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Pasar más de 2 horas al día en las redes sociales aumenta el riesgo de trastornos psicológicos y de alimentación

julio 19, 2018

Pasar más de dos horas al día en las redes sociales aumenta el riesgo de adicciones comportamentales, trastornos psicológicos y de alimentación, especialmente en adolescentes, mujeres jóvenes y personas solteras, según han avisado expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Onda Cero / Europa Press

“Vivimos en un mundo conectado, donde podemos realizar prácticamente todo con nuestro teléfono móvil en la mano, desde comunicaciones en tiempo real con sonido e imagen hasta trámites administrativos y compras ‘on line’, sin contar los múltiples dispositivos digitales que invaden nuestro hogar, como portátiles, tabletas, consolas de videojuegos, ordenadores para juegos, pantallas y proyectores de cine ‘on line’. Todo ello hace aún más difícil la tarea de desconectar”, ha explicado el portavoz del IMEO, Rubén Bravo.

De hecho, ha recordado que ‘Facebook’, la red social que abarca una tercera parte de la población mundial, ya está desarrollando una nueva función para ayudar a los usuarios a conocer el tiempo que navegan cada día con el fin de poder gestionarlo de forma más eficiente y, si es necesario, marcarse un límite de uso. Y es que, tal y como ha insistido, el uso abusivo de las redes sociales podría actuar como “una adicción sin sustancia”, ya que provoca una descarga de dopamina en el cerebro que a la larga puede crear dependencia emocional.

Además, estar sumergido en un entorno virtual durante más tiempo del necesario favorece un estilo de vida sedentario, cuadros de sobrepeso, desnutrición, desajustes en los horarios de sueño y comidas, picoteo de alimentos altamente procesados ricos en grasas y azúcares.

En este sentido, los expertos han destacado la importancia de tomar conciencia del tiempo que se invierte en las redes sociales y nuevas tecnologías y cómo estas afectan al estado de ánimo. Por ello, la psicóloga del IMEO María González ha aconsejado dar de baja aquellos correos de ‘newsletters’ que no se leen; desactivar los avisos del móvil para la bandeja de entrada del correo electrónico; silenciar los grupos de chat y eliminar aquellos que ya no se utilicen; eliminar aquellas redes sociales que generan negatividad; y desconectarse de ellas durante las vacaciones o fines de semana.

Riesgo de patologías de orden alimenticio

“El uso precoz de las redes sociales en niños y adolescentes es lo que más preocupa, ya que un uso abusivo puede resultar perjudicial no solo para las relaciones personales y afectivas, sino también respecto al comportamiento con la comida”, ha añadido la nutricionista del IMEO Andrea Marqués.

Consultar sistemáticamente páginas relacionadas con la pérdida de peso, la quema de grasa, alimentación deportiva, ejercicios para aumento o reducción de volumen, dietas desaconsejadas, sitios de venta de esteroides o sustancias dopantes, alimentará cualquier conducta obsesiva o compulsiva en pacientes que muestran predisposición a trastornos del comportamiento alimentario, como anorexia, ortorexia o vigorexia.

“Por ello, el límite está en el uso responsable y razonable de las redes sociales, para que no pasen de ser un instrumento útil a convertirse en nuestro peor aliado a la hora de acrecentar cualquier problema u obsesión. Además, siempre es recomendable consultar cualquier duda o inquietud que encontremos en la red con los profesionales que nos tratan habitualmente antes de tomar decisiones equivocadas”, ha detallado la experta.

Dicho esto, ha alertado de que muchas personas compaginan la actividad en las redes sociales con el picoteo de comida rápida, básicamente porque no requiere preparación previa, es fácil de ingerir sin dejar de utilizar el móvil, la tableta o el ordenador. No se controla la cantidad, debido a que se está mirando fijamente la pantalla, se come muy deprisa y se consumen muchas calorías extra.

“Si se come muy rápido o de forma compulsiva, al cerebro no le va a dar tiempo a procesar la señal de saciedad que le manda el estómago y que tarda en llegar unos 20 minutos, de modo que la persona seguirá engullendo sin necesidad. En estos casos suelen consumirse también grandes cantidades de cafeína y azúcar, para intentar mantenerse despierto independientemente si es de día o de noche. Una ingesta excesiva de estas sustancias puede producir alteraciones como hiperinsulinemia, resistencia a la insulina, desarrollo del síndrome metabólico, obesidad o diabetes tipo 2″, ha apostillado la nutricionista Estefanía Ramo López.

Por otro lado, cuando se pasan muchas horas en la red, sin ingerir ningún alimento, nos podemos encontrar con casos de desnutrición. Se trataría de personas que están totalmente distraídas y que utilizan sus dispositivos como forma de calmar su ansiedad. Este caso llevado a un extremo es, según han asegurado los expertos, “igual de peligroso” que el caso de la sobre ingesta porque puede acarrear déficit nutricional o conducir a anorexia.

Consejos para que los niños se alimenten bien en verano

julio 9, 2018

CuidatePlus Marca, por María Molina

Las vacaciones ya han llegado para los más pequeños de la casa, y con ellas los problemas de mantener una alimentación adecuada y sana. Y es que la alimentación tiene un papel fundamental en esta época estival. La Iniciativa Europea de Vigilancia de la Obesidad Infantil de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha avisado de los problemas que sufre la población infantil de nuestro país, y es que 2 de cada 5 escolares de entre 6 y 9 años de edad padecen sobrepeso u obesidad, un 9 por ciento de los niños consume verduras de forma diaria, un 29 por ciento fruta, y un 22 por ciento dedica dos horas como mínimo a la semana a ver la televisión o al uso de la tecnología. Otro dato preocupante es que un 31 por ciento de los niños practica deporte, pero solo como actividad extraescolar.

Para cambiar estos hábitos que acaban influyendo en el crecimiento y en el desarrollo de los niños, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) indica una serie de pautas, consejos y recetas saludables.

“Para empezar, es fundamental implicar a los niños en las tareas relacionadas, desde el momento de la compra para familiarizarse con el aspecto natural de los alimentos hasta el emplatado”, indica Carmen Escalada, nutricionista clínica del centro citado. Además, tanto los niños zurdos como diestros suelen comer mejor la comida que tienen a izquierda y derecha respectivamente, por lo que se recomienda situar los alimentos que menos les gustan a esos lados. Otra manera de que los niños coman mejor los alimentos que más se resisten en el plato es presentándolos con formas originales y divertidas.

