La crisis agudiza la obesidad en países como España

Durante los últimos 5 años la obesidad ha sido prácticamente estable en países como Inglaterra, Italia, Corea y los Estados Unidos, pero se ha incrementado entre un 2 y un 3% en Australia, Canadá, Francia, México, España y Suiza.

El Mundo
/ OCDE

La crisis ha fomentado el consumo de comida rápida que se caracteriza por su alto contenido calóricoLos niveles de obesidad han aumentado en la mayoría de los países durante los últimos cinco años, siendo la crisis económica el factor que probablemente más haya contribuido, según una encuesta de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que destaca el crecimiento de la epidemia en países como Australia, Canadá, Francia, México, España y Suiza.

«La crisis económica puede haber contribuido a un mayor crecimiento de la obesidad, por eso la mayoría de los gobiernos necesitan hacer más para detener esta marea creciente», ha señalado el experto en Salud de la OCDE y uno de los autores del estudio, Michael Cecchini.

El informe muestra que la falta de recursos económicos ha aumentado que las familias gasten menos en comida sana como frutas y verduras e, incluso, en los hogares más pobres se haya modificado la dieta hacia la comida basura con alto contenido calórico.

La encuesta, publicada este martes muestra que la mayoría de las personas en los países de la OCDE tienen sobrepeso o son obesos, esto provoca unas consecuencias sociales y económicas que califica de «dramáticas», ya que supone la exposición de un número creciente de personas con enfermedades crónicas como la diabetes, enfermedades del corazón y cáncer.

Según los datos publicados, de media el 18% de la población adulta es obesa; aunque hay que tener en cuenta que más de uno de cada tres adultos en México, Nueva Zelanda y Estados Unidos, y más de uno de cada cuatro en Australia, Canadá, Chile y Hungría son obesos, lo que se encuentra muy por encima de la media.

Rate of obesity_OcdeMientras, uno de cada cinco niños tiene sobrepeso, aunque esta tasas puede ser más alta en países como Grecia, Italia, Eslovenia y EEUU donde afecta a uno de cada tres. No obstante, hay países que han logrado estabilizar o incluso reducir ligeramente las tasas de obesidad infantil pero que por el contrario tienen un alto índice de obesidad adulta.

En líneas generales, «la obesidad ha sido prácticamente estable en países como Inglaterra, Italia, Corea y los Estados Unidos, pero se ha incrementado entre un 2 y un 3% en Australia, Canadá, Francia, México, España y Suiza«.

Por otra parte, el informe señala que obesidad también es un problema desigualdad, que afecta especialmente a las mujeres y no discrimina respecto a la educación. Así, se observa que «las personas con más educación tienen ahora las mismas probabilidades de ser obesos que aquellos con menos educación», es el caso de países con niveles muy altos de obesidad como México y EEUU.

Datos en España

En España la tasa de adultos obsesos supera la media ya que uno de cada 6 adultos es obeso, y más de 1 de cada 2 tiene sobrepeso. Los últimos datos muestran que la proporción de adultos con sobrepeso ha aumentado en general en los últimos años, aunque a un ritmo más lento de lo previsto por las proyecciones anteriores de la OCDE.

Asimismo, se ha observado que los hombres con menos educación son 1,6 veces más propensos a ser obesos que los hombres con mayor nivel educativo; del mismo modo, las mujeres con menos educación son 2,4 veces más propensas a ser obesas que mujeres más preparadas. No obstante, la prevalencia de la obesidad ha aumentado en los tres grupos de educación analizados desde el año 2001.

Las tasas de sobrepeso infantil son altas también en España en comparación con otros miembros de la OCDE, ya que el 26% de los varones y el 24% de las niñas tiene sobrepeso, frente al 23% de niños y 21% de las niñas de promedio en los países de la OCDE.

En cuanto a las medidas adoptadas por algunos países para prevenir que la obesidad se propague aún más, destaca México que ha puesto en marcha una de las estrategias gubernamentales amplias para hacer frente al problema en 2013, incluyendo la sensibilización, la atención de la salud, las medidas reglamentarias y fiscales.

«Varios países han desarrollado marcos de múltiples partes interesadas, involucrando actores empresariales y de la sociedad civil en el desarrollo de políticas de salud pública. Las evaluaciones de la eficacia de estas iniciativas están a emerger», afirma.

