¿Coladitos por sus huesos?

Los hombres son más tolerantes con los «kilos de más» de su pareja: buscan la garantía de la maternidad. Ellas añoran al fornido cazador y no quieren comprometerse con los gorditos

La Razón ·  Gonzalo Núñez

Calle Génova abajo, lindando ya con la plaza de Colón, el Ayuntamiento de la capital tuvo a bien, ¡feliz idea!, instalar una «gorda» de Botero. Sus pliegues, aun en bronce, son eterna alegría para todo tipo de menores y «guiris» inclinados a las fotos chocarreras. El consistorio y el artista colombiano sabían a lo que se exponían. Nada de esto hubiera sucedido si, en su lugar, se hubiera colocado una sílfide, émula de la sirenita danesa, pongamos, o una muchachita corriente tal que la estudiante de la placita de San Ildefonso. Pero es innegable que la carne proporciona más juego que el hueso. De ahí que los «hits» verbeneros no hablen de esbeltas jovencitas sino de «gordas, gordas, gordas, super gordas y apretás» o de las «pechugas» de una tal Ramona; de ahí, la frase estrella del marido sensato: «A mí me gusta que haya donde agarrar». Los huesos, para el perro.  

Claro que la querencia por la carne es más propia del hombre, según se desprende de la encuesta presentada esta semana por el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Las preguntas realizadas a 380 personas de ambos sexos revelan que ellas son más intolerantes a la hora de elegir a una pareja con kilos de más. Un 67 por ciento de las consultadas rechaza comprometerse con un «gordito», mientras que un 83 por ciento de los encuestados –¡ojo, un 83 por cierto!– accedería a emparejarse con una «rellenita» que, evidentemente, encajara con el resto de sus preferencias. Aunque se tiende a asociar a la hembra con un mayor desinterés en el aspecto físico de su pareja, pues se presupone que tradicionalmente han buscado en ellos garantías económicas o estabilidad social y familiar, los expertos no encuentran tan descabellados los datos proporcionados por IMEO. El portavoz del Instituto, Rubén Bravo, considera: «No nos debe extrañar tanto sabiendo que las españolas se colocan entre las mujeres que más se cuidan y menos obesidad tienen en el ámbito de la Unión Europea», todo lo contrario de lo que sucede con sus opuestos, en la cima comunitaria de la dejadez.

Ellas se exigen –y por tanto nos exigen– más. Han experimentado en sus «propias carnes» el peso social y cultural de un exceso de kilos. «Las mujeres, en general, son más intolerantes con el sobrepeso propio y ajeno que los hombres porque están mucho más expuestas a las presiones publicitarias, a un canon de belleza femenina delgada, a veces tiránico», asegura Valentín Martínez-Otero, doctor en Psicología por la Universidad Complutense. Al mismo tiempo, buscan en ellos al depredador atlético y fornido, una remembranza incosciente del viejo líder de la manada Neandertal. Bajo las adiposidades o la clásica curva de la felicidad se escondería, según nuestro experto, «una persona desordenada, que se cuida poco, con más problemas de salud, y, por consiguiente, menos atractivo». En resumen, un cazador fallido.

El «quid» es la maternidad
Probablemente, décadas atrás las cifras de IMEO hubieran variado ostensiblemente. Como en toda época de esterilidad –y ésta lo es–, viene primando un canon femenino que no ha sido en absoluto la tónica general en la historia, que siempre valoró, por encima de todo, una piel sonrosada y unas carnes razonablemente surtidas. A este respecto, el ejemplo de «Las tres gracias» de Rubens es de manual. Sólo el Romanticismo puede alegarse como precedente estético de la época actual. A los excelsos poetas de la esterilidad les atraían las mujeres cadavéricas y pálidas, aquellas incapaces de perpetuar una especie maldita, la nuestra. Entonces, como ahora, funcionaba la delgadez extrema, enfermiza, incapaz de alumbrar una gran progenie. La negación de la naturaleza y su gran baza, la fertilidad.

