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¿Es posible combatir la obesidad con tácticas antitabaco?

enero 25, 2014

Las nuevas directrices del Foro Nacional de Obesidad, en el Reino Unido, indican que las futuras campañas contra la obesidad deberían ser “más contundentes”, similares a las que se han hecho en Estados Unidos para alertar a los fumadores sobre los efectos nocivos del tabaco.

Kate Dailey, BBC

woman_smoking_bbcEn EE.UU. se ha debatido sobre si tratar la obesidad como al tabaquismo, al tiempo que los investigadores siguen buscando la manera más eficaz de mejorar los resultados en la salud.

Como antiguo fumador, Dan Gilmore se dio cuenta del poder que tuvieron los mensajes y las fuertes imágenes de las campañas en el cambio de su comportamiento.

“En algún momento, la gente te decía: ‘¿Podrías salir a la calle a fumar?’ o ‘Tengo alergia al humo’. Comienzas a sentir la presión social”, dice Gilmore, presidente emérito del Instituto Hastings, un centro dedicado a la bioética y las políticas públicas.

Las campañas frontales y directas del pasado, dice, efectivamente convencieron a mucha gente que sus acciones molestaban a terceros y planteaban un grave peligro para ellos mismos.

Cuando se trata de la obesidad, dice, “el público no ha sido aterrorizado tan exhaustivamente”.

Pero él todavía está tratando de dar con el balance adecuado -el “estigma ligero”- para motivar a la gente sin alienarla.

Ojo con estigmatizar

Los especialistas consideran que la estigmatización es un gran riesgo cuando se trata de campañas contra la obesidad. Las investigaciones muestran que aquellas iniciativas que hacen que la gente se sienta mal consigo misma a veces tienden a ser contraproducentes.

“Las campañas que se centraron principalmente en el peso corporal o en el número de la balanza, o los ya usados y controvertidos enfoques contundentes para llamar la atención, son mensajes que tendían a culpar o estigmatizar a las personas por su peso”, dice Rebecca Puhl, directora adjunta del Centro Rudd de Política Alimentaria y Obesidad de la Universidad de Yale.

“Y no resultaron eficaces. La gente reacciona mejor a las campañas que abordan una específica actitud frente a la salud, en las que pueda participar, comprometerse, independientemente del tipo de cuerpo que tenga”.

De hecho, una exfumadora y antigua entusiasta de las dietas dice que hay ya un nivel de estigma en torno al peso.

“La gente no se burlaría abiertamente de mí por ser fumadora, pero sí lo hacen porque estoy gorda”, dice Lesley Kinzel, editora del sitio web XOJane.co.uk y autora del libro “Two Whole Cakes: How to Stop Dieting and Learn to Love Your Body” (“Dos pasteles enteros: Cómo dejar de hacer dieta y aprender a amar tu cuerpo”).

Y, sin embargo, dice, es más difícil de señalar a aquellos que sufren de enfermedades relacionadas con la obesidad que identificar a los fumadores.

“Las personas quieren asociar ciertos comportamientos con la gordura, pero en la vida real la gente gorda exhibe una amplia gama de distintos comportamientos, independientes de sus hábitos de alimentación y actividad física. Si usted es fumador es porque usted fuma cigarrillos”.

Los complejos y numerosos factores que rodean la obesidad y el hecho de que la obesidad en sí misma no es un comportamiento sino un estado del ser, hace difícil comparar las dos clases de campaña, dice Scott Kahan, director del Centro Nacional del Peso y Bienestar, en el Reino Unido.

campaña antitabaco_reutersAl mismo tiempo, dice, hay lecciones que pueden aprenderse de las campañas antitabaco.

“A veces la gente cae en la trampa de mirar hacia atrás, a los esfuerzos antitabaco y decir: ‘Lo que hicimos fue avergonzar a la gente hasta el punto de no fumar más e hicimos campañas contundentes sobre no fumar'”, dice Kahan.

“Pero eso fue el punto central de lo que hicimos con la epidemia de tabaquismo”.

Lo que demostró ser exitoso en EE.UU. fue un enfoque complejo y multifacético, dice Kahan.

“El tabaquismo fue abordado de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba”, dice.

Un punto clave fue la educación, la cual se manifestó en campañas de conocimiento público como el informe del surgeon general -la máxima autoridad oficial en materia de salud en EE.UU.- que delineaba los peligros de fumar. También hubo un aumento en las iniciativas educativas en las escuelas y lugares de trabajo.

Por otro lado, afirma Kahan, hubo cambios que crearon “un entorno donde fuese más fácil no empezar a fumar o dejar de fumar”, dice.

Esto incluyó mayores impuestos a los cigarrillos, restricciones sobre cómo estos productos pueden ser comercializados y vendidos, y la creación de más áreas libres de humo, como en restaurantes y bares.

De hecho, Kinzel dejó de fumar cuando los gastos y las molestias de fumar empezaron a acumularse. “En cierto momento se hizo demasiado inconveniente”, dice ella.

Asunto de salud, no de balanza

Mientras que EE.UU. ha visto grandes caídas en las tasas de tabaquismo, los números de la obesidad no se han reducido de forma significativa y, en muchos casos, siguen aumentando.