 

Cuando las horas de gimnasio no pueden con los ‘michelines’

  • Se trata de un estudio de la UPV/EHU realizado entre 224 adolescentes
  • Deduce que el ejercicio físico no contrarresta el exceso de grasa de una dieta

El Mundo / Vasco Press

gymUn estudiorealizado por la UPV/EHU confirma que realizar mucho ejercicio físico no sirve para compensar el exceso de porcentaje de grasa de una dieta, incluso cuando esta supone el aporte calórico diario recomendado.

«Hasta ahora se pensaba que aun teniendo una dieta desequilibrada, si hacías mucho ejercicio físico, lo compensabas de alguna manera. En este estudio, hemos comprobado que eso no es así», ha explicado la doctora en Biología y profesora titular de Nutrición y Bromatología en la Facultad de Farmacia de la UPV/EHU Idoia Labayen.

El estudio, publicado en la prestigiosa revistaClinical Nutrition y que forma parte del estudio HELENA, financiado por la Comisión Europea, ha tenido como objetivo estudiar qué papel ejerce el componente lipídico, es decir, la grasa de la dieta, en la acumulación de grasa abdominal en los adolescentes.

La investigadora afirma que la acumulación de grasa en el abdomen «es la más perjudicial para la salud ya que incrementa el riesgo de padecer problemas cardiovasculares, diabetes mellitus, hipertensión arterial e hipercolesterolemia».

Sin embargo, hasta ahora no había trabajos previos que examinaran el papel de la composición de la dieta en el exceso de grasa abdominal en una etapa tan crítica del desarrollo como la adolescencia. «Los adolescentes son un grupo de riesgo en cuanto a estilos de vida se refiere, ya que empiezan a tomar sus propias decisiones con lo que quieren o no quieren comer, y viven también una etapa en la cual muchos de ellos dejan de hacer deporte», ha señalado Labayen.

Para estudiar estos objetivos trabajaron con una muestra de 224 adolescentes que participaron en el estudio HELENA, de un total de más de 3.500, en los cuales se midió con precisión la grasa abdominal mediante absorciometría dual de rayos X, además de los hábitos dietéticos y la actividad física.

Anteriormente, algunos investigadores habían propuesto que las dietas con elevado contenido graso podían incrementar el riesgo de obesidad, incluso sin aumentar el aporte calórico total.

Es decir, que independientemente de las calorías totales consumidas, un exceso de grasa en la dieta puede dar lugar a un mayor porcentaje de grasa corporal. Los resultados de este estudio confirman dicha hipótesis y demuestran que el porcentaje de grasa de la dieta se asocia significativamente con un aumento de adiposidad abdominal y que, además, esta relación es independiente de los niveles de actividad física que realizan los adolescentes.

«A pesar de que normalmente la actividad física es un factor de prevención, en este caso en particular, no consigue contrarrestarlo», señala la investigadora de la UPV/EHU. Por lo tanto, «estos resultados apuntan al aporte graso de la dieta como un factor clave de riesgo de adiposidad abdominal en los adolescentes e independiente de la actividad física», subraya Labayen.

El chocolate no engorda sólo si es puro y se controlan las cantidades

Fuentes: El Mundo / Enplenitud.com

Unos investigadores de la Universidad de California  observaron que las personas que más consumen chocolate tienen IMC más bajos que los menos ‘adictos’ al cacao. Este hecho se produce independientemente de la ingesta calórica al día y la práctica de ejercicio. 

El chocolate tiene asociaciones metabólicas favorables con la presión arterial, la sensibilidad a la insulina y los niveles de colesterol. Es rico en antioxidantes fitonutrientes como las catequinas lo que podría contribuir a su acción beneficiosa tanto en la sensibilidad a la insulina como en la presión sanguínea. Dado que el chocolate se consume como dulce y tiene calorías, despierta preocupación relacionada con su ingesta y el aumento de peso.  Se deberían evitar los que incluyen grasas hidrogenada en su elaboración. Lo importante es centrarse en los que estén elaborados con las únicas materias grasas procedentes de la manteca de cacao.

Como curiosidad hay que decir que existe incluso una dieta, La del chocolate que añade al menú al menos una vez al día variados postres elaborados de chocolate (aporta unas 1400 calorías al día, siendo el objetivo perder entre 1-2 kilos a la semana).

