Paris Hilton, Beyoncé y Madonna podrían padecer ortorexia

Este trastorno obsesivo, que lleva al extremo la idea de alimentación sana, lo sufren algunos famosos que siguen la dieta macrobiótica, la del jarabe de arce o la del grupo sanguíneo

ABC, 23 de febrero 2011

En las revistas, programas del corazón, páginas web de «celebrities»… en todos estos sitios se hablan de las dietas de los famosos. Además de sus prendas, peinados y maquillaje, se analizan sus kilos de más y de menos y es por esto, que muchas de las estrellas de Hollywood están tan muy pendientes de su figura.

Tanto es así, que algunas de ellas incluso pueden llegar a padecer ortorexia, que consiste en «un control exhaustivo y cada vez más estricto de los componentes de los alimentos», según explica el nutricionista y naturópata del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la ortorexia afecta en la actualidad al 28% de la población de los países occidentales y, según Bravo, su prevalencia «podría ir en aumento» en los próximos años, ya que la sociedad actual «tiende a los extremos» y las personas o se cuidan en exceso o no se cuidan «nada y tienden a la autodestrucción con la comida como ocurre con la obesidad».

La ortorexia normalmente, conduce al «aislamiento social», ya que el individuo «se agobia» si por ejemplo tiene que asistir a una comida entre amigos o una comida empresarial. Además, muchos de estos pacientes presentan déficit en su masa corporal, hipotensión y problemas cardiovasculares serios al descartar alimentos necesarios para el desarrollo del cuerpo humano.
Sanas aunque «les cueste» la salud

Una de las últimas famosas en salir a la palestra por su nueva dieta ha sido Paris Hilton, quien ha pasado de «barbie esbelta» a muñeca culturista. La rubia millonaria ingiere 3.500 calorías diarias, 1.500 más de las que debería consumir una mujer de su edad y realiza una intensa rutina de entrenamiento físico.

Al parecer, ha sido su novio norteamericano Cy Waits, culturista aficionado, quien habría influido en el cambio de alimentación de Paris, quien en la Semana de la Moda de Sao Paolo se mostró más rellenita que de costumbre.

Madonna, Carmen Lomana (quien paradójicamente anuncia hamburguesas), Julia Roberts, Gwyneth Paltrow, Elsa Pataky, Paul McCartney y Alejandro Sanz, entre otros, siguen la dieta macrobiótica.

Se trata de eliminar de la alimentación diaria productos como el azúcar blanco, el pan blanco, los embutidos, la carne, los dulces industriales, las bebidas alcohólicas y los refrescos.

La dieta del sirope de arce la siguen Beyoncé y Naomi Campbell, quienes consumen un refresco a base de agua mineral, jarabe de savia de arce, canela, zumo de limón y cayena, durante varios días en los que el resto de los alimentos están prohibidos.

Pero la palma se la lleva la dieta del grupo sanguíneo de la cantante Cheryl Cole que consiste en reconocer los alimentos que el organismo digiere mejor e idear un programa descartando el resto de nutrientes.

¿Por qué dicen que como mal, si estoy estupenda?

Muchas personas hoy en día se obsesionan por llevar una vida sana y llegan al límite en el intento. Quieren tener un peso determinado porque están preocupados por su aspecto físico y aspiran una juventud eterna. Esto los lleva a tener mucho cuidado con aquellos que están comiendo hasta tal punto que se limitan a digerir solo alimentos considerados buenos, ecológicos, naturales, biológicamente limpios, sin conservantes, edulcolorantes, grasas y otros añadidos industriales. Estas personas obsesionadas por la calidad de los alimentos y adictos al deporte pasan horas planificando qué van a comer, mastican determinadas veces cada bocazo, nunca interrumpen su dieta y a la larga llegan a aludir las reuniones sociales por miedo de no intoxicarse con la comida que les ofrecen en un restaurante, por ejemplo. Es una enfermedad relativamente nueva y se llama ortorexia, que consiste en «un control exhaustivo y cada vez más estricto de los componentes de los alimentos», según explica el nutricionista y naturópata del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo.

Para más información, escucha el programa de Radio Euscadi aquí.

La ortorexia, una enfermedad que radicaliza el concepto de alimentación sana

18 de febrero, Europa Press

Afecta al 28% de la población de Occidente

La ortorexia es un «tipo de trastorno obsesivo», que lleva al extremo la idea de alimentación sana y que consiste en «un control exhaustivo y cada vez más estricto de los componentes de los alimentos», según explica a Europa Press el nutricionista y naturópata del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la ortorexia  afecta, hoy en día, al 28 por ciento de la población de los países occidentales y, según Bravo, su prevalencia «podría ir en aumento» en los próximos años, ya que la sociedad actual «tiende a los extremos» y las personas o se cuidan en exceso o no se cuidan «nada y tienden a la autodestrucción con la comida como ocurre con la obesidad».

