Uno de cada dos españoles sufre el síndrome postvacacional

Las hormonas del buen humor, antiestrés y el descanso son clave para superarlo, afirman los especialistas del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) 

  • Es un dato que va en aumento. En el año 2008, un 35% de los españoles por debajo de los 45 años sufría el síndrome postvacacional, según datos del Instituto Superior de Estudios Psicológicos. En el 2010 la cifra alcanzó el 50%, según el Área de Psicología de Antiaging Group.
     
  • Dentro de los países miembros de la UE, somos lo que mejor llevan el síndrome postvacacional, debido a que un 62% de los españoles planifica el siguiente viaje con antelación para tener un aliciente psicológico, según un estudio realizado por TripAdvisor en  2011.          

El Instituto Médico Europeo de la Obesidad, en un trabajo conjunto entre psicólogos y especialistas en nutrición, hace pública una guía práctica de consejos prácticos que ayudan a diezmar las secuelas negativas en los que sufren el síndrome postvacacional, un problema que cada vez afecta a más españoles, en términos de duración y gravedad.

Es un fenómeno estudiado por los psicólogos que, aunque no esté catalogado como enfermedad, guarda relación con el aumento progresivo de niveles de ansiedad, falta de concentración, nerviosismo, indiferencia, irritabilidad o tristeza. Se produce en el principio de septiembre, coincidiendo con la vuelta de vacaciones. “La duración de esta ‘depresión’ oscila entre una y dos semanas y se caracteriza con una sensación de malestar importante que repercute en la calidad de vida, tanto en área emocional, como física”, determina Rubén Bravo, especialista en nutrición y portavoz del IMEO. En los casos más acusados, observamos cuadros de angustia vital, depresión temporal, bloqueo o predisposición a la agresividad. “En consulta, nuestros psicólogos han detectado también una dificultad a la hora de retomar las gestiones habituales y laborales, aguzada por falta de concentración, deterioro en los ciclos del sueño, insuficiencia creativa, todo ello acompañado por una desgana general”, puntualiza Bravo. Estos episodios se pueden evitar, si gestionamos de forma adecuada nuestras emociones y controlamos la alimentación. Si aumentamos, por ejemplo, nuestros niveles de dopamina (una hormona que incide en el buen humor) por el día, y por la noche los niveles de serotonina y melatonina (hormonas que guardan relación directa con el antiestrés y el descanso) por la noche, nuestro cerebro y el total de nuestro organismo tendrá vitalidad estable y suficiente para experimentar un alto rendimiento diurno y una sensación de bienestar nocturno. 

5 claves para combatir los síntomas del síndrome postvacacional

  1. Planificar tu próximo viaje.

Un estudio realizado por TripAdvisor en el año 2011 apuntaba que los españoles somos los miembros de la Unión Europea con menos niveles de síndrome postvacacional, debido a que un 62% planifica el siguiente viaje con antelación para tener un aliciente psicológico. La ilusión y las metas aumentan nuestros niveles de dopamina, haciéndonos pensar que después del esfuerzo tendremos un descanso o un premio. Nos pasa en periodos más cortos, como por ejemplo la jornada semanal, donde el lunes tendríamos un pequeño síndrome postvacacional que a lo largo de la semana va remitiendo en niveles de optimismo más elevados según se acercan el fin de semana. Si las siguientes vacaciones nos quedan lejos, siempre podemos planificar actividades más veraniegas para los próximos fines de semana: días de piscina, barbacoas, visitas al campo o a parques temáticos. 

  1. Máxima hidratación: beber entre 2 y 2,5 litros de agua.

Nuestro cerebro es la clave, pues regula y dirige las acciones y reacciones de nuestro cuerpo. Se determina que su composición es de un 75% de agua, por lo que mantenernos en niveles de hidratación óptima, nos ayudará a que nuestras entre 50 a 100 mil millones de neuronas funcionen cuanto antes a pleno rendimiento. 

