¿Toman nuestros hijos demasiados refrescos?

Rubén Bravo, experto en nutrición del Instituto Médico de la Obesidad, ha hablado en La Mañana sobre el desorden alimenticio que se produce en los niños durante el verano. Asegura que el excesivo consumo de bebidas con gas puede provocar déficit de atención.

La Mañana de COPE, por Patricia Serrano González

Los niños y adolescentes son más propensos a engordar durante el periodo estival por los continuos cambios en los hábitos nutricionales, ya que comen más cantidad, más veces y a horas inadecuadas.

«Los niños abusan de la comida basura, sobre todo en verano. Y el problema lo tienen los padres, que les favorecen a que lo hagan», ha señalado el experto en nutrición Rubén Bravo asegurando que es en estos en los que radica el principal problema.

Y es que es la falta de tiempo o la dejadez de los padres lo que les lleva a recurrir a lo sencillo: «cocina fácil, pedidos que se traen a casa, platos de fabricación rápida, congelados, comida rápida de restaurantes…, hacen que no comamos bien», ha subrayado.

Para mantener un habito nutricional correcto hay que «elaborar un plan para la semana y realizar la compra con respecto a este plan, de manera que dediquemos más tiempo y cocinemos platos más saludables y elaborados».

En lo que concierne a bebidas con gas, el consumo excesivo de este tipo de bebidas puede provocar déficit de atención en los niños. Además, según un estudio realizado por la Universidad de Columbia y publicado por una revista de pediatría, el abuso de este consumo  también conduce a la agrasividad y retraimiento en los menores.

«Tanto en adultos como en niños, si no se limita este consumo, a largo plazo puede incurrir en problemas de riñón», ha señalado Rubén Bravo, haciendo especial hincapié en los niños, en los que ha avisado que «este exceso modifica el estado de ánimo, emociones y atención de los niños, capaces de tener ataques de agresividad e inquitud».

Cafeína, gas y azucar son los tres ingredientes suficientes para perjudicar la salud y actitud de algunas personas. «Conllevan a una hiperactividad e inquietud; subidas y bajadas en el estado de animo de algunos niños», ha subrayado.

Lo que hay que tener en cuenta es que no debemos abusar de estas bebidas, no ingerirlas todos los días. Y niños tienen que beberlas controlados por sus padres.

Qué comer para reducir el riesgo de cáncer

Huffingtonpost /Informe 21

alimentos anticancer
En la batalla para erradicar el cáncer, hay otro factor que preocupa a los científicos: la obesidad. El American Institute for Cancer Research (AICR) comprobó que se puede prevenir una tercera parte de los tipos de cáncer si la gente mantiene un peso saludable, come una dieta basada en plantas y está físicamente activa, precisamente lo que se recomienda para evitar la obesidad.

Ya hace un tiempo atrás el National Cancer Institute (NCI) ha estado recomendando y difundiendo lo que ellos llaman la «Nueva Dieta Americana» que debe servirse en un plato: dos terceras partes de alimentos basados en plantas (vegetales, habichuelas o frijoles, granos enteros y nueces) y no más de una tercera parte de alimentos provenientes de animales como pollo, mariscos, carne magra o productos lácteos bajos en grasa. Ese estilo de comer no solo ayuda a reducir el riesgo de cáncer, sino el de enfermedades cardiacas y la diabetes.

Junto con la “Nueva Dieta Americana”, difunden la siguiente información cuatro entidades que realizan investigaciones en conjunto: las mencionadas AICR y NCA, el National Institute of Health (NIH), American Association of Retired Persons (AARP) y American Cancer Society (ACS). Algunos datos te sorprenderán.

1.- El café reduce el riesgo de cáncer del colon y del endometrio. Un estudio encontró que la gente que bebe café vive más años. Las mujeres que beben más de 3 tazas de café diarias están 35 por ciento menos propensas a ser diagnosticadas con cáncer del endometrio. Las que beben 4 o más tazas de café al día tienen un riesgo más bajo de cáncer del colon que las que no beben café. Se cree que esto se debe a que el café reduce el tiempo de tránsito de los desechos de alimentos en el intestino. Mientras menos tiempo están los desechos en el colon, menor es el riesgo de cáncer en ese órgano. Siguen estudiando el café porque tiene más de 1,000 componentes y aún no se sabe cuál protege del cáncer.

