Estudio Genético Avanzado de Obesidad IMEO

Los estudios presentados hasta el momento marcan entre un 30% y un 70% de representación genetica en la predisposición de una persona a ser obesa

En IMEO disponemos de un área dedicada exclusivamente a estudiar y analizar las características personales del paciente, para afinar posteriormente en el tratamiento personalizado de sus problemas de sobrepeso u obesidad.

Contamos con especialistas en Biotecnología Genética y Nutrigenómica, no sólo para evaluar los resultados de ADN de nuestros pacientes, sino también para incidir directamente en las predisposiciones existentes a través de la modificación de determinados cambios en los hábitos de vida.

La sensación de hambre, la tendencia a comer entre comidas, la dificultad para utilizar la grasa como fuente de energía… éstos datos y muchos más que a continuación le detallaremos, nos proporcionan la información necesaria para saber cómo funciona la maquinaria del cuerpo y:
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  • Entender su metabolismo.
  • Ajustar el balance nutricional de su alimentación.
  • Alcanzar su peso saludable.
  • Obtener el máximo rendimiento y beneficio de una u otra actividad física.
  • Comprender las tendencias de su comportamiento hacia la comida.

Estudio Genético Avanzado de Obesidad IMEO

    • Electro Intersticial Scanner EIS. Estudio Hormonal, emocional y cardiaco.
    • TANITA Médico Advance. Evaluación metabólica y de composición corporal.
    • Consulta con especialista.
    • Test ObesityGEN:

Recomendaciones dietéticas:

    • Genotipos asociados a limitar en la dieta el consumo de Carbohidratos de alto índice glucémico, grasas y/ proteinas.
    • Respuesta a las grasas saturadas, monoinsaturadas, poliinsaturadas y cómo obtener mayor beneficio del consumo de ácidos grasos de cadena larga.

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Necesidades nutritivas:

  • Metabolización de la Vitamina B2, B6, B12, A, C, D, E y ácido fólico.
  • Estrés oxidativo y envejecimiento.

Salud metabólica:

  • Presentar niveles reducidos de LDL elevados.
  • Presentar niveles elevados de colesterol HDL reducidos.
  • Presentar altos niveles de Triglicéridos.
  • Presentar altos niveles de Glucosa en sangre.

Predisposición al sobrepeso/obesidad:

  • Perfil genético de mayor o menor predisposición al sobrepeso/obesidad.
  • Perfil genético de mayor o menor predisposición a la recuperación del peso perdido.
  • Metabolismo basal.

foto3Reacciones hacia los alimentos:

  • Metabolismo de la cafeína. Y su importante influencia en el Cortisol y la Insulina.
  • Sensibilidad al salado.
  • Sensibilidad a la lactosa.
  • Sensibilidad al gluten.

 

Tendencias del comportamiento alimentario:

  • Beneficios y tendencia de comer entre horas.
  • Sensación de hambre. Sensación de apetito a lo largo del día.
  • Sensación de saciedad. Sentirse lleno después de comer.
  • Desinhibición almenticia. Tendencia a comer más cantidad de lo normal aún sin padecer hambre.
  • Deseo por la comida. El tiempo que estamos pensando en comida a lo largo del día.
  • Ansiedad por comer dulce.

foto1Actividad física:

  • Optimización del ejercicio para reducir el sobrepeso/obesidad, mejorar la Presión Arterial, la pérdida de grasa y la sensibilidad a la insulina.
  • Beneficio del entrenamiento de resistencia, fuerza y aeróbico.
  • Potenciación muscular.
  • Predisposición a la Tendinopatía de Aquiles.

 

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Bisabuelas pueden ser responsables de la obesidad

Tóxicos a los que se expusieron nos hacen más susceptibles a enfermedades

Por BBC Mundo / elnuevodia.com

obesity.jpg_thinstockNo importa qué tan sana sea la vida que llevamos, los tóxicos medioambientales a los que se expusieron nuestras madres, abuelas e incluso bisabuelas durante el embarazo pueden influir en las enfermedades que desarrollemos.

Investigadores de la Universidad de Washington se dieron a la tarea de hacer una lista de químicos que encontramos a diario en el ambiente y que, debido a la epigenética, causan enfermedades generaciones después.