Aunque las consecuencias de la ortorexia dependen de su gravedad, una de sus características es que es una enfermedad «progresiva y silente», que hace que el día a día del sujeto esté cada vez más limitado. Así, la ortorexia puede comenzar por limitar mucho la alimentación, evitando la ingesta de carne roja, huevos, azúcares, lácteos y grasas, puede llegar a impedir al sujeto comer fuera y hasta llevarle a dedicar 3 o más horas al día a organizar su dieta.

Normalmente, conduce al «aislamiento social», ya que el individuo «se agobia» si por ejemplo tiene que asistir a una comida entre amigos o una comida empresarial, por lo que suele limitar su compañía «a un reducido círculo social compuesto por personas que piensan de la misma manera», explica el nutricionista de IMEO.

«Estas personas -prosigue el experto- se creen superiores a aquellas que no siguen esta forma de vida», por lo que su abordaje es bastante «complejo» porque suelen presentar «una falsa autoestima» basada en esta idea de superioridad y en el pleno convencimiento de que su vida es «mejor» que la del resto.

Respecto a su perfil psicológico, Bravo explica que son personas que están «más preocupadas por la calidad de los alimentos que por el placer de comer». Por ello, dedican gran parte de su tiempo (3 o más horas al día) a organizar la dieta y la planifican con mucha antelación, se desplazan grandes distancias para conseguir alimentos especiales o puramente ecológicos, los pesan, analizan sus componentes y abandonan sus actividades diarias para poder llevar a cabo su patológico modo de vida.

CONTAR LA MASTICACIÓN

«Atendí el caso de un paciente que controlaba las veces que masticaba cada trozo de comida 28 veces porque había leído en una revista que era sano», comenta a Europa Press el naturópata de  Instituto Médico de la Obesidad.

Todo estos rituales, derivados según el experto, de llevar al extremo los conceptos de culto al cuerpo y vida sana, tienen una serie de consecuencias sobre la salud psicológica, física y social. En la vertiente social lo más importante es que, por las características estrictas a las que les conduce su enfermedad, terminan «aislándose».

En el ámbito psicológico Bravo explica que suelen presentar «niveles altos de dopamina y niveles bajos de serotonina. Esto hace que tengan un exceso de euforia combinado con niveles de ansiedad altos».

Y en el aspecto físico de salud puede ocurrir que presenten «un exceso o defecto de vitaminas». Por un lado, evitar tantos alimentos puede conducir a «carencias de calcio, hierro o de algún otro tipo de oligoelemento», mientras que otras veces «lo que hacen es obsesionarse con la nutrición ortomolecular», por lo que ingieren «excesivas» cantidades de suplementos nutricionales.

Asimismo, muchos de estos pacientes presentan déficit en su masa corporal, hipotensión y problemas cardiovasculares. «Al rechazar el azúcar y la sal se suele generar un problema en la bomba de potasio y sodio celular. Esto provoca oscilaciones entre la tensión alta y baja, que a la larga pueden derivar en un problema cardiovascular», explica Bravo.

La ortorexia afecta principalmente a mujeres y adolescentes. También tiene su impacto sobre el grupo poblacional de deportistas y, sobre todo, en la gente que practica el fisioculturismo.

Su tratamiento debe basarse, según el nutricionista, en un «abordaje multidisciplinar» donde tengan cabida la psicoterapia, el control nutricional, la terapia por biorresonancia para «equilibrar» el funcionamiento emocional y el tratamiento farmacológico mediante antidepresivos, ansiolíticos y anoréxicos en los casos más graves.

La obsesión por la comida sana puede causar ortorexia

Orígenes

La ortorexia es un término moderno creado a finales del siglo XX para definir la obsesión patológica de una persona por la comida saludable. La palabra viene del griego orthos, «correcto», y orexis, «apetito» y es un símil de anorexia, «sin apetito». Muchas veces, culpable para esta conducta poco sana es la obsesión por una mejor salud o el temor a ser lentamente envenenado por los colorantes y conservantes de las industrias alimentarias. 

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) esta enfermedad afecta al 28% de la población mundial, tiene más incidencia en mujeres y adolescentes y en deportistas que practican el atletismo y el fisicoculturismo. Algunos estudios aseguran que sus precedentes son el culto al cuerpo, la obsesión por las dietas y el temor a la comida tratada con productos artificiales. Los seguidores de estas malas prácticas suelen estar aislados socialmente y jamás acuden a restaurantes o a reuniones que impliquen comer en casas o sitios públicos que no garanticen una alimentación sana. Eso sí, a veces llevan su propia comida, lo cual crea malestar y distanciamiento con los anfitriones.

