Más del 50% mantiene alguna rutina de ejercicio tres veces a la semana durante el confinamiento

Europa Press / COPE

Una pequeña encuesta señala que más de la mitad de la población(54,3%) mantiene la rutina deportiva desde casa 3 veces o más a la semana, frente a un 34,4 por ciento que no sigue ninguna rutina durante el aislamiento, y un 11,3 por ciento que camina sólo cuando sale a pasear el perro o va a comprar.

Beautiful young man training and working out. Athlete exercising with a chest routine for wellness in his home. Latino people doing low chest push-ups using his kitchen countertop.

Desde el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) que ha desarrollado la encuesta – realizada sobre una muestra de 221 entrevistas anónimas-, señalan que “no es de extrañar que un 33% de los encuestados teme que durante la cuarentena pueda aumentar bastante de peso, un 40,3% estima que pueda experimentar un leve aumento y un 26,7% descarta cambio físico”.

Con relación a la dieta, casi la mitad (49,8%) reconoce que ahora come más por ansiedad o aburrimiento, haciendo hincapié sobre el picoteo salado a base de pan, ‘snacks’ y quesos (62,4%), el consumo de dulces (25,3%) o las bebidas graduadas y los refrescos (12,2%). No obstante, el 40,7% de los encuestados afirma que durante el confinamiento sigue su dieta habitual sin variaciones y un 9,5% indica que come menos debido a la falta de apetito.

La calidad del sueño es otra pieza clave dentro de los hábitos saludables que resalta el estudio, donde el 42,5 por ciento no experimenta cambio a la hora de dormir y afirma que se acuesta y levanta a la misma hora que antes, frente al 29,9 por ciento que sí reconoce que duerme menos y mal a causa de las preocupaciones

En cuanto al tiempo libre, el estudio pone de manifiesto el ocio digital e interactivo (mensajería instantánea, redes sociales, películas online) como principal ocupación entre los entrevistados (64,3%). Mientras que el 27,6 por ciento afirma que durante estos días se acuesta y levanta más tarde de lo habitual.

La siguen las actividades en familia, como juegos de mesa o manualidades (22,2%) y la lectura (13,6%). El factor que peor lleva la gran mayoría (61,8%) es la falta de vida social, incluidas las salidas con familia y amigos, seguida por la frustración de no poder pasear al aire libre, ir a la playa o al gimnasio (33,3%) y la dificultad de hacerse cargo de los niños las 24 horas (5%).

Una amplia mayoría (57,5%) afirma que actualmente no trabaja o no puede desempeñar sus funciones mediante teletrabajo, el 29% realiza jornada completa y un 13,6%, media jornada.

Respecto a los desplazamientos, la inmensa mayoría (80,1%) reconoce que acude al supermercado dos veces a la semana, un 18,6% recibe la compra en su casa y una escasa minoría (1,3%) sale a comprar a diario.

“La falta de vida social y la imposibilidad de realizar actividades al aire libre ha disparado el entretenimiento digital entre la población, fomentando hábitos sedentarios que pueden resultar adictivos y muy difíciles de corregir una vez levantado el estado de alarma”, señala el portavoz del IMEO Rubén Bravo.

Alimentos a tomar en cuenta para consumir con más frecuencia durante la cuarentena

El Imparcial
Es importante saber qué podemos consumir con mayor frecuencia para esta cuarentena y que sea parte de nuestra lista cada vez que vayamos al supermercado porque se consideran alimentos esenciales.

En estos momentos es donde la ansiedad incrementa mucho más, por eso lo primero que debemos hacer es organizar una lista para llenar la despensa con productos que se conserven mucho más, los no perecederos. 

Lo otro según Cuídate Plus es fijarnos de las fechas de vencimiento para evitar que se nos dañe antes de tiempo. También hay que abastecernos de otros alimentos que aunque no se conserven por largos períodos son importante consumirlos. 

Estefanía Ramo, diplomada en Nutrición y Dietética y Licenciada en Tecnología de los Alimentos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), compartió algunos consejos: 

Cereales: harina, arroz, pasta, pan precocinado congelado o elaborado casero, cereales de desayuno enriquecidos en hierro y copos de avena, ambos sin azúcar añadido.

 Legumbres: garbanzos, lentejas, judías pintas y judías blanca y todos los granos. 

