Archive for the ‘Cáncer y obesidad’ Category

Los alimentos que más acrilamida contienen

mayo 4, 2018

Su carácter cancerígeno y su presencia en algunos alimentos, principalmente los ricos en hidratos de carbono, horneados y fritos, ha hecho que el Parlamento Europeo adopte nuevas medidas para que la industria alimentaria reduzca la acrilamida presente en sus productos

La Verdad 
La UE vuelve a tomarse en serio la salud de los ciudadanos con nuevas medidas comunitarias para controlar los niveles de acrilamida en los alimentos. La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan) ha recopilado en una lista todos los alimentos que contienen en mayor medida esta sustancia química.

En adultos, las patatas fritas y sus derivados representan el 49% de la exposición a esta sustancia, el café supone un 34% y el pan blando un 23%, junto a a las galletas industriales y demás derivados de las patatas.

Para niños y adolescentes el caso es bastante parecido, con hasta un 51% de exposición mediante la dieta. Patatas fritas (excepto chips y aperitivos), galletas, pan blando, cereales de desayuno y derivados, pueden suponer hasta un 25% de esta exposición. La bollería industrial y dulces ascienden hasta el 15%, para niños y adolescentes, y las patatas chips y los aperitivos el 11%.

Hasta el 60% alcanzan los productos de alimentación infantil que no son elaborados a base de cereales. En cambio, los que han sido elaborados a base de cereales se limitan a un 30%, y otros productos derivados de las patatas un 48%.

Aecosan recuerda que no sólo estamos expuestos a la acrilamida a través de la alimentación y, pese a estos porcentajes, la absorción es limitada siguiendo una dieta variada. En cambio, esta sustancia se encuentra en mucha mayor proporción en el tabaco y en distintos materiales de fabricación y uso industrial, por lo que es posible absorberla de manera accidental al inhalarla o por contacto epidérmico.

IMEO avisa de que el Plan de Sanidad para reducir la sal, azúcar y grasas “no afecta” a la mayoría de zumos infantiles

abril 10, 2018

Un análisis a fondo realizado por expertos en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) ha puesto de manifiesto que el Plan aprobado por el Ministerio de Sanidad para mejorar la composición de alimentos y reducir el contenido de sal, azúcar y grasas de cara a 2020 en más de 3.500 productos “no afecta” la mayoría de refrescos o zumos infantiles envasados, o disminuye la sustancia menos relevante en otros.

El Economista/ EP

“En países, como Canadá, el modelo voluntario hacia las empresas a la hora de reducir las cantidades de sal, azúcar y grasa en los alimentos industrializados ha fracasado”, ha explicado el portavoz del IMEO, Rubén Bravo. Asimismo, prosigue, en el caso del sodio, por ejemplo, se pedía disminuir la proporción en un 60 por ciento, cuando éste se utilizaba para mejorar el gusto, y en un porcentaje menor cuando desempeñaba un papel de conservación.

Ahora el organismo federal responsable de la salud pública canadiense exigirá que los alimentos que son ricos en estas sustancias se marquen en la parte delantera de sus envases y, si quieren evitar este logotipo negativo, los fabricantes tendrán que revisar y cambiar las recetas.

Otra medida adoptada por muchos países, tal y como ha argumentado el experto en Nutrición, es la subida de impuestos para aquellos productos que superan los 5 gramos de azúcar por cada 100 de producto. Dinamarca fue la primera en introducir el gravamen, si bien terminó eliminándolo dos años después tras ver que apenas tuvo efecto sobre el consumo de refrescos y bollería.

“Hay que aprender de los errores y buscar vías alternativas y eficaces para resolver un problema de salud que comienza por un cambio en los hábitos de consumo y por fomentar la cultura nutricional desde casa. Desde IMEO apelamos a la conciencia, tanto de las empresas como de las familias, a la hora de abordar el tema con responsabilidad, para que alimentación y salud vayan de la mano”, ha recalcado Bravo.

Además, ha asegurado que combatir desde la cesta de compra el excesivo consumo de sal, azúcar y grasas ayudará a prevenir tanto la obesidad, como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión o cáncer. Por todo ello y con el fin de afrontar el problema desde su raíz, los expertos del instituto ofrecen una serie de consejos prácticos, ejemplos saborizantes naturales y alternativas saludables a la hora de sustituir dichas sustancias o alimentos que muestran un contenido muy elevado.

“Combinados con otros potenciadores del sabor, como el glutamato y los edulcorantes, o las grasas, activan nuestra serotonina a nivel cerebral, desencadenando una sensación de placer y bienestar, con un efecto aditivo difícil de controlar en pacientes con ansiedad”, ha apostillado una nutricionista del IMEO, Andrea Marqués.

De hecho, la recomendación general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) limita la cantidad del azúcar, tanto añadida, como la presente de forma natural en los alimentos, al 10 por ciento de la ingesta calórica diaria, siendo lo deseado que ésta sea inferior del 5 por ciento para obtener beneficios para la salud.

“Hablamos de unos 25-50 gramos, equivalentes a 1-2 cucharadas soperas, dependiendo del peso y la edad de cada persona. Estas cantidades suelen superarse con frecuencia, debido a malos hábitos alimentarios, consumo frecuente de productos preparados, bollería industrial, zumos y refrescos con elevadas cantidades de azúcar añadido”, ha recalcado la experta.

Se estima que tres cuartas partes de la sal que se ingiere proviene de productos elaborados y procesados, si bien la recomendación de la OMS limita el consumo a los 5 gramos al día, que corresponden a 2 gramos de sodio y sería el equivalente de una cucharadita de café. En el caso de los niños menores de 14 años y en pacientes hipertensos esta cantidad se reduce a 3-4 gramos.

Respecto a la grasa, su consumo diario debe representar de 20 a 30 por ciento de la ingesta calórica total: entre 50 y 80 gramos en adultos y entre 30 y 40 gramos en niños. Sin embargo, las grasas saturadas que resultan perjudiciales para la salud y se encuentran en los lácteos enteros (mantequilla, nata, queso curado, leche entera), en las grasas vegetales de baja calidad (palma, palmiste, margarina) o en las carnes grasas (embutidos grasos, manteca de cerdo o de vaca) no deben superar el 10 por ciento de esa ingesta total, siendo ideal que fueran inferiores al 7 por ciento.

CONSEJOS PARA ENDULZAR LOS PLATOS SIN AZÚCAR

“Las opciones más utilizadas para endulzar un alimento sin añadirle azúcar son los edulcorantes y la miel, aunque últimamente se han ido introduciendo en nuestro entorno otros, como la panela (obtenida del jugo de la caña de azúcar, con minerales y vitaminas del grupo B) o el sirope de agave. A pesar de tener ventajas, no son la mejor opción, puesto que favorecen el desarrollo de numerosas patologías y mantienen el umbral del dulzor extraordinariamente alto, neutralizando el propio sabor del alimento”, ha argumentado una nutricionista clínica del IMEO, Carmen Escalada.