La importancia de los micronutrientes en la dieta de los niños

Los micronutrientes son “sustancias contenidas en los alimentos, que no aportan energía y que son necesarios en cantidades mínimas; sin embargo, desempeñan un papel fundamental en distintos procesos metabólicos y bioquímicos de nuestro organismo y de allí su importancia en la edad de crecimiento”, señala Sonia Peinado, experta en nutrición pediátrica del IMEO. Es en este grupo dónde se sitúan las vitaminas (A, B, CDE y K) y los minerales, siendo imprescindibles en la alimentación de los menores el potasio y el magnesio, el calcio, el hierro, el cobre, el zinc, el cromo y el cobalto.

Recetas  para despertar el apetito de los más pequeños

Para que los niños tengan una dieta saludable, degusten todos los alimentos y reciban las vitaminas y minerales necesarios en esta época del año, algunos platos que podemos preparar para los más pequeños son:

  • Bocaditos saludables. Se pueden preparar de varias formas. “La opción clásica sería con pan integral, artesanal o de semillas, desechando así las variedades de pan blanco o congelado de escasa calidad”, afirma Andrea Marqués, nutricionista y experta en gastronomía del IMEO. Otra posibilidad es preparar el bocadito con tortitas de maíz o sin pan, y cortar y vaciar un tomate de tamaño mediano por la mitad, mezclar la pulpa con atún y añadir queso fresco.
  • Mini pizzas vegetales de berenjena y calabacín. Para este plato los ingredientes que se necesitan son: berenjena, calabacín, tomate, aceite de oliva, queso parmesano y champiñón y sal.
  • Polos de frutos rojos y yogur. Para preparar estos polos se necesitan 200 gramos de frutos rojos, 250 gramos de yogur natural y almíbar hecho con 30 gramos de azúcar moreno y 75 mililitros de agua.
  • Crema de calabaza y queso. Los ingredientes para hacer esta crema son los siguientes: 500 gramos de calabaza, 30 gramos de queso parmesano, aceite de oliva, caldo de verduras y sal.

Consejos para comer fuera de casa

No solo debemos cuidar la alimentación de los niños dentro del hogar, sino también fuera de él. “Hay que hacer entender los niños que comer fuera no implica permiso para saltarse las reglas, ni una recompensa o premio”, señala Mireia Elías, nutricionista del IMEO.

Para elegir los entrantes y primeros platos es recomendable escoger entre una gran variedad de platos. Algunas opciones son el hummus de legumbres, purés de calabaza, brócoli, acelgas, zanahoria o de batata o ensaladas de lechuga, jamón york, tomate cherry y mozzarella con vinagreta de limón; y para su aliño se aconseja utilizar aceite y vinagre.

Para los platos principales, los platos más saludables que podemos escoger para los niños son: hamburguesas de pavo y calabacín, mini pizzas de verduras, espaguetis con brécol y pesto, macarrones con salsa de verduras, tortillas francesas con jamón, atún o verduras; o albóndigas con salsa de tomate natural triturado.

La mejor bebida para acompañar a la comida es el agua, aunque también existen otras posibilidades como la leche semidesnatada, el zumo de frutas y los refrescos “cero”, pero estos últimos, de forma puntual.

Expertos urgen modificar la dieta y hábitos poco saludables en niños, que fomenta el riesgo de diabetes o hipotiroidismo

junio 21, 2018

Destacan, además, la importancia de satisfacer los requerimientos nutricionales en edad de crecimiento

El Economista / Europa Press

Expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) han urgido a modificar la dieta y hábitos de vida poco saludables que influyen en el crecimiento y desarrollo de los menores, y que elevan su riesgo de padecer en edad adulta enfermedad cardiovascular, diabetes tipo dos, hígado graso, hipercolesterolemia o hipotiroidismo.

“Nuestros hijos ya no siguen el patrón alimentario de la dieta mediterránea y esto explica los niveles bajos detectados de ácido a-linolénico y docosahexaenoico, vitamina D, hierro y iodo como consecuencia del bajo consumo de pescado, verduras y hortalizas que se dan entre los menores”, ha explicado Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto.

Ante esta situación, ha instado a fomentar una “cultura nutricional”, algo que, en su opinión, significa no sólo centrarse en el aspecto saludable o propiedades organolépticas de los alimentos (color, sabor, textura y aroma), sino también en “satisfacer los requerimientos nutricionales relacionados con el crecimiento somático y el desarrollo psicoafectivo del menor”.

“Para empezar, es fundamental implicar a los niños en las tareas relacionadas, desde el momento de la compra para familiarizarse con el aspecto natural de los alimentos hasta el emplatado”, destaca Carmen Escalada, nutricionista clínica del centro, quien señala que los pequeños tienden a “imitar los adultos”.

En este contexto, da una serie de recomendaciones y trucos para ayudar a que los niños coman saludable como no ponerlos en una mesa separada o darles platos diferentes. Así, detalla que hay que respetar su hambre y apetencia, sin obligarles que tomen determinado alimento, porque esto sólo aumentará su rechazo, y que los niños diestros suelen comer antes al comida situada a su derecha y los zurdos los de la izquierda. “Por eso, debemos colocar los ingredientes que el niño come peor en el lado correspondiente”, ha expuesto.

Otro “error frecuente” para la experta es servir al pequeño un plato saturado de comida esperando que se lo acabe. “Esta estrategia no funciona y solo puede convertir la hora de la comida en una batalla campal. Sería mejor que haya espacios libres entre los alimentos y que éstos tengan formas divertidas como, por ejemplo, palmeras dibujadas de fruta, caras con melenas hechas de calabacín en tiras, etcétera. A veces no es el alimento que genera el rechazo del niño, sino la forma en que está cocinado, de modo que podemos probar a dárselo como un plato completamente distinto”, asegura.

En cualquier caso, desde IMEO recalcan que es “importante” recordar que ningún alimento es “esencial” para la salud del niño, “siempre y cuando coma variado, ya que ningún nutriente está exclusivamente presente en un alimento”.

LOS MICRONUTRIENTES EN LA EDAD DE CRECIMIENTO

Otra de las claves la aporta Sonia Peinado, experta en nutrición pediátrica del IMEO, que apunta a los micronutrientes como “esenciales” por su “papel fundamental en distintos procesos metabólicos y bioquímicos del organismo y de allí su importancia en la edad de crecimiento”.

Este grupo engloba principalmente las vitaminas y, en menor proporción, los minerales que se encuentran en forma ionizada en el cuerpo y participan en distintas funciones estructurales, reguladoras y hormonales. “El hierro, magnesio, zinc, calcio, cromo y selenio, por ejemplo, juegan un rol importante a la hora de calmar el cerebro, relajar los músculos y disminuir los niveles de estrés. Además, ayudan a excretar metales pesados del cuerpo, prevenir alergias, mitigar el cansancio, mejoran las habilidades cognitivas y favorecen el proceso de aprendizaje”, ha explicado.

