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Rebote adiposo, una fase del desarrollo crítica para evitar la obesidad infantil

mayo 13, 2019

Sucede de forma natural entre los 5 y los 7 años, pero algunas veces se adelanta y puede provocar la enfermedad si no se vigila. ¿Es posible controlarlo desde casa, con una sencilla báscula?

El País, por Sarah Palanques Tost

La Iniciativa Europea de Vigilancia de la Obesidad Infantil, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), acaba de sacar los colores a España; el país está entre los que más obesidad infantil tienen de la Unión Europea, y a la cabeza en casos graves. Y, mientras las causas del problema son bien conocidas -una mala alimentación y un estilo de vida sedentario son los principales culpables-, las soluciones se nos escapan. ¿Cómo sacar tiempo para cocinar platos sanos y variados, en lugar de optar por alimentos precocinados? ¿Cómo alejar a los niños de las pantallas y asegurarse de que tengan un mínimo de 60 minutos de actividad física al día? ¿Cómo controlar la publicidad de los alimentos procesados dirigidos a la infancia? Y entre tantas preguntas complejas, quizá se nos ha olvidado una herramienta que ha quedado relegada a las consultas de los pediatras pero que muchos tenemos aún en casa: la báscula.

Un estudio publicado recientemente en la revista Preventive Medicine Reports apunta a una idea muy preocupante si los datos de la OMS no cambian pronto. Un grupo de investigadores de Reino Unido hizo una revisión de 54 estudios internacionales que habían tomado mediciones de estatura y peso de niños, de entre 4 y 11 años, desde el año 2000. Su análisis revela que no se está pesando suficientemente a los niños, y eso dificulta que se lleve a cabo una actuación temprana contra la obesidad infantil. Esa es la mejor medida contra el problema, y dejar el control del peso exclusivamente en manos de los médicos puede ser insuficiente porque el problema puede gestarse entre las revisiones del médico.

Según el pediatra y endocrinólogo del hospital madrileño La Luz-Quirón Salud Gilberto Pérez López, “diagnosticar la obesidad infantil cuando ya está establecida, en grados moderados-graves, significa que no hemos puesto medidas preventivas y tendremos enormes dificultades para la instauración de medidas terapéuticas”. Y si, tal y como alerta el estudio británico, a los 4 y 11 años se pesa menos a los niños de lo que se debiera, podríamos estar perdiendo una sencilla y poderosa arma de diagnóstico.

El pediatra del centro de salud oscense de Barbastro,Santy Conde subraya que uno de los trabajos más importantes que se realiza en la atención de la infancia y la adolescencia es identificar los períodos críticos que se asocian con el riesgo de desarrollo de obesidad infantil que tanto castiga a España, que son tres: los mil primeros días de vida (incluidos los 9 meses de embarazo), el rebote adiposo (entre los 5 y los 7 años) y la adolescencia. El rebote adiposo “es fisiológico (normal) y permite almacenar reservas para el crecimiento y desarrollo de la pubertad. Actualmente, sabemos que muchos de los niños que desarrollarán obesidad en nuestro país empiezan antes de los 6 años, con un rebote adiposo precoz, por lo que es en ese momento en el que deberíamos centrar nuestros esfuerzos”, especifica Conde. Si no se detecta en casa, cabe la posibilidad de que pase desapercibido en la consulta.

“Con las revisiones intentamos seguir al niño y alertar a los padres cuando empiezan a ganar peso, y detectamos hábitos o factores de riesgo aunque aún no haya ganancia de peso. Pero, en efecto, a menudo no es suficiente. Por ejemplo, para un niño que a los 4 años iba bien de peso y a los 6 años ha entrado en sobrepeso, llegamos tarde”, añade Conde.

Un problema invisible para algunos padres

No todo es una cuestión de plazos. Los pediatras consultados para este artículo coinciden en un factor nada desdeñable que promueve la obesidad infantil es que muchos padres no quieren reconocer que su hijo puede tener sobrepeso. “A veces no hay motivación en la familia para cambiar las cosas”, dice Conde. Por su parte, Pérez López cuenta que “en la consulta, cuando comentamos a los padres que el niño tiene sobrepeso u obesidad, la mayoría de las veces se sorprenden. Esto sólo sería una anécdota si en España, y en el resto del mundo, la obesidad infantil no fuese un problema de salud pública”.

El médico reflexiona sobre ésta problemática aprovechando la reciente publicación de un estudio español. Los investigadores analizaron la subestimación del exceso de peso infantil en la población española de 2 a 12 años, con hallazgos sorprendentes. “Algunos de los resultados señalan que el 90% de los padres de niños de entre 2 y 4 años con sobrepeso u obesidad pensaban que el peso de sus hijos que era normal. En el caso de los adolescentes (de 10 a 14 años), el 63% de los que mostraban sobrepeso y el 40% de los que tenían obesidad fueron identificados como normopeso por sus padres”, dice el experto.

Pérez López añade que el estudio detectó que las madres tenían más posibilidades de no identificar el exceso de peso en comparación con los padres, que los progenitores con sobrepeso u obesidad también eran más propensos a pasarlo por alto y que las familias con mayor nivel de estudios, y mejores niveles de renta, identificaban mejor el problema. A tenor de las cifras, resolver este fenómeno, quizá con una herramienta tan sencilla como una báscula doméstica, podría ayudar a resolver los graves problemas de salud que provoca la obesidad infantil.

El caso de la diabetes es especialmente llamativo, ya que su epidemiología acostumbra a agrupar a gente de edad avanzada pero, “hoy en día, cada vez vemos más casos en edades más jóvenes, ya no es raro verlos a partir de los 40 años, incluso al final de la adolescencia”, confirma Conde. Lo importante es que “el 70% de los casos de diabetes tipo 2 serían evitables a través de un estilo de vida saludable… pero casi 6 millones de españoles tiene esta enfermedad, según el estudio Di@betes, es una barbaridad”, exclama. La tendencia es preocupante, ¿pero podemos siquiera soñar en cambiarla solo con el uso de una báscula?

