Los niños españoles bajan de peso en los últimos 4 años

El exceso de peso -sobrepeso y obesidad- en niños de 6 a 9 años ha descendido 3,2 puntos porcentuales en los últimos cuatro años al reducirse del 44,5 % al 41,3 %, según se desprende del Estudio Aladino 2015 de prevalencia de la obesidad infantil presentado hoy

EFE, por Ángel Díaz
comedorLos datos del estudio, elaborado por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan) del Ministerio de Sanidad, confirman la inversión de la tendencia del sobrepeso y la obesidad infantil en España lo cual representa “un paso adelante muy importante”.

Lo ha asegurado durante la presentación el responsable del estudio y secretario técnico del Observatorio de la Nutrición y de Estudio de la Obesidad de la Aecosan, Napoleón Pérez, quien, no obstante, ha insistido en que “no podemos relajarnos” ni “lanzar las campanas al vuelo” porque hay que seguir trabajando para que la tendencia continúe en descenso.

Diez mil escolares son los que han participado en este estudio, que refleja que la prevalencia del sobrepeso en este sector de la población es del 23,2 % y es similar en niños y niñas: 22,4 % en niños y 23,9 % en niñas.

En cuanto a la obesidad, la sufren el 18,1 % de la infancia estudiada y es ligeramente superior en los varones, ya que alcanza el 20,4 % en tanto que en las niñas es del 15,8 %.

Desde 2011 ha disminuido el sobrepeso del 26,2 % al 23,2 % y también ha bajado la obesidad aunque en este caso no es estadísticamente significativo.

El nivel económico y educativo influye

Pérez, quien ha recordado que este informe es la principal fuente de referencia en España sobre el exceso de peso en la infancia, ha asegurado que “son determinantes” el nivel económico y educativo de los padres ya que cuanto más pobres y menos estudios tengan, mayor es el sobrepeso y la obesidad de los niños.

De hecho, el porcentaje de niños con obesidad en familias con ingresos menores de 18.000 euros brutos anuales es del 54,8 % mientras que en familias con sueldos mayores o iguales a 30.000 euros es del 22,6 %.

Al asociar ciertos hábitos y situaciones sociales a una mayor prevalencia, el estudio, por ejemplo, señala que la de la obesidad es mayor entre los niños que declaran que no desayunan a diario -el 93 % sí lo hace- y entre los que tenían un tiempo de sueño inferior al medio (10,2 horas).

Lo mismo sucede con los que dedican dos o más horas diarias al ocio pasivo, el 29 % entre los que tienen obesidad y el 22 % los que tienen un peso normal.

deporteobesidadLos datos se han presentado durante la X Edición de la Convención de NAOS, una jornada científica organizada cada año por el Ministerio de Sanidad en la que se premian acciones que promocionan la alimentación saludable y la actividad física de diferentes agentes sociales, todos implicados en la lucha contra la obesidad.

En el acto, el secretario general de Sanidad y Consumo, Javier Castrodeza, ha insistido en que los datos constatan “que se está trabajando bien y que se está comenzando a invertir la tendencia”.

Además, el también presidente de la Aecosan ha subrayado que los objetivos del ministerio, cuando lanzó la estrategia NAOS en 2005, “parece que están dando sus frutos”.

Ha puesto el acento en que hay que llevar a cabo iniciativas para la reformulación de los productos y en dar una información más adecuada a los consumidores que facilite la adquisición de comidas más sanas.

Durante esta jornada se estrenará la nueva ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, que será la encargada de hacer entrega de los XI Premios Estrategia NAOS 2015.

La ciudad obesa que declaró la guerra a la obesidad

Oklahoma ha perdido 450.000 kilos de grasa gracias a la iniciativa de su alcalde, que primero acumuló peso y luego se embarcó en una cruzada por la vida sana y cambió la fisonomía de su ciudad

El País, por Ian Birrel
1478166139_873883_1478264798_noticia_fotogramaCuando Velveth Monterroso llegó a Estados Unidos desde su hogar en Guatemala, pesaba exactamente 63,5 kilos. Pero después de una década en Oklahoma había engordado casi 32 kilos y, a sus 34 años, tenía problemas de diabetes. Esta simpática mujer, madre de dos niños, es la prueba viviente de que la cultura de la obesidad es la maldición del país más rico del mundo. “En Guatemala es raro ver gente con sobrepeso, pero aquí es todo lo contrario”, dice. “Lo percibí en cuanto llegué”.

Nada más llegar a Estados Unidos empezó a engordar: una media de tres kilos al año. En Guatemala comía mucha verdura porque la carne era cara. Pero en su trabajo de cocinera en un restaurante de Oklahoma City, de ocho de la mañana a once de la noche, solía saltarse el desayuno y la comida mientras pasaba el día picoteando trozos de pizza y de hamburguesa. De vuelta a casa en el coche solía recurrir a la comida rápida porque tenía hambre y estaba agotada tras deslomarse durante 15 horas sobre una parrilla al rojo. Si ella y su marido Diego –también cocinero- no paraban antes en algún sitio, solían zamparse lo que encontraran en casa, en lugar de preparar algo decente.

Su estilo de vida no se volvió más saludable tras dejar de trabajar hace ocho meses, cuando tuvo a su segundo hijo. Estaba cansada y su familia la animó a que tomara mucho atole –una bebida dulce a base de maíz, muy popular en Centroamérica- para recuperarse durante la lactancia de su nueva criatura, Susie. El nivel de azúcar en su cuerpo se disparó, y además de obesa se volvió pre-diabética.

La vida de Velveth cambió –y se salvó probablemente- cuando llevó a Susie a una revisión médica y entró en un programa para poner freno a la obesidad. Ahora toma comida rápida solo una vez por semana, se hace más verdura, ha reducido el número de tortillas en el almuerzo y sube y baja todos los días, durante veinte minutos, un tramo de escaleras. Aunque todavía tiene sobrepeso, en cuatro meses ha perdido 7 de esos kilos que ha cogido en Estados Unidos. “Todos mis amigos están impresionados”, me dice con una sonrisa. “Siento que ahora tengo mucha más energía. Puedo hacer la compra y la colada, y bañar a la niña, y no me canso ni la mitad que antes”.

Velveth se ha beneficiado de un empeño extraordinario en frenar la obesidad, pues Oklahoma City ha declarado la guerra a la gordura. Primero el alcalde —al darse cuenta de su propia obesidad mientras una revista identificaba a su ciudad natal como una de las de mayor sobrepeso en América— retó a sus ciudadanos a perder entre todos 450.000 kilos (un millón de libras). Pero ese objetivo era solo el comienzo: este veterano político republicano se enfrentó a la cultura del coche que define el país y pidió a la gente que apoyara una subida de impuestos para financiar una reforma de la capital del estado que tuviera más en cuenta a las personas.