En cuanto a los minerales que no deben faltar en la dieta del niño, la experta considera que son: potasio y magnesio, que intervienen en la transmisión del impulso nervioso, la contracción muscular y síntesis de proteínas; el calcio, implicado en la estructura del esqueleto y la relajación muscular; el hierro, necesario para la creación de hemoglobina encargada de transportar oxígeno a los tejidos; cobre, que ayuda al hierro a transportar la hemoglobina e interviene en la formación del color de piel y cabello; cinc, que participa en algunas funciones inmunitarias y en curación de heridas, el cromo, que interviene en la regulación de los niveles de glucosa y en la coagulación y el metabolismo de las grasas; o el sodio, fundamental en el equilibrio de líquidos y la transmisión del impulso nervioso.

IMEO avisa de que el Plan de Sanidad para reducir la sal, azúcar y grasas “no afecta” a la mayoría de zumos infantiles

abril 10, 2018

Un análisis a fondo realizado por expertos en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) ha puesto de manifiesto que el Plan aprobado por el Ministerio de Sanidad para mejorar la composición de alimentos y reducir el contenido de sal, azúcar y grasas de cara a 2020 en más de 3.500 productos “no afecta” la mayoría de refrescos o zumos infantiles envasados, o disminuye la sustancia menos relevante en otros.

El Economista/ EP

“En países, como Canadá, el modelo voluntario hacia las empresas a la hora de reducir las cantidades de sal, azúcar y grasa en los alimentos industrializados ha fracasado”, ha explicado el portavoz del IMEO, Rubén Bravo. Asimismo, prosigue, en el caso del sodio, por ejemplo, se pedía disminuir la proporción en un 60 por ciento, cuando éste se utilizaba para mejorar el gusto, y en un porcentaje menor cuando desempeñaba un papel de conservación.

Ahora el organismo federal responsable de la salud pública canadiense exigirá que los alimentos que son ricos en estas sustancias se marquen en la parte delantera de sus envases y, si quieren evitar este logotipo negativo, los fabricantes tendrán que revisar y cambiar las recetas.

Otra medida adoptada por muchos países, tal y como ha argumentado el experto en Nutrición, es la subida de impuestos para aquellos productos que superan los 5 gramos de azúcar por cada 100 de producto. Dinamarca fue la primera en introducir el gravamen, si bien terminó eliminándolo dos años después tras ver que apenas tuvo efecto sobre el consumo de refrescos y bollería.

“Hay que aprender de los errores y buscar vías alternativas y eficaces para resolver un problema de salud que comienza por un cambio en los hábitos de consumo y por fomentar la cultura nutricional desde casa. Desde IMEO apelamos a la conciencia, tanto de las empresas como de las familias, a la hora de abordar el tema con responsabilidad, para que alimentación y salud vayan de la mano”, ha recalcado Bravo.

Además, ha asegurado que combatir desde la cesta de compra el excesivo consumo de sal, azúcar y grasas ayudará a prevenir tanto la obesidad, como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión o cáncer. Por todo ello y con el fin de afrontar el problema desde su raíz, los expertos del instituto ofrecen una serie de consejos prácticos, ejemplos saborizantes naturales y alternativas saludables a la hora de sustituir dichas sustancias o alimentos que muestran un contenido muy elevado.

“Combinados con otros potenciadores del sabor, como el glutamato y los edulcorantes, o las grasas, activan nuestra serotonina a nivel cerebral, desencadenando una sensación de placer y bienestar, con un efecto aditivo difícil de controlar en pacientes con ansiedad”, ha apostillado una nutricionista del IMEO, Andrea Marqués.

De hecho, la recomendación general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) limita la cantidad del azúcar, tanto añadida, como la presente de forma natural en los alimentos, al 10 por ciento de la ingesta calórica diaria, siendo lo deseado que ésta sea inferior del 5 por ciento para obtener beneficios para la salud.

“Hablamos de unos 25-50 gramos, equivalentes a 1-2 cucharadas soperas, dependiendo del peso y la edad de cada persona. Estas cantidades suelen superarse con frecuencia, debido a malos hábitos alimentarios, consumo frecuente de productos preparados, bollería industrial, zumos y refrescos con elevadas cantidades de azúcar añadido”, ha recalcado la experta.

Se estima que tres cuartas partes de la sal que se ingiere proviene de productos elaborados y procesados, si bien la recomendación de la OMS limita el consumo a los 5 gramos al día, que corresponden a 2 gramos de sodio y sería el equivalente de una cucharadita de café. En el caso de los niños menores de 14 años y en pacientes hipertensos esta cantidad se reduce a 3-4 gramos.

Respecto a la grasa, su consumo diario debe representar de 20 a 30 por ciento de la ingesta calórica total: entre 50 y 80 gramos en adultos y entre 30 y 40 gramos en niños. Sin embargo, las grasas saturadas que resultan perjudiciales para la salud y se encuentran en los lácteos enteros (mantequilla, nata, queso curado, leche entera), en las grasas vegetales de baja calidad (palma, palmiste, margarina) o en las carnes grasas (embutidos grasos, manteca de cerdo o de vaca) no deben superar el 10 por ciento de esa ingesta total, siendo ideal que fueran inferiores al 7 por ciento.

CONSEJOS PARA ENDULZAR LOS PLATOS SIN AZÚCAR

“Las opciones más utilizadas para endulzar un alimento sin añadirle azúcar son los edulcorantes y la miel, aunque últimamente se han ido introduciendo en nuestro entorno otros, como la panela (obtenida del jugo de la caña de azúcar, con minerales y vitaminas del grupo B) o el sirope de agave. A pesar de tener ventajas, no son la mejor opción, puesto que favorecen el desarrollo de numerosas patologías y mantienen el umbral del dulzor extraordinariamente alto, neutralizando el propio sabor del alimento”, ha argumentado una nutricionista clínica del IMEO, Carmen Escalada.

Por ello, ha asegurado que la manera “más sencilla” de endulzar los platos de manera saludable es usando fruta fresca, madura o deshidratada (manzana, plátano, higo y pera) o verduras dulces (calabaza, zanahoria y remolacha). Todas ellas se pueden emplear en recetas variadas para hacer masa de bizcochos, salsas o siropes, solas o mezcladas con leche o bebida vegetal, en ensaladas o guisos. Además, los platos quedan más coloridos y atractivos para los niños.

Otra opción para conseguir este efecto es recurrir a los frutos secos (almendras, avellanas, pistachos, nueces o castañas) y ciertas especias dulces (canela, vainilla, nuez moscada y jengibre). Además, hay hierbas aromáticas o especies picantes que pueden ayudar a reducir el consumo de sal en la dieta.

