La diabetes durante el embarazo

El Occidental / Por  Jorge Alberto Pérez Gómez, especialista en Nutrición Clínica y Diabetología

Los casos de diabetes Tipo 1 y Tipo 2, se han incrementado de manera importante en los últimos años y en el caso de las embarazadas (Diabetes Gestacional), no es la excepción, algunas de ellas ya presentaban la enfermedad antes de embarazarse, en algún grado y no lo sabían, ya que en muchas de las ocasiones la enfermedad suele ser asintomática, de ahí la importancia de llevar un control Médico-Nutricional muy estrecho, antes y durante el embarazo, ya que son muchos los factores de riesgo que se han relacionado en la aparición de la enfermedad, más aún en los casos de las mujeres que previo a su embarazo ya estaban diagnosticadas con diabetes.

ALGUNOS FACTORES DE RIESGO:

Obesidad, diabetes previa, Mujeres después de los 35 años, afro americanas y latinas, diabetes gestacional previa, abortos de repetición, uso de algunos fármacos, sedentarismo, dislipidemias (colesterol y/o triglicéridos elevados).

¿Cuál es la diferencia entre la Diabetes Tipo 1, Tipo 2 y diabetes gestacional?

Aunque son muchas las diferencias entre una y otra de los tipos de diabetes, entre ellas destacan la edad de aparición, el tratamiento y las complicaciones agudas y crónicas

La diabetes Tipo 1 anteriormente llamada diabetes juvenil o diabetes insulino dependiente y a la diabetes Tipo 2 anteriormente llamada diabetes del adulto, sin embargo una de las razones de valor importante que se consideraron para cambiar la nomenclatura, fue que en las últimas dos décadas, hemos visto pacientes muy jóvenes comportándose con datos de diabetes del adulto y viceversa. En el caso de la diabetes gestacional, ha ocupado un apartado especial, ya que la aparición de la enfermedad en algunos casos obedece a cambios fisiológicos de competencia hormonal y que al término del embarazo se ha de suponer la desaparición de la enfermedad, sin embargo como les comenté anteriormente, algunas mujeres embarazadas con un pobre control Médico-Nutricional inadecuado, pueden permanecer con diabetes de por vida. En la primera mitad de la gravidez la tendencia a la hiperglucemia materna es compensada por un cierto aumento en la sensibilidad a la insulina del organismo, llevando a la acumulación de grasa. A partir de las 20 semanas, con niveles hormonales cada vez más altos, principalmente de la hormona lactógena de la placenta, estrógeno y progesterona, el organismo materno pasa a un estado de resistencia a la insulina relativa, lo que contribuye para el desarrollo de la diabetes, durante la gestación.

Otro dato verdaderamente alarmante es que anteriormente las mujeres que desarrollaban Diabetes Gestacional, la presentaban en la semana 24 de gestación y en los últimos 10 años la presentación se la enfermedad se ha presentado desde las primeras semanas del embarazo.

Una mujer que cursa con diabetes gestacional durante su embarazo, éste es considerado como un embarazo de alto riesgo donde se pone en peligro la vida de la madre, del feto o de ambos. Ahora bien, sepa usted que no es pequeña la cantidad de problemas que contribuyen con la mortalidad prenatal en gestaciones diabéticas, dentro de los cuales podemos citar macrosomía (bebés grandes y con peso mayor a 4 kilogramos), tocotraumatismos, hipoglucemia, hipocalcemia , ictericia, disturbios respiratorios, malformaciones congénitas, policitemia con hiperviscosidad sanguínea, hipertrofia cardíaca, hipomagnesemia, natimortalidad, crecimiento intrauterino retardado, entre otros.

A largo plazo, los hijos resultantes de gestaciones complicadas por la diabetes pueden sufrir de obesidad, diabetes, déficits neurológicos.

