Cameron quitará las ayudas sociales a los obesos desempleados que no se traten

El primer ministro británico asegura que no es justo pedir a los contribuyentes que costeen los subsidios de quienes rechazan la ayuda y el tratamiento que les podría llevar de nuevo a la vida laboral.

ABC.es

obesos--644x362Los desempleados británicos con problemas de obesidad que no cumplan el tratamiento médico para adelgazar podrían perder prestaciones sociales, según un plan que anunció hoy el primer ministro del Reino Unido, David Cameron.

El jefe del Gobierno británico ha trasladado su propuesta al ministerio de Salud para que evalúe las pautas en las que tanto los obesos como los alcohólicos y drogadictos «con condiciones tratables» que no se sometan a terapia podrían perder los subsidios estatales.

«Algunos tienen problemas de alcohol o de drogas, pero rechazan tratarse. En otros casos, hay gente que tiene problemas de peso que se podrían solventar, pero en lugar de eso eligen llevar una vida sustentada por las ayudas y no trabajar», sostuvo Cameron.

Para el primer ministro, «no es justo pedir a los contribuyentes, que trabajan duro, que costeen los subsidios de la gente que rechaza la ayuda y el tratamiento que les podría llevar de nuevo a la vida laboral».

Subsidios para 2,5 millones de británicos

A tres meses para las elecciones generales en el Reino Unido, el líder conservador dijo que su Gobierno «está decidido a proporcionar a las personas las mayores ayudas posibles para devolverles a una vida plena».

La consejera del ministerio de Salud Carol Black, encargada de evaluar la propuesta, señaló que está «profundamente interesada en superar los retos que representan este tipo de personas que solicitan subsidios».

«Esta gente, además de tener problemas que han arrastrado durante mucho tiempo y complicaciones con su estilo de vida, sufren la gran desventaja de no estar integrados en el mundo laboral, algo tan básico en la sociedad», dijo Black.

En el Reino Unido, donde bajo la legislación actual no se requiere someterse a tratamiento para pedir prestaciones, cerca del 60 % de los 2,5 millones de personas que reciben subsidios por enfermedad llevan cobrando esas ayudas más de cinco años.

Una pareja con sobrepeso se queja de que no les contratan por su kilos de más

Stephen Beer y Michelle Coombe son una pareja británica en apuros. Ambos pesan 342 kilos en conjunto y se quejan de que por ello les resulta imposible encontrar trabajo. Viven de las ayudas estatales por la que reciben unos 2.500 euros al mes (2.000 libras) aunque eso no les ha impedido pagar la ceremonia nupcial por la que han desembolsado 3.800 euros (3.000 libras). Un programa de televisión británica quiere cambiarles sus hábitos de vida

Cuatro.com

  • El peso conjunto de los dos alcanza los 342 kilos
  • Stephen lleva nueve años intentando encontrar un empleo, sin lograrlo
  • Viven de un programa estatal de ayudas por el que reciben 2.500 euros al mes

Stephen_Beer-Michelle_Coombe_MDSIMA20150108_0219_21El matrimonio, informa Mirror, ha decidido participar en un documental de una televisión británica que les anima a cambiar sus hábitos alimenticios y que muestra lo difícil que resulta encontrar trabajo para este perfil de ciudadanos.

Porque Stephen Beer que tiene 45 años y pesa 196 kilos lleva los últimos nueve años sin trabajar aunque lo ha intentado presentando solicitudes en varias empresas aunque todas han sido rechazadas. Confiesa que su trabajo ideal sería «estar sentando en un kiosco del puente Tamar» o como Santa Claus en un gran centro comercial.

Su esposa Michelle Coombe, de 43 años, ronda los 146 kilos y su fuerza de voluntad para perder peso parece ser mayor que la de su marido. Acaba de apuntarse en un gimnasio aunque en las últimas semana no ha podido asistir porque ha tenido que atender a Stephen.

En el campamento al que han de asistir y que forma parte del documental que cuenta su experiencia tratarán de perder cada uno unos 19 kilos de peso. Además, aprenderán nuevas formas de alimentarse y, lo más importarte, de nutrirse.

Porque la pareja usaba con excesiva frecuencia los servicios de comida rápida. Stephen es muy aficionado a los kebab, los espaguetis boloñesa y la comida china.

