El 90% de las personas con diabetes tipo 2 tienen obesidad

Canal Diabetes

La presidenta de la Sociedad Española de Diabetes (SED), Anna Novials, ha señalado
 que nueve de cada diez personas con diabetes tipo 2 tiene sobrepeso u obesidad, por lo que reclama que la obesidad sea considerada una enfermedad.

“En personas con sobrepeso u obesidad, el consumo de alimentos ricos en carbohidratos genera una sobrecarga de trabajo para el páncreas, lo que produce su debilitamiento y, en última instancia, una escasez de insulina. Esto deriva en hiperglucemia crónica y, por lo tanto, en el desarrollo de la diabetes tipo 2. Y precisamente la diabetes representa un mayor riesgo de desencadenar enfermedades cardiovasculares”, ha explicado la presidenta de la SED durante el 7o Congreso de Diabesidad, que cuenta con el apoyo de Novo Nordisk, y está organizado por la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) y la propia SED.

En el encuentro, que pretende poner en conocimiento de todos los profesionales implicados en su abordaje los últimos avances en fisiopatología, diagnóstico y tratamiento de la diabesidad, así como debatir sobre diferentes interrogantes, la especialista ha recordado que obesidad y la diabetes son “una peligrosa combinación desencadenante de numerosas patologías”.

En este contexto, la presidenta de la SEEN, Irene Bretón, ha insistido en que la obesidad es una enfermedad que “no siempre se considera como tal o no se reconoce su importancia, tanto en las administraciones como por parte de la ciudadanía”. “No se ve como una enfermedad devastadora, que aumenta el riesgo de mortalidad y da lugar a múltiples complicaciones, además de un deterioro evidente de la calidad de vida. Hay estudios que observan que las personas con formas graves de obesidad pueden perder entre 10 y 12 años de vida”, ha recalcado.

Asimismo, el presidente de la SEEDO, Francisco Tinahones, ha llamado la atenciónvez es más frecuente en la población infantil y juvenil”. “Estamos viendo adolescentes obesos con diabetes tipo 2, algo impensable hace años”, ha alertado.

Estas tres sociedades coinciden es en que “es necesario considerar a la obesidad como una enfermedad y que cuente con un abordaje integral mediante la prevención y el tratamiento”.

Entre las complicaciones en las que puede derivar la obesidad se encuentran las de origen cardiovascular. “Por eso, es importante prevenirla y con ello el desarrollo de diabetes tipo 2, la cual también incrementa el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular”, ha afirmado la doctora Anna Novials. En concreto, las personas con diabetes tipo 2 tienen hasta tres veces más riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular que las personas sin diabetes, ha señalado.
“Esto se debe a que la diabetes es una enfermedad metabólica que tiene una relación directa con la enfermedad cardiovascular lo que convierte a esta, la enfermedad cardiovascular, en la principal causa de muerte de las personas con diabetes. Es decir, la obesidad no es un problema estético. La misma empeora la calidad de vida y provoca numerosas patologías, entre ellas la diabetes”, ha reiterado el doctor Tinahones.

En cuanto a los hábitos nutricionales, la doctora Irene Bretón ha pedido que “hay que aprender a comer mejor, no es sólo cuestión de comer menos”. “Tenemos que adaptar las calorías que ingerimos a lo que vamos a gastar y mejorar la calidad nutricional de nuestra alimentación, en base a la dieta mediterránea. Es el patrón dietético que ofrece más beneficios cardiovasculares y por lo tanto es especialmente recomendable para esta población con tanto riesgo cardiovascular. Pero siempre estableciendo objetivos individualizados”, ha incidido, puntualizando que el ejercicio físico “también es muy importante”.

En 2045, uno de cada cuatro será obeso

Una de cada ocho tendrá diabetes tipo 2 si se mantiene la progresión actual, advierten los expertos

La Razón

Nuevas investigaciones de varias ciudades en el mundo presentadas en el Congreso Europeo de Obesidad de este año, que se celebra en Viena, Austria, demuestran que si las tendencias actuales continúan, casi una cuarta parte (22 por ciento) de las personas en el mundo será obesa en 2045 (un aumento del 14 por ciento en 2017) y una de cada ocho (12 por ciento) tendrá diabetes tipo 2 (un aumento del 9 por ciento en 2017), informa Europa Press.

El estudio, presentado por el doctor Alan Moses, de ‘Novo Nordisk Research and Development’, en SOborg, Dinamarca, y Niels Lund, de ‘Novo Nordisk Health Advocacy’, en Bagsværd, Dinamarca, y sus colegas del Steno Diabetes Center, Gentofte, Dinamarca, y el’ University College’ de Londres, Reino Unido, también indica que para evitar que la prevalencia de la diabetes tipo 2 supere el 10% por ciento en 2045, los niveles de obesidad global se deben reducir en un 25 por ciento.

Los datos de población de todos los países del mundo se obtuvieron a partir de la colaboración de factores de riesgo de enfermedad no transmisible (una base de datos de la Organización Mundial de la Salud). Para cada país, la población se dividió en grupos de edad. Desde 2000 a 2014 (elegido porque los datos son más fiables a partir de 2000), la población en cada grupo de edad se dividió en categorías de índice de masa corporal (IMC). Para cada país y grupo de edad, se proyectó la proporción de personas en cada clase de IMC. Luego, se aplicó el riesgo de diabetes para cada edad y grupo de IMC, lo que permite estimar la prevalencia de la diabetes en cada país cada año. La prevalencia para cada país se calibró para coincidir con las estimaciones regionales de la Federación Internacional de Diabetes, tomando en cuenta las diferencias en el modo de vida, la nutrición y la disposición genética para la diabetes.

