- Según un nuevo estudio, quienes comen antes de las tres tienen más probabilidades de adelgazar que quienes lo hacen más tarde.
- En la comida se ingiere el 40% de todas las calorías diarias.
- El horario del desayuno y de la cena no parece influir en la pérdida de peso.
No solo cuenta qué comemos, cuánto y cómo. También es importante cuándo comemos. Así lo acaba de mostrar un estudio de la Universidad de Murcia, en colaboración con las de Harvard y Tufts (EE UU).
La investigación, que publica el último número de la revista International Journal of Obesity, ha demostrado que quienes comen antes de las tres tienen más probabilidades de adelgazar que quienes lo hacen más tarde.
Quienes comen tarde pierden menos peso que los que comen temprano
Marta Garaulet, catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia y autora principal de este estudio, explica a SINC que «aquellos individuos que comen tarde –después de las 3 de la tarde– muestran una pérdida de peso significativamente menor que los que comen temprano».
Para llevar a cabo la investigación, los investigadores contaron con 420 participantes con sobrepeso que siguieron durante 20 semanas un tratamiento contra su obesidad, basado en la dieta mediterránea. Se les dividió en dos grupos, los que comían temprano al mediodía y los comedores tardíos –en esta comida se ingiere el 40% de todas las calorías diarias–.
Posteriormente analizaron el horario del desayuno y de la cena, comidas más pequeñas y menos energéticas, y comprobaron que en ambos casos no influye en la pérdida de peso.
En los comedores tardíos era más probable que se saltasen el desayuno
Sin embargo, sí que observaron que los comedores tardíos, quienes perdieron menos peso, también consumieron menos calorías durante el desayuno y era más probable que incluso se lo saltasen.
Además se han examinado también otros factores que desempeñan un papel en la pérdida de peso, tales como la ingesta de energía y el gasto, o las hormonas del apetito y la duración del sueño. Sorprendentemente, se ha encontrado que todos estos factores fueron similares entre ambos grupos.
Sin embargo, los comedores tardíos resultaron ser más nocturnos y presentaron con más frecuencia una variante génica en el gen Clock, que codifica una proteína implicada en el reloj circadiano que marca los horarios de nuestro organismo.
Qué comer para reducir el riesgo de cáncer

En la batalla para erradicar el cáncer, hay otro factor que preocupa a los científicos: la obesidad. El American Institute for Cancer Research (AICR) comprobó que se puede prevenir una tercera parte de los tipos de cáncer si la gente mantiene un peso saludable, come una dieta basada en plantas y está físicamente activa, precisamente lo que se recomienda para evitar la obesidad.
Ya hace un tiempo atrás el National Cancer Institute (NCI) ha estado recomendando y difundiendo lo que ellos llaman la «Nueva Dieta Americana» que debe servirse en un plato: dos terceras partes de alimentos basados en plantas (vegetales, habichuelas o frijoles, granos enteros y nueces) y no más de una tercera parte de alimentos provenientes de animales como pollo, mariscos, carne magra o productos lácteos bajos en grasa. Ese estilo de comer no solo ayuda a reducir el riesgo de cáncer, sino el de enfermedades cardiacas y la diabetes.
Junto con la “Nueva Dieta Americana”, difunden la siguiente información cuatro entidades que realizan investigaciones en conjunto: las mencionadas AICR y NCA, el National Institute of Health (NIH), American Association of Retired Persons (AARP) y American Cancer Society (ACS). Algunos datos te sorprenderán.
1.- El café reduce el riesgo de cáncer del colon y del endometrio. Un estudio encontró que la gente que bebe café vive más años. Las mujeres que beben más de 3 tazas de café diarias están 35 por ciento menos propensas a ser diagnosticadas con cáncer del endometrio. Las que beben 4 o más tazas de café al día tienen un riesgo más bajo de cáncer del colon que las que no beben café. Se cree que esto se debe a que el café reduce el tiempo de tránsito de los desechos de alimentos en el intestino. Mientras menos tiempo están los desechos en el colon, menor es el riesgo de cáncer en ese órgano. Siguen estudiando el café porque tiene más de 1,000 componentes y aún no se sabe cuál protege del cáncer.