 Verduras y hortalizas: Espinacas, acelgas, judías verdes, zanahorias, calabaza, menestra de verduras, patatas y tomate entero o triturado al natural; cebolla y cabezas de ajo crudos; purés de verduras envasados bajos en sal.

Frutas y frutos secos: Papillas de fruta y zumos sin azúcar añadido esterilizados; por supuesto las frutas naturales, frutos secos naturales o ligeramente tostados, como nueces, almendras, avellanas o pistachos.

 Proteínas animales, pescados y mariscos, salmón para congelar en casa y aumentar su vida útil.

 Lácteos: leche en polvo, leche UHT, yogures esterilizados y quesos curados.

Grasas, aceites y vinagres: aceite de oliva virgen extra, vinagres.

Cafés, tés y especias: café, tés, infusiones, sal, azúcar moreno, especias, hierbas, condimentos, levadura.

Otro tipo de productos totalmente prescindibles serían la bollería industrial (por su alto aporte en grasa saturada, trans, azúcares y sal)

Los huevos son considerados alimentos perecederos, pero “bien refrigerados en la nevera tienen una fecha de consumo de aproximadamente 3 semanas”. 

De acuerdo al potal Baptisthealth al abastecerse, hay que concentrarse en las cosas que la familia disfruta comiendo. La planificación es útil para que sepa lo que tiene y lo que hará. 

Aconsejan utilizar cualquier alimento fresco que se tenga antes de recurrir a sus reservas de alimentos congelados y estables. La clave es no dejar que nada se desperdicie. 

Consecuencias del insomnio durante la cuarentena

Los malos hábitos del sueño son el peor enemigo de tu salud.

Bolivia.com


Tener que permanecer todo el tiempo en casa como medida de prevención ante la pandemia del COVID-19 ha alterado toda una serie de hábitos en la vida de las personas, debido a que se han visto afectadas las rutinas diarias e incluso las formas de entretenerse para pasar el tiempo. 

Entre dichos cambios está el sueño, pues muchos aprovechan este tiempo para levantarse un poco más tarde y, por ende, retrasar también la hora a la que se van a dormir, y algunos otros simplemente trasnochan realizando otro tipo de actividades. 

Y es que a simple vista parece ser algo completamente inofensivo, pero las consecuencias a futuro en la salud pueden llegar a ser catastróficas, pues no se le da al cuerpo el tiempo de descanso necesario para reponer las energías que se gastaron a lo largo del día. 

Al respecto, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad, explica en uno de sus blogs que se ha logrado demostrar que los niños que duermen poco tienen una tendencia a ser obesos en su etapa de adultez.

Sin embargo, los niños no son el único grupo de personas que se ven afectadas por la falta de sueño, en los adultos también puede afectar la función del metabolismo y alterar los niveles hormonales, influyendo en la capacidad del cuerpo para procesar el azúcar y terminando en un problema mayor, como la diabetes. 

Por otro lado, el apetito también puede afectarse, pues la sensación de hambre comienza a ser mucho más frecuente, lo cual hace que el consumo de alimentos se incremente y, por ende, también el peso corporal.

Foto: Pixabay

Expertos afirman que dormir menos de 6 horas hace que comience a acumularse el cansancio y que las personas empiecen a irritarse con facilidad, sufran de ansiedad, y presenten trastornos de depresión que, de no ser tratados, pueden terminar perjudicando el bienestar emocional y físico.

De hecho, no salir también disminuye el tiempo que se recibe la luz solar, y se ha logrado demostrar que esto también puede influir en el estado emocional de las personas lo cual, mezclado con el insomnio, es altamente perjudicial para el cuerpo. 

Por esta razón, profesionales de la salud han recomendado llevar a cabo algunas actividades que permitan seguir estableciendo rutinas diarias, así no se salga de casa; además, han resaltado la importancia del ejercicio y los tiempos de esparcimiento, que contribuyen en gran medida al bienestar mental. 

Esta es la dieta que necesitas llevar para reducir la ansiedad

La Vanguardia, por Brunella Vásquez

Esta es la dieta que necesitas llevar para reducir la ansiedad

Eres lo que comes. ¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase? Lo cierto es que probablemente este dicho popular esconda más sabiduría de lo que imaginamos. Tu dieta, los alimentos que contiene, los nutrientes que te aporta y las grasas saturadas que tiene son la base del funcionamiento de tu cuerpo y también de tu mente.