En 2014, estas tres instituciones colaboraron para lanzar el programa ‘Cities Changing Diabetes’ para acelerar la lucha mundial contra la diabetes urbana. El programa comenzó con ocho ciudades: Copenhague, Roma, Houston, Johannesburgo, Vancouver, Ciudad de México, Tianjin, Shanghai. Desde entonces, se han sumado otras siete ciudades: Beijing, Buenos Aires, Hangzhou, Koriyama, Leicester, Mérida y Xiamen. El programa ha establecido asociaciones locales en estas 15 ciudades para abordar los factores sociales y los determinantes culturales que pueden aumentar la vulnerabilidad a la diabetes tipo 2 entre las personas que viven en sus ciudades. Parte de este trabajo incluyó proyecciones de obesidad y diabetes basadas tanto en las tendencias actuales como en un escenario meta global. La investigación ha llevado a una mayor comprensión de los diferentes desafíos a los que se enfrenta cada ciudad con respecto a los determinantes genéticos, ambientales y sociales de la diabetes en esa ciudad.

Las sorprendentes proyecciones a nivel mundial indican que, según las tendencias actuales, la prevalencia de obesidad en todo el mundo aumentará del 14 por ciento en 2017 al 22 por ciento en 2045. La prevalencia de diabetes subirá del 9,1 al 11,7 por ciento durante el mismo periodo, lo que ejercerá una presión masiva sobre los sistemas de salud, que ya gasta grandes sumas solo para tratar la diabetes.

Aunque la acción inmediata no dará como resultado la reversión rápida de la epidemia de diabetes y obesidad, es esencial trabajar ahora para prevenir nuevos casos de obesidad y diabetes. El modelo de los autores sugiere que, para estabilizar la prevalencia global de la diabetes al 10 por ciento, la prevalencia de obesidad debe descender constantemente y en total alrededor de una cuarta parte, del nivel actual del 14 por ciento a poco más del 10 por ciento para 2045.

Los autores señalan que los números anteriores son para el escenario ‘global’. Los países individuales muestran tendencias individuales y deben tener sus propios objetivos. Por ejemplo, si continúan las tendencias actuales en Estados Unidos, la obesidad aumentará del 39 por ciento en 2017 al 55 por ciento en 2045, y las tasas de diabetes del 14 al 18 por ciento. Para mantener las tasas de diabetes en Estados Unidos estables entre 2017 y 2045, la obesidad debe caer del 38 actual al 28 por ciento. Y en Reino Unido, las tendencias actuales predicen que la obesidad subirá del 32 actual al 48 por ciento en 2045, mientras que los niveles de diabetes crecerán del 10,2 al 12,6 por ciento, un aumento del 28 por ciento. Para estabilizar las tasas de diabetes en Reino Unido al 10 por ciento, la prevalencia de la obesidad debe disminuir del 32 al 24 por ciento. «Estas cifras subrayan el asombroso desafío al que se enfrentará el mundo en el futuro en términos de personas obesas, con diabetes tipo 2 o ambas. Además de los desafíos médicos a los que se enfrentarán estas personas, los costos para la salud de los sistemas de los países serán enormes», dice Moses. «Se prevé que la prevalencia mundial de obesidad y la diabetes aumentará drásticamente a menos que la prevención de la obesidad se intensifique significativamente. Desarrollar programas globales efectivos para reducir la obesidad ofrece la mejor oportunidad para desacelerar o estabilizar la prevalencia insostenible de la diabetes. El primer paso debe ser el reconocimiento del desafío que presenta la obesidad y la movilización del servicio social y los recursos para la prevención de enfermedades para frenar la progresión de estas dos afecciones», plantea.

Y agrega: «Cada país es diferente en función de las condiciones genéticas, sociales y ambientales únicas, razón por la cual no hay un enfoque de ‘talla única’ que funcione. Los países deben trabajar en la mejor estrategia para ellos». Y concluye:» A pesar del desafío al que se enfrentan todos los países con la obesidad y la diabetes, la tendencia puede cambiarse, pero será necesario medidas agresivas y coordinadas para reducir la obesidad y las ciudades individuales deberían jugar un papel clave en la confrontación de los problemas relacionados con la obesidad, algunos de los cuales son comunes a todas ellas y otros son únicos para cada una de ellas». EP

Mapas de la obesidad: un comparativo entre estados de América y Europa

Países como México y Estados Unidos muestran mucho más obesidad que  países europeos; Italia, Suiza y Dinamarca se destacan por su «fitness» 

Pijamasurf 

El mundo vive una epidemia de obesidad y los líderes en este problema global de salud son México y Estados Unidos, Turquía y algunos países del Caribe. Para calcular la obesidad se mide el índice de masa corporal: un índice de más de 30 es considerado una condición médica, la cual se denomina obesidad y supone un riesgo en relación con numerosas enfermedades como la diabetes, la osteoartritis y varias más. De 25 a 30 califica como sobrepeso y el rango normal es de 18.5 a 25.

Datos de la OMC del 2015 sugieren que México encabeza la lista de obesidad de América Latina con un 32.8% de la población incluido en esta categoría. Las cifras presentadas muestran los siguientes porcentajes de obesidad: Venezuela, 30.8%; Argentina, 29.4%; Chile, 29.1%; Uruguay, 23.5%. Al parecer, países caribeños como Barbados y las Bahamas tienen índices aún más altos. En el caso de Estados Unidos existen cifras contastantes. Según reportó el Center for Disease Control entre el 2009 y el 2010, el 32.2% de los hombres y el 35.5% de las mujeres tienen obesidad. Sin embargo, cifras del 2013-2014 recopiladas por el organismo State of Obesity aumentan la proporción al 37.9%.

