¿Por qué a los niños no les gusta la verdura ni el pescado?

Hay una explicación física, incluso genética, pero también se debe a hábitos sociales

El País, por Ana Camarero
1469785072_070988_1469787308_noticia_normal_recorte1Padres y madres se quejan habitualmente de lo difícil que es incluir el pescado y las verduras en la dieta de sus hijos. Que niños y jóvenes no tengan estos alimentos entre sus preferidos tiene una explicación física, incluso genética, pero también está asociada estrechamente a los hábitos sociales y culturales.

No todas las verduras ni todos los tipos de pescados consiguen hacerse un hueco en los gustos de los más pequeños de la casa. Una circunstancia que, según Francisco J. Sánchez Muniz, catedrático de Nutrición y Bromatología en la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), está relacionada con que “la sensibilidad a los sabores tiene un componente genético indiscutible”.

Sánchez Muniz indica que “la percepción gustativa y olfativa está muy desarrollada en los niños, sobre todo, en los de corta edad. Eso explica la dificultad de introducir nuevos alimentos tras el destete o a la vez que el niño toma los biberones”. Además, “esa sensibilidad es particularmente alta a aquellos alimentos o compuestos químicos relacionados con un posible daño para nuestro organismo (señales nociceptivas). Muchos alcaloides son muy amargos y muy tóxicos. Esto explica que la sensibilidad al amargo sea elevada en todas las personas, pero especialmente en niños pequeños y madres gestantes. Esta sensibilidad va reduciéndose a medida que cumplimos años, muy posiblemente por la pérdida de receptores o, más bien, por la dificultad de los receptores de transformar los estímulos sápidos (y olfativos) en señales nerviosas que lleguen a las áreas sensoriales cerebrales y allí sean interpretadas”.

El catedrático explica que, “normalmente, los sabores dulces y algo menos los salados, son bien aceptados. El sabor fuertemente amargo provoca un rechazo universal y los sabores amargos suaves o moderados (de muchos alimentos) son buscados y deseados”. Sánchez Muniz señala que en relación al consumo de verduras, “los niños rechazan normalmente espinacas, coles de Bruselas, acelgas, berenjenas, rábanos o pepinos. Las verduras de hojas verdes oscuras suelen ser más amargas. Zanahorias, tomates maduros, patatas y batatas son una buena opción para consumir hidratos de carbono y fibra dietética”. En cuanto al pescado, entre los mejor tolerados en estas edades estarían “los pescados blancos frescos de sabor suave, como el lenguado, el gallo, la pescadilla, la merluza y la trucha”.

Estos consejos son bienvenidos para incrementar el consumo de unos alimentos que en los niños y adolescentes españoles se alejan del patrón alimentario mediterráneo recomendado, según recoge el estudio científico Antropometría, Ingesta y Balance Energético en España (ANIBES), realizado por la Fundación Española de la Nutrición (FEN). Los datos publicados en este informe indican que chicos y chicas consumen 117 y 128 gramos diarios de verduras y 37,8 y 41,9 gramos diarios de pescados. Cantidades que distan bastante de las recomendadas para este grupo de población y consideradas “saludables” para niños y niñas, que serían 137 y 148 gramos de verduras y 55,2 y 80,4 gramos de pescado, respectivamente.

José Manuel Moreno Villares, coordinador del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP), indica que el consumo de estos alimentos, “en general, está por debajo de las cantidades recomendadas: frutas y verduras a diario (cinco raciones) y pescado (2-3 veces a la semana). Su consumo es menor en los niños pertenecientes a grupos socioeconómicos más bajos, aunque se incrementa durante el curso escolar, dado que el comedor escolar corrige en parte este déficit, pues el pescado está presente 1 o 2 veces a la semana y la verdura diariamente”.

Los expertos coinciden en destacar la importancia nutricional que tienen estos alimentos en el desarrollo de niños y jóvenes. Por eso es necesario incorporar una serie de pautas para lograr que tanto las verduras como el pescado adquieran una mayor presencia en la dieta de este grupo de población. El doctor Moreno Villares recomienda que estos alimentos “estén presentes en la mesa de la familia y del colegio de forma habitual y que se elaboren con un poco de “alegría”. Ser imaginativos y buscar la manera de hacer atractivos ambos alimentos. También que los niños y adolescentes los conozcan, acompañando en la compra, ayudando en la cocina, etcétera. La exposición temprana a los sabores – en el primer año de vida- es una buena garantía de la diversidad de la dieta. Los padres son responsables, primero de consumirlos ellos mismos y, segundo, de que formen parte de la dieta habitual de la familia. No se trata tanto de hablar sobre las virtudes de ambos alimentos como de hacer (¡comérselos!)”.

La nutricionista y doctora en Farmacia Amil López Viéitez, fundadora del proyecto Dieta Coherente, indica que “un pescado se considera magro cuando tiene menos del 2% de grasa, semigraso entre el 2% y el 7%, y graso o azul con más del 7% de contenido graso. Mientras que en la carne abundan las grasas saturadas, en los pescados es mayor la cantidad de ácidos grasos insaturados beneficiosos para la salud, como el Omega 3, que es antiinflamatorio, ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, mejora la memoria y la concentración”. Además, prosigue López Viéitez, “el pescado es una importante fuente de yodo, hierro (no tanto como las carnes rojas), calcio, fósforo, magnesio y cobre, además de vitamina A, D y B12. Por su alto contenido en agua y su baja cantidad de grasa, tiene muy bajo valor calórico”.