Pruebas diagnósticas para la diabetes durante el embarazo

Aunque ha surgido mucha controversia por parte de algunos autores, respecto a en que momento se debe realizar una prueba diagnóstica se deben considerar en primer lugar si existen factores de riesgo como anteriormente se señalaron y aquellas mujeres que reúnan más de un factor de riesgo deberían ser sometidas a pruebas en el primer trimestre, y en caso de que las pruebas no se mostrasen alteradas, serían repetidas entre la 24 y 28 semana de gestación.

El método diagnóstico a ser utilizado inicialmente es la glucosa postprandial, es decir la medición de la glucosa dos horas después de la ingesta de alimentos, otro de ellos y que en lo personal resulta ser más exacto por su especificidad es la curva de tolerancia oral a la glucosa simplificada (fotg-s), con administración de 50 gramos de dextrosa diluída en solución para ser ingerida vía oral, independientemente de la última comida, con el análisis de la glucemia en una hora y la prueba es considerada positiva en caso de que la glucemia sea mayor o igual a 130 mg/dl.

Las embarazadas que hubieren realizado el test después de 24 semanas, con resultado negativo, no serán investigadas más; con test positivo serán sometidas al test de tolerancia oral a la glucosa, o curva de glucemia, en la cual 100 gramos de dextrosol serán administrados por vía oral, en ayuno, siendo recogidas cuatro muestras de sangre para evaluar la glucemia, en los siguientes momentos y debemos considerar los siguientes parámetros:

Ayuno – alterado si fuese mayor o igual a 105 mg/dl.

1 hora – alterado si fuese mayor o igual a 190 mg/dl.

2 hora – alterado si fuese mayor o igual a 165 mg/dl.

3 hora – alterado si fuese mayor o igual a 145 mg/dl.

La paciente entonces será considerada con diabetes gestacional si al menos dos de esos valores estuviesen alterados.

Con sólo un valor alterado se clasifica como anormalidad de tolerancia a la glucosa, pudiendo ser previa o no a la gestación.

RECOMENDACIONES:

Si usted planea embarazarse, y más aún si reúne algún (os) factores de riesgo para el desarrollo de diabetes gestacional, es recomendable que se realice exámenes previos al embarazo para preparar a su organismo y que se encuentre en las condiciones más óptimas para llevar una gestación armónica.

SI YA SE ENCUENTRA EMBARAZADA

Realice ejercicio cuando menos cuatro veces por semana siempre y cuando su médico lo autorice y le determinen el tipo, frecuencia e intensidad del mismo.

Evite alimentos ricos en Hidratos de carbono simples como azúcares, harinas refinadas, miel, tamales, atoles y champurrados, refrescos, galletas y frituras.

Evite el consumo de sal, ya que ésta provoca retención de líquidos y conducir a elevación de la presión arterial.

¿Sabes cuál es el impacto del tabaquismo y la obesidad en la reproducción de las mujeres?

En el tabaquismo, es evidente que el humo del cigarro tiene sustanciales efectos nocivos sobre la fertilidad y genera un impacto negativo sobre la capacidad de quedar embarazada y de llevar un embarazo a término

Analitica.com

En virtud del Mes Mundial de la Infertilidad, MSD promueve un mayor conocimiento de dos de los principales factores de riesgo modificables asociados a la infertilidad: el tabaquismo y la obesidad.

En el tabaquismo, es evidente que el humo del cigarro tiene sustanciales efectos nocivos sobre la fertilidad y genera un impacto negativo sobre la capacidad de quedar embarazada y de llevar un embarazo a término. El fumar afecta la fertilidad ya que el tabaco: acelera la pérdida de óvulos y la función reproductiva, puede adelantar en varios años la menopausia, y muchos de los componentes del humo del cigarrillo interfieren en la capacidad para producir estrógeno y hace que los ovocitos sean más propensos a anomalías genéticas.

Por su parte, los hombres que fuman tienen un menor recuento de espermatozoides, menor motilidad y mayores anomalías en la forma y función de los mismos. En cuanto a su impacto en la terapia de reproducción asistida, se estima que en mujeres fumadoras se requiere para concebir casi el doble de intentos de fertilización in vitro (FIV) en comparación a aquellas mujeres que no fuman.