Las cifras del siguiente mapa realizado por el sitio Terrible Maps dan cifras menores, aunque de todas maneras alarmantes. Vemos, por otro lado, que Europa en general se encuentra muy por debajo de los índices de Estados Unidos, el país que es conocido por su industria de comida rápida. Es interesante notar que Italia es, apenas después de Suiza y Dinamarca, el país de Europa occidental más fit, por así decirlo, algo que no sorprende cuando se considera el estereotipo de que los italianos se preocupan mucho por su apariencia -lo cual puede más que la pasta-. Los países del este de Europa, como Moldavia y Bosnia, son los que menos obesidad presentan, algo que quizás pueda tener que ver, del otro lado del espectro y al menos en cierta medida, con la pobreza.

IMEO avisa de que el Plan de Sanidad para reducir la sal, azúcar y grasas «no afecta» a la mayoría de zumos infantiles

Un análisis a fondo realizado por expertos en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) ha puesto de manifiesto que el Plan aprobado por el Ministerio de Sanidad para mejorar la composición de alimentos y reducir el contenido de sal, azúcar y grasas de cara a 2020 en más de 3.500 productos «no afecta» la mayoría de refrescos o zumos infantiles envasados, o disminuye la sustancia menos relevante en otros.

El Economista/ EP

«En países, como Canadá, el modelo voluntario hacia las empresas a la hora de reducir las cantidades de sal, azúcar y grasa en los alimentos industrializados ha fracasado», ha explicado el portavoz del IMEO, Rubén Bravo. Asimismo, prosigue, en el caso del sodio, por ejemplo, se pedía disminuir la proporción en un 60 por ciento, cuando éste se utilizaba para mejorar el gusto, y en un porcentaje menor cuando desempeñaba un papel de conservación.

Ahora el organismo federal responsable de la salud pública canadiense exigirá que los alimentos que son ricos en estas sustancias se marquen en la parte delantera de sus envases y, si quieren evitar este logotipo negativo, los fabricantes tendrán que revisar y cambiar las recetas.

Otra medida adoptada por muchos países, tal y como ha argumentado el experto en Nutrición, es la subida de impuestos para aquellos productos que superan los 5 gramos de azúcar por cada 100 de producto. Dinamarca fue la primera en introducir el gravamen, si bien terminó eliminándolo dos años después tras ver que apenas tuvo efecto sobre el consumo de refrescos y bollería.

«Hay que aprender de los errores y buscar vías alternativas y eficaces para resolver un problema de salud que comienza por un cambio en los hábitos de consumo y por fomentar la cultura nutricional desde casa. Desde IMEO apelamos a la conciencia, tanto de las empresas como de las familias, a la hora de abordar el tema con responsabilidad, para que alimentación y salud vayan de la mano», ha recalcado Bravo.

Además, ha asegurado que combatir desde la cesta de compra el excesivo consumo de sal, azúcar y grasas ayudará a prevenir tanto la obesidad, como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión o cáncer. Por todo ello y con el fin de afrontar el problema desde su raíz, los expertos del instituto ofrecen una serie de consejos prácticos, ejemplos saborizantes naturales y alternativas saludables a la hora de sustituir dichas sustancias o alimentos que muestran un contenido muy elevado.

«Combinados con otros potenciadores del sabor, como el glutamato y los edulcorantes, o las grasas, activan nuestra serotonina a nivel cerebral, desencadenando una sensación de placer y bienestar, con un efecto aditivo difícil de controlar en pacientes con ansiedad», ha apostillado una nutricionista del IMEO, Andrea Marqués.

De hecho, la recomendación general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) limita la cantidad del azúcar, tanto añadida, como la presente de forma natural en los alimentos, al 10 por ciento de la ingesta calórica diaria, siendo lo deseado que ésta sea inferior del 5 por ciento para obtener beneficios para la salud.

«Hablamos de unos 25-50 gramos, equivalentes a 1-2 cucharadas soperas, dependiendo del peso y la edad de cada persona. Estas cantidades suelen superarse con frecuencia, debido a malos hábitos alimentarios, consumo frecuente de productos preparados, bollería industrial, zumos y refrescos con elevadas cantidades de azúcar añadido», ha recalcado la experta.

Se estima que tres cuartas partes de la sal que se ingiere proviene de productos elaborados y procesados, si bien la recomendación de la OMS limita el consumo a los 5 gramos al día, que corresponden a 2 gramos de sodio y sería el equivalente de una cucharadita de café. En el caso de los niños menores de 14 años y en pacientes hipertensos esta cantidad se reduce a 3-4 gramos.

Respecto a la grasa, su consumo diario debe representar de 20 a 30 por ciento de la ingesta calórica total: entre 50 y 80 gramos en adultos y entre 30 y 40 gramos en niños. Sin embargo, las grasas saturadas que resultan perjudiciales para la salud y se encuentran en los lácteos enteros (mantequilla, nata, queso curado, leche entera), en las grasas vegetales de baja calidad (palma, palmiste, margarina) o en las carnes grasas (embutidos grasos, manteca de cerdo o de vaca) no deben superar el 10 por ciento de esa ingesta total, siendo ideal que fueran inferiores al 7 por ciento.

CONSEJOS PARA ENDULZAR LOS PLATOS SIN AZÚCAR

«Las opciones más utilizadas para endulzar un alimento sin añadirle azúcar son los edulcorantes y la miel, aunque últimamente se han ido introduciendo en nuestro entorno otros, como la panela (obtenida del jugo de la caña de azúcar, con minerales y vitaminas del grupo B) o el sirope de agave. A pesar de tener ventajas, no son la mejor opción, puesto que favorecen el desarrollo de numerosas patologías y mantienen el umbral del dulzor extraordinariamente alto, neutralizando el propio sabor del alimento», ha argumentado una nutricionista clínica del IMEO, Carmen Escalada.

