Del comer sano a la obsesión enfermiza

Todo comienza con un inocente intento de comer más saludable, basado en la calidad. Pero las cosas se complican cuando se convierte en obsesión. Aquí, las claves de una nueva enfermedad: Ortorexia.

El Entre Ríos, por Gisela Penco

Young woman looking at plate of salad  GETTY
Young woman looking at plate of salad. GETTY

“Te entra hambre a media mañana. Vas a la máquina de café y, de paso, sacas un bollo de chocolate. De pronto alguien clama con voz de profeta: ¡No le pongas azúcar! Es malísimo por la glicación (un proceso químico debido al exceso de azúcar que lleva al envejecimiento prematuro). ¿Sacarina? -¡Peor aún! ¡Es veneno! Y el bollo ese es masa industrial, lleno de aditivos artificiales y químicos cancerígenos-. Acto seguido le hinca el diente a una manzana de agricultura ecológica y se va tan campante, convencido de ser el último baluarte de una dieta saludable”.

Esta situación planteada por Rubén Bravo, especialista en Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, refleja cómo funciona la mente de un ortoréxico.

Todo comienza con un inocente intento de comer más saludable, basado en la calidad; pero luego se torna en algo obsesivo respecto de qué y cuánto comer, y cómo hacer frente a los deslices. Cada día es un día para comer bien. Las personas que esta patología con frecuencia se sienten superiores a otros, especialmente en lo que respecta a la ingesta de alimentos. Nunca piensan en si la comida es rica o no, sino en si es “conveniente” o “buena para la salud”, según describen los especialistas.

La palabra ortorexia proviene del latin: “orto” quiere decir correcto y “rexia”, alimentación; es decir, el hecho de buscar lo correcto para alimentarse o, más bien, lo que se cree que es lo correcto, que puede llegar a contraponerse con lo que recomiendan los profesionales. Ocurre que el bombardeo de información, consecuencia de este mundo cada vez más tecnológico y globalizado, no siempre proviene de fuentes válidas o científicas; y esto termina llevando a algunas personas a una crisis.

Una obsesión que puede producir desnutrición y muerte

Viviana Schauvinhold trabaja como nutricionista en Concordia y actualmente atiende a una paciente con ortorexia. “Cuando se cruzan ciertos límites, ya deja de ser sano para enfermar, para producir desnutrición primero e, incluso, hasta la muerte”, advierte.

La especialista confiesa que no hace mucho que se habla de esta enfermedad en el país y menos en la ciudad entrerriana. “Hace no más de dos o tres años que yo conozco casos”.

De hecho, el término fue acuñado recién a fines de los 90´. Un estadounidense fue el primero en describir esta enfermedad. Quizá ya existía desde antes, pero gracias a Bratman es que se puede decir que tal persona la padece.

Ahora bien, cómo nos damos cuenta de que comenzamos a recorrer el camino de ortorexia. Schauvinhold explica que lo primero que se tiende a dejar de comer son las grasas, que todo el mundo sabe que hacen mal. Después les toca el turno a los aceites, que son esenciales para el organismo, en su justa medida. Luego dejamos las harinas y las carnes. Sin darnos cuenta, nos hacemos cruríboros e ingresamos al mundo del veganismo.

“Cada vez van sacando más alimentos, sacan los que se llaman protectores, porque justamente nos protegen de no enfermarnos. Después ya no alcanza con los productos comunes, sino que pasa a ser todo orgánico. Muchas veces no se consiguen estos alimentos y encima salen mucho más caro. Entonces cada vez se come menos y el cuerpo se debilita cada vez más”, detalla la nutricionista.

Esto trae como consecuencia que las personas empiecen a retraerse y que casi no salgan porque no pueden comer en ninguna parte, no pueden tomar un café. Es decir, no solo se pierde salud, sino también contacto con el mundo que nos rodea, provocando un quiebre en las relaciones.

Como cualquier enfermedad, tiene distintos grados. “Cuando recién empieza, es mucho más fácil de solucionar. Se trata de orientar a ver por qué realmente quieren determinada alimentación, hay que ver cómo hacer para que la persona vaya pudiendo seleccionar cuáles son los consejos saludables, verdaderos, científicos y de personalidades que tengan cierto peso dentro del ámbito de la salud”.

La especialista hace hincapié en que hay que desterrar los mitos de que tal cosa es buena y tal otra no lo es y enferma. “Todos tenemos que hacer cambios en nuestros hábitos alimentarios, pero no llegando a un límite en el que ya no se pueda vivir”.