Eso tiene a investigadores estadounidenses centrados ya no en cambiar los números en la balanza sino en el fomento de conductas saludables.

“La apariencia exterior de la obesidad es un elemento de distracción y una cortina de humo”, dice Kahan. “Si usted toma a alguien que tiene evidente sobrepeso y lo pone a trabajar duro y a hacer lo que tiene que hacer y pierde 10% de su peso corporal, esa persona -con mayor frecuencia que las que no- verá tremendas mejoras en la salud y en sus funciones”.

“Al mismo tiempo, esa persona sigue siendo gorda. Y la seguimos señalando con el dedo para que pierda peso, y eso no es realmente necesario”.

Si bien el objetivo de las campañas contra el tabaco era que la gente dejara de fumar, las campañas dedicadas a la obesidad buscan un resultado menos tangible.

“El objetivo del tratamiento de la obesidad no es necesariamente tener un peso normal. Es más moverse en una dirección en la que la salud mejore de forma significativa”.

Para tal fin, señala Puhl, las campañas deberían centrarse en las conductas para mejorar la salud, no en las dimensiones del cuerpo.

Motivar a la gente a comer mejor y a moverse más tiene efectos beneficiosos para todos, dice, no sólo para la gente obesa.

Edulcorantes artificiales: con moderación hasta que se conozcan mejor sus efectos fisiológicos

septiembre 2, 2013

A pesar de que todavía no se sabe a ciencia cierta (y con evidencia científica) cómo actúan los edulcorantes de origen artificial en el organismo y si acarrean riesgos o no, los expertos consultados por CF aconsejan una ingesta controlada de estas sustancias. Algunas investigaciones apuntan que las bebidas edulcoradas artificialmente podrían traer consigo riesgos antes achacados al propio azúcar, como es la obesidad. Así que, contención hasta nueva orden.

Correo Farmacéutico (número 2-9 de agosto), por Ana Callejo Mora

Para algunas personas un sobre de ázucar va acompañado de una señal de stop. En su lugar suelen elegir entre las variantes que existen en el mercado de edulcorantes artificiales (ver cuadro). Si estos productos son más sanos o no es algo que ha sido, y será, ampliamente debatido. Ahora, un artículo de opinión publicado en la edición electrónica de Trends in Endocrinology&Metabolism y firmado por Susan E. Swithers, profesora de Neurociencias del Comportamiento de la Universidad de Purdue, en Indiana (Estados Unidos), revisa -lo que la autora llama- “el lado oscuro” de los edulcorantes artificiales.

“El consumo de bebidas endulzadas con azúcar ha sido ligado a obesidad, diabetes tipo 2 y síndrome metabólico. Como resultado, la mayoría de estadounidenses ha pasado a consumir edulcorantes artificiales. Sin embargo, algunos estudios en humanos han mostrado que las bebidas con estos edulcorantes también se asocian a estas patologías”, destaca la  profesora de la citada universidad.

Los expertos consultados por CF afirman no tener una opinión completamente conformada al respecto, puesto que es un tema controvertido y sobre el que todavía no existe evidencia científica. Además, “el de los edulcorantes dietéticos es un asunto muy nuevo como para poder hacer una recomendación. Sí podemos decir que debemos tomarlos con moderación hasta que se conozcan mejor sus efectos fisiológicos”, comenta Marta Garaulet, catedrática de Fisiología y Bases Fisiológicas de la Nutrición de la Universidad de Murcia.

“Son necesarios ensayos clínicos prospectivos bien controlados en los que se demuestre con mayor nivel de evidencia que las bebidas con edulcorantes artificiales son nocivas”, añade Dolores Corella, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia. Es más, un artículo publicado el pasado julio en Nutrition Reviews por un grupo de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Minnesota, Estados Unidos, “concluye que no existe mayor riesgo para la salud debido al consumo de bebidas edulcoradas con edulcorantes artificiales”, dice Corella.

Otro estudio de este año, publicado en American Journal of Clinical Nutrition por la científica española Carmen Piernas junto con el profesor Barry Popkin, en la Universidad de Carolina del Norte, “ha demostrado que si se sigue una dieta para adelgazar controlada en calorías, aquellos individuos a los que se les permite ingerir bebidas edulcoradas toman menos energía en forma de postre que aquellos que sólo pueden beber agua”, resume Garaulet.

En el caso de los diabéticos y prediabéticos, el uso de edulcorantes bajos o sin calorías “puede facilitarles el control de sus niveles de glucosa y la pérdida de peso”, según plasma Craig Johnston, de la Facultad de Medicina de Baylor (Houston), en un artículo publicado en el último número de US Endocrinology.

ALTERACIÓN CEREBRAL

Volviendo al lado oscuro, “las personas que regularmente consumen edulcorantes artificiales muestran patrones de activación alterados en los centros de placer del cerebro en respuesta al sabor dulce, lo que sugiere que estos productos no satisfacen el deseo de dulces”, explica Swithers. Igualmente, apunta, “estudios en ratones y ratas han demostrado que el consumo de edulcorantes no calóricos disminuye la respuesta fisiológica al sabor dulce, provocando que los animales se atiborren de comida rica en calorías y dulce”. Dicho esto, quizás en el día a día, señala Garaulet, “en la dieta habitual, las bebidas edulcoradas no sean de utilidad, ya que a la larga sí producen una compensación de la ingesta energética”.