Tecnología al servicio de la salud infantil

“Yo recomendaría consultar con el pediatra en cualquier momento en que los padres puedan percibir que la constitución de su hijo está cambiando (ganando más peso que talla) o que vean que tienen problemas para mantener una alimentación saludable, independientemente de las revisiones”, apunta Conde. Una buena manera de percibir los cambios es usar aplicaciones para el móvil como Growin App, desarrollada por el endocrinólogo pediátrico del Hospital Infantil Miguel Servet de Zaragoza Antonio Arriba, junto a ingenieros de la Universidad de Zaragoza, y que sirve para monitorizar el crecimiento y el índice de masa corporal de los niños, así como para detectar los cambios.

El cualquier caso, la prevención siempre comienza en una serie de hábitos que no siempre se instalan en las familias con facilidad. “El manejo de un niño con sobrepeso requiere tiempo, motivación y perseverancia. Pero es una inversión que vale la pena hacer: dormir suficiente, disminuir el tiempo delante de las pantallas, mejorar la calidad y cantidad de los alimentos (hidratar con agua, comer al menos 5 piezas de frutas y verduras al día, y restringir los alimentos altos en azúcares y grasas ) de toda la familia, fomentar las actividades al aire libre, comer en familia, felicitarles cuando realizan avances… y los niños deben estar activos al menos 60 minutos por día”, añade Pérez López.

Por último, hay una vertiente psicológica muy importante en una sociedad en que se da gran importancia a la imagen. Es habitual que se prejuzgue a las personas con obesidad. “Los niños con sobrepeso a menudo sufren burlas y comentarios negativos, y esto es particularmente dañino cuando proviene de otros miembros de la familia. Los niños y adolescentes con sobrepeso u obesidad tienen una baja autoestima, y tienen mayor riesgo de trastornos de la conducta alimentaria y ansioso-depresivos. Por ello, hay que recordarles lo mucho que les amas, reforzar sus cualidades positivas, no tolerar bromas y evitar la crítica”, concluye Pérez López.

Un estudio culpa a las madres que trabajan de la mayor obesidad en los niños

abril 15, 2019

20 minutos La Gulateca, por Iker Morán

La publicidad sin control, el poder de la industria alimentaria, la lamentable oferta gastronómica en colegios, hospitales o máquinas de vending, la falta de formación nutricional… Son algunas de las causas evidentes del aumento de la obesidad infantil que en países como el Reino Unido está alcanzando niveles muy preocupantes.

Algo que se resume de forma muy sencilla en un dato: es el país europeo donde más alimentos ultraprocesados se consumen y en el que, por tanto, menos producto fresco se compra y menos se cocina.

No hace falta un máster para deducir que esa tendencia va estupendamente a las empresas que venden ese tipo de alimentos. De hecho, desde hace años han tenido un papel muy activo a la hora de promocionarlos en campañas que incluso van dirigidas a los más pequeños. Pero ahora un surrealista estudio de la University College de Londres ha encontrado al auténtico responsable: la culpa es de las madres que trabajan.

No, ni es un chiste, ni parte de la estrategia publicitaria de algún partido político en campaña, ni uno de esos titulares sacados de contexto para forzar la polémica. Es la conclusión a la que han llegado tras analizar los datos y costumbres alimentarias de 20.000 familias británicas, comparando los datos de los hogares en los que la madre trabaja y en los que está en casa.

Tal cual. Según publica The Sunday Times, las conclusiones no recogen -ni siquiera para disimular un poco- la posibilidad de que sea el padre el que deje de trabajar para quedarse en casa. Una idea por lo visto inconcebible y tan loca que no hay margen para que la responsabilidad de la mala alimentación de los hijos sea compartida o incluso totalmente de los padres trabajadores.

El estudio asegura que en las casas en las que la madre trabaja fuera las posibilidades de que el pequeño padezca obesidad son un 25% superiores. Por ejemplo, en el caso de un desayuno casero en condiciones -habría que ver lo que se entiende por tal cosa- los hijos de hogares con madres trabajadores lo disfrutan un 29% menos.

El consumo excesivo de azúcar presente en alimentos ultraprocesados, refrescos y comida rápida ha demostrado ser uno de los principales focos de esa epidemia de obesidad que afecta a los más pequeños. Y, evidentemente, si en casa hay menos tiempo para cocinar, la exposición a este tipo de productos es mayor.

Aunque los resultados son dignos de un estudio del Capitán Obvio, las explicaciones de los investigadores para aclarar sus resultados son sencillamente un insulto al sentido común. Al menos al del siglo XXI.

Analizar la alimentación de los más pequeños fuera del contexto socioeconómico y laboral y adaptado a la realidad de 2019 para, de propina, culpar solo a la madre puede ser de todo menos científico. Por muchas cifras y porcentajes que se le ponga al asunto.

Alimentación intuitiva en niños: ¿qué es y cómo funciona?

febrero 1, 2019

Es una técnica muy ligada al ‘Baby Led Weaning’, la alimentación complementaria a demanda que consiste en incorporar los sólidos en bebés sin pasar por la fase de purés

El País, por Estefanía Grijota

Que tu hijo coma cuando a él le apetezca. Suena utópico, y cuanto menos muy difícil de llevar a cabo, por el riesgo que conlleva, sin embargo, no debería de ser tan difícil, ni mucho menos imposible. De hecho, son muchas las razones por las cuales la ingesta intuitiva es uno de los mejores métodos que existen para criar a un niño sano y lleno de vitalidad. Porque cuando hablamos de la relación entre los niños y los alimentos, los esfuerzos por combatir los desajustes en la alimentación podrían ser muchos, y en parte, porque una mala alimentación, como la ingesta de los alimentos inadecuados, a deshora, podría desembocar fácilmente en principios de obesidad.