Si se comprenden los beneficios de comer bien, la enfermedad se cura con la ayuda de una nutricionista. En los casos más graves, al igual que ocurre con la anorexia, las personas dejan de ser conscientes de que las cosas andan mal y se torna necesaria la intervención de un siquiatra para preservar la vida.

Ortorexia: cuando comer sano se convierte en una enfermedad

El Mundo, por Isaac J. Martín

ortorexia trastorno alimentarioFue terminar los estudios de Bachillerato y cumplir la mayoría de edad cuando Yolanda, una joven de 25 años que prefiere no dar su nombre real, empezó a interesarse junto a su grupo de amigas por los llamados “alimentos sanos”. Compaginarlo con una actividad física intensa en el gimnasio era la primera regla a cumplir.

Horas en el supermercado, revisar el dorso de cada producto con el fin de averiguar si iba incluida la etiqueta ecológica europea y examinar si cumplían los requisitos de cultivo sin pesticidas. Éstas eran las premisas que ocupaban un hueco pequeño de su nevera familiar. “Llegó un momento en el que sólo comía frutas, verduras y frutos secos”, explica Yolanda tras llevar dos años en tratamiento en el Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

Una vez que cumplió la segunda década, su obsesión cada día iba a más. “No quedaba con nadie ya que era incapaz de ir a tomar algo que no supiese de dónde provenía. No comía con aquellos utensilios que sabía que habían tocado comida contaminada. En ocasiones, me llevaba mi propio tupper si me obligaban a cenar fuera”, cuenta esta joven licenciada en Administración y Dirección de Empresas.

Cuando Yolanda traspasó esta frontera de la realidad, sus padres pudieron percatarse pronto de que algo le ocurría. Las comidas familiares ya no eran lo mismo y encerrarse en casa los fines de semana se convirtió en el primer atisbo de desesperanza ante un problema al que no ponían nombre.

No era anorexia ni bulimia, como en un principio llegó a creerse su entorno familiar. Esa obsesión, hasta ahora bastante ignorada y que ni siquiera ella conocía, le dijeron que se llamaba ortorexia, término descrito por primera vez por el doctor Steven Bratman en 1997.

Este trastorno obsesivo-compulsivo que lleva al extremo la alimentación sana aún no está reconocido como trastorno de conducta alimentaria (TCA). Asimismo, dada la novedad de esta patología aún no se conocen datos oficiales de personas afectadas por ortorexia en España. Algunos especialistas en TCA lo cifran en un porcentaje bajo; sin embargo, muchos de estos expertos sitúan esta fijación como “subgénero” de la anorexia nerviosa.

Según explica a ZEN el director del departamento de nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, Rubén Bravo, “la cifra de ortoréxicos a nivel mundial va en aumento y sobre todo en sociedades de países desarrollados. Son personas con un perfil de clase media-alta que pueden permitirse comprar este tipo de productos“. A diferencia de la anorexia nerviosa o la bulimia, esta alteración se fija en la calidad de los alimentos y no en la cantidad.

Lo cierto es que el desconocimiento que existe ante esta preocupación enfermiza hacia la comida saludable hace que muchas personas sigan encerradas en sí mismas y antepongan la frase: “Yo como sano así que el problema no lo tengo yo, sino tú” a la realidad del problema, detalla el naturópata de IMEO.

Yolanda rememora cómo el círculo de amigas donde comenzó todo se ha dividido entre aquellas que han dejado de lado este empeño por la imagen perfecta y las que siguen aprisionadas entre los mitos de la alimentación sana y la desinformación.

Educación como terapia

Luis Alberto Zamora, dietista y nutricionista especialista en TCA, considera precisamente que esta obsesión viene dada por “el exceso de información que encuentran en distintos blogs o foros. Leen y analizan exhaustivamente los estudios relacionados con la alimentación y los dictámenes de la OMS”.

El problema no viene porque coman sano, “eso es sólo la punta de un iceberg”, puntualiza Luis, miembro de la Asociación de Dietistas y Nutricionistas de Madrid, sino por “cómo cambian sus hábitos, cómo limitan su comportamiento y el sufrimiento por tener que seguir un patrón”.

Yolanda enumera alguna que otra tienda de la capital donde acudía para informarse directamente sobre lo que no debía consumir. Veía esos lugares como puntos de reunión donde “la gente normal” compraba “alimentos puros”. En esos espacios no se veía excluida socialmente. Era feliz. “De alguna manera, la sociedad de ahora favorece que una persona caiga en esta obsesión“, comenta Luis.