2.- La gente que come muchos vegetales, frijoles, frutas, nueces, granos enteros, aceite de oliva y pescado, y menos carne roja, carne procesada y mantequilla, tiene menos incidencia de cáncer y enfermedad cardiaca. Se relaciona la carne roja con un aumento en el riesgo de cáncer, especialmente en el colon. El cerdo no es, como dicen, «la otra carne blanca». Está en la misma categoría de la carne roja y el cordero. Nadie debe comer más de 18 onzas semanales de carne roja a la semana, y se recomienda pre-cocinarla (al microonda o hirviendo en agua antes de ponerla a la parrilla, para reducir los cancerígenos.
3.- El licopene presente en los tomates, la toronja rosada, el repollo y las remolachas, ayuda a proteger contra el cáncer prostático.
4.- Los vegetales crucíferos como brócoli y repollo protegen contra varios tipos de cáncer por sus vitaminas, minerales y antioxidantes.
5.- Los arándanos (blueberries) protegen contra el cáncer de la boca, la garganta, los pulmones y el estómago.
6.- Las frutas rojas y anaranjadas como el melón cantaloupe y las batatas o boniatos protegen contra el cáncer de la boca.
7.- Una dieta rica en la fibra de los granos enteros protege contra el cáncer, especialmente del colon.
8.- Cualquier nivel de alcohol aumenta el riesgo de cáncer del seno. El alto consumo aumenta el riesgo de varios tipos de cáncer en ambos la mujer y el hombre, incluyendo el colon y el hígado. La ACS recomienda, como límites de consumo de alcohol, 2 tragos diarios para los hombres y un trago diario para las mujeres.
Dietas con alto contenido en grasa son perjudiciales para el funcionamiento de los circuitos neuronales en el hipocampo
Las dietas con alto contenido en grasa son perjudiciales para un adecuado funcionamiento de los circuitos neuronales en el hipocampo, según el artículo ‘High-Fat diets induce changes in hippocampal glutamate metabolism and neurotransmission’ publicado en el ‘American Journal of Physiology (Endocrinology and Metabolism)’, y que ha sido fruto de los trabajos del grupo de investigación de la Universidad CEU San Pablo.
En la investigación, que ha sido distinguida con el Premio Cátedra Tomás Pascual Sanz de Reconocimiento a la Investigación en Alimentación y Salud, se describe cómo la alteración de estos circuitos se debe a los cambios que inducen estas dietas sobre la neurotransmisión mediada por el glutamato, principal neurotransmisor excitador en el sistema nervioso central, así como en el metabolismo neuronal de este neurotransmisor.
Todo ello podría tener un impacto significativo sobre la función cognitiva de los individuos obesos, debido a las alteraciones en la neuroquímica del glutamato que experimentan y que pueden afectar negativamente al metabolismo cerebral.
La relevancia del desequilibrio nutricional como fuente de ciertos trastornos neuropsicológicos, está refrendada, actualmente, por numerosos estudios que sugieren que la composición de la dieta afecta a las respuestas mediadas por determinadas áreas cerebrales, como el hipocampo, área cerebral clásicamente implicada en la regulación de los procesos emocionales y conductuales.
Que la diabetes no te robe la maternidad
La diabetes es una enfermedad tan común entre las mujeres latinas, que seguramente muchas quienes la padecen en estos momentos se están haciendo la misma pregunta que, hace muchos años, se planteó la jueza de la Corte Suprema de Justicia, Sonia Sotomayor: ¿Puedo o no salir embarazada?
Según revela la magistrada de origen puertorriqueño en su nuevo libro de memorias «My Beloved World«, la diabetes tipo 1, que le fue diagnosticada a los ocho años, jugó un papel primordial en su decisión de no tener hijos. Su eterna batalla contra este mal hizo que Sotomayor tuviera temor a morir prematuramente, razón por la cual evitó un embarazo y hasta adoptar.
Este es el mismo miedo que agobia a Grizelle Medina, una neoyorquina de El Bronx de origen puertorriqueño, quien fue diagnosticada hace un par de años con diabetes tipo 1, la misma que padece Sotomayor.