Por ello, ha asegurado que la manera “más sencilla” de endulzar los platos de manera saludable es usando fruta fresca, madura o deshidratada (manzana, plátano, higo y pera) o verduras dulces (calabaza, zanahoria y remolacha). Todas ellas se pueden emplear en recetas variadas para hacer masa de bizcochos, salsas o siropes, solas o mezcladas con leche o bebida vegetal, en ensaladas o guisos. Además, los platos quedan más coloridos y atractivos para los niños.

Otra opción para conseguir este efecto es recurrir a los frutos secos (almendras, avellanas, pistachos, nueces o castañas) y ciertas especias dulces (canela, vainilla, nuez moscada y jengibre). Además, hay hierbas aromáticas o especies picantes que pueden ayudar a reducir el consumo de sal en la dieta.

“En ensaladas o platos de carne y pescado se suele añadir albahaca, perejil, tomillo o romero, lo que aportaría un sabor fresco y refrescante al plato, pero también algunas propiedades medicinales, debido a su poder antiséptico, antiinflamatorio y antibacteriano”, ha aconsejado Escalada, para aseverar que la especies picantes como curri, pimienta roja, cayena, guindilla o chile son “ideales” para aderezar carnes adobadas, arroces, pescados o encurtidos, aportan sabon y pueden reducir la cantidad de alimento ingerida, debido a la presencia de capsaicina que ayuda a regular el apetito.

Respecto a las grasas, hay que evitar aquellas más perjudiciales para la salud como la de palma y los productos que tienden a contenerla, como ultraprocesados o bollería industrial. En este sentido, los expertos han recordado que el aceite de oliva virgen extra, por ser rico en grasas monoinsaturadas, ácido oleico y antioxidantes, ayuda a reducir el riesgo de enfermedades coronarias, así como los altos niveles de colesterol en la sangre, aunque se deben controlar las cantidades, porque es muy calórico.

“En general, recomendamos intentar evitar los productos procesados o elaborados ya que emplean la sal, el azúcar o las grasas como parte de su composición con el fin de aumentar su vida útil y hacerlos más apetecibles para los consumidores”, ha apuntado la nutricionista del IMEO Estefanía Ramo.

Por otra parte, prosiguen los alimentos de la dieta mediterránea con menor contenido de estas sustancias son las verduras y frutas frescas, el pescado blanco y azul, la carne magra, los cereales sin procesar, los frutos secos naturales, el aceite de oliva virgen extra y el agua.

Finamente, han recomendado tener “especial cuidado” con los aperitivos salados, las bebidas refrescantes, los néctares, bollería y pastelería, el pan de molde o envasado, galletas y cereales con importantes cantidades de azúcar, helados y polos comerciales, cremas y salsas procesadas, platos preparados y rebozados, derivados cárnicos ricos en grasa en los que la sal se emplea de conservante.

¿Salimos a cenar o encargamos comida? Cuidado con los ftalatos

abril 3, 2018

Las personas que suelen comer fuera de casa tienen unos niveles mucho más elevados de ftalatos, compuestos químicos asociados a un impacto negativo sobre la salud

ABC

Los ésteres de ácido ftálico de ‘ftalatos’ son un grupo de compuestos químicos comúnmente empleados en el empaquetamiento industrial. Concretamente, estos ftalatos se usan como plastificadores, es decir, se añaden a los plásticos para incrementar su flexibilidad, por lo que se utilizan de forma masiva en la fabricación de productos tan variados como los esmaltes para uñas, los perfumes y los pesticidas. Y también en los envases en los que se empaquetan los alimentos tanto crudos como ya preparados. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que los ftalatos alteran las hormonas humanas y, por tanto, suponen un grave riesgo para la salud tanto de los menores como de los adultos. De hecho, el Congreso de Estados Unidos prohibió ya en 2008 su uso en la fabricación de juguetes infantiles. Entonces, y dado que pueden pasar desde los envases a los alimentos, ¿corremos el riesgo de exponer nuestro cuerpo a los ftalatos por el simple hecho de comer? Pues sí. Y como advierte un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de California en Berkeley (EE.UU.), esta exposición es mucho mayor en caso encargar la comida ya preparada o de comer fuera de casa, pues la comida de los restaurantes, cafeterías y locales de comida rápida parecen tener unos niveles mucho más elevados de ftalatos. O así sucede, cuando menos, en Estados Unidos.

Como explica Ami Zota, co-autora de esta investigación publicada en la revista «Environment International», «nuestros resultados muestran que las comidas preparadas en el propio domicilio presentan una menor probabilidad de contener altos niveles de ftalatos, compuesto químicos asociados a problemas de infertilidad, complicaciones en el embarazo y otros efectos negativos sobre la salud. Así, nuestro estudio sugiere que salir a cenar fuera podría ser una fuente importante y hasta ahora no reconocida de exposición a los ftalatos, cuando menos en el caso de la población estadounidense».

Sobre todo en menores

Para llevar a cabo el estudio, los autores analizaron los resultados de los análisis de orina realizados entre los años 2005 y 2014 a 10.253 menores y adultos con motivo de su participación en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos (NANHES). Y más concretamente, se fijaron en los niveles de ftalatos en función del origen de los alimentos consumidos en las 24 horas previas al análisis de orina y, sobre todo, de que los participantes hubieran salido o no a cenar en la noche anterior, ¿cuántos participantes habían cenado fuera de casa esa noche? Pues ni más ni menos que un 61%.

Los resultados mostraron que, con independencia de la edad, las personas que cenaron fuera de casa tenían unos niveles significativamente superiores de ftalatos que aquellas que lo hicieron en casa. Y asimismo, que los participantes con mayores niveles de ftalatos fueron los adolescentes. ¿La razón? Su ‘preferencia’ por la denominada ‘comida rápida’, lo que provocó que sus concentraciones de ftalatos fueran hasta un 55% superiores a los de los adolescentes que cenaron es sus casas.

Preparar la comida en casa es una vía para limitar la exposición a los ftalatos

Y llegados a este punto, ¿cuáles fueron los alimentos asociados con los mayores niveles de ftalatos? Pues básicamente, los bocadillos, los sándwiches y las hamburguesas, pero solo los preparados fuera del domicilio. De hecho, e independientemente de su edad, los participantes que consumieron estos productos en restaurantes, cafeterías y locales de comida rápida mostraron unos niveles de ftalatos hasta un 30% superiores.

Como indica Julia Varshavsky, directora de la investigación, «las mujeres embarazadas, los niños y los adolescentes son los más vulnerables a los efectos tóxicos de los compuestos químicos que alteran las hormonas, por lo que es importante encontrar la manera de limitar su exposición a los mismos. Así, es necesario realizar estudios para encontrar las intervenciones más efectivas para eliminar los ftalatos de los suministros de alimentos».