Para evitar que el mito se convierta en realidad, las personas que son tratadas como ortoréxicas deben pasar por un tratamiento psicológico y educativo bastante duro, tanto para el paciente como para el especialista. “Tienes que ser un buen conocedor y estar actualizado sobre todo el tema de la alimentación dado que van a rebatir toda tu información”, agrega Rubén.

Por eso mismo, estos dos expertos consideran que la educación alimentaria en todas las edades es primordial para evitar este tipo de trastornos de conducta alimentaria. Es destacable que muchos diagnosticados de anorexia y bulimia creen que “han salido de la enfermedad” una vez que adoptan el hábito de comer únicamente sano. Se equivocan.

Aunque continúe con el tratamiento, Yolanda ya ha ampliado el hueco de su nevera e ingiere algunos productos que antes no tomaba, pese a que todavía rechace algunos de ellos. Su rutina intensiva en el gimnasio se ha reducido. Y lo más importante, es capaz de quedar con sus amigos y comer junto a sus padres.

La obsesión por ‘comer sano’ también es un trastorno

El Universal | Diario.mx

comida sanaVivimos en una sociedad en la que desgraciadamente, los estereotipos son lo que nos rigen… Que si eres flaco, que si eres alto o si eres gordito… y precisamente “cánones de belleza” son los que nos llevan a preocuparnos por cómo somos y cómo nos ve la sociedad.

Hoy en día existen muchos trastornos que tienen que ver, precisamente con el sentirse bien, desde la bulimia y la anorexia, la obesidad y hasta la vigorexia; sin embargo, y por si eso fuera poco, recientemente esta obsesión por verse bien se ha convertido en un nuevo trastorno alimenticio: la ortorexia.

Según información de Fundación UNAM, la ortorexia se define como una obsesión por mejorar el estado de salud a través de la alimentación; la palabra proviene del griego “ortos” que significa recto y correcto y “orexis” que significa apetito. La Asociación Suiza para la Alimentación ha afirmado que esta nueva ola de obsesión está alcanzado proporciones de cuidado.

Éste trastorno comienza como un “inocente” intento de comer de manera saludable, sin embargo, con el paso de los días, el ortoréxico se vuelve cada vez más exigente y obsesivo sobre qué come, cuándo come y cómo come.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la ortorexia afecta, hoy en día, al 28% de la población de los países occidentales, principalmente a adolescentes y a mujeres. Y según ha explicado el nutricionista y naturópata del Instituto Médico de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo, su prevalencia “podría ir en aumento” en los próximos años, ya que la sociedad actual “tiende a los extremos” y las personas o se cuidan en exceso o no se cuidan nada “y tienden a la autodestrucción con la comida como ocurre con la obesidad”.

¿Cuáles son los síntomas?

El principal síntoma es que siempre se encuentran preocupados por los alimentos, pasan horas del día pensando, planificando y preparando sus comidas; siguen reglar estrictas en cuanto a la comida y eliminan por completo ciertos alimentos, como el azúcar refinado o el aceite hidrogenado.

A diferencia de las demás personas con algún trastorno de la alimentación, los ortoréxico se enorgullecen de su alimentación y lo comentan sin ningún problema, además menosprecian a los que no siguen reglas dietéticas.

¿Existen algunas complicaciones?

Como todos los trastornos alimenticios, la ortorexia también tiene sus complicaciones, comenzando por excluir a la persona de sus actividades de interés y, con el tiempo se puede convertir en un trastorno muy grave, causando problemas como:

* Superioridad. Uno de los efectos secundarios es el sentimiento de superioridad. Como el individuo tiene una norma auto impuesta a comer bien, puro y sano, la persona se reconoce a sí misma superior a las demás. Y esto también afecta a las relaciones familiares, después de que todo lo demás se vuelva menos importante que una dieta llamada saludable.

* Pérdida de peso. Una selección limitada de alimentos y dejar de lado todas las otras variantes de alimentos conduce a la restricción de la ingesta de calorías que conduce a la pérdida de peso.

* Desnutrición. Con una dieta restringida, la persona desarrolla una alimentación muy selectiva, lo que finalmente resulta en una alimentación limitada y en desnutrición y por lo tanto causando malnutrición.

