Archive for the ‘Cáncer y obesidad’ Category

La obesidad se convertirá en la principal causa de cáncer en las mujeres

septiembre 27, 2018

La obesidad superará al tabaquismo como la principal causa prevenible de cáncer en las mujeres en el Reino Unido, según un nuevo estudio.

CNN

Cancer Research UK estimó que 23.000 mujeres británicas sufrirán de cánceres relacionados con la obesidad para el año 2035, solo 2.000 menos que el número de casos causados ​​por fumar.

Para el año 2043 la obesidad se convertirá en la causa más común de cáncer en las mujeres si las tendencias actuales continúan, pudo determinar la organización benéfica.

Actualmente, fumar está relacionado con el 12,4% de los cánceres en las mujeres del Reino Unido, en comparación con el 7,5% que es causado por la obesidad, según el British Journal of Cancer.

La brecha entre las dos causas en los hombres es más amplia debido a que más hombres británicos fuman: el 17,7% de los cánceres entre los hombres son causados ​​por el tabaquismo en comparación con el 5,2% por la obesidad. Según el informe, es probable que un cambio similar en la causa principal de cáncer en hombres ocurra mucho más tarde.

La organización caritativa analizó los datos de incidencia de cáncer entre 1979 y 2014 para hacer las proyecciones y utilizó los resultados como un llamado adicional para campañas nacionales y legislación para reducir la prevalencia de obesidad siguiendo el plan utilizado para las campañas sobre el consumo de nicotina.

“La obesidad es una gran amenaza para la salud pública en este momento, y solo empeorará si no se hace nada”, dijo Linda Bauld, experta en prevención de Cancer Research UK.

“La disminución del tabaquismo es motivo de celebración. Muestra cómo décadas de esfuerzo para crear conciencia sobre los riesgos para la salud más acciones políticas fuertes —incluidas los impuestos, la eliminación del mercadeo del tabaco y la prohibición de fumar en lugares públicos cerrados— han dado sus frutos”, añadió.

Cenar temprano reduce el riesgo de sufrir cáncer de mama y próstata

agosto 3, 2018

Comer en horas tardías afecta a la salud según un estudio de ISGlobal

El Periódico / EFE

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Cenar a una hora temprana o dejar un intervalo de al menos dos horas antes de irse a la cama se asocia en ambos casos con un menor riesgo de cánceres de mama y de próstata, según un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Según el trabajo, que publica la revista ‘International Journal of Cancer’, las personas que toman la cena antes de las 21:00 horas o esperan al menos dos horas antes de acostarse tienen cerca de un 20 % menos de riesgo de estos tipos de cáncer que las que hacen la comida nocturna después de las 22:00 horas o las que se acuestan inmediatamente después de cenar, respectivamente.

El investigador del ISGlobal Manolis Kogevinas ha destacado que, hasta ahora, los estudios en personas sobre alimentación y cáncer se habían concentrado en los patrones de la dieta, analizando por ejemplo si las personas comen carne roja, frutas o verduras, o bien estableciendo relaciones con la cantidad de alimentos y la obesidad. Sin embargo, no se había prestado atención a otros factores que rodean un acto tan cotidiano como el comer: las horas de ingesta y las actividades que se llevan a cabo antes y después, según Kogevinas.

“La evidencia reciente en estudios experimentales indica que el momento de comer es importante y muestra que hacerlo en horas tardías afecta a la salud”, ha señalado el investigador.

El trabajo nocturno

El objetivo de este estudio fue evaluar si los horarios de comidas y de sueño pueden estar relacionados con el riesgo de padecer cánceres de mama y de próstata, que son dos de los cánceres más comunes en el mundo y que más se relacionan con el trabajo nocturno y la disrupción circadiana o alteración del reloj biológico.

En el marco del proyecto MCC-Spain, cofinanciado por el Consorcio de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), los investigadores evaluaron datos de 621 casos de cáncer de próstata y 1.205 de mama y de 872 hombres y 1.321 mujeres seleccionados al azar en centros de salud primaria de diferentes puntos de España.

El análisis lo hicieron a partir de datos recogidos en entrevistas sobre los horarios de comida, sueño y cronotipo y un cuestionario sobre hábitos de alimentación y cumplimiento de las recomendaciones de prevención del cáncer. “Nuestro estudio concluye que seguir patrones diurnos de alimentación se asocia con menos riesgo de cáncer”, ha resumido Kogevinas.