«Yo he pensado en tener hijos, pero me da mucho temor, porque sé los riesgos que existen. Mi madre, que tiene diabetes, casi muere cuando me parió y yo casi muero también. Eso me asusta demasiado», comenta la estudiante universitaria de 20 años.
«Sé que va a ser muy difícil y duro. Voy a tener que llevar una dieta muy estricta y estar bajo control. Además, probablemente voy a tener una cesárea, y yo preferiría parir naturalmente», dice la joven.
Sí se puede concebir
Si bien sufrir de diabetes implica riesgos para las mujeres embarazadas y sus hijos, la enfermedad, si está bien controlada, no debería impedir que se dé a luz a un bebé completamente normal y sano. Esto se debe, según coincide un panel de expertos consultados por El DIARIO/LA PRENSA, a los logros de la medicina moderna.
«Los avances en las investigaciones y tratamientos han hecho posible para las mujeres con diabetes juvenil (tipo 1), tener embarazos exitosos, con pocos riesgos para los bebés y sin complicaciones para ellas», afirma el doctor Ray Mercado, director del Departamento de Obstetricia y Ginecología del Lincoln Hospital, en El Bronx.
«Pero esos embarazos exitosos requieren de planeación con mucha anterioridad y consultas continuas con un obstetra por parte de la madre, quien debe tener un control excepcionalmente bueno del azúcar en la sangre antes de la concepción», acota Mercado.
La doctora Regina Castro, endocrinóloga y profesora de medicina de Mayo Clinic, sugiere que se sigan los consejos que da la Asociación Americana de la Diabetes a toda mujer diabética en edad reproductiva o desde la pubertad.
«Hay muchas diferencias en el manejo de la diabetes ahora de como se hacía hace 20 o 30 años (…) Las embarazadas son vistas por un equipo multidisciplinario integrado por su médico, un dietista y un educador en diabetes. Además, deben adherirse a un plan de ejercicios y nutrición», señala Castro.
La especialista recomienda a toda mujer con diabetes, hacerse una prueba de laboratorio «simple» para chequear los niveles de la proteína ‘hemoglobina glicosilada (o glucosilada)’, antes de salir embarazada. Este examen, asegura, puede indicar cómo ha estado su glucosa en los últimos tres meses.
«Los niveles de azúcar deben estar tan cercanos como sea posible a lo normal. Consideramos un control óptimo de la hemoglobina glicosilada cuando está por debajo del 7%», explica Castro.
Aunque estos números y términos médicos confunden a cualquiera, para Verónica Medina suenan muy familiares. Ella ha tenido diabetes desde los 14 años, y va por su segundo embarazo.
«En mi primer embarazo estuve bajo la evaluación de muchos doctores; mi ginecólogo y mi nutricionista me chequeaban muy de cerca cada dos semanas. Me hacían ultrasonidos con frecuencia para asegurarse de que el bebé estaba bien», recuerda Medina, una neoyorquina de origen puertorriqueño y residente de El Bronx, quien tuvo una niña sana que ahora tiene seis años.
«Estaba bajo una dieta estricta y usaba permanentemente mi bomba de insulina para mantener mi azúcar bajo control. Durante el segundo embarazo estoy haciendo exactamente lo mismo», añade la madre de 37 años, quien actualmente tiene seis meses y medio de gestación.
Aunque todas las mujeres latinas están en gran riesgo de sufrir diabetes, la enfermedad afecta principalmente a las hispanas de origen puertorriqueño, mexicano y cubano.
Tres meses críticos
Los especialistas consultados aseguran que el tiempo más crítico durante el embarazo de la mujer diabética son los primeros tres meses, debido a que es en ese período cuando se forman la mayoría de los órganos del feto.
«Si la madre no se controla durante ese tiempo, el bebé puede sufrir defectos congénitos, porque órganos como el corazón se están formando y el azúcar elevada daña esos órganos», indica la doctora Rubina Heptulla, jefe de la División de Endocrinología Pediátrica y Diabetes del Hospital de Niños Montefiore, en El Bronx.