Entonces, ¿dónde está el límite para criar a niños que coman lo que quieran y sean felices, al mismo tiempo que están sanos y desarrollados? Para comer de manera intuitiva es necesario seguir 10 principios que, según los creadores de esta técnica en 1995, los dietistas, Evelyn Tribole y Elyse Resch, son la integración dinámica entre la mente y el cuerpo. “Estos principios funcionan ya sea cultivando o eliminando obstáculos para la conciencia corporal, un proceso conocido como “conciencia interoceptiva”, es decir, un proceso personal de honrar la salud escuchando y respondiendo a los mensajes directos del cuerpo para satisfacer sus necesidades físicas y psicológicas”, aseguran. Un modelo que cada día está ganando más adeptos y que cuenta con más de 90 estudios hasta la fecha.

Ventajas de comer de forma intuitiva

Carmen Escalada, nutricionista clínica del Instituto Médico Europeo de Obesidad (IMEO), nos explica que esta técnica consiste en alimentarnos según nos pida el cuerpo. “Si tengo hambre como, si no tengo hambre no como, e ingiero tanto el alimento que quiero como la cantidad”, expresa. Y aunque resulte increíble, lo cierto es que nuestro cuerpo es muy sabio.

“Una ventaja muy importante para los niños es que, así como un bebé nos da la señal de que ya está saciado, un niño puede aprender a intuir cuando tiene o no hambre. Podemos poner a su disposición, y en todo momento, comida saludable, para que detecten la hora de la comida como un momento agradable, donde no le vas a obligar a nada, ni a castigar ni a premiar, sino que él podrá elegir la comida y comer con gusto”, comenta.

De esta forma, y según la experta, el cuerpo va a ser el que regule la cantidad, por lo que va a ser más fácil que le demos justo lo que necesita en cada momento, por ello, tendremos todos los nutrientes cubiertos y el peso se instaurará en lo saludable. “No es una dieta, ni busca bajar de peso, sino que la finalidad es la de que un niño esté sano y nutrido”, asegura.

Al separar el hambre física de la emocional, se reduce también la ansiedad o el estrés, ya que se trata de una técnica muy ligada al Baby Led Weaning, la alimentación complementaria a demanda que consiste en incorporar los sólidos en la alimentación del bebé sin pasar por la fase de purés y papillas, siendo el propio bebé quien se alimenta por sí mismo usando las manos. “Al ser el propio niño quien marca su hambre y su saciedad, otra ventaja es que se reducirían mucho los problemas en la edad adulta de no distinguir del tener hambre a tener ganas de comer, o el comer por ansiedad o cuando está enfadado, por ejemplo, además se reducirían los problemas de obesidad y todos aquellos derivados de esta”, concluye.

Lo cierto es que los niños nacen como comedores intuitivos: saben cuándo comer y cuándo parar. La reconocida dietista estadounidense, Evelyn Tribole, coautora de “Alimentación Intuitiva: un programa revolucionario que funciona” , dice que el riesgo de la práctica de las dietas y la alimentación restrictiva conduce muchas veces a trastornos en la alimentación, y que es preocupante entre el clima nutricional actual. “Un bebé recién nacido, por ejemplo, llorará hasta que alguien lo alimente, y a los niños pequeños, incluso, se les evitará hacerles la maniobra o el jueguecito del avión para llevarles la cuchara a la boca”, explica.

¿Qué hay de malo en un cine con palomitas?

diciembre 3, 2018

¡Que levante la mano el que nunca haya ido a ver cine y, de paso, se ha llevado en la sala una bolsa con palomitas! “Mucho cuidado con la tan dulce imagen de familia feliz tomando palomitas y viendo cine”, avisan los expertos en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), ya que tiene una lectura bien distinta desde el punto de vista de la neurogastronomía.

Asienta un patrón muy explotado por la industria alimentaria que parte de los cinco sentidos (vista, oído, olfato, gusto y tacto) con el fin de lograr una experiencia sensorial, capaz de crear humor y bienestar o conectar emociones y recuerdos a través de la comida.

Hoy la gran pantalla ha encontrado cabida en nuestro hogar en mini formatos, más prácticos, fáciles de llevar y manejar que nos permiten deleitar de un pasatiempo ilimitado y a precio muy económico sin levantarnos del sofá.

Podemos decir que las palomitas, en sus múltiples variaciones, también se han colado en casa, junto con los anuncios publicitarios de los canales de televisión infantiles, en un prime time de los más amplio posible, con su oferta de emociones cargadas de sabor a base de azúcares, grasas, aditivos y harinas refinadas: cremas de cacao para untar o beber; galletas de cereales con forma de dinosaurios o dibujos estampados; huevos y figuras de chocolate; bebidas azucaradas, néctares y zumos industriales; golosinas, pizzas, aperitivos salados, entre otros.

Lo que podemos hacer para resistir a la tentación, aconseja Estefanía Ramo, es imaginar la actividad física necesaria para quemar las calorías provenientes de un picoteo de esta índole. Tomaremos como referencia una persona de 70 Kg y veremos que se necesitan realizar:

– 1 h y 55 minutos de ciclismo (paseo: 16 Km/h) para quemar las 540 Kcal de 100 g de chocolatinas;

– 1 hora y 35 minutos de aquagym para quemar las 459 Kcal de 100 g de palomitas dulces;

– 1 hora y 31 minutos de aerobic para quemar las 533 Kcal de 100 g de palomitas saladas con aceite y sal;

– 45 minutos de fútbol para quemar las 480 Kcal de una bolsa de 120 g de aperitivos salados.