Para el investigador, estos resultados “subrayan la importancia de tener en cuenta el ritmo circadiano en los estudios sobre dieta y cáncer”. Además, en el caso de confirmarse estos resultados, “tendrán implicaciones en las recomendaciones sobre la prevención del cáncer, que actualmente no tienen en cuenta los horarios de las comidas”. “Esto tendría especial repercusión en culturas como las del sur de Europa, donde la cena es tardía”, ha añadido.

Metabolismo

Dora Romaguera, investigadora de ISGlobal que también ha participado en el trabajo, considera que “es necesario hacer más estudios en personas para conocer el porqué de estos resultados, pero todo apunta que la hora de ir a dormir afecta a nuestra capacidad de metabolizar la comida“.

La evidencia científica actual en animales muestra que el horario de las ingestas de alimentos tiene “implicaciones profundas en el metabolismo de los alimentos y en la salud”, ha concluido Romaguera.

2 riesgos de los edulcorantes que no te esperabas

agosto 1, 2018

¿Y si te tomases algo con un fin y lo que lograses fuera justamente lo contrario? Los edulcorantes endulzan sin aportar calorías, pero si se abusa de ellos el cuerpo acaba pagando igualmente un precio.

Cuerpo Mente, por Claudina Navarro

Los edulcorantes son sustancias dulces con pocas o ninguna caloría utilizadas como alternativa al azúcar. Pero no todos son iguales. Cada edulcorante es un compuesto químico diferente y su comportamiento varía en el organismo.

Ahora bien, sobre todos recae una sospecha: la de que engañan al cuerpo y eso tiene sus consecuencias.

1. En vez de adelgazar, te engordan

Cuando tomamos un edulcorante, el cuerpo asocia el sabor dulce a las calorías. En respuesta, aumenta la producción de hormona insulina y se estimula el apetito. La consecuencia es que pueden provocar ganancia de peso, justo lo contrario de lo que se trata de conseguir con su consumo.

Podemos ofrecer al menos dos pruebas de este fenómeno. La primera es que los ganaderos utilizan edulcorantes como la sacarina para favorecer el engorde.

La segunda es el estudio realizado por el doctor Steven Stellman, de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), con 80.000 mujeres y que asocia el consumo de edulcorantes con aumento de peso.

2. Alteran tu microbiota intestinal

Uno de los procesos metabólicos alterados por los edulcorantes tiene que ver con la microbiota intestinal.

Un estudio realizado con ratones por investigadores del Weizmann Institute of Science (Israel) halló que la sacarina, la sucralosa y el aspartamo provocan modificaciones en la composición y el comportamiento de la flora intestinal que se relacionan con la tendencia a la obesidad.

Los edulcorantes más polémicos

En concreto, el aspartamo se ha relacionado con diferentes síntomas, como dolores de cabeza, pérdida de memoria, alteraciones de la visión e hiperactividad. En experimentación animal, ha provocado cáncer de cerebro, ganglios linfáticos y vías urinarias. Pero otros estudios no han confirmado estas sospechas y no hay un consenso científico.

En cuanto a la sacarina, el edulcorante más popular en los últimos años, tiene una historia controvertida. En experimentación animal y en altas dosis se ha asociado a cáncer de vejiga, pero los resultados no se han considerado extrapolables al ser humano.

La dextrosa, por su parte, es una forma de glucosa, un azúcar natural que se obtiene del trigo o el maíz.

La conclusión que podemos sacar de todos estos datos es que, en general, conviene evitar los edulcorantes, especialmente los edulcorantes que tienen más estudios en su contra: el aspartamo (E951 y E962), el acesulfamo (E950) y el ciclamato (E952).

Sin embargo, los edulcorantes más seguros, como los esteviósidos (E960) o el polvo de estevia, pueden utilizarse ocasionalmente en cantidades pequeñas.

Cómo sustituirlos

Como norma general, conviene moderar la presencia del sabor dulce en la dieta, aunque venga de la mano de sustancias naturales como el azúcar de caña integral, la miel o el sirope de agave.

El placer que proporciona este sabor puede obtenerse de manera más sana de ciertos alimentos. Puedes endulzar con frutas frescas enteras, desecadas u hortalizas como las zanahorias. Todos estos alimentos son dulces y además proporcionan una buena dosis de minerales, vitaminas y fibra.