Lo que sabemos con certeza es que no engorda el chocolate puro, porque no ha sido procesado. Es cierto que algunos procesos le agregan elementos calóricos al chocolate, pero sin esos procesos las calorías del chocolate puro se convierten en materia grasa y no en energía.

El consumo diario de pequeñas cantidades de chocolate -no más de 30 gramos- tiene un efecto beneficioso para la salud, ya que este alimento tiene una gran cantidad de antioxidantes que protegen al corazón.

El chocolate genera endorfinas, que son las hormonas de la felicidad. Entonces el comerlo nos da una sensación de placer innegable. Ya que el chocolate mezcla la grasa con el azúcar, genera no solo una sensación de placer, sino que al consumirlo hay un efecto metabólico.

Las mujeres son las que más fácilmente caen entre sus redes, lo que se explica por las variaciones hormonales que experimentan, sobre todo en los períodos cercanos a la menstruación cuando necesitan elevar sus niveles de serotonina (neurotransmisor que tiene mucho que ver con el estado de ánimo). La mujer también es más depresiva, entonces tiene una mayor predilección por estos alimentos para sentirse mejor.

Otros estudios han demostrado que las personas con exceso de peso necesitan dosis más altas de este tipo de alimentos para mantener sus niveles de serotonina similares a los de las personas que tienen un peso normal.

Un chocolate que sea beneficioso para la salud tiene que tener sobre un 70% de cacao. Hay otros, en tanto, que tienen mucha cantidad de mantecas vegetales e incluso animales además de leche entera, y finalmente aportan una cantidad de grasa que no es saludable.

El chocolate que es de baja cantidad de cacao aporta solamente grasas de mala calidad y azúcares, lo que puede contribuir a elevar los niveles de colesterol, de triglicéridos y aportar una cantidad de calorías considerable que finalmente favorece el exceso de peso.

Ellos también se dan atracones

  • Un estudio muestra la incidencia de estos trastornos en los varones
  • Las personas con este problema tienen menos rendimiento laboral
  • El tratamiento se orienta a mejorar el control con la alimentación

Ángeles López | El Mundo.es

Si es de los que se pasan todo el día picando, o de los que, al llegar la noche, se da una opípara cena con alimentos hipercalóricos y no puede dejar de comer, quizás tenga un trastorno de la alimentación. Si, por ser hombre, no ha pensado nunca que esto pueda ser un problema, a pesar de tener sobrepeso u obesidad, no se engañe, debería consultar con un médico. Los trastornos por atracón, aunque son más frecuentes entre las mujeres, también afectan a los varones. Sin embargo, son pocos los estudios que incluyen al genéro masculino cuando se trata de analizar estas alteraciones de la nutrición. Esto es lo que denuncia un estudio, publicado en la revista ‘International Journal of Eating Disorders’, en el que también se muestra cómo afectan estos trastornos al rendimiento laboral.

Son difíciles de reconocer, porque cuando una persona se da un atracón de comida no suele pensar que tenga un problema. Sin embargo, a diferencia de la anorexia o la bulimia, ésta es una enfermedad de adultos. «Explorar su incidencia en la población es difícil. Habitualmente se producen por haber realizado una dieta restrictiva o de aquellas que contienen sólo un alimento. Ése es el factor precipitante», señala Luis Beato, jefe de Sección de la Unidad de Trastornos Alimentarios del Hospital General de Ciudad Real.

Se considera que una persona tiene un trastorno por atracón cuando recurrentemente tiene una ingesta excesiva de comida, con un alto contenido calórico (normalmente carbohidratos) en ausencia de una conducta compensatoria, como el vómito, el empleo de laxantes o el ayuno, típicos de la bulimia o la anorexia. Normalmente está asociado a los cuadros de ánimo, como ansiedad o estrés, que la persona calma con la comida. La ingesta produce estimulación del sistema parasimpático que produce un efecto sedante. «Y los alimentos más gratificantes son los que tienen hidratos de carbono, porque son los que mejor se absorben y pasan antes a la sangre, por lo que sancian más», explica Beato.

