012

20 minutos/ Europ Press

  • Consiste en tomar zumo de verduras: remolacha, pepino, zanahoria, apio, col, etc.
  • Esta dieta no aporta nutrientes básicos, como proteínas o hidratos de carbono.
  • Consecuencias: se cae el pelo, envejece la piel o se descompone la dentadura.

Se llama ‘dieta del zumo’ y consiste básicamente en pasarse el día bebiendo zumos de verduras. Como todas las dietas la del zumo no hace milagros y sin embargo sí puede hacer daño al organismo. Parte de culpa es de las famosas que han tomado esta dieta por bandera.

Jennifer Aniston, Elsa Pataki, Salma Hayek, Sara Jessica Parker o Gwyneth Paltrow se han declarado fans de este régimen. Tal vez si supieran de sus peligrosos efectos secundarios dejarían de serlo.

Caída del cabello, envejecimiento prematuro de la piel, aparición de eccemas o descomposición de la dentadura son algunos de los efectos que puede provocar la famosa ‘dieta del zumo’.

Esta dieta consiste en ingerir grandes dosis de zumos a base de remolacha, pepino, espinacas, jengibre, zanahoria, apio, ajo y col. Quienes la siguen piensan que haciendo esto consiguen reducir el peso y purificar la piel.

En realidad, lo que ocurre es que el cuerpo deja de consumir nutrientes básicos, como proteínas o hidratos de carbono, y esto se traduce en varios efectos nocivos. La Asociación Británica de Dietética ya ha advertido que al no consumir hidratos de carbono, el ejercicio o incluso la vida diaria normal se hace casi imposible.

 Además, los kilos que se pierden con el régimen volverán con la misma facilidad con la que se esfumaron provocando así un efecto rebote nada deseable.

Sus defensores, aseguran que la ‘dieta del zumo’ es una dieta baja en calorías, con la que se obtienen resultados rápidos, sin que esto se deba a la pérdida de líquidos en el cuerpo, como sucede en la mayoría de dietas rápidas.

Perder peso es algo muy serio, no se trata de una frivolidad que pueda basarse en lo leído en una revista o en el consejo de una amiga (menos aún en el de una ‘famosa’). Si de verdad queremos y necesitamos perder peso hay que acudir a un especialista médico. Porque adelgazar es una cuestiono de salud, no de tallas.