El impuesto sobre bebidas azucaradas, ¿oportunismo o lucha contra la obesidad?

  lainformacion.com por Luis Díaz

botellas-coca-cola-getty-images_978812681_118482692_667x375El pasado viernes, tras el Consejo de Ministros, Cristóbal Montoro anunció que esperan cuadrar las cuentas recaudando 4.650 millones de euros más gracias a la reforma de Sociedades y a las subidas de los impuestos del alcohol, el tabaco y las bebidas azucaradas. Sobre los dos primeros, se espera un incremento de su gravamen del 2,5% en los cigarrillos, de un 6,8% en el tabaco de liar y de un 5% en el alcohol.

En cuanto al que afecta a las bebidas azucaradas, se desconoce el porcentaje, pero se supone que servirá para ingresar 200 millones durante 2017. El ministro de Hacienda aseguró que el impuesto, inédito en España, se justifica por “motivos de salud”. Pero nunca llueve a gusto de todos. Desde la Asociación de Bebidas Refrescantes (ANFABRA), que en España reúne a PepsiCo, RedBull o The Coca-Cola Company entre otras, se calificó como “injusto ydiscriminatorio” el próximo impuesto.

Aseguran que no han recibido ni una llamada del Gobierno para alcanzar un acuerdo. “El sector se ha enterado a través de las informaciones publicadas en los medios de comunicación”, apuntan. Asimismo, afirman que estas medidas “no son eficacespara resolver problemas de salud ni para cambiar hábitos de consumo” y que la principal perjudicada será la recuperación del consumo.

También la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha mostrado su rechazo hacia el impuesto. Subrayan su desconfianza hacia el impuesto alegando que no posee “un verdadero interés por la salud del consumidor” y parece tener “afán recaudatorio”. Reclaman un 10% menos de azúcar en éstas bebidas y más información en el etiquetado, pero no subidas. Desde ANFABRA aseguran que esa reducción “ya ha alcanzado un 23% en los últimos 10 años”. La OCU cree que al pagar “apenas unos céntimos de más” no se desincentivará el consumo ni se gastará lo recaudado “en campañas para la promoción de hábitos saludables”.

El impuesto es común en muchos países

El gravamen en las bebidas azucaradas es usual en países de condiciones socioeconómicas similares a la española. Por ejemplo, Francia incorporó una tasa para las bebidas azucaradas en el año 2012 que gravaba entre tres y seis céntimos el litro. México tiene una tasa del 10% por litro desde 2014. Irlanda y Reino Unido planean que entre en vigor una tasa sobre las bebidas carbonatadas en 2018. Ecuador, Egipto, Finlandia o Hungría también cuentan con tasas similares. En Cataluña, también se había hablado de aplicar una tasa especial sobre las bebidas azucaradas. En su caso, la Generalitat habló de unos 8 o 12 céntimos por litro.

México, que es uno de los países con mayor porcentaje de obesos -un 32,4% de los mexicanos adultos son obesos, sólo superados los estadounidenses (35,3%)-, vio como a lo largo de 2014 las ventas de éstas bebidas cayeron un 12% en ese mismo año. Pero al ser un impuesto indirecto, que grava a todos por igual, los que más redujeron sus compras fueron los grupos socioeconómicos más bajos.

Cristóbal Montoro aseguró que la idea es luchar contra enfermedades que nacen tras abusar de éste tipo de bebidas, como la obesidad y la diabetes, pero las peticiones de Bruselas pululan por el aire. Tras el incumplimiento del objetivo del déficit, las autoridades europeas pidieron a España realizar un ajuste de 5.000 millones. Por lo que 200 millones extra no vienen del todo mal.

Si bien es cierto que las empresas distribuidoras de éstas bebidas no están exentas de sospechas. Hace unos meses, un informe de la Universidad de Boston, publicado por la American Journal of Preventive Medicine,aseguraba que tanto The Coca-Cola Company como PepsiCo gastaron millones de dólares para financiar estudios que limpiasen su imagen.