– 42 minutos de tenis (individual) para quemar las 343 Kcal de cada 100 g de golosinas;

– 32 minutos de kárate para quemar las 384 Kcal de tres galletas infantiles (una ración de 96 g);

– 24 minutos de carrera para quemar las 225,2 Kcal de una rebanada de pan de molde con una cucharada de crema de cacao sin aceite de palma y con Estevia;

– 23 minutos de yoga para quemar las 68,5 Kcal de una porción de pizza de pollo y queso (87,5 g);

– 21 minutos de paseo (5 km/h) para quemar las 84 Kcal de 200 ml de zumo industrial concentrado;

– 9 minutos de natación (mariposa) para quemar las 119 Kcal de 30 g de cereales con virutas de chocolate;

“Por consiguiente, ninguno de estos alimentos estaría recomendado para un consumo habitual y cuando se trata de niños el principal consejo a los padres es no improvisar y descartar las opciones de comida rápida, ya sea en casa o fuera”, apunta la nutricionista del IMEO Andrea Marqués. Hay que planificar los menús entre semana para conseguir que la dieta de los menores sea variada, equilibrada y lo más compensada posible con las tomas realizadas en el colegio.

Para el fin de semana se puede plantear una actividad, como preparar recetas saludables apetecibles junto a los niños para iniciarles en el mundo de la cocina y concienciarles de la importancia de una nutrición saludable.  

Expertos alertan de que el exceso de artículos tecnológicos en los regalos navideños favorece la obesidad infantil

noviembre 29, 2018

Expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) han alertado de que el exceso de artículos tecnológicos, como móviles, ordenadores, consolas o tabletas, en los regalos navideños favorece la obesidad infantil.

La Vanguardia / EUROPA PRESS

Expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) han alertado de que el exceso de artículos tecnológicos, como móviles, ordenadores, consolas o tabletas, en los regalos navideños favorece la obesidad infantil.

“Los niños y adolescentes de nuestro país son más sedentarios que las generaciones anteriores, debido en parte al largo tiempo que pasan ante la pantalla, ya sea viendo televisión o series en el ordenador, navegando en las redes sociales en el móvil o jugando con su tableta. Esta situación ha provocado un desequilibrio energético, lo que se traduce en un gradual y consistente aumento de peso”, ha dicho el experto en nutrición y portavoz del Instituto, Rubén Bravo.

 

En este punto, la psicóloga del IMEO Ana Gutiérrez ha advertido de que, aunque el ocio digital en sí no es malo, un descontrol por parte de los padres y exceso puede afectar el desarrollo cognitivo y emocional del menor, dificultar la comunicación con la familia y los iguales, propiciar aislamiento o alteraciones en la vida cotidiana, baja del rendimiento escolar, falta de tiempo libre y una imagen distorsionada de lo que es la comida sana.

Además, en la cultura occidental se suele asociar este tipo de pasatiempo con el consumo de ciertos alimentos de forma automática y a modo de picoteo que, al ser ricos en grasas y azúcares, estimulan la liberación de serotonina y contribuyen a un bienestar temporal que puede generar malos hábitos y un entorno obesogénico.

De hecho, si el menor permanece tras la pantalla durante largos periodos de tiempo termina consumiendo de forma pasiva y constante contenido publicitario. En este punto, los expertos han comentado que en el periodo de Navidad, las campañas publicitarias en relación a la alimentación aumentan y, en ellas, de forma recurrente se asocian emociones (alegría, alivio, ilusión o afecto) con el consumo de ciertos alimentos, como dulces de escaso valor nutricional o comidas de preparación rápida, aumentando la probabilidad de generar una inadecuada relación con la comida.

“Pese a que todos en cierta medida nos vemos expuestos al bombardeo de este tipo de mensajes publicitarios, el impacto en la población infantil es aún mayor. Los niños que carecen de la visión crítica que podría tener un adulto, se convierten en la principal diana de los spots publicitarios; hoy por hoy en nuestro país la publicidad de alimentos y bebidas dirigidas a menores no está regulada y la reducción de azúcares añadidos, sal y grasas es de carácter voluntario y no obligatorio para las empresas”, han detallado.

Por ello, prosiguen, no es de extrañar que los más pequeños asocien tales productos como chocolate, golosinas, galletas infantiles o zumos concentrados industriales como comida hecha a medida para niños y se obvia el hecho que incumplen la recomendación de la OMS que limita la ingesta de azúcares totales diarias a unos 25 gramos para niños de 2 a 18 años.

Por tanto, han subrayado la necesidad de planificar los menús entre semana para conseguir que la dieta de los menores sea variada, equilibrada y lo más compensada posible con las tomas realizadas en el colegio. Además, para el fin de semana se puede plantear una actividad, como preparar recetas saludables apetecibles junto a los niños para iniciarles en el mundo de la cocina y concienciarles de la importancia de una nutrición saludable.

OCIO ACTIVO FRENTE AL SEDENTARIO

Los niños y los adolescentes tienen que moverse, jugar, gastar calorías con actividades físicas diversas, practicar deportes de forma regular para aumentar el gasto calórico diario y conseguir un equilibrio energético que a su vez les ayudará a evitar el sobrepeso y la obesidad. Asimismo, a juicio de los expertos del IMEO, la familia debe involucrarse y priorizar, incluyendo la época de vacaciones, las actividades deportivas frente al ocio sedentario.

En este punto, han aconsejado aprovechar algunas actividades cotidianas para aumentar el tiempo de actividad física, por ejemplo, ir al colegio y volver caminando a ritmo medio rápido, subir escaleras, acompañar a los mayores a comprar, sacar la basura o pasear el perro. A los más pequeños les convienen juegos que implican movimiento y al aire libre, como saltar la cuerda, hula hoop, pilla-pilla o carrera, montar en bicicleta, patinar sobre hielo o ruedas.

A los escolares y adolescentes les iría mejor realizar ejercicio físico moderado o intenso durante al menos 60 minutos practicando algún deporte extraescolar un par de días a la semana, como natación, bailes, artes marciales, fútbol o baloncesto. De esta forma no sólo quemarán calorías, sino mejorarán el control, equilibrio y postura corporal, fortalecerán sus piernas, brazos y abdomen, aumentarán la resistencia, ganarán flexibilidad y desde edades tempranas conocerán los beneficios que el ejercicio físico tiene para su salud.