Esto dio lugar a una increíble variedad de iniciativas, entre ellas la creación de parques, aceras, carriles bici y paseos panorámicos a través de la ciudad. En cada colegio se está haciendo un gimnasio. Con el acento puesto siempre en el ejercicio, los responsables de la ciudad invirtieron 100 millones de dólares en crear el mejor complejo de remo y kayak del mundo en una ciudad del Medio Oeste sin ninguna tradición en estos deportes. Se anima, en sus casas y en el trabajo, a la gente con sobrepeso a que cambie su estilo de vida, mientras se estudian las estadísticas para identificar los distritos con los peores datos de salud y así destinar allí recursos para cambiar los hábitos.

Es un experimento excepcional por su ambición, su envergadura y su coste, que lo sitúan más allá de cualquier tentativa en cualquier otra ciudad americana por combatir la gordura. La batalla se está haciendo con —y no contra— los fabricantes de comida rápida y refrescos, confiando en la persuasión en lugar de la coacción, a través de impuestos a los azúcares y la proscripción de la soda. La ciudad ha sido bautizada como el “laboratorio de la vida sana”. Pero lo que hace del experimento algo tan extraordinario es que se lleve a cabo precisamente en Oklahoma.

Y es que la ciudad es uno de los entornos urbanos más extensos del país, con un área de 1.000 kilómetros cuadrados, lo que implica que sus 600.000 residentes dependan por completo del coche. Hay tantas autopistas que bromean con que “te pueden poner una multa por velocidad en hora punta”. No es ya que la ciudad no tuviera un solo carril bici, es que era famosa por albergar la mayor concentración de sitios de comida rápida de América, con 40 McDonald’s entre otros muchos establecimientos. Está asentada en un estado al que se ve como un territorio de vaqueros lleno de okies —como se conoce a los que viven allí— ultraconservadores, retratados para la posteridad en Las uvas de la ira, la novela de los años 30 de John Steinbeck sobre los granjeros pobres que tuvieron que emigrar a causa de las sequías y la pobreza. La economía volvió a desplomarse en los años 80, en plena crisis energética, con cierres de bancos y otra generación de desplazados. Luego vino el espantoso atentado de 1995 que mató a 168 personas.

El hombre que está detrás de esta transformación es Mick Cornett, un ex locutor deportivo de televisión que fue elegido alcalde en 2004. Tres años después, hojeando una revista de fitness, se enteró de que su ciudad tenía el discutible honor de ser la de peores hábitos alimenticios en Estados Unidos y ocupaba uno de los primeros puestos en una lista de las poblaciones más obesas del país. Al mismo tiempo, tras consultar sus propios datos en una web del Gobierno, tuvo que aceptar a regañadientes que sus 100 kilos de peso le convertían en un obeso.

“Esa lista me afectó como alcalde, y cuando me subí a la báscula me afectó personalmente. Siempre he hecho ejercicio y recuerdo haber pensado que no tomaba nada entre comidas, aunque consumía 3.000 calorías al día. En tu condición de alcalde, la gente siempre quiere reunirse contigo, así que era normal tener un desayuno de trabajo, luego una comida con alguien y alguna recepción para la cena. Y en medio puede haber diversas actividades con aperitivos y dulces”.

Cornett reaccionó y empezó a controlar lo que comía y a perder peso. Hoy pesa 18 kilos menos. Pero también se puso a darle vueltas al asunto, preguntándose por qué EE UU vivía ajeno a un problema de esas dimensiones. Por fin se dijo que la explicación estaba en que nadie tenía una solución real para esta crisis. Al mismo tiempo, el alcalde empezó a mirar con otros ojos la cultura y las infraestructuras de su ciudad, y vio hasta qué punto la dependencia del coche había alejado a las personas del disfrute del entorno urbano.

El primer paso fue lanzar un reto a los ciudadanos: que se pusieran, como él, a dieta. Haciendo gala de su talento para la publicidad tras 20 años en televisión, anunció que quería hacer perder a Oklahoma City 450.000 kilos. Lo hizo delante de las instalaciones de los elefantes en el zoo local, en Nochebuena, consciente de la atención que los medios dedicaban a la dieta en los días posteriores a los excesos de las fiestas. Convenció a un magnate de la salud para que financiara una página web informativa llamada This City Is Going On A Diet (Esta ciudad se pone a dieta) y se sintió aliviado al ver, en los días sucesivos, que los periódicos locales apoyaban su campaña y los medios nacionales la elogiaban en vez de reírse de los gordos okies.

Las iglesias organizaban clubes de running, las escuelas analizaban los menús, las empresas celebraban competiciones para perder peso, los chefs en los restaurantes competían por ofrecer platos saludables. Y, lo más importante para el alcalde, la gente de la ciudad hablaba de un problema que se les había empezado a ir de las manos. Aproximadamente uno de cada tres adultos en Oklahoma es obeso, mientras que el estado se encuentra entre los que consumen menos fruta y tienen una esperanza de vida más baja de todo el país. La tasa de diabéticos casi se ha doblado en diez años. Y quizá lo más alarmante sea que más de la quinta parte de los niños entre 10 y 17 años sufre de obesidad y casi un tercio de los niños en edad preescolar tiene sobrepeso.

La doctora Ashley Weedn, directora médica de una clínica especializada en obesidad infantil abierta hace tres años en Oklahoma City, me dijo que veían casos ‘increíbles’ de niños de cuatro años con el colesterol alto. Algunos chavales, solo en refrescos, consumían una cantidad diaria de azúcar cinco veces mayor de la aconsejable. “Incluso nos encontramos con niños de 6 años con los mismos problemas en las articulaciones que suelen padecer las personas mayores por la tensión que soportan sus piernas. Podrían tener que operarse, pues la presión en los huesos produce un crecimiento anormal que a menudo deforma las piernas”.

A pesar de algunas críticas de los médicos, Cornett decidió desde un principio trabajar con la industria alimenticia. Así que el sector de los refrescos patrocina los programas de salud para combatir la obesidad, y el alcalde se fotografió con el dueño de Taco Bell en uno de los locales de la cadena para hacer publicidad del menú bajo en calorías. De hecho, tiene en su despacho uno de los diseños promocionales y me lo mostró orgulloso al recibirme. “Incluso cuando estaba perdiendo peso solía ir a algún restaurante de comida rápida, aunque solo me tomara un burrito de alubias sin crema agria”, me dijo. “No podía impedir que le gente acudiera a esos sitios, pero sí podía intentar que fuera más razonable con lo que pedía. No puedes cambiar de arriba abajo lo hábitos de la gente”.

