En la batalla contra la grasa, la salud puede salir perdiendo

El consumo de “quemadores de grasa” no siempre beneficia al organismo, y muchos de ellos pueden provocar efectos secundarios o perjudiciales para la salud, advierte el Instituto Médico Europeo de la Obesidad

      • Cuatro de cada cinco españoles que quieren adelgazar utilizan productos «mágicos» que se dispensan por teléfono, Internet e incluso en las farmacias, según informa el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid.
      • Según un estudio realizado por la Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU), los españoles se gastan 2.000 millones al año  en productos milagropara adelgazar rápidamente o mejorar el aspecto físico (2010).

Con la llegada del verano comienza la batalla contra la grasa que declaran las marcas especializadas en productos «milagrosos» que prometen conseguir en poco tiempo una esbelta silueta. La falsedad de tal slogan es tan grande como el riesgo que conlleva su consumo para nuestro organismo, advierten del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Los anticelulíticos y quemadores de grasa son los productos con más salida comercial en este mercado que abarca desde cosméticos y sustitutos de comida, hasta fármacos. Aquí entran cremas reductoras, geles reafirmantes, quemadores de grasa, termogénicos, psicotrópicos, anorexígenos, estimulantes que aceleran el ritmo cardíaco, moderadores de apetito, preparados deportivos, barritas dietéticas, sustitutos de alimentos, diuréticos y laxantes. “Resulta que todo vale con el fin de eliminar el sobrante de peso y conseguir un cuerpo diez, aunque para ello se corra el riesgo de poner en peligro la salud”, apunta Rubén Bravo, naturópata y especialista en nutrición de IMEO.

El gran problema en la mayoría de los casos es la falta de información objetiva, y la falta de rigor científico en los estudios que suelen “avalar” estos productos. Las personas obsesionadas en adelgazar de forma rápida o aquellos que tienen diferentes trastornos de la alimentación, suelen ser presa fácil de las fuentes de información como Internet y las ediciones especializadas cuyo principal objetivo es publicitar y vender estos productos, de modo que no siempre informan sobre los efectos secundarios que estos puedan tener, y suelen dejar mucho que desear sobre su real efecto adelgazante. “Muchos quemadores de grasas basan su eficacia en estimular la insulina a través de cafeína o teína, produciendo una bajada de peso, pero no de grasa, sino de agua y masa muscular, que a la larga relentizará nuestro metabolismo y lo hará menos eficaz”, señala Rubén Bravo. La clave para reducir el porcentaje de grasa corporal consiste en combinar una dieta equilibrada, exenta de azúcares y grasas saturadas, con ejercicio físico.

El consumo de suplementación, en este sentido, con fines dietéticos debe ser consultado con un especialista, para asegurarse que no haya contraindicaciones con otros medicamentos que se estén tomando: anticoagulantes, antipsicóticos, pastillas contra el asma, etc. Los “quemadores de grasa” se deben evitar por completo en el caso de los hipertensos, los diabéticos, las personas con problemas de tiroides, las mujeres embarazadas y en periodo de lactancia.

Mito y realidad de los quemadores de grasa más famosos

Un «quemador de grasa» es básicamente un producto que contiene varios principios activos que en teoría favorecen la aceleración del metabolismo. A partir de aquí y en función de su empleo, algunos de estos productos añaden ingredientes adicionales con el fin de suprimir el apetito o disminuir la absorción de carbohidratos o grasas.

La cafeína

Se trata del suplemento más popular, dado a sus características estimulantes y el hecho de que aumenta el metabolismo basal, permitiendo que se pierda un 7% de peso más a lo que se perdería usualmente con dieta y ejercicio, pero al ser un estimulante dela Insulina la mayor parte del peso extra que perdemos no es de grasa sino de masa muscular y agua. Sus efectos secundarios son muchos y algunos bastante peligrosos; como la excesiva vasoconstricción, hiperactividad de los sistemas cardiovasculares, respiratorio y gastrointestinal, también puede producir insomnio, nerviosismo, excitación, exceso de diuresis (orinar demasiadas veces), problemas gastrointestinales, contracciones musculares involuntarias, arritmia cardiaca, y agitaciones psicomotrices.