En casa, como en ningún sitio

Un estudio dirigido por Ami Zota y publicado hace un par de años ya alertó que las personas que consumen mayores cantidades de comida rápida tienen unos niveles hasta un 40% superiores de ftalatos que el resto de la población. Sin embargo, parece que esta mayor exposición no es exclusiva de la comida rápida, sino que es común a todos los locales de restauración. Y es que además del derivado de los envases, los alimentos de estos locales tienen mayor probabilidad de contener ftalatos procedentes de los guantes que utilizan los trabajadores para manipular los alimentos, de los envases de la comida ‘para llevar’ y de muchas otras fuentes.

Entonces, ¿qué se puede hacer para minimizar esta exposición a los ftalatos? Pues los autores tienen una sugerencia que, si bien más laboriosa, resulta mucho más sana –y en muchos casos, más económica–. Como concluye Ami Zota, «las comidas preparadas en casa constituyen una manera para limitar la exposición a estos compuestos nocivos. Además, preparar la comida en casa representa una doble victoria para los consumidores. Y es que estos alimentos caseros son una buena vía para reducir los azúcares, las grasas nocivas y la sal. Y como sugieren nuestros resultados, parece no tener tantos ftalatos como las comidas de los restaurantes».

Estos son los cinco problemas de salud más frecuentes entre los 50 y los 70 años

marzo 26, 2018
  • Una cuarta parte de la población tiene entre 50 y 70 años
  • Es una etapa en la que, con mucha frecuencia, comienzan a sufrirse las consecuencias de los hábitos poco saludables de los años previos
  • Una vida sana y los controles adecuados son la mejor manera de hacerles frente

El Diario, por Cristian Vázquez

En España, una de cada cuatro personas tiene entre 50 y 70 años. El 26,3 % de la población, para ser exactos, según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE). Gracias a los avances en la ciencia y la tecnología de la salud, la expectativa y la calidad de vida se han incrementado, y el modo en que se vive ese periodo es bastante diferente a como se lo vivía algunas generaciones atrás.

Debido a eso, quienes hoy se encuentran en esa etapa en general se sienten jóvenes y con energías y expectativas de llevar a cabo muchas cosas. Pero eso no quiere decir que el tiempo no haya pasado: existen una serie de problemas y enfermedades que se hacen más frecuentes en estas edades. Y por eso es importante prevenirlos, procurando adoptar hábitos saludables, evitar los que no lo son y realizar los controles adecuados.

Una salud que se desgasta

A partir de los 50 años de edad, el cuerpo produce menos células, a la vez que existe un mayor déficit de oxidación y un aumento en el número de radicales libres. A esto se suma el debilitamiento o la degeneración de ciertos órganos -como el corazón y la piel-, de los músculos y de sistemas como el osteoarticular y el metabolismo. Es por ello que en este punto de la vida muchas personas comienzan a sufrir las consecuencias de conductas poco saludables practicadas en los años anteriores, como el tabaquismo, la mala alimentación, la falta de ejercicio físico y el estrés.

De hecho, en la franja de edad 50-64 años, cuatro de cada cinco personas (alrededor del 81 %) padece de al menos una enfermedad crónica. Tal cifra aumenta hasta el 91 % en el siguiente rango de edad (65-79 años) y hasta el 95 % en el de 80 o más años. Así lo indica el estudio Salud en la vida adulta y su relación con el envejecimiento saludable, publicado en 2017, elaborado por investigadores de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y editado por la Fundación Mapfre.

Según el mismo documento, además, dentro del contexto europeo, España “se encuentra entre los países con el porcentaje más elevado de personas 50 o más años que valoran negativamente su estado de salud”.

¿Cuáles son los cinco problemas de salud más frecuentes entre los 50 y los 70?

1. Problemas cardiovasculares

El riesgo de problemas cardiovasculares, tanto puntuales (por ejemplo, infarto de miocardio o trombosis coronaria) como crónicos ( hipertensión), aumenta con la edad, particularmente a partir de los 50 años. Otro factor de riesgo es el genético: las personas cuyos padres sufrieron de cardiopatías son más proclives a padecerlas también.

Con respecto al género, si bien las mujeres jóvenes son menos propensas a padecer problemas del corazón, a partir de la menopausia las probabilidades son casi iguales a las de los hombres. El sobrepeso, la obesidad, la falta de actividad física, el colesterol y el estrés aumentan el riesgo de tener estos problemas.

2. Problemas de huesos y articulaciones

Los problemas vinculados con los huesos y las articulaciones pueden producirse a cualquier edad, pero es en esta etapa cuando aparecen con mayor frecuencia. Ciertos tipos de artritis (como la reumatoidea), al igual que la osteoporosis y el reumatismo, también dependen en buena medida de la herencia genética, y muchos son más comunes en las mujeres que en los hombres (salvo la gota, en cuyo caso la proporción se invierte). Otros elementos que contribuyen con la aparición de estos problemas son el sobrepeso y la obesidad, malas posturas, sedentarismo, traumatismos y la práctica de deportes de élite o de alto impacto.

3. Problemas respiratorios

En el caso de los problemas respiratorios, el principal factor de riesgo es muy claro: el tabaquismo. Tanto el activo como el pasivo, es decir, fumar o respirar el humo del tabaco fumado por otras personas. Esta es la principal causa de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica ( EPOC), una enfermedad grave, progresiva, no reversible, que afecta, según las estimaciones, a una de cada diez personas mayores de 40 años, y que aparece con mucha frecuencia a partir de los 50.

En España, la EPOC causa la muerte de unas 18.000 personas por año. Factores de riesgo de este y otros problemas respiratorios también son la inhalación de sustancias irritantes (gases, polvo, humo, insecticidas, pelos de mascotas, etc.) y una mala higiene del sueño (dormir boca arriba), así como otros ya mencionados en afecciones anteriores (sobrepeso, estrés, consumo excesivo de alcohol, factores genéticos, etc.).

4. Diabetes

Según el Estudio Di@bet.es, realizado por un equipo de 30 especialistas en esta enfermedad, la prevalencia de la diabetes en España es muy elevada: la padece el 13,8 % de la población, lo que equivale a más de 5,3 millones de personas. La gran mayoría sufren diabetes mellitus tipo 2, la forma más frecuente de esta enfermedad, que aparece sobre todo en la mediana edad, es decir, en torno a los 50 años. Entre los 61 y 75 años, el 30 % de las mujeres y el 42 % de los hombres tienen esta forma de diabetes.

Más del 80 % de estos casos “se pueden atribuir a la obesidad, y su reversión también disminuye el riesgo y mejora el control glucémico en pacientes con diabetes mellitus establecida”, explica Juan Martínez Candela, especialista en diabetes, en la Guía de actualización en diabetes, publicada en 2015 por la Fundación Red de Grupos de Estudio de la Diabetes en Atención Primaria de la Salud. Otros factores de riesgo son el sedentarismo, el tabaquismo y los patrones dietéticos, es decir, una mala alimentación.