El doctor Gunter Gómez, médico residente del Lincoln Hospital, también advierte sobre ese peligro. «Al controlar el azúcar evitamos que el bebé venga con problemas cromosómicos o con malformaciones en el sistema nervioso central, que afecta principalmente las extremidades inferiores, el sistema cardíaco, el cardiopulmonar, y genera problemas renales, entre otros».
El riesgo de la cesárea
A diferencia de lo que muchos creen, no todas la mujeres diabéticas paren a sus hijos por cesárea. Sin embargo, para dar a luz de forma natural (vía vaginal), deben mantener durante todo el embarazo el mismo control que tuvieron los primeros tres meses de gestación.
«Si el azúcar de la sangre no está en control, el bebé puede crecer mucho, algo que se conoce como macrosomía, que puede llevar a complicaciones durante el parto», señala Heptulla.
«El azúcar alto de la madre va a causar mayor producción de insulina en el feto, y esa insulina produce depósitos de grasa, por lo que el bebé puede engordar. Algunas veces, es tan grande que sus hombros no puede salir y por eso las embarazadas con diabetes tienen altos índices de partos por cesárea», añade Heptulla.
Aunque algunos niños muy grandes nacen vía vaginal, la doctora Castro explica que durante el alumbramiento se le pueden causar traumas al bebé, como la distocia, así como daños a los nervios de sus hombros.
«También existe el riesgo de que esos niños muy grandes durante el embarazo sufran de sobrepeso u obesidad y desarrollen diabetes en un futuro», apunta Castro.
A las mujeres más jóvenes como Grizelle (con la cual no tiene ningún parentesco), Verónica les sugiere no tener miedo. «Es muy normal estar asustada por tu propia salud y la del niño, porque ambos están en riesgo, pero si salir embarazada es algo que tú realmente deseas, con el control apropiado y la ayuda médica adecuada, puedes tener un parto exitoso».
La obesidad mata a más gente en el mundo que el hambre
Datos recogidos por el informe demuestran que hoy en día hay más de 205 millones de hombres y 297 millones de mujeres viven con obesidad en el mundo.

Eitb.com
Según el estudio “La carga global de las enfermedades”, publicado en la revista británica “The Lancet”, hoy en día la obesidad mata a más gente que el hambre.
La investigación afirma que cada año mueren más de tres millones de personas por causas relacionadas con la obesidad. Por el contrario, la cifra de quienes mueren por desnutrición y causas relacionadas, está cerca del millón.
El estudio asegura que, con excepción de algunos países africanos, todos los países registran preocupantes porcentajes de personas obesas. Lo alarmante es también, que cada década estas cifras aumentan.
Datos recogidos por el informe demuestran que hoy hay más de 205 millones de hombres y 297 millones de mujeres viven con obesidad en el mundo. Los porcentajes más altos se encuentran en los países más ricos del mundo.
El estudio llega a la conclusión de que vivimos más años que antes, pero estamos más enfermos. No fallecemos a causa de dolencias que antes si lo hacían; las cifras de muertes por malaria y VIH bajan cada año por ejemplo. Ahora las causas están más relacionadas con el exceso.
Emulsionantes y aditivos causan diabetes y obesidad
La Gran Epoca, por Anastasia Gubin
Son químicos autorizados, que son usados en los alimentos industriales para hacerlos lucir más frescos; de esta manera un pan viejo no se endurece y un chocolate se siente homogéneo
Investigadores detectaron que los emulsionantes y aditivos emulsionantes, aquellos compuestos sintetizados químicamente, que se suelen agregar en algunos alimentos confeccionados, causan daño celular e inflamación por lo que conviene evitarlos.
Según prolongados estudios, podrían ser los causantes de muchas enfermedades que aquejan al hombre, entre ellos de la gran epidemia de diabetes y obesidad asegura la bioquímica estadounidense Bárbara Corkey, según expuso la Universidad de Boston en 2012.
Estos productos, que la cocina industrial suele usar en los últimos años se encargan de unir las grasas con alimentos compuestos de agua, de otro modo quedan separados.
Con cinco décadas de investigación sobre el metabolismo humano en su haber, la doctora Corkey observó que los emulsionantes utilizados cómo los monoglicéridos, que a menudo se encuentran en productos horneados procesados, y la sacarina edulcorante artificial, tienen efectos secundarios, destaca el informe de la Universidad de Boston.