El café verde y el té verde

Conocido por sus propiedades antinflamatorias y anticancerígenos, el té verde también juega un papel importante en la estimulación del metabolismo. “Es un arma de doble filo si no se utiliza con cabeza, pues contiene Teofilina, una sustancia muy parecida a la cafeína. Actualmente es posible adquirir el extracto de Café Verde sin cafeína, ni teofílina, proporcionando los efectos tan beneficiosos de estos productos, pero sin los efectos perjudiciales de la cafeína o sus iguales. El Café Verde y el Té Verde disminuyen la absorción de la glucosa y la síntesis corporal de la misma, forzando al cuerpo a quemar grasa en su lugar, si los tomamos sin cafeína ni teofílina, realmente sí, nos ayudarán a perder grasa sin perjudicar nuestra salud”, concluye Rubén Bravo.

La L-carnitina

La L-carnitina es el quemador de grasa más popular. Es un aminoácido que sintetiza nuestro organismo, encargado de transportar los ácidos grasos al interior de la célula donde se «queman» para producir energía. El problema radica en que la biodisponibilidad de éste aminoácido si lo ingerimos es muy reducida, del 5% al 15% como máximo, es decir que tendríamos que tomar grandes cantidades de L-Carnitina para tener algún efecto notable “quemador de grasas” en nuestro organismo.

La Efedrina

Algunos quemadores de grasa contienen la sustancia efedrina -un alcaloide que se obtiene de forma sintética como medicamento-, que acelera el metabolismo induciendo directamente sobre el ritmo cardiaco, el sistema respiratorio por su efecto broncodilatador, y también sobre el sistema endocrino. Sólo es posible encontrarlo en la farmacia con prescripción médica y ha sido retirado de los termogénicos suplementados por el alto riesgo y efectos secundarios como cianosis, dolor en el pecho, convulsiones, fiebre, taquicardia, cefaleas, alucinaciones, hipertensión, náuseas o vómitos, ansiedad, nerviosismo, dilatación de pupilas, visión borrosa, debilidad severa y temblores, estando al nivel de muchas anfetaminas.

El estrés fomenta la aparición de trastornos alimentarios y de apetito

  • Un 11% de la población de los jóvenes escolarizados en la Comunidad de Madrid, con edades comprendidas entre los quince y dieciocho años, padecen un trastorno de conducta alimentaria, según datos publicados por el Instituto de Nutrición y Trastornos Alimentarios de la Comunidad de Madrid, 2010. 
  • Varios estudios realizados durante los últimos años por científicos advierten que el estrés en el trabajo, la inseguridad por la situación económica y la depresión en los adolescentes podría fomentar la obesidad. 
  • El 78% de las personas que acuden al Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) padecen de obesidad derivada de los trastornos alimentarios, el estrés y la ansiedad.

Obesidad debida al estrés en los adultos

El estrés, en todas sus formas –tensión, fatiga, presión, alteración, depresión, insomnio–, representa una reacción defensiva física y mental del ser humano ante un ambiente desfavorable. Hombres y mujeres responden de forma diferente al estrés, pero en ambos casos este estado de ánimo conlleva a comer de forma compulsiva y desmedida. Los varones suelen desarrollar una obesidad abdominal, mientras que las mujeres almacenan los cúmulos adiposos en la zona de los glúteos y los muslos. Al ser más emocionales, las representantes del sexo femenino resultan más propensas a experimentar alteraciones en el estado de ánimo por problemas de trabajo, pareja o la familia, aunque ellas también son más decisivas a la hora de ponerse a régimen.