5. Tumores

Los tan temidos tumores también surgen con mucha frecuencia en esta época. De acuerdo con el INE, los distintos tipos de cáncer son la principal causa de muerte entre los 40 y 79 años (y también en la infancia, entre 1 y 14 años de edad), pero es precisamente en la franja de 50-69 años cuando estos índices alcanzan sus cifras más elevadas: más de la mitad de los fallecimientos se deben a este motivo. Los tipos de cáncer más recurrentes son los de bronquios y pulmón, seguidos por los de colon, de páncreas, de mama y de próstata.

Según Ruth Vera, presidenta de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), hasta el 40 % de los cánceres se podrían evitar adoptando hábitos de vida saludables. Los factores de riesgo a menudo son los mismos que en las enfermedades ya citadas: tabaquismo, sobrepeso, obesidad, una rica desequilibrada, estrés, etc. Y se añaden algunos específicos, como una exposición excesiva a los rayos del sol, que es un factor de riesgo de melanoma y otros tipos de cáncer de piel.

¿Alimentos con aceites minerales? Mejor evítalos

enero 31, 2018

MOSH y MOAH, responsables
Alimentos de uso habitual, como pasta, arroz, cereales, chocolate… se pueden ver contaminados por impurezas tóxicas derivadas de aceites minerales: los MOSH y MOAH. Rastreamos su presencia en más de 100 productos y comprobamos que muchos contienen MOSH, en niveles poco preocupantes, pero que también hay alimentos contaminados con MOAH, potencialmente cancerígenos. Pedimos que se retiren del mercado.

OCU.org

¿A que no te gustaría comer un producto contaminado con un compuesto mineral derivado del petróleo que es perjudicial para tu salud? ¿Y si es una sustancia potencialmente cancerígena?

Compuestos en entredicho
Los aceites minerales (MOH) son una compleja mezcla de sustancias derivadas del petróleo. Mal refinados dan lugar a impurezas tóxicas: los MOSH (Mineral Oils Saturated Hydrocarbons), que se acumulan en tejidos, nódulos linfáticos, bazo e hígado y pueden ocasionar microgranulomas, y los MOAH (Mineral Oils Aromatic Hydrocarbon), que son considerados como posibles sustancias carcinógenas y mutagénicas.

Estas sustancias llegan al alimento debido a una contaminación, que puede producirse por diversas causas:

– El alimento entra en contacto con papel o cartón reciclados de los envases.
– Por las tintas de impresión de los envases, que pueden incluir estas impurezas.
– Por aditivos en principio autorizados, pero que mal refinados dan lugar a MOSH y MOAH, en plásticos de uso alimentario, en pesticidas…
– Por entrar en contacto con aceites de maquinaria y otros compuestos de petróleo.
– Por los lubricantes usados para impermeabilizar los cestos donde se recogen arroz, café o cacao.

¿Impurezas tóxicas? No, gracias
El hecho cierto es que alimentos de uso habitual como la pasta, el arroz, el pan, el queso, las galletas… son susceptibles de sufrir esa contaminación por MOSH y MOAH. De hecho, en los últimos años se han notificado alertas en Europa por la presencia de estas sustancias. ¿Cuál es la situación? Pues que no se han establecido límites ni suficientes controles para evitar su presencia.

La EFSA, Autoridad Europea de Seguridad alimentaria, avisa del potencial riesgo de los MOAH, que por ello no deben estar presentes en los alimentos.

Para los MOSH, por su parte, tampoco hay unos límites oficiales, salvo los establecidos por el comité científico de la FASFC (Federal Agency for the Safety of the Food Chain), en Bélgica, que sí ha establecido unos límites que varían en función del tipo de alimento. En cualquier caso, se ha comprobado que una presencia elevada de MOSH influye en la aparición de MOAH, por lo que conviene limitarlos.

105 productos en el laboratorio
OCU, y las organizaciones de consumidores belga e italiana, han rastreado la presencia de estos compuestos tóxicos en 105 productos. De ellos, 35 son productos de venta en el mercado español. En particular, hemos verificado la presencia del aceites minerales en los alimentos, más fácilmente sujetos a esta contaminación: pasta, arroz basmati, cereales para el desayuno, chocolate y postres (budín y mezcla para hornear).

En conjunto, comprobamos que en el 81% de las muestras hay MOSH, afortunadamente en cantidades moderadas. En el 16% de esos productos están contaminados con MOAH.
Centrándonos en los resultados de los productos españoles: de los 35 productos analizados hay 21 en los que se encuentran compuestos MOSH, y tres en los que hay MOAH: los cereales de arroz con cacao de El Corte Inglés, la granolas con avena de Quaker, y la pasta para lasaña Festaiola Agnesi. Por eso OCU solicita a la AECOSAN la retirada de estos productos hasta que los fabricantes busquen una solución a este problema.

Las dos causas detrás de unos 800.000 cánceres en el mundo

enero 15, 2018

Un reciente estudio de la Escuela Imperial de Londres, publicado en ‘The Lancet’, indaga en la relación del cáncer con la diabetes y la obesidad.

El País, por Eva van den Berg
La diabetes y un Índice de Masa Corporal (IMC) alto (superior a 25, umbral del sobrepeso), son causa de cáncer. Así lo afirma un reciente estudio publicado en The Lancet realizado por un equipo de investigadores encabezado por el experto en epidemiología Jonathan Pearson-Stuttard de la universidad británica Escuela Imperial de Londres.

De todos los nuevos casos de cáncer contabilizados en 2012 en el mundo (los datos están recogidos en la base de datos GLOBOCAN de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, IARC por sus siglas en inglés) un 5,6% fueron atribuibles a estas dos causas. Concretamente, 544.300 se vincularon a un IMC alto (un 3,9%) y 280.100 (un 2%) a la diabetes. Sobre los casos nuevos registrados, estas dos causas de riesgo también representan un elevado porcentaje: 629.900 de los 792.600 registrados.
Mientras que según este artículo científico la obesidad o sobrepeso afecta a más de dos mil millones de adultos a nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 422 millones de adultos sufren diabetes, una enfermedad crónica que se desencadena cuando el páncreas no produce insulina en cantidad suficiente (la hormona que regula el nivel de azúcar en la sangre) o cuando el cuerpo no la utiliza de forma adecuada. Ambos son factores de riesgo para varios tipos de cáncer, posiblemente debido a los cambios biológicos que causan en el organismo, como niveles altos de insulina y/o de azúcar, inflamación crónica y desequilibrio de hormonas sexuales como el estrógeno.

Como estos dos problemas de salud están cada vez más extendidos, se estima que la proporción de cánceres relacionados con los mismos irá en aumento. En opinión de Jonathan Pearson-Stuttard, autor principal de este estudio, centrado en evaluar el aumento de 18 cánceres distintos basándose en la prevalencia de sendas afecciones, lo más importante al respecto es que “se implementen políticas alimentarias efectivas para afrontar tanto la creciente prevalencia de diabetes como del alto índice de IMC y las enfermedades relacionadas con estos dos factores de riesgo”.

