¡Aguante! Con tan solo 5 días de dieta su metabolismo ya empieza a cambiar

Y de ello depende que usted logre ganar o perder peso

El País, Alberto G. Palomo
¿Cuántas veces culpamos al metabolismo de nuestra anatomía? Le recriminamos engordar solo con respirar o mantenernos raquíticos incluso merendando tocino. Este concepto médico no deja de llevarse varapalos a la ligera. Además de servirnos para justificar algunos de los actos que llevamos a cabo.

¿Un fin de semana de excesos? No pasa nada: dos días de dieta y mi cuerpo, como si no se hubiese enterado. El interrogante que pende sobre nuestro gasto calórico es aún un misterio. Sabemos quién es el director de orquesta y algunas claves para escucharlo, pero no tenemos todas las cartas descubiertas. Ahora, un estudio parece haber llegado a una novedosa conclusión: bastan tan solo cinco días de mala alimentación para que se altere el funcionamiento de los músculos y, por tanto, nos cambie el metabolismo.

Veamos primero cómo definen metabolismo los médicos. Según Rubén Bravo, responsable de comunicación del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (Imeo), “el metabolismo es el conjunto de reacciones químicas que efectúan las células para degradar sustancias. Puede ser basal, que es lo que una persona consume en reposo, y el añadido por la actividad diaria.

Siempre depende del tamaño del cuerpo y la musculatura. De ahí que, por norma general, una mujer gaste 1.300 calorías mientras que un hombre ronda las 1.800”. En su clínica, especializada en obesidad, repiten que hay una parte del funcionamiento del metabolismo por descubrir. “Podemos calcular la tasa metabólica sólo con los niveles musculares y de grasa en el cuerpo. El resto depende del ejercicio, aunque en épocas de estrés o duelo se acelere”.

Juegan a nuestro favor los músculos. “A más ejercicio, más gasto. Y a más masa muscular, más gasto todavía, porque el músculo sintetiza más”, comenta Bravo, que hace una analogía entre nuestra forma de consumir calorías con los automóviles: “¿Qué requiere más gasolina, un todoterreno o una moto?”.

El citado estudio calcula que un 30% de nuestra ingesta la metabolizan los músculos. Por tanto, si su nivel varía, las consecuencias se notan en el resto del organismo. “Es un lugar fundamental para la absorción de glucosa. Si el nivel de glucosa sube, [los músculos] ejercen de limpiador natural”, apuntan. El doctor del Imeo incorpora a la resolución que alguien con mucho músculo equilibra el gasto, pero también tiene el peligro de perderlo rápido y dejar de quemar lo que consume.

“Del 70% de nuestro gasto calórico se encargan los músculos y los huesos. Hay que añadir las hormonas sexuales, la testosterona en varones y los estrógenos en mujeres”, continúa. “Las primeras ofrecen vitalidad y energía, eso hace que los hombres pierdan más. En el caso femenino hay menor pérdida porque se reserva, como se ve sobre todo en los periodos de ovulación”.

Ambas están dirigidas por la glándula de la tiroides, que marca un ritmo más lento o acelerado de consumo. “Esto es lo que conocemos y ha evolucionado poco en la historia. Nuestro cuerpo se amolda a gastar menos en ayuno y más cuando sabe que no le van a dejar de entrar calorías”, concede Bravo. Eso explica que en una dieta hipocalórica se pierdan más kilos al principio que más adelante, cuando el cuerpo “se ha acostumbrado” a esa ingesta.

El estudio mencionado de la Virginia Tech College of Agriculture and Life Sciences se efectuó entre estudiantes de universidad. Si la dieta habitual conlleva un 30% de lípidos, la empleada en la investigación (que incluía platos de macarrones con queso o frituras con mantequilla) ascendió esa cantidad al 55%, aunque con el mismo número final de calorías.

Luego observaron cómo se transformaba el funcionamiento de metabolización de los músculos, que cambió considerablemente aunque ningún estudiante tuvo un aumento llamativo de peso. Matt Hulver, profesor asociado del centro y miembro de la investigación junto a dos colegas de departamento, avisaba: “Hay veces que pasamos temporadas tomando productos grasos y olvidándonos de lo saludable, como las vacaciones o algunas festividades. Creemos que no nos van a provocar ningún problema. Este informe resuelve que una dieta de alto consumo de grasas puede alterar el metabolismo normal de una persona en muy poco tiempo”.

La incógnita es saber si estos pequeños cambios en poco tiempo afectan en el largo plazo y si puede revertirse en el caso de volver a una dieta hipocalórica. Al respecto, Rubén Bravo aclara que, desde la experiencia en la clínica, “las alteraciones no se producen en días sino en meses”.

Una persona no acostumbrada a las grasas va a engordar porque las acumula. Y al revés igual: el que suele comer mucho y deja de hacerlo, adelgaza al momento. Son los casos del que pierde de repente tres kilos en una semana. “Es una reacción pero no un cambio”, aclara. Su método, sostiene, consiste en hacer “descansos del metabolismo”, es decir, compaginar periodos de ingesta normal con otros detox, de “desintoxicación” solo con alimentos diuréticos.