Por eso, la escasez de ciertos nutrientes en el metabolismo puede causar fatiga, apatía, malestar y otros síntomas que pueden acentuar la depresión y la ansiedad. Además, probablemente sepas que comer mal puede provocar que los niveles de serotonina –la conocida hormona de la felicidad- de tu cerebro desciendan, provocando tristeza, ansiedad y estados de ánimo complejos.

La escasez de ciertos nutrientes en el metabolismo puede causar síntomas que pueden acentuar la depresión y la ansiedad

Por el contrario, si sabemos qué nutrientes son necesarios para poder ayudar a nuestro sistema nervioso para poder sentirnos más tranquilos y menos ansiosos, encontraremos la dieta que más se acomode a nuestros gustos y necesidades. La idea es optar por la más balanceada, alternando lo que ‘deberíamos’ comer junto con lo que nos gusta y comemos en nuestro día a día.

La buena noticia es que la mayoría de estos nutrientes los podemos encontrar en las dietas más comunes. Hasta probablemente ya los estés consumiendo y no lo sepas.

Magnesio

Ensalada de aguacate y tomate
Ensalada de aguacate y tomate (SOM_GASTRO)

Cuando se habla de alimentos para aliviar la ansiedad, el magnesio no puede faltar en la lista. Este contribuye a que los neurotransmisores permitan el traslado de los impulsos nerviosos y a relajar el sistema muscular. Para empezar el día con magnesio a punto, podríamos incluir en nuestra dieta una tostada de pan integral con aguacate. Es un desayuno sabroso, energético y súper sano. Unos niveles adecuados de magnesio te ayudan a reducir el cansancio y la fatiga. Otros alimentos para la ansiedad cargados de magnesio son las pipas de girasol, las espinacas, las almendras, la quinoa y el tofu. Si eres de los que necesitan un dulce por la tarde, puedes tomar un poco de chocolate negro para saciar el ‘hambre’ que a veces se traduce en simple ansiedad.

Ácido pantoténico

Cacahuetes fritos
Cacahuetes fritos (bhofack2 / Getty)

El ácido pantoténico o vitamina B5 es esencial para sentirte bien ya que ayuda a que tu metabolismo energético funcione. Además, es importante para las glándulas suprarrenales y la secreción de las hormonas antiestrés. Lo podemos encontrar en la yema de huevo, cacahuetes, salmón y setas. Una receta infalible para aprovechar bien sus nutrientes es un plato combinado compuesto de huevos (es especialmente importante la yema), brócoli y garbanzos. Sano, rico y nutritivo.

La niacina

Huevos
Huevos (SketchbookDesign / Getty Images/iStockphoto)

La leche y los huevos son una fuente importante de niacina o vitamina B3, así que un buen desayuno para recargar las pilas puede ser un tazón de leche con cereales y unos huevos revueltos. Y es que empezar el día con energía influye enormemente en tu estado de ánimo a la hora de enfrentarte al resto de la jornada. Para comer o cenar, algo tan fácil de incluir en tu menú unas anchoas de lata o un paté, ya que pueden aportarte la niacina que necesitas. En cuanto a las especias, ¿has probado la paprika? Te recomendamos que la añadas a tu próxima receta.

Vitamina B6 y B12

Salmón
Salmón (Tom Haga / Seafood for Norwey)

Cuando el cuerpo está bajo tensión, gasta con mayor rapidez estas vitaminas por lo que requiere un mayor aporte. Son necesarias para el sistema nervioso y para que el organismo pueda utilizar la energía de los hidratos de carbono. La buena noticia es que la Vitamina B6 es fácil de encontrar en numerosos alimentos y, además, deliciosos. Son ricos en vitamina B6 el salmón, la sardina, muchos tipos de marisco, las nueces, las legumbres, el pollo o vegetales como el aguacate, el maíz o el plátano.

Al igual que la Vitamina B6, la vitamina B12 también es un must en nuestra dieta para bajar los niveles de ansiedad. Esta procede sobre todo de fuentes animales. ¿Dónde la encontramos? En la carne de ternera, de aves, el marisco, en los lácteos y en los huevos. También en determinados cereales, pero en cantidades mucho más residuales.