En cuanto al consumo de verduras, la doctora López Viéitez subraya que “aportan principalmente fibra, vitaminas y minerales. Contienen mucho potasio y poco sodio. Las verduras de hoja verde son ricas en calcio, magnesio y vitamina K. Las verduras de color, como los tomates, zanahorias y pimientos, son excelente fuente de antioxidantes y vitamina A, importantes para la salud de los tejidos, piel y mucosas. Aportan hidratos de carbono de absorción lenta y fibra dietética previniendo el estreñimiento y enfermedades intestinales”.

9 recomendaciones de alimentación en viajes para las personas con diabetes

Obesidad y DiabetesEl verano es la época del año en la que más se viaja pero la planificación de estos viajessuele comenzar unas semanas o meses antes de su inicio, por eso, es necesario tener previstas muchas cosas, como los billetes de avión, la ruta, los hoteles o incluso renovar el pasaporte. Pero además, en el caso de las personas con diabetes también es inevitable pensar en algunos cuidados extra que hay que tener en cuenta para que durante el viaje no haya contratiempos relacionados con la enfermedad.

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En este sentido, Serafín Murillo, asesor en Nutrición y Deporte de la Fundación para la Diabetes, dietista-nutricionista e investigador del CIBERDEM, ha explicado que “en los viajes, la adaptación a la alimentación de cada país es sumamente compleja pues se consumen productos diferentes a los habituales, cocinados de otras formas a las que se está acostumbrado y, todo ello, solamente durante unos pocos días”. Así mismo, junto a la alimentación, Serafín Murillo ha calificado como aspectos básicos a tener en cuenta para una persona con diabetes la preparación previa así como el horario y la duración de los desplazamientos.

Por ello, la Fundación para la Diabetes, junto a su asesor en Nutrición y Deporte, ha elaborado una serie de recomendaciones sobre alimentación para las personas con diabetes con el fin de ayudarles a preparar su viaje de este verano de la forma más adecuada.

Información. En la fase previa al viaje es recomendable buscar toda la información necesaria sobre el tipo de cultura alimentaria existente en el país de destino. Por ejemplo, las personas que utilizan insulina rápida en cada comida pueden encontrar información sobre el contenido en raciones de hidratos de carbono de algunos alimentos más habituales en cada país.

 Desplazamientos. Los horariosde los desplazamientos pueden modificarse de forma imprevista debido a retrasos o cambios de última hora, por lo que es aconsejable tener a mano suplementos que contengan hidratos de carbono, en forma de líquido o de alimento sólido, como barritas o un pequeño bocadillo, para evitar problemas en los controles de los aeropuertos.

Educación diabetológica. Una de las bases de la alimentación en el tratamiento de la diabetes es saber reconocer aquellos alimentos que contienen hidratos de carbono y poder diferenciarlos de aquellos otros que prácticamente no los contienen. En este sentido, la Fundación para la Diabetes cuenta en su web con un amplio listado de alimentos que contienen hidratos de carbono y su cantidad.

Raciones de hidratos de carbono. Las raciones de hidratos de carbono también pueden variar según cada país. En España una ración contiene 10g de hidratos de carbono, mientras que en otros países como en Estados Unidos, México o gran parte de Lationamérica contiene 15g.

Etiquetado. Aprender a leer las etiquetas de los alimentos en otros idiomas es fundamental para poder identificar la palabra hidratos de carbono o carbohidrato en el idioma del país de destino.

Cantidad de hidratos de carbono. Es importante que la cantidad de hidratos de carbono sea similar a la que se toma de forma habitual. Con esto se consigue evitar desequilibrios en los niveles de glucemia.

Actividad física. En aquellas situaciones en las que se realiza más actividad física de lo habitual, como una ruta de trekking o la visita a una gran ciudad con largas caminatas, se puede incluir una cantidad de hidratos de carbono algo mayor, preferentemente en forma de alimentos de bajo contenido calórico como frutas o pequeños bocadillos, evitando la bollería. En este caso, se recomienda aumentar el número de controles de glucemia para adaptar el aporte de hidratos de carbono según sea la actividad que se realice.

Distribución. Otra dificultad añadida es la forma en que cada cultura alimentaria mezcla o distribuye los alimentos, lo que puede dificultar su identificación. Por ejemplo, en algunos países no se reparten los alimentos en porciones individuales, sino que se come directamente de un plato o fuente principal. En otros lugares, se toman pequeñas porciones de muchos alimentos (al estilo de las tapas españolas), lo que dificulta el control de la cantidad consumida. Si es posible, es mejor seleccionar la cantidad de alimento que se va a tomar y colocarla en un plato, pues esto ayudará a reconocer y medir de forma visual la cantidad.