       3. Primer día de trabajo: organizar las tareas.

Una serie de estudios demuestran que una de las sensaciones más habituales de aquellos que padecen este mal postvacacional es el bloqueo a la hora de iniciar las obligaciones laborales. “Llevamos una o dos semanas de inactividad y descanso, por lo que nuestros niveles de acetilcolina –un importante neurotransmisor que influye en la memoria, la concentración y en procesos que suponen más esfuerzo intelectual como el pensamiento, el cálculo o la innovación–, han disminuido, provocando que los primeros días de trabajo nos cueste coger el ritmo, a lo que sumamos algo de trabajo acumulado por el periodo de vacaciones”, indica Rubén Bravo.
Una forma de romper este bloqueo, según los psicólogos, es dedicar el primer día de trabajo principalmente a organizar las tareas en orden de importancia y tiempos de entrega. De esta manera romperemos el bloqueo y la sensación de tener muchos trabajos que realizar y no saber por dónde empezar. 

  1. Cinco raciones de fruta y verdura diarias + hidratos de carbono integrales.

El cerebro consume alrededor del 15% al 20% de nuestra energía diaria que principalmente proviene de la glucosa. Para funcionar a un buen ritmo, necesitamos priorizar los alimentos que nos proporcionan energía de forma estable y regular los azúcares.

Las frutas, las verduras y lo que comúnmente conocemos como hidratos de carbono son nuestra principal fuente de energía. Entre ellos, debemos escoger aquellas que tengan bajo índice glucémico, es decir, que aporten los niveles de glucosa de forma constante y estable, y no de golpe. Por ello recomendamos seleccionar los hidratos de carbono en su forma integral, ya que nos aportan más del doble de vitaminas y minerales que las versiones no integrales y, además, tienen un índice glucémico mucho más bajo. Es conveniente consumir el arroz, la pasta o el pan integral en la primera mitad del día, entre el desayuno y la comida, porque es cuando nuestro organismo demanda más cantidad de energía.

Las frutas y las verduras de bajo índice glucémico darán un apoyo imprescindible a los hidratos de carbono. De las frutas, las que mejor irían para superar el síndrome postvacacional son las cerezas, peras, pomelo, naranja, nectarina, melocotón o manzana; y en el caso de las verduras, los espárragos, espinacas, lechuga, pepino, calabacín, coliflor, pimientos, champiñones, setas, cebolla cruda o tomates. 

  1. Tres horas semanales de actividad física.

A la hora de realizar alguna actividad física, no nos centremos única y exclusivamente en practicar el deporte de rutina. Un estudio realizado por la Universidad de Huelva en el 2011, en el que se aplicó un programa de actividades deportivas a pacientes con patología dual, demostró que la actividad física regular mejora también los niveles de ansiedad, depresión y socialización.

Muchas veces la monotonía es la culpable de encasillarnos en un estilo de vida predominantemente sedentario; habrá que abrirnos a la diversidad de actividades que existen hoy en día y que combinan el ejercicio con la música o la diversión: clases de zumba o salsa, caminatas nocturnas, actividades acuáticas o con bicicleta. Sólo basta escoger una actividad que nos agrade, con un nivel de intensidad y frecuencia acorde que podamos realizar en un lugar favorable, con música y en buena compañía.

Los niños que toman antibióticos tienen más riesgo de ser obesos

Un estudio relaciona el consumo de fármacos en bebés con problemas de sobrepeso posteriores

Emilio de Benito / El País

Si los ganaderos usaban antibióticos para engordar a los animales, los seres humanos no son una excepción. Un estudio hecho a 11.532 personas que nacieron en 1991 y 1992 en Avon (Reino Unido) ha demostrado que el riesgo de sobrepeso aumenta un 22% entre los niños que tomaron estos medicamentos antes de los cinco meses de edad. El trabajo lo ha publicado la revista International Journal of Obesity. El efecto engordante de estos fármacos se observa bastante pronto. Entre los 10 y 20 meses de edad ya es apreciable, pero es a los tres años y dos meses cuando alcanza su máximo.

