Usuario de Facebook venció obesidad y hoy hace alarde de su atractivo

Pesaba 146 kilos, pero sufrió un asombroso antes y después. Ahora alborota Facebook con sus fotos
La Republica
viral-Noticia-746541Un galán de Facebook revela su pasado. Fue apodado ‘el gordo’ por sus amigos y compañeros de colegio, pero algo ocurriría con su vida al llegar a la adolescencia que su físico se transformó por completo. Austin Shifflett, de Charlottesville, Virginia (EE. UU.) asombra Facebook con su increíble transformación tras perder 80 kilos.

El joven de 22 años fue víctima de bullying por su sobrepeso. Era intimidado constantemente en la etapa escolar que llegó a faltar a clases por el temor a ser agredido. Prefería encerrarse en su habitación, jugando videojuegos, tomando mucho refrescos y comiendo gran cantidad de dulces. 

Según relató en su cuenta de Facebook, su obesidad comenzó cuando tenía 17 años. Jamás notó que sus conductas estaban dañando su salud, por lo que de un momento a otro llegó a pesar cerca de 146 kilos.
Austin estuvo al borde de la muerte al casi sufrir un paro cardiaco. Fue cuando empezó una nueva vida para él. “Me tomó por sorpresa y me vine al suelo, lloré en los brazos de un amigo”, contó en diálogo con Daily Mail.
v-rezultate-travli-paren-sbrosil-76-kg-i-stal-modelyuquibbll-4v-rezultate-travli-paren-sbrosil-76-kg-i-stal-modelyuquibbll-8Tras este episodio comenzó a cuidar su alimentación. Dejó de comer dulces y comida chatarra para darle paso a una dieta baja en carbohidratos, además de comenzar a entrenarse en el gym. Fue así que sorprendió a todos al perder casi 80 kilos. Hoy luce irreconocible y es considerado un apuesto galán en Facebook, donde tiene numerosas admiradoras.
bullied_for_being_fat_guy_loses_weight_and_looks_like_a_model_now_640_06Pero la reducción abrupta de peso le causó otro problema: el exceso de piel; tuvo que someterse a una cirugía estética para quitarse varios kilos de epidermis. El joven decidió abrir su cuenta de Instagram y Facebook para contar su historia y sus fotos han causado asombro.

De acosados por obesos en el colegio a campeones de culturismo

– Jordan Saunders y Ray Bath fueron dos niños obesos y acosados en el colegio
– Ahora, la pareja, compite en campeonatos de culturismo y tienen una empresa de fitness
– “Los que nos insultaban en el colegio ahora nos piden consejo para estar en forma”

Reino_Unido-culturismo-acoso_escolar-Jordan_Saunders-Ray_BathJordan Saunders y Ray Bath son una pareja con muchas cosas en común. Ambos lucen cuerpos esculturales y han logrado ser campeones de culturismo, pero su vida no siempre fue así. En el colegio sufrieron acoso escolar y burlas por su sobrepeso. Ahora han montado su propia empresa de entrenadores personales, “los que nos insultaban ahora nos piden consejos para estar en forma”.

Según informa el diario The Mirror, Jordan Saunders tuvo que sufrir el acoso y las burlas de sus compañeros en el colegio por culpa de su sobrepeso. Con sólo once años llegó a pesar 69 kilogramos y se convirtió en el objetivo de los niños más crueles.

Decidida a cambiar su cuerpo con 15 años decidió adelgazar y cuidarse. Comenzó a hacer dieta, a ir al gimnasio, estudio educación física y después Ciencias del Deporte en la Universidad. Mientras estudiaba se puso a trabajar en un gimnasio donde conoció a Ray Bath.

Jordan y Ray se hicieron amigos y él le confesó que también había sido un niño obeso y había sufrido el acoso de sus compañeros.

Ambos comenzaron a entrenar juntos. Jordan cuenta que fue Ray el que la inició en el entrenamiento con pesas, ya que hasta ese momento ella era “la reina del cardio”. “Comenzamos a entrenar juntos todos los domingos”, cuenta, “y pronto se convirtió en una relación”.