En las investigaciones que está realizando comprobó que “ambos aditivos hicieron que las células beta secretasen más insulina (hormona relacionada a la diabetes), pero no en la forma normal«, señaló, la científica.
Cuando los monoglicéridos y la sacarina fueron puestos a prueba, «las células beta (relacionadas con la producción de insulina) se sometieron a algunos cambios químicos inesperados y se liberaron moléculas llamadas especies reactivas de oxígeno, que han sido implicadas en el daño celular, la inflamación y la obesidad”.
Según la doctora, se sospecha que los niveles de fondo de ciertos aditivos alimentarios podrían causar cambios sutiles, pero cruciales en nuestros tejidos metabólicos. Estos son los cambios que posiblemente contribuyen a la diabetes y la obesidad, asegura la investigadora.
Entre los productos emulsionantes existen también algunos de tipo natural, como lecitina de soya no sintetizada, la yema de huevo, el ajo, los garbanzos, el chayote y los cacahuates, según el medio Botánica.
Sin embargo el hombre incluye en los alimentos industriales otros tipos de emulsionantes y aditivos emulsionantes, que son sintetizados químicamente y no mantienen las propiedades nutricionales de los productos naturales.
Estos son usados habitualmente para mantener los productos no frescos con un mejor aspecto. El pan se endurecerá menos rápido o el chocolate tendrá un aspecto más homogéneo.
Emulsionantes más usados
La lecitina E322, por ejemplo, es uno de los emulsionantes más usados. Se sintetiza a partir de la lecitina vegetal, pero no mantiene sus propiedades originales.
“Cabe destacar que no se considera que un alimento que contenga este aditivo contenga las propiedades de la lecitina vegetal”, destaca Botánica”.
Químicamente es capaz de unirse tanto a las grasas o sustancias liposolubles como a las de naturaleza acuosa o hidrosoluble. Hace que las aguas y aceites se unan en salsas y el aire y líquido en espuma.
Se la incluye en los chocolates industriales porque logra formar una masa homogénea entre la mantequilla el cacao, la leche y el azúcar.
Se la usa también en algunas industrias de pan, pues retrasa el endurecimiento de los productos horneados.
Usualmente contienen la lecitina E322 las margarinas, mayonesa, chocolate, pasteles, galletas, hojaldres, polvos instantáneos para bebidas lácteas y leches infantiles.
Otros son los aditivos emulsionante, entre los que se destacan los mono y diglicéridos de los ácidos grasos, los cuales son aditivos emulsionantes, que pueden evitar el endurecimiento de los productos horneados y tener propiedades desespumantes.
Se obtienen artificialmente a partir de la lecitina de soya, y tampoco mantienen las propiedades nutricionales de la lecitina de soya.
Estos ácidos grasos están compuestos por uno o dos ácidos grasos unidos a una molécula de glicerol. Se usa en los chocolates, confituras, mermeladas, gelatinas, nata, arroz de cocción rápida, pan, productos horneados y embutidos.
Alimentos que pueden tener emulsionantes
Margarinas, mayonesa, chocolate, pasteles, galletas, hojaldres, polvos instantáneos, lácteos, leches infantiles, postres, postres espumosos, grasas y grasas de hornear.
Además están los sucedáneos vegetales de leche y nata, como por ejemplo bebida de soya, chicles, salsas, cacao, golosinas, pan, pasta, confituras, mermeladas, café líquido envasado, bebidas excepto la cerveza y vino, grasas para freír y recubrimientos de la fruta.
Lista de aditivos emulsionantes
Entre estos productos, las autoridades han puesto algunos límites para su uso en el comercio, sin embargo todos están autorizados en el comercio.
El sobrepeso nos envejece el corazón
Saber Vivir, TVE1
Llega el momento de hacerle frente a la báscula. Después de semanas de comidas copiosas el organismo pide un respiro.