Dos trabajos liderados por el biólogo molecular Michael Skinner, publicados por separado en PLOS ONE y Reproductive Toxicology, indican que la exposición a plastificadores -presentes en botellas de plástico- y a hidrocarburos -como el combustible de aeronaves-, pueden ser una causa de obesidad tres generaciones más tarde.

También pueden influir en el desarrollo de enfermedades de riñón, próstata, testículos y ovarios, así como en anormalidades relacionadas a la pubertad.

«Es la primera vez que probamos estas dos exposiciones medioambientales y descubrimos que los dos (químicos) promueven enfermedades transgeneracionales», le explicó Skinner a BBC Mundo.

Este fenómeno se debe a la «herencia transgeneracional epigenética». Al mismo tiempo que los animales (incluidos los humanos) heredan características de las secuencias de ADN de sus padres, también tienen una herencia epigenética con la activación o desactivación de algunos genes.

Ni los hijos ni los nietos… los bisnietos

El especialista señaló que muchas de estas enfermedades sólo aparecieron tres generaciones más tarde. «Es interesante ver cómo estas dolencias no se manifestaron en la generación F1, que serían los hijos, sino en la de los bisnietos».

«(El estudio hecho en ratones) sugiere que una exposición ancestral de tus abuelos y bisabuelos puede aumentar tu susceptibilidad a desarrollar obesidad». Esto incluye aumento de peso, y una gran cantidad de acumulación de grasa en la zona del abdomen.

Si dos personas -una con tendencia a sobrepeso y otra no- llevan la misma dieta y realizan la misma cantidad de ejercicio, la que es más susceptible a ganar peso podría desarrollar obesidad, al contrario de la otra.

«Lo que pasa con la exposición de nuestros ancestros a estos tóxicos es que aumenta la susceptibilidad. Si sabes que eres susceptible a ganar peso, podrás tomar medidas para no ser obeso», aclara Skinner.

Según los expertos, el período más sensible para la exposición es durante la formación del feto. «Cuando se está formando en masculino o femenino es cuando hay más sensibilidad a ser reprogramado. Esto es un fenómeno epigenético», aclara Skinner.

Estas enfermedades se evidencian tres generaciones más tarde debido a que permanentemente cambiamos las células germinales. «En este caso particular es la esperma, que tiene una firma epigenética que, básicamente, se transfiere a toda la descendencia subsecuente», explica el experto. «Es una forma hereditaria no genética».

Altos índices de obesidad

Michael Skinner sugiere que los altos niveles de obesidad hoy en día podrían tener relación con la exposición de nuestros ancestros a tóxicos. Estos químicos pudieron haber originado una reprogramación en nuestros genes y nos hicieron más susceptibles a ganar peso; una combinación explosiva si lo combinamos con comida rápida y sedentarismo.

«Si te fijas en las tasas de obesidad de los años 50 y principio de los 60, eran relativamente bajas, cerca del 5%. Si miramos los niveles de obesidad hoy en día, tanto en niños como en adultos, ronda más el 30-40%».

«En tres generaciones hemos visto un aumento dramático de la obesidad. Un factor que no puedes atribuirse a la genética o a ninguna otra cosa que no sea influencia medioambiental».

El experto aclara que si bien la dieta, la nutrición y el ejercicio son cruciales para evitar la obesidad, no hay que ignorar los componentes ancestrales.

Hormonas del hambre, claves para entender la obesidad

Tim Usborne / BBC Horizon

Las hormonas que controlan nuestro apetito pueden revelar nuevas maneras de luchar contra la obesidad, de acuerdo con un grupo de científicos que analiza cómo el cerebro ayuda a regular lo que comemos.

Marilyn Walsh, una londinense de 38 años y 133 kilos, sintió que había perdido la batalla contra su peso y tenía cierto aire fatalista sobre su futuro.

«Mi tío pesaba 222 kilos», dijo. «Sufrió por cuenta de su peso toda su vida: tuvo problemas en sus piernas, dejó de caminar, desarrolló diabetes y tuvo muchos otros problemas. Y sí, murió por su peso».