Se sabe que cada lata de refresco tiene unos 40 gramos de azúcar. Lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) son 25 al día. Casi 100 organizaciones científicas y médicas, además de universidades, recibieron entre 2011 y 2015 financiación de las grandes competidoras del mercado de las azucareras. Las empresas de refrescos buscaban” mejorar su imagen y “neutralizar potenciales leyes que les perjudican”, aseguraban los autores.

La OMS pide un incremento del 20% en las bebidas azucaradas

La Organización Mundial de la Salud ha alertado en reiteradas ocasiones de los riesgos relacionados con la obesidad para el futuro de los países desarrollados. Para 2030 calculó que en España habría un 70% de españoles con sobrepeso y un 30% obesos. Que las muertes producidas por enfermedades cardiovasculares sean una de las principales causas de muerte se explica por los malos hábitos alimenticios y vida sedentaria.

Lo mismo ocurre con la diabetes, una de las enfermedades crónicas que más ha aumentado en los últimos años que se vincula a las dietas que abusan del azúcar. En España ya afecta a 5,3 millones de personas, según la Sociedad Europea de Diabetes. La OMS estima que para 2030 la diabetes será la séptima causa de muerte en el mundo.

Motivo por el que la OMS recomendó a los Gobiernos el pasado mes de octubre, coincidiendo con el Día Mundial contra la Obesidad, aumentar un 20% los impuestos sobre las bebidas azucaradas para reducir su consumo. Asegurando que “Nutricionalmente la gente no necesita ningún tipo de azúcar en su dieta”.

“El consumo de ‘azúcares libres’, incluyendo las bebidas azucaradas, es un factor importante del aumento global del número de personas que sufren de obesidad y diabetes. Por ello, si se aumentan los impuestos sobre estos productos se podrán salvar vidas, reducir los costes sanitarios y aumentar los ingresos para revertirlos en los servicios de salud”, señaló el director del departamento de la OMS para la prevención de las enfermedades no transmisibles, Douglas Bettcher.

Chips, el aperitivo más adictivo

Un nuevo libro explica por qué la patata chip engancha | El eslogan de Frito Lay reta al consumidor a “comer sólo una chip” | Según Harvard, la patata chip industrial es una de las comidas que más engorda | Cuanto más crujiente y ruidoso al comerse es la chip, más patatas se comen

La Vanguardia, por Andy Robinson
Patatas-chips_adictivasLos madrileños que tenían la costumbre de comer una ración de patatas fritas entre tres o cuatro personas con boquerones o mejillones y un vermut en los chiringuitos del parque del Retiro habrán visto que, tras las nuevas concesiones, la vieja patata frita procedente de las fábricas locales como La Zamorana de José Jiménez en Toledo, va siendo sustituida por la marca multinacional Frito Lay. Es la filial más lucrativa de la gigante Pepsico, cuyas patatas chips ya consolidan su implacable conquista del mercado global.

La llegada de Frito Lay al Retiro es simbólica porque la multinacional estadounidense no está demasiado interesada en el tradicional aperitivo madrileño, un precursor de un buen cocido o besugo, sino en rematar la conversión de España a la costumbre que ha transformado la cultura alimentaria estadounidense en los últimos 30 años: el snacking. “El snacking es comer en cualquier lugar y en cualquier momento, comer mecánicamente, sin pensar“, dijo Michael Moss, premio Pulitzer de The New York Times y autor de Salt, sugar fat (2013) una critica demoledora del papel de las grandes multinacionales de comida basura en la epidémica de obesidad que arrasa el mundo. “Ha sustituido las comidas en EE.UU. y las gigantes de la industria de alimentos procesados se mueven ya por el mundo para promocionar un modelo alimenticio tipo estadounidense”, añade.

