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Falsos mitos sobre alimentación y cáncer

enero 9, 2019

Ni el café produce cáncer ni el té lo previene. Estas son algunas de las creencias infundadas más frecuentes

National Geographic

Una buena alimentación puede ayudar a prevenir el cáncer, pero no existe ningún alimento que por sí mismo sea capaz de provocar o curar esta enfermedad. Otra cuestión es la manera de cocinarlos, el abuso de las dietas ricas en grasas o el consumo excesivo de alcohol, factores sobre los que sí se ha demostrado que pueden aumentar el riesgo de padecer esta enfermedad. Existe mucha información sobre el hipotético poder curativo o perjudicial de algunos alimentos, pero no todo lo que es vox populi es cierto. Ni mucho menos.

La única receta mágica para prevenir esta enfermedad desde el punto de vista de la alimentación es mantener una “dieta rica en frutas y verduras, consumir alimentos integrales, frutos secos y legumbres, y evitar el consumo habitual de alimentos procesados, con exceso de sal y/o azúcares, así como de carne roja –afirma Marta Blanco, oncóloga de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC)–. No existen dietas anticáncer, únicamente podemos hablar de hábitos nutricionales saludables que nos ayudan a disminuir el riesgo de algunos tipos de cáncer”, añade.

De hecho, según la AECC, las dietas ricas frutas y verduras evitarían un 20% o más de todos los tipos de cáncer, especialmente los de cavidad oral, esófago, pulmón, estómago, colorrectal, páncreas, mama y vejiga.

La recomendación de los médicos es sencilla: consumir abundantes frutas y verdurasmoderar el consumo de grasas –de tal modo que no supere el 30% de las calorías totales– y evitar en la medida de lo posible el consumo de alcohol y productos que contengan azúcares añadidos. Ni los suplementos vitamínicos reducen el riesgo de cáncer, ni el café, los edulcorantes artificiales o los aditivos los provocan.

Entre los estudios al respecto, destaca este artículo publicado en 2015 en la revista especializada Cancer Epidemiology en se desarrollan los puntos especificados en el llamado “Código Europeo Contra el Cáncer“, o esta investigación realizada por científicos españoles sobre la relación entre la dieta mediterránea y el cáncer de mama.

Creencias erróneas sobre el cáncer

Desde la AECC conocen muy bien la enfermedad y los falsos mitos que van de boca en boca hasta el punto de casi convertirse en religiones dietéticas anticáncer. Por eso han decidido recopilarlas de cara a eliminar esas faltas creencias que pueden confundir a la sociedad. Estas son algunas de las principales:

1- “Tengo que comer cosas especiales para curarme”

Falso. En la mayoría de las ocasiones no es preciso modificar la dieta. En general, es recomendable realizar una alimentación equilibrada y saludable (como la de cualquier persona no enferma). Un buen estado de nutrición permite tolerar mejor las terapias. Sí es cierto que con algunos tumores y/o tratamientos es necesario modificar temporalmente la dieta para minimizar o hacer desaparecer algún síntoma molesto. Sin embargo, una vez que dicho síntoma desaparece, se puede retomar la dieta habitual. Y siempre supervisado por un médico especialista.

2- “El alcohol no provoca cáncer”
Falso. El alcohol aumenta el riesgo de padecer cáncer de boca, esófago, laringe, estómago e hígado. Una amenaza que se potencia si se asocia al consumo de tabaco, explican desde la AECC.

Existe un fuerte consenso científico de que el consumo de alcohol puede causar varios tipos de cáncer.

En su Informe sobre Carcinógenos, el Programa Nacional de Toxicología del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos incluye en la lista el consumo de bebidas alcohólicas como un conocido carcinógeno humano.

Por otra parte, este estudio elaborado en parte por científicos españoles establece una relación entre la metilación del ADN, un marcador del cáncer, y la ingesta de alcohol.

Tal y como se especifica en el Código Europeo contra el Cáncer, la mejor prevención es eliminar por completo el consumo de alcohol. Esta investigación,avalada por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), desvela hasta qué punto existe una relación causal entre el consumo de bebidas alcohólicas y casos de cáncer de cavidad oral, colorrectal, faringe, laringe, esófago, hígado y mama.

3- “Los suplementos de vitaminas reducen el riesgo de tener cáncer”
Falso. Los estudios actuales sugieren que aquellas personas que ingieren una mayor cantidad de frutas y verduras en su dieta habitual poseen menor riesgo de padecer determinados tipos de cáncer. ¿Por qué? Parece que la clave está en los antioxidantes.