En enero de 2012, la ciudad logró perder los 450.000 kilos propuestos por el alcalde: las 47.000 personas que se habían apuntado al reto perdieron una media de 9 kilos cada una. Un logro admirable en una campaña que demostraba su inteligencia para movilizar a la gente. Pero a pesar de toda la publicidad, la ambición de Cornett iba mucho más allá de esa hazaña: ahora quería rehacer su metrópolis, remodelarla para la gente y no para los coches. O, como él dice, “devolver la comunidad a la comunidad”. Y aunque ahora se le vea como un visionario urbano, no tiene problema en admitir que al principio no había ningún ‘gran plan’.

Oklahoma City no ha dejado de expandirse desde que se fundó por medio de un “acaparamiento de tierras” en 1889, cuando miles de colonos salieron a la carrera para marcar su territorio. Como la mayoría de las ciudades de Estados Unidos, está atravesada por el estruendo de autopistas de varios carriles y diseñada para los coches. Apenas se tuvo en cuenta ni a los peatones ni a los ciclistas, y había pocas aceras y ningún carril bici. Cuando Cornett inició el primero de sus cuatro mandatos –todo un récord- como alcalde en 2004, la ciudad estaba todavía reponiéndose del colapso financiero de los años 80. Tuvo la suerte de heredar el legado de un predecesor que ya había comprendido la necesidad de crear un entorno más agradable para vivir, un lugar que atrajera a las familias y a los trabajadores, para lo cual  había construido un nuevo canal y recintos deportivos.

Lo que le animó a actuar fue, en cierto modo, otra de esas listas que tanto gustan a las revistas, donde su ciudad natal resultaba ser la peor de todo el país para caminar. Cornett se puso en contacto con un experto en planificación llamado Jeff Speck, que llevó a cabo un estudio de la ciudad donde se concluía que tenía el doble de las carreteras necesarias. La consecuencia fue el desmantelamiento de su sistema de carriles de sentido único, que fomentaba la conducción rápida, y la puesta en marcha de un proyecto para instalar cientos de kilómetros de aceras, parques, árboles, carriles bici, complejos deportivos y aparcamientos en la vía pública con el fin de crear una ‘barrera de acero’ entre el ruido de las autopistas y los transeúntes.

La escala impresiona. El corazón de la ciudad se está hoy reconstruyendo, mientras lo siguiente va a ser la creación de un parque central de 30 hectáreas, pues, como demuestran varios estudios, la gente hace más ejercicio si cerca hay zonas verdes. “La mala salud americana es un problema de diseño urbano”, sostiene Speck, autor de un libro llamado Walkable City (Ciudad “caminable”). “El descuido en ese aspecto ha sido como un gran agujero negro. Los datos demuestran que la salud física y la obesidad dependen mucho más del ejercicio que de la dieta. Pero lo que hace de Oklahoma un caso excepcional es su disposición a invertir de un modo desinteresado, y por eso está en boca de todos”.

Cornett calcula que unos 3.000 millones de dólares proceden de fondos públicos, y que el sector privado lleva las riendas del renacimiento de la ciudad con una inversión cinco veces mayor. Había, por ejemplo, un solo hotel, y casi en las últimas, en el centro al comienzo del nuevo siglo: hoy hay quince, y no es fácil encontrar habitación sin reserva. Lo más increíble es que los habitantes votaron el pago de esta remodelación a través de una subida de un 1% del IVA, lo que supone un ingreso de 100 millones de dólares anuales. Otros fondos se deben a un acuerdo con las tabacaleras y al aumento de los ingresos procedentes de los impuestos sobre el patrimonio, ya que mucha gente y muchas empresas han vuelto a la ciudad. Oklahoma City tiene ahora mismo una de las tasas de desempleo más bajas del país, lo que desmiente todos los tópicos rancios de Las uvas de la ira.

La mayor sorpresa de este cambio de imagen se encuentra a solo unos minutos de Bricktown, el distrito de ocio de la ciudad, donde se ha construido, en el corazón del Medio Oeste, una de las mejores instalaciones de remo del mundo. Esta es una ciudad de la que incluso el jefe de gabinete del alcalde dice que era un sitio “horrible” en su infancia. Pero lo que en su día fue un cauce seco entre zanjas ruinosas que era mejor evitar por la noche, hoy es un brazo de agua de 5 kilómetros, bordeado de un paisaje  frondoso, embarcaderos de aspecto futurista, carriles bici y reflectores.

Según Shaun Caven, un escocés de 47 años que capitaneó el equipo de Gran Bretaña ganador de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2008 antes de afincarse en Oklahoma City, donde dirige el embarcadero, estas serán las mejores instalaciones del mundo cuando se termine su circuito de aguas rápidas, cuyo coste es de 45 millones de dólares. Hay incluso un espacio para entrenar en altitud en uno de esos embarcaderos de nueva tecnología. “La gente creía que estaba loco cuando me trasladé aquí. Me decían que no había agua, porque la sensación es la de un paisaje árido”, dice Caven. “Pero me gustó el que no hubiera tradición, y tambén la oportunidad de empezar algo de cero”.

El río no es en absoluto patrimonio de los ricos: gente con sus canoas y grupos escolares con sus barcos dragón comparten el agua con los equipos olímpicos americanos que entrenan bajo el sol abrasador. Se está haciendo un gran esfuerzo para atraer a personas de todos los estratos sociales: 50 empresas se han unido a una liga de remo corporativa, mientras que ocho institutos locales tienen sus propias embarcaciones. Entre los que allí conocí estaba Bob Checorski, un hombre de 76 años que sudaba a mares tras haber remado nada menos que 11.000 metros, y que me dijo que había empezado seis años antes tras perder su abono gratuito para el gimnasio del trabajo. “Lo hago más para relajarme que por competir, aunque gané una medalla de plata en una carrera por parejas al poco de apuntarme, con un tipo que se había sometido a una operación a corazón abierto”, me dijo. “Ahora simplemente vengo y me divierto”.