Por ello, ha asegurado que la manera «más sencilla» de endulzar los platos de manera saludable es usando fruta fresca, madura o deshidratada (manzana, plátano, higo y pera) o verduras dulces (calabaza, zanahoria y remolacha). Todas ellas se pueden emplear en recetas variadas para hacer masa de bizcochos, salsas o siropes, solas o mezcladas con leche o bebida vegetal, en ensaladas o guisos. Además, los platos quedan más coloridos y atractivos para los niños.

Otra opción para conseguir este efecto es recurrir a los frutos secos (almendras, avellanas, pistachos, nueces o castañas) y ciertas especias dulces (canela, vainilla, nuez moscada y jengibre). Además, hay hierbas aromáticas o especies picantes que pueden ayudar a reducir el consumo de sal en la dieta.

«En ensaladas o platos de carne y pescado se suele añadir albahaca, perejil, tomillo o romero, lo que aportaría un sabor fresco y refrescante al plato, pero también algunas propiedades medicinales, debido a su poder antiséptico, antiinflamatorio y antibacteriano», ha aconsejado Escalada, para aseverar que la especies picantes como curri, pimienta roja, cayena, guindilla o chile son «ideales» para aderezar carnes adobadas, arroces, pescados o encurtidos, aportan sabon y pueden reducir la cantidad de alimento ingerida, debido a la presencia de capsaicina que ayuda a regular el apetito.

Respecto a las grasas, hay que evitar aquellas más perjudiciales para la salud como la de palma y los productos que tienden a contenerla, como ultraprocesados o bollería industrial. En este sentido, los expertos han recordado que el aceite de oliva virgen extra, por ser rico en grasas monoinsaturadas, ácido oleico y antioxidantes, ayuda a reducir el riesgo de enfermedades coronarias, así como los altos niveles de colesterol en la sangre, aunque se deben controlar las cantidades, porque es muy calórico.

«En general, recomendamos intentar evitar los productos procesados o elaborados ya que emplean la sal, el azúcar o las grasas como parte de su composición con el fin de aumentar su vida útil y hacerlos más apetecibles para los consumidores», ha apuntado la nutricionista del IMEO Estefanía Ramo.

Por otra parte, prosiguen los alimentos de la dieta mediterránea con menor contenido de estas sustancias son las verduras y frutas frescas, el pescado blanco y azul, la carne magra, los cereales sin procesar, los frutos secos naturales, el aceite de oliva virgen extra y el agua.

Finamente, han recomendado tener «especial cuidado» con los aperitivos salados, las bebidas refrescantes, los néctares, bollería y pastelería, el pan de molde o envasado, galletas y cereales con importantes cantidades de azúcar, helados y polos comerciales, cremas y salsas procesadas, platos preparados y rebozados, derivados cárnicos ricos en grasa en los que la sal se emplea de conservante.

Estos son los cinco problemas de salud más frecuentes entre los 50 y los 70 años

  • Una cuarta parte de la población tiene entre 50 y 70 años
  • Es una etapa en la que, con mucha frecuencia, comienzan a sufrirse las consecuencias de los hábitos poco saludables de los años previos
  • Una vida sana y los controles adecuados son la mejor manera de hacerles frente

El Diario, por Cristian Vázquez

En España, una de cada cuatro personas tiene entre 50 y 70 años. El 26,3 % de la población, para ser exactos, según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE). Gracias a los avances en la ciencia y la tecnología de la salud, la expectativa y la calidad de vida se han incrementado, y el modo en que se vive ese periodo es bastante diferente a como se lo vivía algunas generaciones atrás.

Debido a eso, quienes hoy se encuentran en esa etapa en general se sienten jóvenes y con energías y expectativas de llevar a cabo muchas cosas. Pero eso no quiere decir que el tiempo no haya pasado: existen una serie de problemas y enfermedades que se hacen más frecuentes en estas edades. Y por eso es importante prevenirlos, procurando adoptar hábitos saludables, evitar los que no lo son y realizar los controles adecuados.

Una salud que se desgasta

A partir de los 50 años de edad, el cuerpo produce menos células, a la vez que existe un mayor déficit de oxidación y un aumento en el número de radicales libres. A esto se suma el debilitamiento o la degeneración de ciertos órganos -como el corazón y la piel-, de los músculos y de sistemas como el osteoarticular y el metabolismo. Es por ello que en este punto de la vida muchas personas comienzan a sufrir las consecuencias de conductas poco saludables practicadas en los años anteriores, como el tabaquismo, la mala alimentación, la falta de ejercicio físico y el estrés.

De hecho, en la franja de edad 50-64 años, cuatro de cada cinco personas (alrededor del 81 %) padece de al menos una enfermedad crónica. Tal cifra aumenta hasta el 91 % en el siguiente rango de edad (65-79 años) y hasta el 95 % en el de 80 o más años. Así lo indica el estudio Salud en la vida adulta y su relación con el envejecimiento saludable, publicado en 2017, elaborado por investigadores de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y editado por la Fundación Mapfre.

Según el mismo documento, además, dentro del contexto europeo, España «se encuentra entre los países con el porcentaje más elevado de personas 50 o más años que valoran negativamente su estado de salud».

¿Cuáles son los cinco problemas de salud más frecuentes entre los 50 y los 70?

1. Problemas cardiovasculares

El riesgo de problemas cardiovasculares, tanto puntuales (por ejemplo, infarto de miocardio o trombosis coronaria) como crónicos ( hipertensión), aumenta con la edad, particularmente a partir de los 50 años. Otro factor de riesgo es el genético: las personas cuyos padres sufrieron de cardiopatías son más proclives a padecerlas también.

Con respecto al género, si bien las mujeres jóvenes son menos propensas a padecer problemas del corazón, a partir de la menopausia las probabilidades son casi iguales a las de los hombres. El sobrepeso, la obesidad, la falta de actividad física, el colesterol y el estrés aumentan el riesgo de tener estos problemas.