Como resultado del metabolismo normal se producen una serie de sustancias oxidantes que lesionan los distintos tejidos y que son los responsables del envejecimiento normal de los mismos y, en ocasiones, de las lesiones precursoras del cáncer. Los antioxidantes se encuentran en las frutas y verduras, entre otros alimentos, y destruyen los productos derivados de la oxidación, protegiendo los tejidos del daño que pudieran causar los mismos.

Son antioxidantes la vitamina C, la E, el selenio, los carotenoides… (la vitamina C y la E, junto con la provitamina A, son las únicas que cumplen la función de antioxidantes). Importante: los estudios demuestran que el consumo de frutas y verduras reduce la probabilidad de tener algunos tipos de cáncer, pero no hay evidencia de que los suplementos como tal tengan la misma función.

4- “Los edulcorantes artificiales causan cáncer”

Falso. Los edulcorantes (como la sacarina o el aspartamo) no aumentan el riesgo de padecer cáncer. Es cierto que determinados estudios realizados con sacarina, empleada a grandes dosis, en ratas de laboratorio han puesto en evidencia que puede promover el desarrollo de cánceres vesicales por poseer una acción erosiva sobre la mucosa. Sin embargo, los estudios epidemiológicos en humanos no han demostrado el aumento de la incidencia de cáncer de vejiga.

5- “Los alimentos transgénicos tienen relación con la aparición de cáncer”
Falso. No existen estudios científicos que hayan relacionado los alimentos transgénicos con procesos oncológicos. Estos alimentos, los famosos OMG (organismos modificados genéticamente) se modifican mediante técnicas de bioingeniería. Básicamente se les introducen genes que cambian ciertas cualidades (como su tamaño, dureza, grosor de la piel, cantidad de pepitas…) a partir de genes de otro organismo. Pero al comerlos no cambia los genes del consumidor.

6- “Tomar café produce cáncer”
Falso. Hace años un estudio científico relacionó la ingesta de café con el aumento del riesgo de padecer cáncer de páncreas; sin embargo múltiples estudios de los últimos años no han encontrado relación alguna, incluso algunos evidencian beneficios y un posible papel protector en determinados tipos de cáncer, como el de colon.

Por ejemplo, el artículo “Cofee and cancer risk: a summary overview”, se especifica que no solo no hay ningún tipo de correlación positiva entre el consumo de café y el cáncer, sino que su consumo moderado se asocia incluso con una menor incidencia en determinados cánceres, como el de hígado o el orofaríngeo. Del mismo modo, el estudio indica que los datos parecen demostrar un efecto positivo del consumo de café en los casos de cáncer colorrectal.

Esta otra investigación , titulada Cofee and pancreatic cancer risk among never-smokers in the UK prospective Million Women Study , tampoco encuentra relación casual entre el consumo de café y el cáncer de páncreas entre no fumadores, por lo que la relación encontrada en otros estudios podría ser espuria, al estar basada en otro factor (el tabaco), el cual habría dado lugar a confusión.

7- “La manera de cocinar los alimentos no influye en el riesgo de padecer cáncer”
Falso. Es importante evitar alimentos muy fritos o muy asados a la parrilla, ya que pueden contener benzopirenos, unos compuestos cancerígenos. Además, no se debe abusar de los alimentos ahumados, salazones o conservados en vinagre, pues producen nitrosaminas.

8- “Los aditivos causan cáncer”
Falso. Los aditivos están presentes en un número muy variado de alimentos pero en cantidades muy pequeñas. De hecho los aditivos autorizados no son perjudiciales para la salud, ni siquiera si se consumieran de forma excesiva.

9- “Los alimentos irradiados pueden causar cáncer”
Falso. No existe evidencia de que el consumo de este tipo de alimento aumente el riesgo de cáncer. Se irradian determinados alimentos con el objeto de matar los organismos dañinos que podrían acelerar la destrucción del mismo. La radiación no permanece en el alimento irradiado tras el tratamiento, es solo un mito sin fundamento científico.

10- “El azúcar causa cáncer o hace que empeore”
Falso. Hay diferentes teorías que respaldan la idea de que el consumo de azúcar está directamente relacionado con la aparición del cáncer o su empeoramiento. Cuando hablamos de azúcar, normalmente hacemos referencia a la sacarosa, o azúcar de mesa, que resulta de la unión de una molécula de glucosa y otra de fructosa. Sin embargo, además de la sacarosa, existen otras formas de azúcar, como por ejemplo, la lactosa (azúcar de la leche) o la fructosa (azúcar de la fruta). De todas las moléculas citadas anteriormente, la glucosa constituye la principal fuente de energía de nuestro organismo.