Pero las instalaciones deportivas de lujo, los bonitos parques y las agradables aceras tienen un alcance limitado en la lucha con la obesidad rampante. Mucha gente necesita estímulos, ayuda e incluso un empujón para cambiar un estilo de vida que puede ser fatal. Y Oklahoma tiene algunas de las tasas de mortalidad más altas de Estados Unidos. Así que hace seis años la ciudad empezó a analizar todos los datos disponibles para encontrar sus códigos postales menos saludables, y descubrió que en algunas zonas desfavorecidas el riesgo de morir de un derrame o de una enfermedad cardiovascular es cinco veces mayor que en las zonas más acomodadas. De modo que se reorientó la inversión hacia las zonas más necesitadas.

“La obesidad está detrás de casi todas las enfermedades crónicas que padecemos en Oklahoma”, dice Alicia Meadows, directora de planificación y desarrollo en el Departamento de Salud de Oklahoma City-County. “Creemos que destinando los recursos necesarios a las áreas con mayores desigualdades en el reparto de la riqueza es como se puede ayudar más”. Tienen un equipo de ocho miembros que acuden a mercados y eventos deportivos, y que incluso van casa por casa en aquellas zonas donde los datos señalan que la gente está más necesitada de ayuda. “Dejamos claro que no queremos ver sus papeles. Ya sabemos que muchos no tienen documentación. Pero su salud influye en la salud de la ciudad”.

Estos funcionarios proceden de las mismas comunidades que quieren cambiar. Uno de ellos, una madre de dos niños con un pasado de pobreza en México, me dijo que antes no sabía nada de nutrición. Ahora ha perdido 30 kilos y se ha apuntado a kickboxing. Estuve observando a Dontae Sewell, otro converso, dirigir una clase de ‘Bienestar Total’ en una biblioteca, riéndose de la época en la que zampaba hamburguesas en las barbacoas al tiempo que iba explicando el concepto de comida saludable. “Si tus amigos te quieren, van a seguir visitándote aunque les pongas solo verdura”, me dijo.

Era una clase alegre, con muchas bromas y aquí y allí algún sermón y algún consejo sobre cuándo, qué y dónde comer. Los alumnos, veintidós mujeres y un hombre, tenían casi todos sobrepeso, y alguno estaba claramente obeso. Entre todos habían perdido 90 kilos en cinco semanas. “Queremos conocer a nuestros nietos”, me dijo más tarde una madre de mediana edad. Sewell, con una gruesa cruz de plata al cuello, preguntó a sus alumnos cuántos de ellos comían en sus mesas. Solo cuatro levantaron la mano. Luego preguntó cuántos sitios de comida rápida se encontraban en el camino del trabajo a casa. “Unos veinte”, le contestó una mujer. “Demasiados”, dijo otra, riéndose. “No seáis muy duros con vosotros”, les dijo Sewell. “Se trata solo de pequeños cambios y de crear nuevos hábitos”. Después me confesó que a la larga solo un tercio de ellos se mantenían fieles a su nuevo estilo de vida.

La ciudad ha edificado también ‘Campus de Bienestar’ en su zonas más deprimidas, el primero en una zona de mayoría afroamericana de bajos ingresos, al noreste de la metrópolis. El flamante edificio –equipado con clínicas, salas de reuniones y cocinas para hacer demostraciones- se asienta en una zona verde salpicada de carriles bici y senderos. Los pacientes de esta asociación a la vez privada y pública consultan a expertos de todo tipo sobre cuestiones que van desde la nutrición hasta la violencia doméstica, y se llevan a casa prescripciones para comida y muy pronto también para zapatillas de correr y camisetas. El equipo de fútbol local está construyendo su campo de entrenamiento junto al campus para animar a la gente a practicar deporte.

No hay duda de que Oklahoma City y su alcalde merecen un reconocimiento por su lucha contra la obesidad, una inspiración para un país tan dependiente de los automóviles,  en el que dos tercios de la población adulta tiene problemas de sobrepeso. En el peor de los casos han hecho de la ciudad un sitio más agradable para vivir, algo muy importante teniendo en cuenta la lucha de unas urbes con otras por atraer jóvenes profesionales y crear oportunidades de trabajo. Pero la cuestión es si esfuerzos tan audaces y de tanto alcance como este pueden tener un impacto real en un problema de salud formidable, que mata, innecesariamente, a tanta gente en el mundo. Ahí está el artículo publicado en Lancet que analizaba tres décadas de obesidad mundial y cuya conclusión era que ninguno de los 188 países estudiados había logrado revertir una situación que empeora con cada día que pasa.

Hay algunas buenas señales, aunque Cornett no se hace ilusiones. “Lo único que digo es que creo que vamos en la dirección correcta”. Es escéptico sobre los datos de obesidad, pero los indicadores de salud parecen darle la razón. En las zonas con ingresos más bajos y los índices de diabetes y de problemas de presión sanguínea más altos y más funestos, han logrado reducir algunos indicadores clave entre un 2 y un 10% en los últimos cinco años. Aunque los hombres de Oklahoma viven casi seis años menos que la media nacional, la ciudad ha experimentado un descenso del 3% en la tasa de mortalidad. Y, sin embargo, a pesar de que el ritmo es ahora más bajo –de un 6% a un 1% anual-, la obesidad, tristemente, sigue creciendo.

No es extraño que muchos expertos comparen esta batalla con el movimiento antitabaco, que necesitó de muchas años de activismo, educación y regulaciones para cambiar un comportamiento arraigado en la sociedad. Lo tuve muy claro la noche antes de dejar Oklahoma City, mientras comía en un restaurante recomendado por la oficina de Cornett. Después de un magnífico plato de pasta, me ofrecieron el postre y elegí “helado de nuez tostada bañado en crema de chocolate”. El camarero me dijo que era una buena elección y me preguntó si lo quería en tamaño “béisbol, softball o voleibol”. Pedí el más pequeño: estaba delicioso y llenaba mucho. ¿Un restaurante elegante ofreciendo una bola de helado de “tamaño voleibol”? Como bien dice Cornett, no es nada fácil cambiar las costumbres en la lucha contra la obesidad.

Este artículo apareció primero en Mosaic y se publica aquí gracias a una licencia Creative Commons.