Rubén Bravo, director del Departamento de Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad  (IMEO), también da la razón a este razonamiento del artículo de opinión de Trends in Endocrinology&Metabolism. “Vivimos en una sociedad con sobresaturación gustativa alimentaria, que ha educado a nuestras papilas gustativas a que todos los alimentos posean un sabor intenso y predominante, que ha anestesiado el gusto por los matices y el sabor de un alimento natural”.

Bravo prosigue diciendo que “si nos centramos en los sabores dulces y en las bebidas edulcoradas, rápidamente me viene a la cabeza la tendencia de encontrarnos en consulta a pacientes a los que no les gusta el agua y necesitan que todas sus bebidas y comidas del día lleven uno u otro sabor. De aquí, las frecuentes dicciones hacia las bebidas de cola o similares en personas con sobrepeso u obesidad”.

El miembro del IMEO comenta que los estudios que muestran la repercusión que determinados alimentos tienen sobre las hormonas y neurotransmisores “comienza a evidenciar cómo el abuso de los edulcorantes y endulzantes de sabores intensos provocan picos de insulina y dopamina en el consumidor, sumiéndole, durante un breve periodo de tiempo, en una sensación agradable de plenitud y actividad, que se tornará en fatiga y tristeza en cuanto la insulina y dopamina caigan vertiginosamente, obligando al consumidor a buscar una nueva dosis”.

En definitiva, para Garaulet, “hay muchos factores que pueden estar influyendo en la respuesta a las bebidas edulcoradas. En la Universidad de Harvard estamos viendo que la hora a la que se consumen podría cambiar su efecto sobre nuestra fisiología”.

EN 5 IDEAS

1. SUPLANTAR EL AZÚCAR

El consumo de bebidas con azúcar se ha ligado a obesidad, diabetes tipo 2 y síndrome metabólico. Por ello, la mayoría de estadounidenses consume ahora edulcorantes artificiales.

2. ASUNTO AÚN MUY ‘VERDE’

El asunto de los edulcorantes dietéticos es todavía muy nuevo como para poder hacer una recomendación. Son necesarios ensayos clínicos prospectivos con más evidencia.

3. POSIBLE UTILIDAD EN DIETA

Según la Universidad de Carolina del Norte, en una dieta para adelgazar controlada en calorías los individuos que pueden ingerir bebidas edulcoradas toman menos postre.

4. RESPUESTA ALTERADA

Los que suelen tomar edulcorantes artificiales muestran patrones de activación alterados en los centros de placer del cerebro en respuesta al sabor dulce, no satisfaciendo su deseo.

5. SATURACIÓN DEL GUSTO

La sobresaturación gustativa educa a las papilas gustativas a que todos los alimentos posean un sabor intenso, lo que anestesia el gusto por el sabor de un alimento natural.

CÓMO Y CUÁNTO ENDULZAN LA VIDA LOS SUSTITUTOS DEL AZÚCAR

Tipos de edulcorantes artificiales que se utilizan en lugar de los endulzantes con azúcar.

El aspartamo es una combinación de fenilalanina y ácido aspártico, que son dos aminoácidos.
El aspartamo es 220 veces más dulce que el azúcar y pierde su dulzor cuando se expone al calor. Se ha estudiado bien y no ha mostrado ningún efecto secundario serio.

La sucralosa es 600 veces más dulce que el azúcar.  Es termoestable, lo cual significa que no se descompone al cocinarse u hornearse. Se emplea en muchos alimentos y bebidas dietéticas.
La sucralosa también se encuentra en la goma de mascar, postres de leche congelados, jugo de fruta y gelatina. También se utiliza como un edulcorante para agregar a los alimentos en la mesa.

La sacarina es de 200 a 700 veces más dulce que el azúcar.
Se emplea en muchos alimentos y bebidas dietéticas. Puede tener un sabor amargo o saborcillo metálico en algunos líquidos.
No se utiliza para cocinar ni para hornear.

La stevia, un edulcorante no calórico, se obtiene de la planta Stevia rebaudiana, que se cultiva por sus hojas dulces.
Comúnmente se conoce como hierba dulce, hierba de azúcar o simplemente estevia.
El extracto de la stevia rebaudiana está aprobado como un aditivo para alimentos y se considera un suplemento dietético.

El acesulfamo K es un edulcorante artificial.
Es termoestable y puede usarse para cocinar y hornear. También está disponible como edulcorante de mesa.
Está aprobado por la FDA y se usa junto con otros edulcorantes, tales como la sacarina, en bebidas carbonatadas y otros productos bajos en calorías.

El neotamo es un edulcorante artificial usado en muchos alimentos y bebidas dietéticas.

Los ciclamatos son 30 veces más dulces que el azúcar.
Están prohibidos en Estados Unidos debido a que en el año 1970 se demostró que causaban cáncer de vejiga en animales.