Con el antecedente claro de su tío, ¿por qué Marilyn no era capaz de reducir su peso con dietas?

«Sería un poco como preguntar por qué un alcohólico no puede dejar de beber o por qué un fumador no puede dejar de fumar. Es exactamente igual», dijo esta ama de casa.

«Es algo que he tenido toda mi vida. Siempre estoy con hambre y siempre quiero comida».

Deseo constante

Todo el mundo sabe lo que se siente tener hambre, pero no todos pueden entender lo que significa tener un deseo constante de comida e incapacidad para sentirse satisfecho, de la manera en que lo describió Marilyn.

¿Pero qué es lo que es tan distinto en personas como esta británica?

En los últimos seis meses, Marilyn se sometió a una operación para reducir su peso, pero no sólo ella salió beneficiada. De paso, el procedimiento ayudó a revelar algunos aspectos sorprendentes sobre los mecanismos que controlan nuestro apetito.

Carel Le Roux, de la facultad de medicina del Imperial College y doctor del hospital King’s College, ambos en Londres, estudia la obesidad y los procesos subyacentes que ayudan a controlar las decisiones que tomamos para comer (o para comer demasiado).

En 2001, la unidad de investigación en Imperial College descubrió pistas clave. Identificaron dos hormonas previamente desconocidas llamadas PYY (péptido YY) y ghrelina, que parecen jugar un papel en nuestras sensaciones de llenura y hambre.

La ghrelina se vinculó con la sensación de hambre y el PYY, con la llenura.

«Esto comenzó totalmente un nuevo capítulo porque por primera vez entendimos que la barriga puede hablar con el cerebro e influenciar cuán hambrientos o llenos estamos», dice Le Roux.

Le Roux encontró que la concentración de hormonas del hambre es en algunos casos significativamente diferente en muchos pacientes obesos, si se compara con personas delgadas.

Su PYY, que debería decirles cuándo parar de comer, no funciona bien. En vez de ello, sus hormonas están generando que se sientan siempre hambrientos, tal como lo describió Marilyn.

Intervención drástica

En octubre del año pasado, Marilyn se sometió a un bypass gástrico. Ella y sus doctores habían decidido que para un caso como el de ella, una operación podía ser la única posibilidad.
El procedimiento quirúrgico consistió en cortar su estómago en dos partes y conectar sólo la parte más pequeña a su intestino delgado. En términos prácticos, su estómago pasó de tener el tamaño de un puño al de un pulgar.

Es una operación drástica. Por un lado, ella nunca podrá volver a comerse un plato completo. Por el otro, afectará su peso de manera radical.

Pero Le Roux tenía una intención adicional cuando hizo la operación. De acuerdo con su investigación, este procedimiento tiene un efecto secundario poderoso e inesperado.

Además de reducir el estómago del paciente, la operación también reorganiza el balance de las hormonas.

Lo que significa que, por primera vez en su vida, Marilyn está en capacidad de dejar de pensar como una persona gorda y pensar (y comportarse) como una delgada.

Actividad cerebral

Algunas semanas después de su operación, Marilyn ya había perdido más de 25 kilos. Pero lo que parecía más importante era cómo había cambiado su gusto.

«Ya no me gusta lo dulce ni lo grasoso. Lo grasoso no me apetece más», dice.

«Y la grasa en el paladar, eso era horrible. Tratar de eliminar eso toma mucho tiempo».

El cambio de Marilyn no es inusual, según Le Roux.

«Los pacientes dicen: ‘doctor, ¿acaso dónde fue la operación? ¿Operaron mi estómago o mi cerebro? Pues yo ya no me siento con hambre. Cuando sí como me siento lleno, y todos esos cambios han ocurrido verdaderamente en mi cabeza'».

La siquiatra Samantha Scholtz ha estado investigando cómo el cerebro responde frente a diferentes tipos de comida.

Les muestra a sus pacientes imágenes de comida «saludable» y «no saludable» mientras una resonancia magnética mide cómo reacciona el cerebro.

Encontró que los pacientes obesos tienen una actividad cerebral considerable. Áreas del cerebro estimuladas incluyen la corteza orbitofrontal -asociada con la retribución- y otras áreas asociadas con la adicción y con una respuesta emocional a la comida.