 

Comer de ‘tupper’ nos acerca a la jornada laboral europea

Saber Vvivir de TVE

Entorno a la fiambrera existen muchas prácticas que no son del todo correctas. Algunas personas cometen el error de pensar en ella como un plato único y por tanto más contundente, es decir calórico, otros la llenan con las sobras de la cena por ser más cómodo y también hay quien prefiere tirar de pasta y legumbres que son más rápidos de preparar. Además, a menudo se olvida llevar fruta o algún tentempié para las horas entre comidas, etc.
Con el fin de sacarnos de dudas, los expertos en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) han elaborado un esquema de menú de fiambrera equilibrado, variado y saludable para toda la semana, con opción hipocalórica en aquellos casos donde se propone perder peso.
En este programa de Saber Vivir de TVE interviene Rubén Bravo, portavoz del IMEO y experto en nutrición, quien destaca las ventajas de la fiambrera de cara a la jornada laboral y sugiere algunas opciones que nos ayudarán a desarrollar y mantener hábitos alimenticios saludables. Para ver el video, pulsa play.

Por qué comemos más cuando estamos ansiosos

Las emociones están relacionadas con impulsos básicos y comer es uno de ellos
La Vanguardia

comer-por-ansiedadlavanguardia-webUn examen, hablar en público o una entrevista de trabajo son situaciones que activan las alertas. Cuerpo y mente se ponen en tensión y, según la personalidad, los nervios afloran con mayor o menor intensidad. Y a menudo se manifiestan de formas indeseables que nos predisponen al ridículo, al agotamiento, a la obsesión o al desorden alimentario.

Un estado moderado y manejable de nervios es bueno y normal. “Nos permiten tener una conducta más diligente, a poner más atención en las cosas, a estar más concentrados y despiertos”, indica Antonio Cano, catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS).

Ansiedad y malos hábitos alimentarios

Pero cuando la reacción sobrepasa la normalidad, entramos en el terreno de la ansiedad. “La ansiedad surge ante una situación en la que puede haber un resultado negativo”, señala el experto. “Conlleva un malestar psicológico que, a su vez, nos empuja a estudiar más, pero también aparecen pensamientos de amenaza que impiden la correcta preparación que buscamos”.

“A nivel cognitivo nos sobreactivamos sin límite y pensamos en cosas que nos alarman y que impiden nuestra concentración”, añade. Un bucle.

Temor, inseguridad, preocupación, dificultar para tomar decisiones o miedo son algunas de las manifestaciones de la ansiedad. Señales que a menudo traspasan los límites de la mente y se trasladan al cuerpo: entonces es cuando sudamos, fumamos más, nos mareamos, podemos sufrir jaquecas, el corazón se acelera, nos cuesta respirar y… comemos sin límite o se nos cierra el estómago.
La estampa cinematográfica y televisiva del recipiente de helado gigante devorado en el sofá, frente al televisor, es el resultado de un estado de estrés y ansiedad. “En la mayoría de casos un exceso emocional conlleva sobreingesta”, afirma el profesor Cano. Y normalmente de comida nada saludable.

“En general, las emociones están relacionadas con impulsos básicos como la alimentación, el interés por el ejercicio físico, el sueño o el sexo”. El estrés genera ansiedad, irritabilidad, depresión, insomnio y cambios de peso y de alimentación.

Los trasiegos con la comida abren la puerta a dos abismos: la obesidad y los trastornos de la conducta alimentaria (TCA, básicamente anorexia y bulimia). La primera se ha extendido con demasiada facilidad en los últimos años, y no siempre como respuesta a la ansiedad.

Sin embargo, las personas obesas no son ajenas al malestar. “Es muy probable que los obesos presenten altos niveles de ansiedad y depresión, estados mucho más acentuados en las personas con TCA”, apunta el especialista.

El poder de los genes

Las personas perfeccionistas también andan al borde de la ansiedad. Sin tener que llegar a caer en los TCA ni la obesidad, pueden sufrir cambios de peso y de alimentación bajo determinadas circunstancias.

Nuestra configuración genética nos llevará a comer en exceso o a dejar de hacerlo: “las características biológicas no cambian a lo largo de la vida”, asegura Antonio Cano. Hay quien tiende a ganar peso y hay quien tiende a no hacerlo, punto.

De todas formas, estudios recientes están observando cómo, a nivel genético, metabolismo y desórdenes relacionados con la ansiedad están conectados. Comparten mecanismos de activación, lo que podría abrir una vía para tratarlos desde la terapia génica.

Mientras los nuevos tratamientos no llegan, la rotundidad del profesor Cano no es inmutable. “El metabolismo no es el culpable de todo”, sostiene. El entorno en el que vivimos y nuestra conciencia permiten contrarrestar y, si es necesario, corregir los malos hábitos adquiridos, los espontáneos y las obsesiones enfermizas mediante la terapia cognitivo-conductual.

Todo esto puede hacer que le echen del gimnasio

Las salas de entrenamiento tienen sus propios códigos, que conviene conocer si no quiere ganarse el desprecio del resto de socios y una amonestación del personal

El País, por Rosalía Quintana Martín

Lo que no hay que hacer en el GymSi pisa regularmente un gimnasio, sabrá que es un ecosistema singular en el que la gente se comporta con ciertos vicios adquiridos, unos agradables y otros no tanto. Lo que en cualquier otro lugar es un pequeño detalle sin importancia, aquí puede ser un gesto de cierta trascendencia, que atente contra el orden y la armonía deseables en estos recintos llenos de aparatos y gente ligera de ropa, sudorosa y jadeante. Vamos, que si de vez en cuando recibe miradas de reprobación de otros clientes —cuando no una amonestación verbal— quizá es que está cometiendo (sin darse cuenta, claro, claro) alguna de estas imperdonables tropelías, enumeradas por BuenaVida+.

1. Dejar las mancuernas en cualquier parte

Organizadas a pares por su peso (de forma creciente) en prácticos soportes, dejarlas en el suelo a la buena de Dios puede alterar la rutina de los demás, que tendrán que dedicar parte de su tiempo a buscarlas. Peor aún cuando son de esas a las que uno va añadiendo y quitando peso a voluntad. “Dejar las mancuernas limpias de peso sería lo ideal, ya que hay pesos que no puede levantar todo el mundo”, dice Leticia Fernández, entrenadora de centros Holiday Gym. ¿Adivina quién se encarga de que las pesas vuelva a su posición original? En efecto, el entrenador. Y solo los entrenadores personales lo asumen como parte de su cometido. “Así el cliente no tiene que preocuparse al finalizar la sesión de entrenamiento”, dice Jorge Martín Brañas, entrenador de la Clínica Imeo (Madrid).

2. Gruñir y gritar al levantar peso

Los “aarrrgh” y “uughhh” que resuenan en la sala, proferidos generalmente por tipos empeñados en levantar muchos kilos, sobresaltan al resto de clientes. “Es una reacción natural, pero puede molestar y desconcentrar a otros usuarios”, explica Leticia Fernández. A la hora de enfrentarte a grandes pesos, avise al monitor. “Él se encargará de estar pendiente para hacer lo que se llama ‘ayuda’, sujetando la barra en determinados momentos para evitar el sobreesfuerzo y que estos ruidos tan molestos no se produzcan”, aclara Martín.