Precaución. Durante los viajes pueden llegar a tomarse alimentos contaminados, dando lugar a alteraciones gastrointestinales. Esto puede causar un fuerte desequilibrio en los niveles de glucemia, con un aumento del riesgo de hipoglucemia. Para evitarlo, es recomendable tomar agua preferentemente embotelladay evitar los alimentos crudos (ensaladas o frutas), pues podrían haber sido lavados con agua contaminada.

Siete ideas para mantener a los niños hidratados en agosto

Los ‘peques’ de la casa se encuentran entre los grupos de mayor riesgo ante una ola de calor

Hola.com
ninos-hidratacion-01-zLos climas mediterráneos son más propensos a las olas de calor que otras regiones europeas. Aunque las temperarturas y el tipo de calor en la Península, así como en Baleares y Canarias, pueden cambiar radicalemente dependiendo de dónde nos encontremos, la Agencia Estatal de Meteorología española considera que nos encontramos en una ola de calor cuando los termómetros rebasan los 32°C por un período de al menos tres días. Es decir, una sitiuación bastante frecuente en muchas comunidades autónomas durante los meses de julio y agosto.
Los niños (sobre todo los bebés), las embarazadas y las personas mayores son los grupos más susceptibles de sufrir las consecuencias de una ola de calor; el más peligroso es el famoso golpe de calor, que aparece cuando la temperatura corporal pasa de los 40º, a menudo porque el cuerpo ha perdido demasiada agua a través del sudor corporal, ya sea por una exposición muy larga el sol o por no beber suficientes líquidos. Ya hemos visto lo importante que es no ‘cortar’ repentinamente con la temperatura corporal metiéndonos en el agua muy deprisa… ¿sabes cómo puedes mantener hidratados a los más ‘peques’ este mes de agosto? Aquí van algunos consejos súper refrescantes:

1. FRUTAS. Especialmente las frutas de temporada propias de los meses de verano, que suelen tener un elevado porcentaje de agua, como por ejemplo la sandía, el melón, la piña, las nectarinas o la naranja. Es el snack veraniego más saludable, que aporta carbohidratos para mantener altos los niveles de energía a lo largo de todo un día de juegos, y además permite mil y una presentaciones divertidas, incluidas las brochetas, las frutas heladas batidas con un poco de leche o los smoothies de colores.

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2. LIMONADA. Un litro de agua, unas gotas de zumo de limón, hielos y azúcar. Recuerda que el azúcar no es nada más que calorías vacías y es mejor tenerlo bajo control (más incluso que las grasas, sobre todo las grasas buenas), para que la dieta de los niños sea sana y equilibrada, así que intenta rebajar la cantidad de azúcar cuando sirvas a los niños frutas muy ácidas (también es común mezclarlo con el zumo de naranja, aunque a menudo innecesario), o sustitúyelo por otras alternativas más saludables, como por ejemplo la miel, que a pesar de ser también muy dulce aporta multitud de vitaminas y minerales.

3. LÁCTEOS. Incluidos claro, los helados, aunque siempre es mejor que sean artesanales que industriales; la gran estrella en estos casos es sobre todo la leche, que aporta casi 90 gramos de agua por cada 100 gramos de líquido, además de proteínas, grasas y minerales.

4. HELADOS DE HIELO. Especialmente si los hacemos en casa, para mantener bajo control la cantidad de azúcar de cada polo. Un helado de hielo casero no requiere más que zumo de frutas (por ejemplo lima y limón, o limón y sandía), agua, azúcar y moldes aptos para el congelador. Para dar más color a estos helados (y sabor) se pueden incluir pedacitos de frutas naturales también con alto contenido en agua, como arándanos, fresas, cerezas o la misma sandía, además de pétalos de flores comestibles.

5. OFRECE LÍQUIDOS A MENUDO. Aunque los niños se olviden de beber, es importante que les recuerdes que, cuando la sed aparece, significa que ya estamos deshidratados. Es decir, hay que beber antes incluso de tener sed. Si el día es muy caluroso, o tienen planificadas muchas actividades al aire libre, recuérdales con frecuencia que beban, y bebe con ellos. Evita los zumos industriales, los refrescos y las bebidas energéticas.

6. UTILIZA PAJITAS. Igual que hacer los platos divertidos funciona a la hora de hacer que los niños coman desde brócoli hasta espinacas, las pajitas, de colores o con diferentes formas, también pueden hacer las bebidas mucho más apetecibles, especialmente en niños pequeños.

7. LOS NIÑOS TAMBIÉN SUDAN EN LA PSICINA. Aunque no lo parezca, es posible sudar en el agua, y de hecho sucede cada vez que nadamos o realizamos una actividad acuática. Aunque estén ‘en remojo’ más horas de las que puedes contar, insiste en que ingieran bebidas a menudo para que no se deshidraten.

¿Sabes qué es la pregorexia en el embarazo? Aquí te lo contamos

La pregorexia es un comportamiento muy preocupante en las embarazadas.

Imujer, por Alejandra Guerrero
peso-en-el-embarazo«Pregorexia» combina las palabras pregnacy (embarazo en inglés) y «anorexia». Describe a las mujeres que tienen miedo a aumentar de peso durante el embarazo, y por lo tanto no se nutren adecuadamente a sí mismas y a su bebé en desarrollo. Y aunque no es considerado todavía un diagnóstico médico, describe un comportamiento muy real y preocupante.