Se trata de un trastorno obsesivo-compulsivo perjudicial para la salud que en algunos casos podría causar la muerte. El perfil de un paciente que padece ortorexia se caracteriza con extrema obsesión por una alimentación que él mismo considera saludable. Son personas que emplean más de 3 horas para organizar su dieta. La alimentación sana les aumenta su autoestima y para esto están dispuestos a renunciar los  alimentos que les gustan. Se evitan ciertos alimentos, sobretodo los que contienen grasas, conservantes o productos animales y se corre el riesgo de tener una mala alimentación o incluso desnutrición debida a descompensación por falta de proteínas y minerales, carencia o exceso de vitaminas. Como consecuencias dañinas de esta conducta aparecen las anemias, hipervitaminosis o hipovitaminosis y carencias de oligoelementos, como cobre, hierro, cinc, yodo, etc. En algunos casos la obsesión excesiva por comer sano puede derivar en dolencias más graves como hipotensión y osteoporosis, depresión, ansiedad e hipocondría.

Las personas que padecen esta enfermedad suelen evitar los productos con preservantes que consideran «peligrosos», los alimentos industriales o prefabricados que tachan de  «artificiales». Únicamente son tolerados los producidos biológicamente «saludables», dando prioridad a la fruta y verdura ecológica. A diferencia de las personas que nos son enfermos, los ortoréxicos nunca interrumpen su dieta, ni siquiera en ocasiones especiales. Excluyen de la dieta carnes rojas, huevos, harinas, lácteos, azúcares, grasas y los alimentos tratados con herbicidas o pesticidas, pero sin el debido reemplazo de los alimentos necesarios para el correcto funcionamiento del organismo. Leen de forma atenta las etiquetas con los valores nutricionales e ingredientes de los productos. En estos casos también se observa realización de purgas para purificarse y desintoxicarse muy seguido.

Algunos ortoréxicos convierten en ritual la preparación y conservación de los alimentos: algunos se niegan a cortarlos para no estropear su aura; otros sólo admiten vajillas y utensilios de madera; terceros los mastican una número exacto de veces antes de tragarlos… Invierten su jornada en planificar al milímetro las comidas, examinan y comparan etiquetas, llevados por un miedo que limita con la paranoia.

Este tipo de pacientes suelen experimentar ataques de ansiedad, nerviosismo, estrés, frustración o deseos fuertes de comer con cada cambio emocional. Para seguir el régimen, hacen prueba de una gran fuerza de voluntad, pero si rompen los votos y sucumben a la tentación de los alimentos prohibidos, se sienten culpables y corrompidos. Este comportamiento es similar al de las personas que sufren anorexia o bulimia nerviosa, sin embargo, los anoréxicos y bulímicos se preocupan por la cantidad de comida que consumen, mientras que los ortoréxicos se obsesionan con la calidad de la misma, fomentada de forma excesiva por los medios de comunicación.

Tratamientos realizados en el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO)

Una dieta saludable debe ser aquella que contenga todo tipo de nutrientes: proteínas, hidratos de carbono y grasas, restringiendo siempre las que son saturadas. Y hacia ese equilibrio se dirige el tratamiento de la ortorexia. Su finalidad, además de tratar los posibles trastornos emocionales, será que la persona analice y supere sus creencias erróneas sobre lo que considera una alimentación sana con la intención de que consiga modificar sus pautas.

En primer lugar el tratamiento intenta abastecer las necesidades nutricionales del organismo, aportando de forma progresiva los alimentos básicos hasta que el enfermo recupere el peso adecuado y la salud en general. Paralelamente, se recomienda un tratamiento psicológico con el fin de desterrar la obsesión por la comida sana.
Para remediar el estrés y la ansiedad, también se podrían aplicar terapias de apoyo como la biorresonancia que permite equilibrar el funcionamiento emocional, corregir los pensamientos negativos y positivizar los traumas acumulados a nivel inconsciente. La magnetoterapia asistida combinada con técnicas de relajación también es muy útil para mitigar el estrés, la fatiga o los estados depresivos.

El estrés fomenta la aparición de trastornos alimentarios y de apetito

  • Un 11% de la población de los jóvenes escolarizados en la Comunidad de Madrid, con edades comprendidas entre los quince y dieciocho años, padecen un trastorno de conducta alimentaria, según datos publicados por el Instituto de Nutrición y Trastornos Alimentarios de la Comunidad de Madrid, 2010. 
  • Varios estudios realizados durante los últimos años por científicos advierten que el estrés en el trabajo, la inseguridad por la situación económica y la depresión en los adolescentes podría fomentar la obesidad. 
  • El 78% de las personas que acuden al Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) padecen de obesidad derivada de los trastornos alimentarios, el estrés y la ansiedad.