3. Descansar sentado en el aparato

“Como lo normal es descansar entre series, la gente se queda sentada consultando sus redes sociales en el móvil, lo que impide que otra persona use la máquina durante esos minutos”, comenta Leticia Fernández. “Lo más productivo sería alternarse con otro usuario y que mientras uno descanse el otro se ejercite”, añade.

4. Hacerse selfies imprudentes

Los asiduos a inmortalizarse con la camiseta remangada aprovechando los espejos deben asegurarse de que nadie más sale en la foto. “En vez de usar aplicaciones que ayuden en tu rendimiento, mucha gente utiliza el móvil para hacerse fotos en el espejo, sin pararse a pensar que puede haber gente reflejada en él a la que no le haga ninguna gracia salir”, indica Jorge Martín. Que su cara congestionada salga en un post de Instagram con cientos de likes no es agradable. Y si el selfie es en el vestuario y le pilla en el momento en que se quita la toalla… peor aún.

5. Cascar por el móvil

En el caso de que tenga una conversación urgente, salga fuera de la sala de ejercicio. Los expertos coinciden en que el rato que pasamos en el gimnasio debe ser un momento de desconexión. En las clases colectivas es imprescindible poner el móvil en silencio: “Si se interrumpe, el resto de alumnos puede desconcentrarse o perderse las instrucciones del monitor”, explica Leticia Fernández.

6. Escoger una cinta al lado de otro corredor

Si todas las cintas de correr están vacías excepto una, y vas usted y se pone en la más cercana a la ocupada, el otro usuario te mirará enojado, como preguntándose por qué quiere estar tan cerca de él o por qué ha decidido salpicarle con su sudor. En opinión de Leticia Fernández, “entrenar es algo muy personal y por eso necesitamos sentirnos cómodos y relajados. Si alguien invade tu espacio de entrenamiento seguramente no tenga consecuencias sobre el ejercicio, pero no lo disfrutas al cien por cien, que es uno de los objetivos del deporte”.

7. Poner música sin auriculares

Vale, la música hace los entrenos más llevaderos. “Puede motivarte según el tipo de ejercicio: por ejemplo, si voy a hacer estiramientos, te ayudará una música relajada”, afirma Martín. Pero, a no ser que esté solo en la sala, unos auriculares molones son la solución: los demás no tienen por qué sufrir su afición por el reggaetón. Y si no, disfrute de la música de ambiente. “Está pensada para que acompañe el entrenamiento de los deportistas”, explica Leticia Fernández.

Recetas light de Halloween

Aunque no es parte de la tradición criolla, el Día de los Muertos Vivientes se ha adoptado como excusa para disfrazarse y disfrutar de comidas que se salen de la rutina

EFE, El Tiempo.com.ve

Ideas para un Halloween más saludable

Disfrutar de los disfraces y las comidas que se preparan para celebrar la víspera del Día de Todos los Santos, o la fiesta de Halloween, es una que se ha adoptado de otras tradiciones y ha ganado terreno en la cultura criolla.

Películas de miedo, creativos disfraces y fiestas se organizan para disfrutar con licores y chucherías de la noche del 31 de octubre. Pero las comidas muy calóricas y la ingesta excesiva de alcohol traen consecuencias negativas, especialmente para aquellas personas que ya tienen un antecedente de diabetes, hipertensión, colesterol alto u obesidad, explica Rubén Bravo, experto universitario en nutrición y gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (Imeo), España.

Según este especialista, ese consumo excesivo de comidas y bebidas calóricas y poco nutritivas puede acabar en problemas digestivos, como náuseas, vómitos, inflamación abdominal, gases, estreñimiento o diarrea, acidez y pesadez estomacal.

En su opinión, el principal problema no radica tanto en la comida en sí, sino más bien en el enorme consumo de dulces, y su combinación con el alcohol”.

Bravo considera que es posible preparar platillos atractivos y saludables para tentar, especialmente, a los niños y mantener el tema de esta fiesta. Da algunas recomendaciones:

-“Debemos concentrar los excesos sólo en esas horas de la noche de Halloween y no consumir los dulces sobrantes el resto de la semana”.

-“Sustituya bebidas azucaradas y/o con cafeína, por divertidos batidos naturales de frutos rojos con jugo de naranja en forma de ‘bebida de Drácula’”.

-Al día siguiente debe realizar una dieta muy saludable y ligera, a base de alimentos frescos y poco grasientos como verduras y pescados. “Evite cocinar muy condimentado o guisado para limpiar el organismo de los excesos de la fiesta”.

Recetas “de miedo”

Para sustituir los dulces, Bravo aconseja “combinar la repostería saludable y las frutas”. Hace para ello algunas propuestas.

-Escoba de bruja.
Enrolle una lonja de queso y corte verticalmente desde abajo hasta formar hebras. Inserte en el extremo superior un palito de pan o “señorita”.

-Cambures fantasmales
Corte los cambures a la mitad, sumérjalos en jugo de naranja y rocíelos con coco rallado, colocando pasas o gotas de chocolate a modo de ojos, e inserte un palillo de madera en la parte de abajo para facilitar la degustación.

-Calabazas de arroz
“Estas originales bolitas se hacen con arroz cocinado en jugo de zanahoria para que adquieran un tinte anaranjado. Para ‘dibujarles’ los ojos y la boca se utilizan aceitunas negras cortadas con estas formas, mientras que para el tallo de la calabaza se utilizan aceitunas verdes”, explica.

-Batatas “de terror”
“Corte unas rodajas finas de batata (la anaranjada) para que se cocinen más rápido (unos 10 minutos). Una vez listas, talle con un cuchillo los rasgos tradicionales de las calabazas de miedo y, posteriormente, cocínela al horno para conseguir ese efecto crujiente que tanto gusta a los niños”, señala Rubén Bravo.

Cuidado
“Durante Halloween se consume gran cantidad de alimentos con abundantes grasas, azúcares, harinas refinadas, así como alcohol”, señalan desde el Imeo. “Si posteriormente se vuelve a los hábitos saludables, tanto en la actividad física como alimentaria, sobre todo las personas que habitualmente están en un peso normal, poco a poco en 1 o 2 semanas el cuerpo volverá a regularizarse”, tranquiliza el nutricionista Bravo.