¿Comer más o comer menos durante el embarazo?

Hoy en día es casi un cumplido decirle a una mujer embarazada «¡Casi no parece que estuvieras embarazada!» Y aunque cada mujer sube una cantidad de peso diferente durante el embarazo, el aumento de peso es saludable.

No subir de peso lo suficiente durante el embarazo es peligroso: puede aumentar el riesgo de aborto espontáneo y complicaciones de nacimiento, tales como prematuridad y bajo peso al nacer. Además, si se restringe la ingesta de alimentos durante el embarazo, el bebé no recibe los nutrientes adecuados que necesita para desarrollarse.

Y la restricción de alimentos durante el embarazo es contraria a la biología. Las mujeres con anorexia están ejerciendo un enorme control ante un impulso biológico natural, que es comer durante el embarazo. Y todos los trastornos alimentarios durante el embarazo son peligrosos, tanto para la madre como para el bebé.

Las mujeres más vulnerables de sufrir pregorexia

Las mujeres con antecedentes de trastornos alimentarios están particularmente en riesgo de sufrir de pregorexia durante el embarazo. Esto es especialmente cierto para las madres primerizas, que no están preparadas para lo que le va a suceder a su cuerpo. Algunas mujeres piensan que estarán bien al quedar embarazadas, pero cuando empiezan a ganar peso se desencadena una reacción que las pone de nuevo en el modo anoréxico.

Pero los trastornos alimenticios también pueden afectar a las futuras mamás que no los sufrieron en el pasado. Algunas de estas mujeres han mantenido un estrecho control de su peso corporal y figura durante toda su vida. Y cuando empiezan a subir de peso durante el embarazo desarrollan comportamientos poco saludables con los alimentos.

Las mujeres a menudo no hablan de sus trastornos alimenticios con su ginecólogo. Esto sería lo más saludable, ya que el médico las derivará a dietistas, psiquiatras y psicólogos que les brinden apoyo.

La buena noticia es que, a pesar de los desafíos que el embarazo puede traer, muchas mujeres con trastornos alimentarios lo utilizan como punto de inflexión para hacer cambios positivos para la salud de su bebé, que luego se extienden durante la lactancia y más allá, y pueden significar un futuro más saludable para la madre y el bebé.

La vacuna de la gripe podría no funcionar en obesos con alto riesgo de padecer el virus

Investigadores del Hospital de Investigación Infantil St. Jude Children, en EEUU, han probado con un experimento en ratones que la vacuna de la gripe podría no proteger a pacientes obesos con alto riesgo de padecer la enfermedad.

Diario Médico

La vacuna contra la gripe podría no proteger a los pacientes obesos con alto riesgo de padecer la enfermedad MADRID | EUROPA PRESS
La vacuna contra la gripe podría no proteger a los pacientes obesos con alto riesgo de padecer la enfermedad MADRID | EUROPA PRESS

Un estudio realizado en ratones por miembros del Hospital de Investigación Infantil St. Jude Children, en Estados Unidos, ha mostrado que la vacuna contra la gripe podría no proteger a los pacientes obesos con alto riesgo de padecer la enfermedad.

Para la realización del estudio, que se publica en mBio, los científicos utilizaron vacunas preparadas con virus muertos dirigidas a la gripe A H1N1, cepa de la gripe estacional y la gripe A H7N9, un virus que podría desencadenar una pandemia humana. Posteriormente, analizaron la respuesta inmune a vacunas con y sin adyuvantes en ratones delgados y obesos.

Después de la vacunación, lo investigadores comprobaron que los ratones obesos tenían niveles más bajos de anticuerpos y niveles más altos de virus. Los ratones que tenían un peso elevado consiguieron generar anticuerpos neutralizantes al virus, pero que no les protegía de una infección grave de gripe.

Además, cuando se incluyeron anticuerpos protectores de ratones delgados a los obesos, tampoco se detectó que les protegieran de la infección gripal. Esto sugiere, según Erik Karlsson, autor del estudio, que el problema radica en la respuesta inmune de los animales con obesidad en lugar de los propios anticuerpos.

Tanto es así, que los autores del estudio sostienen que el virus de la gripe penetra más profundamente en los pulmones de los ratones obesos, por lo que estos animales tienen más dificultades para reparar los daños.

«Este es el primer trabajo que muestra que las estrategias actuales para reforzar la eficacia de las vacunas contra la gripe en ratones con enfermedad grave no son suficientes para proteger a los roedores obesos de posibles infecciones», sostiene Stacey Schulz-Cherry, autor principal del estudio.

Hombres y mujeres: ¿altos, bajos, obesos, sanos? Fuente: medio ambiente

“Un estudio mundial con la participación de 200 países, 1472 encuestas y casi 19 millones de personas, analizó los datos de altura (y de salud) de las personas que cumplieron los 18 años entre los años 1914 y 2014, con el fin de averiguar quiénes son los hombres y las mujeres más altos del mundo y los resultados han sido sorprendentes.”