Obesidad debida al estrés en los adultos

El estrés, en todas sus formas –tensión, fatiga, presión, alteración, depresión, insomnio–, representa una reacción defensiva física y mental del ser humano ante un ambiente desfavorable. Hombres y mujeres responden de forma diferente al estrés, pero en ambos casos este estado de ánimo conlleva a comer de forma compulsiva y desmedida. Los varones suelen desarrollar una obesidad abdominal, mientras que las mujeres almacenan los cúmulos adiposos en la zona de los glúteos y los muslos. Al ser más emocionales, las representantes del sexo femenino resultan más propensas a experimentar alteraciones en el estado de ánimo por problemas de trabajo, pareja o la familia, aunque ellas también son más decisivas a la hora de ponerse a régimen.

“Existe una relación entre el estrés y la obesidad basada en los trastornos alimentarios”, afirma Ángel Nogueira, especialista en trastornos alimentarios de IMEO. Muchas veces comemos no porque tenemos hambre, sino porque nos encontramos en estado de estrés emocional, ayuno prolongado, alteración del sueño, ingesta cargada de cafeína y el cerebro reacciona como si estuviésemos ante una amenaza física. Aumenta la adrenalina y nos encontramos con un exceso de hormonas, entre los cuales está el cortisol, que es culpable de nuestra sensación de hambre y de la energía conservada bajo forma de grasa. En esta situación “la persona estresada se decanta por comer alimentos que abundan de azúcares, sal y grasa, porque son los que estimulan el cerebro para producir hormonas del placer”. Así con cada enfado damos un paso más hacia la obesidad, sometiéndonos a un mayor riesgo cardiovascular, advierte el especialista.

Cuando el organismo produce cortisol en grandes cantidades, la producción de la testosterona –muy importante para la formación de la masa muscular– disminuye. Con el tiempo, esto conlleva a la disminución de la masa muscular, de modo que por mucho que la persona entrene, no quemaría calorías suficientes. El cortisol también es culpable del almacenamiento de grasa visceral alrededor de los órganos vitales. Este tipo de grasa es muy peligrosa, ya que desprende ácidos grasos en la sangre que aumenta el colesterol y la insulina y puede causar problemas cardíacos y diabetes.

Trastornos de la alimentación en adolescentes

La ansiedad y los trastornos de la alimentación que cada vez son más frecuentes entre los adolescentes, radican en el ideal de belleza que gira en torno a la delgadez y el aspecto físico. Sin embargo, hay varios síntomas que nos pueden indicar la presencia de estos trastornos de la alimentación, es cuando se debe buscar ayuda profesional. “En el caso de la anorexia, por ejemplo, se observa una perdida de peso bastante importante -por debajo del 85% del peso correcto-, intenso temor a engordar, incluso teniendo bajo peso, distorsión en la propia percepción de la imagen corporal, negando el estado de delgadez en el que se pueda estar”, indica el especialista en trastornos de la conducta alimentaria. Otro síntoma típico en estos casos es que en las adolescentes que tienen este problema suele producirse una amenorrea o ausencia de menstruación que podría durar 3 meses consecutivos.

La bulimia se caracteriza con una excesiva influencia de la figura corporal y el peso. A diferencia de la anorexia, aquí se observa una serie de atracones o una elevada ingesta de alimentos en un periodo de tiempo menor a dos horas, acompañado por una sensación de pérdida del control. De forma paralela, aparecen comportamientos compensatorios como vómitos, uso de laxantes o diuréticos, ayuno o ejercicio excesivo para contrarrestar el atracón. “A causa de los ácidos del estomago, eliminados por el vomito, podemos notar erosión en los dedos y oscurecimiento de los dientes que dilatan la presencia de la enfermedad”, señala Nogueira.

Existen otros trastornos de la alimentación, aunque no tan populares, que también sufren los adolescentes, como es el caso de la vigorexia. Se presenta sobre todo en los varones y también incluye una alteración de la figura corporal. “Los que trabajamos en el ámbito del deporte y la actividad física, observamos a menudo esta obsesión en chicos jóvenes que quieren tener cada vez más masa muscular, y a pesar de tener un cuerpo musculado, tienen la percepción de estar delgados”, relata Nogueira.

Entre los trastornos de conducta alimentaria también está la ortorexia que consiste en llevar una alimentación saludable a límites extremos, llevando consigo el aislamiento del individuo. “Se trata principalmente de trastornos psicológicos, por ello lo primero que habría que hacer es consultar con un especialista en la conducta y en caso de que el problema sea mas grave, que sea tratado por un equipo multidisciplinario que incluya psicólogos, psiquiatras, endocrinos, médicos, nutricionistas y asesores deportivos” recomienda el especialista de IMEO.