“En ensaladas o platos de carne y pescado se suele añadir albahaca, perejil, tomillo o romero, lo que aportaría un sabor fresco y refrescante al plato, pero también algunas propiedades medicinales, debido a su poder antiséptico, antiinflamatorio y antibacteriano”, ha aconsejado Escalada, para aseverar que la especies picantes como curri, pimienta roja, cayena, guindilla o chile son “ideales” para aderezar carnes adobadas, arroces, pescados o encurtidos, aportan sabon y pueden reducir la cantidad de alimento ingerida, debido a la presencia de capsaicina que ayuda a regular el apetito.

Respecto a las grasas, hay que evitar aquellas más perjudiciales para la salud como la de palma y los productos que tienden a contenerla, como ultraprocesados o bollería industrial. En este sentido, los expertos han recordado que el aceite de oliva virgen extra, por ser rico en grasas monoinsaturadas, ácido oleico y antioxidantes, ayuda a reducir el riesgo de enfermedades coronarias, así como los altos niveles de colesterol en la sangre, aunque se deben controlar las cantidades, porque es muy calórico.

“En general, recomendamos intentar evitar los productos procesados o elaborados ya que emplean la sal, el azúcar o las grasas como parte de su composición con el fin de aumentar su vida útil y hacerlos más apetecibles para los consumidores”, ha apuntado la nutricionista del IMEO Estefanía Ramo.

Por otra parte, prosiguen los alimentos de la dieta mediterránea con menor contenido de estas sustancias son las verduras y frutas frescas, el pescado blanco y azul, la carne magra, los cereales sin procesar, los frutos secos naturales, el aceite de oliva virgen extra y el agua.

Finamente, han recomendado tener “especial cuidado” con los aperitivos salados, las bebidas refrescantes, los néctares, bollería y pastelería, el pan de molde o envasado, galletas y cereales con importantes cantidades de azúcar, helados y polos comerciales, cremas y salsas procesadas, platos preparados y rebozados, derivados cárnicos ricos en grasa en los que la sal se emplea de conservante.

La obesidad afecta a la salud del hígado en niños hasta los 8 años

abril 5, 2018

Un estudio pone de relieve la presencia del hígado graso no alcohólico entre la población infantil

Redacción médica

Un nuevo estudio publicado este miércoles en Journal of Pediatrics muestra que el aumento de peso puede tener un impacto negativo en la salud hepática en niños de hasta 8 años. El estudio encontró que una mayor circunferencia de la cintura a los 3 años aumenta la probabilidad de que a los 8 los niños tengan marcadores de enfermedad hepática grasa no alcohólica.

“Con el aumento de la obesidad infantil, estamos viendo más niños con hígado graso no  alcohólico en nuestra práctica de control de peso pediátrico”, explica la líder del estudio, Jennifer Woo Baidal, profesora asistente de Pediatría en el Colegio de Médicos y Cirujanos Vagelos de la Universidad de Columbia, Nueva York, Estados Unidos. “Muchos padres saben que la obesidad puede conducir a la diabetes tipo 2 y otras afecciones metabólicas, pero hay mucha menos conciencia de que la obesidad, incluso en niños pequeños, puede conducir a una enfermedad hepática grave”, añade.

La enfermedad del hígado graso no alcohólico ocurre cuando se acumula demasiada grasa en el hígado y desencadena una inflamación que causa daño hepático. La afección afecta a aproximadamente 80 millones de personas en Estados Unidos y es la afección hepática crónica más común en niños y adolescentes. Si bien la enfermedad generalmente es asintomática, la progresión de la enfermedad del hígado graso no alcohólico puede provocar cirrosis (cicatrización) del hígado y, en algunos casos, cáncer de hígado.

Los estudios previos se han centrado en la enfermedad del hígado graso en adolescentes y adultos jóvenes. En el estudio actual, Woo Baidal y sus colegas buscaron factores de riesgo de hígado graso en niños más pequeños. Los investigadores midieron los niveles sanguíneos de una enzima hepática llamada ALT -la ALT elevada es un marcador de daño hepático y puede ocurrir en personas con enfermedad hepática grasa no alcohólica y otras afecciones que afectan al hígado- en 635 niños del Proyecto Viva, una prospectiva en curso que estudia a mujeres y niños en Massachusetts, Estados Unidos.

Actuar antes de los 10 años

A la edad de 8 años, el 23 por ciento de los niños en el estudio tenían niveles elevados de ALT. Los niños con una mayor circunferencia de la cintura (una medida de la obesidad abdominal) a los 3 años y aquellos con mayores ganancias en las medidas de obesidad entre las edades de 3 y 8 años presentaban más probabilidades de tener ALT elevada. Aproximadamente, el 35 por ciento de los niños de 8 años con obesidad presentaban ALT alta en comparación con el 20 por ciento de aquellos con peso normal.

“Algunos médicos miden los niveles de ALT en niños en riesgo a partir de los 10 años, pero nuestros hallazgos subrayan la importancia de actuar antes en la vida de un niño para prevenir el exceso de peso y la posterior inflamación hepática”, dice Woo Baidal, quien también es director del control de peso pediátrico y gastroenterólogo pediátrico en el Centro de Cirugía Bariátrica Adolescente en el NewYork-Presbyterian Morgan Stanley Children’s Hospital.

“Actualmente, la mejor manera para que los niños y adultos combatan la enfermedad del hígado graso es perder peso, comer menos alimentos procesados y hacer ejercicio regularmente. Necesitamos urgentemente mejores formas de detectar, diagnosticar, prevenir y tratar esta enfermedad desde la infancia”, concluye.

España: Menos sal, azúcar y grasa en 3.500 alimentos

febrero 14, 2018

Sanidad suscribe un acuerdo con 500 empresas para mejorar la composición de los alimentos

Diario Información, por Pino Alberola
La ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad de España, Dolors Montserrat, ha presentado hoy el Plan de colaboración para la mejora de la composición de los alimentos y bebidas y otras medidas 2017-2020 para reducir el contenido de sal, azúcar y grasas en más de 3.500 productos, gracias al compromiso voluntario de más de 500 empresas. El objetivo es combatir la obesidad y las enfermedades relacionadas con ella.

La lista de los grupos de alimentos afectados:

El plan presentado hoy tendrá un importante impacto en la cesta de la compra, ya que recoge los compromisos de reformulación de los sectores de la fabricación y de la distribución, para varios tipos de alimentos y bebidas de consumo habitual en niños, jóvenes y familias y se centra en la reducción de azúcares añadidos, sal y grasas saturadas. Las reducciones serán de en torno a un 10%.