Econoticias
306_BJQQ_CAPORTADASBajos y altos
El hombre más alto del mundo es el que proviene de los Países Bajos (si, vale sonreír ante la paradoja) y la fémina de mayor altura es la letona. La altura promedio es de 1,82 m en los hombres holandeses y de 1,70 m en las mujeres de Letonia. Los hombres más bajos del planeta son los de Timor Oriental, un pequeño país del sudeste asiático que comparte la isla homónima, que tienen una altura media de 160 cm, un dato que no ha variado casi en el último siglo. Lo mismo ocurre con las mujeres guatemaltecas. Son las más bajitas del mundo con un promedio de 1.49 m.

Los números abarcaron un período de 100 años y provienen de una diversa cantidad de fuentes como son los de varios estudios epidemiológicos, los datos militares, las encuestas y los estudios de salud y de nutrición de cada población. El estudio estuvo a cargo del profesor Majid Ezzati, del Imperial College de Londres, pero contó con la ayuda de más de 800 científicos de todo el mundo, que abarcaron todas las especialidades posibles, como la medicina, la etología, la fisiología, la genética y la nutrición, entre otras y los detalles se publicaron en el día de ayer en la revista Elif.

En general crecimos

Un dato interesante es que en general la gente ha crecido en los últimos 100 años; tomemos como ejemplo a Irlanda cuyos habitantes hace un siglo ocupaban los puestos 43 y 44 para hombres y mujeres respectivamente y hoy se sitúan en el 20 y el 24 del mundo, con alturas promedio de 179,9 cm para ellos y 165,1 para ellas. El informe registra la altura de los habitantes de los países estudiados y demuestra que en determinadas naciones sus poblaciones han dejado de crecer a través del tiempo o hasta se han “achicado” durante los últimos 30 o 40 años.

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Los autores del estudio revelaron que países como EEUU, Reino Unido, Japón o Finlandia, se han estancado en una meseta de crecimiento. En cambio, en España, Italia y en muchos países del sudeste asiático y América Latina se aprecia un incremento en la altura de sus poblaciones. Al respecto se ha comprobado que una buena nutrición y unos factores ambientales positivos contribuyen a que una persona sea más alta, pero los factores genéticos también juegan un papel preponderante, dicen los investigadores.

Los cambios genéticos necesitan mucho más tiempo para asentarse y manifestarse, cuando el crecimiento se debe a una adaptación a determinados cambios, por lo que se debe tomar en cuenta que el estudio se basa en datos de cien años y es difícil apreciar este tipo de modificaciones genéticas. Otro de los factores que contribuyen a que la gente sea más alta es sin dudas la nutrición de las madres en los periodos de embarazo y de lactancia, lo que constituye un factor fundamental para el desarrollo del bebé.

CA15_46_originalDiabetes y obesidad

El estudio también examinó la incidencia de la obesidad y la diabetes en las personas estudiadas y comprobaron que ambas han aumentado de forma constante durante el lapso de 100 años estudiados y los números obtenidos no son buenos para los países desarrollados. En general en los países más industrializados se aprecia un aumento muy significativo en ambas dolencias. La incidencia de la diabetes en los últimos 35 años se duplicó en las mujeres y se triplicó en los hombres.

Las proyecciones surgidas de las conclusiones de este estudio sugieren que el 38,4 por ciento de los hombres de los países más ricos serán clasificados como obesos en 2025, mientras que la diabetes aumentará hasta en un 10 %. Para las mujeres, se espera que el 36,9 por ciento serán obesas, mientras que la diabetes afectará al 6,3 por ciento más de féminas de lo que lo hace en la actualidad.
CA16_86_original¿Se puede hacer algo?
Qué duda queda de que los datos son reveladores, especialmente en lo que se refiere al problema de la obesidad y la diabetes, que hoy en España son flagelos que podrían combatirse o atenuarse, con sólo cambiar de forma de vida.

No alcanza con decir que hemos crecido (en altura), sino que deberíamos esforzarnos por estar más sanos y esto solo se consigue con una dieta balanceada, con la práctica diaria de algún tipo de ejercicio y con un cambio de hábitos hacia tendencias más saludables. El consumo de productos ecológicos, naturales y bio (siempre que estén certificados con la correspondiente etiqueta), podría ser la clave para que los españoles superen los altos niveles de obesidad actuales, los peligros de sufrir diabetes y les den la vuelta a las funestas previsiones en cuanto a su salud. Todo está en nuestras manos.

Por qué un poco de sal en la comida sabe tan bien y si te pasas sabe tan mal

Las reacciones las provoca la homeostasis de organismo

La Vanguardia, por Rocio Navarro
img_msanoja_20160805-122514_imagenes_lv_getty_istock_62967447_small-103-kNEG-U403710861947xiG-992x558@LaVanguardia-WebCuando alguien cuenta que le han quitado la sal, normalmente lo hace desde un ánimo taciturno que anticipa que la percepción de la comida -a la que hasta ahora estaba acostumbrado- va a cambiar de forma radical.