Datos de estudios de FIV han revelado, entre otros aspectos, que las mujeres fumadoras requieren dosis más elevadas de hormonas para estimular la ovulación, logran menor cantidad de ovocitos y tienen tasas de implantación más bajas.

Por otro lado, la obesidad y el sobrepeso también pueden reducir la fertilidad de la mujer ya que: los ciclos son irregulares o infrecuentes, aumenta la tasa de infertilidad y el riesgo de aborto espontáneo, y el éxito de los tratamientos de fertilidad puede ser menor. Se considera que una mujer tiene sobrepeso si su Índice de Masa Corporal (IMC) es de 25 a 29.9. Un IMC de 30 o más indica obesidad.

Tanto el tabaquismo como la obesidad son factores de riesgo que pueden ser modificados. Mantener una dieta saludable y hacer ejercicio físico permite perder peso, y la pérdida de entre 5 al 10% del peso corporal puede mejorar los índices de ovulación y embarazo. Dejar de fumar puede mejorar tanto la fertilidad natural como las tasas de éxito de las técnicas de reproducción asistida.

Insisten en la relación entre el parto por cesárea y la obesidad infantil

ABCSalud

Un estudio de investigadores estadounidenses ha reafirmado la teoría de que los niños nacidos por cesárea tienen más posibilidades de padecer obesidad, informa la revista Archives of Disease in Childhood.

La investigación -realizada por expertos del Hospital de la Infancia de Boston (EE.UU.)- vuelve a poner de relieve la conexión entre los partos por cesárea y el sobrepeso infantil y desaconseja dar a luz de esta manera si no es por motivos estrictamente clínicos. Sin embargo, otros estudios publicados recientemente llegaron a una conclusión opuesta.

Los investigadores analizaron la evolución de 1.255 niños nacidos en ese centro sanitario entre 1999 y 2002, 284 de ellos por cesárea, desde las 22 semanas de gestación hasta los tres años.

Mientras que solo un 7,5 % de los bebés que dieron a luz de manera natural padecían obesidad cuando tenían tres años, este porcentaje se doblaba hasta un 15,7 % en los casos donde se produjo esta intervención quirúrgica en el parto.

Flora intestinal

Los autores del estudio atribuyen esta relación a las diferencias en la composición de la flora intestinal entre los nacidos por parto natural o por cesárea. Entre este último grupo, los investigadores han encontrado un mayor nivel de bacterias «firmicutes» que, según otros estudios, también abundan en los intestinos de las personas obesas y son uno de los factores que pueden conducir a dicha enfermedad.

Asimismo, se apunta que los partos por cesárea son más habituales entre las madres con obesidad, lo que también podría favorecer el sobrepeso de sus hijos.

Lactancia

Los autores de la investigación también analizaron otros factores que podrían influir en la obesidad infantil como la duración del periodo de lactancia o el tiempo de exposición a la televisión y ninguno de ellos presentó diferencias significativas.

Ante esta situación, los autores señalan la importancia de evitar los partos por cesárea siempre que no sea por indicaciones médicas. «Las mujeres embarazadas que escojan un parto quirúrgico cuando no haya motivos clínicos para hacerlo deberían saber que sus hijos serán más propensos a padecer sobrepeso», advirtieron en el estudio.

La obesidad materna influye en el desarrollo cognitivo del bebé

ABC / S. Gutiérrez

Que la salud de la madre influye en el desarrollo de su hijo es algo que se sabe desde hace tiempo. Son muchas las recomendaciones que se hacen a una mujer embarazada; no fumar, llevar una vida sana, no beber alcohol. Ahora, a tenor de los datos de un estudio realizado en el Centro Médico Baptista Wake Forest (EE.UU.), habrá que tener especial cuidado también con la obesidad. Según el trabajo, que se publica en Pediatrics, la obesidad materna puede contribuir al deterioro cognitivo en los bebés extremadamente prematuros.