Los productos incluidos en el Plan aportan el 44,5% de la energía total de los productos con azúcares añadidos de la cesta de la compra de la familia española. Con este Plan se han comprometido no sólo los sectores de fabricación y distribución, sino también los de restauración social, restauración moderna y vending.

Dolors Montserrat ha subrayado que “hoy presentamos un Plan pionero para mejorar la composición de los alimentos, favorecer la salud de los españoles y prevenir las enfermedades crónicas”, al tiempo que ha destacado que “la promoción de la salud de los españoles es nuestra prioridad, de ahí la importancia de este Plan que representa un gran salto, no solo en la mejora de los productos que consumimos en casa, sino también en los menús que comemos fuera o nuestros hijos en los menús escolares”.

En relación a esto, además de la cesta de la compra, el Plan abarca también empresas de restauración social, por lo que los menús ofrecidos en los colegios y en lugares como las cafeterías de los hospitales serán más saludables: aumentarán los platos cocinados a la plancha, las carnes magras frente a otras carnes, se reducirán los productos precocinados o fritos y se ofrecerán más legumbres, pescados, verduras y frutas de temporada.

En relación a los establecimientos de restauración moderna, tomarán medidas como reducir el 50% el contenido de azúcar en sobres monodosis, reducirán un 33% la sal en sobres monodosis. Y las máquinas de vending se comprometen a adquirir sólo productos reformulados, aumentarán del 30 al 50% la oferta de alimentos equilibrados y reducirán el 15% la dosis máxima de azúcar añadido en máquinas calientes.

“Este plan va a servir para afrontar de una forma directa y eficaz los grandes retos que tenemos por delante, en el ámbito de la salud, como es la mayor longevidad de las personas que provoca una mayor incidencia de las enfermedades crónicas o la obesidad, que aunque se ha conseguido reducir aún sigue siendo uno de los principales problemas de salud pública”.

Por ello, “este Plan es una herramienta eficaz para luchar contra las tres enfermedades crónicas que más nos afectan: la diabetes, enfermedades cardiovasculares, y el cáncer, y también la obesidad, por lo que representa un gran beneficio para las futuras generaciones. Es un paso más dentro de nuestro Sistema sanitario alineado con nuestras estrategias de promoción de la salud y prevención de la enfermedad y dentro de la Estrategia NAOS”.

Por último, la ministra ha agradecido a las empresas de la industria alimentaria que se hayan sumado a la “llamada a la acción” hecha desde el Gobierno, ya que “este plan marca un antes y un después en España, porque supone una transformación, no solo social, también “una transformación empresarial, porque las empresas que se suman invertirán en innovación constante para lograr elaborar productos más saludables”.

¿Tu hijo es el enemigo número uno de la verdura? Estos son 10 consejos para que coma de forma más saludable

noviembre 19, 2017

Un estudio de Cinfa recuerda la importancia de una buena alimentación para prevenir el sobrepeso, la obesidad, la diabetes y la hipertensión.

Navarra.com
Un 19% de los menores españoles sufre en la actualidad obesidad  y el 26%, sobrepeso, según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Pese a estos datos, los padres y madres de nuestro país no están concienciados sobre la necesidad de que los niños mejoren sus hábitos nutricionales, cada vez más alejados de la dieta mediterránea.

Por eso, en vísperas del Día Universal de la Infancia -que se celebra el lunes 20 de noviembre-, Cinfa recuerda los datos de su V Estudio CinfaSalud, “Percepción y hábitos de salud de las familias españolas sobre nutrición infantil”, realizado el año pasado: la percepción de los padres y madres respecto al peso de sus hijos no se corresponde con la realidad en cuatro de cada diez casos (42,3%), mientras que el 13,1% de ellos no tiene conciencia del sobrepeso u obesidad reales de su niño o niña.

En este sentido, el experto del departamento Científico de Cinfa, Eduardo González Zorzano, indica que “dado que una correcta nutrición constituye un pilar básico para el correcto desarrollo y bienestar del niño, los progenitores deben inculcar a sus hijos e hijas hábitos alimentarios saludables, que les permitan crecer sanos y les ayuden a prevenir el sobrepeso y la obesidad, así como enfermedades crónicas de base nutricional en la infancia, como la diabetes o la hipertensión”.

De acuerdo al estudio de Cinfa -avalado por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)-, ocho de cada diez niños y niñas españoles (82,8%) no desayunan correctamente, a pesar de que, como recuerda González Zorzano, “esta primera comida proporciona al menor la energía necesaria para afrontar la primera parte de la mañana y contribuye al rendimiento escolar, por lo que debe cubrir al menos el 20-25% de las necesidades nutritivas de los niños. Si estos no desayunan bien y de manera completa, la productividad en clase es menor y, además, aumenta el riesgo de obesidad”.

DESARROLLO FÍSICO E INTELECTUAL

El experto de Cinfa también advierte de que “nuestros hijos deben hacer cinco comidas diarias, en las que estén incluidos todos los grupos de alimentos de la pirámide alimentaria, lo que les aportará la cantidad de energía y nutrientes necesarios para un correcto desarrollo físico e intelectual”.

La investigación revela que más de la mitad (51,9%) de los escolares españoles consume carne entre cuatro y siete ocasiones a la semana, mucho más de lo aconsejado por los expertos, que indican que esta ingesta debería ser de entre una y tres veces semanales.

Además, solo uno de cada cinco niños y niñas (21,3%) toma pescado con la frecuencia recomendada –más de tres veces a la semana-, mientras que únicamente uno de cada diez (12,1%) come verdura en más de siete ocasiones y el 30,3% nada más toma fruta con esta misma frecuencia.

En cambio, tres de cada cuatro niños y niñas españoles (74,5%) comen chucherías alguna vez a la semana, y el consumo de comida rápida también resulta preocupante: según el Estudio CinfaSalud, ocho de cada diez escolares españoles (82%) la toman al menos una vez al mes, a pesar de su escasa calidad nutricional.

DIEZ CLAVES PARA UNA BUENA ALIMENTACIÓN DE LOS NIÑOS

1. Recupera en casa la dieta mediterránea. La dieta española de toda la vida incluye todos los nutrientes que el menor necesita para un correcto crecimiento, gracias a los alimentos de gran calidad nutricional de los que se compone: el aceite de oliva, el pescado, las legumbres y cereales (pan, pasta y arroz), los lácteos, los huevos, las frutas, las verduras, el yogur y los frutos secos. El agua será siempre su mejor complemento.

2. Asegúrate de que tus hijos comen cinco veces al día. La mayoría de pediatras y nutricionistas españoles recomiendan la distribución de la ingesta de calorías en cinco comidas diarias: un desayuno completo –esencial para que el escolar llegue a la escuela con energía-, almuerzo de media mañana, comida, merienda y cena a una hora temprana. De esta manera, se aseguran al menor todos los nutrientes necesarios y se evita “el picoteo” entre horas.