Kirstie Alley, con 23 kilos menos

La actriz de ‘Cheers’ quiere dejar atrás su fama de ‘gorda’ de Hollywood

Lecturas
kirstie_alley foto by lecturasKirstie Alley ha vuelto a la carga con otra de sus temporadas de dieta intensiva. Ha empezado 2015 con 23 kilos menos que con los que empezó 2014, y hasta puede ponerse prendas diseñadas por Victoria Beckham, el rasero mundial de las siluetas estilizadas. El gran objetivo de Kirstie, claro está, es mantenerse, pues desgraciadamente ella ya ha estado aquí: en alguna una ocasión del pasado llegó a perder 35 kilos y los volvió a recuperar. Para su vergüenza, estaba cobrando de una marca de productos para adelgazar. Lo llaman efecto ‘yoyo’.

El final de la sitcom  ‘Cheers’, en 1993, fue el inicio del declive de su protagonista, Kirstie Alley. Hasta entonces había mantenido domados sus apetitos. A partir de entonces, se desataron los infiernos. Los estilistas de sus siguientes series sudaban tinta china para ocultar su creciente cintura, hasta que llegó un momento que sus problemas de sobrepeso la dejaron sin trabajo. La aguja de la báscula marcaba 100 kilos. Kirstie optó por convertirse en una caricatura y hacer mofa de su situación. Salió en el programa de Oprah en biquini, parodió su situación en la serie ‘Fat Actress’ (‘Actriz Gorda’) y fue una de las pioneras en tener unas cámaras de un reality siguiéndola las 24 horas del día, mientras explicaba su batalla con las grasas y los carbohidratos.

Kirstie lleva desde 1997 divorciada de su segunda marido. De su primer matrimonio tiene dos hijos, William (22) y Lillie (20).

La economía ‘ayuda’ a coger kilos: si baja el precio de la caloría, la población engorda

El Economista
obesidadUn nuevo documento de la Oficina Nacional de Investigación Económica de EEUU argumenta que los factores económicos pueden ser una causa de relevancia que explique por qué ha crecido la obesidad.

Tal y como publica Bloomberg tanto el precio de la comida como la oferta de trabajo en un estado o comunidad podrían explicar el 37% del incremento en el Índice de Masa Corporal en EEUU entre 1990 hasta 2010, así como el 59% del aumento de la obesidad severa.

Para simplificarlo completamente se puede afirmar que la población engorda cuanto el coste por caloría baja, cuanto más barata es la comida rica en calorías y azúcares mayor es el crecimiento de la obesidad.

Por otro lado, otro de los factores que incrementan el peso de los ciudadanos es la expansión y la proliferación de grandes supermercados y almacenes. La apertura de este tipo de centros explica el 17,2% del aumento de peso de los norteamericanos.

Según palabras textuales del documento, «la densidad de supermercados y grandes almacenes incrementa la probabilidad de que los ciudadanos inicien una dieta… El acceso a todo tipo de comida de bajo coste que proporcionan estos centros desencadena en problemas de autocontrol».

Este problema no ha pasado desapercibido por parte de las grandes empresas dedicadas a la venta de bienes comestibles, como es el caso de Wal-Mart. Tara Greco, directora de comunicación de esta empresa, asegura que están trabajando para crear comida más sana y accesible, porque son conscientes del aumento de la obesidad en EEUU, que ha pasado del 13% en 1960 al 35% en 2012.

Hay esperanza

Según el mismo estudio, hay esperanza puesto que está demostrado que por ejemplo la expansión de las ciudades deportivas y los gimnasios afectan de forma negativa al Índice de Masa Corporal. El mismo resultado tienen los aumentos en el precio de la gasolina.

Por otro lado, el tabaco y la jerarquía dentro de la empresa son otros componente relevante. Cuando el precio de los cigarros sube la obesidad aumenta. En lo que se refiere a los puestos de trabajo, cuanto menor es la cualificación requerida es mayor la tendencia a tener unos kilos de más.

Los expertos auguran carreteras más peligrosas con el auge de la obesidad

  • Según una ejecutiva de Ford, Sheryl Connelly, que trabaja vaticinando el futuro de la manufacturación de coches, las carreteras podrían ser más peligrosas si los fabricantes no se adaptan a conductores obesos.
  • Los vehículos del futuro deberán hacer frente a consecuencias de la obesidad, como reacciones más lentas.

La Informacion.com
Coches, conducción, conducirLos ‘futurólogos’ del mundo de la manufacturación
de vehículos vaticinan cambios en el sector. Y según una de ellos, Sheryl Connelly, ejecutiva de Ford, los coches del futuro deberán cambiar para hacer frente a una población cada vez más ‘ancha de cintura’. Según Connelly, si los fabricantes no se adaptan a la nueva realidad, las carreteras podrían convertirse en lugares cada vez más peligrosos.

Según la experta, que trabaja en el departamento de «tendencias y futurismo de consumo global», los vehículos de los próximos años deberán cambiar de tamaño y ajustarse a una epidemia de obesidad que, además de agrandar el espacio que ocupan los coches, tendrá que adaptarse a unos reflejos cada vez más lentos.