Existen diferentes modalidades de este trastorno. «Por un lado está la ingesta compulsiva, que se caracteriza por picar durante todo el día. Otra versión es la ingesta por descontrol, que es cuando planificas comer algo y acabas comiendo más de lo previsto. Y luego está la ingesta nocturna, que es la más difícil de tratar porque el paciente no es consciente de que se levanta por la noche y come, es similar a un trastorno del sueño, la persona está como sonámbula e ingiere lo que no se permite comer durante el día», aclara este psiquiatra.

Menos rendimiento laboral

Aunque las que acuden a la consulta suelen ser en su mayoría mujeres, este problema también afecta a los hombres. Tal y como explica Ruth R. Striegel, de la Universidad Wesleyan (Connecticut, EEUU) y autora del estudio mencionado, «los trastornos por atracón están estrechamente relacionados con la obesidad y el exceso de peso al igual que con el inicio de hipertensión, diabetes y alteraciones psiquiátricas. Sin embargo, la mayor parte de la evidencia sobre el impacto de los atracones está basada en muestras femeninas, como la mayoría de los estudios sobre trastornos de la alimentación, que reclutan a mujeres».

Por este motivo, la Dra. Striegel ha llevado a cabo su trabajo con la participación de 21.743 hombres y 24.608 mujeres que completaron un cuestionario sobre comportamientos y actitudes relacionados con la salud y sobre su funcionamiento psicosocial. El riesgo de sufrir un trastorno por atracón se midió utilizando cuatro preguntas: «¿Alguna vez come algo que otros consideran inusualmente una gran cantidad de comida?; ¿en el pasado mes, sintió haber perdido el control con la comida?; ¿cuántas veces ha comido algo que otras personas consideran una canitdad exagerada?; ¿en el último mes, cuántas veces ha perdido el control con la alimentación?».

Tras analizar los datos, los investigadores detectaron que el 7,5% de los hombres y el 11,19% de las mujeres sufrían un trastorno por atracón. Estas personas tenían más sobrepeso u obesidad que el resto de los participantes y se encontró también una mayor, aunque moderada, incidencia de depresión y estrés, sobre todo en las mujeres. Otro factor que sí que tuvo una fuerte asociación con los problemas de alimentación fue la pérdida de días de trabajo debido a enfermedad y la disminución de la productividad laboral, algo que afectó sobre todo a los varones.

«Más allá de los problemas de depresión, ansiedad y obesidad, el trastorno por atracón también está asociado con un deterioro en el rendimiento laboral […] Se necesitan campañas de Salud Pública para incrementar la concienciación sobre el deterioro psicosocial asociado con estos trastornos y valorar las actitudes negativas o falsas ideas sobre el trastorno por atracón y su tratamiento», señalan los autores.

Además, las personas que tienen este problema deben saber que existen tratamientos eficaces. Así lo demuestran diferentes investigaciones sobre este tema, la última, publicada en ‘Behaviour Research and Therapy’, ha sido realizada por especialistas del Departamento de Psiquiatría de las universidades de Yale y de Pennsylvania (EEUU). En este estudio se constata que establecer un programa terapéutico consistente en sesiones de terapia cognitiva y una dieta baja en calorías, logra una remisión de este trastorno y una pérdida de peso en al menos el 30% de los pacientes que lo siguen.

En nuestro país se está aplicando algo similar, un tratamiento orientado a aumentar el control de la persona sobre su alimentación y a incorporar unos hábitos de ejercicio en su vida. Como señala Beato, «sabemos que hay que evitar el efecto yo-yo de las dietas. Lo mejor es que la dieta y la actividad física sean compatibles con su vida».

Para las personas que picotean todo el día, se plantea la ingesta de cinco o seis comidas al día, sin pasar más de tres horas entre ellas, para retrasar el estímulo de gratificación que obtienen con el atracón. Se trata de aumentar el control de la persona sobre su alimentación, y con ello su autoestima. «Si consigue esto empezará a incorporar hábitos como la ingesta de verduras, la toma de desayunos completos, etc. Cuando ocurre esto, el paciente no tiene la sensación de alimentos prohibidos. Lo importante es no obsesionarse con la pérdida de peso, entonces será, precisamente, cuando empiece a perder peso», aclara este especialista.