La clave del snacking para megaempresas como Pepsico que necesitan expandir sus ventas y beneficios constantemente bajo fuertes presiones de los inversores en Wall Street, es crear adicción. Betcha can’t eat just one, (apostamos a que que no puedes comer solo una) es el famoso eslogan publicitario de las chips de Frito Lay. Es esta cualidad adictiva -garantía de ventas en ascenso permanente- lo que interesa mucho a Wall Street. La presidenta de Pepsico, Indra Noovi, ha comentado en alguna ocasión que su buena voluntad de reducir la cantidad de azúcar y grasa en sus productos (tanto bebidas como chips) choca contra las presiones desde Wall Street. “Frito Lay no es un imperio del mal. Hay voluntad de hacer productos más salubres pero los mercados bursátiles quieren productos que seduzcan a los consumidores. Y estos son los que llevan grasa, sal, azúcar”, dice Moss. Tras perder cuota de mercado a la Coca-Cola y ver estancarse su acción, Pepsico depende cada vez más de la venta de aperitivos, sobre todo patatas chips.

¿Cómo se hace una patata chip adictiva, según los requisitos de Wall Street? La respuesta se encuentra en el laboratorio de Frito Lay en Dallas (Texas), donde un centenar de científicos, psicólogos y expertos en marketing, dotados de un presupuesto de 30 millones de dólares anuales, desarrollan la fórmula más placentera de sal y grasa que combinan con el azúcar natural en el almidón de la patata. “He hablado con muchos de ellos. Son muy inteligentes y hacen muy bien su trabajo de crear productos irresistibles. No sólo quieren que nos guste su patata frita sino que queremos más y aún más”.

Existe una jerga científica para cada sensación. El momento exquisito en el cual la saliva se mezcla con la sal de la patata es la explosión de saliva y la sensación de grasa deshaciéndose es el efecto boca. Aunque el almidón no es dulce, el subidón de glucosa provoca nuevos ataques de hambre casi enseguida. De ahí: Betcha can’t eat just one. Según experimentos neurálgicos, un subidón de glucosa enciende el encefalograma cerebral igual que un chute de cocaina. Es el efecto deseado por Wall Street.

En los laboratorios se va ampliando la gama de sabores adictivos: barbacoa mezquite, pepinillo deli, queso cheddar y nata, chili jalapeño. Se empieza también a cambiar la estructura química de al sal para crear un polvo muy fino absorbido rápidamente por la lengua. En el Reino Unido, donde Frito Lay controla la marca Walkers, los sabores que enganchan incluyen costillas barbacoa, filete y cebolla, y pavo relleno. Esto ayuda a que cada británico cada año consuma 150 paquetes de las llamadas ‘crisps’ al año. Luego está la textura. En los laboratorios de las corporaciones multinacionales como Frito Lay, la meta siempre es ser crunchy (crujiente) . “Se sabe que, cuanto más ruidoso es el sonido del crunch de una patata chip, más se comen”, dice Moss.

Moss califica la patata chip -inventada en Saratoga Springs (estado de Nueva York) en 1853- como el “producto mas icónico” de la estrategia de la industria de alimentos iniciada hace 40 años de cargar su productos con azúcar, sal y grasa en busca de adicción masiva, beneficios en aumento constante y subidas bursátiles. La estrategia coincide con la explosión de la obesidad en EE.UU. hasta la situación actual en la que el 35,7% de los estadounidenses son obesos, lo cual ha provocado una epidemia de diabetes. “La patata chip es el producto que más engorda”, dice.

Segun un estudio de la Universidad de Harvard, en el 2011 con la participación de 120.000 personas a lo largo de 20 años, la patata chip provocó mayor aumento de peso. Una ración de 15 patatas cada día se tradujo en un aumento de peso de 1,69 libras, mucho más que los dulces. En cuanto al otro ingrediente adictivo, la sal, hay unos 180 miligramos de sodio en una bolsa pequeña de patatas Frito Lay, por encima del máximo consumo de sodio diario recomendado.

Ahora que crece el miedo sobre el catastrófico coste de la epidemia de obesidad, los científicos en el laboratorio Dallas de Frito Lay se emplean a fondo para inventar fórmulas innovadores para un snacking más sano, sin renunciar a esos sabores y texturas explosivos y adictivos. Pero la teoría de Michael Moss es que “el problema es el snacking en sí”, dice. “Debemos ejercer un control; comer en un lugar determinado y no terminar la bolsa”. Una sugerencia: si va al Retiro, busque el viejo chiringuito (aún quedan) y comparta con sus amigos una ración de patatas artesanales con aceitunas o mejillones antes de ir a comer un cocido.