Saboreando halloween sin calorias

Diario de León, por R. Segura

Healthy Fruit Halloween Treats made into Banana Ghosts and Clementine Orange Pumpkins
Healthy Fruit Halloween Treats made into Banana Ghosts and Clementine Orange Pumpkins

Niños y adolescentes, pero también cada vez más jóvenes y adultos, disfrutan en las casas, calles, discotecas y salas de fiesta, de los juegos, disfraces, bailes, espectáculos, filmes y actividades que se desarrollan en torno a la víspera de Todos los Santos. Otro de los grandes motivos de disfrute en esta particular jornada en la que la muerte, el miedo y el más allá se dan la mano con la diversión, las risas y los festejos, son las comidas, bebidas y golosinas muy calóricas, que se consumen a menudo en abundancia y sin controL.

Si no prestamos atención a lo que ingerimos, la ‘Noche de Brujas’ puede aportar a nuestro organismo una enorme cantidad de ‘monstruosas calorías’, provenientes de comidas muy energéticas y poco nutritivas que, ‘por arte de magia’, nos harán aumentar de peso y nos provocarán malestar digestivo, de acuerdo al Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). «Durante Halloween los niños, jóvenes e incluso los adultos pueden consumir una gran cantidad de alimentos con abundantes grasas, azúcares, harinas refinadas, así como alcohol», confirma Rubén Bravo, experto universitario en nutrición y gastronomía del IMEO.

Según este experto, ese consumo excesivo de comidas y bebidas calóricas y poco nutritivas puede acabar en problemas digestivos, como nauseas, vómitos, inflamación abdominal, gases, estreñimiento o diarrea, acidez y pesadez estomacal. «Los menores suelen consumir una media de 7.000 calorías diarias en Halloween”, explica Bravo, quien insiste en que el principal problema no radica tanto en la comida en sí, sino más bien en el enorme consumo de dulces, y en el caso de los adolescentes, su combinación con el alcohol. Por eso propone diversión, sí, pero controlada en todas las edades.

Comidas sanas para la ‘oficina’

306_lznn_fotonoticia_20161016081452_640Sin embargo, no todas las personas preparan sus ‘tupper’ de forma correcta, ya que, tal y como ha comentado el portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo, algunas cometen el error de pensar en ellos como un plato único, más contundente y calórico, otros los llenan con las sobras de la cena y otros sólo comen pasta o legumbres.

Cada vez más españoles comen ‘tupper’ durante su jornada laboral, una costumbre ya arraigada en otros países europeos y que permite desarrollar hábitos alimentarios saludables, ahorrar de forma considerable y economizar el tiempo que se pasa en el trabajo. Sin embargo, no todas las personas preparan sus ‘tupper’ de forma correcta, ya que, tal y como ha comentado el portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo, algunas cometen el error de pensar en ellos como un plato único, más contundente y calórico, otros los llenan con las sobras de la cena y otros sólo comen pasta o legumbres. Con fin de ayudar a la población a preparar menús equilibrados, variados y saludables para toda la semana, los expertos de IMEO han elaborado un menú para cada día.

«En primer lugar, damos opciones para aquellas personas que simplemente quieren comer saludablemente. Como un segundo paso, ofrecemos una alternativa en la que, a través de una pequeña modificación, se adapta el plato para aquellas personas que quieran bajar de peso comiendo sano y, a continuación, desarrollamos una plantilla para que sirva como base para la elaboración del menú», ha explicado la nutricionista clínica Carmen Escalada.

  1. Lunes: la opción saludable consiste en pasta integral, marisco y verdura; y la opción hipocalórica en verduras y marisco.
  2. Martes: la comida saludable se basa en verduras, ternera y pan (por ejemplo, una hamburguesa de ternera con espinacas, lechuga, tomate, cebolla, mostaza y mollete de pan de barra); y la hipocalórica en verduras y ternera (igual pero sin el pan de la hamburguesa).
  3. Miércoles: la opción más saludable consiste en preparar el ‘tupper’ con verduras, legumbres y pavo (lentejas con verduras y pechuga de pavo); mientras que en la hipocalórica se eliminan las legumbres (filetitos de pavo rellenos de verdura en juliana).
  4. Jueves: los expertos del IMEO aconsejan tomar verdura, pescado y boniato (como por ejemplo pimientos rellenos de bacalao y pasas con salsa de tomate natural triturado y cama de boniatos asados) para la opción saludable; y verduras y pescado para la hipocalórica.
  5. Viernes: la opción sana consiste en comer verdura, pollo y arroz integral (por ejemplo arroz integral tres delicias con jamón de york en taquitos, tomate, queso fresco y tortilla francesa); y la opción hipocalórica se basa en verduras y pollo (salteado de taquitos de pollo con verduras, setas y salsa de soja).

Ahora bien, para las jornadas intensivas, la nutricionista del IMEO ha aconsejado llevarse al trabajo un tentempié saludable y bajo en calorías como, por ejemplo, una pieza de frutas, zumo de frutas sin azúcares añadidos, yogur líquido, cuatro unidades de nueces o almendras, una barrita de cereales sin azúcares añadidos, una tortita de cereales, dos lonchas de pechuga de pavo, café descafeinado o una onza de chocolate negro.

EVITA LA CAÍDA DEL CABELLO EN OTOÑO

Asimismo, con la llegada del otoño aparece la «temida» caída de cabello, por lo que la nutricionista sénior de IMEO Andrea Marqués ha recomendado tomar suplementos naturales con una buena base de vitaminas y minerales que, además de reforzar el nacimiento capilar y reducir la caída estacional, ayudarán a recargar energía de cara al invierno.

Algunos de los suplementos para reforzar las defensas son, por ejemplo, el propóleo (en forma de cápsulas, jarabe o gotas), una sustancia que una serie de flavonoides que le otorgan una acción antibiótica natural y que se puede utilizar tanto para prevenir como para tratar infecciones respiratorias, anginas, infecciones urinarias e incluso alergias ya que refuerza el sistema inmunitario.