Patricia Jiménez que hace meses había acudido al Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) para solucionar el tema de su obesidad, ha vuelto después de las Navidades para que los especialistas le “dictaminen” la sentencia. De los 23 kilos que había perdido, ha cogido algo más de un kilito. “No es tanto, dentro de los excesos que todos sufrimos en estas fechas está bastante bien”, concluye Rubén Bravo, especialista en Nutrición de IMEO. “
Cada español suele aumentar entre dos y cinco kilos, una carga que normalmente aumenta el volumen de las zonas de siempre, las que podemos llamar zonas rebeldes. Normalmente en mujeres suele ser de cintura para abajo, en glúteos, y en los hombres acostumbra aparecer en la zona del abdomen la grasa visceral. “El problema no es que la ropa se nos quede pequeña, sino el daño que le podemos causar a cada uno de los órganos vitales, ya sea al corazón, al hígado, al páncreas o a la vesícula biliar”, advierte Bravo. A veces nos dejamos llevar y nos pasamos con la comida y no nos damos cuenta que a la larga esto puede aumentar nuestro riesgo cardiovascular, ser “el culpable” de una tendencia de hígado graso, o una resistencia a la insulina que en poco tiempo nos puede saltar en una diabetes tipo 2. Por todo esto, es esencial mantenernos en un peso saludable. Así no tendremos problemas de rodilla a causa del sobrepeso, ni dificultad con la respiración a la hora de subir escaleras.
“Antes, cuando pesaba veinte kilos de más por encima de su peso ideal, el corazón de Patricia tenía una edad de 32 años, estaba más envejecido por el esfuerzo que estaba haciendo por el exceso de peso que tenía”, subraya el especialista de IMEO. En cambio, ahora después de haber bajado casi 25 kilos, la edad de su corazón es de 25 años. Teniendo 27 años de edad, su corazón está muy joven.
Engordar por puro placer
En las fiestas ganamos hasta cuatro kilos por culpa del «hambre hedonista». Nuestro cerebro nos engaña para seguir comiendo pese a estar saciados
J. V. Echagüe, La Razón
Nadie los pide en su carta a los Reyes Magos, pero acaban convirtiéndose en uno de los «regalos» que, de forma indefectible, nos dejan las Navidades: los kilos de más. Y, como propósito de Año Nuevo, «toca» encomendarse a «dietas exprés» con resultados a corto plazo pero de futuro más que incierto. Así, ¿cuál es el camino correcto?
Primero es necesario saber por qué nos atiborramos. Los españoles hemos engordado entre dos y cuatro kilos durante estas fechas como consecuencia de los atracones familiares, según datos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Sin embargo, si hemos comido de más no ha sido porque tuviéramos hambre. O no al menos en su sentido fisiológico. Ahí ha entrado en juego lo que se conoce como «hambre hedonista». Así lo demuestran las últimas novedades científicas al respecto, dadas a conocer ayer por los responsables del programa de nutrición Weight Watchers-Entulínea.
Dos cerebros
«Tenemos dos cerebros», explicaba ayer el doctor Carlos Diéguez, director del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn). «Uno nos empuja a comer según las calorías que necesitamos y a tomar decisiones sobre los alimentos; pero el »otro» nos empuja a comer por placer y satisfacer así nuestras necesidades hedónicas», añadió. Así, no es casual que, tras la copiosa cena de Nochebuena, no rechazáramos la bandeja de turrones al final pese a quedar más que saciados.
¿El motivo? La tentación por alimentos ricos en calorías, grasas y azúcares está durante estas fechas más expuesta que nunca. De hecho, en condiciones normales, a lo largo del día nos vemos expuestos a tomar en torno a 220 decisiones alimentarias, si bien es cierto que sólo 19 se toman de manera consciente. Y nuestro cerebro nos «engaña»: creemos que es un hambre real, cuando en realidad es artificial. Pero no por ello menos placentera. «Se genera la activación de ciertos grupos neuronales, como los del área ventrotegmental o del núcleo accumbens, donde se concentran los mecanismos cerebrales del placer. Y así se liberan neurotransmisores como la dopamina», aseguró Diéguez. Un neurotransmisor que, aparte de producir placer físico, es considerado una de las hormonas de la felicidad.