“Es sumamente importante que los padres sepan guiar adecuadamente a sus hijos en el uso de los dispositivos móviles y la tecnología, orientándoles tanto en los contenidos de la red, como en la forma de consumirlos y aprovechando el recurso que pueden ofrecer algunos programas de televisión especializados o videojuegos didácticos con el fin de enriquecer la interacción familiar en torno a los mismos”, han apostillado.

Finalmente, los expertos han recordado que el ejercicio físico aporta beneficios psicológicos a todas las edades, aumentando la segregación de endorfinas y también fomenta la descarga de adrenalina y energía tras pasar entre cinco y ocho horas en clase de manera sedentaria. Los juegos de mesa y actividades en familia potencia la comunicación entre sus miembros, facilita el acceso al mundo emocional del menor por parte de sus progenitores y aumenta la confianza para compartir inquietudes y dificultades en un futuro.

Un desayuno incompleto o la ausencia del mismo, responsable de futuros sobrepeso infantil y fracaso escolar

septiembre 26, 2018

Los niños y adolescentes que acuden al colegio sin desayunar o sin realizar un desayuno completo, a la larga, engrosan las cifras de sobrepeso y obesidad infantil, según el Instituto Médico Europeo de la Obesidad, IMEO, y el Estudio Aladino  que cita la ausencia de desayuno, junto al sedentarismo, como las principales causas de los kilos de más, por ello es bueno inculcarles lo necesarios que son los desayunos sanos.

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“Y no hay que olvidar que los niños y adolescentes con sobrepeso y obesidad presentan más problemas óseos y musculares; tienen mayor riesgo de desarrollar diabetes, hígado graso y asma; entran en la pubertad antes que sus compañeros y, en general, muestran una autoestima más baja”, apostilla Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del IMEO. “Muchos niños omiten el desayuno por las prisas de los padres para ir a trabajar, porque a esta hora temprana tienen más sueño que hambre o porque están hartos de comer el mismo plato cada día”, anota Bravo.

“Por otra parte, a la hora del descanso, el hambre hará que el menor sea más susceptible de comer los “bollos” (pasteles industriales) y las golosinas que suelen estar presentes en las máquinas expendedoras y que provocan estímulos fuertes por las subidas de azúcar, pudiendo inducir una cierta dependencia ”, añade. Un niño de 3 años, por ejemplo, necesita unas 1.300 calorías diarias, y si tiene 12 años, cerca de 2.200. Podemos calcular la cantidad de calorías recomendada, partiendo de una base de 1.000 calorías y añadiendo 100 por cada año de edad en el proceso de crecimiento”, explica.

Lo aconsejable es que el desayuno represente un 30 por ciento del aporte energético total ya que, según el especialista, “nuestro cuerpo demanda gran cantidad de energía entre las 6 y las 18 horas del día. Para asegurar a los niños unas óptimas condiciones y que puedan empezar con fuerza la jornada, necesitamos concentrar una tercera parte de la ingestión de comida entre el desayuno y la media mañana”.

Lo ideal: comer sentado y sin prisas
El desayuno nunca se debe omitir o realizar con prisas o de pie y, entre semana, conviene dedicarle como mínimo unos 15-20 minutos. Los fines de semana, el doble, ya que está demostrado que los niños que toman un desayuno saludable sacan mejores notas, tienen una actitud más positiva y una mejor condición física”, afirma Bravo.En realidad, “el tiempo mínimo que hay que dedicar a esta primera toma del día debería oscilar entre los 20 y 30 minutos, y ¡hablamos de desayunar y no de engullir!” enfatiza.

“Invirtiendo menos tiempo estamos inculcando a nuestros hijos la ansiedad hacia la comida, y no el disfrute; estamos perdiendo un momento clave de corta reunión familiar, donde los padres pueden prestar interés real por los quehaceres diarios de sus niños”, señala. Para Bravo “una opción muy recomendada para evitar las prisas por la mañanas sería que los menores se acostaran antes por la noche, y otra forma de remediarlas es dejar todo preparado el día anterior, invirtiendo menos en la elaboración y más en la ingesta y conversación”.

Por otra parte, los niños necesitan dormir entre diez y doce horas al día. Si los niños y adolescentes no realizan cenas pesadas el día anterior, se levantarán con más ganas de comer. Otra forma de despertar el apetito infantil a horas tempranas es comenzar con líquidos (zumos, leche) y luego pasar a la comida sólida (bocaditos, cereales, piezas de fruta entera)”, sugiere el especialista.

Para Bravo, un desayuno ha de ser equilibrado, personalizado en cuanto al peso y la actividad física que ejerce el niño a diario, y completo, incluyendo los tres macronutrientes: proteínas, hidratos de carbono y grasas. “Lo único que debería cambiar por la edad, sería la cantidad del desayuno, pero no su composición”, matiza.

“Un desayuno perfecto debería incluir las proteínas en forma de fiambre bajo en grasa o un lácteo desnatado; una opción de cereales integrales, que proporcionarán una fuente de energía estable y duradera o cereales integrales sin azúcar añadido; y una opción grasa alta en Omega 3, como frutos secos o aceite de oliva. Añadir una pieza de fruta sería sobresaliente”, destaca. “La tostada integral con tomate triturado, aceite de oliva y jamón york, o pavo o jamón serrano, supera con creces nutricionalmente al bollo (pastel o bizcocho) de chocolate”, señala Bravo.