“Sirve para resetear el organismo. Pero no es bueno dejar de tomar ningún nutriente. Las grasas saludables, por ejemplo, mejoran el funcionamiento hormonal. Por eso se alaba la dieta mediterránea con aceite de oliva virgen o pescado azul. El error viene cuando te pasas de calorías, comas lo que comas”, arguye.

¿Con qué versión quedarse?

La doctora María Forga Visa, del Hospital Clínic de Barcelona, cree que el metabolismo, “esos procesos que procuran la absorción de energía”, se confunde a menudo con el gasto. “Es posible que cambie. Con la edad desciende el ritmo: las personas mayores tienden a gastar menos. Pero no hay nada definitivo. Igual que no existen las dietas milagro, no hay tipos de alimentación excepcionales que lo modifiquen”, agrega la especialista, con 29 años en el servicio de Endocrinología y nutrición del Hospital Clínic de Barcelona.

Coincide Frank Suárez. Autor del ensayo ‘El poder del metabolismo’, no recomienda ninguna decisión drástica. Sí que señala hábitos saludables, como hidratarse con frecuencia o reducir los carbohidratos refinados, para mejorar el metabolismo. “Su alteración es relativa. Depende de la persona. Alguien que beba muchas bebidas azucaradas y deje de hacerlo lo mejorará, pero no lo modificará”, zanja.

Con mayor o menor precisión, esta víctima del escarnio público es todavía un enigma. Podremos acusarle de nuestras desgracias, pero de nada servirá si no atendemos a lo principal: nuestros cuidados para una vida saludable.

Alimentación sana y ejercicio, claves para reducir los riesgos de la menopausia

En España hay más de 23,5 millones de mujeres, de las cuales 3,5 millones tienen entre 45 y 54 años, edad en la que la gran mayoría ya ha alcanzado la menopausia.

Heraldo / Europa Press
Llevar una alimentación sana y practicar ejercicio físico ayuda a reducir los riesgos asociados a la menopausia como, por ejemplo, aumento de peso, descalificación ósea, colesterol alto o enfermedad cardiovascular, según ha puesto de manifiesto el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) con motivo de la celebración, el próximo 18 de octubre, del Día Mundial de la Menopausia.

Actualmente en España hay más de 23,5 millones de mujeres, de las cuales 3,5 millones tienen entre 45 y 54 años, edad en la que la gran mayoría ya ha alcanzado la menopausia. De hecho, la última Encuesta de Salud Europea reveló que en esta franja de edad un 38,1 por ciento de las españolas muestra unos hábitos de vida sedentarios y un 58,8 por ciento reconoce que no dedica ni un día a la semana de su tiempo de ocio para la práctica de ejercicio físico regular.

En este sentido, el organismo ha informado de que casi el 45 por ciento de las mujeres en edad de menopausia en España tiene problemas de sobrepeso u obesidad (28,84%, sobrepeso y un 15,94%, obesidad) debido a unos hábitos de vida sedentarios.

Y es que, a partir de los 45 años la mujer empieza a perder fibra y tono muscular. Así, con la llegada de la menopausia, el cuerpo femenino entra en cierto declive y produce menos cantidad de estrógeno y progesterona. El déficit de estas hormonas incide de forma directa en la tendencia a perder masa muscular y acumular grasa alrededor de la cintura, lo que está relacionado con el incremento del riesgo cardiovascular o algunos tipos de cáncer, como el de mama y útero, al igual que la incidencia de diabetes tipo II, hígado graso, colesterol alto o hipertensión.

El ejercicio físico también mejora el funcionamiento mental

Es por ello tan importante adaptar nuestra alimentación a la necesidad de mantener esta masa muscular, dando prioridad a las proteínas y grasas saludables y a los hidratos de carbono en sus versiones integrales, desechando los alimentos perjudiciales para la salud. El 38 por ciento de las mujeres que acuden al centro en busca de ayuda profesional apuntan a un perfil condicionado por la transición menopáusica”, ha comentado el portavoz del IMEO, Rubén Bravo.

Por otra parte, el experto ha destacado la importancia del ejercicio físico, ya que repercute positivamente sobre el estado de ánimo, mejora el funcionamiento mental y propicia tanto el sueño profundo, como la reparación celular.

Por este motivo, y con el fin de combatir los hábitos de vida sedentarios, ha recomendado seguir una rutina semanal de cuatro días de actividad física, compuesta por dos sesiones de 45 minutos de ejercicio aeróbico moderado como zumba, spinning, bicicleta, natación o aquagym, alternadas con dos sesiones de 45 minutos de gimnasia orientada a fortalecimiento muscular y flexibilidad, tipo pesas, abdominales, yoga o pilates.

Además, en la menopausia la necesidad de hidratación se hace más importante, no sólo por el tema del envejecimiento cutáneo, sino porque ayuda a aliviar algunos de los síntomas, como sofocos, sudoración y mareos. En este sentido, se aconseja beber agua antes, durante y después del ejercicio, en pequeños sorbos y nunca a temperaturas extremas para evitar pérdidas de electrolitos y minerales.