«Hay que diferenciar entre el hambre y las ganas de comer», apunta en esta misma línea el doctor Carlos Tejero, vocal de la Sociedad Española de Neurología (SEN), que recuerda que, «sólo con verlos, determinados alimentos nos pueden resultar apetitosos pese a tener el estómago lleno». Un buen ejemplo es el chocolate, que logra activar las llamadas «áreas de recompensa cerebral», relacionadas con la zona de la amígdala. No en vano, dicha área, que tiene una incidencia directa en nuestro bienestar, se estudia en los casos de los pacientes con depresión.
A corto plazo
Con todo, en los próximos meses toca «purgar» los excesos. Según afirmaba un informe elaborado por PronoKal, el 87% de los españoles se propone adelgazar a principios de año, pero, el 65% de los que comienzan a hacerlo acaban abandonando la dieta por aburrimiento y falta de voluntad. Así, según la clínica Adelgar, las llamadas «dietas exprés» son las preferidas durante estos meses. Sin embargo, tienen «truco». Ahí está su «efecto rebote».
«Se trata de dietas que ralentizan el metabolismo. Y su gasto energético está también ralentizado. Cuando vuelves a comer, aunque sean cantidades normales, el organismo se da cuenta y, por tanto, quema menos», explica a LA RAZÓN Pilar Riobó, médico especialista en endocrinología y nutrición, que considera que este tipo de dietas «reestringen demasiado la alimentación. Uno está deseando acabar la dieta para comer de forma compulsiva». Para la experta, dietas como la Atkins, la Montignac o la Dukan, bajas en carbohidratos, «se basan en anécdotas y retórica no científica». Es más: algunos métodos, afirma, pueden favorecer la aparición de osteoporosis o incluso cáncer.
«La mayoría de dietas que se inician en enero no se siguen con éxito», explica Jordi Pous, director general de Weight Watchers-Entulínea en España. «Adelgazar es un proceso a medio y largo plazo que precisa de un cambio de hábitos, un apoyo y una motivación», añade. ¿El error? «La prisa. Querer perder 10 kilos y querer perderlos ya». No en vano, el programa Weight Watchers, basado en el fomento de los buenos hábitos y en reconocer las situaciones de riesgo, «está financiado por la Seguridad Social en Reino Unido».
Así, ¿cuál sería el camino correcto? La doctora Riobó –que en su web, doctorariobo.com, trata con profundidad el problema– ofrece algunas pautas: disminuir la cantidad de aceite; evitar tomar bebidas alcohólicas; apostar por los lácteos desnatados; cocinar los alimentos a la plancha o al horno; no abusar de la carne y comer más pescado; y, por encima de todo, repartir con criterio nuestra alimentación en cinco comidas al día.
Los expertos de IMEO advierten que en un mes y medio se pueden coger hasta 10 kilos de sobrepeso, si no se tiene cuidado
La Sexta Noticias
Las comilonas nos hacen engordar una media de 3 kilos durante las Navidades, según los expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).
Para controlar la dieta, uno debe acudir al médico porque no a todos nos engorda lo mismo, pero sí hay unas recomendaciones generales. La ansiedad, también es parte del problema porque está muy relacionada con los kilos de más.
La emotividad de estas fechas y la crisis hacen que el 80% de la población española sufra de ansiedad. Sin embargo, gracias a la tecnología más avanzada podemos obtener información mucho más precisa para hacer frente al problema. “Algunos de los datos que nos da es una evaluación emocional del paciente”, apunta Rubén Bravo, experto en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad. Así, con la ayuda de este análisis hormonal y emocional, podemos descubrir qué es lo que más nos engorda y por qué. “En un mes y medio podemos llegar a subir entre 5 y 10 kilos si no ponemos remedio”, advierte Bravo. Pero como resistirse a estas tentaciones no es fácil, aquí van cuatro consejos para planificar una comida en un día festivo.
1. En las cenas evitar salsas y frituras en los entrantes y decantarse por ibéricos o los mariscos.
2. Como plato principal debemos elegir pollo o ternera en vez de carnes magras como el cerdo.
3. Los postres con fruta o chocolate negro son los que menos engordan.
4. Para beber la cerveza, la cava y el vino tinto son la mejor opción, ya que nos aportan mucho menos calorías que los licores.