Desayuno ideal Niños de 3 a 12 años. 
Un lácteo entero que puede consistir en un vaso de leche, acompañado o no de una cucharada de postre de cacao en polvo, o un yogur alto en proteínas.
Una opción de cereales integrales, que puede consistir en una tostada de pan integral con un poco de miel o un puñado de cereales integrales infantiles, que podremos mezclar con la leche.
Una pieza o zumo de fruta. La mejor opción es un zumo de naranja natural, aunque también se puede optar por un zumo envasado sin azúcares añadidos, pero con pulpa. La miel y las naranjas potencian el funcionamiento óptimo del sistema inmunitario infantil, según Bravo

Niños de 12 a 18 años
Durante la adolescencia se produce el “estirón”, lo que obliga a cuidar el aporte diario de calcio y proteínas que ayudará a formar los músculos y el esqueleto óseo, al igual que la ingestión de grasas saludables para favorecer la evolución óptima del sistema hormonal, por lo que de acuerdo al IMEO en el desayuno es preciso:
Tomar un lácteo en forma de vaso de leche, yogur o queso fresco, en función de la actividad física diaria y de la constitución del adolescente; se puede acompañar de una cucharada de cacao en polvo o miel.
Acostumbrar al menor a beber zumo natural preparado en casa, pues es una forma más sencilla de ingerir varias piezas de fruta en una sola comida.
Asegurar el aporte de hidratos de carbono tomando dos tostadas integrales, acompañadas de aceite de oliva, tomate triturado o en rodajas, y jamón serrano o fiambres de pavo.

Alerta por el azúcar escondido de los yogures para niños

septiembre 20, 2018

Alerta por el azúcar escondido de los yogures para niños

La Vanguardia, por Cristina Saez

Los yogures dirigidos a los niños contienen el doble de azúcar que los yogures naturales y son una fuente oculta de azúcares libres en la dieta infantil, alerta un estudio que publica la revista BMJ Open. Investigadores británicos de las universidades de Leeds y de Surrey han analizado 921 yogures y otros productos lácticos, como natillas o flanes, de los principales supermercados del Reino Unido y han visto que los yogures dirigidos a los más pequeños, así como los fermentados etiquetados como orgánicos o ecológicos son los que más destacan por su elevado contenido de azúcar.

“Aunque el yogur puede ser menos motivo de preocupación que los refrescos o los zumos de frutas, las principales fuentes de azúcares libre en la dieta de niños y adultos, lo que es preocupante es que este lácteo fermentado, que se percibe como un alimento saludable, puede ser una fuente oculta de azúcares añadidos a la dieta”, dicen los autores.

Se sabe que una ingesta elevada de este endulzante en la infancia está asociada a un riesgo elevado de padecer caries. También sobrepeso y obesidad, que son uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI, según la Organización Mundial de la Salud. Solo en 2016, más de 41 millones de menores de cinco años tenían sobrepeso o eran obesos. Sufrir de obesidad en la infancia predispone a tener esta enfermedad en la edad adulta que, a su vez, se asocia a otras dolencias como la diabetes y las patologías cardiovasculares.

En el estudio, los investigadores clasificaron en distintas categorías los yogures que se pueden encontrar en el supermercado, como natural, griego, de sabores, bebible, con bífidus, con frutas, orgánico o postres lácteos. También miraron preparados a base de soja o de queso fresco del tipo petit-suisse. Vieron que las cantidades de azúcar que contenían variaban enormemente tanto dentro de una misma categoría como entre categorías.

A excepción del yogur natural y el griego, la cantidad media de azúcar contenido en los productos de todas las categorías estaba por encima del límite que establece que un alimento es bajo en azúcar. De hecho, menos del 1% de los productos analizados se consideraron bajos en azúcar y ninguno de ellos pertenecía a la categoría infantil.

Pasar más de 2 horas al día en las redes sociales aumenta el riesgo de trastornos psicológicos y de alimentación

julio 19, 2018

Pasar más de dos horas al día en las redes sociales aumenta el riesgo de adicciones comportamentales, trastornos psicológicos y de alimentación, especialmente en adolescentes, mujeres jóvenes y personas solteras, según han avisado expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Onda Cero / Europa Press

“Vivimos en un mundo conectado, donde podemos realizar prácticamente todo con nuestro teléfono móvil en la mano, desde comunicaciones en tiempo real con sonido e imagen hasta trámites administrativos y compras ‘on line’, sin contar los múltiples dispositivos digitales que invaden nuestro hogar, como portátiles, tabletas, consolas de videojuegos, ordenadores para juegos, pantallas y proyectores de cine ‘on line’. Todo ello hace aún más difícil la tarea de desconectar”, ha explicado el portavoz del IMEO, Rubén Bravo.

De hecho, ha recordado que ‘Facebook’, la red social que abarca una tercera parte de la población mundial, ya está desarrollando una nueva función para ayudar a los usuarios a conocer el tiempo que navegan cada día con el fin de poder gestionarlo de forma más eficiente y, si es necesario, marcarse un límite de uso. Y es que, tal y como ha insistido, el uso abusivo de las redes sociales podría actuar como “una adicción sin sustancia”, ya que provoca una descarga de dopamina en el cerebro que a la larga puede crear dependencia emocional.

Además, estar sumergido en un entorno virtual durante más tiempo del necesario favorece un estilo de vida sedentario, cuadros de sobrepeso, desnutrición, desajustes en los horarios de sueño y comidas, picoteo de alimentos altamente procesados ricos en grasas y azúcares.

En este sentido, los expertos han destacado la importancia de tomar conciencia del tiempo que se invierte en las redes sociales y nuevas tecnologías y cómo estas afectan al estado de ánimo. Por ello, la psicóloga del IMEO María González ha aconsejado dar de baja aquellos correos de ‘newsletters’ que no se leen; desactivar los avisos del móvil para la bandeja de entrada del correo electrónico; silenciar los grupos de chat y eliminar aquellos que ya no se utilicen; eliminar aquellas redes sociales que generan negatividad; y desconectarse de ellas durante las vacaciones o fines de semana.