¿Deben los refrescos llevar una etiqueta de advertencia como la del tabaco?

Ya sea por el exceso de azúcar o por los edulcorantes artificiales que se emplean como sustituto del mismo, las bebidas refrescantes suponen en muchas ocasiones un riesgo para nuestra salud mucho mayor de lo que nos pensamos.

refrescosQué, por Irene Cirvida
Coca-Cola, PepsiCo y Dr Pepper
, las mayores empresas fabricantes de refrescos del mundo, se comprometieron hace unas semanas a reducir las calorías de sus bebidas hasta en un 20 %. El plazo para cumplir dicha promesa es de más de 10 años (hasta 2025) y, por el momento tan solo se aplicará en Estados Unidos, el país con el índice de obesidad más alto del mundo según los informes de la OCDE.

Las empresas de refrescos más importantes del mundo llegaron a este acuerdo junto con la Asociación Estadounidense de Bebidas y la Alianza por una Generación más Sana, tras una conferencia organizada por la Fundación Clinton. Precisamente, el ex presidente estadounidense ha calificado esta medida como “algo fundamental en la lucha contra la obesidad”.

Sin embargo, es necesario plantearse si se podría hacer algo más por concienciar a la sociedad de los riesgos para la salud que entraña el abuso de este tipo de bebidas o si, por el contrario, reducir las calorías bastaría.

Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), considera que la disminución de las calorías en los refrescos “no es suficiente ni mucho menos”. Es importante tener en cuenta que ya existen en el mercado muchas variantes de bebidas refrescantes con menos calorías que las normales (light, zero…) y aun así el sobrepeso y otros problemas de salud siguen estrechamente vinculados a un consumo abusivo de los mismos.

EL PELIGRO DE LOS ENDULZANTES 

“El problema que hay que plantear es si los endulzantes empleados en los refrescos son perjudiciales para la salud”, afirma Bravo. En este sentido, recientemente se ha publicado un estudio que vincula directamente los edulcorantes artificiales con la diabetes,entre otras cosas.

El trabajo realizado por investigadores del Weizmann Institute of Science (Israel) sostiene que el consumo de los edulcorantes artificiales que se suelen emplear como sustitutos del azúcar (no solo en refrescos, sino también en alimentos preparados y la sacarina) provocaría alteraciones metabólicas relacionadas con la obesidad, así como intolerancia a la glucosa y posteriormente incluso diabetes. 

La investigación realizada con ratones y humanos, publicada por la revista Nature, concluye que los edulcorantes artificiales acarrearía dichos problemas de salud. Su consumo, a la larga, cambiaría la composición y la función de la microbiota intestinal (población de bacterias que residen en nuestro intestino y que son fundamentales para una buena salud).

Uno de los aditivos analizados en el estudio es el aspartamo. Este endulzante lo podemos encontrar en la composición de la Coca Cola Zero en muchos países, aunque en otros, como Estados Unidos, su uso está prohibido.

“Hay muchos estudios, aunque algunos todavía no son muy fehacientes, que demuestran que el exceso de este endulzante podría producir cáncer”, dice Rubén Bravo. ¿Cuándo podríamos en contrarnos con este riesgo? “Con una lata al día no, pero en cantidades un poco más elevadas, a lo mejor tres, el aspartamo es tóxico para el cuerpo, asegura el portavoz del IMEO. Además, “si lo prohíben en unos sitios y en otros no, me imagino que por algo será, ¿no?”, sentencia.

EL ETIQUETADO ‘ENGAÑOSO’ 

Gran parte de los problemas nutricionales de la sociedad parten de que, por lo general, para la mayoría de la población resulta caótico llegar a descifrar lo que nos quieren decir las etiquetas nutricioinales de los productos que consumimos.

Por ejemplo, ¿cuándo bebes un refresco eres consciente de la cantidad exacta de azúcar que estás ingiriendo? Según un estudio publicado por la OCU, una de las bebidas más azucaradas del mercado son los refrescos de cola sin cafeína, que contendrían alrededor de un 11% y uno normal en torno a 10,5%. En cuanto a las bebidas de otros sabores, las de naranja o las de limón podrían llegar a estar compuestas de hasta un 13% de azúcar. 