3. Guíate por la pirámide alimentaria. Se trata de un instrumento muy útil a la hora de conocer las raciones de los alimentos y la frecuencia con que nuestros hijos e hijas han de tomarlos. Explícasela y diseñad juntos menús que cumplan los criterios que esta marca.

4. Evita los alimentos que engordan, pero no alimentan. El consumo de fritos, bollería, dulces y snacks debe constituir una excepción, pues contienen excesivos azúcares, grasas saturadas y sal, además de no aportar apenas micronutrientes. Lo mismo sucede con la comida rápida: no la conviertas en un rito semanal.

5. Comed en familia. Organizad los horarios para poder comer juntos al menos una vez al día y aprovechad ese momento de reunión para charlar, bromear y hacer planes. Y acuérdate de predicar con el ejemplo: los más pequeños observan e imitan los hábitos de los mayores y aprenden de ellos.

6. En la mesa, aparcad el móvil y la televisión. La atención de niños y progenitores debe centrarse en la comida y en quienes se sientan a la mesa. Los dispositivos tecnológicos interrumpen o anulan la conversación familiar, por lo que es recomendable dedicar ese rato a hablar con los tuyos y dejar para otro momento los mensajes, el teléfono o la tele.

7. Llévatelos a hacer la compra. Pídeles ayuda para elaborar la lista y, una vez en el supermercado, que se hagan cargo de una parte. Enseña a los más mayores a interpretar las etiquetas y comenta con ellos los valores nutricionales de los productos.

8. Prepara los alimentos de maneras diversas y pídeles que cocinen contigo. Alternar asados, hervidos, a la plancha, guisados o incluso crudos en gazpachos y ensaladas garantizará que la comida se convierta en un hábito variado y estimulante. Enséñales algunas técnicas culinarias sencillas o divertidas y pídeles que te ayuden a decorar los platos.

9. Ponles en movimiento. Anima a tus hijos a realizar ejercicio, pero también a reducir el número de horas que pasan frente a la televisión y los videojuegos. Sobre todo, aliéntales a llevar una vida activa, en la que caminen, paseen o suban escaleras de manera cotidiana.

10. Asegúrate de que duermen más de diez horas. Las sociedades científicas recomiendan que los escolares de entre 6 y 12 años duerman más de diez horas diarias, como un arma más para combatir el sobrepeso. Además, todos los niños y niñas necesitan descansar bien para poder afrontar su jornada de juegos y escuela.

La obesidad infantil se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años

octubre 11, 2017
  • El número de casos a nivel mundial ha pasado de 11 a 124 millones de niños y niñas entre 1975 y 2016, según un estudio
  • La OMS revela que en España se ha cuadruplicado la prevalencia de esta enfermedad en el mismo periodo

El Mundo, por Laura Tardón
Crece la incesante paradoja de la alimentación en la salud a nivel mundial. Mientras el número de niños y adolescentes con obesidad se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años, las cifras de bajo peso en la población infantil continúan siendo alarmantes, especialmente en el sur de Asia. Así se desprende de un detallado estudio que acaba de publicar la revista ‘The Lancet’.

Concretamente, de 1975 a 2016 , las niñas con obesidad pasaron de ser cinco millones a 50 millones. En el caso de los niños, y en ese mismo transcurso de tiempo, la cifra incrementó de seis millones a 74 millones. Se trata de “un análisis global de tendencias en obesidad infantil y adolescente realizado en 200 países y que incluye datos no examinados anteriormente sobre la media del índice de masa corporal y el bajo peso en pequeños por encima de los cinco años hasta los 19″, subrayan los autores del trabajo, elaborado por el Imperial College London y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Coincidiendo con el Día Mundial de la Obesidad, esta investigación pone en la ‘diana’ el problema de obesidad infantil y adolescente que sufren algunos países. Según sus datos, por ejemplo, en ciertas islas de Polinesia la tasa de obesidad supera el 30% de esta parte de la población. En Estados Unidos, este porcentaje no baja del 20%, igual que ocurre también en algunas naciones de Oriente Medio y el Norte de África, como Egipto, Kuwait, Qatar y Arabia Saudita. Tampoco se salva de un alto porcentaje El Caribe (Puerto Rico). En todo el mundo, en 2016, había 124 millones de niños y adolescentes obesos y 213 millones con sobrepeso.

Haciendo un recuento general, la prevalencia global ha aumentado del 0,7% al 5,6% para las niñas y del 0,9% al 7,8% para los niños. “Las tasas de obesidad infantil y adolescente han aumentado significativamente en las últimas cuatro décadas en la mayoría de los países del mundo”, afirma Jame Bentham, de la Universidad de Kent (Reino Unido).

Como señala la presidenta electa de la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad (EASO), Nathalie Farpour-Lambert, “la obesidad infantil es uno de los mayores desafíos de la salud en el siglo XXI”. En Europa, el 19%-49% de los niños y el 18%-43% de las niñas tiene sobrepeso u obesidad, lo que representa aproximadamente entre 12 y 16 millones de jóvenes afectados. Y, en vista de los nuevos datos, esta ‘plaga’ continúa aumentando, excepto en Dinamarca, Francia, Suecia y Suiza, donde parece que las cifras se van nivelando.

En España, según la investigación de la OMS, entre 1975 y 2016, la prevalencia de la obesidad ha aumentado en niños del 3% al 12% y en niñas, del 2% al 8%. En este punto, María del Mar Tolín Hernani, especialista de la sección de Gastroenterología y Nutrición Infantil del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, aclara que en los últimos años, “gracias a las políticas (como el desayuno saludable y la promoción de actividad física) dirigidas a la población infantil en los colegios, la prevalencia se ha estancado”.

A los expertos les preocupan las consecuencias del aumento excesivo de peso durante los primeros años de vida. Está claramente asociado con un mayor riesgo y aparición temprana de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2 y también se relaciona con peores resultados psicosociales y educativos.

“La obesidad infantil es una enfermedad compleja con una base multifactorial. Se ha demostrado que tiene una fuerte asociación con la mortalidad y morbilidad de los adultos”, señala Farpour-Lambert, quien argumenta que esta condición, una vez aparece en fases tempranas, tiene tendencia a continuar a lo largo de la vida y cuanto mayor sea la exposición, más riesgo habrá de sufrir enfermedades crónicas. “Más hipertensión, más hiperglucemia, hipercolesterolemia… Con repercusión a todos los niveles: incremento del riesgo cardiovascular, infartos, ictus, problemas de morbilidad y también de mortalidad”, agrega la especialista española al comentar esta investigación internacional.