Según el diario The Telegraph, Connelly asegura que la conducción será cada vez más peligrosa en las carreteras a menos que los fabricantes se adapten introduciendo mejores medidas de seguridad o acelerando el desarrollo de coches sin conductor que da el control a los ordenadores.

Según la experta, acciones tan básicas como dar marcha atrás podían dificultarse con conductores más obesos, al no poder girar la cabeza o mirar por encima del hombro, por ejemplo, asegura. En algunos modelos ya hay incorporadas cámaras que permiten ver detrás del coche. El informe que ha elaborado Connelly vaticina también un auge en los coches pequeños, con uno, dos o tres asientos, debido a que gran parte de la población mundial usa el coche de manera individual.

Cómo funciona el primer dispositivo eléctrico contra la obesidad

– La obesidad se ha convertido en una epidemia que ataca a millones de personas en todo el mundo.
– Para combatirla existen diversos remedios desde dietas y rutinas de ejercicios hasta cirugía.
– Ahora la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó un nuevo dispositivo electrónico que sirve para controlar las sensaciones de hambre y saciedad, y bajar de peso.

BBC Mundo
150119112603_obesidad_304x171_enteromedicsEs la primera vez que la agencia sanitaria estadounidense aprueba un dispositivo de este tipo.
Anteriormente sólo había dado luz verde a fármacos y a dos sistemas de banda gástrica para tratar la obesidad.

Funcionamiento

El dispositivo llamado «Sistema Recargable Maestro» posee electrodos que se implantan en el abdomen y estimulan el nervio vago, el cual le informa al cerebro si el estómago está lleno o vacío.
El sistema se instala quirúrgicamente en el abdomen.
El implante envía señales eléctricas a los nervios que rodean al estómago que ayudan a controlar la digestión.
Esas señales bloquean los nervios, reduciendo las punzadas de hambre y haciendo que la persona se sienta llena.
Controles externos le permiten al paciente cargar el dispositivo, y a los profesionales de la salud ajustar su configuración para proporcionar una terapia óptima, con un mínimo de efectos secundarios.

¿Quién lo puede utilizar?

Este nuevo sistema puede ser utilizado en mayores de 18 años con obesidad severa o muy severa, que han fracasado con otros programas de manejo del peso supervisado durante cinco años y que tienen otro desorden asociado, como diabetes, hipertensión o apnea del sueño.
El nivel de obesidad se diagnostica a partir del índice de masa corporal, que es el resultado de la relación entre el peso y la talla.
Se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros.
Si el índice es igual o superior a 25 determina que la persona tiene sobrepeso. Pero si el índice da igual o superior a 30 determina obesidad.
«La obesidad y sus condiciones médicas relacionadas son problemas importantes de salud pública», expresó William Maisel, jefe científico del Centro de Salud Radiológica y Dispositivos de la FDA.
«Los dispositivos médicos pueden ayudar a médicos y pacientes a desarrollar planes integrales de tratamiento de obesidad», agregó.

Pruebas

El «Sistema Recargable Maestro» fue probado en un ensayo clínico.
Participaron 233 pacientes con obesidad severa y la finalidad era comprobar tanto la efectividad como la seguridad del dispositivo.
Después de 1 año, el 52,2% de los pacientes a los que se implantó el dispositivo perdió por lo menos 20% de su exceso de peso, y 38,3 % perdió por lo menos 25%.
Además, después de 12 meses, el grupo experimental también logró un cambio considerable, perdiendo un 8,5% más de su exceso de peso que el grupo de control.
La FDA determinó que el dispositivo conseguía una pérdida de peso continua y acordó que los beneficios superaban los riesgos.
El dispositivo parece ser esencialmente seguro, ya que apenas el 4 por ciento de los pacientes sufrieron un problema de salud debido al implante, según el informe de la FDA.
Se espera que este artefacto logre reducir los altos índices de obesidad en EE.UU., que actualmente alcanzan a más de una tercera parte de los adultos de dicho país.