Para realizar las estimaciones porcentuales, los autores reunieron datos de 2012 sobre la incidencia de 12 tipos de cáncer en 175 países distintos y los combinaron con la información recabada sobre índices de IMC alto y diabetes, clasificándola por grupos de sexo y edad. La mayoría de los casos de cáncer asociados a esos dos motivos ocurrieron en países occidentales ricos —un 38,2%, 303.000 y 792.600 casos respectivamente— y, en segundo lugar, en países del este y sudeste asiático: un 24,1%, (190.900 / 792.600).

En las naciones con ingresos bajos o medianos la incidencia es menor, pero aún así es importante, afirma Pearson-Stuttard. «Por ejemplo, entre el 9% y el 14% de todos los casos de cáncer en Mongolia, Egipto, Kuwait y Vanuatu se debieron a un alto índice de masa corporal y diabetes. Mientras que en Tanzania, Mozambique y Madagascar tuvieron la menor proporción de casos atribuibles a esas causas. Esto refleja las diferencias geográficas en la prevalencia de la diabetes y la obesidad, así como la incidencia de cánceres afectados por ellas», señala el epidemiólogo.

Los cánceres más prevalentes vinculados a estas dos causas
Según este estudio, a nivel mundial los cánceres de hígado (el 24,5% del total de casos, con 187.600 vinculaciones a la diabetes y 766.000 al IMC) y de endometrio (un 38,4%, 121.700 y 317.000 casos respectivamente) contribuyeron con el mayor número de casos de cáncer detonados por estas dos causas. Sin embargo, la tipología varía según el área geográfica.

“En los países de Asia Pacífico y Asia oriental y sudoriental, el cáncer de hígado causó el 30,7% y el 53,8% de los casos respectivamente, mientras que en los países occidentales de altos ingresos, en Europa central y oriental y en el África subsahariana, el cáncer de mama y endometrio constituyeron el 40,9% de los casos de cáncer”, afirma el artículo.

Si valoramos la incidencia de cánceres por sexo, se obtuvo que el más común en hombres fue el cáncer de hígado, (el 42,8% de los casos, es decir 126.700 casos) seguido del colorrectal (21,4% y 63.200 casos), mientras que entre las mujeres el más numeroso fue el de mama (29,7%/147.000 casos) y en segundo lugar el de endometrio (24,5%/121.700 casos).

Diabetes y sobrepeso en España y Europa
La Fundación para la Diabetes apunta que en nuestro país el 13,8% de adultos padece diabetes tipo 2 (la más frecuente), es decir unos 5,3 millones de personas. Por su lado, la diabetes tipo 1 supone entre el 1 y el 5% del total de afectados. Son porcentajes muy elevados a los que cabe añadir, tal y como señala la Federación Española de Diabetes (FEDE), las importantes tasas actuales de obesidad y sobrepeso: entre los adultos, uno de cada seis españoles es obeso (algo más del 16%) y el 50% presenta sobrepeso, mientras que el porcentaje de niños y niñas cuyo peso es mayor al conveniente oscila entre el 24 y el 26%. La tasa de obesidad infantil es, lógicamente, mucho más baja que la de sobrepeso, pero al tanto: en España, según la OMS, entre 1975 y 2016 ha aumentado del 3 al 12% en niños y del 2 al 8% en niñas.
Si hablamos a nivel europeo, la diabetes afecta a 32 millones de ciudadanos. España ocupa el 18 lugar de un ranking de afectados que encabeza, en este orden, Suecia, Países Bajos, Dinamarca, Gran Bretaña y Suiza. El país con menor tasa de casos es Bulgaria, precedida por Lituania y Estonia. En cuanto a la obesidad y sobrepeso (datos de Eurostat), Malta, Letonia, Hungría, Estonia y Reino Unido concentran las tasas más altas de obesidad adulta, superiores al 20%, y los países con una tasa inferior son Países Bajos (13,3%), Italia (10,7%) y Rumanía (9,4%). A nivel mundial, China y Estados Unidos se llevan la palma, tanto hombres como mujeres: más de 80 millones de personas en cada uno de estos países son obesas.

Sin duda, ambas afecciones, causas genéticas al margen, podrían tener tasas de prevalencia muchísimo menores si los estilos de vida de las sociedades fueran más saludables. “El cáncer es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad a nivel mundial”, explica Ascensión Marcos, experta del CSIC en inmunonutrición. En España, de acuerdo con los datos publicados por REDECAN, el número total de nuevos casos de cáncer en 2015 fue de 247.771 (148.827 en varones y 98.944 en mujeres). Los tipos de cáncer más frecuentemente diagnosticados en ese año fueron colo-rectal (41.441 casos), próstata (33.370 casos), pulmón (28.347 casos), mama (27.747 casos) y vejiga (21.093 casos).

“Es cierto que existe un componente genético, pero cada vez se está demostrando con mayor certeza que es una de las enfermedades que más depende del estilo de vida, pues existen múltiples factores que pueden estar involucrados en su desarrollo, como la dieta, el comportamiento alimentario, la actividad física, el sedentarismo, el alcohol, el tabaco y el estrés en particular”, añade Marcos. Todo ello tiene un componente común y es el peso.
“El llamado índice de masa corporal (IMC), que como ya todos sabemos, se calcula a partir de los kilos de peso, dividido por la talla en metros al cuadrado, nos indica las condiciones ponderales en las que nos encontramos, marcando sobrepeso un valor superior a 25 kg/m2 y obesidad por encima de 29 kg/m2. No es extraño por lo tanto que a medida que el peso es mayor, el riesgo de padecer un cáncer se va elevando también”, dice.

El artículo publicado en la prestigiosa revista The Lancet, subraya esta especialista, aporta datos relevantes en ese sentido. Por ello, puntualiza, “los profesionales de la salud, en particular, los especialistas en nutrición, no cesamos en nuestro empeño en explicar y dar a conocer los factores que están desencadenando esta avalancha de distintos tipos de cánceres, la cual va creciendo con la edad, y que en multitud de casos serían evitables si se llevan a cabo unos hábitos saludables. No es sorprendente, por lo tanto, que haya diferencia entre países, dependiendo de las situaciones nutricionales y las condiciones medioambientales en las que se desarrolla la población”.

No hay que olvidar que sufrir esta o cualquier enfermedad tiene consecuencias que van mucho más allá del bienestar individual y familiar. La diabetes, en concreto, que se cobra en España 25.000 muertes anuales, tiene en nuestro país unos costes directos de más de 5.400 millones de euros en tratamientos y hospitalizaciones y otros 17.630 millones indirectos, que resultan de los gastos derivados del absentismo laboral, las jubilaciones anticipadas y los gastos sociales asociados a esos enfermos.