Pero lo que sorprendió fue cómo esa respuesta cambió en pacientes que habían tenido una operación de bypass gástrico. Su actividad cerebral cambió totalmente.

En efecto, con la operación de bypass gástrico estamos cambiando fundamentalmente el cerebro de una persona», dice Scholtz.

«Su reacción al ver comida con muchas calorías es diferente, y eso es lo que en últimas impulsaría sus decisiones de comida para que puedan dejar de tener esa pelea con los alimentos».

La cirugía gástrica es una intervención drástica, además de controvertida. Pero Le Roux cree que en unos pocos años puede ser posible que se cambie la forma en que las personas obesas responden a la comida.

«Tal vez podamos usar otros métodos. Podemos poner cosas en el intestino grueso o podemos usar inyecciones o pastillas que hagan lo que ahora están logrando las operaciones. Si hacemos eso, eso abre toda la ciencia de la obesidad».

La obesidad y sus genes

José Enrique Campillo | El Diario Montanés

La obesidad tiene una base genética, a la que se suma un estilo de vida incorrecto: una vida sedentaria y una ingestión excesiva de alimentos. Los genes que promueven la obesidad son los llamados «genes ahorradores» que no se reparten por igual en todas las personas. En la lotería de la genética a unos solo les ha tocado unas pocas papeletas para la tómbola de la gordura, y en cambio a otros les ha tocado el premio gordo. Y esta circunstancia marca una gran diferencia tanto en la facilidad para coger kilos, como la dificultad para perderlos. Se dan cuatro posibilidades. ¿Cuál es la suya?

Algunos tienen la suerte de albergar en su genoma solo algún gen ahorrador. Estas personas casi no ahorran energía y están siempre delgadas, coman lo que coman, para desesperación de sus amigos y familiares. Todos conocemos a alguno de estos afortunados. Estas personas, si por alguna circunstancia extraña, como por ejemplo tener que estar inmovilizados por una fractura de un hueso, engordan, recuperan rápidamente su peso habitual, solo con algo de dieta y un poco de ejercicio físico.
Otras personas tienen en su genoma bastantes genes ahorradores aunque no demasiados, por lo que no tienen una gran tendencia a engordar, pero a base de años de excesos acaban acumulando unos kilos de más. En ellos los planes de adelgazamiento, a base de una dieta hipocalórica y un plan de ejercicio físico, son eficaces y con mayor o menor dedicación y esfuerzo pueden recuperar su peso normal en un plazo razonable de tiempo.
El tercer grupo lo forman aquellos que han heredado en su genoma muchos genes ahorradores. Son esas personas que a poco que se descuiden (picoteos, abusos de fines de semana, navidades, bodas, comuniones, bautizos, etc.) aumenta mucho de peso y luego les es muy difícil y les exige un notable esfuerzo perder los kilos que le sobran. En ellos es conveniente que para poder adelgazar recurran a la utilización de alguna medicina antiobesidad, que ayude a las medidas dietéticas y de ejercicio físico o que opten por los planes a base de dietas estrictas, las llamadas dietas muy bajas en calorías, que solo pueden aplicarse bajo supervisión de un médico.
En el extremo final tenemos aquellas personas que, en la lotería fatídica, les ha tocado heredar el catálogo completo de genes ahorradores. Estas personas siempre están gordas hagan lo que hagan. Fueron niños obesos, luego jóvenes gordos y más tarde adultos con obesidades mórbidas que afectan a su calidad de vida y les provocan numerosas enfermedades. Estas personas no pueden adelgazar por sus propios medios, ni con dietas estrictas, ni con medicación ya que es muy difícil poder superar los muchos escalones genéticos que tienen que superar para poder adelgazar. Suelen gastar gran parte de su vida en un continuo intento para perder peso. La solución final en estas personas, casi siempre, es la cirugía, seguida de una reeducación nutricional, con asesoramiento endocrinológico, nutricional y psicológico.
El mensaje, a pesar de lo que parezca, es de esperanza. Cualquier persona puede perder los kilos que le sobran recurriendo al especialista, que le prescribirá el método que más se ajuste a su situación particular.