Eso no quiere decir, lógicamente, que estos medicamentos deban rechazarse. Los antibióticos son fármacos eficaces para tratar infecciones bacterianas, y privar de ellos a los niños podría ser aún peor que tener que luchar con un sobrepeso posterior.

Aparte de constatar un hecho estadístico que habrá que seguir estudiando —el estudio no establece una relación causa-efecto—, uno de los coautores del trabajo, Leonardo Trasande, de la Universidad de Nueva York, recalca que “aunque normalmente se piensa que la obesidad es consecuencia de unos malos hábitos alimenticios y de la falta de ejercicio, cada vez hay más estudios que apuntan a que es un problema mucho más complicado”.

Por ejemplo, la semana pasada se publicó otro trabajo en el que se relacionaba el peso de los niños con el de sus madres. Aquellas que tienen sobrepeso o son obesas tienen una mayor probabilidad de tener niños con la misma condición. No se aclaraba si era porque transmiten sus malos hábitos a sus hijos o por otras causas.

Barriga ¿cervecera?

La cerveza no es tan culpable

Revista QUO
Autora: Marian Benito

Tanta lata con la “tripa cervecera” (hay quien prefiere llamarla “curva de la felicidad”), y ahora la ciencia cae en la cuenta de que no existe cinta métrica que logre vincular la circunferencia de la barriga con los gramos de felicidad acumulada o litros de cerveza ingeridos. Ni la cerveza engorda tanto como se cree, ni la tripa es la despensa de la bonanza, aunque puede que en este peculiar algoritmo cerveza y felicidad casen bastante mejor.

La birra es social

Apetecible, accesible y con una variedad casi infinita de matices en tonalidades, sabores y sensaciones visuales y olfativas… No hay momento que se resista a calarlo en cerveza. Difícilmente se puede ya rebatir que se haya convertido en seña de identidad de cualquier encuentro y de las relaciones sociales y amistosas. Tomar cañas con los amigos es un placer irrenunciable. En el País Vasco, el 64% de la población se va de cañas después de hacer ejercicio, según una encuesta realizada por Cerveceros de España. ¿Hay mejor modo de rehidratarse y evitar las temidas agujetas?

A fin de cuentas, una tapa de banderillas y una cañita no suman más que 102 kcal. Si el acompañante es un pincho de tortilla de patatas, se convierte en una suculenta fuente de nutrientes, como proteínas, minerales y vitaminas.

“Tapeo y cerveza conforman un tándem inseparable, aunque también aumenta el número de consumidores que se decanta por la cerveza para acompañar su comida o cena, y los que demandan otros tipos de cerveza y especialidades Premium”, dice Jacobo Olalla Marañón, director de Cerveceros de España. Una cerveza incita a la charla, a compartir y a disfrutar de la riqueza gastronómica de nuestro país: tortilla de patata, pan con tomate y jamón, calamares, paella… En España, está ligada al estilo de vida mediterráneo y a la dieta a la cual da nombre.

En dosis moderadas (una o dos diarias) y en un contexto de alimentación sana y ejercicio físico regular, no provoca aumento de peso, ni de masa corporal, según concluye el estudio nutricional e inmunológico Consumo moderado de cerveza, dirigido por la doctora Ascensión Marcos, del Instituto del Frío del CSIC: “Esta, como otras bebidas fermentadas, ejerce algunos beneficios sobre nuestra salud cardiovascular, sobre todo por su alto contenido en antioxidantes, y también sobre nuestra respuesta inmunitaria contra patógenos externos”.

Lo corrobora también una investigación realizada con casi 2.000 hombres y mujeres de 25 a 64 años en la República Checa, publicado en European Journal of Clinical Nutrition: “No existe relación entre la cerveza tomada con moderación y el tamaño de la barriga de su consumidor”.

A la misma conclusión llega un estudio difundido por el Colegio Oficial de Médicos de Asturias, que relaciona el modelo de hombre y mujer con vientres colmados más con la cultura anglosajona, donde el consumo de cerveza y la comida rica en grasas saturadas se da en cantidades extremas. Y esto es lo peor: “Igual que el pan, la cerveza es un hidrato de carbono de asimilación media, y si no lo quemamos, nuestro cuerpo lo almacena en forma de grasa. Es fresquita y, sobre todo en verano, se bebe con muchísima facilidad. A poco que nos descuidemos, hemos consumido una cantidad alta”, explica Rubén Bravo, especialista en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO)”.