2. Problemas de huesos y articulaciones

Los problemas vinculados con los huesos y las articulaciones pueden producirse a cualquier edad, pero es en esta etapa cuando aparecen con mayor frecuencia. Ciertos tipos de artritis (como la reumatoidea), al igual que la osteoporosis y el reumatismo, también dependen en buena medida de la herencia genética, y muchos son más comunes en las mujeres que en los hombres (salvo la gota, en cuyo caso la proporción se invierte). Otros elementos que contribuyen con la aparición de estos problemas son el sobrepeso y la obesidad, malas posturas, sedentarismo, traumatismos y la práctica de deportes de élite o de alto impacto.

3. Problemas respiratorios

En el caso de los problemas respiratorios, el principal factor de riesgo es muy claro: el tabaquismo. Tanto el activo como el pasivo, es decir, fumar o respirar el humo del tabaco fumado por otras personas. Esta es la principal causa de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica ( EPOC), una enfermedad grave, progresiva, no reversible, que afecta, según las estimaciones, a una de cada diez personas mayores de 40 años, y que aparece con mucha frecuencia a partir de los 50.

En España, la EPOC causa la muerte de unas 18.000 personas por año. Factores de riesgo de este y otros problemas respiratorios también son la inhalación de sustancias irritantes (gases, polvo, humo, insecticidas, pelos de mascotas, etc.) y una mala higiene del sueño (dormir boca arriba), así como otros ya mencionados en afecciones anteriores (sobrepeso, estrés, consumo excesivo de alcohol, factores genéticos, etc.).

4. Diabetes

Según el Estudio Di@bet.es, realizado por un equipo de 30 especialistas en esta enfermedad, la prevalencia de la diabetes en España es muy elevada: la padece el 13,8 % de la población, lo que equivale a más de 5,3 millones de personas. La gran mayoría sufren diabetes mellitus tipo 2, la forma más frecuente de esta enfermedad, que aparece sobre todo en la mediana edad, es decir, en torno a los 50 años. Entre los 61 y 75 años, el 30 % de las mujeres y el 42 % de los hombres tienen esta forma de diabetes.

Más del 80 % de estos casos «se pueden atribuir a la obesidad, y su reversión también disminuye el riesgo y mejora el control glucémico en pacientes con diabetes mellitus establecida», explica Juan Martínez Candela, especialista en diabetes, en la Guía de actualización en diabetes, publicada en 2015 por la Fundación Red de Grupos de Estudio de la Diabetes en Atención Primaria de la Salud. Otros factores de riesgo son el sedentarismo, el tabaquismo y los patrones dietéticos, es decir, una mala alimentación.

5. Tumores

Los tan temidos tumores también surgen con mucha frecuencia en esta época. De acuerdo con el INE, los distintos tipos de cáncer son la principal causa de muerte entre los 40 y 79 años (y también en la infancia, entre 1 y 14 años de edad), pero es precisamente en la franja de 50-69 años cuando estos índices alcanzan sus cifras más elevadas: más de la mitad de los fallecimientos se deben a este motivo. Los tipos de cáncer más recurrentes son los de bronquios y pulmón, seguidos por los de colon, de páncreas, de mama y de próstata.

Según Ruth Vera, presidenta de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), hasta el 40 % de los cánceres se podrían evitar adoptando hábitos de vida saludables. Los factores de riesgo a menudo son los mismos que en las enfermedades ya citadas: tabaquismo, sobrepeso, obesidad, una rica desequilibrada, estrés, etc. Y se añaden algunos específicos, como una exposición excesiva a los rayos del sol, que es un factor de riesgo de melanoma y otros tipos de cáncer de piel.

La obesidad entorpece el sentido del gusto

Reduce la cantidad de papilas gustativas en la lengua

La Razón

Estudios previos han indicado que el aumento de peso puede reducir la sensibilidad al sabor de los alimentos y que este efecto se puede revertirse cuando se pierde peso, pero no está claro cómo surge este fenómeno. Ahora, un estudio publicado en la revista de acceso abierto ‘PLOS Biology’ por Andrew Kaufman, Robin Dando y colegas de la Universidad de Cornell, en Ithaca, Nueva York, Estados Unidos, muestra que la inflamación, impulsada por la obesidad, en realidad reduce la cantidad de papilas gustativas en las lenguas de los ratones, informa Europa Press.

Una papila gustativa comprende aproximadamente de 50 a 100 células de tres tipos principales, cada una con diferentes roles en la detección de los cinco sabores principales (sal, dulce, amargo, ácido y umami). Las células de las papilas gustativas cambian rápidamente, con una vida útil promedio de solo 10 días. Para explorar los cambios en las papilas gustativas en la obesidad, los autores alimentaron a ratones con una dieta normal compuesta de un 14 por ciento de grasa o con una dieta obesogénica que contenía un 58 por ciento de grasa. Como era de esperar, después de 8 semanas, los roedores alimentados con la dieta obesogénica pesaban aproximadamente un tercio más que los que recibieron comida normal. Pero sorprendentemente, los ratones obesos tenían un 25 por ciento menos de papilas gustativas que los animales delgados, sin cambios en el tamaño promedio o la distribución de los tres tipos de células dentro de las papilas gustativas individuales.

La renovación de las células de la papila gustativa normalmente surge de una combinación equilibrada de muerte celular programada (un proceso conocido como apoptosis) y la generación de nuevas células a partir de células progenitoras especiales. Sin embargo, los científicos observaron que la tasa de apoptosis aumentó en ratones obesos, mientras que el número de células progenitoras de las papilas gustativas en la lengua disminuyó, lo que probablemente explica la disminución neta en el número de papilas gustativas.