“Cuando añadimos sal a la comida, sus moléculas modifican las del alimento, cambiando la composición química del mismo”, indica Andrea Marqués, nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (Imeo). El resultado es un sabor potenciado, más sabroso y atractivo para el paladar.

En España se consume de media 9,8 gramos de sal al día por persona, según el Libro Blanco de la Nutrición de la Federación Española de Nutrición. Una cifra que casi dobla la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 5 gr. diarios.

Pese a ello, cuando se superan unos límites en la cantidad del condimento, es el propio organismo el que rechaza su ingesta. Estos son los motivos que despiertan la relación de amor/odio con el cloruro sódico.

La reacción al exceso

img_msanoja_20160805-122512_imagenes_lv_getty_istock_7169515_small-kNEG--656x437@LaVanguardia-WebSi has tragado agua alguna vez en el mar, habrás comprobado que la sensación al paladar no es agradable. Según revela un estudio publicado en la revista Nature, cuando ingerimos altas dosis de sal se estimulan los receptores amargos y agrios del gusto. Esto, provoca que la comida con exceso salino sea desagradable.

Sin embargo, cuando se encuentra en la cantidad justa, se fomenta el apetito. Estas sensaciones enfrentadas ayudan a mantener el consumo apropiado de sal.

“Es un mineral indispensable para la vida que el cuerpo humano necesita para funcionar correctamente. Contribuye a regular la presión arterial, controla la cantidad de agua del organismo y es esencial para que el sistema nervioso transmita impulsos al cerebro y para la relajación muscular”, describe Carmen Escalada, nutricionista clínica de IMEO.

Por el contrario, su abuso, desencadena una serie de efectos en el cuerpo que pueden resultar peligrosos. “La cantidad de sal que los riñones no son capaces de eliminar se acumula en la sangre. Esto aumenta la presión arterial (hipertensión), lo que puede terminar desencadenando trastornos renales y cardiovasculares”, continúa.

¿Por qué nos gusta?

Como explica el escrito científico, la sal abre el apetito. “La razón es que los alimentos salados resultan más sabrosos. Esto es debido a su menor disponibilidad de moléculas de agua que aumentan la liberación de compuestos de sabor y aromáticos”, señala Rubén Bravo, experto en nutrición y gastronomía de IMEO.

Por otra parte, también influye en las características relacionadas con la textura. “Mejora la jugosidad de los alimentos proteicos al contribuir a la retención de agua y disminuye el pH de las proteínas y por tanto su acidez”, añade.

¿Cómo la tomamos?

img_msanoja_20160805-124138_imagenes_lv_getty_istock_36845358_small-kNEG--656x437@LaVanguardia-WebCuando nos proponemos ajustarnos a la cantidad recomendada de sal diaria, el equivalente a una cucharada de café colmada, aparece un problema. El mineral está camuflado en numerosos alimentos.

“De la sal total que consumimos, aproximadamente el 72% está oculta en productos precocinados y conservas que, la mayoría de las veces ni siquiera tienen sabor salado. Otro 20% procede de la sal que añadimos a los alimentos y el 8% restante es la sal presente de por sí en ellos”, cuenta Estefanía Ramo, Nutricionista Dietista de Imeo.

Lo que exige un cambio en los hábitos alimenticios para asegurar una ingesta saludable.

¿Qué sal elegir?

img_msanoja_20160805-123006_imagenes_lv_getty_istock_8877376_small-kNEG--656x508@LaVanguardia-WebFíjate en el espacio dedicado a sales de cualquier supermercado. Las hay rosas, en escamas, gorda o incluso importada desde el Himalaya. “Sin embargo, según la legislación tan solo existen cuatro tipos de sal según su obtención y sus características: marina, de manantial, de gema o refinada”, cuenta Rubén.

Asimismo, algunas están enriquecidas con sustancias como el yodo o el flúor. “La primera resulta de utilidad en zonas de interior, donde se consumen pocos derivados pesqueros, o montañosas en las que los vegetales se cultivan en terrenos pobres en yodo”, continua, y añade que es recomendable para niños y embarazadas.

Por otra parte, las ricas en flúor pueden mejorar la mineralización dental.

Cómo compensar los excesos del ‘todo incluido’

Ingerir frutas y verduras depurativas, abundante agua y comer cinco veces al día son algunas de las claves aportadas por la nutricionista dietista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), Andrea Marqués, para compensar los excesos de las vacaciones con el ‘todo incluido’.

Noticias de la Información

fotonoticia_20160804134243_640«Generalmente, en esta época del año es habitual descuidar nuestros buenos hábitos y alimentación, sobre todo en el caso de los grandes ‘resorts’ y cruceros que atraen los veraneantes con sus abundantes ‘buffets’ y menús ‘todo incluido’. Sin embargo, cuando se regresa a la rutina, se intenta perder rápidamente el peso ganado», ha explicado el experto en nutrición y portavoz del IMEO, Rubén Bravo.

En este sentido, la doctora Marqués ha aconsejado elegir los platos menos calóricos en el ‘buffet’ libre, dando preferencia a las ensaladas y sopas frías, tomar agua en lugar de bebidas alcohólicas o refrescos e incorporar al menú, junto al pescado a la brasa, una piña colada, espárragos blancos o un ‘crudité’ de apio y pepino.