A través de diversos mecanismos, en los que interviene el páncreas, la glucosa llega a las células para que estas puedan vivir y realizar sus funciones de manera adecuada.

El cáncer está formado por células que característicamente presentan mutaciones, y éstas les confieren la capacidad de reproducirse a una velocidad mucho más rápida que el resto de células de nuestro organismo. Estas células malignas, al igual que las sanas, utilizan como principal fuente de energía para desarrollar sus funciones la glucosa, pero necesitan de una cantidad mayor puesto que crecen de manera más rápida.

Esta afirmación no debe confundirse con la idea de que las células malignas crecen más rápido si la persona ingiere más azúcar en su dieta, sino que consumirán mayor cantidad porque su metabolismo así lo requiere.

Existen diversos estudios sobre la relación entre el consumo de azúcar y diferentes tipos de cáncer, pero ninguno de ellos es concluyente.
Lo que sí debemos recordar es que el sobrepeso y obesidad son factores de riego frente algunos tipos de cáncer, como el de mama o el de colon, y que la ingesta elevada de azúcares de absorción rápida favorece la obesidad. Por lo que es recomendable evitar el exceso de azúcares refinados y preferir los hidratos de carbono complejos, que son más saludables.

11- “La obesidad no aumenta el riesgo de cáncer”
Falso. Las personas con sobrepeso tienen un riesgo más elevado de padecer determinados tumores (mama en postmenopáusicas, colon, endometrio y recto) que la población con peso normal.

12- “El té previene el cáncer”
Falso. El té verde contiene gran cantidad de antioxidantes, motivo por el cual algunos investigadores han propuesto que puede ser beneficioso. Sin embargo, aún no se ha podido demostrar este beneficio en personas de manera científica.

13- “Los envases de plástico pueden causar cáncer, incluso el agua embotellada”
Falso.

Hace unos años corrió el bulo de que el prestigioso hospital Johns Hopkings había comunicado el riesgo de consumir productos envasados en plástico. Sin embargo, el hospital publicó una entrevista con un experto en el que se negaba esa relación.

Los materiales plásticos que se utilizan para envasar los alimentos están constituidos por diferentes tipos de sustancias de las que pequeñas moléculas pueden migrar al producto durante el proceso de fabricación del envase, el llenado o el almacenamiento. Estas sustancias pueden tener efectos indeseables sobre la salud -en ocasiones- si se superan los límites que marca la legislación sobre materiales plásticos en contacto con alimentos.

La mayor parte de las investigaciones realizadas al respecto han arrojado como conclusión que el uso de estos materiales, siempre que cumplan la legislación vigente, y se sigan las normas de correcta utilización, son seguros para la salud, y no se ha encontrado correlación con aumento de riesgo de cáncer. Se sabe que los recipientes de plástico rígido a base de policarbonato que contienen el aditivo BPA o Bisfenol A sí pueden liberar estas sustancias al contenido del envase.

Sin embargo, la cantidad liberada es generalmente mínima, aunque se está reevaluando constantemente a nivel científico para descartar que sea potencialmente dañino. Y por un principio de precaución, en Europa está prohibido su uso en productos destinados a la lactancia y la edad temprana.

La Asociación Española contra el Cáncer (AECC) es una organización sin ánimo de lucro formada por pacientes, familiares, voluntarios y profesionales del ámbito de la salud que lleva 65 años trabajando en la lucha contra el cáncer. Su objetivo es prevenir, sensibilizar, acompañar a las personas afectadas y financiar proyectos de investigación oncológica que permitan un mejor diagnóstico y tratamiento de la enfermedad.

La obesidad se convertirá en la principal causa de cáncer en las mujeres

septiembre 27, 2018

La obesidad superará al tabaquismo como la principal causa prevenible de cáncer en las mujeres en el Reino Unido, según un nuevo estudio.

CNN

Cancer Research UK estimó que 23.000 mujeres británicas sufrirán de cánceres relacionados con la obesidad para el año 2035, solo 2.000 menos que el número de casos causados ​​por fumar.

Para el año 2043 la obesidad se convertirá en la causa más común de cáncer en las mujeres si las tendencias actuales continúan, pudo determinar la organización benéfica.