Los suplementos multivitamínicos para la caída del cabello se suelen encontrar en farmacias, parafarmacias, herbolarios o supermercados. Sin embargo, es importante fijarse en la composición del mismo para saber si es lo que se necesita:

  1. Vitaminas del grupo B: esenciales en la composición del cabello. Nuestro suplemento deberá contener siempre biotina o vitamina B7, ya que ayuda al crecimiento y restauración del folículo capilar. También es importante la niacina, o vitamina B3, que aumenta la circulación sanguínea en el cuero cabelludo y por tanto, también colabora en el crecimiento capilar.
  2. Vitamina E: previene la caída del cabello ya que también favorece la circulación y la formación de vasos sanguíneos. Se puede consumir por vía oral o aplicarla directamente en el cuero cabelludo a través de aceites vegetales. Además también es un buen hidratador del cabello seco.
  3. Vitamina D: promueve el crecimiento del folículo piloso, nuestro cuerpo la sintetiza gracias a la exposición solar, y también la consumimos a través de ciertos alimentos como los aceites de pescado, la yema de huevo o los frutos secos. Suele estar en déficit por lo que puede suplementarse, pero siempre bajo consejo profesional.
  4. Minerales como hierro, magnesio y zinc: todos necesarios para promover el crecimiento y sobre todo para evitar la caída del cabello. Suelen ir combinados con las vitaminas mencionadas anteriormente. EP

    Fuente: medio ambiente

La obesidad produce más insatisfacción entre las mujeres

Okdiario

mujer-y-gym-655x368Notar que se cuenta con un cuerpo obeso, con sobrepeso, provoca una mayor insatisfacción entre las mujeres que entre los hombres, como recoge una investigación realizada con personas sanas y su actividad cerebral al notarse a sí mismos como obesos o delgados.

Psicólogos de la Universidad de York y el Instituto Karolinska de Suecia comprobaron en sus trabajos que la manera de percibir nuestro propio cuerpo ocasiona respuestas neuronales que llegan a provocar la insatisfacción con el cuerpo. A la hora de conseguir esa sensación de pertenencia con el cuerpo las personas que tomaron parte en el estudio portaron un casco de realidad virtual y veían el cuerpo de un delgado y de un obeso desde una perspectiva de primera persona, en donde al mirarse hacia abajo apreciaban como si ese cuerpo virtual les perteneciese.

Esta investigación consigue aportar respuestas a un asunto complejo como es la situación de aquellos que padecen de trastornos de la alimentación como anoréxica nerviosa, que en muchas ocasiones tienen una falsa percepción de su cuerpo al creer que sufren de sobrepeso, cuando en realidad no es así.

El profesor del Instituto Karolinska, Henrik Ehrsson, uno de los responsables del estudio, explica que las mujeres tienen más posibilidades de desarrollar trastornos de la alimentación en comparación con los hombres y la investigación demuestra que “esta vulnerabilidad se vincula con una actividad reducida en una determinada área del lóbulo frontal que está asociada con el procesamiento emocional”.

La profesora del Departamento de Psicología de la Universidad británica Catherine Preston asegura que en la sociedad occidental una de las mayores preocupaciones de la población es el tamaño corporal y los sentimientos negativos hacia él. En cualquier caso, se tiene constancia de pocas investigaciones sobre los mecanismo neuronales que subyacen a sensaciones negativas hacia el cuerpo, además de la vinculación entre la percepción corporal y la patología en los trastornos de la alimentación.

La OMS pide nuevos impuestos a bebidas azucaradas para frenar la obesidad

El 11% de los hombres y el 15% de las mujeres de la población mundial son considerados obesos

La Razón

image_content_5514685_20161011140605La Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió hoy a los gobiernos que establezcan nuevos impuestos para las bebidas azucaradas, a las que responsabilizó del aumento de la diabetes, las caries y la obesidad, una patología con dimensiones epidémicas en algunos países. Según un estudio presentado hoy, con ocasión del Día Mundial contra la Obesidad, aplicar políticas fiscales que generen un aumento del 20% en el precio final de las bebidas azucaradas supondría una reducción equivalente en el consumo de estos productos.

Los datos aportados por la organización son alarmantes e indican que una de cada tres personas tiene sobrepeso y que 42 millones de niños menores de cinco años entran en esta categoría (once millones más que en el año 2000). El 11% de los hombres y el 15% de las mujeres de la población mundial son considerados obesos.

Paralelamente, la diabetes de tipo 2 se ha multiplicado por cuatro en los últimos treinta años, con 400 millones de adultos con esta enfermedad. Frenar esta tendencia pasa por reducir el consumo de alimentos con azúcar añadida, pero sobre todo de bebidas azucaradas, en las que el contenido de dulce es mayor y que son más populares entre los niños y jóvenes, señaló la OMS. Una lata de refresco contiene 40 gramos de azúcar libre (monosacáridos, como fructuosa o glucosa) o lo que equivale a 10 cucharas de té. Esto significa que con una sola de estas bebidas un adulto ya consume el máximo recomendado de la ingesta diaria de azúcar y el doble de los 20 gramos diarios que la OMS considera realmente saludable.

«Las bebidas azucaradas son muy fáciles de consumir y se han convertido en un producto muy accesible», explicó el doctor Francesco Branca, jefe del Departamento de Nutrición y Salud en la OMS. Pese a la gran cantidad de información disponible sobre los efectos perniciosos del consumo excesivo de azúcar, «su consumo no se está reduciendo y en algunas partes del mundo incluso está aumentando», agregó.

El experto reveló que el mayor consumo de ese tipo de bebidas ha pasado de Estados Unidos a Latinoamérica, con Chile y México como los mayores consumidores del mundo, éste último prácticamente al mismo nivel que EE UU. «Mientras en Estados Unidos vemos cierta reducción en la ingesta de calorías, en los últimos cinco años observamos el movimiento inverso en Latinoamérica», comentó el especialista.

A las dietas insanas se atribuyen once millones de muertes al año en el mundo y más de cuatro millones por obesidad. «Sabemos que aplicar impuestos a las bebidas azucaradas es una medida muy efectiva para reducir su consumo, lo que contribuye a la reducción de la obesidad y a prevenir la diabetes», declaró por su parte el doctor Temo Waqanivalu, principal responsable del estudio.

Aunque el contenido de azúcar es mayor en los refrescos o bebidas gaseosas, el experto señaló que las medidas fiscales deben aplicarse de manera proporcional a todas las bebidas con contenido de azúcar, incluyendo los zumos de frutas, bebidas energéticas, bebidas para desayunos y a la leche con sabores. Waqanivalu puso a México como ejemplo de un país donde el Gobierno ha tomado medidas para frenar el aumento acelerado de consumo de bebidas azucaradas.

Ello mediante el establecimiento, en enero de 2014, de una tasa especial que causó un incremento del 10% en el precio final del producto. El impacto ya podía medirse a finales de ese mismo año, con una reducción del 6 % del consumo general y de hasta un 17 % en los sectores de menores recursos, detalló Waqanivalu.

Efe