La grasa es cuestión de sexos.

Llegados hasta este punto, a más de uno se le habrá desmoronado el pretexto para su mimada barriga, tan preciada para quien la lleva como inquietante para los médicos, porque lo que de verdad envuelve no es alcohol o bonanza, sino grasa visceral. Lo demás, puro eufemismo.

Cuando la barriguilla empieza a acusar la dichosa curva, no merece otro nombre, como advierte el especialista en obesidad y sobrepeso Rubén Bravo, que el de “curva de la mortalidad”, rebosante de muchos riesgos y pocas alegrías: “Infarto cerebral y de miocardio, diabetes tipo 2, disfunción eréctil, hernia de hiato, hígado graso, menor capacidad respiratoria, problemas de vesícula y aumento del ácido úrico y del colesterol… ¿Curva de qué? No encuentro mucha felicidad en estos datos”, afirma el experto.

Ni siquiera hay un atisbo de buen ánimo, puesto que esta grasa viril provoca un aumento de la hormona del estrés, el cortisol, al tiempo que debilita las endorfinas, que son precisamente las hormonas que facilitan la sensación de bienestar.

¿Pero por qué hombres y mujeres acumulamos la grasa de manera diferente? Nuestro tejido adiposo es distinto genéticamente. Un estudio dirigido por la profesora Deborah Clegg, del Southwestern Medical Center, indica que el tejido graso en el caso de los hombres se dirige a sus entrañas, mientras que las mujeres, por indicación de sus hormonas femeninas, lo llevan a su trasero, muslos y caderas. De hecho, la llegada de la menopausia hace que el depósito de grasa se vuelva más masculino, lo cual tampoco es demasiado consuelo.

“Pero no toda esa barriga generada por la mala alimentación y el sedentarismo representa un acúmulo de grasa exclusivamente. Más de la mitad es abdomen globuloso, provocado por el empuje de las asas intestinales ante una pared abdominal débil”, explica el cirujano estético Nazario Yuste Grondona. Y es precisamente esa falta de fuerza de la musculatura la que resulta incapaz de oponer resistencia al crecimiento de la tripa.

También se ha descubierto el gen que genera grasa próxima a los órganos vitales en individuos de apariencia delgada, con menor cantidad de grasa subcutánea, pero no visceral. En una investigación en la que han colaborado el CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid, se detectó que los individuos con una variante en el gen IRS1 podrían tener mermada su capacidad de almacenar grasa subcutánea. Esto provocaría que se dirigiera al tejido adiposo visceral y que los ácidos grasos fueran liberados al torrente sanguíneo. Y con ello, que se fueran acumulando en el hígado y en otros órganos”.

Al menos, aún nos queda el alivio de disfrutar de una buena cerveza, que deja a cada sorbo esa huella de espuma, unas veces fugaz, otras persistente.

Dormir muy poco despierta el deseo de comida basura

  • El hambre y los hábitos alimenticios relacionados con el sueño son generados en parte por unas glándulas intestinales del apetito.
  • Las redes cerebrales asociadas con el deseo se activaron más cuando las personas no habían dormido y vieron fotos de comida basura.

20 minutos
El cuerpo es todo uno y en su interior todo se relaciona. Por eso no debe sorprender el descubrimiento que acaban de hacer cientídicos norteamericanos: la falta de sueño despierta el deseo de comida basura, de comida de alto contenido de calorías.  

Las personas que habían dormido mal deseaban pizzas y hamburguesasSegún dos estudios presentados en el encuentro anual de la Associated Professional Sleep Societies de EE UU, dormir poco puede incrementar la actividad en áreas del cerebro que buscan placer. Los investigadores sugieren que el hambre y los hábitos alimenticios relacionados con el sueño son generados en parte por unas glándulas intestinales involucradas en el apetito.