14 cosas que la ciencia dice que engordan (y ni se le pasaba por la cabeza)

– Recopilamos los estudios más sorprendentes sobre el aumento de peso. Resulta que los domingos hay que comer con mamá
– La mentira de los ‘gordiflacos’: delgadez parece, sobrepeso es
– 8 ‘snacks’ que parecen sanos, pero no lo son tanto

El País, por Ángeles Gómez
bascula, foto El PaísMuchos tendrán todavía el regusto a roscón rondando por el paladar, pero en su cabeza crece la determinación de hacer algo para borrar, en la medida de lo posible, la huella que han dejado en la báscula las licencias dietéticas navideñas (una media de dos a cuatro kilos de ganancia de peso). Otros afortunados habrán conseguido no engordar ni un gramo en estas fiestas. Sea cual sea su balance, enero es un mes estratégico en la guerra contra el sobrepeso. Hay decenas de dietas para adelgazar, algunas con una sólida base científica, pero por sí solas no garantizan la victoria, y es que, como advierten los expertos, vivimos en una sociedad obesogénica, en la que multitud de factores confluyen para hacer el caldo gordo a los adipocitos (células de la grasa). A continuación, desenmascaramos algunos de los aliados más desconocidos de la obesidad.

1. Evitar las comidas en familia. Aunque haya acabado hastiado de parientes, debe saber que las comidas familiares pueden proteger de la obesidad y el sobrepeso. Entre las razones, que durante las mismas se establecen conexiones emocionales entre los miembros de la familia y los alimentos suelen ser más saludables, según un estudio de las universidades de Minnesota y de Columbia (Estados Unidos) publicado en Journal of Pediatrics. Esta recomendación es especialmente útil para niños y adolescentes para prevenir la obesidad cuando lleguen a adultos. No se horrorice: una o dos comidas familiares a la semana son suficientes para reducir el riesgo de obesidad.

2. Los hermanos y amigos gorditos. Los allegados le persiguen. Tener un hermano obeso duplica su riesgo de serlo (más que si lo es su padre), y la posibilidad aumenta si este es mayor y del mismo sexo, según sostiene Markos Pachucki, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, en un artículo publicado en American Journal of Preventive Medicine. Los amigos con sobrepeso tampoco ayudan, porque el exceso de kilos se contagia, como ha constatado el doctor David Shoham, de la Universidad de Loyola en Chicago, en un estudio sobre 1.800 adolescentes (PLoS One). Este vínculo ya se había encontrado en otro trabajo anterior publicado en 2007 en The New England Journal of Medicine. Lo bueno es que la delgadez también se transmite, y si sus amigos están flacos (IMC de 20), usted tiene un 40% más de posibilidades de reducir su peso.

3. El año de nacimiento. Si ha nacido después de 1942, esté atento. Existe una conexión entre una variante en el gen FTO y el año de nacimiento que favorece la aparición de obesidad, una correlación que es el doble de fuerte entre los nacidos después de 1942. Los científicos que han encontrado esta conexión, dirigidos por James Rosenquist, del Departamento de Psiquiatría del Hospital General de Massachusetts, no tienen una razón clara para esa asociación, aunque apuntan al desarrollo tecnológico posterior a la Segunda Guerra Mundial.

en bañador, foto El País4. Las bacterias intestinales. Tal vez encuentre en su intestino la respuesta a su peso. Si entre los millones de microorganismos que se alojan en el aparato digestivo se encuentran bacterias de la familia Christensenellaceae está de enhorabuena, ya que le protegen del aumento de peso (Cell). Aunque este microorganismo se hereda, su hallazgo abre la puerta a diseñar tratamientos probióticos personalizados contra la obesidad.

5. Los restaurantes con música clásica. Las sonatas de Schubert pueden ser apropiadas para una cena romántica, pero tiene que saber que animan a comer más. Un estudio británico de las universidades de Leicester y Surrey Roehampton ha comprobado que se consumen más alimentos y café en los locales cuando hay música clásica de fondo que cuando suena otro tipo de melodía. Téngalo en cuenta también para su economía.

6. El trabajo nocturno. Trabajar por la noche engorda, y no es porque se coma más, sino porque se altera el ritmo circadiano. Las personas estamos programadas para dormir cuando no hay luz y comer de día. «El trabajo por turnos durante la noche interrumpe el sueño y rompe el ciclo fisiológico y esto provoca una disminución del gasto energético diario total», concluye un estudio realizado por científicos del Instituto Médico Howard Hughes (Texas), y recogido en la revista científica PNAS. La solución: comer menos.

7. Dormir poco. El déficit de sueño no solo nos cambia el humor, sino que además engorda: está comprobado científicamente. La explicación es que el sueño desempeña un papel relevante en el metabolismo energético, de forma que al no dormir comemos más, como un mecanismo fisiológico de adaptación para mantener la vigilia. Una investigación publicada recientemente en American Journal of Clinical Nutrition ha encontrado también que dormir más se asocia a un menor índice de masa corporal (IMC) y una mejor alimentación.

medio ambiente, foto El País8. Vivir en Irlanda. Si piensa irse a vivir fuera de España, tal vez le interese saber que las previsiones apuntan a Irlanda como el país donde más aumentarán las cifras de obesidad y sobrepeso masculinas (en 2030, el 90% de sus hombres tendrá sobrepeso), mientras que en Bélgica solo el 44% de los varones acumulará kilos de más. La explicación a estas estimaciones, realizadas por el Foro de Salud de Reino Unido en colaboración con la Oficina Regional de la OMS para Europa, se encuentra en el modelo económico. «En los mercados liberales, como Reino Unido e Irlanda, las multinacionales de la alimentación promueven el consumo excesivo”, sostiene la doctora Laura Webber, coautora del informe, que se presentó en el último congreso de la Sociedad Europea de Cardiología.