Cómo cocinar la carne para evitar el riesgo de cáncer

julio 16, 2018

Un estudio revela que no solo la cantidad de carne roja consumida es peligrosa para desarrollar cáncer, sino también el tipo de cocinado y el tiempo de cocción. Los datos indican que es más sano comerla poco hecha y evitar los embutidos

Alimente El Confidencial, por Julio Martín Alarcón

Hace unos años, la OMS incluyó a la carne roja y especialmente la procesada como un potencial riesgo para desarrollar cáncer. Nuevos estudios están demostrando que su consumo no solo se asocia a la cantidad, sino al tipo de cocinado y al propio tiempo de cocción. La evidencia científica de los estudios que se han publicado desde 2015 “señalan el consumo de carne roja como un claro factor de riesgo para diferentes tipos de cáncer, como son el de colon, el de estómago y el de páncreas”, explica a Alimente la experta Elena Boldo, que ha llevado junto a Marina Pollán, ambas del Centro de Epidemiología del Instituto Carlos III, entre otros investigadores, un nuevo estudio, este año sobre la incidencia del consumo de carne roja y el cáncer de mama: ‘Meat intake, methods and degrees of cooking and breast cancer risk in the MCC-Spain study‘ a partir de datos recopilados por el MCC sobre casos de cáncer colorrectal, cáncer de mama, cáncer gástrico, cáncer de próstata y leucemia linfática crónica (LLC) con un grupo de control.

“Cada cáncer es un mundo, por eso hacen falta más estudios ya que son prácticamente enfermedades diferentes que hay que estudiar una por una. Nosotros incluimos además de los factores ambientales y otros riesgos documentados, como el sobrepeso, la obesidad, el sedentarismo o el consumo de tabaco, la dieta y encontramos que había una correlación significativa en cuanto al consumo de carne roja y el cáncer de mama”, aclara la coautora del estudio.

Un aspecto crucial de este estudio estaba relacionado no solo con la cantidad ingerida de carne roja, sino con el tipo de cocinado y el tiempo de cocción. De hecho, el Instituto Nacional del Cáncer ya ha alertado de que existen mutógenos -sustancias cancerígenas- que se forman en la combustión de la leña o al calentar el aceite en una sartén y que se pueden impregnar en la carne, como son las aminas heterocíclicas y los hidrocarburos aromáticos policíclicos.

Elena especifica “que no solo se producen por la combustión, sino que están presentes también en la carne y se forman con más facilidad cuando está más cocinada“. Es decir, que cuanto más hacemos la carne, más riesgo hay de que estas sustancias potencialmente cancerígenas nos afecten. A priori, existe más riesgo con las barbacoas, las carnes a las plancha y en la sartén.

Los guisos, más peligrosos

En su estudio sobre la incidencia de la carne roja en el cáncer de mama, la experta señala que identificaron un mayor riesgo en el caso de los guisos “probablemente porque el estudio se ha realizado en España y la barbacoa es menos habitual en nuestro país que en otros lugares, como EEUU, por ejemplo”. Según sus hallazgos, las mujeres que consumen carne roja muy hecha tienen casi el doble de riesgo de desarrollar cáncer de mama que las que la consumen poco hecha. “Hace falta más estudios y evidencias sobre este aspecto, pero existe una relación clara”.

Los consejos son muy contundentes: cuanto menos carne roja se consuma, mejor. Si se hace, que sea poco hecha y cuidado con los guisos. Además, el estudio remarca que los alimentos procesados de carne como los embutidos, las salchichas o los ahumados son también potencialmente peligrosos, por lo que conviene reducir su consumo. Y no hay grandes diferencias entre la carne de vaca, de cerdo o de cordero.

En cuanto a las carnes blancas, como el pollo o el pavo, las investigadoras no encontraron una relación directa en cuanto a su consumo y la cocción, pero sí varios indicios respecto al tipo de cocinado. Concretamente cuando son empanadas o rebozadas y se ha reutilizado el aceite. Remarcan que es solo una hipótesis, pero que asocian a las frituras con estos aceites que acumulan sustancias cancerígenas. El empanado las hace más propensas a que los mutógenos se adhieran con mayor facilidad ya que se impregnan de más aceite. “No podemos afirmar todavía nada porque es solo una hipótesis, hacen falta más estudios”. Respecto al cáncer de mama, las investigadoras no hallaron datos que supusieran un mayor riesgo.

Un dato revelador en este sentido es que se encontró una mayor relación con la carne guisada que con la carne a la barbacoa, a la plancha o en contacto con el fuego a altas temperaturas. En este sentido, Elena Boldo matiza que la investigación estaba circunscrita a España y aquí hay una menor cultura de barbacoa que en otros países como EEUU, y en cambio un mayor consumo de embutidos, que son también un importante factor de riesgo. Sus recomendaciones son claras: consumir menos carne roja, si se hace que sea poco hecha y en cualquier caso hacer ejercicio, un aspecto que no se explica suficientemente lo importante que es para una buena salud, concluye la experta.