Revindicando, una vez más, la dieta mediterránea
En España, tenemos la gran suerte de contar con lo que sería una alimentación muy saludable si en efecto siguiéramos la dieta Mediterránea, algo que cada vez lamentablemente se está alejando más de lo que se incluye en la dieta habitual», señala Ascensión Marcos. Está claro que una alimentación en la que se incluye verduras, frutas, legumbre, cereales, con un aporte no excesivo de proteínas y grasas, es la ideal para mantener un peso saludable, y, sobre todo, unas condiciones óptimas para prevenir patologías que estén ligadas a procesos crónicos de inflamación. «Es cierto que no todas las proteínas son iguales, hay que mantener un equilibrio entre las proteínas de origen animal y de origen vegetal, sin eliminar ningún tipo. Asimismo, las grasas son un componente esencial de nuestra dieta, pero es importante tener en cuenta que los aceites vegetales, en particular, el aceite de oliva, es de una gran riqueza por los ácidos grasos monoinsaturados que lleva, así como los ácidos grasos poliinsaturados que se encuentran en el pescado graso y los frutos secos», recalca. Lo recomendable, concluye «es adoptar una dieta equilibrada, variada y moderada, basada en productos naturales, evitando el procesado en su mayor parte. Y en paralelo, llevar a cabo una actividad física habitual, limitando un sedentarismo excesivo y eliminando en lo posible situaciones de estrés, que no dejan de ser la antesala de la enfermedad. Solo así se conseguirá promocionar una vida saludable y, por ende, prevenir patologías de esta índole».

Pese a tener todos los datos y conocer las causas, las tasas aumentarán y mucho: si en 2014 se contabilizaron unos 382 millones de diabéticos en el mundo, se estima que en 2035 rondarán los 590 millones. Por tanto, también se incrementará la tasa de cánceres asociados. ¿Por qué no damos al cuidado personal la importancia que merece? Es todo un misterio porque, como dijo Schopenhauer, la salud no lo es todo, pero sin ella, lo demás no es nada.

La diabetes y la obesidad son responsables de casi 800.000 cánceres en todo el mundo

noviembre 29, 2017
  • El sobrepeso es responsable del doble de cánceres que la diabetes, en torno al 3,9 por ciento de todos los casos de cáncer.
  • En los hombres, el cáncer más habitual causado por la diabetes y la obesidad es el de hígado y el de mama, en las mujeres.
20 minutos / Europa Press
Un estudio dirigido por el Imperial College London, en Reino Unido, encontró que casi el 6 por ciento de los nuevos casos de cáncer en 2012 fueron causados por los efectos combinados de la diabetes y el sobrepeso (índice de masa corporal -IMC- de más de 25 kg/m2) u obesidad (IMC de más de 30 kg/m2). Para los 12 tipos de cáncer estudiados, la diabetes y un IMC elevado combinados fueron responsables de casi 800.000 nuevos casos de cáncer.
Como factores de riesgo individuales, el sobrepeso es responsable del doble de cánceres que la diabetes: 544.300 casos se atribuyeron a un IMC elevado (equivalente al 3,9 por ciento de todos los cánceres) y 280.100 a la diabetes (equivalente al 2 por ciento), según los hallazgos del estudio, publicados en ‘The Lancet Diabetes & Endocrinology’.
Uno de cada cuatro casos de cáncer relacionado con la diabetes en 2012 (7. 000 casos) fue atribuible al aumento mundial de la diabetes entre 1980 y 2002. Algo menos de un tercio de los casos de cáncer vinculados con el peso en 2012 (174.000) se pueden achacar al aumento mundial el número de personas con sobrepeso y obesas durante el mismo periodo.
Los cánceres causados por la diabetes y el sobrepeso o la obesidad eran casi dos veces más frecuentes en mujeres que en hombres, y representan 496.700 y 295.900 casos de cáncer en general, respectivamente.
Los autores dicen que, si las tasas mundiales de diabetes y sobrepeso continúan creciendo, la proporción de cánceres atribuibles a los factores combinados se elevará más de un 30 por ciento en las mujeres y en un 20 por ciento en los hombres en 2035.
Cáncer de hígado y endometrio, principalmente
Para llevar a cabo el estudio, los investigadores reunieron datos sobre 12 tipos de cáncer de 175 países en 2012. Combinaron esto con datos sobre un IMC alto y sobre la diabetes y emparejaron los conjuntos de datos por grupo de edad y sexo. Los dos factores representaron una cuarta parte de los cánceres de hígado y más de un tercio de todos los cánceres de endometrio en todo el mundo.
En los hombres, el cáncer de hígado fue el cáncer más común causado por la diabetes y el IMC alto, con 126.700 casos o el 42,8 por ciento de todos los cánceres causados por la diabetes y el IMC elevado. El cáncer colorrectal fue el segundo más común, cono 63.200 nuevos casos de cáncer o el 21,4 por ciento.
En las mujeres, el cáncer de mama fue el cáncer más común generado por la diabetes y el IMC alto, con 147.400 casos o el 29,7 por ciento de dichos cánceres. El cáncer de endometrio fue el segundo más común, con 121.700 nuevos casos de cáncer o el 24,5 por ciento.
La mayoría de los casos de cáncer se observaron en países occidentales de altos ingresos (38,2 por ciento, 303.000 de 792.600 casos), pero los mayores incrementos entre 1980 y 2002 se observaron en países de ingresos bajos y medios. El principal cáncer debido a la diabetes y el IMC alto en los países occidentales de altos ingresos fue el cáncer de mama, que representa el 23,8 por ciento de todos los cánceres atribuibles a estos riesgos. En el este y sudeste de Asia, el cáncer de hígado fue el 53,8 por ciento de los cánceres atribuibles a la diabetes y al alto IMC.
Las nuevas cifras destacan el importante papel de la diabetes en el cáncer en todo el mundo, especialmente en los países de bajos ingresos, donde las tasas de sobrepeso, la diabetes y los casos de cáncer están aumentando. “Aunque la obesidad se ha asociado con el cáncer durante algún tiempo, el vínculo entre la diabetes y el cáncer se ha establecido recientemente. Nuestro estudio muestra que la diabetes, ya sea sola o combinada con sobrepeso, es responsable de cientos de miles de casos de cáncer cada año en todo el mundo”, apunta el autor principal del estudio, Jonathan Pearson-Stuttard, de la Escuela de Salud Pública de Imperial.

Los autores dicen que, aunque la razón del vínculo entre la diabetes y el cáncer todavía se está investigando, los niveles elevados de insulina o glucosa, la inflamación crónica y la alteración de las hormonas sexuales son potenciales factores. Dicen que las cifras resaltan la necesidad de políticas alimentarias efectivas para combatir el sobrepeso y la diabetes y para que los médicos sean conscientes del alto riesgo de cáncer que sufren las personas de todas las edades que tienen sobrepeso, diabetes o ambas cosas.
Pearson-Stuttard agrega: “Los esfuerzos clínicos y de salud pública deberían centrarse en identificar medidas eficaces de prevención, control y detección para alterar estructuralmente nuestro medio ambiente, como aumentar la disponibilidad y asequibilidad de alimentos saludables y reducir el consumo de alimentos no saludables. Es vital que se implementen políticas coordinadas para abordar los factores de riesgo compartidos y las complicaciones de las enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes.
“Las características distintivas de los pacientes con cáncer están evolucionando en todo el mundo. En el pasado, fumar era con mucho el principal factor de riesgo para el cáncer, pero ahora los profesionales de la salud también deben ser conscientes de que los pacientes con diabetes o con sobrepeso también tienen mayor riesgo de cáncer“, concluye este experto.