Actualmente, fumar está relacionado con el 12,4% de los cánceres en las mujeres del Reino Unido, en comparación con el 7,5% que es causado por la obesidad, según el British Journal of Cancer.

La brecha entre las dos causas en los hombres es más amplia debido a que más hombres británicos fuman: el 17,7% de los cánceres entre los hombres son causados ​​por el tabaquismo en comparación con el 5,2% por la obesidad. Según el informe, es probable que un cambio similar en la causa principal de cáncer en hombres ocurra mucho más tarde.

La organización caritativa analizó los datos de incidencia de cáncer entre 1979 y 2014 para hacer las proyecciones y utilizó los resultados como un llamado adicional para campañas nacionales y legislación para reducir la prevalencia de obesidad siguiendo el plan utilizado para las campañas sobre el consumo de nicotina.

“La obesidad es una gran amenaza para la salud pública en este momento, y solo empeorará si no se hace nada”, dijo Linda Bauld, experta en prevención de Cancer Research UK.

“La disminución del tabaquismo es motivo de celebración. Muestra cómo décadas de esfuerzo para crear conciencia sobre los riesgos para la salud más acciones políticas fuertes —incluidas los impuestos, la eliminación del mercadeo del tabaco y la prohibición de fumar en lugares públicos cerrados— han dado sus frutos”, añadió.

Cenar temprano reduce el riesgo de sufrir cáncer de mama y próstata

agosto 3, 2018

Comer en horas tardías afecta a la salud según un estudio de ISGlobal

El Periódico / EFE

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Cenar a una hora temprana o dejar un intervalo de al menos dos horas antes de irse a la cama se asocia en ambos casos con un menor riesgo de cánceres de mama y de próstata, según un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Según el trabajo, que publica la revista ‘International Journal of Cancer’, las personas que toman la cena antes de las 21:00 horas o esperan al menos dos horas antes de acostarse tienen cerca de un 20 % menos de riesgo de estos tipos de cáncer que las que hacen la comida nocturna después de las 22:00 horas o las que se acuestan inmediatamente después de cenar, respectivamente.

El investigador del ISGlobal Manolis Kogevinas ha destacado que, hasta ahora, los estudios en personas sobre alimentación y cáncer se habían concentrado en los patrones de la dieta, analizando por ejemplo si las personas comen carne roja, frutas o verduras, o bien estableciendo relaciones con la cantidad de alimentos y la obesidad. Sin embargo, no se había prestado atención a otros factores que rodean un acto tan cotidiano como el comer: las horas de ingesta y las actividades que se llevan a cabo antes y después, según Kogevinas.

“La evidencia reciente en estudios experimentales indica que el momento de comer es importante y muestra que hacerlo en horas tardías afecta a la salud”, ha señalado el investigador.

El trabajo nocturno

El objetivo de este estudio fue evaluar si los horarios de comidas y de sueño pueden estar relacionados con el riesgo de padecer cánceres de mama y de próstata, que son dos de los cánceres más comunes en el mundo y que más se relacionan con el trabajo nocturno y la disrupción circadiana o alteración del reloj biológico.

En el marco del proyecto MCC-Spain, cofinanciado por el Consorcio de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), los investigadores evaluaron datos de 621 casos de cáncer de próstata y 1.205 de mama y de 872 hombres y 1.321 mujeres seleccionados al azar en centros de salud primaria de diferentes puntos de España.

El análisis lo hicieron a partir de datos recogidos en entrevistas sobre los horarios de comida, sueño y cronotipo y un cuestionario sobre hábitos de alimentación y cumplimiento de las recomendaciones de prevención del cáncer. “Nuestro estudio concluye que seguir patrones diurnos de alimentación se asocia con menos riesgo de cáncer”, ha resumido Kogevinas.

Para el investigador, estos resultados “subrayan la importancia de tener en cuenta el ritmo circadiano en los estudios sobre dieta y cáncer”. Además, en el caso de confirmarse estos resultados, “tendrán implicaciones en las recomendaciones sobre la prevención del cáncer, que actualmente no tienen en cuenta los horarios de las comidas”. “Esto tendría especial repercusión en culturas como las del sur de Europa, donde la cena es tardía”, ha añadido.

Metabolismo

Dora Romaguera, investigadora de ISGlobal que también ha participado en el trabajo, considera que “es necesario hacer más estudios en personas para conocer el porqué de estos resultados, pero todo apunta que la hora de ir a dormir afecta a nuestra capacidad de metabolizar la comida“.