Riesgo de patologías de orden alimenticio

“El uso precoz de las redes sociales en niños y adolescentes es lo que más preocupa, ya que un uso abusivo puede resultar perjudicial no solo para las relaciones personales y afectivas, sino también respecto al comportamiento con la comida”, ha añadido la nutricionista del IMEO Andrea Marqués.

Consultar sistemáticamente páginas relacionadas con la pérdida de peso, la quema de grasa, alimentación deportiva, ejercicios para aumento o reducción de volumen, dietas desaconsejadas, sitios de venta de esteroides o sustancias dopantes, alimentará cualquier conducta obsesiva o compulsiva en pacientes que muestran predisposición a trastornos del comportamiento alimentario, como anorexia, ortorexia o vigorexia.

“Por ello, el límite está en el uso responsable y razonable de las redes sociales, para que no pasen de ser un instrumento útil a convertirse en nuestro peor aliado a la hora de acrecentar cualquier problema u obsesión. Además, siempre es recomendable consultar cualquier duda o inquietud que encontremos en la red con los profesionales que nos tratan habitualmente antes de tomar decisiones equivocadas”, ha detallado la experta.

Dicho esto, ha alertado de que muchas personas compaginan la actividad en las redes sociales con el picoteo de comida rápida, básicamente porque no requiere preparación previa, es fácil de ingerir sin dejar de utilizar el móvil, la tableta o el ordenador. No se controla la cantidad, debido a que se está mirando fijamente la pantalla, se come muy deprisa y se consumen muchas calorías extra.

“Si se come muy rápido o de forma compulsiva, al cerebro no le va a dar tiempo a procesar la señal de saciedad que le manda el estómago y que tarda en llegar unos 20 minutos, de modo que la persona seguirá engullendo sin necesidad. En estos casos suelen consumirse también grandes cantidades de cafeína y azúcar, para intentar mantenerse despierto independientemente si es de día o de noche. Una ingesta excesiva de estas sustancias puede producir alteraciones como hiperinsulinemia, resistencia a la insulina, desarrollo del síndrome metabólico, obesidad o diabetes tipo 2″, ha apostillado la nutricionista Estefanía Ramo López.

Por otro lado, cuando se pasan muchas horas en la red, sin ingerir ningún alimento, nos podemos encontrar con casos de desnutrición. Se trataría de personas que están totalmente distraídas y que utilizan sus dispositivos como forma de calmar su ansiedad. Este caso llevado a un extremo es, según han asegurado los expertos, “igual de peligroso” que el caso de la sobre ingesta porque puede acarrear déficit nutricional o conducir a anorexia.

Consejos para que los niños se alimenten bien en verano

julio 9, 2018

CuidatePlus Marca, por María Molina

Las vacaciones ya han llegado para los más pequeños de la casa, y con ellas los problemas de mantener una alimentación adecuada y sana. Y es que la alimentación tiene un papel fundamental en esta época estival. La Iniciativa Europea de Vigilancia de la Obesidad Infantil de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha avisado de los problemas que sufre la población infantil de nuestro país, y es que 2 de cada 5 escolares de entre 6 y 9 años de edad padecen sobrepeso u obesidad, un 9 por ciento de los niños consume verduras de forma diaria, un 29 por ciento fruta, y un 22 por ciento dedica dos horas como mínimo a la semana a ver la televisión o al uso de la tecnología. Otro dato preocupante es que un 31 por ciento de los niños practica deporte, pero solo como actividad extraescolar.

Para cambiar estos hábitos que acaban influyendo en el crecimiento y en el desarrollo de los niños, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) indica una serie de pautas, consejos y recetas saludables.

“Para empezar, es fundamental implicar a los niños en las tareas relacionadas, desde el momento de la compra para familiarizarse con el aspecto natural de los alimentos hasta el emplatado”, indica Carmen Escalada, nutricionista clínica del centro citado. Además, tanto los niños zurdos como diestros suelen comer mejor la comida que tienen a izquierda y derecha respectivamente, por lo que se recomienda situar los alimentos que menos les gustan a esos lados. Otra manera de que los niños coman mejor los alimentos que más se resisten en el plato es presentándolos con formas originales y divertidas.

La importancia de los micronutrientes en la dieta de los niños

Los micronutrientes son “sustancias contenidas en los alimentos, que no aportan energía y que son necesarios en cantidades mínimas; sin embargo, desempeñan un papel fundamental en distintos procesos metabólicos y bioquímicos de nuestro organismo y de allí su importancia en la edad de crecimiento”, señala Sonia Peinado, experta en nutrición pediátrica del IMEO. Es en este grupo dónde se sitúan las vitaminas (A, B, CDE y K) y los minerales, siendo imprescindibles en la alimentación de los menores el potasio y el magnesio, el calcio, el hierro, el cobre, el zinc, el cromo y el cobalto.

Recetas  para despertar el apetito de los más pequeños

Para que los niños tengan una dieta saludable, degusten todos los alimentos y reciban las vitaminas y minerales necesarios en esta época del año, algunos platos que podemos preparar para los más pequeños son:

  • Bocaditos saludables. Se pueden preparar de varias formas. “La opción clásica sería con pan integral, artesanal o de semillas, desechando así las variedades de pan blanco o congelado de escasa calidad”, afirma Andrea Marqués, nutricionista y experta en gastronomía del IMEO. Otra posibilidad es preparar el bocadito con tortitas de maíz o sin pan, y cortar y vaciar un tomate de tamaño mediano por la mitad, mezclar la pulpa con atún y añadir queso fresco.
  • Mini pizzas vegetales de berenjena y calabacín. Para este plato los ingredientes que se necesitan son: berenjena, calabacín, tomate, aceite de oliva, queso parmesano y champiñón y sal.
  • Polos de frutos rojos y yogur. Para preparar estos polos se necesitan 200 gramos de frutos rojos, 250 gramos de yogur natural y almíbar hecho con 30 gramos de azúcar moreno y 75 mililitros de agua.
  • Crema de calabaza y queso. Los ingredientes para hacer esta crema son los siguientes: 500 gramos de calabaza, 30 gramos de queso parmesano, aceite de oliva, caldo de verduras y sal.