La comida sana, una obsesión

LA ORTOREXIA, UN TRASTORNO DE CONDUCTA QUE PUEDE RESULTAR PELIGROSO PARA LA SALUD FíSICA Y MENTAL, CUANDO LA NECESIDAD DE COMER SANO SE CONVIERTE EN UNA AUTÉNTICA OBSESIÓN

La Opinión de Bolivia

El culto al cuerpo que vive nuestra sociedad ha ido transformando los hábitos alimenticios de miles de personas, llegando incluso a desarrollar enfermedades tan graves como la anorexia y la bulimia, cuyo fin consiste en comer lo menos posible para conseguir un cuerpo esbelto.

En los últimos años esta obsesión ha derivado en un nuevo trastorno que se ha denominado ortorexia, palabra que proviene del griego orthos (justo, recto) y exía (apetencia), por lo que podría definirse como apetito justo o correcto.

Se trata, por tanto, de una preocupación extrema por la salud, que puede convertirse en un serio trastorno que afecta tanto a la salud física como mental de los pacientes. Tal y como explica el nutricionista y naturópata del Instituto Médico de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo, la ortorexia es un “tipo de trastorno obsesivo”, que lleva al extremo la idea de alimentación sana y que consiste en “un control exhaustivo y cada vez más estricto de los componentes de los alimentos”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la ortorexia afecta, hoy en día, al 28 por ciento de la población de los países occidentales y, según Bravo, su prevalencia “podría ir en aumento” en los próximos años, ya que la sociedad actual “tiende a los extremos” y las personas o se cuidan en exceso o no se cuidan “nada y tienden a la autodestrucción con la comida como ocurre con la obesidad”.

Las personas que sufren ortorexia acaban por centrarse casi exclusivamente en lo que comen; la comida es el centro de sus pensamientos y de su vida. Generalmente rechazan la carne, las grasas, los alimentos cultivados con pesticidas o herbicidas y los que contienen sustancias artificiales.

El cuidado llega al extremo de cuidar los recipientes en que los cocinan, por lo que terminan haciendo de la comida todo un ritual.

Cuidados extremos y hasta exagerados

Las víctimas de esta tendencia no comen fuera de casa, ni con los amigos, por temor a que contaminen su comida con algún producto no apto para su consumo y, en el extremo, son capaces de quedarse sin comer si no están seguros de lo que van a ingerir, su obsesión por comer sano va más allá y se preocupan incluso por la forma de preparación de sus alimentos.

La ortorexia o cuando la obsesión por la comida sana se convierte en problema

· Quienes padecen este nuevo trastorno tienen obcecación por la “comida saludable”
· Buscan incansables alimentos naturales y ecológicos y rechazan los elaborados
· Llegan a “aislarse socialmente” y, a veces, necesitan, “apoyo psicológico”
· Dicho trastorno afecta al 28% de la población occidental, según la OMS

25.03.11 | 06:27 h.  ESPERANZA BUITRAGO PRIETO

Comer sano puede ser un problema si hacemos de ello una obsesión. A trastornos alimenticios conocidos por todos, como la bulimia o la anorexia, se suma ahora la ortorexia, la obcecación por tomar “comida especialmente saludable”, explica la nutricionista Carmen Gómez Candela. Quienes padecen este trastorno, rechazan alimentos elaborados y buscan incansablemente los ecológicos y naturales. La ortorexia, para la que aún no hay un diagnóstico, llega a “condicionar la vida” de quienes la padecen y puede ser muy difícil de tratar, ya que quienes la padecen creen que su dieta es la mejor opción.

Los fiambres, transgénicos, alimentos ricos en grasa o azúcares…están fuera de la dieta de una persona que padece ortorexia. La obsesión por la comida “saludable” afecta a un 28% de la población de los países occidentales, según datos de la organización Mundial de la Salud (OMS) Para el doctor, Ruben Bravo, naturópata del Instituto Médico de la Obesidad (IMEO), su prevalencia “podría ir en aumento” ya que la sociedad “tiende a los extremos”.

La ortorexia afecta tanto a hombres como a mujeres, normalmente de elevado nivel cultural y de mediana edad. Aunque aún no hay un diagnóstico claro para este cuadro médico, explica la doctora Carmen Gómez Candela, jefa del servicio de nutrición del hospital madrileño de La Paz, debemos alertarnos cuando alguien hace de la fijación por los alimentos saludables su “forma de vida”. Estas personas solo compran en huertas, analizan la procedencia de los alimentos, buscan productos ecológicos… etc.

Al contrario de otros trastornos alimentarios, quien padecen ortorexia no pretenden adelgazar. Aunque, a veces, pacientes con anorexia presentan síntomas de este otro cuadro, señala la nutricionista Gómez Candela, y otras la falta de nutrientes lleva a perder de peso.