«Este estudio muestra que la obesidad no sólo afecta a la salud de la madre, sino que también podrían afectar el desarrollo del bebé», explica Jennifer Helderman, coordinadora del trabajo.

A pesar de que en la última década los avances médicos han mejorado la tasa de supervivencia de los bebés nacidos con menos de siete meses, éstos siguen teniendo un alto riesgo de retraso en el desarrollo mental en comparación con los bebés nacidos a término.

A los 2 años

El estudio ha analizado a 921 niños nacidos antes de las 28 semanas de gestación durante 2002 y 2004 en 14 centros. Los investigadores evaluaron la placenta de los bebés para identificar infección u otras anomalías; entrevistaron a las madres y revisaron sus expedientes médicos. A los dos años de edad se valoraron las capacidades cognitivas de los niños mediante una medida de uso común.

Los científicos encontraron que tanto la obesidad materna y la falta de educación secundaria se asociaba con deterioro de la función cognitiva temprana. «No estábamos especialmente sorprendidos por los factores socio-económicos, porque anteriormente ya se ha demostrado en repetidas ocasiones que las desventajas sociales predicen peores resultados en el recién nacido», dijo Helderman. Sin embargo, reconoce, el hecho de que la obesidad sea un factor determinante es de especial interés porque cada vez es «más frecuente» y es un factor «potencialmente modificable durante el periodo previo a la concepción y el embarazo».

La obesidad se ha relacionado con la inflamación, un evento que puede dañar el cerebro en desarrollo, dice Helderman. Lo que no se sabe es si la inflamación relacionada con la obesidad en la madre se transmite al feto. «Son pocos los estudios que han abordado los factores prenatales de riesgo de deterioro cognitivo en los niños nacidos prematuramente». El objetivo, señalan los investigadores, es utilizar la información de estudios como el éste para desarrollar tratamientos que eviten el deterioro cognitivo en bebés extremadamente prematuros.

La mejor alimentación infantil para prevenir la obesidad

Durante mucho tiempo se ha debatido cuál es la mejor forma de introducir a los niños a los alimentos sólidos después de que dejan el período de amamantamiento.

BBC Salud
Los estudios hasta ahora se habían centrado en cuál es el mejor momento para dejar de amamantar y no cuál es la mejor forma de introducirlos a la alimentación.

Ahora una nueva investigación revela que lo mejor es ofrecer a los bebés una selección variada de porciones pequeñas de alimentos sólidos -como bocadillos- y dejar que ellos elijan sus favoritos.

Esta libertad de elección, afirman los investigadores de la Universidad de Nottingham, Inglaterra, no sólo tendrá un impacto positivo en la formación de hábitos sanos de nutrición, sino además protegerá al niño de una futura obesidad o sobrepeso.

Las recomendaciones de los expertos sanitarios afirman que la mejor alimentación en los primeros meses de vida es la leche materna y el consejo para las madres es que amamanten a sus bebés durante seis meses.

Pasado este período la forma tradicional de introducir a los infantes a la alimentación es darles purés o papillas variadas que la madre selecciona.

Pero el nuevo estudio, publicado en BMJ Open (Revista Médica Británica), encontró que es mejor dejar que sean los bebés los que elijan sus propios alimentos.

Esta forma de introducir la alimentación sólida puede ayudar a mantener un peso sano y proteger contra la obesidad más tarde en la vida, agregan.

Selecciones sanas

El estudio siguió a 155 niños de entre 20 meses y 6,5 años, cuyos padres completaron cuestionarios detallados sobre los hábitos alimenticios y preferencias de sus niños.

Entre los infantes, a 92 se les permitió alimentarse solos (con las manos) con bocadillos de alimentos variados y 63 fueron alimentados por sus padres con papillas a cucharadas.

Todos los niños recibieron durante el período de estudio alimentos de todos los grupos: carbohidratos, frutas y verduras, proteínas y productos integrales.