Asimismo, la experta ha subrayado la importancia de practicar ejercicio físico; y hacer cenas ligeras a base de sopas frías, ensaladas o pescado.

PAUTAS SI TE ALOJAS EN UNA CARA RURAL

Por otra parte, muchas familias con niños optan por alojarse en un apartamento o casa rural durante sus vacaciones, por lo que los expertos han recomendado a los padres hacer desayunos ricos y nutritivos que incluyan, al menos, un cereal integral, un lácteo, una proteína magra, una grasa saludable y una fruta de temporada como melón, sandía, albaricoques, cerezas o melocotón.

Aprovechar las frutas y verduras de temporada; establecer unos horarios de comidas y emplearlos como un momento familiar, para comer sin prisa y cuidar sus digestiones; esperar al menos entre media hora y una hora después de terminar de comer; y fomentar la merienda, son otros de los consejos aportados por los nutricionistas de IMEO.

«Durante el verano debemos tratar de mantener una dieta variada rica en frutas y verduras frescas, pescados, carnes magras, cereales integrales, legumbres, frutos secos y aceite de oliva. A pesar de las frecuentes salidas y comidas fuera de casa, es importante acostumbrarnos a no improvisar y elaborar semanalmente una lista de compra, dejando que los menores aporten también sus gustos y preferencias para que posteriormente se impliquen tanto en la compra como en la preparación de los platos saludables», han zanjado.

Casi un 20% de los adultos españoles tiene obesidad y un 35,8% sobrepeso

Asturias, Galicia y Andalucía son las comunidades autónomas con las tasas más altas de obesidad.

obesidad en EspañaEl 35,8 por ciento de los adultos españoles tiene sobrepeso y el 19,9 por ciento obesidad, según se desprende del estudio Sobrepeso y obesidad general y abdominal en una muestra representativa de adultos españoles: resultados del estudio científico ANIBES, publicado en la revista ‘BioMed Research International’ y que ha sido coordinada por la Fundación Española de Nutrición (FEN).

En concreto, el trabajo, que pertenece al estudio científico ‘ANIBES’, se ha centrado en analizar los datos objetivos sobre medidas antropométricas y aportar información actualizada sobre la prevalencia de sobrepeso, obesidad general y abdominal en la población adulta en España entre 18 y 64 años.

Así, ha mostrado que el 36,4 por ciento de los hombres y el 48,3 por ciento de las mujeres en España tiene un peso normal, mientras que el 40,4 por ciento de los hombres y el 31,5 por ciento de las mujeres tiene sobrepeso, y el 22,7 por ciento de varones y el 17.2 por ciento de las españoles padece sobrepeso.

Según un estudio de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) publicado en el mes de mayo las tasas de obesidad más altas se dan en Asturias (25,7%), Galicia (24,9%) y Andalucía (24,4%), mientras que en el lado opuesto, las tasas más bajas se han observado en Islas Baleares (10,5%), Cataluña (15,5%) y País Vasco (17,9%).

«Estas cifras indican que el 55,7 por ciento del total de la muestra tenía exceso de peso y, como consecuencia, puede tener un mayor riesgo sanitario«, ha aseverado la directora del Grupo de Investigación ‘Valornut’ y catedrática de Nutrición de la Universidad Complutense de Madrid, Rosa Mª Ortega.

Respecto a la situación antropométrica general, el trabajo ha mostrado que sólo el 36,1 por ciento de la población participante tenía unos valores antropométricos óptimos, con un índice de masa corporal (IMC) inferior a 25 kilogramos por metro cuadrado y una relación entre la circunferencia de la cintura y altura menor a 0,5.

En este sentido, la experta ha destacado las diferencias entre población masculina, donde el 28,9 por ciento se encontraba dentro de los valores óptimos, y la población femenina, cuya cifra ascendía hasta el 42,7 por ciento.

Acumulación de grasa abdominal

«Teniendo en cuenta estos parámetros el 50,1 por ciento no sólo tenía exceso de peso, sino también una relación entre la circunferencia de la cintura y la altura elevada. Esta acumulación de grasa abdominal se asocia con un mayor riesgo cardiometabólico, por lo que este grupo de individuos merece una vigilancia especial. Por otro lado, el 13,9 por ciento de la muestra se ubicaba en situaciones intermedias, es decir, IMC elevado, pero sin obesidad abdominal, o IMC normal y obesidad abdominal», ha recalcado Ortega.

Además, también se ha visto que la situación antropométrica favorable va decreciendo según se incrementa la edad. De esta forma, el 49,3 por ciento de los adultos entre 18 y 40 años que participaron en el estudio tenía unos valores antropométricos óptimos, mientras que la cifra descendía al 21 por ciento en población adulta con edades comprendidas entre los 41 y los 64 años.

Por otra parte, se han encontrado variaciones significativas dependiendo del criterio usado para la clasificación de la obesidad abdominal.