El «hambre hedonista», culpable de los kilos que cogemos en Navidad
Algunos alimentos, como el chocolate, activan determinados circuitos neuronales que generan bienestar en el organismo
Los españoles ganan entre dos y cuatro kilos tras las fiestas de Navidad, según datos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), dados a conocer por expertos este martes en Madrid, quienes señalan que este fenómeno aparece, en parte, por el hambre hedonista, que supone la ingesta de determinados alimentos para obtener placer.
«En el hambre hedonista se genera la activación de determinados grupos neuronales, como son los del área ventrotegmental o del núcleo ‘accumbens’ que liberan neurotransimisores como la dopanima. Ésto no solo desencadena nuestro apetito, sino que además la ingesta de esos alimentos nos genera placer», concreta el director del grupo de investigación Obesómica Funcional del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn), el doctor Carlos Diéguez.
En sus palabras, «el cuerpo humano es una máquina casi perfecta» que permite equilibrar la ingesta de alimentos en el organismo de la persona, al metabolizarlos. Sin embargo, «algunas comidas nos hacen comer más», aun sin tener necesidades energéticas, al activar determinados circuitos neuronales que liberan dopanima y generan bienestar en el organismo, asegura.
Los mencionados circuitos neuronales, prosigue, se activan según determinados tipos de comida. Así, la ingesta de carbohidratos produce, en general, mayor placer en comparación, por ejemplo, con la de grasas.
Pese a que la explicación del fenómeno no está aun del todo clara, este experto explica que «los receptores para el gusto son distintos» en los seres humanos. Sin olvidar «la propia habituación o inducción», señala.
Investigaciones recientes demuestran que la persona toma, cada día, 220 decisiones alimentarias, de las que solamente 19 se toman de manera consciente.
Cambios conductuales
Diéguez considera «complicado» controlar el hambre hedonista, pues no existe un fármaco en la actualidad que pueda regularlo. La única vía, dice, es «inducir cambios conductuales» en la persona.
A este respecto, se ha pronunciado el director general de ‘Entulínea’ de Weight Watchers, Jordi Pous, quien resalta la «paradoja» de atravesar una situación de sobrepeso «tan mala» en España, a la par de tener «muchas más dietas» para adelagazar.
No obstante, a su juicio, «la única manera de controla el hambre hedonista es a través de metogologías conductuales que nos lleven a actuar de manera saludable y a controlar el entorno».
Buenos habitos
En este sentido, Pous explica que la dieta de ‘Entulínea’ para inducir cambios conductuales en la persona a la hora de comer consiste en un seguimiento en el que se anota la alimentación que sigue el individuo.
Además de pautas sobre compra de alimentos. En sus palabras, se trata de que con «conceptos fáciles», la persona pueda «gestionar mejor» su entorno. Entre sus consejos se encuentran tomar fruta y verdura en cada comida; llevar un aperitivo saludable en el bolso y un podómetro para contar todos los pasos que se dan; y desayunar todos los días.
Asimismo, planificar la comida del mediodía con antelación y los ingredientes de la próxima comida, y sentarse a la mesa para todas las comidas. También comer sin ningún tipo de distracción; moverse, al menos, cinco minutos cada hora y decidir las actividades físicas del día siguiente.
Este experto señala que, de esta manera, la persona puede conseguir «pequeños cambios» que, finalmente, se convierten en rutina. Se trata, dice, de perder kilos a corto plazo y mantener y no recuperar el peso a largo.
Por último, Diéguez destaca el «mal paso» que ha dado la especie humana durante su evolución, al derivar en el ‘homo obesus’, un fenómeno relacionado con «el aumento llamativo de la mortalidad por problemas cardiovasculares». Se trata, a su juicio, de «un problema que abarca a todo el mundo» y que, en estos momentos, afecta en España al mismo nivel que en Estados Unidos.
«Cualquier bajada de peso es beneficiosa para la salud», afirma este experto, quien asegura que «bajar cinco centímentros de cintura disminuye en gran medida el riesgo de diabetes y eventos cardiovasculares».

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