Los ratones que eran genéticamente resistentes a la obesidad no mostraron estos efectos, incluso cuando se les alimentó con una dieta alta en grasas, lo que implica que no se debe al consumo de grasa en sí, sino a la acumulación de tejido adiposo (grasa). Se sabe que la obesidad está asociada con un estado crónico de inflamación de bajo grado y el tejido adiposo produce citoquinas proinflamatorias, moléculas que sirven como señales entre las células, incluyendo una llamada TNF-alfa. Los autores encontraron que la dieta alta en grasas elevó el nivel de TNF-alfa que rodea las papilas gustativas; sin embargo, los animales que fueron genéticamente incapaces de producir TNF-alfa no tuvieron reducción en las papilas gustativas, a pesar de subir de peso. Por el contrario, la inyección de TNF-alfa directamente en la lengua de ratones delgados condujo a una disminución en las papilas gustativas, a pesar del bajo nivel de grasa corporal. «Estos datos juntos sugieren que la adiposidad total derivada de la exposición crónica a una dieta alta en grasas se asocia con una respuesta inflamatoria de bajo grado que causa una interrupción en los mecanismos de equilibrio del mantenimiento y la renovación de las papilas gustativas –apunta Dando–. Estos resultados pueden apuntar a nuevas estrategias terapéuticas para aliviar la disfunción del sabor en poblaciones obesas». EP

Mapa de la obesidad por Comunidades Autónomas

Público Strambotic / Revista de Cardiología

Asturias, patria del cachopo, el pote y la fabada es la comunidad con mayor índice de obesidad de España, con una cuarta parte de la población considerada obesa. A corta distancia, completan el podium de gordura en España Galicia y Andalucía, según un estudio de la Revista Española de Cardiología. En el otro extremo de la balanza -nunca mejor dicho- están los habitantes de Baleares, donde sólo hay un 10,5% de obesos, seguidas a bastante distancia por Cataluña y el País Vasco.

Para todo el país, la prevalencia media de la obesidad es del 21,6% y el sobrepeso, casi el doble, el 39,3%. El sobrepeso -como el Gordo de la Lotería- está más repartido en la geografía nacional: del 32,2% de Baleares al 43,5% de Galicia.
En el “concierto Europeo”, España ocupa un discreto puesto intermedio entre los livianos bosnios (17,9% de obesos) y los ternescos turcos (32,1%), según el mapa elaborado por el canal History Nutshell a partir de los datos del anuario de la CIA. El fiable CIA Factbook atribuye a España dos puntos más (23,8%) que la citada revista y sitúa a nuestro país en el puesto 62 del mundo. Como curiosidad, si Asturias fuera un país escalaría (a duras penas) hasta el puesto 48, codeándose con Irán y Costa Rica. En el otro extremo de la balanza, mallorquines, menorquines e ibicencos estaríamos a nivel africano, en el puesto 138, entre Mauricio y Gambia. A la plancha, si me hace el favor.

Asociaciones de médicos piden la retirada de alimentos poco saludables de las máquinas de los hospitales

Varias sociedades sanitarias suscriben una iniciativa contra esta venta de productos insanos

El País, por Javier Salas

Los médicos están hartos de curar rodeados de alimentos que enferman, productos alimenticios insalubres en el templo de la salud. En un país con altos índices de trastornos de salud derivados de una mala dieta, es un contrasentido que en los hospitales se oferten esencialmente «los mismos productos que hacen que la gente enferme: ultraprocesados, bollería industrial, bebidas azucaradas… todo lo que se asocia a la mala alimentación», asegura Carlos Fernández Escobar, médico y uno de los impulsores de una iniciativa que pretende poner fin a esta situación. «Nos echaríamos las manos a la cabeza si pusieran una máquina de tabaco en la sala de espera y esto es igual», recalca.

La campaña para acabar con estas máquinas en instalaciones sanitarias, aprobada en la asamblea de la Asociación de Residentes de Medicina Preventiva y Salud Pública (ARES), ya ha sido respaldada formalmente por la Asociación de Enfermería Comunitaria, el Comité Español Interdisciplinario de Prevención Cardiovascular, el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina, la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética, la Sociedad Española de Epidemiología, la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene y la ONG Justicia Alimentaria Global.

El manifiesto de ARES «sobre la presencia de alimentos poco saludables en máquinas expendedoras de centros sanitarios» comienza señalando que la epidemia de obesidad «es en gran parte atribuible a la enorme disponibilidad de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados». Y dado que en la obesidad “es mejor prevenir que curar” ya que existen importantes evidencias de que el “ambiente alimentario” que nos rodea es fundamental en la salud, demandan la retirada de estas máquinas. «No deja de sorprender que en la situación actual existan bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados en máquinas expendedoras de nuestros centros sanitarios. Diversos organismos (Organización Mundial de la Salud, Universidad de Harvard, Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria) han señalado a estas máquinas expendedoras como potenciales puntos de actuación para mejorar nuestro ambiente alimentario», argumenta. Y concluye: «Es contrario a la ética médica y sanitaria que en los mismos centros donde se atiende a la salud de la población se suministren productos que contribuyen a enfermarla».

El documento resalta las preocupantes cifras que muestran el aumento de la obesidad como un «desafío para la salud pública española». Un 62% de la población adulta padece sobrepeso u obesidad, un porcentaje que supera el 38% entre los niños, y el exceso de peso es el primer factor de riesgo de pérdida de salud y el tercer factor de riesgo de mortalidad en España, responsable de casi 45.000 muertes anuales, más de un 10% del total. Además, señalan que este exceso de peso está asociado a un enorme coste social y económico, de unos 5.000 millones de euros al año, más del 7% del gasto sanitario español.