9. Contaminantes ambientales. Las sustancias de desecho del pesticida DDT, o del lindano (utilizado para combatir los piojos y la sarna), son algunos de los contaminantes que se acumulan en el tejido graso de las personas, favoreciendo el desarrollo de obesidad y el aumento del colesterol en la sangre, según ha comprobado un grupo de científicos de la Universidad de Granada, que ha publicado estos resultados en Enviromental Pollution. Estos contaminantes llegan a los individuos, principalmente, a través de los alimentos con un alto contenido en grasa, incluyendo las carnes y pescados grasos de gran tamaño.

10. Ver la televisión. Enlazar el telediario de la noche con un capítulo de su serie favorita para terminar con un rato de un debate de actualidad le mantendrá más de dos horas frente al televisor. Si esto se repite todos los días, se incrementa un 23% el riesgo de obesidad (por no hablar del 14% del riesgo de desarrollar diabetes), advierte un informe de la Universidad de Harvard.

11. Dormirse con la televisión encendida. Seguro que más de una vez se ha dormido arrullado por el sonido de la tele. Ese pequeño placer puede hacerle subir de peso. ¿Por qué? Según Ahmad Agil, investigador de la Universidad de Granada, la exposición a la luz artificial durante la noche mientras dormimos -como la que emiten la televisión, el ordenador o una lámpara encendida- reduce los niveles endógenos de melatonina, una hormona que se libera durante la noche para regular los ritmos circadianos y que posee un potente efecto antioxidante y antiinflamatorio. Estas propiedades protegen de alteraciones metabólicas que provocan obesidad y diabetes. Un consejo: intente dormir completamente a oscuras (Journal of Pineal Research).

12. El estrés postraumático. «Las mujeres que sufren estrés postraumático aumentan de peso más rápidamente y son más propensas a padecer obesidad que las que no atraviesan esta situación», asegura un estudio de las universidades de Harvard y Columbia, publicado en Archives of General Psychiatry. Pero hay una buena noticia: cuando disminuyen los síntomas de este trastorno, el riesgo de obesidad se reduce notablemente.

13. La depresión y la ansiedad. La tercera parte de las personas estresadas pierde el apetito y adelgaza, pero más de la mitad reacciona al estrés comiendo y, lo peor, ingiriendo alimentos muy apetitosos, ricos en azúcares y grasas. La explicación científica es que el centro de recompensa que tenemos en el cerebro se activa con ese tipo de comida. Además, la hormona del estrés, el cortisol, sensibiliza ese sistema de recompensa y se favorece la ingesta compulsiva de alimentos muy calóricos. Rubén Bravo, director del Departamento de Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), afirma:  “Ansiedad y estrés son dos situaciones que se repiten con frecuencia en nuestras consultas. Los problemas económicos y laborales conducen a buscar la felicidad en la comida, y especialmente en dulces, que palían la agitación”.

14. Algunos productos desnatados. Un estudio publicado en el Scandinavian Journal of Primary Health Care concluye que el consumo de lácteos ricos en grasa se correlaciona con un menor riesgo de desarrollar obesidad central. En opinión del nutricionista Walter Willett, de la Escuela de Salud pública de Harvard, una explicación para este hallazgo es que los productos con toda la grasa son más saciantes y, además, los ácidos grasos de los lácteos tienen un efecto adicional en la regulación del peso. La nutricionista Natalia Galán, del Servicio de Promoción de la Salud de Sanitas, añade: «Los productos light no siempre ayudan a adelgazar, pues que tengan un 30% menos calorías que el producto inicial no es sinónimo de que no vaya a engordar. Muchos se anuncian como light y tienen más calorías que los que no lo son».