Carbohidratos bien elegidos

Pasta al pesto con pistachos
Pasta al pesto con pistachos (SOM_GASTRO)

Tomar entre cinco y seis raciones de hidratos de carbono complejos (como cereales integrales –pasta o arroz–, patata, legumbres, etc.) a lo largo del día tiene especial importancia para sobrellevar mejor los nervios. Este tipo de nutriente garantiza el suministro de glucosa al cerebro, evitando los bajones de ánimo que te pueden llevar a comer compulsivamente.

Fibra

Esto quiere decir que debemos tomar granos integrales, especialmente arroz integral y avena. También tenemos el almidón resistente, que se encuentra en tubérculos como la patata, el boniato o el plátano verde. Si los cocinamos y los dejamos reposar 24 horas en nevera (se pueden recalentar), cambia a nivel de formato molecular su presentación y ese almidón, que es retrógrado, se trasforma en fibra ideal para reducir los niveles de ansiedad.

El encierro pasa factura en la báscula

La falta de actividad física y el consumo de productos poco saludables auguran un aumento de peso

El País, por Jessica Mouzo

El confinamiento dejará huella en la báscula y en la salud de los ciudadanos. Entre dos y cinco kilos de más y un incremento de los índices de sobrepeso y obesidad, según los expertos consultados, será la factura física que pagarán los ciudadanos por estas semanas de encierro. El estrés emocional y los problemas económicos derivados de la gestión de la pandemia abocan al consumo de productos poco saludables, como muestra el incremento en la compra de harina (un 196%) o de alcohol (un 57%). La falta de actividad física corona unos hábitos de vida que ponen en riesgo la salud.

La pandemia se ha convertido en un cóctel perfecto de factores de riesgo, en niños y adultos. La ausencia de ejercicio físico, las horas delante de las pantallas, el consumo de alimentos procesados para matar el estrés, el miedo o el aburrimiento. Todo ello configura el caldo de cultivo perfecto para disparar la báscula y elevar, más si cabe, las cifras de exceso de peso. “Lo esperable es que aumente entre tres y cinco kilos. La lucha contra la obesidad es un castillo de naipes. En pocos días puedes perder lo que habías conseguido en meses”, apunta Albert Goday, jefe de sección del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital del Mar de Barcelona. El 17% de los adultos y el 10% de los niños padecen obesidad en España.

A falta de datos o estudios concluyentes sobre el impacto que tendrá el confinamiento en el peso, los expertos hacen sus estimaciones, aunque con prudencia. Según la Sociedad Española de la Obesidad (Seedo), los niños y adolescentes pueden aumentar de peso un 5%. “Es bastante previsible que haya un aumento de peso. En un mes de confinamiento, con que aumentes en 200 kilocalorías el consumo, que no es nada, ya es un kilo más”, advierte Francisco Tinahones, presidente de la Seedo. Esas 200 kilocalorías adicionales se consiguen, por ejemplo, comiéndose diariamente varias galletas, explican desde la Seedo.La compra de harina ha crecido un 196% y la de alcohol, un 57%

Eduardo Iglesias, coordinador del grupo de investigación Intervenciones Traslacionales para la Salud de la Universidad de Oviedo, es uno de los investigadores que ha empezado a medir el impacto del confinamiento en los hábitos alimentarios. “Queremos saber la percepción subjetiva del cambio, si hacen más o menos ejercicio, si duermen más, si comen más de esto o de lo otro, y, sobre todo, por qué”, explica. Con datos de 3.000 personas, los resultados preliminares arrojan cambios en los hábitos de la gente en esta etapa. “Se ven consumos mayores o menores de determinados alimentos. Uno de los motores que genera estos cambios es lo relativo a la actividad física y hemos visto que se polariza: hay más gente que no hace nada y más gente que hace deporte”, señala. El estrés y el aburrimiento también son motores de cambio, explica el investigador. “Aunque no necesariamente significa comer más. Pueden estar nerviosos y comer menos”, matiza.

Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la compra de chocolate ha aumentado hasta un 60% en la tercera semana de confinamiento. Los snacks y frutos secos, por su parte, han subido también hasta un 61%; y la cerveza y otras bebidas espirituosas, en torno al 42%. “Cuando estás en situación de estrés, depresión y aburrimiento se producen ingestas compensatorias para subir los niveles de serotonina. Esto genera pulsiones alimentarias hacia productos que provocan satisfacción, como la grasa y el azúcar. Se produce una sensación de alivio y hace de ansiolítico, como el consumo moderado de alcohol, que genera una secreción de endorfinas que tiene el mismo efecto”, explica Javier Aranceta, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria.