«Esta campaña va dirigida a todas las autoridades sanitarias que tienen algo que decir, incluidas las gerencias de los hospitales que se encargan de contratar estas máquinas», explica Fernández, vocal de ARES y residente de Medicina Preventiva y Salud Pública del Instituto de Salud Carlos III. «La responsabilidad es compartida: desde el Gobierno a las consejerías, quienes aprueban normativas y los propios hospitales que podrían actuar de otro modo», añade. El documento demanda a las autoridades sanitarias que evalúen la presencia de alimentos y bebidas poco saludables en las máquinas expendedoras de los centros sanitarios y las reemplacen por otros con un perfil nutricional saludable.

Es lo que están haciendo ya en la Comunidad Valenciana y Murcia, donde han impulsado regulaciones que limitan la bollería industrial y las bebidas azucaradas de las máquinas vending de los hospitales. En Murcia se obligará a sustituir esos productos por alternativas más saludables como zumos, frutas o verduras. Otros hospitales, de forma individual, han tomado decisiones similares, como el Clínico San Carlos de Madrid o el Complejo Hospitalario de Albacete. «No hay ninguna justificación para que estos productos se vendan en los hospitales, no debemos seguir haciendo la vista gorda», denuncia Fernández. De momento, mientras ARES prepara un estudio para analizar en detalle la situación en Madrid, han comenzado a distribuir este manifiesto entre los residentes de preventiva para que empiecen a influir en sus entornos. Más adelante, pretenden hacer llegar esta campaña a las consejerías de sanidad de toda España.

Casi medio millón de chilenos sufre obesidad mórbida

La Tercera, por Cecilia Yánez

Según la última Encuesta Nacional de Salud, el 3,2% de la población del país es obesa mórbida, el triple que hace 15 años. El grupo entre 30 y 49 años es el que presenta la mayor prevalencia. El 4,9% de este segmento tiene esta condición.

En el año 2003, cuando se realizó la primera Encuesta Nacional de Salud (ENS), el 61% de la población mayor de 17 años tenía exceso de peso, es decir, sufría sobrepeso, obesidad o eran obesos mórbidos. Este último grupo representaba al 1,3% de la población, unas 148 mil personas.

Catorce años después, según la ENS 2016-2017, dada a conocer en diciembre, el 74% de la población tiene exceso de peso y 470 mil viven con obesidad mórbida (3,2% de la población).

Fernando Vio, investigador del Instituto de Nutrición y Alimentos (Inta) de la U. de Chile, señala que el incremento de la obesidad mórbida es sin duda lo “más impresionante” de la última ENS. “Este es un problema muy grave por la incapacidad que representa por la obesidad en sí, pero más aún por las co-morbilidades que trae consigo. El incremento de la obesidad mórbida es un fenómeno nuevo en el país que va a significar una gran carga de enfermedad y altísimos costos para la atención médica. Antes solo se veía en EE.UU. y cuando viajábamos a ese país nos impresionaba el número de obesos mórbidos. Hoy si caminamos por las calles de cualquier ciudad vemos los obesos mórbidos que hasta la década del 90 no se veían en Chile. En la década del 80 la prevalencia de sobrepeso y obesidad era muy baja en Chile y no existían los obesos mórbidos”, reflexiona.

Samuel Durán, académico de la Escuela de Nutrición de la U. San Sebastián y vicepresidente del Colegio de Nutricionistas Universitarios de Chile, coincide en que en los 80 era muy raro encontrar estas personas. El problema, según él, es que este grupo es difícil de tratar. “Tienen alta tasa de fracaso con dietoterapia, e incluso con las cirugías bariátricas”, indica.

La obesidad mórbida es un estado patológico, dice Lorena Hoffmeister, directora de la Escuela de Salud Pública de la U. Mayor. “En estas personas las estrategias de prevención no funcionaron, son los casos más extremos. Es dramático tener 470 mil obesos mórbidos en Chile”, dice.

Según la ENS 2016-17, el grupo etario que más obesidad mórbida tiene es el de 30-49 años. En este grupo, el 4,9% la sufre.

Los más afectados

Si al porcentaje de población con obesidad mórbida se suman los que tienen obesidad y sobrepeso, los más afectados son los que tienen entre 50 y 64 años, donde el exceso de peso alcanza 85,3%. En las encuestas anteriores (ENS 2003 y ENS 2009-2010), cuando el corte de edad se hacía en los 45-64 años, este grupo era el que más exceso de peso tenía con 75,6% y 77,1%, respectivamente.

Según Durán, esta población es la que ingresó al mundo laboral junto a la bonanza económica. “Fueron los primeros adultos que se vieron con dinero y con acceso a la economía de bienes de consumo, a bebidas, comida chatarra y también a electrodomésticos que nos volvieron menos activos en casa y a los autos que también afectaron los traslados”. El nutricionista considera grave que en este tramo solo el 15% sea normopeso.

Para Hoffmeister, varios factores están detrás de esta realidad. Uno es la forma de alimentación y el bajo consumo de frutas y verduras. A nivel nacional, solo el 15% cumple con el criterio de las cinco porciones diarias. Incluso en el grupo de 50 a 64 años se redujo el nivel de cumplimiento entre la ENS de 2009-2010 y la última. También disminuyó en los adultos de más de 65 años. “Es preocupante”, dice la directora de la Escuela de Salud Pública de la U. Mayor. A eso se suma el sedentarismo, medido como actividad física fuera del hogar. Salvo los más jóvenes (15-19 años), sobre el 90% del resto de la población no cumple el criterio. “Los que menos cumplen son los de edad intermedia y los adultos mayores”, señala Hoffmeister.

Para Vio, el grupo de los 45-64 o 50-64, como lo mide la ENS de 2016, es el grupo de adultos que están relativamente sanos, tienen alto sedentarismo (90%) y una dieta con alto contenido de grasas, azúcar y sal que no controlan. “No se privan de nada y comen varios panes al día, papas fritas, completos, empanadas, lomitos, bebidas gaseosas, toman once en vez de comer en la noche y los fines de semana comen asados y beben alcohol en forma excesiva”, señala.