En uno de los estudios, el de la Universidad de California en Berkeley (EE UU), se pidió a 23 adultos jóvenes poner nota a varios platos de comida mientras eran examinados en resonancia magnética funcional. De ellos, unos habían estado despiertos durante 24 horas seguidas, y la otra parte habían descansado bien. El grupo de los voluntarios que no habían dormido en un día, mostró una amplia preferencia por la comida menos saludable en comparación con los otros.

La otra investigación se ha llevado a cabo en  la Universidad de Columbia. También utilizaron resonancia magnética funcional, que registra el flujo sanguíneo en el cerebro, para comparar la actividad cerebral en 25 voluntarios después de una noche de sueño normal y de una noche en que se les limitó el sueño a sólo cuatro horas.

Desean comidas altas en calorías porque buscan la energía que saben que les falta. A unos y a otros les mostraron imágenes de comidas saludables, frutas y vegetales, intercaladas con otras poco saludables, del tipo comida basura. Ocurrió que las redes cerebrales asociadas con el deseo tuvieron más actividad cuando los voluntarios no habían dormido que cuando habían descansado bien, especialmente cuando vieron las imágenes de comida basura.

Lo que pasaba es que las personas que habían dormido mal deseaban comidas como pizzas y hamburguesas. Según los investigadores, los voluntarios deseaban comidas altas en calorías porque sus cuerpos y cerebros buscan la energía que les falta para poder enfrentar la jornada.

¿Coladitos por sus huesos?

Los hombres son más tolerantes con los «kilos de más» de su pareja: buscan la garantía de la maternidad. Ellas añoran al fornido cazador y no quieren comprometerse con los gorditos

La Razón ·  Gonzalo Núñez

Calle Génova abajo, lindando ya con la plaza de Colón, el Ayuntamiento de la capital tuvo a bien, ¡feliz idea!, instalar una «gorda» de Botero. Sus pliegues, aun en bronce, son eterna alegría para todo tipo de menores y «guiris» inclinados a las fotos chocarreras. El consistorio y el artista colombiano sabían a lo que se exponían. Nada de esto hubiera sucedido si, en su lugar, se hubiera colocado una sílfide, émula de la sirenita danesa, pongamos, o una muchachita corriente tal que la estudiante de la placita de San Ildefonso. Pero es innegable que la carne proporciona más juego que el hueso. De ahí que los «hits» verbeneros no hablen de esbeltas jovencitas sino de «gordas, gordas, gordas, super gordas y apretás» o de las «pechugas» de una tal Ramona; de ahí, la frase estrella del marido sensato: «A mí me gusta que haya donde agarrar». Los huesos, para el perro.  

Claro que la querencia por la carne es más propia del hombre, según se desprende de la encuesta presentada esta semana por el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Las preguntas realizadas a 380 personas de ambos sexos revelan que ellas son más intolerantes a la hora de elegir a una pareja con kilos de más. Un 67 por ciento de las consultadas rechaza comprometerse con un «gordito», mientras que un 83 por ciento de los encuestados –¡ojo, un 83 por cierto!– accedería a emparejarse con una «rellenita» que, evidentemente, encajara con el resto de sus preferencias. Aunque se tiende a asociar a la hembra con un mayor desinterés en el aspecto físico de su pareja, pues se presupone que tradicionalmente han buscado en ellos garantías económicas o estabilidad social y familiar, los expertos no encuentran tan descabellados los datos proporcionados por IMEO. El portavoz del Instituto, Rubén Bravo, considera: «No nos debe extrañar tanto sabiendo que las españolas se colocan entre las mujeres que más se cuidan y menos obesidad tienen en el ámbito de la Unión Europea», todo lo contrario de lo que sucede con sus opuestos, en la cima comunitaria de la dejadez.