«En algunos estudios se utiliza la circunferencia de la cintura como indicador, con este criterio, en el estudio científico ANIBES se observa que un 28,1 por ciento de la muestra tiene una circunferencia de cintura excesiva. Sin embargo, dado que hay personas con alturas muy variadas, parece conveniente la valoración de la relación entre la circunferencia de la cintura y la altura, con este indicador antropométrico, se encuentra un 58,4 por ciento de individuos que presentan obesidad abdominal», ha zanjado la doctora.

Cambia la rutina ¡y mantén tu peso!

Por si fueran poco el sofoco y la deshidratación, durante el verano es más fácil engordar. Los kilos de más acechan en cada aperitivo, bebida o cena al aire libre con la que se regale estas vacaciones. Y el peligro es mayor en las personas que ya tienen un alto índice de sobrepeso u obesidad, según el Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

cambia-la-rutina-y-manten-tu-peso-9cf2c0bfe85edf8e680b5318799b008d“Para cubrir la necesidad de refrescarse durante las altas temperaturas surgen diferentes opciones alimentarias poco saludables como helados, cerveza o refrescos”, comenta Natalia Nasarre Nacenta, dietista-nutricionista de Nutritional Coaching.

La solución a estos excesos suele ser la misma: ponernos a dieta. Encuestas de la OCU revelan que prácticamente todos lo hemos intentado alguna vez, la mayoría con resultados nefastos: el 50% recuperó algo de lo perdido, el 25% volvió a recuperar todos los kilos y un 15% acabó ganando más peso del que perdió.

Sin embargo, los expertos coinciden en que más allá de llevar una alimentación saludable, para recuperar el peso normal no es necesario pasar por el sufrimiento de un régimen específico: lo ideal es cambiar nuestras rutinas.

“De la misma forma que el peso puede aumentar cuando tenemos malos hábitos alimentarios (sin comer necesariamente más), también puede bajar cuando los modificamos por otros saludables”.

He aquí algunas de los modos que tiene para adelgazar sin que le resulte una tortura:

1. Elegir con quién come y con quién va al cine. 

De quien se rodea a la hora de comer es algo fundamental: Albert J Hammons y Barbara H. Fiese comprobaron que los niños y adolescentes que comían regularmente en familia reducían en un 12% sus probabilidades de sufrir sobrepeso.

Además, la socialización a la hora de comer tenía otros beneficios añadidos, como el hecho de que disminuía en un 20% el consumo de alimentos insanos y en un 35% el hecho de padecer trastornos alimentarios.

2. Cambiar la noche de copas por una cena romántica. 

Las investigaciones de Dipayan Biswas, profesor de márketing de la Universidad del Sur de Florida (EU), afirman que los locales con una iluminación tenue nos invitan a comer menos y de una forma más lenta, lo que favorece un control sobre la cantidad y por tanto, también sobre las calorías.

3. Ir al súper después de comer: 

Un estudio de la empresa española Nutrición Center concluye que hacer la compra con hambre se relaciona directamente con la obesidad. “Acudir al supermercado con un nivel de glucemia (azúcar en sangre) bajo puede influir en la elección de los alimentos. Esta situación ocurre cuando han pasado de 3 a 5 horas desde nuestra última ingesta de alimentos y, por lo general, nos hace más sensibles a productos de alto valor calórico: precocinados, dulces o fritos, ricos en azúcares simples y complejos, grasas y sal”, explica Marta Gámez, directora técnica del Grupo NC Salud.

4. Dejar la cocina rechinando de limpia. 

No parece que sea el plan más veraniego, pero le ayudará a perder peso. Y no nos referimos solo a las calorías que se gastan con el ejercicio, un estudio dirigido por el Food and Brand Lab de la Universidad de Cornell demostró que las cocinas más caóticas y sucias acaban incrementando el aporte calórico en nuestra dieta. Lo que induce a tal hecho es el estrés que genera ver el espacio desorganizado.

5. Cenar en plato de postre.

Un trabajo de la Universidad de Bond, en Queensland (Australia), indica que hay una clara correspondencia entre usar platos pequeños e ingerir menos comida. Y a la larga, ya sabe: cuanta menos comida, más fácil es reducir calorías, disminuir volumen y, sobre todo, no caer en kilos de más.

6. Apagar la televisión y encender el podómetro. 

La literatura científica coincide en la relación cada vez más directa entre sentarse delante de la caja tonta y cierto tipo de obesidades.

Por un lado, porque ese tiempo fomenta el sedentarismo; por otro, porque la tele incita a comer mal, a picotear snacks y porque la exposición excesiva a las luces brillantes altera el sueño lo que también está vinculado a los kilos de más, tal y como recoge un informe de la Universidad de la Sorbona (Francia) sobre el déficit de sueño y la obesidad.

7. Saborear la comida y masticar despacio. 

La nutricionista Nasarre afirma que comer rápido y sin prestar atención a lo que comemos tiene varias consecuencias.

“Por un lado, la autorregulación de la saciedad es peor por lo que acabamos comiendo más cantidad de la necesaria. Por otro, conlleva masticar menos los alimentos cuando lo que tenemos que hacer es comer despacio y atentos a nuestra masticación ya que eso mejora, además, nuestra salud digestiva e intestinal”.

Fuentes: AM / El País, por Teresa Morales García