La ortorexia llega a condicionar la vida de quienes la padecen. Son personas que se “aíslan socialmente”, señala Bravo. Una simple comida familiar les supone un problema y muchos prefieren no comer en restaurantes.

Su tratamiento puede ser tan complicado como el de la anorexia porque quienes padecen ortorexia están convencidos de que su dieta es la mejor opción y que son los demás quienes lo hacen mal. Para acabar con dicha obsesión, Bravo apuesta por una terapia multidisciplinar. Gómez Candela apunta que lo principal es que los enfermos estén “bien nutridos” y que sean “educados nutricionalmente”. En ocasiones es necesario apoyo psicológico. EBP

Consejos para prevenir la ortorexia

En este programa de Radio Popular de Bilbao el nutricionista y naturopata Rubén Bravo del Instituto Médico Europeo de la Obesidad da algunos consejos a los oyentes sobre las reglas de la buena alimentación y cómo no caer en los extremos. Según la Organización Mundial de la Salud un 28% de las personas en los países oxidentales podrían padecer de ortorexia. Es un trastorno de la alimentación, relativamente nuevo, que se atribuye sobre todo a adolescentes y a mujeres que rondan los 35 años de edad que están obsesionados por la comida sana y la calidad de los alimentos. Pero cabe decir que pasarse en lo bueno también es malo, ya que a la larga aparecen signos de desnutrición, ansiedad, carencia o sobredosis de vitaminas y minerales que dañan la estructura osea y el sistema nervioso.

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Paris Hilton, Beyoncé y Madonna podrían padecer ortorexia

Este trastorno obsesivo, que lleva al extremo la idea de alimentación sana, lo sufren algunos famosos que siguen la dieta macrobiótica, la del jarabe de arce o la del grupo sanguíneo

ABC, 23 de febrero 2011

En las revistas, programas del corazón, páginas web de «celebrities»… en todos estos sitios se hablan de las dietas de los famosos. Además de sus prendas, peinados y maquillaje, se analizan sus kilos de más y de menos y es por esto, que muchas de las estrellas de Hollywood están tan muy pendientes de su figura.

Tanto es así, que algunas de ellas incluso pueden llegar a padecer ortorexia, que consiste en «un control exhaustivo y cada vez más estricto de los componentes de los alimentos», según explica el nutricionista y naturópata del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la ortorexia afecta en la actualidad al 28% de la población de los países occidentales y, según Bravo, su prevalencia «podría ir en aumento» en los próximos años, ya que la sociedad actual «tiende a los extremos» y las personas o se cuidan en exceso o no se cuidan «nada y tienden a la autodestrucción con la comida como ocurre con la obesidad».

La ortorexia normalmente, conduce al «aislamiento social», ya que el individuo «se agobia» si por ejemplo tiene que asistir a una comida entre amigos o una comida empresarial. Además, muchos de estos pacientes presentan déficit en su masa corporal, hipotensión y problemas cardiovasculares serios al descartar alimentos necesarios para el desarrollo del cuerpo humano.
Sanas aunque «les cueste» la salud

Una de las últimas famosas en salir a la palestra por su nueva dieta ha sido Paris Hilton, quien ha pasado de «barbie esbelta» a muñeca culturista. La rubia millonaria ingiere 3.500 calorías diarias, 1.500 más de las que debería consumir una mujer de su edad y realiza una intensa rutina de entrenamiento físico.

Al parecer, ha sido su novio norteamericano Cy Waits, culturista aficionado, quien habría influido en el cambio de alimentación de Paris, quien en la Semana de la Moda de Sao Paolo se mostró más rellenita que de costumbre.

Madonna, Carmen Lomana (quien paradójicamente anuncia hamburguesas), Julia Roberts, Gwyneth Paltrow, Elsa Pataky, Paul McCartney y Alejandro Sanz, entre otros, siguen la dieta macrobiótica.

Se trata de eliminar de la alimentación diaria productos como el azúcar blanco, el pan blanco, los embutidos, la carne, los dulces industriales, las bebidas alcohólicas y los refrescos.

La dieta del sirope de arce la siguen Beyoncé y Naomi Campbell, quienes consumen un refresco a base de agua mineral, jarabe de savia de arce, canela, zumo de limón y cayena, durante varios días en los que el resto de los alimentos están prohibidos.

Pero la palma se la lleva la dieta del grupo sanguíneo de la cantante Cheryl Cole que consiste en reconocer los alimentos que el organismo digiere mejor e idear un programa descartando el resto de nutrientes.