Los científicos sólo encontraron diferencias «significativas» en uno de los grupos alimenticios incluidos en el sondeo.

Los resultados mostraron que los niños que se alimentaron solos solían comer más carbohidratos que los niños alimentados con papillas.

Los carbohidratos eran los alimentos favoritos de estos niños.

Sin embargo, entre los niños alimentados con papillas, los alimentos favoritos eran los dulces.

«Se observó esta preferencia a pesar del hecho de que junto con los alimentos dulces, los niños alimentados con papillas recibieron más a menudo carbohidratos, frutas y vegetales, proteínas y alimentos integrales que los niños que se alimentaron con bocadillos» afirman los autores.

Al final del estudio se encontró que más niños alimentados con papillas tenían sobrepeso o eran obesos que los niños que comían bocadillos solos.

E incluso cuando se tomaron en cuenta factores como los socioeconómicos, o el peso al nacer y el peso de los padres, siguieron observándose los mismos resultados.

Tal como señala la doctora Ellen Townsend, quien dirigió el estudio, «nuestros resultados sugieren que los infantes que se destetan con un enfoque de alimentarse solos con sus propias elecciones aprenden a regular su consumo de alimentos en una forma que conduce a un menor IMC (índice de masa corporal) y a una preferencia por los alimentos sanos, como carbohidratos».

«Esto tiene implicaciones en el combate del bien documentado incremento de obesidad en las sociedades contemporáneas», agrega.

La leche materna previene la obesidad

Son muchos los beneficios que da el alimentar a los recién nacidos con leche materna y cada vez son mayores los descubrimientos que se hacen de ello.

Recientemente se dio a conocer que incluso el amamantar a un recién nacido disminuye las posibilidades de que éste pueda padecer obesidad. Además, por cada mes de lactancia se les protege en un 4% acumulativo, en el riesgo de padecer obesidad en la infancia, en la adolescencia y en la vida adulta.

La leche materna es la forma más eficaz para otorgar al bebé una alimentación completa, aporta todos los nutrientes que necesita para su desarrollo sano, es inocua y contiene anticuerpos que lo protegen contra infecciones y otras enfermedades, mejorando la salud y supervivencia en la infancia.

Es por todas sus ventajas el mejor alimento, el más nutritivo, el más limpio, el más económico y tiene un impacto positivo en el desarrollo emocional e intelectual del bebé.

La desnutrición, las enfermedades infecciosas respiratorias, intestinales y alérgicas, son más frecuentes en bebés alimentados con fórmula láctea que en aquellas o aquellos que se alimentaron al seno materno y justamente la desnutrición, las diarreas y las infecciones respiratorias siguen siendo un motivo importante de mortalidad en menores de un año. Pero esto puede reducirse con la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida y si es posible hasta los dos años, esto desde luego, con la combinación con otros alimentos.

Según estudios, el riesgo de morir en niños menores de un año alimentados artificialmente, es de 3 a 5 veces mayor que para los bebés alimentados al seno materno. Además de todos los beneficios de la lactancia está el de que por cada mes de lactancia se protege a niños y niñas en un 4% acumulativo en el riesgo de padecer obesidad en la infancia, en la adolescencia y en la vida adulta.

Los beneficios de la lactancia materna también incluyen a la mamá como lo demuestra la evidencia científica internacional sobre la disminución del riesgo de cáncer de mama en las mujeres que dieron pecho a sus bebés por más de dos meses o en comparación con aquellas que nunca amamantaron.

Fuente: Periódico a.m.

¿Cuál es el riesgo de sufrir un ictus durante el embarazo?

Aumenta el número de accidentes cerebrovasculares entre las mamás gestantes

Obesidad, hipertensión y diabetes. Tres factores de riesgo, cada vez más extendidos entre la población occidental, y que repercuten directamente en la capacidad de muchas mujeres de llevar a término un embarazo saludable, exento de peligros. Éste al menos es el punto de partida de uno de los estudios llevados a cabo recientemente por los expertos en epidemiología del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, y en el que se analiza el incremento de accidentes cerebrovasculares a lo largo de los últimos quince años entre las mujeres y nuevas mamás.