Cómo evitar un infarto ‘escrito en los genes’

Una simple dieta rica en frutas y verduras puede cancelar el efecto genético

Laura Tardón | El Mundo

Contra los genes no se puede luchar o, al menos, es lo que se pensaba hasta la fecha. Un grupo de científicos de las universidades canadienses de McMaster y McGill ha descubierto que sí es posible modificar la influencia de un gen que está fuertemente asociado a enfermedad cardiovascular. Con una dieta rica en fruta y verdura se puede evitar un infarto de miocardio ‘escrito en los genes’ y, por lo tanto, cambiar el rumbo de su destino a mejor.

Se sabe que una mutación genética en el cromosoma 9p21 determina más probabilidad de padecer enfermedad miocárdica en el futuro. «La historia familiar es, por tanto, un factor de riesgo independiente de este tipo de eventos, incluyendo el infarto de miocardio, que es una de las principales causas de mortalidad en el mundo», afirma Jamie Engert, principal autor de esta investigación, publicada en la revista ‘PLoS Medicine’.

También influyen aspectos externos como la dieta, la actividad física y el consumo de alcohol y tabaco. «En particular, la dieta desempeña un importante papel en el desarrollo de problemas cardiacos, con una elevada ingesta, por ejemplo, de grasas trans y carbohidratos con alto índice glucémico o con un bajo consumo de frutas, verduras y pescado», señalan los autores del artículo.

Muchos trabajos han analizado la interacción de los factores ambientales y los genéticos, pero «son muy pequeños y era necesaria una investigación más extensa», explica Engert. El estudio de este investigador y su equipo es uno de los más importantes en este sentido. Han analizado a más de 27.000 individuos de cinco razas diferentes que habían participado en un estudio internacional INTERHEART (que analiza el impacto de los factores de riesgo cardiovascular en las distintas partes del mundo) y en otro prospectivo llamado FINRISK.

Primero, detalla Engert, «confirmamos la asociación de 9p21 con la enfermedad cardiovascular. Después, examinamos cómo afectaba la dieta en el gen 9p21». Para ello, se dividió a los participantes en cuatro grupos de menor a mayor riesgo genético y en cada grupo se aplicaron tres dietas (baja en fruta y verdura, moderada y rica en dichos alimentos).

Más verduras, menos infartos

Los resultados hablan por sí mismos. «Los individuos con alto riesgo genético que consumían una dieta rica en frutas y verduras tenían más o menos las mismas probabilidades de sufrir un infarto que aquellos con bajo riesgo genético», concluyen los autores de la investigación.

Concretamente, los que tenían una mutación en el cromosoma 9p21 y seguían una dieta pobre estaban predispuestos un 30% más a un episodio cardiaco. Con la dieta moderada, un 17%, y con una buena dieta, sólo un 2% por encima de aquellos sin riesgo genético (sin mutación). «Un porcentaje insignificante. Se puede decir que tienen las mismas posibilidades que alguien sin mutaciones», explica José Ordovás, director del laboratorio de Nutrición y Genómica del USDA-Human Nutrition Research Center on Aging de la Universidad de Tufts (EEUU).

«Cuando la dieta es la adecuada, la mutación se mantiene ‘apagada’, pero si una persona con riesgo genético se alimenta incorrectamente, fuma, bebe o es inactivo físicamente, entonces, su riesgo cardiovascular despierta y se multiplica», argumenta el doctor Ordovás.

Como recalca este especialista español, considerado como uno de los fundadores de la nutrigenómica, «este trabajo demuestra cómo siguiendo una simple dieta rica en frutas y verduras, se puede cancelar el efecto genético». Sonia Anand, una de las autoras de la investigación y epidemióloga en la Universidad de McMaster (Canadá), recuerda que sus conclusiones apoyan las recomendaciones en Salud Pública, centradas en «la ingesta de más de cinco porciones de fruta y verdura al día».

Esta relación entre genética y nutrición también se está estudiando en otras afecciones como obesidad, cáncer y, en general, enfermedades crónicas como la osteoporosis. Además, «estamos prestando atención a las enfermedades neurológicas, investigando cómo disminuir, por ejemplo la demencia o el Alzheimer, a través de la dieta», adelanta Ordovás, que en la actualidad está llevando a cabo un estudio con 50.000 personas para observar cómo interactúan los genes con la dieta y también con otros genes.