Ciertamente, en la maternidad está el «quid» de todo este debate y la explicación a la mayor tolerancia del hombre hacia las «rellenitas». Lo explica el doctor Martínez-Otero: «Los varones parecen soportar mejor los kilos de más en la mujer por una probable asociación, igualmente inconsciente, con la maternidad». Hábilmente, la naturaleza manda sobre el gusto, psique mediante. Es la inveterada llamada del útero, el misterioso atractivo de la Venus de Willendorf.

De más a menos
David Bustamante reconoce una y otra vez que fue su mujer quien ordenó su vida. Y sus kilos de más. Es Paula Echevarría la que ha supervisado su cambio de hábitos de vida: más deporte y una alimentación saludable.  Ahora luce un físico envidiable. Y a la inversa que otras parejas, que se abandonan en cuanto dicen el «sí, quiero», ellos están en el punto más alto en su carrera profesional y también en cuanto a proyección de imagen. Ella como bloggera de moda de éxito. Él, como imagen de Police.

De menos a más
La vida y los disgustos le pasan factura a ellos, con más crueldad si cabe que a ellas.  Algunos como John Travolta, abusan de la cirugía y el tinte, pero se olvidan de declarar la guerra a las grasas saturadas. Y así ocurre, que del físico envidiable de Tony Manero sólo quedan las reproducciones de Youtube. Que se lo digan también a Ronaldo, al que ya le costaba mantener los kilos a raya cuando era profesional y que, una vez fuera de juego, se dio a la buena vida. Aunque con poca estabilidad sentimental.

¿Te sientes discriminado por tu aspecto físico?

¿Se han sentido discriminados o discriminadas por el físico? ¿Creen que las personas menos atractivas tienen más dificultades en la vida y menos oportunidades? ¿Por qué las mujeres tienen que estar más guapas que los hombres? Es parte de las preguntas que plantean los locutores del programa El Público de Canal Sur Radio para así recoger el contraste de opiniones que genera este tema tan versátil y contradictorio.

Según una encuesta realizada por el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), a la hora de la inserción laboral, se sienten más discriminadas las mujeres por su aspecto físico que los hombres. Los resultados muestran que el 100% de las representantes del sexo femenino que presentan problemas de obesidad indican haber experimentado este tipo de rechazo social en el ámbito del trabajo, frente tan sólo un 36% de los representantes del sexo masculino. Sobre todo son las mujeres obesas que tienen un gran problema a la hora de encontrar trabajo. «Cuando hacían la entrevista telefónica y veían su Curriculum, todo iba bien, pero cuando llegan a la última entrevista, llega el momento de la verdad cuando se han sentido discriminados por su aspecto físico y literalmente han perdido el trabajo», explica Rubén Bravo, especialista de nutrición de IMEO, sobre la experiencia de sus pacientes.

La opinión de los oyentes

«Cuando voy a una entrevista de trabajo, lo primero que juzgan es tu físico», se queja una oyente. «Mi novia es más bien gordita y aunque yo esté muy orgulloso de ella tal y como está, me duele que la rechazan en algunos trabajos de cara al público, porque «su aspecto no cumplía el protocolo de la compañía», anota otro oyente del programa.

El abordaje de la obesidad en mujeres precisa tratamiento psicológico

Europa Press
El tratamiento psicológico en el abordaje de la obesidad en mujeres es «fundamental» puesto que, en su aparición, influyen elementos emocionales que, en hombres, no tienen tanto peso, sostiene Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, entidad que ha presentado un estudio que mide el grado de tolerancia de ambos sexos ante la obesidad con motivo del Día Europeo de esta problemática, que tiene lugar este sábado.

   Este experto, en declaraciones a Europa Press, ha reconocido que en hombres el detonante del sobrepeso y la obesidad es «más sencillo», puesto que suele ser solamente la comida, pero en mujeres radica en ocasiones en «un problema de ansiedad, de no saber gestionar (la situación), y de buscar la felicidad».

   No obstante, la encuesta, en la que han participado 380 personas (216 mujeres y 164 hombres) de las que el 52 por ciento estaban en su peso normal, el 37 por ciento tenía sobrepeso, y el 11 por ciento obesidad, revela que las mujeres suelen ser más intolerantes con sus homólogas obesas, al no entender que su aparición atiende a una enfermedad.