Sin embargo, es una población “salvable” dice Hoffmeister, porque todavía es joven, activa y está inserta en el medio laboral. “Es el grupo que más preocupa en términos de carga de enfermedad y también el que más demanda. Tiene mala alimentación, poca actividad física, mal estado nutricional y una prevalencia de diabetes de 18,3%”, dice.

A nadie le importa

Pese a la gravedad del problema, la obesidad no aparece cuando se plantean políticas públicas. Pero Vio no solo cuestiona a las autoridades, también a las personas. “No hay movimientos sociales ni marchas que lo respalden, como sí lo hay para temas como gratuidad universitaria, educación pública, AFP, isapres, matrimonio igualitario, marihuana y otros”, dice. Es un problema global y tan importante como el cambio climático o el envejecimiento, señala, pero estos están en las políticas públicas. “La obesidad no”.

Para Hoffmeister llegó el momento de poner en marcha políticas públicas para enfrentar esta realidad, políticas que además deben ser complementarias, porque una sola no basta para mejorar esta realidad. “Es necesario combinar y mantener políticas públicas transversales, para que la gente decida consumos más saludables e integrar también la lógica laboral. Hay un espacio de trabajo allí y se debe considerar también como un espacio de cambio”.

En el caso del grupo de mediana edad, Hoffmeister señala que se debe sumar alguna estrategia desde el mundo laboral que es donde pasan la mayor parte del tiempo.

Esto le hace la comida rápida a tu cuerpo

Un estudio descubre que el sistema inmune se vuelve mucho más agresivo, respondiendo ante la comida rápida como si de una infección se tratara.
Muy Interesante, por Sarah Romero
El sistema inmune reacciona de manera similar a una dieta alta en grasas y alta en calorías que ante infección bacteriana. Esta es la sorprendente conclusión de una investigación dirigida por la Universidad de Bonn (Alemania) y que recoge la revista Cell. Se trata de un asunto particularmente inquietante, pues la comida poco saludable parece hacer que las defensas del cuerpo sean más agresivas a largo plazo, incluso mucho después de cambiar a una dieta saludable.

Estos cambios a largo plazo pueden estar involucrados en el desarrollo de arteriosclerosis y diabetes, enfermedades relacionadas con el consumo de la dieta occidental.

Pruebas con dieta occidental

Los científicos realizaron un experimento con ratones. Durante un mes les administraron la llamada «dieta occidental»: alta en grasas, alta en azúcar y baja en fibra, para equiparar como si un ser humano se alimentara de comida rápida durante todo un mes. Tras este periodo, los animales desarrollaron una fuerte respuesta inflamatoria en todo el cuerpo, casi como después de la infección con bacterias peligrosas.

«La dieta poco saludable llevó a un aumento inesperado en el número de ciertas células inmunes en la sangre de los ratones, especialmente granulocitos y monocitos. Esto fue un indicativo de la participación de los progenitores de células inmunes en la médula ósea», comenta Anette Christ, coautora del trabajo.

Para comprender mejor estos hallazgos inesperados, se aislaron progenitores de médula ósea para tipos de células inmunes principales de ratones alimentados con una dieta occidental o dieta de control saludable y se realizó un análisis sistemático de su función y estado de activación.

«Los estudios genómicos mostraron que la dieta occidental había activado una gran cantidad de genes en las células progenitoras. Los genes afectados incluían a los responsables de la proliferación y la maduración», explica Joachim Schultze, coautor del estudio.

Y es que la comida rápida hace que el sistema inmune reclute rápidamente un ejército enorme y poderoso alertado por la presencia de algo que entiende como virus. Cuando los investigadores ofrecieron a los roedores su dieta típica de cereales durante otras cuatro semanas, la inflamación aguda desapareció. Lo que no desapareció fue la reprogramación genética de las células inmunes y sus precursores: incluso después de estas cuatro semanas, muchos de los genes que se habían encendido durante la fase de comida rápida seguían activos.

Las células inmunes cuentan con un «sensor de comida rápida»

«Recientemente se descubrió que el sistema inmune innato tiene una forma de memoria», aclara Eicke Latz, Director del Instituto de Inmunidad Innata de la Universidad de Bonn. Así, tras una infección, las defensas del cuerpo permanecen en estado de alerta, para que podamos responder más rápidamente a un nuevo ataque.

Los expertos lo llaman «entrenamiento inmune innato». En los ratones, este proceso no fue desencadenado por una bacteria, sino por una dieta no saludable. Y estos efectos, son a largo plazo.

La activación por una dieta basada en comida rápida cambia la forma en que se empaqueta la información genética. El material genético se almacena en el ADN y cada célula contiene varias cadenas de ADN, que en conjunto tienen aproximadamente dos metros de largo. Sin embargo, suelen estár envueltas alrededor de ciertas proteínas en el núcleo y, por lo tanto, muchos genes en el ADN no se pueden leer, ya que simplemente son demasiado inaccesibles.

Una alimentación poco saludable hace que algunas de estas piezas de ADN normalmente escondidas se relajen, de forma similar a un lazo que cuelga de una bola de lana. Esta área del material genético puede leerse mucho más fácilmente. «El sistema inmune en consecuencia reacciona incluso a pequeños estímulos con respuestas inflamatorias más fuertes», comentan los autores.

Dramáticas consecuencias para la salud

«Estos hallazgos tienen una relevancia social importante. Los fundamentos de una dieta saludable deben convertirse en una parte mucho más prominente de la educación de lo que son en la actualidad. Solo de esta manera podemos inmunizar a los niños en una etapa temprana contra las tentaciones de la industria alimentaria», concluye Latz.