La evidencia científica actual en animales muestra que el horario de las ingestas de alimentos tiene “implicaciones profundas en el metabolismo de los alimentos y en la salud”, ha concluido Romaguera.

2 riesgos de los edulcorantes que no te esperabas

agosto 1, 2018

¿Y si te tomases algo con un fin y lo que lograses fuera justamente lo contrario? Los edulcorantes endulzan sin aportar calorías, pero si se abusa de ellos el cuerpo acaba pagando igualmente un precio.

Cuerpo Mente, por Claudina Navarro

Los edulcorantes son sustancias dulces con pocas o ninguna caloría utilizadas como alternativa al azúcar. Pero no todos son iguales. Cada edulcorante es un compuesto químico diferente y su comportamiento varía en el organismo.

Ahora bien, sobre todos recae una sospecha: la de que engañan al cuerpo y eso tiene sus consecuencias.

1. En vez de adelgazar, te engordan

Cuando tomamos un edulcorante, el cuerpo asocia el sabor dulce a las calorías. En respuesta, aumenta la producción de hormona insulina y se estimula el apetito. La consecuencia es que pueden provocar ganancia de peso, justo lo contrario de lo que se trata de conseguir con su consumo.

Podemos ofrecer al menos dos pruebas de este fenómeno. La primera es que los ganaderos utilizan edulcorantes como la sacarina para favorecer el engorde.

La segunda es el estudio realizado por el doctor Steven Stellman, de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), con 80.000 mujeres y que asocia el consumo de edulcorantes con aumento de peso.

2. Alteran tu microbiota intestinal

Uno de los procesos metabólicos alterados por los edulcorantes tiene que ver con la microbiota intestinal.

Un estudio realizado con ratones por investigadores del Weizmann Institute of Science (Israel) halló que la sacarina, la sucralosa y el aspartamo provocan modificaciones en la composición y el comportamiento de la flora intestinal que se relacionan con la tendencia a la obesidad.

Los edulcorantes más polémicos

En concreto, el aspartamo se ha relacionado con diferentes síntomas, como dolores de cabeza, pérdida de memoria, alteraciones de la visión e hiperactividad. En experimentación animal, ha provocado cáncer de cerebro, ganglios linfáticos y vías urinarias. Pero otros estudios no han confirmado estas sospechas y no hay un consenso científico.

En cuanto a la sacarina, el edulcorante más popular en los últimos años, tiene una historia controvertida. En experimentación animal y en altas dosis se ha asociado a cáncer de vejiga, pero los resultados no se han considerado extrapolables al ser humano.

La dextrosa, por su parte, es una forma de glucosa, un azúcar natural que se obtiene del trigo o el maíz.

La conclusión que podemos sacar de todos estos datos es que, en general, conviene evitar los edulcorantes, especialmente los edulcorantes que tienen más estudios en su contra: el aspartamo (E951 y E962), el acesulfamo (E950) y el ciclamato (E952).

Sin embargo, los edulcorantes más seguros, como los esteviósidos (E960) o el polvo de estevia, pueden utilizarse ocasionalmente en cantidades pequeñas.

Cómo sustituirlos

Como norma general, conviene moderar la presencia del sabor dulce en la dieta, aunque venga de la mano de sustancias naturales como el azúcar de caña integral, la miel o el sirope de agave.

El placer que proporciona este sabor puede obtenerse de manera más sana de ciertos alimentos. Puedes endulzar con frutas frescas enteras, desecadas u hortalizas como las zanahorias. Todos estos alimentos son dulces y además proporcionan una buena dosis de minerales, vitaminas y fibra.

Cómo cocinar la carne para evitar el riesgo de cáncer

julio 16, 2018

Un estudio revela que no solo la cantidad de carne roja consumida es peligrosa para desarrollar cáncer, sino también el tipo de cocinado y el tiempo de cocción. Los datos indican que es más sano comerla poco hecha y evitar los embutidos

Alimente El Confidencial, por Julio Martín Alarcón

Hace unos años, la OMS incluyó a la carne roja y especialmente la procesada como un potencial riesgo para desarrollar cáncer. Nuevos estudios están demostrando que su consumo no solo se asocia a la cantidad, sino al tipo de cocinado y al propio tiempo de cocción. La evidencia científica de los estudios que se han publicado desde 2015 “señalan el consumo de carne roja como un claro factor de riesgo para diferentes tipos de cáncer, como son el de colon, el de estómago y el de páncreas”, explica a Alimente la experta Elena Boldo, que ha llevado junto a Marina Pollán, ambas del Centro de Epidemiología del Instituto Carlos III, entre otros investigadores, un nuevo estudio, este año sobre la incidencia del consumo de carne roja y el cáncer de mama: ‘Meat intake, methods and degrees of cooking and breast cancer risk in the MCC-Spain study‘ a partir de datos recopilados por el MCC sobre casos de cáncer colorrectal, cáncer de mama, cáncer gástrico, cáncer de próstata y leucemia linfática crónica (LLC) con un grupo de control.