Y los datos, aunque sin ser significativos en lo que a la tasa total de hospitalizaciones se refiere (sólo 0.22 ingresos por cada 1.000 partos), son sin duda alarmantes: hasta un 54 por ciento más de mujeres sufren problemas de este tipo durante o después del embarazo, en datos comparativos recogidos entre 1994 y 2007. Un dato desde luego preocupante, y que apunta directamente al incremento de factores de riesgo entre la población occidental: en la actualidad, cada vez más mujeres llegan al embarazo presentando obesidad, hipertensión o diabetes, tres enfermedades que complican con su sintomatología el ya de por si complicado proceso de gestación, hasta el punto de suponer un peligro para la madre o el feto.

En estos casos, explica el estudio publicado en ‘Stroke’, una revista de la American Heart Association, el riesgo de sufrir un ictus u otro accidente cerebrovascular se duplica: según sus datos, las tasas de hospitalizaciones a causa de ictus aumentaron un 47 por ciento entre mujeres embarazadas y un 83 por ciento entre las recién paridas, dándose el mayor incremento entre las mujeres de 25 a 34 años, por encima de otras más mayores o más jóvenes.

Los problemas hipertensivos o las enfermedades cardiacas, combinados con los cambios que se producen en el cuerpo durante el embarazo (como los cambios en los factores de coagulación, el aumento del volumen en sangre o los cambios en la tensión arterial), serian en este caso los primeros de la lista a la hora de señalar a los culpables de los espectaculares incrementos en las tasas de ingresos por accidente cerebrovascular. La clave para evitar estos problemas: llevar unos hábitos de vida saludables antes, durante y después del embarazo y el parto, que incluyan una alimentación equilibrada y ejercicio practicado de forma habitual.

Fuente: HOLA

El mercurio puede alterar el desarrollo neuronal del feto y de niños de corta edad

Desde el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) recomendamos a las mujeres en edad fértil, embarazadas o que estén en fase de lactancia evitar el consumo de algunos pescados como el atún rojo, la pez espada y el tiburón, porque su alto contenido de mercurio puede alterar el desarrollo neuronal del feto y de niños de corta edad.

Los niños entre 3 y doce años deberán limitar el consumo de este tipo de pescados a 50 gramos por semana o 100 gramos cada quince días.

El mercurio en el cuerpo humano se acumula en ciertos órganos y puede provocar abortos espontáneos, complicaciones en los pulmones, daños en el hígado, el sistema digestivo y en la piel, entre otras consecuencias.

El sistema nervioso es muy sensible a todas las formas de mercurio. Efectos sobre el funcionamiento del cerebro puede manifestarse como irritabilidad, timidez, temblores, cambios en los problemas de visión o audición, y la memoria.

Daños al feto

Los efectos nocivos del mercurio que pueden ser transmitidos de la madre al feto, e incluyen daño cerebral, retraso mental, falta de coordinación, ceguera, convulsiones e incapacidad para hablar. Los niños con envenenamiento por mercurio pueden desarrollar problemas en sus sistemas nervioso y digestivo y daños renales.

Pescado

Los pescados y mariscos tienen una tendencia natural a concentrar el mercurio en sus cuerpos, a menudo en forma de metilmercurio, un compuesto orgánico de mercurio altamente tóxico. Las especies de peces que son altos en la cadena alimentaria, como el tiburón, pez espada, caballa, atún blanco, y blanquillo contienen mayores concentraciones de mercurio que otros. Como el mercurio y el metilmercurio son solubles en grasa, se acumulan principalmente en las vísceras, aunque también se encuentran en todo el tejido muscular. Cuando este pescado es consumido por un depredador, el nivel de mercurio se acumula. Dado que los peces son menos eficientes en la depuración de que la acumulación de metilmercurio, el pescado de los tejidos aumentar las concentraciones con el tiempo. Así, las especies que son altos en la cadena alimentaria acumular la carga corporal de mercurio que puede ser diez veces mayor que las especies que consumen.