La obesidad eleva un 30% el riesgo de cáncer de mama

octubre 24, 2017

Seguir una dieta rica en frutas, verduras, fibra, aceite de oliva, cereales integrales y pescado rebaja las posibilidades de padecer un tumor en el pecho, principalmente en mujeres postmenopáusicas

La Razón, por Raquel Bonilla

Ya lo decía Hipócrates… «Que el alimento sea tu medicina». A pesar de que todos los expertos coinciden en afirmar que el cáncer es una enfermedad multicausal que no depende únicamente de un factor, hay evidencias científicas que avalan el papel que juega la alimentación en su desarrollo. «En el cáncer de mama los elementos más determinantes son hormonales y reproductivos. Sin embargo, hay otros factores claves como el consumo de alcohol, que está relacionado directamente con un 7% de los tumores de pecho, mientras que la obesidad en las mujeres postmenopáusicas eleva un 30% las posibilidades de padecer este tipo de neoplasia», confirma Carlos A. González, ex coordinador del Estudio Prospectivo Europeo sobre Cáncer y Nutrición, EPIC, en España.

Precisamente es el proyecto EPIC el que durante los últimos años ha arrojado más resultados sobre la relación que existe entre cáncer y alimentación. Y entre las conclusiones más relevantes destaca el hecho de que «un consumo alto de frutas, fibras, aceite de oliva y cereales integrales reduce hasta un 40% el riesgo de padecer cáncer de mama», asegura González, quien matiza que hay que distinguir entre las neoplasias mamarias que tienen receptores negativos de progesterona –en cuyo caso el efecto de la dieta es más protectora–, de aquellos que tienen receptores de progesterona positivos, en los que el efecto hormonal es tan fuerte que la dieta no logra tener tanto “poder”».

A pesar de la creencia popular, «no existen alimentos “mágicos” o dietas que sean capaces de curar o prevenir el cáncer de mama, tal y como se dice de la dieta alcalina o de las dietas anticáncer, que carecen por completo de respaldo científico», advierte Francisco Botella, miembro del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, SEEN. De hecho, tan sólo la Dieta Mediterránea cuenta con el aval de la Organización Mundial de la Salud, pues «hay evidencias suficientes de que al evitar la obesidad, también ayuda a reducir el riesgo de padecer hasta 13 tipos de tumores», confirma González.

En una despensa anti cáncer de mama no deben faltar los alimentos frescos, como frutas, verduras y hortalizas, así como los cereales integrales y las fibras, evitando los productos refinados, los azúcares, el alcohol y las grasas saturadas. «Existen ciertas áreas de investigación con vegetales del género brassica (coles, repollo, brócoli), con ciertos pigmentos vegetales antioxidantes (carotenos), semillas de lino, centeno, alfalfa y legumbre que de forma individual pueden ser positivos, pero sobre todo por su interrelación con la flora intestinal. En los próximos años podrán presentarse resultados interesantes», adelanta Botella.

Una vez que aparece el cáncer de mama, la dieta es clave para mejorar el tratamiento, ya que «siempre se trabaja por evitar la desnutrición del paciente y minimizar las náuseas, el estreñimiento, la diarrea o la mala absorción de nutrientes que puede provocar la quimioterapia o la radioterapia», explica Pedro Robledo, jefe del Servicio de Dietética y Nutrición de MD Anderson Cancer Center Madrid. Y el futuro es prometedor, ya que, según Robledo, «la inmunoterapia ha estimulado el conocimiento y el aprendizaje de nuevas áreas de información nutricional a nivel molecular y genético como la nutrigenómica, que en breve nos orientarán sobre componentes fitoquímicos y nutrientes capaces de tener actividad terapéutica sobre el cáncer o sus síntomas».

Alimentación y cáncer: comemos demasiada carne

septiembre 23, 2017

El Mundo
Comer es un acto instintivo
, pero cada vez hay más evidencias de que no lo estamos haciendo bien. Ocurre, además, que los mensajes sobre lo que resulta bueno o malo para el organismo se multiplican y uno ya no sabe de qué alimentarse ni a qué fuentes acudir. Conforme más se lee, existe una mayor confusión. Un ejemplo: en 2015, la Organización Mundial de la Salud (OMS) causó una gran alerta mundial al anunciar que la carne procesada puede causar cáncer. Visto el revuelo, el organismo internacional tuvo que explicar que no había que dejar de tomarla, aunque sí reducir su ingesta en la medida de lo posible.

Una de las eminencias en este asunto, el oncólogo y profesor Henri Joyeux, sostiene que debemos retirar o aminorar lo antes posible en nuestra dieta “los alimentos grasos, sobre todo las carnes y los productos de charcutería, acompañados de las salsas”. Desaconseja la carne, especialmente la roja, más de dos veces a la semana. Así lo manifiesta en el bestseller internacional Come bien hoy, vive mejor mañana (Ed. Planeta), que se publica en España el próximo 5 de septiembre.

Bautizada como “la Biblia de la alimentación saludable”, esta obra que enseña a comer de forma nutritiva para alejarnos de las enfermedades ha vendido medio millón de ejemplares en Francia, país de origen del reputado doctor. La tesis es que el consumo de ciertos alimentos está relacionado con el cáncer, la diabetes, la obesidad y otras dolencias, y que debemos desterrar del menú ciertos ingredientes para gozar de una buena salud: “Incluso personas sanas se plantean preguntas sobre sus hábitos alimentarios. Se están abriendo paso grandes cambios. La alimentación se va a convertir en la primera medicina“.

Productos ecológicos

¿Con qué bebida acompaño las comidas? ¿Son tan recomendables los productos ecológicos? ¿Cómo conservo los alimentos y los preparo para aprovechar sus propiedades? Son algunas de las respuestas que ofrece este libro. A saber: “Una breve cocción al vapor, que no supere los 95 grados, además de conservar vitaminas y fitohormonas, convierte en bio los alimentos, pues deja en el agua metales pesados, pesticidas y otras sustancias tóxicas”. Si vas a comer carne, el oncólogo apuesta por la procedente de seres alados, en lugar de cuadrúpedos. Además, aconseja masticar bien para prevenir el alzhéimer -un mínimo de 25 veces-. “El primer signo de su aparición es la pérdida del sentido del gusto, por lo que es importante estimular siempre las papilas gustativas”. Respecto a la polémica con los productos lácteos, el doctor sentencia: “Que sean de oveja o de cabra, y no de vaca, y preferiblemente sólo dos o tres veces al día”. Sí ensalza en cambio la miel y todos los productos procedentes de la abeja.