2.- La gente que come muchos vegetales, frijoles, frutas, nueces, granos enteros, aceite de oliva y pescado, y menos carne roja, carne procesada y mantequilla, tiene menos incidencia de cáncer y enfermedad cardiaca. Se relaciona la carne roja con un aumento en el riesgo de cáncer, especialmente en el colon. El cerdo no es, como dicen, «la otra carne blanca». Está en la misma categoría de la carne roja y el cordero. Nadie debe comer más de 18 onzas semanales de carne roja a la semana, y se recomienda pre-cocinarla (al microonda o hirviendo en agua antes de ponerla a la parrilla, para reducir los cancerígenos.

3.- El licopene presente en los tomates, la toronja rosada, el repollo y las remolachas, ayuda a proteger contra el cáncer prostático.

4.- Los vegetales crucíferos como brócoli y repollo protegen contra varios tipos de cáncer por sus vitaminas, minerales y antioxidantes.

5.- Los arándanos (blueberries) protegen contra el cáncer de la boca, la garganta, los pulmones y el estómago.

6.- Las frutas rojas y anaranjadas como el melón cantaloupe y las batatas o boniatos protegen contra el cáncer de la boca.

7.- Una dieta rica en la fibra de los granos enteros protege contra el cáncer, especialmente del colon.

8.- Cualquier nivel de alcohol aumenta el riesgo de cáncer del seno. El alto consumo aumenta el riesgo de varios tipos de cáncer en ambos la mujer y el hombre, incluyendo el colon y el hígado. La ACS recomienda, como límites de consumo de alcohol, 2 tragos diarios para los hombres y un trago diario para las mujeres.

Tomar patatas chips durante el embarazo es tan perjudicial para el bebé ¡como fumar!

Te interesa, por Patricia Ruiz Ruescas

– Los bebés nacen con menos peso y menor tamaño de cráneo.

– El motivo es un contaminante, la acrilamida, que traspasa la placenta y tiene un efecto sobre el crecimiento fetal equivalente al de ser madre fumadora.

Se encuentra en los cereales del desayuno, en el pan, en el café, en las patatas fritas y en general en todos los alimentos en los que un hidrato de carbono se tuesta, fríe u hornea a muy altas temperaturas, pero sobre todo en las patatas chips. La acrilamida es un contaminante que traspasa la placenta y tiene un efecto sobre el crecimiento fetal equivalente al de ser madre fumadora, por lo que tomar una elevada cantidad de estos productos durante el embarazo puede ocasionar que el bebé nazca con menos peso y con un menor tamaño de cráneo.

Entre los recién nacidos más expuestos a la acrilamida y los que menos hay una diferencia de 100 gramos de promedio. No obstante, los autores de la investigación dirigida por el Centre de Recerca en Epidemiologia Ambiental de Barcelona y la Universidad de Estocolmo, en Suecia, y publicado en la revista Environmental Health Perspectives, hacen énfasis en que no se trata de no probar estos alimentos durante los nueve meses de gestación, sino de tomarlos de manera equilibrada, aunque sí aconsejan evitar aquellos que contienen más cantidad de este contaminante, como es el caso de las patatas chips, que tienen hasta 4.000 microgramos de acrilamida por kilo, mientras que los cereales rondan los 1.600 y el café, los mil.

Para llegar a estas conclusiones se realizó un estudio internacional sobre la dieta de 1.100 mujeres embarazadas y sus recién nacidos de Dinamarca, Inglaterra, Grecia, Noruega y España, y se halló este contaminante, que surge al freír hidratos de carbono a temperaturas muy elevadas, incorporado a la dieta normal de los europeos en la sangre de cordón umbilical. Las cifras más preocupantes se dieron en Reino Unido, donde las patatas chips son un producto común en la alimentación de sus habitantes.

La disminución de peso de los bebés puede llegar a los 132 gramos y la reducción del tamaño craneal a los 0,33 centímetros, lo que puede favorecer la aparición de enfermedades como la diabetes porque condiciona el desarrollo de varios procesos metabólicos según los investigadores.

Hasta hace una década se sabía que la acrilamida era un contaminante conocido como neurotóxico, que llegaba a las personas a través del tabaco o por vía aérea por exposición laboral durante la fabricación de plásticos y que era potencialmente cancerígeno. Ahora se ha detectado en la dieta habitual y en productos tan comunes como las patatas, el pan, las galletas, los cereales y el café.