   «Las mujeres que están acostumbradas a cuidarse en su día a día se muestran poco comprensibles hacia las mujeres obesas, porque ya dan por hecho que se trata de una falta de voluntad y dejadez», ha precisado Bravo. Además, el 41 por ciento de las mujeres creen que la obesidad supone un problema estético frente al 21 por ciento de los hombres.

TRABAS EN EL MUNDO LABORAL

   Por otro lado, respeto a la cuestión laboral, las mujeres son más reticentes a que una persona obesa ocupe un puesto de trabajo cara al público (el 76%) que los hombres (un 14%). En este sentido, el portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad describe las situaciones a las que tienen que enfrentarse muchas personas obesas que, aun teniendo un currículum brillante, encuentran trabas por su aspecto físico a la hora de realizar una entrevista con el directivo o gente de la empresa.

   En este sentido, todas las mujeres encuestadas que padecían problemas de obesidad denunciaron haber experimentado algún tipo de rechazo en el ámbito laboral frente al 36 por ciento de los hombres.

   En relación al plano sentimental, el sondeo revela que, a pesar de que todos entablarían amistad con una persona obesa, el 67 por ciento de las mujeres con peso normal o sobrepeso remediable no se casaría con una persona obesa. Esta opinión contrasta claramente con la de los hombres, quienes no tienen tantas reticencias a la hora de llegar al altar con una mujer con sobrepeso u obesidad (el 17%).

   «Este hecho no nos debe extrañar tanto, sabiendo que las españolas se colocan entre las mujeres que más se cuidan y menos obesidad tienen en la Unión Europea», ha declarado Bravo. Los hombres españoles, sin embargo, «tienden más a mimar la barriga de la felicidad» y son los que más problemas de obesidad presentan en toda la Unión Europea, ha señalado.

INTOLERANCIA A LOS KILOS

   Por otra parte, a medida que las mujeres aumentan de peso son más intolerantes con los kilos que sobran: el 76 por ciento de las mujeres con normopeso, el 94 por ciento con un sobrepeso remediable y un 96 con problemas de obesidad muestran su rechazo.  

   «Profundizando en los resultados, nos damos cuenta que cuanto más aumenta el exceso de peso, la intolerancia hacia los propios kilos y los kilos de los demás también aumenta, sobre todo en las mujeres, existiendo autocracias profunda y disconformidad», ha señalado este experto.

   En general, sus afectados, bien sean hombres y mujeres, «no se conforman con ser obesos, no lo asumen, se sienten mal y luchan por dejar de serlo», ha aclarado, en relación al número creciente de personas con esta problemática que decide someterse a un tratamiento. A pesar de que la media de edad de estos pacientes ronda los 35-45 años, ha advertido de que cada vez hay más adolescentes que acuden al especialista para seguir un tratamiento, a consecuencia del estilo de vida actual.

Los pacientes obesos tienen casi la mitad de probabilidades de fallecer por insuficiencia cardiaca

Europa Press
Los pacientes obesos tienen casi la mitad de probabilidades, un 49 por ciento en concreto, de fallecer por insuficiencia cardiaca, según un estudio de cinco hospitales madrileños publicado por la Revista Española de Cardiología (REC) que edita la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

   El estudio ha sido realizado por los departamentos de Medicina Interna del Hospital Universitario de Fuenlabrada (Madrid), el Hospital Infanta Cristina de Parla (Madrid), el Hospital Universitario Fundación Alcorcón, de la localidad madrileña del mismo nombre, el Hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid) y el Hospital Clínico San Carlos (Madrid). Además, también ha intervenido el servicio de Endocrinología y Nutrición del hospital fuenlabreño.

   Así, el análisis ha evidenciado que las personas obesas con insuficiencia cardiaca «tienen un mejor pronóstico de la enfermedad», explican los autores. Además, el análisis realizado arroja el dato de que el riesgo de reingreso «es un 19 por ciento menor» en estos pacientes.