Doce alimentos que te están ‘envenenando’ sin que lo sepas

Aunque los comamos a diario y muchos de ellos estén concebidos como sustitutos de otros que ‘engordan’, hay alimentos que pueden provocar serios daños a nuestro cuerpo.
Que.es

CAFÉ

cafeLa cafeína es una droga psicoactiva que acelera rápidamente el sistema nervioso y nos mantiene alerta, pero que conlleva una serie de peligros que hay que tener en cuenta. Como asegura el especialista en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) a Qué.es, Rubén Bravo, el café supone «un peligro en potencia instaurado en nuestros hábitos».
Aunque hay discrepancias sobre si es perjudicial o no un consumo normal (entre una y dos tazas al día), lo cierto es que gran parte de los expertos coinciden en los efectos del café a largo plazo.
En este sentido, las enfermedades más comunes que puede producir son hipertensión y diabetes. Esto se debe a que dota aporta una dosis de insulina muy fuerte en un corto espacio de tiempo. De ahí que el consumo de café nos proporcione una sensación de euforia y mayor captación cognitiva.
Además, tampoco se recomienda su consumo durante el tratamiento con ciertos medicamentos, como los tranquilizantes, ya que anula potencialmente sus efectos.

BOLLERIA INDUSTRIAL:
La bollería industrial dirigida especialmente a los niños, así como las galletas rellenas de chocolate o los cereales del desayuno chocolateados pueden contener grasas trans. ¿En qué consisten?
Son aceites artificiales conseguidos a través de la manipulación química de algunas materias primas naturales, como el aceite de coco o de palma entre otros. Es una grasa que se forma cuando el aceite líquido se transforma en una grasa sólida añadiendo hidrógenos. Este proceso se llama hidrogenación y sirve para incrementar el tiempo de vida útil de los alimentos, su textura y su sabor.
Esto incide en los niveles de colesterol, aumentando el ‘malo’ y disminuyendo el ‘bueno’, e incrementa el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y satura la capacidad vasodilatadora de los vasos sanguíneos.

SALSA BOLOÑESA PRECOCINADA
Tienen un aspecto sensacional y suponen un añadido perfecto para la pasta. Sin embargo, las salsas precocinadas presentan una serie de características que no favorecen el buen funcionamiento del organismo.
En el caso de la salsa boloñesa, al igual que ocurre con otro tipo de carnes preparadas, cuenta con un volumen de sal muy alto y una serie de conservantes que influyen en la pérdida de nutrientes.
Existen algunas salsas ya preparadas con niveles más bajos y, por lo tanto, más recomendables para su consumo, por lo que conviene fijarse en las etiquetas de los productos que adquirimos en el supermercado. La mejor solución, como siempre, pasa por invertir nuestro tiempo en prepararla de manera natural.

PALOMITAS PARA MICROONDAS:
La mayoría de las grasas trans de nuestra alimentación provienen de ‘alimentos industriales’. Por ejemplo, las palomitas de maíz con las que solemos acompañar las pelis que vemos en casa, contienen mucha sal, mantequilla y colesterol.
Pero la influencia de las palomitas en la salud no queda solo ahí. En 2002, un médico estadounidense observó que ocho trabajadores de una fábrica de palomitas presentaban la misma enfermedad pulmonar. Cinco años más tarde, un estudio reveló que esa dolencia estaba relacionada con la inhalación de diacetil, una sustancia utilizaba para producir su aromatizante con sabor a mantequilla.

BARRITAS ENERGÉTICAS
Fueron concebidas como sustitutivas de las clásicas chocolatinas y por lo tanto es lógico pensar que pueden ser más naturales y que incluso son beneficiosas en una dieta baja en calorías. Pero no, lo cierto es que este tipo de productos suelen presentar fructosa de maíz, una sustancia que estaría relacionada con el incremento de casos de diabetes tipo 2.
Es conveniente verificar las etiquetas y comprobar que la miel o el sirope que publicitan como uno de los ingredientes principales están presentes en realidad en una proporción recomendada y que la fructosa de maíz no acapara buena parte de su edulcorante.

CARAMELOS O CHICLES SIN AZÚCAR
caramelosExiste la creencia popular de que los caramelos o chicles sin azúcar son más recomendables para la salud dental de los niños -también de los adultos-, pero tenemos que considerar que hay algunos edulcorantes perjudiciales para la salud. Uno de los más señalados es el Aspartamo, una variante aprobada para su consumo en 1981 y presente en buena parte de este tipo de productos o de los refrescos bajos en azúcar.
El aspartamo tiene grandes detractores y varios estudios señalan que podría estar relacionado con diversas enfermedades. Por ejemplo, esclerosis múltiple, fibromialgia, malformaciones en el feto durante embarazos…
Por esta razón se recomienda excluir los productos con edulcorantes o azúcar refinado.