José: cuando uno es obeso mórbido, las dietas no ayudan

41% de los madrileños tienen problemas de sobrepeso y obesidad. Lo dice la última estadística de Comunidad de Madrid. José es una de estas personas que sabe lo que es ser obeso, aunque ya ha dejado de serlo gracias a la banda gástrica y el apoyo profesional. Tiene 26 años e ya sabe lo que es poner su vida en peligro. Antes de acudir al Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) para buscar ayuda médica, comía 4000 calorías al día y pesaba 185 kilos. Confirma que llegó hasta este extremo debido a la ansiedad y las depresiones que a menudo tenía que lo impulsaban comer de forma compulsiva. Hizo todo lo posible para adelgazar por su cuenta. “Me encerraba con días en una casa, comiendo lo mínimo, sin salir y relacionarme con la gente”, cuenta. “Así llegué a perder hasta 50 kilos que luego no tardaba de recuperar”, explica al equipo de Telemadrid.

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Cómo vencer a la báscula

En los primeros meses del año aumentan las personas que hacen dieta

Diario Ideal de Almería
6 de febrero 2011, por FRAN GAVILÁN 

Dejar de fumar, no volver a mentir a las personas que quieres, hacerte un cambio de ‘look’, emprender una carrera brillante o, incluso, intentar ser mejor persona. La entrada de un nuevo año siempre trae consigo numerosos propósitos y objetivos para mejorar lo que no te gusta de tu vida o soñar con lo que podrías ser si cambiaras en algunos aspectos. Promesas que, por regla general, no se terminan de cumplir y quedan relegados a un sueño romántico. Entre ellas, una de las más populares: emprender una dieta y dejar peso a partir de los primeros meses del año. Un propósito que ‘ronda la cabeza’ de un gran número de personas tras terminar de tragar la uva número doce y pensar en el nuevo año con esperanzas y aires de nuevos tiempos que anuncian un paso de calidad en su vida. Y es que, la Navidad es una de las épocas donde más excesos sufre el cuerpo. Cenas interminables, ingesta de alcohol, aumento de salidas y celebraciones donde la comida es el centro de atención. «Los españoles estamos acostumbrados a tomar comida saludable a través de la dieta mediterránea, pero celebramos las fiestas y las vacaciones comiendo en gran cantidad», cuenta la nutricionista almeriense Elena Sánchez.

Según explican desde la empresa ‘Entulínea’ en Almería, un centro que propone un método multidisciplinar basado en la mejora de la alimentación, incremento de la actividad física y un seguimiento especializado, «de acuerdo con un estudio realizado por el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), las navidades suponen un incremento de peso de hasta unos tres kilos por persona». Este estudio concluye que 6 de cada 10 de las personas estudiadas reconoce que ganan entre 2 y 3 kilos durante las fiestas navideñas.

Esta situación es aún más preocupante sí tenemos en cuenta que, según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), cerca de la mitad de los españoles pesa más de lo que sería médicamente aconsejable y que el sobrepeso y la obesidad no son sólo un problema de estética sino fundamentalmente de salud.

Falsos mitos

«El principal motivo para perder peso es tener una vida más saludable», comenta la doctora Sánchez que señala dos periodos en los que se acude más al nutricionista; un 80% lo hace después de Semana Santa porque «han cogido más peso en invierno y la ropa no le entra», mientras que el segundo periodo de visita es después de Navidad. Y, aunque este grupo se reduce al 25%, «las personas toman una mayor conciencia en volver a la dieta sana que olvidaron durante el periodo de vacaciones», comenta el nutricionista Juan Rigo, que explica que lo que hay que evitar son las llamadas «dietas milagro». Según explica Rigo, «hay gente que cree en las dietas milagro, pero las dietas milagro son un fraude y está creadas en torno a falsos mitos».
«Hay personas que pretenden adelgazar sin pasar hambre y eso no existe. ‘Mucha suela y poca cazuela’, es un refrán que yo suelo decir a mis clientes», comenta el endocrinólogo almeriense Javier Moreno. Algunos de los consejos que da a sus clientes se centran en no olvidar el desayuno, beber agua y hacer la compra después de haber comido. Por este motivo, los expertos señalan que la mejor dieta es contar siempre con la ayuda y la supervisión de un profesional con propicie una reeducación alimentaria, es decir, «una dieta de por vida, que pueda comer toda la familia, una dieta en la que se come de todo pero de una manera sana», defiende el doctor Moreno.