Para Joyeux, los medicamentos son muy eficaces para alcanzar los objetivos que persiguen, sin embargo, también provocan efectos adversos que no tienen estos comportamientos de prevención: las pequeñas decisiones en el día a día de nuestros hábitos fáciles de comprender y muy eficaces para mantenernos saludables. Pero no están presentes en el discurso de cadenas de televisión, ni siquiera las públicas, “porque no aportan nada desde el punto de vista del lucro”, sentencia el autor.

Empezar el día con una manzana

El médico digestivo describe las dietas que funcionan y las que deberíamos evitar porque ponen en riesgo la salud con el fin de de perder peso. Aconseja que la proporción de productos vegetales respecto a cárnicos debe ser de 80/20, una manzanilla antes de dormir y una manzana como costumbre para empezar el día. Tres tazas de tisanas al día (tomillo, romero o té verde) son fuente de buena salud. De la mala, en cambio, el pan blanco y el calcio en exceso: “Aumenta el riesgo de sufrir párkinson”. Y no restringe del todo el alcohol, aunque nada de atiborrarse el sábado o el domingo. Se trata de ir consumiendo una botella de vino de 75 ml a lo largo de la semana, al estilo francés: “Facilita la digestión, ya que permite que la musculatura lisa de la parte superior del tubo digestivo se contraiga, que el píloro se abra y que el duodeno y el intestino delgado alto se contraigan. Y evita las infecciones del aparato urinario, la nefritis y la cistitis”.

A la hora de cocinar, el médico apuesta por las barbacoas verticales: “Cuando el fuego se coloca horizontalmente bajo el alimento se producen alimentos cancerígenos como los benzopirenos”. Para evitar la enfermedad, el oncólogo apuesta por ingerir 500 gramos de fruta y verdura al día: “Se reduce en un 50% la probabilidad de padecer cáncer de colon y del tubo digestivo”. Su favorita es la granada, que actúa contra el colesterol. Y destaca los beneficios del ajo y del romero, inhibidores del proceso de formación de los tumores.

Respecto a una dieta sin gluten -cada vez hay más personas no celíacas que se suman al movimiento gluten free como estilo de vida-, el autor afirma que la alergia o intolerancia es causa de porosidad intestinal, es decir, intestino permeable. “Se produce una absorción intestinal deficiente, que desemboca en diarrea, fatiga, dolores de abdomen, pérdida de peso, anemia…”. Chocolate, cerveza, alcohol a base de cereales como el vodka, productos de charcutería, sopas precocinadas, aderezos para ensaladas… Joyeux advierte de que un artículo incluya en su etiqueta la fórmula ‘sin trigo’ no supone necesariamente que no lleve gluten, “por lo que debemos tener cuidado y no caer en las trampas del sector alimentario”.

Las mentiras de la industria

También declara la guerra a los alimentos funcionales con eslóganes nutricionales a menudo exagerados o, incluso, falsos: “Es el caso de los yogures que aseguran reducir el colesterol gracias a la adición de fitoesteroles, o de las margarinas o mantequillas modificadas. No son más que paparruchas“.

En cuanto a la obesidad, uno de los grandes males del siglo XXI, echarle toda la culpa a la genética o a un factor infeccioso es científicamente falso según el profesor, pero continúa siendo el argumento que esgrimen algunas escuelas de medicina que cierran los ojos a los hábitos alimentarios. “A menos que lo que ocurra en realidad sea que reciben financiación de grupos de presión muy poderosos”.

La obesidad se convierte en la primera causa de cáncer por delante del tabaquismo

febrero 19, 2017

El Observatorio Global del Cáncer relaciona el sobrepeso con catorce tipos de tumores, algunos tan comunes como el de mama o el de colon. El 53% de los alicantinos supera el peso adecuado

Diario Información, por Isabel Vicente

thumbEl 23,8% de los casos de cáncer de mama postmenopáusicos se deben a la obesidad, igual que el 21,2% de los de útero, el 17,2% de los de colon y el 13,7% de los cánceres de riñón. Estos datos proceden de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer dependiente de la Organización Mundial de la Salud, la OMS, que no duda en vincular los kilos de más como causa, evitable y poco conocida en la sociedad, del cáncer, hasta el punto de que la obesidad habría superado al tabaco como primera causa de la enfermedad.

El responsable de la Unidad de Cirugía de la Obesidad y Metabólica del Hospital General de Alicante y presidente provincial de la Asociación Española Contra el Cáncer, Pablo Enríquez, lleva años alertando de la relación entre obesidad y cáncer a través de conferencias y charlas en la provincia en la que el 38% de los ciudadanos sufre sobrepeso y el 15%, obesidad. «Hay campañas en Europa contra el cáncer que evidencian que el principal enemigo ahora es la obesidad, y ya en segundo lugar, el tabaco», señala el médico a este diario, para añadir que «en Europa y EE UU están aumentando las cifras de cáncer y a este aumento contribuye la obesidad y el sedentarismo». Pablo Enríquez considera que «en los colegios e institutos debería incluirse una asignatura dada por expertos para que los niños y jóvenes aprendan a comer bien. Tenemos que tomarnos en serio la alimentación y el tipo de vida porque cada vez la obesidad se relaciona con más enfermedades, y se comprueba su vinculación con el cáncer».

Según datos del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, «muchos estudios de observación han logrado pruebas consistentes de que las personas que suben menos de peso en la edad adulta tienen riesgos menores de sufrir cáncer de colon, de riñón y -en el caso de las mujeres postmenopáusicas- de cáncer de mama, de endometrio y de ovarios», por lo que eliminar el exceso de grasa corporal es un factor de protección frente al cáncer «del que debemos concienciarnos igual que nos hemos concienciado de la relación entre esta enfermedad y el tabaco», indica Pablo Enríquez.

La OMS considera que la obesidad y el sobrepeso influyen en catorce tipos de cáncer, algunos tan comunes como el de mama o el de colon. Igualmente, desde la Sociedad Española de Oncología Médica (Seom) se incide en que «la obesidad no solo favorece la aparición de tcáncer sino que dificulta la curación de quienes lo sufren, ya que los pacientes obesos tienen una peor tolerancia a los tratamientos oncológicos y más posibilidades de recaer».

Pero ¿por qué el sobrepeso favorece la aparición de muchos tipos de cáncer? Según la organización británica Cancer Research UK, «el exceso de grasa, no solo altera el nivel de determinadas hormonas del cuerpo que pueden aumentar el riesgo de cáncer, como por ejemplo el estrógeno, la testosterona y la insulina, sino que las propias células de grasa pueden crear mensajeros químicos que afectan al funcionamiento del cuerpo». La Sociedad Americana contra el Cáncer cree que tener sobrepeso o estar obeso es la causa principal de una de cada cinco muertes por cáncer.