Ellas se exigen –y por tanto nos exigen– más. Han experimentado en sus «propias carnes» el peso social y cultural de un exceso de kilos. «Las mujeres, en general, son más intolerantes con el sobrepeso propio y ajeno que los hombres porque están mucho más expuestas a las presiones publicitarias, a un canon de belleza femenina delgada, a veces tiránico», asegura Valentín Martínez-Otero, doctor en Psicología por la Universidad Complutense. Al mismo tiempo, buscan en ellos al depredador atlético y fornido, una remembranza incosciente del viejo líder de la manada Neandertal. Bajo las adiposidades o la clásica curva de la felicidad se escondería, según nuestro experto, «una persona desordenada, que se cuida poco, con más problemas de salud, y, por consiguiente, menos atractivo». En resumen, un cazador fallido.

El «quid» es la maternidad
Probablemente, décadas atrás las cifras de IMEO hubieran variado ostensiblemente. Como en toda época de esterilidad –y ésta lo es–, viene primando un canon femenino que no ha sido en absoluto la tónica general en la historia, que siempre valoró, por encima de todo, una piel sonrosada y unas carnes razonablemente surtidas. A este respecto, el ejemplo de «Las tres gracias» de Rubens es de manual. Sólo el Romanticismo puede alegarse como precedente estético de la época actual. A los excelsos poetas de la esterilidad les atraían las mujeres cadavéricas y pálidas, aquellas incapaces de perpetuar una especie maldita, la nuestra. Entonces, como ahora, funcionaba la delgadez extrema, enfermiza, incapaz de alumbrar una gran progenie. La negación de la naturaleza y su gran baza, la fertilidad.

Ciertamente, en la maternidad está el «quid» de todo este debate y la explicación a la mayor tolerancia del hombre hacia las «rellenitas». Lo explica el doctor Martínez-Otero: «Los varones parecen soportar mejor los kilos de más en la mujer por una probable asociación, igualmente inconsciente, con la maternidad». Hábilmente, la naturaleza manda sobre el gusto, psique mediante. Es la inveterada llamada del útero, el misterioso atractivo de la Venus de Willendorf.

De más a menos
David Bustamante reconoce una y otra vez que fue su mujer quien ordenó su vida. Y sus kilos de más. Es Paula Echevarría la que ha supervisado su cambio de hábitos de vida: más deporte y una alimentación saludable.  Ahora luce un físico envidiable. Y a la inversa que otras parejas, que se abandonan en cuanto dicen el «sí, quiero», ellos están en el punto más alto en su carrera profesional y también en cuanto a proyección de imagen. Ella como bloggera de moda de éxito. Él, como imagen de Police.

De menos a más
La vida y los disgustos le pasan factura a ellos, con más crueldad si cabe que a ellas.  Algunos como John Travolta, abusan de la cirugía y el tinte, pero se olvidan de declarar la guerra a las grasas saturadas. Y así ocurre, que del físico envidiable de Tony Manero sólo quedan las reproducciones de Youtube. Que se lo digan también a Ronaldo, al que ya le costaba mantener los kilos a raya cuando era profesional y que, una vez fuera de juego, se dio a la buena vida. Aunque con poca estabilidad sentimental.

Dieta vegetariana de Adele

La cantante Adele ha decidido dejar de fumar y perder algunos kilos para lucir un aspecto más saludable. Haciendo una dieta vegetariana, la artista ha conseguido bajar 6 kilos en solo unas semanas. En este programa de La mañana de la 1, el especialista en nutrición Rubén Bravo del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) nos deja algunos consejos al respecto.

En una dieta equilibrada hay que tener hidratos de carbono, proteínas y grasas: carne, pescado, huevos, lácteos, legumbres, frutos secos, frutas, verduras y pasta. En el caso de las dietas vegetarianas hay que quitar las proteínas, es decir la carne y el pescado. Sin embargo, existen algunas variedades de dietas vegetarianas, como es la ovolactovegetariana que permite el consumo de huevos y lácteos. En este tipo de dietas, hay que tener mucho cuidado, porque la deficiencia de la vitamina B12 puede ser muy importante.