Jordan Saunders y Ray Bath_antesAhora la pareja compite en Campeonatos de culturismo. Empezaron compitiendo en su país, Reino Unido, y en abril participaron en el campeonato del mundo celebrado en Miami.

La pareja, que tiene previsto casarse el próximo año, ha creado además un negocio de entrenadores personales, Body by JR, y han hecho del deporte su profesión.

“Todas esas personas que nos insultaron cuando éramos adolescentes”, explica Saunders, “ahora salen de la nada y nos preguntan cómo pueden ponerse en forma”.

La concienciación no funciona ¿Cuáles son las mejores armas de un país contra la obesidad?

Los ciudadanos de las sociedades occidentales siguen engordando pese a la ingente investigación y concienciación sobre la obesidad. Un estudio publicado en The Economist concluye que sumando iniciativas se podría conseguir que una quinta parte parte de la población con sobrepeso alcanzara un peso equilibrado en los próximos cinco o diez años.

Expansión, por Marga Castillo Grijota
las armas más efectivas contra la obesidad, foto by Expansion¿Por qué la gente sigue engordando pese a las numerosas campañas de concienciación contra los efectos de la obesidad? ¿Qué capacidad disuasoria tiene los Gobiernos para impedir que las poblaciones sigan ganando peso? Un análisis de McKinsey publicado en The Economist concluye que la concienciación, por sí misma, no funciona, pero combinando campañas y poniendo en práctica lo que ya se sabe, se podría revertir.

El 30% de la población mundial es obesa o tiene sobrepeso, un porcentaje 2,5 veces mayor que el número de adultos y niños en situación de desnutrición. La obesidad está implicada en el 5% de los fallecimientos y su impacto económico alcanza el 2,8% del PIB mundial, casi equivalente al del tabaquismo, las guerras y la violencia y el terrorismo juntos.

Los países ricos destinan entre un 2% y un 7% de su gasto en salud a tratar afecciones asociadas al sobrepeso, porcentaje que se eleva hasta el 20% si se incluye el tratamiento de las enfermedades asociadas como la diabetes. Sin embargo, la solución a la obesidad no es ni mucho menos simple.

En las tres últimas décadas ningún país ha conseguido unas tasas de éxito medianamente aceptables pese a los esfuerzos para concienciar a la población, según un estudio de The Lancet. Es decir, las campañas de concienciación impulsadas por las autoridades sanitarias no se han mostrado capaces de revertir esta tendencia al sobrepeso que invade las sociedades occidentales: seguimos ganando peso, aunque somos conscientes de que “estar gordo no es bueno”.

Un estudio publicado por el Instituto de Investigaciones Globales de la consultora McKinsey (MGI, en sus siglas inglesas), del que se hace eco The Economist, explica por qué los programas de concienciación no han conseguido disuadir a sus habitantes de que mejoren su estilo de vida para no seguir ganando kilos de más.

La investigación, titulada Derrotando a la obesidad; un análisis económico básico, ha analizado 74 iniciativas puestas en marcha en 18 condados estadounidenses para ofrecer un punto de vista independiente e intentar abordar una nueva estrategia que consiga detener esta epidemia. “Si continuamos así, a finales de 2030 casi la mitad de la población adulta será obesa o tendrá sobrepeso”, advierte la investigación.

Las iniciativas analizadas son diversas: desde aquellas encaminadas a impulsar la elección de alimentos saludables, hasta la disuasión, incluso dificultando el acceso en superficies comerciales a opciones de escasa calidad nutricional.

Así, MGI ha estudiado campañas de diverso ámbito entre las que se incluyen los menús subvencionados por el Gobierno estadounidense en colegios e institutos, las reformas legislativas para mejorar el etiquetado nutricional, así como restricciones publicitarias en comidas y bebidas hipercalóricas o campañas de salud pública centradas en la concienciación a la población general .

Entre todas las iniciativas analizadas, MGI encontró datos susceptibles de ser analizados en 44 iniciativas de 16 áreas. De los resultados se extrae que ninguna de las campañas puede hacer mucho si se pone en marcha de forma aislada.