No sin deporte

Asimismo, según sostienen los expertos almerienses consultados, una dieta siempre debe de ir acompañada de una actividad física. «Las dietas carecen de sentido si no se compaginan con un poco de deporte», sostiene el endocrino Edén García. El médico cree que en el momento en el que se deja el deporte o el gimnasio se deja de quemar calorías lo que, sumándole la vida sedentaria en Navidad, acaba por terminar engordando. Por ello, durante el mes de enero se ha registrado una mayor demanda en los 300 gimnasios existentes en la provincia de Almería. Espacios para la práctica del deporte como el Centro Deportivo Rafael Florido de la capital. Según explica José Blanes, monitor del centro, la clientela de los gimnasios aumenta después de Navidad y vuelve al alza después del verano, en septiembre y octubre.

«Hay un gran porcentaje de gente momentánea, es decir, de gente que viene al gimnasio para sólo un periodo de tiempo y como dicen los entrenadores y el personal deportivo del gimnasio, eso es un trabajo nulo, no se consigue el objetivo, lo mejor es tomar un hábito», observa Blanes que sostiene que «la gente que de primeras hace ejercicio tiene que ir progresivamente, si empiezan muy fuerte se ‘asustan’, de ahí la importancia de un buen entrenamiento».

La motivación

Para mantener la práctica de deporte de una manera constante, el endocrino Manuel Villena propone buscar más razones, además de dejar peso, para realizar diariamente deporte». La salud, es una de motivaciones más buscadas. Este es el caso de Isabel Urbano, una almeriense de 49 años, que lleva tres años yendo al Centro Deportivo Rafael Florido de la capital. «Comencé a venir al centro para encontrarme mejor físicamente», explica Isabel, que acude diariamente a la piscina y confiesa que, desde que comenzó a nadar, ha notado muchos cambios positivos en su cuerpo.

El estrés y la búsqueda de la relajación es el motivo por el cual Iván Acacio (23 años) acude todas las tardes a clase de ‘Body Pump’, una disciplina deportiva, nacida en Australia en 1995, que mezcla los ejercicios aeróbicos con ejercicios propios de la sala de musculación, permitiendo tonificar los músculos de todo el cuerpo. Para Iván, que trabaja en una aseguradora, realizar esta actividad le permite «relajarse y ponerse en forma de una forma divertida». Y es que este joven almeriense sólo acude al gimnasio por las clases, ya que nunca acude a la sala de máquinas, porque, según cuenta, «te aburres».

Según cuentan los especialistas, realizar deporte en los gimnasios, supone un factor muy positivo para la salud y también ayuda a mantener una rutina cuando se establece el objetivo de dejar peso. El principal motivo que exponen, es que, al contrario del deporte libre, los centros deportivos ofrecen la supervisión de un especialista y la realización de un entrenamiento personalizado de acuerdo con cada necesidad. Asimismo, «las clases permiten hacer deporte de una forma creativa y divertida», cuenta el coordinador del Centro Deportivo Rafael Florido, José Blanes, que imparte clases a las que asisten diariamente más de doscientas personas.
La dieta con deporte y sin establecer objetivos milagrosos a corto plazo. Esta es la conclusión que los especialistas almerienses en nutrición y deporte establecen para lograr el éxito de perder peso y sentirse mejor. Y además, es importante señalar que el llevar una vida activa y saludable ayuda a no tener enfermedades en un futuro y a sentirse mejor, algo de lo que los almerienses cada vez son más conscientes y eso se puede ver claramente en los gimnasios y clínicas endocrinas en el mes de enero.

Los niños obesos tendrán a los 30 años patologías propias de los ancianos

Noticia de Agencia EFE – 12/11/2009

La obesidad infantil está adelantando a los treinta años patologías que antes eran propias de los ancianos, una situación que, según los expertos, debería hacer reaccionar a todos los agentes que intervienen en la alimentación de los niños, porque éste es un problema social que no sólo atañe a los padres.

El Día Mundial contra la Obesidad, que se celebra este jueves, coincide con el debate social abierto en España por la retirada de la tutela a los padres de un menor de nueve años que pesa 70 kilos.

La doctora Elisa Blázquez, especializada en Nutrición Humana y Dietética del Instituto Europeo de la Obesidad, ha declarado a EFE que aunque los padres son los principales responsables de trasmitir hábitos saludables a sus hijos, no depende sólo de ellos el poner fin al sobrepeso que afecta a casi el 28 por ciento de los niños españoles y a más de la mitad de los adultos.

«Sin lugar a dudas el entorno familiar es imprescindible cuando hablamos de una correcta educación nutricional, pero no debemos olvidar que un niño pasa más de la mitad del día en el colegio», ha comentado.

En un mundo industrializado, ha proseguido, es difícil controlar todo aquello que el niño va a observar y aprender en los medios, y un padre o tutor tampoco puede aislar al menor de su entorno.

Por esta razón, ha hecho hincapié en que debería existir una reglamentación «mucho más poderosa» que controle toda la información engañosa que los niños reciben cada día sobre materia nutricional.