La Organización Mundial de la salud (OMS) nos marca que una mujer debe tomar al día entre 0,8 y 1 gramo de proteína por kilo de peso. A través de los vegetales es imposible conseguir estas cantidades . «Entre los problemas que podemos tener, como consecuencia de este déficit, son debilidad a nivel físico y mental y bajada de la masa muscular«, advierte Bravo.

Normalmente los vegetarianos intentan conseguir proteínas a través de la tofu –un derivado de la soja–, o también de algunos legumbres, pero aún así es difícil llegar a las cantidades recomendadas de proteína. Si estas deficiencias se prolongan o si la dieta se realiza sin un control médico, a la larga pueden aparecer fatiga crónica o fibromialgia.

Fuente: La mañana de la 1, TVE

El chocolate no engorda sólo si es puro y se controlan las cantidades

Fuentes: El Mundo / Enplenitud.com

Unos investigadores de la Universidad de California  observaron que las personas que más consumen chocolate tienen IMC más bajos que los menos ‘adictos’ al cacao. Este hecho se produce independientemente de la ingesta calórica al día y la práctica de ejercicio. 

El chocolate tiene asociaciones metabólicas favorables con la presión arterial, la sensibilidad a la insulina y los niveles de colesterol. Es rico en antioxidantes fitonutrientes como las catequinas lo que podría contribuir a su acción beneficiosa tanto en la sensibilidad a la insulina como en la presión sanguínea. Dado que el chocolate se consume como dulce y tiene calorías, despierta preocupación relacionada con su ingesta y el aumento de peso.  Se deberían evitar los que incluyen grasas hidrogenada en su elaboración. Lo importante es centrarse en los que estén elaborados con las únicas materias grasas procedentes de la manteca de cacao.

Como curiosidad hay que decir que existe incluso una dieta, La del chocolate que añade al menú al menos una vez al día variados postres elaborados de chocolate (aporta unas 1400 calorías al día, siendo el objetivo perder entre 1-2 kilos a la semana).

Lo que sabemos con certeza es que no engorda el chocolate puro, porque no ha sido procesado. Es cierto que algunos procesos le agregan elementos calóricos al chocolate, pero sin esos procesos las calorías del chocolate puro se convierten en materia grasa y no en energía.

El consumo diario de pequeñas cantidades de chocolate -no más de 30 gramos- tiene un efecto beneficioso para la salud, ya que este alimento tiene una gran cantidad de antioxidantes que protegen al corazón.

El chocolate genera endorfinas, que son las hormonas de la felicidad. Entonces el comerlo nos da una sensación de placer innegable. Ya que el chocolate mezcla la grasa con el azúcar, genera no solo una sensación de placer, sino que al consumirlo hay un efecto metabólico.

Las mujeres son las que más fácilmente caen entre sus redes, lo que se explica por las variaciones hormonales que experimentan, sobre todo en los períodos cercanos a la menstruación cuando necesitan elevar sus niveles de serotonina (neurotransmisor que tiene mucho que ver con el estado de ánimo). La mujer también es más depresiva, entonces tiene una mayor predilección por estos alimentos para sentirse mejor.

Otros estudios han demostrado que las personas con exceso de peso necesitan dosis más altas de este tipo de alimentos para mantener sus niveles de serotonina similares a los de las personas que tienen un peso normal.

Un chocolate que sea beneficioso para la salud tiene que tener sobre un 70% de cacao. Hay otros, en tanto, que tienen mucha cantidad de mantecas vegetales e incluso animales además de leche entera, y finalmente aportan una cantidad de grasa que no es saludable.

El chocolate que es de baja cantidad de cacao aporta solamente grasas de mala calidad y azúcares, lo que puede contribuir a elevar los niveles de colesterol, de triglicéridos y aportar una cantidad de calorías considerable que finalmente favorece el exceso de peso.

Las palomitas de maíz sin sal son un aperitivo saludable

Fuentes: ABC.es / ABC Radio

Según un reciente estudio, el maíz inflado es mejor antioxidante que las frutas, los frutos secos y los vegetales. Los niveles de polifenoles -sustancias que luchan contra la oxidación natural del organismo- hallados en las palomitas compiten con los que se encuentran en las nueces y superan los 300 miligramos en una ración frente a los 160 miligramos que se pueden obtener en una fruta.