Consejos para comer fuera de casa

No solo debemos cuidar la alimentación de los niños dentro del hogar, sino también fuera de él. “Hay que hacer entender los niños que comer fuera no implica permiso para saltarse las reglas, ni una recompensa o premio”, señala Mireia Elías, nutricionista del IMEO.

Para elegir los entrantes y primeros platos es recomendable escoger entre una gran variedad de platos. Algunas opciones son el hummus de legumbres, purés de calabaza, brócoli, acelgas, zanahoria o de batata o ensaladas de lechuga, jamón york, tomate cherry y mozzarella con vinagreta de limón; y para su aliño se aconseja utilizar aceite y vinagre.

Para los platos principales, los platos más saludables que podemos escoger para los niños son: hamburguesas de pavo y calabacín, mini pizzas de verduras, espaguetis con brécol y pesto, macarrones con salsa de verduras, tortillas francesas con jamón, atún o verduras; o albóndigas con salsa de tomate natural triturado.

La mejor bebida para acompañar a la comida es el agua, aunque también existen otras posibilidades como la leche semidesnatada, el zumo de frutas y los refrescos “cero”, pero estos últimos, de forma puntual.

Expertos urgen modificar la dieta y hábitos poco saludables en niños, que fomenta el riesgo de diabetes o hipotiroidismo

junio 21, 2018

Destacan, además, la importancia de satisfacer los requerimientos nutricionales en edad de crecimiento

El Economista / Europa Press

Expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) han urgido a modificar la dieta y hábitos de vida poco saludables que influyen en el crecimiento y desarrollo de los menores, y que elevan su riesgo de padecer en edad adulta enfermedad cardiovascular, diabetes tipo dos, hígado graso, hipercolesterolemia o hipotiroidismo.

“Nuestros hijos ya no siguen el patrón alimentario de la dieta mediterránea y esto explica los niveles bajos detectados de ácido a-linolénico y docosahexaenoico, vitamina D, hierro y iodo como consecuencia del bajo consumo de pescado, verduras y hortalizas que se dan entre los menores”, ha explicado Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto.

Ante esta situación, ha instado a fomentar una “cultura nutricional”, algo que, en su opinión, significa no sólo centrarse en el aspecto saludable o propiedades organolépticas de los alimentos (color, sabor, textura y aroma), sino también en “satisfacer los requerimientos nutricionales relacionados con el crecimiento somático y el desarrollo psicoafectivo del menor”.

“Para empezar, es fundamental implicar a los niños en las tareas relacionadas, desde el momento de la compra para familiarizarse con el aspecto natural de los alimentos hasta el emplatado”, destaca Carmen Escalada, nutricionista clínica del centro, quien señala que los pequeños tienden a “imitar los adultos”.

En este contexto, da una serie de recomendaciones y trucos para ayudar a que los niños coman saludable como no ponerlos en una mesa separada o darles platos diferentes. Así, detalla que hay que respetar su hambre y apetencia, sin obligarles que tomen determinado alimento, porque esto sólo aumentará su rechazo, y que los niños diestros suelen comer antes al comida situada a su derecha y los zurdos los de la izquierda. “Por eso, debemos colocar los ingredientes que el niño come peor en el lado correspondiente”, ha expuesto.

Otro “error frecuente” para la experta es servir al pequeño un plato saturado de comida esperando que se lo acabe. “Esta estrategia no funciona y solo puede convertir la hora de la comida en una batalla campal. Sería mejor que haya espacios libres entre los alimentos y que éstos tengan formas divertidas como, por ejemplo, palmeras dibujadas de fruta, caras con melenas hechas de calabacín en tiras, etcétera. A veces no es el alimento que genera el rechazo del niño, sino la forma en que está cocinado, de modo que podemos probar a dárselo como un plato completamente distinto”, asegura.

En cualquier caso, desde IMEO recalcan que es “importante” recordar que ningún alimento es “esencial” para la salud del niño, “siempre y cuando coma variado, ya que ningún nutriente está exclusivamente presente en un alimento”.

LOS MICRONUTRIENTES EN LA EDAD DE CRECIMIENTO

Otra de las claves la aporta Sonia Peinado, experta en nutrición pediátrica del IMEO, que apunta a los micronutrientes como “esenciales” por su “papel fundamental en distintos procesos metabólicos y bioquímicos del organismo y de allí su importancia en la edad de crecimiento”.

Este grupo engloba principalmente las vitaminas y, en menor proporción, los minerales que se encuentran en forma ionizada en el cuerpo y participan en distintas funciones estructurales, reguladoras y hormonales. “El hierro, magnesio, zinc, calcio, cromo y selenio, por ejemplo, juegan un rol importante a la hora de calmar el cerebro, relajar los músculos y disminuir los niveles de estrés. Además, ayudan a excretar metales pesados del cuerpo, prevenir alergias, mitigar el cansancio, mejoran las habilidades cognitivas y favorecen el proceso de aprendizaje”, ha explicado.

En cuanto a los minerales que no deben faltar en la dieta del niño, la experta considera que son: potasio y magnesio, que intervienen en la transmisión del impulso nervioso, la contracción muscular y síntesis de proteínas; el calcio, implicado en la estructura del esqueleto y la relajación muscular; el hierro, necesario para la creación de hemoglobina encargada de transportar oxígeno a los tejidos; cobre, que ayuda al hierro a transportar la hemoglobina e interviene en la formación del color de piel y cabello; cinc, que participa en algunas funciones inmunitarias y en curación de heridas, el cromo, que interviene en la regulación de los niveles de glucosa y en la coagulación y el metabolismo de las grasas; o el sodio, fundamental en el equilibrio de líquidos y la transmisión del impulso nervioso.