Además de la muerte, el sobrepeso propicia enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión, el exceso de colesterol, los infartos cerebrales, los problemas cardiacos y el cáncer.

Alicia Gordillo, doctora en Ciencias Biológicas y especialista en Nutrición y Obesidad, ha apuntado que en una persona obesa, más especialmente si lo ha sido desde la infancia, aumenta por tres la probabilidad de desarrollar cáncer de colón; por cuatro, artritis; por cinco, un problema cardiaco y, por ocho, diabetes del tipo II.

Otras dolencias derivadas del exceso de peso serían la artritis y los problemas respiratorios, ha apuntado Gordillo, quien ha recordado que el 42,3 por ciento de los fallecidos por gripe A padecía obesidad grave.

Sin olvidar que uno de cada doce españoles muere por causa del exceso de peso, la doctora ha destacado que se estima que la obesidad puede acortar la vida hasta diez años.

El porcentaje de la obesidad infantil ha aumentado un 35 por ciento en la última década, un porcentaje alarmante que no se justifica por una posible predisposición genética.

Hoy en día los niños pasan más horas del día viendo la televisión, y los juegos que más les gustan son en soporte audiovisual. Según datos del INE, un 17 por ciento de los niños y un 21,9 por ciento de las niñas no hacen ejercicio en su tiempo libre.

Además, existe un consumo excesivo de alimentos manufacturados -comida rápida, golosinas, refrescos y bollería industrial- que están al alcance de los menores por su bajo coste y fácil acceso en los centros comerciales, zonas de ocio y los colegios.

A este abuso de alimentos poco saludables se suma la falta de un patrón de consumo organizado, dado que una gran cantidad de niños no desayunan, están acostumbrados a picotear y no comen en familia.

La nutricionista ha resaltado que «en el mundo en el que vivimos y en el que viven nuestros hijos las prohibiciones son difíciles y pueden incluso ser un arma de doble filo y generar rebeldía».

Blázquez ha incidido en que para que un niño adquiera unos valores determinados es determinante que viva en un entorno en el que tenga la capacidad de experimentar qué es una vida saludable.

Los pequeños tienen que recibir un mensaje coherente: «si una madre dice a su hijo que tiene que comer verdura y ella nunca la prueba, el niño no comprenderá por qué el sí la debe tomar y ella no».

Ha explicado que los menores con problemas de peso suelen tener un patrón de estilo de vida mal estructurado, que, a menudo, viene condicionado por unos malos hábitos de los padres.

En otras ocasiones, menos frecuentes, los progenitores pueden llevar un estilo de vida saludable pero no se hacen responsables de la educación nutricional de sus hijos, dejándoles comer a su antojo y poniendo a su alcance todo aquello que más les agrada.

«A menudo son niños que han tenido siempre lo que han querido, con falta de madurez e incapacidad de tomar decisiones por sí mismos», ha lamentado.

Esta elevada permisividad de sus tutores, ha sentenciado la experta, les lleva a tener una baja autoestima e incluso una falta de percepción de la realidad.

Noticia de Agencia EFE, 12 de Noviembre 2009, Madrid

Aprende más sobre el riesgo cardiovascular

La obesidad es uno de los principales enemigos del corazón, junto con la hipertensión alta, el colesterol, el tabaquismo, la diabetes y el estrés. La presencia de esta enfermedad aumenta por cinco el riesgo de mortalidad en quienes la padecen. Sin embargo, existe una contradicción: conocemos el problema, pero resulta que esto no es suficiente para cambiar las estadísticas. En esta entrevista, Rubén Bravo del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), nos da algunas respuestas que ayudan a entender el problema.

 Actualmente las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en la Unión Europea, donde más de dos millones de personas fallecen al año por este motivo. ¿Qué hacemos mal, en este sentido, y qué tendríamos que cambiar para superar el problema?
La obesidad es considerada la epidemia del siglo XXI, hoy en día las enfermedades infecciosas han pasado a un segundo plano y son las enfermedades crónicas las que causan un verdadero problema de salud pública en nuestra sociedad. El porcentaje tan elevado de obesidad que hay no está condicionado por un vector común, los nuevos estilos de vida en los países industrializados en los que el consumismo, el estrés y el sedentarismo son el pan de cada día están provocando un aumento desenfrenado del sobrepeso y la obesidad. Por ello es de vital importancia que se ejerza una mayor presión socioeconómica, en los medio de comunicación y en los centros de educación infantil trasmitiendo la importancia de llevar una correcta alimentación y practicar ejercicio físico regular.

Considero que el trabajo que ejercemos en los centros de atención primaria es insuficiente si existe tal reclamo social hacia el consumismo de alimentos cada día más manufacturados y unos cánones de estilo de vida erróneos, por ello debería existir un mayor control en los medios de comunicación, en las industrias alimentarías y una enseñanza reglada en los centros escolares que permita a los niños tener una cultura nutricional adecuada.