Aflatoxinas, las sustancias cancerígenas que comes todos los días

julio 3, 2018

Nación Farma

La FAO (Food Agricultural Organization of the United Nations) asegura que los cereales como el arroz, trigo, sorgo y cebada son los principales alimentos que nos aportan energía; además, estos productos tienen mayor disponibilidad para su consumo y exportación. Sin embargo, estos alimentos son susceptibles a la contaminación biológica; sobre todo a aquella causada por hongos del género aspergillus, los cuales producen metabolitos tóxicos llamados aflatoxinas.

Existen más de 20 tipos distintos de aflatoxinas; pero la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer ha clasificado a las aflatoxinas B1 y M1 dentro del grupo 1 como carcinógenos para humanos, lo que los convierte en un riesgo para la salud. La principal causa de exposición a las aflatoxinas es la ingesta de comidas contaminadas; aunque también pueden ser inhaladas en algunos ambientes laborales.

Adicional a los cereales, alimentos como los cacahuates, las nueces, pistaches, el chile, pollo, huevo, leche, embutidos y cerveza también contienen aflatoxinas, según alertó Magda Carvajal Moreno, del Instituto de Biología de la UNAM. De acuerdo con esta especialista, las tortillas y sus derivados son los más contaminados; sólo en México, se ha identificado que el 95% del maíz blanco, así como el 60% del amarillo, contienen aflatoxinas.

Carvajal Moreno, durante el Seminario Permanente sobre Agricultura, Alimentación y Nutrición, del Programa Universitario de Alimentos, afirmó que lo que comemos es la principal causa de riesgo de cáncer, con 36%; incluso delante del consumo de tabaco (31%) y las infecciones (11%).

Las aflatoxinas no tienen sabor ni olor; soportan entre 260 y 320 grados centígrados sin descomponerse; son resistentes a la cocción, ultrapasteurización, nixtamalización y fermentación.

Las aflatoxinas se asocian con cáncer de hígado, de páncreas, de pulmón, colorrectal y cervicouterino. Aunque actúan en millonésimas de miligramos, son los cancerígenos biológicos más potentes conocidos hasta ahora.
Carvajal Moreno también indicó que todos nacemos con protooncogenes latentes; las aflatoxinas, mediante un mecanismo químico de oxidación, los convierten en oncogenes (elementos cancerígenos) que se acumulan en el ADN y mutan.

Para contrarrestar los daños, recomiendan comer alimentos probióticos, moras, pimiento verde y rojo, espinacas, betabel, cereza, ejotes, jitomates y zanahorias.

Identificar mutaciones para un diagnóstico oportuno

La presencia de aflatoxinas en los alimentos ha generado alarma a nivel mundial; por ese motivo, se han creado regulaciones en países con mayor exposición a esas microtoxinas. Dado que el consumo de cereales, frutos secos, especias y leche es alto a nivel internacional, se han realizado estudios para conocer los efectos de las aflatoxinas en el organismo; así como para entender los procesos oxidativos mediante los cuales se activan en el hígado, se unen al ADN y provocan un efecto cancerígeno y hepatóxico en las células somáticas.

El año pasado, investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) encontraron un espectro mutacional de la aflatoxina B1, con lo cual pueden establecer biomarcadores para la exposición al carcinoma hepatocelular. En otras palabras, crearon un método para detectar si las células del hígado han sido expuestas al compuesto cancerígeno; y para estimar si tienen riesgo elevado de convertirse en cáncer.

El objetivo de la investigación fue identificar los perfiles de mutaciones producidas en las células hepáticas; las cuales están expuestas a las aflatoxinas antes de que se conviertan en tumores. Para lograrlo analizaron el ADN de las células hepáticas de ratones después de 10 semanas de exposición y de aquellos que desarrollaron tumores. A través de una técnica de secuenciación detectaron un patrón mutacional específico en las células de los tumores inducidos.

Otras investigaciones estiman que en países en vía de desarrollo hay mayor prevalencia y exposición a las aflatoxinas; para lo cual es necesario contar con mayor regulación en las cosechas y poscosechas. Asimismo, concuerdan en la necesidad de mayores estrategias de control; vigilancia integral; y mayor diversidad de alimentos para reducir los riesgos.

Perder peso podría reducir el riesgo de cáncer de piel

junio 11, 2018

La obesidad es un factor de riesgo conocido para muchos tipos de cáncer y un nuevo estudio plantea la posibilidad de que la pérdida de peso disminuya este peligro.