Los expertos auguran un incremento de la prevalencia del sobrepeso y la obesidad. “El organismo siempre ahorra energía. Lo que podemos retroceder estas semanas en peso tardaremos bastantes meses en volver a bajarlo”, explica Goday. El endocrinólogo es el principal investigador de una revisión científica que concluye que ocho de cada 10 hombres y el 55% de las mujeres tendrán sobrepeso u obesidad en 2030.

El confinamiento ha desperezado las capacidades culinarias de los ciudadanos, pero no siempre hacia comidas saludables. De hecho, la compra de pescado fresco ha bajado y la de azúcar y cacaos ha subido un 60% y un 30%, respectivamente. “Para ocupar el tiempo, estamos cocinando más. Quizás comemos más sano, pero también descuidamos las cantidades”, apunta Rocío Basanta, psicóloga del Grupo Gallego de Tratamiento de la Obesidad Grave. Dejar de vestirse, apostilla la experta, tampoco ayuda a tomar conciencia del peso individual. “Muchas personas descuidan la ropa y están todo el día en chándal y pijama. No cuidas tanto tu aspecto, que es cuando te das cuenta de si subes de peso o no”, señala. La psicóloga aconseja vestirse y ponerse como reto no subir de peso, también usar recipientes para comer que permiten ver cuánto se está ingiriendo. “Un error que cometimos fue acumular comida en casa por miedo al desabastecimiento. Esas son compras insensatas y poco sanas. Hay que comprar con prudencia”, advierte.

El parón económico que causa el confinamiento también es un factor de riesgo. Por el impacto de una eventual crisis monetaria de muchas familias. Y los augurios económicos no son buenos. “Hay una relación directa. La obesidad se asocia al nivel socioeconómico y es más alta en las clases desfavorecidas. Además, los alimentos más saludables son más caros”, zanja Tinahones.

Los profesionales temen, especialmente, que se descompensen las personas que ya están diagnosticadas de obesidad o sobrepeso. De entrada, ya son un colectivo de riesgo para muchas enfermedades sobrevenidas, también para la infección por coronavirus. Y el hecho de que los hospitales hayan suspendido consultas presenciales de otras especialidades para contener la pandemia puede poner en peligro la adherencia de estos pacientes al tratamiento. “Un factor que se asocia a que el curso clínico vaya bien es la frecuencia de la visita médica: la respuesta es mejor cuantas más visitas. Si podemos contactar menos con los pacientes, el peso va a subir, aunque intentemos reconvertirnos a la telemedicina. La visita directa siempre tiene capacidad de adherencia”, apunta Goday. Coincide Aranceta: “Esta falta de recordatorio y evaluación puede hacer que estos pacientes se despisten. Más de la mitad de los que tienen obesidad y sobrepeso van a aumentar la masa corporal, y los que estaban en tratamiento perderán adherencia”.

Hacer ejercicios en casa, sentadillas o flexiones, y ser disciplinados con la comida son algunas de las propuestas de los expertos. Y, sobre todo, insiste Basanta, “ponerle remedio y no dejarse ir” cuando pase el confinamiento.

ESTUDIOS EN MARCHA AHORA DESVIRTUADOS

El confinamiento también ha provocado que se desvirtúen las intervenciones iniciadas en el marco de estudios científicos. “Esos estudios los seguimos haciendo, pero ya se ve una diferencia importantísima desde el mes antes del confinamiento. Una persona con una dieta hipocalórica y mediterránea, que estaba perdiendo entre tres y cuatro kilos, ahora ya nos damos con un canto en los dientes si no suben de peso”, admite Tinahones. El estudio Predimed, sobre el estilo de vida y la dieta mediterránea, sigue a 6.000 personas. A propósito de la dificultad de seguir a los participantes debido a la suspensión de las consultas presenciales en los hospitales por el coronavirus, esta investigación también se ha resentido. “Nuestra gran preocupación es que perdamos lo que hemos conseguido en estos tres o cuatro años. Intentamos ver si podíamos seguir con las visitas presenciales y, cuando vimos que no, miramos de hacerlo a través de un soporte telemático”, explica Goday. En cualquier caso, insiste Tinahones: “Los pacientes en estudios que están con medicación e intervención dietéticas, intentamos que sigan adelante”.