PLATOS PRECOCINADOS:
Las pizzas congeladas, así como otros alimentos precongelados (empanadillas o croquetas) pueden contener grasas trans. Lo recomendable en este tipo de alimentos es revisar bien las etiquetas nutricionales prestando atención a si en ellas aparecen las grasas parcialmente hidrogenadas.
Además, distintos estudios han relacionado el consumo de platos precocinados con el aumento de intolerancias a determinados aditivos, ya que gran parte de estos productos presentan algún tipo de aditivo para su conservación. Los más nocivos para la salud serían el glutamato monosódico o la tartracina, sin olvidar tampoco al ya mencionado aspartamo.

CEREALES
Lo más normal es consumirlos para el desayuno bajo el pretexto de que proporcionan la cantidad de energía necesaria para afrontar las primeras horas del día. Sin embargo, estos productos no tendrían valor nutricional de no haber sido enriquecidos previamente con todo tipo de vitaminas y minerales.
Además, como en el caso de las barritas energéticas, la mayoría presentan fructosa de maíz entre sus añadidos principales, que está relacionada con el aumento de los casos de diabetes tipo 2.

GALLETAS:
Las galletas, sobre todo si están bañadas o rellenas de chocolate, suelen contener grasas trans. Algunas marcas incluso se venden como un producto saludable, lo que induce claramente al error. Las grasas trans mejoran bastante el aspecto de los alimentos, lo que hace que la industria abarate costes con su utilización para alargar la vida útil de determinados productos.
Además según un estudio encabezado por el científico Joseph Schroeder, algunos tipos de galletas con un alto nivel de grasas y azúcar pueden provocar una adicción similar a la de ciertas drogas.

HELADOS:
Aunque en verano sean un producto ideal para combatir el calor, hay que tener cuidado con el número de helados que consumimos al día. En su creación su ingrediente principal era la fruta, pero ahora están monopolizados por los lácteos.
Algunos fabricantes utilizan aceites vegetales (palma o coco) para su elaboración, lo que hace que contengan grasas trans y elevado aporte calórico.
Lo más recomendable es reducir su ingesta o decantarnos por helados de base acuosa, que presentan un nivel de vitaminas más elevado.

HAMBURGUESAS:
Las hamburguesas son alimentos elaborados industrialmente con aceites vegetales, por lo que abusar de ellas solo va a conseguir que aumenten nuestros niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre.
En este caso hay que tener en cuenta el tipo de carne que estamos consumiendo y su procedencia. Si su calidad es buena y la elaboración de la hamburguesa se realiza en casa, su valor nutricional será infinitamente más favorable.
Según la OMS, el consumo de grasas trans debería representar menos del 1% de las calorías diarias ingeridas por un adulto.

PATATAS FRITAS:
Las patatas fritas, preparadas para su consumo tras ser congeladas en ‘fast food’ o de bolsa, además de provocar un riesgo lógico de sobrepeso en determinadas alimentaciones, pueden resultar altamente adictivas. Esta característica se debe al alto porcentaje de grasas y carbohidratos que incluyen.
Si tienes antojo de este snack, lo mejor es que tú mismo peles las patatas y las frías en aceite de girasol, nada de comprarlas congeladas o consumirlas en cadenas de restaurantes de comida rápida.

El enorme coste de la obesidad

El País, por Fernando Gualdoni
obesidad en el mundo, foto El PaísEl reciente fallo del Tribunal Europeo de Justicia en el que reconoce que la obesidad “puede constituir una discapacidad” laboral ha vuelto a poner en primer plano uno de los mayores problemas de salud de los países desarrollados y emergentes con graves implicaciones sobre el futuro de la actividad económica. El reconocimiento del exceso de peso como “discapacidad” obligaría a las empresas, por ejemplo, a proveer de espacios de trabajo más amplios a estos empleados, asignarles tareas más livianas, o habilitar zonas de aparcamiento apropiadas. Y, si se tiene en cuenta que en torno al 20% de los hombres y un 23% de las mujeres europeas son obesos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cuestión del sobrepeso asoma como un factor de fricción en las relaciones laborales a medio plazo.
Por primera vez en la historia de la humanidad, hay más personas con exceso de peso que desnutridas. Unas 2.100 millones de personas en el mundo sufren de sobrepeso, entre los que se incluyen 670 millones que padecen obesidad. Si la cifra total ya representa en torno al 30% de la población mundial, un informe de la consultora McKinsey augura que el número se elevará a la mitad de los habitantes del planeta en 2030. “La obesidad está en ascenso en los países desarrollados y, ahora, está también presente en las economías emergentes”, sostienen los expertos de la consultora, que afirman que el problema no sólo se agudiza rápidamente, sino que será cada vez más difícil de revertir. “Solo un plan que ataque en varios frentes, desde el tamaño de las porciones de los alimentos, pasando por el control sobre la comida rápida, hasta el estímulo del ejercicio físico y la educación alimentaria, entre otras cuestiones, podrá empezar a frenar la crisis”, dicen en McKinsey.