   Este efecto es conocido en el mundo científico como «la paradoja de la obesidad», por la cual, en procesos agudos y enfermedades crónicas, actúa «como factor de buen pronóstico en los casos de insuficiencia cardiaca», manifiesta la jefa del departamento de Medicina Interna del Hospital Rey Juan Carlos de Madrid, la doctora Raquel Barba. Todo ello se produce a pesar de que la obesidad es un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular que cada año causa en España 28.000 muertes.

Cuanto más peso, más supervivencia a las descompensaciones agudas

   Una explicación a este fenómeno la encuentran los expertos en la aparición precoz de la insuficiencia cardiaca en estos pacientes obesos y su consecuente tratamiento. No obstante, también ayuda que el mayor peso venga acompañado con una mayor reserva metabólica, «lo que permite una mayor supervivencia a las descompensaciones agudas por enfermedad crónica», señalan desde la SEC.

   Los enfermos que si salen mal parados respecto a su comparativa con los pacientes de peso normal son los desnutridos. Según la publicación, éstos «tienen el doble de probabilidades de fallecer por insuficiencia cardiaca y un riesgo de reingreso un 36 por ciento superior» a los aquejados con un peso estándar.

   En cuanto a las incidencias que produce la enfermedad, los expertos señalan que produce «elevados marcadores de inflamación crónica y del factor de necrosis tumoral alfa». Esto supone la alteración de la absorción de nutrientes en el tubo digestivo, «lo que contribuye, junto con otros factores, a la presencia de malnutrición en pacientes con enfermedad cardiológica avanzada», indican.

   Sin embargo, la SEC recuerda que la obesidad y el sobrepeso «siguen considerándose como uno de los principales factores de riesgo cardiovascular». Por ello, sus expertos recomiendan «un mejor control del peso y el seguimiento de una dieta saludable».

Obesidad: Multiplica el riesgo de artrosis

Fuente: Ella hoy

La obesidad no solo es un problema de sobrepeso, sino que también puede ser un factor de riesgo de desarrollo de otras enfermedades, como es el caso de la artrosis, un trastorno de la salud que las personas obesas tienen hasta el doble de posibilidades de padecer. Y no es el único, porque también son más proclives a padecer síndrome metabólico. Prevenir es ganar en salud, máxime en el caso de la obesidad, un problema que cada vez preocupa más a los médicos.

Padecer obesidad o problemas de sobrepeso nos hace más vulnerables a determinados trastornos de salud añadidos. Así, la obesidad y la diabetes van directamente de la mano, siendo un factor de riesgo además de síndrome metabólico. Pero no es el único trastorno parejo y más común de lo que hasta se creía. Se trata de la artrosis, un problema que, según el estudio de investigación llevado a cabo por el Hospital de Sabadell y presentado en el Congreso de la Sociedad Internacional de Investigación de la Artrosis, tienen hasta el doble de probabilidades de padecer las personas con obesidad, un trastorno de la salud que, fundamentalmente por su mayor prevalencia en niños y adolescentes, cada vez preocupa más a los médicos y especialistas en nutrición, porque no hay que olvidar que la alimentación, desequilibrada e inadecuada, está detrás de la mayoría de los diagnósticos de obesidad.

El estudio se ha basado en el análisis de la relación entre el desarrollo de artrosis y los pacientes con riesgos de síndrome metabólico y riesgo cardiovascular, como puede ser la diabetes, hipertensión, altos niveles de triglicéridos, colesterol o exceso de grasa en la zona abdominal. Hay que apuntar que hasta ahora sí se había analizado la relación entre obesidad y artrosis de rodilla, por el exceso de peso o los kilos de más que deben soportar las piernas, pero no se había indagado en si la relación iba más allá, es decir, a la artrosis de las manos.

Mantener un peso ideal es ganar en salud, porque la obesidad, además de constituir un factor de riesgo de trastornos cardiovasculares, ahora también se constata que lo es de la artrosis. De hecho, la obesidad multiplica los riesgos. Un riesgo que, como añaden los autores del estudio, se puede combatir con la práctica de una actividad física moderada, como puede ser un paseo de media hora al día. Un sencillo ejercicio que ayuda a mejorar nuestro estado de salud.