“Existe una relación entre el estrés y la obesidad basada en los trastornos alimentarios”, afirma Ángel Nogueira, especialista en trastornos alimentarios de IMEO. Muchas veces comemos no porque tenemos hambre, sino porque nos encontramos en estado de estrés emocional, ayuno prolongado, alteración del sueño, ingesta cargada de cafeína y el cerebro reacciona como si estuviésemos ante una amenaza física. Aumenta la adrenalina y nos encontramos con un exceso de hormonas, entre los cuales está el cortisol, que es culpable de nuestra sensación de hambre y de la energía conservada bajo forma de grasa. En esta situación “la persona estresada se decanta por comer alimentos que abundan de azúcares, sal y grasa, porque son los que estimulan el cerebro para producir hormonas del placer”. Así con cada enfado damos un paso más hacia la obesidad, sometiéndonos a un mayor riesgo cardiovascular, advierte el especialista.

Cuando el organismo produce cortisol en grandes cantidades, la producción de la testosterona –muy importante para la formación de la masa muscular– disminuye. Con el tiempo, esto conlleva a la disminución de la masa muscular, de modo que por mucho que la persona entrene, no quemaría calorías suficientes. El cortisol también es culpable del almacenamiento de grasa visceral alrededor de los órganos vitales. Este tipo de grasa es muy peligrosa, ya que desprende ácidos grasos en la sangre que aumenta el colesterol y la insulina y puede causar problemas cardíacos y diabetes.

Trastornos de la alimentación en adolescentes

La ansiedad y los trastornos de la alimentación que cada vez son más frecuentes entre los adolescentes, radican en el ideal de belleza que gira en torno a la delgadez y el aspecto físico. Sin embargo, hay varios síntomas que nos pueden indicar la presencia de estos trastornos de la alimentación, es cuando se debe buscar ayuda profesional. “En el caso de la anorexia, por ejemplo, se observa una perdida de peso bastante importante -por debajo del 85% del peso correcto-, intenso temor a engordar, incluso teniendo bajo peso, distorsión en la propia percepción de la imagen corporal, negando el estado de delgadez en el que se pueda estar”, indica el especialista en trastornos de la conducta alimentaria. Otro síntoma típico en estos casos es que en las adolescentes que tienen este problema suele producirse una amenorrea o ausencia de menstruación que podría durar 3 meses consecutivos.

La bulimia se caracteriza con una excesiva influencia de la figura corporal y el peso. A diferencia de la anorexia, aquí se observa una serie de atracones o una elevada ingesta de alimentos en un periodo de tiempo menor a dos horas, acompañado por una sensación de pérdida del control. De forma paralela, aparecen comportamientos compensatorios como vómitos, uso de laxantes o diuréticos, ayuno o ejercicio excesivo para contrarrestar el atracón. “A causa de los ácidos del estomago, eliminados por el vomito, podemos notar erosión en los dedos y oscurecimiento de los dientes que dilatan la presencia de la enfermedad”, señala Nogueira.

Existen otros trastornos de la alimentación, aunque no tan populares, que también sufren los adolescentes, como es el caso de la vigorexia. Se presenta sobre todo en los varones y también incluye una alteración de la figura corporal. “Los que trabajamos en el ámbito del deporte y la actividad física, observamos a menudo esta obsesión en chicos jóvenes que quieren tener cada vez más masa muscular, y a pesar de tener un cuerpo musculado, tienen la percepción de estar delgados”, relata Nogueira.

Entre los trastornos de conducta alimentaria también está la ortorexia que consiste en llevar una alimentación saludable a límites extremos, llevando consigo el aislamiento del individuo. “Se trata principalmente de trastornos psicológicos, por ello lo primero que habría que hacer es consultar con un especialista en la conducta y en caso de que el problema sea mas grave, que sea tratado por un equipo multidisciplinario que incluya psicólogos, psiquiatras, endocrinos, médicos, nutricionistas y asesores deportivos” recomienda el especialista de IMEO.