Vitamina “D” anticáncer

También llamada “La vitamina del sol” porque nuestro cuerpo la produce  de manera natural al exponerse a la luz solar directa

Algunas veces con el sol no es suficiente el nivel óptimo de vitamina D y es necesario, a partir de una opinión médica, completarlo con dosis extra de vitamina. Foto: Cortesía | IMEO

Omar Goncebat | EFE Reportajes

“En nuestro estudio la vitamina D tuvo un efecto significativo en la reducción del riesgo de muerte entre las personas con cáncer”, señala Tarek Haykal, médico en la MSU.

También llamada “La vitamina del sol” porque nuestro cuerpo la produce de manera natural al exponerse a la luz solar directa. Un equipo de médicos de la Universidad Estatal de Michigan, (MSU) en Estados Unidos, ha descubierto que esta vitamina podría ayudar a los pacientes con cáncer a vivir más tiempo, si la toman en forma de suplementos durante, al menos, tres años.

Este hallazgo sugiere que, además de contribuir a la salud de los huesos, al ayudar al cuerpo a absorber el calcio, y de jugar un papel clave en los sistemas nervioso, muscular e inmunitario, esta vitamina podría conllevar beneficios significativos en el cáncer, la segunda causa principal de muerte en EEUU, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

MÁS ALLÁ DE LAS DOSIS DIETÉTICAS

“El objetivo principal de VITAL era ver si hay un beneficio en ir más allá de la asignación dietética recomendada, más de lo que se considera necesario para la salud ósea”, señala la doctora JoAnn Manson, del Brigham And Women’s Hospital, de la Facultad de Medicina de Harvard, quien dirigió aquel estudio.

Por su parte, los investigadores de la MSU analizaron datos relacionados con la prevención de enfermedades de más de 79.000 pacientes en múltiples estudios, que compararon aleatoriamente el uso de vitamina D con un placebo (sustancia inocua) durante al menos tres años.

El doctor Haykal y su equipo se centraron en la información que involucraba la incidencia y mortalidad por cáncer.

“La diferencia en la tasa de mortalidad entre los grupos que tomaron suplementos de vitamina D y los que tomaron placebo fue estadísticamente significativa y mostró cuán importante podría ser entre la población con cáncer”, dijo Haykal.

Aunque estos hallazgos son prometedores, Haykal advirte que aún se desconoce la cantidad exacta de vitamina D que hay que tomar y qué niveles se necesitan en la sangre.

También afirma que no está claro cuánto tiempo más extiende la vitamina D la esperanza de vida de estos pacientes y por qué produce este resultado en estas personas.

“Todavía hay muchas preguntas y se necesita más investigación. Todo lo que podemos decir es que se requieren al menos tres años de tomar el suplemento para ver este efecto”, apunta.

Para Haykal los resultados de su estudio (https://ascopubs.org/doi/abs/) son lo suficiente prometedores como para que más médicos, especialmente oncólogos, consideren la posibilidad de recetar vitamina D a los pacientes en general.

“Sabemos que la vitamina D conlleva beneficios con efectos secundarios mínimos. Hay mucho potencial aquí”, destaca.

LA VITAMINA DEL SOL, AMIGA DEL CALCIO

Además de producirla el cuerpo cuando se expone la piel a la luz solar, la vitamina D se encuentra en algunos alimentos: como en los pescados grasos, salmón, atún y caballa; en los hongos; en el hígado vacuno; en el queso y la yema de huevo, entre otros.

“Muchas personas padecen un déficit de vitamina D, a pesar de la exposición solar, por lo que resulta importante saber sus fuentes (naturales o no) así como su ingesta recomendada y las consecuencias de su déficit”, explica a Efe el experto en nutrición Rubén Bravo, portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, IMEO ( http://www.imeoobesidad.com).

Esta vitamina resulta esencial para la absorción de calcio en el intestino, y su déficit está asociado con osteomalacia (reblandecimiento de los huesos) en adultos y raquitismo (falta de mineralización del hueso) en niños, apunta.