La artrosis de las manos está directamente relacionada con el envejecimiento, una degeneración de los cartílagos de las articulaciones que, según los especialistas de la Sociedad Española de Reumatología (SER), aparece a partir de los 40 años, como media. Suele ser un trastorno benigno, pero sí puede provocar complicaciones y mermar la calidad de vida, ya que puede conllevar dolor, dificultades para realizar movimientos y deformación de los dedos.

Los niños obesos tienen más riesgo de tener asma alérgico

El tratamiento para el asma en los niños obesos es menos eficaz

20 minutos

■ Uno de cada 10 niños españoles entre 6 y 7 años son obesos.
■ De ellos, alrededor del 12% son asmáticos.
■ Factores de riesgo: tabaco, contaminación y casas con humedad.
■ Factores de defensa: lactancia materna y dieta mediterránea.

Crece la obesidad en España. Se calcula que más de uno de cada 10 niños españoles entre 6 y 7 años son obesos, y de ellos alrededor del 12% son asmáticos. Estas cifras de obesidad están entre las más altas del mundo y hacen que la obesidad se convierta en un factor de riesgo adicional del asma infantil.
 
Recientes estudios publicados en Australia y Reino Unido confirman que los niños obesos son más propensos a tener asma de origen alérgico. Además, el resultado de su tratamiento farmacológico es menos efectivo.

Un estudio del Instituto de Investigación Médica John Hunter (Australia) ha probado que la eficacia de los corticoides inhalados se reduce en los niños obesos con asma y además su función ventilatoria y su actividad bronquial se ven afectadas de manera negativa.

Otro estudio de la Universidad de Dundee (Escocia) ha mostrado como el índice de masa corporal (IMC) está relacionado con el efecto que tienen los medicamentos para el asma en niños con sobrepeso y niños con peso normal.

Según el doctor Luis García-Marcos, de la Sociedad Española de Inmunología Clínica y Alergia Pediátrica (SEICAP), «los alergólogos pediátricos hemos comprobado que las niñas adolescentes obesas son más propensas a tener asma y además todos ellos tienen más posibilidades de desarrollar otro tipo de alergias debido al proceso inflamatorio que subyace en la obesidad.

Factores de riesgo y de defensa del asma infantil

La obesidad afecta al sistema respiratorio de los niños de dos manera: altera su mecánica respiratoria y hace que el organismo esté en un estado proinflamatorio, lo que influye en la propia inflamación pulmonar.

Pero la obesidad no es el único factor de riesgo del asma infantil, aunque si es de los más importantes. Una revisión realizada por el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental de Barcelona señala otros:

■ El tabaco (sobre todo si la madre fuma durante el embarazo).
■ La contaminación.
■ La exposición a los hongos en casas con manchas de humedad.
■ Tener padres o familiares con asma.

También hay factores de protección frente al asma infantil. Uno de ellos es la lactancia materna. Los niños lactados al pecho durante 3 o más meses tienen menos riesgo de asma, al menos en los primeros años de vida. La dieta mediterránea rica en frutas, verduras, proteínas, cereales y aceite de oliva también disminuye el riesgo.

Dormir poco aumenta el riesgo de diabetes tipo 2 y de obesidad

Investigadores del Brigham and Women’s Hospital de Boston, en Estados Unidos, aseguran que dormir poco o a deshoras –modificando el reloj biológico interno– hace que el organismo tenga dificultades para controlar los niveles de azúcar en sangre, aumentando el riesgo de padecer diabetes tipo 2 u obesidad

EP / La Razon

Estudios previos, tanto en laboratorio como epidemiológicos, ya habían demostrado este riesgo que ahora, por primera vez, se ha analizado mediante el seguimiento controlado de un grupo de 21 individuos a los que se les alteraron los patrones de sueño, simulando el efecto que causa el trabajo nocturno o el ‘jet-lag’, para ver cómo responde el organismo.