El autor de este estudio, Joe Vinson de la Universidad de Scranton en Pensilvania, especifica que el poder antioxidante de las palomitas de maíz está la cascarilla marrón que concentra gran parte de polifenoles y de fibra.  

Para Vinson, no hay duda: «Las palomitas de maíz pueden ser un aperitivo perfecto. Es el único snack del que realmente se come todo el grano sin procesar, sin otros ingredientes que diluyen sus propiedades. Una porción puede proporcionar más del 70 por ciento de las necesidades diarias de cereales y además hacerlo con placer».

«El problema de las palomitas no es el cereal en sí, sino cómo lo preparamos: con mantequilla, con aceites vegetales, mucha sal o incluso azúcar», explica Rubén Bravo, especialista en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Si las cocinamos en una sartén con unas gotas de aceite de oliva y sin sal, sólo podemos ganar en salud. Ojo con las bolsas que se venden para microondas. Estas palomitas contienen casi el doble de grasa de las que se preparan en casa.

El poder antioxidante que tienen las palomitas de maíz son del sumo beneficio ya que «ayudan a prevenir el envejecimiento prematuro, la diabetes y una serie de enfermedades inflamatorias y degenerativas». concluye Bravo.    

Para escuchar el audio del programa «Queremos hablar con Javier Silvestre» de ABC Radio, pulsa PLAY.

Hamburguesas de laboratorio

La primera ración de carne sintética costará 250.000 euros, según sus creadores

Fuentes: la Sexta / El Público 

La primera hamburguesa sintética preparada en la asepsia de un laboratorio estará lista este otoño, según el investigador holandés Mark Post. El equipo de este experto de la Universidad de Maastricht (Holanda) es uno de los más adelantados en crear filetes, salchichas y hamburguesas sintéticas a base de células madre que estarían libres de infecciones, añadidos indeseables y emisiones de CO2 asociadas a la ganadería actual. Desde hace unos años, la carne de probeta es uno de los productos más esperados por los grupos animalistas, hasta el punto que uno de ellos (PETA) ofrece un millón de dólares al grupo que logre la primera pechuga de pollo artificial.

«En octubre tendremos una prueba de concepto para demostrar que podemos hacer un producto con aspecto, textura y sabor a carne y que ha sido desarrollado con métodos in vitro, a base de células madre», ha explicado Post durante el congreso de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, que se celebró hasta ayer en Vancouver (Canadá).

Por ahora, las hamburguesas de Post no dan ni para un canapé. Se trata de tiras blanquecinas de unos dos centímetros de largo hechas con células de músculo de vaca. Post no las ha probado, pero sí lo hizo un periodista de la televisión rusa que dijo que el plato era «masticable e insípido», según explicó el investigador a Nature. Post quiere ahora mezclar sus hilillos de vacuno con grasa y sangre para hacerlos más apetecibles y voluminosos. Sus estudios, que han sido financiados por el Gobierno holandés y la marca de salchichas Stegeman, van dirigidos a crear filetes artificiales que, de media, necesitarían un 40% menos de gasto que el bistec corriente. Por el momento se trata sólo de un sueño, ya que la primera hamburguesa de Post habrá costado 250.000 euros.

«Veo complicado que pueda crearla en octubre, pero supongo que usando por ejemplo un 15% de carne y el resto grasa y agua no sería una idea tan loca», explica a este diario Manuel Salmerón-Sánchez, subdirector del Centro de Biomateriales e Ingeniería Tisular de la Universidad Politécnica de Valencia. Salmerón-Sánchez explica que las técnicas que usa Post son muy parecidas a las que usan otros investigadores que intentan generar cartílago, músculo y otros tejidos humanos para curar enfermedades. La de la carne sintética se trata de «una aplicación más inmediata y que podría llegar a ser competitiva», detalla el investigador. «Yo me comería esta hamburguesa más tranquilo que la de una vaca actual», asegura.