Muy Interesante, por Sarah Romero

Solo en España, ya hay unos 4.000 casos de melanoma al año, pues las cifras no han parado de crecer en los últimos 30 años. En países como Estados Unidos, el cáncer de piel es la forma más común de cáncer. Solo en 2014, hubo casi 80.000 nuevos casos, y para finales de 2018, se estima que habrá más de 90.000.

Comprender los factores de riesgo detrás de cada tipo de cáncer es importante para minimizar el riesgo de la población en general. Está confirmado que la obesidad es un factor de riesgo para muchos tipos de cáncer, incluidos el cáncer de endometrio, de hígado, de riñón, el colorrectal y el pancreático.

Ahora, un equipo de investigadores dirigidos por Magdalena Taube, de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), se propuso investigar más detalladamente el papel de la obesidad en el riesgo de melanoma, una forma de cáncer de piel de crecimiento rápido. Han presentado sus hallazgos en el Congreso Europeo sobre Obesidad, que se celebró en Viena, Austria.

Obesidad y melanoma

Investigaciones anteriores concluyeron que la obesidad aumenta tanto el riesgo como la tasa de crecimiento del melanoma. En el estudio reciente, sin embargo, los investigadores querían saber si la pérdida de peso produciría el efecto contrario y, por tanto, positivo: si reduciría el nivel de riesgo de cáncer de piel.

Para examinar el vínculo entre la obesidad, la pérdida de peso y el melanoma, tomaron datos del estudio Swedish Obese Subjects, un proyecto creado para monitorear los resultados de la cirugía bariátrica en comparación con los individuos que usan tratamientos de obesidad convencionales.

Los participantes fueron más de 2.000 personas que se sometieron a cirugía de obesidad y un número similar de participantes de control con los que compararon una gran variedad de parámetros, incluidos la edad, el sexo, las medidas corporales, los rasgos de personalidad y los factores de riesgo cardiovascular.

“España tiene hoy el doble de casos de cáncer de piel que hace 30 años”

Su análisis demostró que aquellos que se habían sometido a cirugía tenían un riesgo significativamente menor de desarrollar melanoma en los siguientes 18 años.

Una reducción del riesgo del 61%

De hecho, en comparación con el grupo de control, los individuos operados vieron un descenso del 61% en su riesgo de desarrollar melanoma maligno, y un 42% menos de riesgo de todos los tipos de cáncer de piel.

“En este estudio a largo plazo, la cirugía bariátrica redujo el riesgo de melanoma maligno. Este hallazgo respalda la idea de que la obesidad es un factor de riesgo de melanoma e indica que la pérdida de peso en individuos con obesidad puede reducir el riesgo de una forma letal de cáncer que ha aumentado constantemente en muchos países durante varias décadas”, exponen los autores.

El vínculo entre el cáncer de piel y la obesidad es algo sorprendente, y se necesitarán más estudios para descubrir exactamente por qué se produce este efecto. Los hallazgos marcan otro riesgo de salud preocupante asociado con la obesidad, pero también ofrecenuna ruta potencial para reducir los peligros.

Referencia: Magdalena Taube, Universidad de Gotemburgo (Suecia). Congreso Europeo de Obesidad en Viena (Austria).

Los alimentos que más acrilamida contienen

mayo 4, 2018

Su carácter cancerígeno y su presencia en algunos alimentos, principalmente los ricos en hidratos de carbono, horneados y fritos, ha hecho que el Parlamento Europeo adopte nuevas medidas para que la industria alimentaria reduzca la acrilamida presente en sus productos

La Verdad 
La UE vuelve a tomarse en serio la salud de los ciudadanos con nuevas medidas comunitarias para controlar los niveles de acrilamida en los alimentos. La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan) ha recopilado en una lista todos los alimentos que contienen en mayor medida esta sustancia química.

En adultos, las patatas fritas y sus derivados representan el 49% de la exposición a esta sustancia, el café supone un 34% y el pan blando un 23%, junto a a las galletas industriales y demás derivados de las patatas.

Para niños y adolescentes el caso es bastante parecido, con hasta un 51% de exposición mediante la dieta. Patatas fritas (excepto chips y aperitivos), galletas, pan blando, cereales de desayuno y derivados, pueden suponer hasta un 25% de esta exposición. La bollería industrial y dulces ascienden hasta el 15%, para niños y adolescentes, y las patatas chips y los aperitivos el 11%.

Hasta el 60% alcanzan los productos de alimentación infantil que no son elaborados a base de cereales. En cambio, los que han sido elaborados a base de cereales se limitan a un 30%, y otros productos derivados de las patatas un 48%.