De este modo, y según han explicado los autores del estudio que ha publicado la revista ‘Science Translational Medicine’, observaron que los cambios en los patrones normales de sueño son capaces de interrumpir los procesos metabólicos del organismo.

Además, se observó que algunos de los participantes desarrollaron síntomas de diabetes a las pocas semanas, han afirmado a la BBC los investigadores.

Los 21 participantes eran individuos sanos y fueron internados en un laboratorio durante seis semanas, tiempo en que se llevó a cabo un registro sobre sus horas de sueño y se controlaron otros factores como sus actividades y la dieta.

Al inicio del estudio, todos ellos presentaban un sueño óptimo, de aproximadamente 10 horas cada noche. No obstante, acto seguido pasaron a dormir durante tres semanas una media de 5,6 horas diarias, tanto por el día como por la noche, simulando los horarios de quienes tienen un
trabajo con turnos rotatorios.

Durante este tiempo vivieron en un ambiente poco iluminado para evitar que la luz normal «reiniciara» su reloj biológico y, en este periodo, los participantes intentaban dormir a una hora no acorde a su ciclo circadiano interno, el llamado reloj biológico, que regula los patrones de sueño y vigilia y muchos otros procesos del organismo.

Los científicos observaron que esta restricción prolongada del sueño y la interrupción simultánea del ritmo circadiano redujo la tasa metabólica de los participantes.

Además, durante este período, también se vio que las concentraciones de glucosa en la sangre de los participantes «se incrementaban significiativamente» después de las comidas y durante los periodos de ayuno durante el día, debido a una pobre producción de insulina en el páncreas.

De hecho, tres de los participantes mostraron niveles de azúcar tan altos después de las comidas que fueron clasificados como «prediabéticos».

Además, y como han explicado los científicos, la reducción en la tasa metabólica –la velocidad con la que las células utilizan la energía disponible– puede traducirse en un aumento de más de 4,5 kilos al año si no se cambian los patrones de dieta y actividad.

«Estos resultados apoyan los hallazgos de otros estudios que muestran que en personas con una condición prediabética el trabajo por turnos, que los hace permanecer despiertos en la noche, hace que aumente su riesgo de progresar hacia una diabetes, en comparación con quienes trabajan de día», ha explicado el doctor Orfeu Buxton, que dirigió el estudio.

Los expertos han destacado sin embargo que, aunque este estudio fue llevado a cabo en condiciones controladas, se ha utilizado una muestra pequeña, por lo que será necesario realizar investigaciones más amplias para confirmar los resultados.

Después de perder 50 kilos, desarrolla alcohorexia

Se llama alcohorexia y puede acarrear serios problemas de salud. Es un trastorno que consiste en sustituir la comida por el alcohol. „Es una decisión activa donde vamos comiendo muy poco, sabiendo que luego por la noche vamos a beber grandes cantidades de alcohol y a lo largo del día o la semana se obsaerva una planificación“, señala Rubén Bravo, especialsita en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Su paciente presta testimonio en el programa +Gente de TVE, pero sin mostrar su cara, ya que nadie de su ambiente sabe que ha sufrido alcohorexia. Ha adelgazado más de 50 kilos tras someterse a una operación quirúrgica para bajar peso, pero la vida la ha enfrentado a una difícil situación personal y, a consecuencia, ha desarrollado adicción al alcohol. Tiene 42 años y ha podido experimentar los problemas que puede traer este aún novedoso trastorno que, aunque no es un término medico que esté oficializado, ya es considerado por los especialistas como un grave problema sanitario que afecta la población joven.

Las consecuencias van desde desnutrición hasta la pérdida de proteínas y minerales e inclusive la obesidad abdominal, sin contar el alto riesgo de tomar alcohol sin haber ingerido ningún tipo de alimento que puede llegar a transformarse en un alcoholismo incipiente.

Los adolescentes son los más vulnerables que pueden sufrir esta enfermedad; en una hora pueden tomarse una botella de vodka y eso puede dejarlos en coma.