“Cada cáncer es un mundo, por eso hacen falta más estudios ya que son prácticamente enfermedades diferentes que hay que estudiar una por una. Nosotros incluimos además de los factores ambientales y otros riesgos documentados, como el sobrepeso, la obesidad, el sedentarismo o el consumo de tabaco, la dieta y encontramos que había una correlación significativa en cuanto al consumo de carne roja y el cáncer de mama”, aclara la coautora del estudio.

Un aspecto crucial de este estudio estaba relacionado no solo con la cantidad ingerida de carne roja, sino con el tipo de cocinado y el tiempo de cocción. De hecho, el Instituto Nacional del Cáncer ya ha alertado de que existen mutógenos -sustancias cancerígenas- que se forman en la combustión de la leña o al calentar el aceite en una sartén y que se pueden impregnar en la carne, como son las aminas heterocíclicas y los hidrocarburos aromáticos policíclicos.

Elena especifica “que no solo se producen por la combustión, sino que están presentes también en la carne y se forman con más facilidad cuando está más cocinada“. Es decir, que cuanto más hacemos la carne, más riesgo hay de que estas sustancias potencialmente cancerígenas nos afecten. A priori, existe más riesgo con las barbacoas, las carnes a las plancha y en la sartén.

Los guisos, más peligrosos

En su estudio sobre la incidencia de la carne roja en el cáncer de mama, la experta señala que identificaron un mayor riesgo en el caso de los guisos “probablemente porque el estudio se ha realizado en España y la barbacoa es menos habitual en nuestro país que en otros lugares, como EEUU, por ejemplo”. Según sus hallazgos, las mujeres que consumen carne roja muy hecha tienen casi el doble de riesgo de desarrollar cáncer de mama que las que la consumen poco hecha. “Hace falta más estudios y evidencias sobre este aspecto, pero existe una relación clara”.

Los consejos son muy contundentes: cuanto menos carne roja se consuma, mejor. Si se hace, que sea poco hecha y cuidado con los guisos. Además, el estudio remarca que los alimentos procesados de carne como los embutidos, las salchichas o los ahumados son también potencialmente peligrosos, por lo que conviene reducir su consumo. Y no hay grandes diferencias entre la carne de vaca, de cerdo o de cordero.

En cuanto a las carnes blancas, como el pollo o el pavo, las investigadoras no encontraron una relación directa en cuanto a su consumo y la cocción, pero sí varios indicios respecto al tipo de cocinado. Concretamente cuando son empanadas o rebozadas y se ha reutilizado el aceite. Remarcan que es solo una hipótesis, pero que asocian a las frituras con estos aceites que acumulan sustancias cancerígenas. El empanado las hace más propensas a que los mutógenos se adhieran con mayor facilidad ya que se impregnan de más aceite. “No podemos afirmar todavía nada porque es solo una hipótesis, hacen falta más estudios”. Respecto al cáncer de mama, las investigadoras no hallaron datos que supusieran un mayor riesgo.

Un dato revelador en este sentido es que se encontró una mayor relación con la carne guisada que con la carne a la barbacoa, a la plancha o en contacto con el fuego a altas temperaturas. En este sentido, Elena Boldo matiza que la investigación estaba circunscrita a España y aquí hay una menor cultura de barbacoa que en otros países como EEUU, y en cambio un mayor consumo de embutidos, que son también un importante factor de riesgo. Sus recomendaciones son claras: consumir menos carne roja, si se hace que sea poco hecha y en cualquier caso hacer ejercicio, un aspecto que no se explica suficientemente lo importante que es para una buena salud, concluye la experta.

Aflatoxinas, las sustancias cancerígenas que comes todos los días

julio 3, 2018

Nación Farma

La FAO (Food Agricultural Organization of the United Nations) asegura que los cereales como el arroz, trigo, sorgo y cebada son los principales alimentos que nos aportan energía; además, estos productos tienen mayor disponibilidad para su consumo y exportación. Sin embargo, estos alimentos son susceptibles a la contaminación biológica; sobre todo a aquella causada por hongos del género aspergillus, los cuales producen metabolitos tóxicos llamados aflatoxinas.