Añade que su déficit también se relaciona con distintas patologías, como la hipertensión, la diabetes, el cáncer, la insuficiencia cardíaca o la enfermedad renal crónica.

“Con niveles suficientes de vitamina D la absorción del calcio puede variar del 30 al 60%, pero en un estado de déficit, esta absorción disminuye hasta el 10-15%”, señala Bravo.

Por otra parte el exceso de vitamina D consumida mediante suplementos y alimentos enriquecidos también puede afectar la salud y calidad de vida, y Bravo recomienda “evitar la complementación innecesaria y tomar como referente los resultados diagnósticos, como una analítica de sangre, cuyos niveles deberán ser supervisados por un especialista que dará las recomendaciones pertinentes en caso de ser necesarias”.

Pautas psicológicas y nutricionales para sobrellevar el confinamiento

Periodista Digital por Juan Luis Recio

La complicada convivencia de confinamiento que millones de personas afrontan en el intento de frenar la propagación del coronavirus ha hecho que su casa se convierta en oficina, guardería, colegio, comedor, gimnasio y lugar de actividades lúdicas, refugio y campo de batalla para conflictos generacionales o sentimentales. En esta situación de alarma social e incertidumbre económica, los expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) han querido brindar su apoyo a las personas que viven aislados en sus hogares la crisis desatada por el coronavirus con unas pautas psicológicas, nutricionales y de actividad física para que les sean de ayuda a la hora de sobrellevar el confinamiento, que mucho le agradecemos y que hoy aquí compartimos con usted.

Para empezar nos dan unos consejos psicológicos para mantener el equilibrio emocional, ya que la situación de confinamiento prolongado por coronavirus que estamos viviendo tiene un impacto psicológico importante, en primer lugar, debido a la manifestación del concepto de muerte repentina y enfermedad como algo natural. Encontrar sentido a nuestro sufrimiento en los momentos de mayor dificultad nos ayudará a protegernos de la desesperanza y la depresión. Por esta razón, la psicóloga del IMEOMaría González aconseja encontrar un propósito durante esta cuarenta, hacer una reflexión sobre las decisiones que hemos tomado o las que nos gustaría tomar a partir de ahora para hacernos más conscientes y responsables de nuestra vida y nuestro mundo emocional.

En algunas personas puede salir a la luz sintomatología depresiva, como ansiedad o sentimiento de soledad, encubiertas hasta ahora por hacer el día a día. En otras, que sufrían patologías previas, depresión, fobias o trastornos de conducta alimentaria (anorexia, bulimia y trastorno por atracón), puede aumentar el malestar. En estos casos, el consejo de la experta es “poner en práctica lo trabajado anteriormente en terapia, llevar a cabo una autoobservación e iniciarse en el autoconocimiento y trabajo personal, si hasta el momento no ha habido necesidad de acudir a psicólogo”. 

Debemos tener claro que nuestra mente está preparada para superar situaciones mucho más complejas gracias a la enorme capacidad de adaptación que tenemos. Por esta razón, nuestra atención debe estar enfocada en la aportación positiva social que nuestro esfuerzo va a generar, centrándonos en los tres mecanismos principales del ser humano: el hacer, el sentir y el pensar.

Otro buen consejo es el de establecer horarios de rutina diaria. No es el momento de abarcar todas las actividades con las que nos bombardean las redes sociales o de iniciar actividades que nunca han suscitado interés o que no corresponden a nuestra condición física, porque nos puede generar frustración. Desde el IMEO recomiendan trabajar en tres pilares básicos para mantener un equilibrio físico y emocional:

  1. En primer lugar, establecer una rutina de actividades diarias, marcando horarios para gestiones laborales o académicos online, dejando espacio para la lectura, las manualidades, el ocio y el descanso. Los padres deben asumir que no son profesores, monitores y vigilantes de sus hijos y limitarse con guiarles y supervisarles durante la cuarentena, que también es nueva para ellos y requiere un tiempo de adaptación.  
  2. En segundo, cuidar la alimentación, fijando horarios para las cinco comidas principales, y hacer partícipes todos los miembros de la familia en las tareas relacionadas. Las personas que viven solas deben huir de hábitos como comer de bandeja o delante de la tele en el sofá, ya que a la larga les puede generar sensación de dejadez y apatía.
  3. En tercer lugar, hay que hacer rutina la práctica de actividad física. Necesitamos movernos, aunque sea a pequeña escala y en un espacio reducido, para evitar la rigidez y las malas posturas que pueden generar lesiones a la larga. No es momento para planteamientos muy ambiciosos o exigirse más de lo que la condición física está acostumbrada. Las personas deportistas pueden buscar alternativa de sus ejercicios habituales y adaptarlas a la situación. Los que nos suelen hacer gimnasia, es un buen momento para empezar, pero con rutinas fáciles y asequibles, con media hora al día sería suficiente. Disciplinas como yoga, taichí o pilates pueden aportar muchos beneficios psicológicos al enfocarse también en la respiración y la meditación, ayudando a disminuir la ansiedad. “Si no tenemos un mínimo de desgaste físico al día, nos costara más conciliar un sueño reparador, por lo que el ejercicio es fundamental no sólo para el descanso de calidad, sino también para generar endorfinas que equilibren nuestro estado anímico”, recalca la psicóloga del IMEO.

Un asunto muy relevante es cómo gestionar las emociones, que debe hacerse desde la comprensión. Es importante afrontar emociones como el miedo, la incertidumbre, la tristeza o la ansiedad desde el cariño y la comprensión, evitando juzgar. Es un buen momento para escuchar las emociones, porque hasta las más incómodas nos pueden proporcionar información de mucha utilidad para trabajar la gestión emocional. Compartir estos momentos con personas en las que confiamos, ya sea por videollamada o chat, puede ser muy útil, así como escribir sobre ello o utilizar la respiración consciente para calmar la ansiedad y la angustia.

Y es bueno aprender a pensar que estás haciendo lo mejor que puedes.En situaciones límite de cambios importantes, nuestra mente se acelera, poniéndose en escenarios futuros catastróficos o idílicos, para evadir la realidad. No obstante, tenemos que mantener los pensamientos en el presente sin hacer planes más allá de una semana y evitar planteamientos sin respuesta o generalizaciones extremas (empleando palabras como siempre, nunca, todo, nada), ya que están sujetos a distorsiones cognitivas y pueden agudizar la sensación de ansiedad y depresión. “Revisar el diálogo interno con amabilidad y sin críticas, decirse a uno mismo “lo estás haciendo lo mejor que puedes y es suficiente”, aconseja la psicóloga María González, porque lo que sí funciona en estos casos es perdonarse, animarse y ocuparse en actividades del presente. Asimismo, conviene evitar la sobreinformación con noticias preocupantes, sobre todo a última hora del día, porque nos puede privar del sueño, generando ansiedad, conclusiones erróneas y distorsionadas.

Veamos seguidamente sus consejos para no aumentar de peso durante el confinamiento.Quedarnos en casa por un mes o más puede traer consecuencias muy serias para nuestra salud y peso, si descuidamos la alimentación y no realizamos suficiente actividad física. Nos movemos menos y tenemos menor gasto energético y esto suele ir ligado a aburrimiento, ansiedad e incertidumbre que compensamos comiendo, en muchas ocasiones, mucho y mal. Además, el estrés que nos puede generar esta situación puede llevarnos a comer de manera compulsiva y a sufrir atracones que, además de la natural subida de peso que pueden conllevar, traen consigo otros problemas como las indigestiones, la distensión abdominal o los vómitos.

“En el peor de los casos, si se ingieren alimentos muy calóricos de forma repetitiva, como bollería, fritos, chips o dulces, se puede ganar hasta 1 kilo a la semana y unos 5 al mes, que desemboca en otros riesgos relacionados, como hipertensión o elevaciones de los niveles de azúcar, colesterol y triglicéridos”, advierte Carmen Escalada, nutricionista clínica del IMEO. Aunque si se ajustan las cantidades a las recomendadas y al apetito, que ahora va a ser menor, y se controla la ansiedad por otras vías que no sea la comida, manteniendo una actividad física de 45 minutos a una hora al día, combinando ejercicios aeróbicos y de tonificación para no perder masa muscular, no tiene por qué experimentarse un aumento de peso durante el confinamiento”, recalca la experta.

Por ello, veremos mañana las pautas nutricionales para comer de forma saludable en casa que nos recomiendan desde IMEO, así como algunos consejos para entrenar en el salón de tu casa.