Los genes influyen en el metabolismo

Los condicionantes genéticos individuales influyen en el metabolismo
«El individuo se adapta a la dieta y ésta modula los genes»

Existen claras evidencias de que en el origen de la obesidad influye la genética del individuo, los factores ambientales, el estilo de vida, la forma de comer o la falta de ejercicio. Ésta es una de las conclusiones sugeridas por Alicia Gordillo, del Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

 La obesidad es el trastorno metabólico más frecuente en todos los países desarrollados y en los que aún están en vías de desarrollo. Si el límite es un 10 por ciento más que el del peso ideal obtenido con alguna de las fórmulas clásicas, el número de obesos supera el 30 por ciento de la población adulta. ¿Cómo se determina el origen de la obesidad en un individuo? «Usando criterios tan restrictivos como superar un índice de masa corporal (IMC) de 30, en España los datos recientes apuntan una frecuencia de la obesidad de aproximadamente un 12 por ciento, superando esta cifra a partir de los 40 años», ha explicado Alicia Gordillo, doctora en Ciencias Biológicas y especialista en Nutrición y Obesidad del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

«La mayoría de los esfuerzos por reducir la grasa corporal se centran en la reducción de la ingesta. Pero nuestro organismo se adapta a la restricción calórica, reduciendo el gasto energético y dificultando la pérdida de grasa corporal, como es bien conocido en los fracasos de las dietas de adelgazamiento. Existe una evidencia cada vez mayor de que el gasto energético es un importante modulador de la cantidad de tejido adiposo en cada individuo y que el organismo parece regular de modo individual la cantidad de grasa corporal almacenada».

A la pregunta de ¿cómo se pueden aplicar los últimos avances en Ciencias Biológicas en la prevención de la obesidad?, Gordillo ha señalado que «según la hipótesis del genotipo ahorrador, los mismos genes que ayudaron a nuestros ancestros a sobrevivir a hambrunas ocasionales se ven ahora confrontados por ambientes en los cuales hay abundancia de alimentos durante todo el año. Actualmente existen claras evidencias de que en el origen de la obesidad influye la genética de cada individuo y en gran medida factores ambientales, el estilo de vida, la forma de comer o la falta de ejercicio. Esto quiere decir que, aunque cada persona tiene unos condicionantes genéticos que pueden influir en el metabolismo, al final el individuo se adapta a la dieta y ésta modula los genes».

Gordillo ha enumerado los factores que pueden originar problemas de obesidad. «En la obesidad neurógena los individuos presentan alteraciones psíquicas de diversa índole y son incapaces de controlar su peso al estar afectado su sistema nervioso autónomo por un déficit de la secreción de transmisores que modulan las deposiciones de grasa de reserva. En casos de hipotiroidismo, hipogonadismo, hiperinsulinismo e hipercorticismo las glándulas del sistema endocrino presentan alteraciones que pueden determinar la aparición de obesidad».

Por otro lado, la obesidad yatrogénica está provocada por una ingesta excesiva de corticoides o antidepresivos. «Hasta ahora es poco frecuente, pero en los últimos años va en aumento debido al abuso de este tipo de medicamentos, sobre todo en personas propensas a incrementar sus niveles de grasa».

Obesidad hereditaria
Respecto a la obesidad hereditaria, Gordillo ha indicado que se ha establecido que en torno a un 30 por ciento de los casos tiene origen genético. Sin embargo, recientes investigaciones, indican que si bien muchos casos de obesidad tienen su causa en defectos genéticos, para que se manifieste dicha patología deben darse determinadas conductas, como vida sedentaria e ingesta excesiva de grasas, entre otros condicionantes. Por último, individuos predispuestos genéticamente, o por condicionamiento neural o psicológico, pueden desarrollar una obesidad de origen dietético.

Publicado en Dmedicina:
http://www.dmedicina.com/enfermedades/actualidad/el-individuo-se-adapta-a-la-dieta-y-esta-modula-los-genes