Cuatro décadas con la obesidad

  • Si continúa la tendencia actual, en 2050 el 60% de los hombres será obeso
  • Ingerir 100 calorías menos cada día ayuda a perder peso sin problemas

Isabel F. Lantigua | EL MUNDO 

Uno de cada tres adultos en Estados Unidos es obeso. Uno de cada cuatro en el Reino Unido y Australia. Siete de cada 10 en Tonga. Las cifras varían según los países, pero casi ninguno se libra de esta epidemia de exceso de kilos. Ni siquiera los países de bajos ingresos, donde junto con personas que sufren desnutrición extrema hay otras que padecen enfermedades propias de la obesidad. Paradojas de un mundo globalizado. Un número especial de la revista ‘The Lancet’ analiza la situación presente y futura de esta amenaza para la salud.

Según recuerda el profesor Boyd Swinburn, del Centro de Prevención de la Obesidad de la Universidad Deakin (Melbourne, Australia) y colaborador de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en los países ricos la epidemia de obesidad «comenzó en la década de los 70 y principios de los 80, cuando la gente empezó a gastar más en comida y, por tanto, a consumir más».

En los países de medianos y bajos ingresos comenzó más tarde pero se propagó más rápido. La llegada de la llamada ‘comida basura’, más barata que los productos sanos, es uno de los factores clave para explicar los kilos demás. Pero no el único. «Influyen también aspectos ambientales, genéticos y de comportamiento«, reconoce Swinburn, para quien, hasta el momento «ningún país puede considerarse un ejemplo a seguir por sus éxitos a la hora de reducir la obesidad de su población».

En la actualidad se calcula que 1.500 millones de adultos tienen serios problemas de peso, a los que se suman 170 millones de niños. Esta epidemia es responsable de entre el 2% y el 6% del gasto sanitario de los países, ya que aumenta el riesgo de padecer distintas enfermedades, como diabetes o trastornos coronarios. Los expertos alertan de que si continúa la tendencia actual, la situación será insostenible dentro de 20 años.

Así lo estiman Claire Wang, de la Universidad de Columbia (Nueva York, EEUU) y Klim McPherson, de la Universidad de Oxford (Reino Unido), en otro de los estudios. Sus países son los lugares desarrollados con las tasas más altas de obesidad, con 99 milllones de obesos en EEUU y 15 millones en Reino Unido.

Para 2030, si nada cambia, las cifras aumentarán hasta los 165 millones y los 26 millones, respectivamente. El nuevo número supone que se tendrá que lidiar con 7,8 millones de casos nuevos de diabetes, 6,8 millones extra de enfermos coronarios y 539.000 casos nuevos de cáncer en EEUU. Para el Reino Unido, serán 668.000 casos extra de diabetes, 461.000 de enfermedades cardiacas y 130.000 tumores.

Para Steven L Gortmaker, de la Escuela de Salud Pública de Boston (EEUU) «las intervenciones para revertir esta epidemia tienen que liderarlas los gobiernos, aunque cuenten con la colaboración de ONG, la sociedad civil y otras instituciones». Según explica, «las acciones prioritarias y más eficaces pasan por prohibir la publicidad de refrescos y fast-food dirigida a los niños y por gravar con más impuestos a estos productos». Asimismo indica que las autoridades «deberían fomentar la práctica de ejercicio físico y facilitar las instalaciones para tal fin».

Dietas irreales

Expertos del Instituto Nacional de Diabetes y de Enfermedades Digestivas de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EEUU consideran que durante décadas los médicos y nutricionistas se han basado en una premisa incorrecta para desarrollar sus programas de adelgazamiento.

Sólo han tenido en cuenta el número de calorias ingeridas pero no así los cambios que se irían produciendo en el metabolismo, «por lo que generaban expectativas poco realistas en los obesos, que pensaban que iban a perder kilos muy rápido», cuenta el doctor Kevin Hall. Para este experto no es necesario hacer grandes esfuerzos ni dietas estrictas. Basta con «reducir el consumo de 100 calorías diarias para perder peso de forma considerable y sostenida en el tiempo».

«Por ejemplo, sólo con quitarnos la chocolatina diaria o el bollo de la merienda nos haría perder 11 kilos en tres años casi sin darnos cuenta», explica. Pero si nadie se toma en serio el problema, para el 2050, el 60% de los hombres y el 50% de las mujeres serán obesos. Dejando al margen al tabaco, la obesidad es la principal causa prevenible de enfermedades en muchos países.