Existen más de 20 tipos distintos de aflatoxinas; pero la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer ha clasificado a las aflatoxinas B1 y M1 dentro del grupo 1 como carcinógenos para humanos, lo que los convierte en un riesgo para la salud. La principal causa de exposición a las aflatoxinas es la ingesta de comidas contaminadas; aunque también pueden ser inhaladas en algunos ambientes laborales.

Adicional a los cereales, alimentos como los cacahuates, las nueces, pistaches, el chile, pollo, huevo, leche, embutidos y cerveza también contienen aflatoxinas, según alertó Magda Carvajal Moreno, del Instituto de Biología de la UNAM. De acuerdo con esta especialista, las tortillas y sus derivados son los más contaminados; sólo en México, se ha identificado que el 95% del maíz blanco, así como el 60% del amarillo, contienen aflatoxinas.

Carvajal Moreno, durante el Seminario Permanente sobre Agricultura, Alimentación y Nutrición, del Programa Universitario de Alimentos, afirmó que lo que comemos es la principal causa de riesgo de cáncer, con 36%; incluso delante del consumo de tabaco (31%) y las infecciones (11%).

Las aflatoxinas no tienen sabor ni olor; soportan entre 260 y 320 grados centígrados sin descomponerse; son resistentes a la cocción, ultrapasteurización, nixtamalización y fermentación.

Las aflatoxinas se asocian con cáncer de hígado, de páncreas, de pulmón, colorrectal y cervicouterino. Aunque actúan en millonésimas de miligramos, son los cancerígenos biológicos más potentes conocidos hasta ahora.
Carvajal Moreno también indicó que todos nacemos con protooncogenes latentes; las aflatoxinas, mediante un mecanismo químico de oxidación, los convierten en oncogenes (elementos cancerígenos) que se acumulan en el ADN y mutan.

Para contrarrestar los daños, recomiendan comer alimentos probióticos, moras, pimiento verde y rojo, espinacas, betabel, cereza, ejotes, jitomates y zanahorias.

Identificar mutaciones para un diagnóstico oportuno

La presencia de aflatoxinas en los alimentos ha generado alarma a nivel mundial; por ese motivo, se han creado regulaciones en países con mayor exposición a esas microtoxinas. Dado que el consumo de cereales, frutos secos, especias y leche es alto a nivel internacional, se han realizado estudios para conocer los efectos de las aflatoxinas en el organismo; así como para entender los procesos oxidativos mediante los cuales se activan en el hígado, se unen al ADN y provocan un efecto cancerígeno y hepatóxico en las células somáticas.

El año pasado, investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) encontraron un espectro mutacional de la aflatoxina B1, con lo cual pueden establecer biomarcadores para la exposición al carcinoma hepatocelular. En otras palabras, crearon un método para detectar si las células del hígado han sido expuestas al compuesto cancerígeno; y para estimar si tienen riesgo elevado de convertirse en cáncer.

El objetivo de la investigación fue identificar los perfiles de mutaciones producidas en las células hepáticas; las cuales están expuestas a las aflatoxinas antes de que se conviertan en tumores. Para lograrlo analizaron el ADN de las células hepáticas de ratones después de 10 semanas de exposición y de aquellos que desarrollaron tumores. A través de una técnica de secuenciación detectaron un patrón mutacional específico en las células de los tumores inducidos.

Otras investigaciones estiman que en países en vía de desarrollo hay mayor prevalencia y exposición a las aflatoxinas; para lo cual es necesario contar con mayor regulación en las cosechas y poscosechas. Asimismo, concuerdan en la necesidad de mayores estrategias de control; vigilancia integral; y mayor diversidad de alimentos para reducir los riesgos.

Perder peso podría reducir el riesgo de cáncer de piel

junio 11, 2018

La obesidad es un factor de riesgo conocido para muchos tipos de cáncer y un nuevo estudio plantea la posibilidad de que la pérdida de peso disminuya este peligro.

Muy Interesante, por Sarah Romero

Solo en España, ya hay unos 4.000 casos de melanoma al año, pues las cifras no han parado de crecer en los últimos 30 años. En países como Estados Unidos, el cáncer de piel es la forma más común de cáncer. Solo en 2014, hubo casi 80.000 nuevos casos, y para finales de 2018, se estima que habrá más de 90.000.