La nutrición de la mujer durante el embarazo influye en el riesgo del niño a padecer obesidad años después

MADRID, 19 Abr. (EUROPA PRESS) –
La nutrición de las mujeres durante el embarazo puede tener una gran influencia  en el riesgo de sus hijos de desarrollar problemas de obesidad varios años después, alterando su ADN, según un estudio internacional dirigido por la Universidad de Southampton, en el que han participado investigadores de Nueva Zelanda y Singapur.

Es la primera vez que se demuestra que la dieta de la madre, durante el embarazo, puede alterar el ADN del bebé a través de un proceso denominado cambio epigenético, que puede hacer que el niño desarrolle problemas de peso. Sobre todo, lo más importante es que este estudio muestra que sus efectos actúan con independencia de lo delgada o gorda que esté la madre y del peso del niño al nacer.

El líder de este trabajo, Keith Godfrey, profesor de Epidemiología y Desarrollo Humano de la Universidad de Southampton, ha explicado que «han demostrado, por primera vez, que la susceptibilidad a la obesidad no puede simplemente atribuirse a la combinación de los genes y el estilo de vida, pero puede activarse por influencias en el desarrollo fetal, incluido lo que la madre come».

Para llegar a esta conclusión, los investigadores midieron los cambios epigenéticos en cerca de 300 niños en el nacimiento y demostraron que estos predecían la obesidad que alcanzaría el niño a los seis o nueve años de edad. Lo que sorprendió a los investigadores fue el tamaño del efecto: los niños variaban en el nivel de obesidad, pero la medición de los cambios epigenéticos en el nacimiento permitió a los investigadores predecir un 25 por ciento de la variación.

Los cambios epigenéticos, que alteran la función del ADN sin cambiar su secuencia heredada de la madre y el padre, pueden también influenciar cómo una persona responde a factores del estilo de vida, como la dieta o el ejercicio.

«Este estudio indica que las medidas para prevenir la obesidad infantil deberían dirigirse a mejorar la nutrición de la madre y el desarrollo de su bebé en el útero. Estas nuevas y poderosas medidas epigenéticas podrían resultar útiles en la monitorización de la salud de los niños», afirma Godfrey.

Riesgo de obesidad en el embarazo

Los antojos pueden provocar obesidad en el embarazo. La dieta  sana y equilibrada es de gran importancia en las mujeres embarazadas, razón por la cual,  los antojos,  deben ser sustituidos por las necesidades nutricionales que el médico señale.

La dieta diaria de la mujer embarazada debe de contener: alimentos proteicos vegetales y animales, frutas y verduras que son las encargadas de proporcionar vitaminas y minerales, lácteos, ricos en calcio, carbohidratos, aportados a través de cereales, pasta y legumbres y grasas saludables, necesarias para el crecimiento del feto. Es totalmenta falsa la creencia que futura mamá debe comer por dos. 

La mujer embarazada por cada kilo de peso requiere de 30 calorías diarias, es decir,  si pesa 60 kilos por 30 calorías requiere una dieta de 1.800 calorías diarias que aumentará  a medida que vaya creciendo el bebé.

Hay que tener en cuenta la posibilidad de que la mujer embarazada padezca trastornos en la digestión y coma poco porque se sienta saciada, ya que el útero se desplaza hacia arriba y comprime el estómago. Lo que con seguridad  provocará este trastorno, es  estreñimiento; por ello no es recomendable dejar de comer, todo lo contrario, hay que seguir una dieta balanceada, sin saltarse ninguna comida.

Si, por el contrario, se siente mucha hambres, es recomendable realizar cinco o seis comidas diarias, pero nunca pasarse de las calorías recomendadas, para no coger kilos de más.

 Fuente: www.nutricion.pro