Extremo opuesto: desnutrición y bajo peso

Al otro lado de la moneda se encuentra el reto del bajo peso que sufren 75 millones de niñas y 117 millones de niños en 2016. Casi dos tercios de esta población viven en el sur de Asia, según concluye esta investigación que reúne datos de 2.416 estudios. En total, han participado 129 millones de personas de 200 países, lo que incluye 31,5 millones de niños y adolescentes entre cinco y 19 años, sobre los que se han realizado estimaciones de tendencia en el índice de masa corporal.

Las altas tasas de malnutrición en la población infantil suponen un mayor riesgo de enfermedades infecciosas. Para las niñas en edad fértil se asocia, además, con más mortalidad materna, complicaciones de parto, parto prematuro y lento crecimiento intrauterino. Sólo en el sur de Asia, el 20,3% de las niñas tenían bajo peso en 2016.

Esta doble realidad en la salud alimentaria mundial, apuntan los investigadores del Imperial College London, obliga a reflexionar sobre la “necesidad de mejorar las políticas que aborden al mismo tiempo el exceso de peso y la desnutrición”. En palabras de la presidenta electa de la AESO, “la infancia es una oportunidad única para tener un impacto en la vida, la calidad de vida y la prevención de las discapacidades […] Es necesaria una acción urgente”. Para el Grupo de Trabajo de la Obesidad Infantil de la AESO, “considerar la obesidad como una enfermedad crónica es un paso crucial para aumentar la conciencia individual y social, mejorar el desarrollo de nuevas intervenciones preventivas y políticas de salud y mejorar el cuidado de los niños con obesidad en todo el mundo”.

En este sentido, aunque se han desarrollado algunas iniciativas para aumentar la conciencia sobre la obesidad en las etapas iniciales de la vida, el profesor Majid Ezzati, firmante del estudio, se atreve a señalar que “la mayoría de los países de altos ingresos han sido reacios a usar impuestos y regulaciones industriales […] Muy pocos programas intentan que alimentos como las frutas y verduras sean más asequibles para las familias con menos recursos”. Precisamente la inaccesibilidad a los alimentos más saludables es lo que conduce a un aumento de la obesidad.

No obstante, los autores de este análisis recuerdan que las políticas para prevenir la obesidad infantil deben ir acompañadas de terapias conductuales para modificar la dieta y el ejercicio. En caso necesario, debe compaginarse además con el manejo de posibles problemas asociados como la hipertensión y facilitar el acceso a tratamientos con cirugía. Lo que está claro, afirma otro de los autores del documento, Leanne Riley, es que “las tendencias muestran que sin una acción seria para combatir la obesidad durante los primeros años de vida, se pondrá en gran peligro e innecesariamente la salud de millones de personas, con el coste que esto conlleva”.

Para luchar contra la malnutrición que conduce al bajo peso infantil, siguen siendo necesarias iniciativas y más donaciones. No hay que olvidar, remarca Ezzati, que “la transición de bajo peso al sobrepeso y la obesidad puede ocurrir rápidamente en una transición nutricional poco saludable, con un aumento de alimentos pobres en nutrientes y densos en energía”, por lo que conviene reflexionar sobre el desarrollo de políticas que modifiquen ambas realidades. Según la conclusión a la que llegan los autores, “de continuar en la misma línea de las tendencias presentadas en estos 40 años, se espera que la obesidad infantil y adolescente supere al bajo peso en 2022”.

Nutrición en los colegios, más fruta y menos bollería

septiembre 19, 2017

Con el inicio del nuevo curso escolar, los responsables de algunos institutos españoles han decidido vaciar sus máquinas expendedoras de bollería industrial y alimentos grasos y sustituirlos por otros más saludables como la fruta fresca, el pan integral o los frutos secos no fritos. ¿Ha llegado esta corriente saludable en los centros escolares para quedarse?

EFE Salud

Es, por ejemplo, el caso de la Comunidad Valenciana, donde el gobierno regional está elaborando un decreto ley según el cual en los institutos solo podrá haber máquinas expendedoras que ofrezcan alimentos saludables como leche desnatada y semidesnatada, yogures bajos en grasas y sin azúcar añadido, pan integral y fruta fresca, entre otros.

Y solo se podrán vender otros productos si la porción no supera las 200 kilocalorías y de este total, las grasas no exceden el 35 %, explican a Efe fuentes del ejecutivo autonómico.

En 2011, se aprobó la Ley de seguridad alimentaria y nutrición que prohibía la venta en colegios de infantil y primaria de alimentos y bebidas con alto contenido en ácidos grasos saturados y trans, sal y azúcares.

Aunque el origen de esta iniciativa se remonta a 2005, cuando el Ministerio de Sanidad y Consumo, encabezado por Elena Salgado, impulsó la Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad (NAOS) con el objetivo de mejorar los hábitos alimentarios, en especial, durante la etapa infantil.

Máquinas expendedoras saludables: Radiografía por CC.AA

Siguiendo esta corriente saludable, en la mayoría de las comunidades, los institutos españoles han retirado las máquinas expendedoras o éstas ofrecen alimentos que cumplen con los requisitos establecidos por su consejería correspondiente.

Así, la consejería de Educación y Universidades del Gobierno de Canarias trabaja junto con la Dirección General de Salud Pública en la elaboración de un inventario de aquellos centros educativos que disponen de máquinas expendedoras para comprobar que se está cumpliendo la normativa.

Diferente es el caso del País Vasco, La Rioja, Cataluña, Andalucía, Castilla-La Mancha o la Comunidad Foral de Navarra donde es la dirección del propio centro la que decide el tipo de máquina, así como los productos ofertados.

Y aunque en las Islas Baleares la existencia de una máquina de vending en el instituto es una decisión conjunta del centro y su consejo escolar, la dirección de Salud Pública de la Consejería de Salud Balear ya ha elaborado un borrador de decreto para prohibir la venta de aquellos productos que considera perjudiciales.

En el caso de Castilla y León, pese a que todavía no se han tomado medidas sobre las máquinas expendedoras, desde la Consejería de Educación aseguran que cumplen “escrupulosamente” con la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición para los comedores escolares.

Destaca el caso de Cantabria donde su Consejería solo tiene registrada la contratación de una máquina expendedora de alimentos, a la que se exigirán los requisitos de la normativa vigente cuando renueve la concesión.

La Consejería de Educación de la Junta de Galicia no dispone de un inventario de las máquinas expendedoras que hay en sus institutos pero inciden en que “son pocas”.

Y mientras que Asturias no cuenta con ninguna de estas máquinas en sus centros de secundaria, en Extremadura, se han retirado la mayoría gracias a diversos programas de concienciación.