¿Qué porcentaje de las personas con obesidad, que acuden en el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) en busca de remedio, padecen dolencias cardiovasculares?

Para determinar el riesgo cardiovascular que tiene una persona con obesidad (con exceso de grasa corporal) es importante valorar qué porcentaje de grasa se encuentra a nivel visceral. Para calcular esto, en el IMEO, utilizamos analizadores de composición corporal multifrecuencia segmentales a partir de los cuales podemos estimar donde se localiza la grasa de cada persona. No obstante, tenemos que considerar que la obesidad abdominal es una condición fisiopatologica que nunca viene sola, por ello es imprescindible valorar otros factores de riesgo como son, tensión arterial, colesterol, triglicéridos, mala circulación (varices, tromboflebitis), problemas respiratorios o síndrome de resistencia a la insulina y así definir el síndrome plurimetabolico que padece la persona, el cual tendremos que tratar de forma integra.

Según las estadísticas realizadas en el IMEO en los últimos 12 meses el 68% de las personas que han acudido al centro tienen un claro riesgo cardiovascular cumpliendo al menos 4 de los parámetros de riesgo cardiovascular citados:

– Obesidad abdominal
– Hipertensión
– Colesterol HDL disminuido
– Triglicéridos elevados
– Problemas respiratorios: apnea del sueño, asma, síndrome de Picwick (cuadro de insuficiencia cardio-respiratoria), apnea nocturna.
– Síndrome de resistencia a la insulina o diabetes
– Tromboflebitis, varices.

¿Qué dificultades, relacionadas con el mal funcionamiento del corazón, encuentran en su vida diaria los niños con sobrepeso y obesidad? ¿Qué soluciones hay?

Uno de los mayores problemas que encontramos en el niño obeso es la inactividad física, se crea un círculo vicioso en el que el niño cada vez gana más peso y es más vulnerable al esfuerzo. Las taquicardias reactivas al esfuerzo, los problemas de asma e insuficiencia cardiorrespiratoria son cada día más frecuentes en los niños con obesidad, todos estos problemas generan en el niño un rechazo total al esfuerzo y una falta de autoestima que refuerza negativamente esta situación. Para conseguir resultados positivos es importante que se empiece con un programa dietético y una ayuda psicológica con la que el niño pueda perder peso e ir motivándose poco a poco. El comienzo del aumento de la actividad física debe ser muy paulatinamente, cuando el niño haya perdido un 10% de su peso y siempre buscando actividades que puedan motivarle. La prevención reduce las muertes por dolencias cardiovasculares.

¿Qué consejos útiles han de seguir las personas en este grupo de riesgo para alejar el peligro?

Las enfermedades cardiovasculares se manifiestan normalmente en el adulto, no obstante, los primeros signos de aterosclerosis comienzan en la edad pediátrica. Para evitar dolencias cardiacas en el futuro todo niño, adolescente o adulto con sobrepeso u obesidad debería realizarse un estudio completo de los marcadores de riesgo cardiovascular, aumento del estrés oxidativo e inflamación con los cuales se pueda detectar precozmente su riesgo cardiovascular. En el IMEO consideramos que es imprescindible realizar estos estudios en nuestros pacientes para valorar sus riesgos metabólicos y ofrecer tratamientos que traten a la persona en todo su conjunto. Aparte de realizarse estudios de prevención cardiovascular el obeso debería entrar a formar parte en un circuito de tratamiento multidisciplinar médico, dietético y psicológico con el que pueda conseguir resultados satisfactorios; las dietas no personalizadas y el ejercicio no controlado pueden ser peligrosos si existe un riesgo cardiovascular elevado y por ello siempre se debe acudir a un centro médico especializado en obesidad y enfermedades cardiovasculares.

IMEO en Saber Vivir de canal 1 de TVE

En España una de cada seis personas es obesa y esto trae problemas no sólo en su vida cotidiana, sino para su salud. En el programa Saber vivir de TVE los especialistas del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) nos cuentan qué medidas podemos tomar para mantener la línea. Cuando el problema es más grave y hablamos de un sobrepeso que amenaza nuestra salud, los médicos nos proponen otras soluciones, como son el balón y la banda gástrica que ayudan reducir la barriga y el volumen sin cirugía.
En este programa sale el testimonio de Bárbara que tiene 27 años y antes de empezar su tratamiento en el IMEO pesaba 150 kilos. Después de que le implantaron una banda gástrica, su vida empezó a cambiar. Sólo durante los primeros 40 días ha perdido 14 kilos y afirma de sentirse “más aliviada” a la hora de subir escaleras, ponerse la ropa que antes no podía y que ahora se siente bien consigo misma.
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