El problema es que la mayoría de la gente no es especialista en nutrición y no saben exactamente lo que les quieren decir las etiquetas, explica Rubén Bravo. Normalmente, se tiene el concepto general de los refrescos normales tienen bastantes calorías, pero los ‘cero azúcares’ y los light menos.

Pero no hay que olvidar que si un refresco no lleva azúcar, llevará edulcorantes artificiales que lo sustituyan. “Muchas veces nos encontramos a adictos a la Coca Cola Zero, que llegan a tomar uno o dos litros al día aun estando a dieta, porque tienen la idea de que al no llevar azúcar no pasa nada”, asegura Bravo.

“Lo que se suele desconocer es que al estar metiendo un estímulo dulce al cuerpo (los edulcorantes) durante todo el día, se tiene la insulina a tope y se termina creando una deficiencia en el páncreas y por consecuencia diabetes, continúa explicando.

Otro aspecto que es importante recordar es que “cuando tenemos la insulina alta por algún endulzante o algún azúcar simple, nuestro cuerpo emplea ese azúcar como fuente de energía en lugar de recurrir a la grasa que tenemos almacenada”. Por este motivo, el abuso de bebidas refrescantes supone un serio problema a la hora de controlar nuestro peso.

ETIQUETAS DE ADVERTENCIA 

Ante la cantidad de riesgos para la salud que supondría el abuso de las bebidas refrescantes, en más de una ocasión expertos en nutrición han propuesto incluir en su etiquetado una advertencia que alerte a los consumidores. 

Uno de los que lo ha propuesto más recientemente ha sido Simon Capewell, profesor de Política y Salud Pública de la Universidad de Liverpool. A través de un artículo en la revista ‘British Medical Journal’ ha sugerido que las bebidas no alcohólicas azucaradas incluyeran una etiqueta de advertencia.

“Muchos otros productos potencialmente perjudiciales ya llevan efectivas advertencias sanitarias”, asegura Capewell. El experto británico recuerda además en su artículo que el consumo de tabaco pasó de ser socialmente aceptable a estar peor visto desde que se comenzaron a incluir advertencias sanitarias en las cajetillas.

Este mismo año se puso en marcha un proyecto de ley en California para incluir avisos en los refrescos que superasen las 75 calorías. La medida estaba respaldada por la Asociación de Médicos de California, que los consideran el principal motivo de la “epidemia de la obesidad infantil”. Además, según varias encuestas, el 75% de la población estaría a favor de la ley.

Sin embargo, la reforma ha sido frenada ya que según las autoridades habría otros muchos alimentos que también deberían llevarlo. “Aquí por un lado está la industria, por otro la salud, y por otro lado está la política. Por desgracia, en determinados países o estados hay luchas que en muchos casos interfieren de forma negativa sobre la salud poblacional”, comenta Rubén Bravo. “El incluir un pequeño mensaje de advertencia haría que se redujeran las ventas de determinadas bebidas”, añade.

El nutricionista también se muestra a favor de incluir este tipo de mensajes, “pero no solo en bebidas, también en bollería industrial y en otros alimentos”.

OTROS RIESGOS PARA LA SALUD 

El consumo excesivo de refrescos no solo está relacionado con enfermedades cardiacas, de sobrepeso, o de diabetes.

Según Rubén Bravo, “el abuso de refrescos y bebidas que contienen un exceso de azúcar a la larga te cambian el gusto. Hay estudios que incluso hablan de que generan adicción”.

Cuando se tiene el hábito de consumir refrescos desde pequeños, “al final se crean paladares distorsionados, que siempre van a buscar que los alimentos tengan mucho más sabor. Por ejemplo, siempre van a desechar una fruta para buscar un bollo”, explica el portavoz del IMEO.

“Esto parece una tontería, pero de forma indirecta también supone un riesgo para la salud, porque se cambian por completo los hábitos alimenticios de las personas, sentencia.