Desde la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid inciden en la escasa existencia de este tipo de máquinas en los institutos, -que están instaladas dentro de las cafeterías-, y sobre las que esta administración no lleva ningún tipo de control.

Por su parte, la Región de Murcia prohibió en 2010 la venta de bollería y bebidas azucaradas en todos los centros educativos no universitarios, ya sea en máquinas expendedoras, cantinas o cafeterías.

En este contexto, el presidente del Colegio Oficial de Dietistas- Nutricionistas de las Islas Baleares, Manuel Moñino, cree que la obesidad infantil es un reto que “todavía queda por superar” y aboga por crear entornos donde se facilite el consumo de alimentos saludables.

“Sería incoherente que en la máquina hubiera un perfil nutricional de los alimentos impecable y que luego no se sirva fruta en el comedor escolar”, añade.

Así, Moñino cree que si bien estos alimentos no deben excluirse de la dieta, apunta que se deben tomar de manera ocasional. “Si tomamos doce refrescos al año no va a pasar nada”, sostiene.

Según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, el 41,3 % de los niños españoles sufre exceso de peso (correspondientes a 2015).

Alcohol, tabaco y obesidad: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?

septiembre 18, 2017

España se aleja del TOP 10 mundial de los sistemas sanitarios y cae al puesto 23

Nuestro país es el sexto peor país de un total de 188 en lo que respecta al abuso de alcohol

La Razón, por Jorge Alcalde

Algo ha pasado en España desde el 17 de mayo hasta el 13 de septiembre de 2017. En primavera, la revista «The Lancet» publicaba los resultados del último Informe del Instituto de Evaluación y Métrica Sanitaria de la Universidad de Washington en el que se analiza la calidad asistencial y el acceso a los recursos sanitarios de más de 190 países de todo el planeta. Nuestro país ocupaba el puesto número 8 de una lista encabezada, sorprendentemente, por Andorra.

Según los datos del trabajo, el sistema de salud español ha mejorado significativamente en los últimos 25 años, sumando 15,7 puntos desde 1990 lo que le permite alcanzar una puntuación de 90 en una escala de 100. La evaluación muestra que España obtiene la puntuación máxima en el abordaje del sarampión, el tétanos y la difteria (todas ellas enfermedades prevenibles mediante vacunación), 99 puntos en la atención de los problemas asociados a la maternidad y las infecciones del tracto respiratorio superior. A cambio, las puntuaciones más bajas que obtiene se refieren al tratamiento del linfoma de Hodgkin (64 puntos) o la leucemia (66 puntos). Este estudio analiza el grado de desarrollo en la atención a 32 enfermedades de incidencia global.

Pero hace unos días, otro estudio sociosanitario nos ha arrojado un pequeño jarro de agua fría. En este caso se trata de un trabajo sufragado por la Fundación Bill y Melinda Gates y publicado también en The Lancet en el que se mide el acercamiento a los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas basado en la mejora de los indicadores de Carga Global de Enfermedades. En otras palabras, se establece si cada uno de los 188 países estudiados se está acercando o alejando de los objetivos de eliminar alguna de las enfermedades globales propuestas como erradicables para este siglo. En este caso, España se encuentra en la posición 23. El país que encabeza la lista es Singapur.

¿Qué ha ocurrido entre uno y otro informe?

En primer lugar, que los trabajos no miden lo mismo. No resulta justo titular, como algunos medios hicieron, que España «cae» del top 10 de los mejores sistemas sanitarios del mundo a la luz de estos datos. El informe de Washington analiza la calidad del sistema sanitario en función de los ratios de mortalidad. Es decir, establece de manera directa cómo se las apaña un país para combatir esas enfermedades.

El informe de los Gates es algo más complejo. Establece ratios de mejora y proyección desde informes anteriores, puntúa mejor a los países que más han mejorado en términos relativos e incluye en la lista condiciones que no son sólo enfermedades como el tabaquismo o el consumo de alcohol.

Y es aquí, precisamente, donde los españoles pinchamos más. Entre los 37 indicadores que se analizan, España suspende claramente en alcoholismo y tabaquismo. Tampoco sale bien parado en obesidad infantil. Los datos de obesidad infantil nos arrojan una nota de 36 sobre 100, un claro suspenso. El consumo de alcohol nos coloca en un 10 sobre 100 y el tabaquismo en un 25 sobre 100. El cuarto suspenso es verdaderamente estremecedor: un 46 sobre 100 en abuso a menores.

El informe no es por lo tanto solo un informe sobre la salud. Es un trabajo que analiza la calidad de las condiciones sociosanitarias globales y, como en todos estos casos, está cargado de sesgos. El alcoholismo, por ejemplo, no lastra a las sociedades en las que el alcohol está prohibido por ley. El abuso a menores lastra a las sociedades en las que los medios de comunicación son más transparentes a la hora de informar sobre estos lamentables sucesos.

Pero así las cosas, el trabajo ahora publicado sí que pone el acento en un problema del que nuestro país no termina de librarse. Hace unos meses, un informe europeo alertaba de que, en el viejo continente, los ciudadanos nos exponemos a un riesgo de padecer cáncer que duplica el de otras comunidades por nuestra tendencia al consumo excesivo de alcohol. El alcohol y el sobrepeso son vectores en los que no se está mejorando sustancialmente y que, por lo tanto, condicionan el resultado global.

Pero ¿qué imagen arroja de nuestro país este último estudio?

Ya hemos dicho que ocupamos el puesto 23 (74 puntos) de 188 países y que la lista la lideran Singapur, Islandia y Suecia, con entre 86 y 87 puntos. Para llegar al puesto 10 deberíamos obtener los 80 puntos que ahora tiene el Reino Unido.

España es especialmente competente en sanidad infantil. Obtenemos 100 puntos en enfermedades del desarrollo, mortalidad neonatal, y 94 en mortalidad antes de los 5 años. Las condiciones de higiene son excelentes. 100 puntos en sistemas de salubridad de las aguas, polución e higiene general. También estamos en 100 puntos en desastres naturales y en muertes violentas.

Perdemos puestos en la batalla contra el sida (51 puntos sobre 100 en la incidencia de la infección) y en la tasa de suicidios (67 puntos) No somos de los mejores en tasa de natalidad (76 puntos) ni en accidentes de tráfico (89)

Pero, en definitiva, lo que parece evidente es que el panorama general de nuestra sanidad sería mucho mejor si aumentara la atención a esos tres factores que lastran nuestros datos: el alcohol, el tabaco y la obesidad (sobre todo la infantil). Las futuras políticas de prevención deberían enfocarse más y mejor en ellos.