Aecosan recuerda que no sólo estamos expuestos a la acrilamida a través de la alimentación y, pese a estos porcentajes, la absorción es limitada siguiendo una dieta variada. En cambio, esta sustancia se encuentra en mucha mayor proporción en el tabaco y en distintos materiales de fabricación y uso industrial, por lo que es posible absorberla de manera accidental al inhalarla o por contacto epidérmico.

IMEO avisa de que el Plan de Sanidad para reducir la sal, azúcar y grasas “no afecta” a la mayoría de zumos infantiles

abril 10, 2018

Un análisis a fondo realizado por expertos en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) ha puesto de manifiesto que el Plan aprobado por el Ministerio de Sanidad para mejorar la composición de alimentos y reducir el contenido de sal, azúcar y grasas de cara a 2020 en más de 3.500 productos “no afecta” la mayoría de refrescos o zumos infantiles envasados, o disminuye la sustancia menos relevante en otros.

El Economista/ EP

“En países, como Canadá, el modelo voluntario hacia las empresas a la hora de reducir las cantidades de sal, azúcar y grasa en los alimentos industrializados ha fracasado”, ha explicado el portavoz del IMEO, Rubén Bravo. Asimismo, prosigue, en el caso del sodio, por ejemplo, se pedía disminuir la proporción en un 60 por ciento, cuando éste se utilizaba para mejorar el gusto, y en un porcentaje menor cuando desempeñaba un papel de conservación.

Ahora el organismo federal responsable de la salud pública canadiense exigirá que los alimentos que son ricos en estas sustancias se marquen en la parte delantera de sus envases y, si quieren evitar este logotipo negativo, los fabricantes tendrán que revisar y cambiar las recetas.

Otra medida adoptada por muchos países, tal y como ha argumentado el experto en Nutrición, es la subida de impuestos para aquellos productos que superan los 5 gramos de azúcar por cada 100 de producto. Dinamarca fue la primera en introducir el gravamen, si bien terminó eliminándolo dos años después tras ver que apenas tuvo efecto sobre el consumo de refrescos y bollería.

“Hay que aprender de los errores y buscar vías alternativas y eficaces para resolver un problema de salud que comienza por un cambio en los hábitos de consumo y por fomentar la cultura nutricional desde casa. Desde IMEO apelamos a la conciencia, tanto de las empresas como de las familias, a la hora de abordar el tema con responsabilidad, para que alimentación y salud vayan de la mano”, ha recalcado Bravo.

Además, ha asegurado que combatir desde la cesta de compra el excesivo consumo de sal, azúcar y grasas ayudará a prevenir tanto la obesidad, como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión o cáncer. Por todo ello y con el fin de afrontar el problema desde su raíz, los expertos del instituto ofrecen una serie de consejos prácticos, ejemplos saborizantes naturales y alternativas saludables a la hora de sustituir dichas sustancias o alimentos que muestran un contenido muy elevado.

“Combinados con otros potenciadores del sabor, como el glutamato y los edulcorantes, o las grasas, activan nuestra serotonina a nivel cerebral, desencadenando una sensación de placer y bienestar, con un efecto aditivo difícil de controlar en pacientes con ansiedad”, ha apostillado una nutricionista del IMEO, Andrea Marqués.

De hecho, la recomendación general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) limita la cantidad del azúcar, tanto añadida, como la presente de forma natural en los alimentos, al 10 por ciento de la ingesta calórica diaria, siendo lo deseado que ésta sea inferior del 5 por ciento para obtener beneficios para la salud.

“Hablamos de unos 25-50 gramos, equivalentes a 1-2 cucharadas soperas, dependiendo del peso y la edad de cada persona. Estas cantidades suelen superarse con frecuencia, debido a malos hábitos alimentarios, consumo frecuente de productos preparados, bollería industrial, zumos y refrescos con elevadas cantidades de azúcar añadido”, ha recalcado la experta.

Se estima que tres cuartas partes de la sal que se ingiere proviene de productos elaborados y procesados, si bien la recomendación de la OMS limita el consumo a los 5 gramos al día, que corresponden a 2 gramos de sodio y sería el equivalente de una cucharadita de café. En el caso de los niños menores de 14 años y en pacientes hipertensos esta cantidad se reduce a 3-4 gramos.