En los Estados Unidos, por ejemplo, se estima que el 30% de las personas que tienen entre 18 y 24 años saltean comidas para tomar alcohol por la noche, y se diferencia con la anorexia, porque en la anorexia se evita el alcohol para reducir calorías, sin embargo en esta nueva enfermedad, la persona no desea dejar el alcohol.

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Hormonas del hambre, claves para entender la obesidad

Tim Usborne / BBC Horizon

Las hormonas que controlan nuestro apetito pueden revelar nuevas maneras de luchar contra la obesidad, de acuerdo con un grupo de científicos que analiza cómo el cerebro ayuda a regular lo que comemos.

Marilyn Walsh, una londinense de 38 años y 133 kilos, sintió que había perdido la batalla contra su peso y tenía cierto aire fatalista sobre su futuro.

«Mi tío pesaba 222 kilos», dijo. «Sufrió por cuenta de su peso toda su vida: tuvo problemas en sus piernas, dejó de caminar, desarrolló diabetes y tuvo muchos otros problemas. Y sí, murió por su peso».

Con el antecedente claro de su tío, ¿por qué Marilyn no era capaz de reducir su peso con dietas?

«Sería un poco como preguntar por qué un alcohólico no puede dejar de beber o por qué un fumador no puede dejar de fumar. Es exactamente igual», dijo esta ama de casa.

«Es algo que he tenido toda mi vida. Siempre estoy con hambre y siempre quiero comida».

Deseo constante

Todo el mundo sabe lo que se siente tener hambre, pero no todos pueden entender lo que significa tener un deseo constante de comida e incapacidad para sentirse satisfecho, de la manera en que lo describió Marilyn.

¿Pero qué es lo que es tan distinto en personas como esta británica?

En los últimos seis meses, Marilyn se sometió a una operación para reducir su peso, pero no sólo ella salió beneficiada. De paso, el procedimiento ayudó a revelar algunos aspectos sorprendentes sobre los mecanismos que controlan nuestro apetito.

Carel Le Roux, de la facultad de medicina del Imperial College y doctor del hospital King’s College, ambos en Londres, estudia la obesidad y los procesos subyacentes que ayudan a controlar las decisiones que tomamos para comer (o para comer demasiado).

En 2001, la unidad de investigación en Imperial College descubrió pistas clave. Identificaron dos hormonas previamente desconocidas llamadas PYY (péptido YY) y ghrelina, que parecen jugar un papel en nuestras sensaciones de llenura y hambre.

La ghrelina se vinculó con la sensación de hambre y el PYY, con la llenura.

«Esto comenzó totalmente un nuevo capítulo porque por primera vez entendimos que la barriga puede hablar con el cerebro e influenciar cuán hambrientos o llenos estamos», dice Le Roux.

Le Roux encontró que la concentración de hormonas del hambre es en algunos casos significativamente diferente en muchos pacientes obesos, si se compara con personas delgadas.

Su PYY, que debería decirles cuándo parar de comer, no funciona bien. En vez de ello, sus hormonas están generando que se sientan siempre hambrientos, tal como lo describió Marilyn.

Intervención drástica

En octubre del año pasado, Marilyn se sometió a un bypass gástrico. Ella y sus doctores habían decidido que para un caso como el de ella, una operación podía ser la única posibilidad.
El procedimiento quirúrgico consistió en cortar su estómago en dos partes y conectar sólo la parte más pequeña a su intestino delgado. En términos prácticos, su estómago pasó de tener el tamaño de un puño al de un pulgar.

Es una operación drástica. Por un lado, ella nunca podrá volver a comerse un plato completo. Por el otro, afectará su peso de manera radical.

Pero Le Roux tenía una intención adicional cuando hizo la operación. De acuerdo con su investigación, este procedimiento tiene un efecto secundario poderoso e inesperado.

Además de reducir el estómago del paciente, la operación también reorganiza el balance de las hormonas.

Lo que significa que, por primera vez en su vida, Marilyn está en capacidad de dejar de pensar como una persona gorda y pensar (y comportarse) como una delgada.