Sin embargo, la combinación de las 44 iniciativas analizadas podría conseguir que al menos una quinta parte de la población con sobrepeso alcanzara un peso equilibrado en los próximos cinco o diez años. El estudio se centra en comportamientos, más que en analizar la respuesta clínica de nutrientes específicos o el papel que juega la genética. Desde el plato más pequeño hasta las ‘chuches’ fuera de la vista Según este análisis, en función de rentabilidad, lo más efectivo para luchar contra la obesidad es obligar a la industria y la restauración a ofrecer porciones más pequeñas y eliminar los ingredientes hipercalóricos. También se valoran otras iniciativas menos paternalistas, como la de sustituir en los supermercados las estanterías dedicadas a los dulces por opciones más saludables.

Lo que está claro, dicen los investigadores, es que animar a la gente a adelgazar y hacer más ejercicio, sin ningún tipo de ayuda opcional, es totalmente ineficiente. “Es posible que conciencie pero, claramente, no se lleva a la práctica”.

¿Hasta qué punto tienen que implicarse los gobiernos para promover la salud? Es un intenso debate, señala The Economist, cuando se esgrime el concepto de la libertad de elección para cuestionar la efectividad de las campañas más efectivas.

El artículo recuerda el caso del alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, cuando en 2012 intentó limitar el tamaño de los refrescos azucarados: se topó con una gran reacción en contra y el intento acabó muriendo en los tribunales.

Pero John Stuart Mill, el filósofo decimonónico adalid del liberalismo, justificó las intervenciones del Estado cuando se podían prevenir daños a la sociedad. Y algunas de las medidas antiobesidad entran en esta categoría. Cuatro premisas: cooperación, límites, alianzas y ensayos El estudio de McKinsey establece cuatro conclusiones cuya aplicación en el ámbito de la salud pública ayudará a que quienes diseñan las políticas tomen decisiones informadas y que los países elijan soluciones sanitarias vitales que sean rentables.

1. Las iniciativas aisladas no funcionan Ninguna por separado tiene un impacto significativo para reducir la obesidad. Para conseguir resultados se necesita un conjunto de iniciativas adaptado a escala y adaptada para cada población determinada.

2. La educación y la llamada a la responsabilidad individual, es decir, la concienciación, es útil, pero no suficiente. La educación sanitaria tiene que ir acompañada de otras campañas encaminadas a promover el consumo responsable: porciones más pequeñas, prohibición de campañas de marketing perniciosas, así como la promoción de la salud y el deporte en las zonas urbanas para facilitar la actividad física.

3. Ningún componente de la sociedad puede luchar contra la obesidad aisladamente Ni gobiernos, ni distribuidores, ni empresas alimentarias, restaurantes, empleados, medios de comunicación, educadores, ni sanitarios. Para que una campaña sea efectiva se necesita la implicación de todos los sectores posibles. “Hay precedentes de que una alianza entre los gobiernos y la industria alimentaria en combinación con líderes comunitarios es capaz de hacer funcionar campañas de salud pública contra la obesidad”.

4. Ninguna campaña funcionará sin establecer unas premisas fundamentales Cuantos más actores participen para poner en marcha una iniciativa, en todas las escalas y todos los niveles, basándose en el principio de la cooperación, más efectiva será. Si se priorizan determinadas campañas e investigaciones, se obstaculiza el éxito de la acción constructiva.

Mientras la investigación continúe, la sociedad debería ensayar, dar salida a proyectos piloto basados en la prueba-error en función de la evidencia científica, especialmente cuando los riesgos son bajos.

“La investigación en obesidad es prolífica, aprovechémoslo”. Pese que la evidencia sobre la intervención clínica y comportamental para reducir la obesidad es todavía escasa, es prioritario aumentar los recursos para investigar, pero también poner en marcha ensayos y experiencias, concluye McKinsey.

En muchos casos, dar prioridad a una investigación prometedora puede tener un efecto perverso, ya que en el esfuerzo para intentar encontrar una “solución perfecta”, se puede estar impidiendo pasar a la acción. “Mejor que esperar a tener pruebas de lo que funciona, hay que experimentar, aprender de los éxitos y también de los errores: sólo así podremos tener más conocimientos para mejorar”.