Respecto a la grasa, su consumo diario debe representar de 20 a 30 por ciento de la ingesta calórica total: entre 50 y 80 gramos en adultos y entre 30 y 40 gramos en niños. Sin embargo, las grasas saturadas que resultan perjudiciales para la salud y se encuentran en los lácteos enteros (mantequilla, nata, queso curado, leche entera), en las grasas vegetales de baja calidad (palma, palmiste, margarina) o en las carnes grasas (embutidos grasos, manteca de cerdo o de vaca) no deben superar el 10 por ciento de esa ingesta total, siendo ideal que fueran inferiores al 7 por ciento.

CONSEJOS PARA ENDULZAR LOS PLATOS SIN AZÚCAR

“Las opciones más utilizadas para endulzar un alimento sin añadirle azúcar son los edulcorantes y la miel, aunque últimamente se han ido introduciendo en nuestro entorno otros, como la panela (obtenida del jugo de la caña de azúcar, con minerales y vitaminas del grupo B) o el sirope de agave. A pesar de tener ventajas, no son la mejor opción, puesto que favorecen el desarrollo de numerosas patologías y mantienen el umbral del dulzor extraordinariamente alto, neutralizando el propio sabor del alimento”, ha argumentado una nutricionista clínica del IMEO, Carmen Escalada.

Por ello, ha asegurado que la manera “más sencilla” de endulzar los platos de manera saludable es usando fruta fresca, madura o deshidratada (manzana, plátano, higo y pera) o verduras dulces (calabaza, zanahoria y remolacha). Todas ellas se pueden emplear en recetas variadas para hacer masa de bizcochos, salsas o siropes, solas o mezcladas con leche o bebida vegetal, en ensaladas o guisos. Además, los platos quedan más coloridos y atractivos para los niños.

Otra opción para conseguir este efecto es recurrir a los frutos secos (almendras, avellanas, pistachos, nueces o castañas) y ciertas especias dulces (canela, vainilla, nuez moscada y jengibre). Además, hay hierbas aromáticas o especies picantes que pueden ayudar a reducir el consumo de sal en la dieta.

“En ensaladas o platos de carne y pescado se suele añadir albahaca, perejil, tomillo o romero, lo que aportaría un sabor fresco y refrescante al plato, pero también algunas propiedades medicinales, debido a su poder antiséptico, antiinflamatorio y antibacteriano”, ha aconsejado Escalada, para aseverar que la especies picantes como curri, pimienta roja, cayena, guindilla o chile son “ideales” para aderezar carnes adobadas, arroces, pescados o encurtidos, aportan sabon y pueden reducir la cantidad de alimento ingerida, debido a la presencia de capsaicina que ayuda a regular el apetito.

Respecto a las grasas, hay que evitar aquellas más perjudiciales para la salud como la de palma y los productos que tienden a contenerla, como ultraprocesados o bollería industrial. En este sentido, los expertos han recordado que el aceite de oliva virgen extra, por ser rico en grasas monoinsaturadas, ácido oleico y antioxidantes, ayuda a reducir el riesgo de enfermedades coronarias, así como los altos niveles de colesterol en la sangre, aunque se deben controlar las cantidades, porque es muy calórico.

“En general, recomendamos intentar evitar los productos procesados o elaborados ya que emplean la sal, el azúcar o las grasas como parte de su composición con el fin de aumentar su vida útil y hacerlos más apetecibles para los consumidores”, ha apuntado la nutricionista del IMEO Estefanía Ramo.

Por otra parte, prosiguen los alimentos de la dieta mediterránea con menor contenido de estas sustancias son las verduras y frutas frescas, el pescado blanco y azul, la carne magra, los cereales sin procesar, los frutos secos naturales, el aceite de oliva virgen extra y el agua.

Finamente, han recomendado tener “especial cuidado” con los aperitivos salados, las bebidas refrescantes, los néctares, bollería y pastelería, el pan de molde o envasado, galletas y cereales con importantes cantidades de azúcar, helados y polos comerciales, cremas y salsas procesadas, platos preparados y rebozados, derivados cárnicos ricos en grasa en los que la sal se emplea de conservante.

¿Salimos a cenar o encargamos comida? Cuidado con los ftalatos

abril 3, 2018

Las personas que suelen comer fuera de casa tienen unos niveles mucho más elevados de ftalatos, compuestos químicos asociados a un impacto negativo sobre la salud