Actividad cerebral

Algunas semanas después de su operación, Marilyn ya había perdido más de 25 kilos. Pero lo que parecía más importante era cómo había cambiado su gusto.

«Ya no me gusta lo dulce ni lo grasoso. Lo grasoso no me apetece más», dice.

«Y la grasa en el paladar, eso era horrible. Tratar de eliminar eso toma mucho tiempo».

El cambio de Marilyn no es inusual, según Le Roux.

«Los pacientes dicen: ‘doctor, ¿acaso dónde fue la operación? ¿Operaron mi estómago o mi cerebro? Pues yo ya no me siento con hambre. Cuando sí como me siento lleno, y todos esos cambios han ocurrido verdaderamente en mi cabeza'».

La siquiatra Samantha Scholtz ha estado investigando cómo el cerebro responde frente a diferentes tipos de comida.

Les muestra a sus pacientes imágenes de comida «saludable» y «no saludable» mientras una resonancia magnética mide cómo reacciona el cerebro.

Encontró que los pacientes obesos tienen una actividad cerebral considerable. Áreas del cerebro estimuladas incluyen la corteza orbitofrontal -asociada con la retribución- y otras áreas asociadas con la adicción y con una respuesta emocional a la comida.

Pero lo que sorprendió fue cómo esa respuesta cambió en pacientes que habían tenido una operación de bypass gástrico. Su actividad cerebral cambió totalmente.

En efecto, con la operación de bypass gástrico estamos cambiando fundamentalmente el cerebro de una persona», dice Scholtz.

«Su reacción al ver comida con muchas calorías es diferente, y eso es lo que en últimas impulsaría sus decisiones de comida para que puedan dejar de tener esa pelea con los alimentos».

La cirugía gástrica es una intervención drástica, además de controvertida. Pero Le Roux cree que en unos pocos años puede ser posible que se cambie la forma en que las personas obesas responden a la comida.

«Tal vez podamos usar otros métodos. Podemos poner cosas en el intestino grueso o podemos usar inyecciones o pastillas que hagan lo que ahora están logrando las operaciones. Si hacemos eso, eso abre toda la ciencia de la obesidad».

«La obesidad es tan perjudicial para el hígado y el colon como el alcohol»

Fermín Apezteguia | Hoy.es

No sólo el alcohol y la predisposición genética dañan el hígado y el colon. El exceso de peso también los devora, hasta el punto de favorecer la aparición de cánceres en ambos órganos, según alerta la investigadora californiana Shelley C. Lu, directora adjunta del Centro de Investigación de Enfermedades Hepáticas de la Universidad del Sur de California (USC). «La obesidad es tan perjudicial para el hígado y el colon como el alcohol».

«Muy pronto, el factor de riesgo más importante para el cáncer de hígado no va a ser ya el alcoholismo ni los virus de la hepatitis, sino la obesidad, que es ya una de las causas más comunes de los trasplantes de hígado», relató la investigadora estadounidense.

Los cánceres de colon y de hígado figuran entre los tres más comunes del mundo, junto con los de pulmón. Lo peor de todo es la tendencia. Un tercio de la población de Estados Unidos -y Europa sigue un patrón muy parecido- tiene problemas de sobrepeso y obesidad, lo que significa que viven con hígados demasiado grasos para el bienestar de su salud. La investigadora llamó la atención sobre la situación de la infancia, que cada vez está peor alimentada y realiza menos ejercicio.

En España, la obesidad afecta al 13,9% de la población infantil y el sobrepeso a otro 12,4%. «Algunos niños comienzan a tener ya signos de cirrosis hepática y de fibrosis, que es un estadío anterior», advirtió la investigadora. La cantidad de enfermedades ligadas al exceso de peso es tal que Shelly Lu no dudó en calificar la obesidad como «el asesino número uno». Infartos, derrames cerebrales, cardiopatías, cánceres…

Sus investigaciones se centran en el conocimiento de un metabolito -una molécula que aparece como consecuencia del normal funcionamiento del cuerpo humano- llamado SAMe. Se sabe que protege contra el cáncer de hígado y también parece tener un efecto protector sobre el de colon.