En España, según datos de Naciones Unidas, un cuarto de los adultos padece problemas de sobrepeso y obesidad. Si se mide sólo entre la población económicamente activa, el porcentaje ronda el 50%, según la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).

El impacto de la obesidad en la economía mundial se calcula en torno a los 2 billones de dólares, equivalentes al 2,8% del producto interior bruto (PIB) global, según McKinsey. La gravedad del problema está a la altura del tabaquismo, la violencia armada o el terrorismo; y sus consecuencias se expanden a muchas áreas de la economía, desde los costes sanitarios —públicos o privados—, pasando por la caída de la productividad y el aumento del absentismo laboral, hasta un mayor consumo de alimentos y energía.

El coste de la obesidad , El Pais 1
El coste de la obesidad , El Pais 2

En EE UU, por ejemplo, el coste anual de la obesidad en función de la productividad para las empresas asciende a 153.000 millones de dólares, según la consultora Gallup. En Europa, la cifra ronda los 160.000 millones, según un informe de Bank of America-Merrill Lynch. Un estudio realizado hace cuatro años por los expertos de la Clínica Mayo de EE UU calculó que si el tabaquismo aumenta los costes de la atención sanitaria un 20% cada año, la obesidad eleva ese porcentaje al 50%.

El mismo centro médico, así como las universidades estadounidenses de Duke y Cornell, han dedicado recursos a estudiar el impacto del exceso de peso en las empresas del país norteamericano. Los diferentes estudios han calculado que el ausentismo laboral derivados de la obesidad elevan los costes de las empresas en 6.000 millones de dólares anuales mientras que la menor productividad de estos mismo empleados incrementa esa pérdida en otros 30.000 millones. El problema no solo afecta a la empresa; también al trabajador, puesto que las personas obesas tienen menos probabilidad de ser contratadas e incluso cobran menos, sobre todo en el caso de las mujeres.

El problema cuesta en productividad en Europa 160.000 millones de dólares

Aunque en países industrializados como EE UU y Reino Unido, entre los más afectados por la crisis, han florecido las campañas gubernamentales y privadas para estimular hábitos que ayuden a paliar el problema, la mayoría de las empresas aún no son conscientes de la importancia de impulsar programas internos para estimular al menos el cuidado de la alimentación y el ejercicio físico. La mayoría de los expertos coinciden en que las empresas deben subvencionar los programas de adelgazamiento, los medicamentos antiobesidad que puedan necesitar los empleados e invertir en el rediseño del lugar de trabajo (sala de ejercicios, comedor, máquinas expendedoras con productos saludables, etcétera). Amplios planes contra la obesidad tendrían un coste de entre 20 y 30 dólares anuales por persona en países como Japón, Italia, Canadá o Reino Unido, según la OCDE.

La obesidad tiene, además, otras implicaciones. La aerolínea australiana Qantas ha calculado que el peso de los pasajeros adultos se ha incrementado en dos kilos desde 2000, lo que supone un coste extra de un millón de dólares al año en combustible. Samoa Air, por ejemplo, es la primera en cobrar a sus pasajeros según su peso. El fabricante aeronáutico Airbus ya ofrece asientos más anchos para su modelo A320 y varias compañías constructoras de autobuses y trenes estudian hacer lo mismo. En el sector del automóvil han calculado que los pasajeros obesos aumentan el consumo de gasolina en millones de litros anuales, solo en EE UU. Por su parte, la Universidad de Buffalo (Nueva York) ha constatado que las personas sin exceso de peso son un 70% más propensas a usar el cinturón de seguridad que los obesos, lo que reduce la gravedad y coste de los accidentes.

Un cuarto de los españoles tiene esta dolencia; un 30% en todo el mundo

Un reciente estudio de los profesores Núria Mas (IESE) y Joan Costa (London School of Economics), titulado Globesity? The Effects of Globalization on Obesity and Caloric Intake, hace la correlación entre la globalización y la obesidad. “La obesidad es un fenómeno complejo que implica tanto aspectos económicos como sociales”, dice Mas. “Nosotros observamos que las normas sociales y culturales tienen un impacto fundamental sobre la obesidad. Los elementos de la globalización social que más efecto tienen sobre la obesidad son los flujos de información y los contactos personales. Hay evidencias que indican que el grupo de personas con quien comemos o con quién nos relacionamos tiene un impacto sobre como y cuanto ingerimos. De hecho, ya se habla de un “entorno obesogénico” que propicia la obesidad si se siguen sus normas sociales: por ejemplo, el tiempo que se tarda en comer, el tamaño de las porciones, etcétera”, añade.