ABC

Los ésteres de ácido ftálico de ‘ftalatos’ son un grupo de compuestos químicos comúnmente empleados en el empaquetamiento industrial. Concretamente, estos ftalatos se usan como plastificadores, es decir, se añaden a los plásticos para incrementar su flexibilidad, por lo que se utilizan de forma masiva en la fabricación de productos tan variados como los esmaltes para uñas, los perfumes y los pesticidas. Y también en los envases en los que se empaquetan los alimentos tanto crudos como ya preparados. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que los ftalatos alteran las hormonas humanas y, por tanto, suponen un grave riesgo para la salud tanto de los menores como de los adultos. De hecho, el Congreso de Estados Unidos prohibió ya en 2008 su uso en la fabricación de juguetes infantiles. Entonces, y dado que pueden pasar desde los envases a los alimentos, ¿corremos el riesgo de exponer nuestro cuerpo a los ftalatos por el simple hecho de comer? Pues sí. Y como advierte un estudio dirigido por investigadores de la Universidad de California en Berkeley (EE.UU.), esta exposición es mucho mayor en caso encargar la comida ya preparada o de comer fuera de casa, pues la comida de los restaurantes, cafeterías y locales de comida rápida parecen tener unos niveles mucho más elevados de ftalatos. O así sucede, cuando menos, en Estados Unidos.

Como explica Ami Zota, co-autora de esta investigación publicada en la revista «Environment International», «nuestros resultados muestran que las comidas preparadas en el propio domicilio presentan una menor probabilidad de contener altos niveles de ftalatos, compuesto químicos asociados a problemas de infertilidad, complicaciones en el embarazo y otros efectos negativos sobre la salud. Así, nuestro estudio sugiere que salir a cenar fuera podría ser una fuente importante y hasta ahora no reconocida de exposición a los ftalatos, cuando menos en el caso de la población estadounidense».

Sobre todo en menores

Para llevar a cabo el estudio, los autores analizaron los resultados de los análisis de orina realizados entre los años 2005 y 2014 a 10.253 menores y adultos con motivo de su participación en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos (NANHES). Y más concretamente, se fijaron en los niveles de ftalatos en función del origen de los alimentos consumidos en las 24 horas previas al análisis de orina y, sobre todo, de que los participantes hubieran salido o no a cenar en la noche anterior, ¿cuántos participantes habían cenado fuera de casa esa noche? Pues ni más ni menos que un 61%.

Los resultados mostraron que, con independencia de la edad, las personas que cenaron fuera de casa tenían unos niveles significativamente superiores de ftalatos que aquellas que lo hicieron en casa. Y asimismo, que los participantes con mayores niveles de ftalatos fueron los adolescentes. ¿La razón? Su ‘preferencia’ por la denominada ‘comida rápida’, lo que provocó que sus concentraciones de ftalatos fueran hasta un 55% superiores a los de los adolescentes que cenaron es sus casas.

Preparar la comida en casa es una vía para limitar la exposición a los ftalatos

Y llegados a este punto, ¿cuáles fueron los alimentos asociados con los mayores niveles de ftalatos? Pues básicamente, los bocadillos, los sándwiches y las hamburguesas, pero solo los preparados fuera del domicilio. De hecho, e independientemente de su edad, los participantes que consumieron estos productos en restaurantes, cafeterías y locales de comida rápida mostraron unos niveles de ftalatos hasta un 30% superiores.

Como indica Julia Varshavsky, directora de la investigación, «las mujeres embarazadas, los niños y los adolescentes son los más vulnerables a los efectos tóxicos de los compuestos químicos que alteran las hormonas, por lo que es importante encontrar la manera de limitar su exposición a los mismos. Así, es necesario realizar estudios para encontrar las intervenciones más efectivas para eliminar los ftalatos de los suministros de alimentos».

En casa, como en ningún sitio

Un estudio dirigido por Ami Zota y publicado hace un par de años ya alertó que las personas que consumen mayores cantidades de comida rápida tienen unos niveles hasta un 40% superiores de ftalatos que el resto de la población. Sin embargo, parece que esta mayor exposición no es exclusiva de la comida rápida, sino que es común a todos los locales de restauración. Y es que además del derivado de los envases, los alimentos de estos locales tienen mayor probabilidad de contener ftalatos procedentes de los guantes que utilizan los trabajadores para manipular los alimentos, de los envases de la comida ‘para llevar’ y de muchas otras fuentes.

Entonces, ¿qué se puede hacer para minimizar esta exposición a los ftalatos? Pues los autores tienen una sugerencia que, si bien más laboriosa, resulta mucho más sana –y en muchos casos, más económica–. Como concluye Ami Zota, «las comidas preparadas en casa constituyen una manera para limitar la exposición a estos compuestos nocivos. Además, preparar la comida en casa representa una doble victoria para los consumidores. Y es que estos alimentos caseros son una buena vía para reducir los azúcares, las grasas nocivas y la sal. Y como sugieren nuestros resultados, parece no tener tantos ftalatos como las comidas de los restaurantes».