Comprender los factores de riesgo detrás de cada tipo de cáncer es importante para minimizar el riesgo de la población en general. Está confirmado que la obesidad es un factor de riesgo para muchos tipos de cáncer, incluidos el cáncer de endometrio, de hígado, de riñón, el colorrectal y el pancreático.

Ahora, un equipo de investigadores dirigidos por Magdalena Taube, de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), se propuso investigar más detalladamente el papel de la obesidad en el riesgo de melanoma, una forma de cáncer de piel de crecimiento rápido. Han presentado sus hallazgos en el Congreso Europeo sobre Obesidad, que se celebró en Viena, Austria.

Obesidad y melanoma

Investigaciones anteriores concluyeron que la obesidad aumenta tanto el riesgo como la tasa de crecimiento del melanoma. En el estudio reciente, sin embargo, los investigadores querían saber si la pérdida de peso produciría el efecto contrario y, por tanto, positivo: si reduciría el nivel de riesgo de cáncer de piel.

Para examinar el vínculo entre la obesidad, la pérdida de peso y el melanoma, tomaron datos del estudio Swedish Obese Subjects, un proyecto creado para monitorear los resultados de la cirugía bariátrica en comparación con los individuos que usan tratamientos de obesidad convencionales.

Los participantes fueron más de 2.000 personas que se sometieron a cirugía de obesidad y un número similar de participantes de control con los que compararon una gran variedad de parámetros, incluidos la edad, el sexo, las medidas corporales, los rasgos de personalidad y los factores de riesgo cardiovascular.

“España tiene hoy el doble de casos de cáncer de piel que hace 30 años”

Su análisis demostró que aquellos que se habían sometido a cirugía tenían un riesgo significativamente menor de desarrollar melanoma en los siguientes 18 años.

Una reducción del riesgo del 61%

De hecho, en comparación con el grupo de control, los individuos operados vieron un descenso del 61% en su riesgo de desarrollar melanoma maligno, y un 42% menos de riesgo de todos los tipos de cáncer de piel.

“En este estudio a largo plazo, la cirugía bariátrica redujo el riesgo de melanoma maligno. Este hallazgo respalda la idea de que la obesidad es un factor de riesgo de melanoma e indica que la pérdida de peso en individuos con obesidad puede reducir el riesgo de una forma letal de cáncer que ha aumentado constantemente en muchos países durante varias décadas”, exponen los autores.

El vínculo entre el cáncer de piel y la obesidad es algo sorprendente, y se necesitarán más estudios para descubrir exactamente por qué se produce este efecto. Los hallazgos marcan otro riesgo de salud preocupante asociado con la obesidad, pero también ofrecenuna ruta potencial para reducir los peligros.

Referencia: Magdalena Taube, Universidad de Gotemburgo (Suecia). Congreso Europeo de Obesidad en Viena (Austria).

Los alimentos que más acrilamida contienen

mayo 4, 2018

Su carácter cancerígeno y su presencia en algunos alimentos, principalmente los ricos en hidratos de carbono, horneados y fritos, ha hecho que el Parlamento Europeo adopte nuevas medidas para que la industria alimentaria reduzca la acrilamida presente en sus productos

La Verdad 
La UE vuelve a tomarse en serio la salud de los ciudadanos con nuevas medidas comunitarias para controlar los niveles de acrilamida en los alimentos. La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan) ha recopilado en una lista todos los alimentos que contienen en mayor medida esta sustancia química.

En adultos, las patatas fritas y sus derivados representan el 49% de la exposición a esta sustancia, el café supone un 34% y el pan blando un 23%, junto a a las galletas industriales y demás derivados de las patatas.

Para niños y adolescentes el caso es bastante parecido, con hasta un 51% de exposición mediante la dieta. Patatas fritas (excepto chips y aperitivos), galletas, pan blando, cereales de desayuno y derivados, pueden suponer hasta un 25% de esta exposición. La bollería industrial y dulces ascienden hasta el 15%, para niños y adolescentes, y las patatas chips y los aperitivos el 11%.

Hasta el 60% alcanzan los productos de alimentación infantil que no son elaborados a base de cereales. En cambio, los que han sido elaborados a base de cereales se limitan a un 30%, y otros productos derivados de las patatas un 48%.

Aecosan recuerda que no sólo estamos expuestos a la acrilamida a través de la alimentación y, pese a estos porcentajes, la absorción es limitada siguiendo una dieta variada. En cambio, esta sustancia se encuentra en mucha mayor proporción en el tabaco y en distintos materiales de fabricación y uso industrial, por lo que es posible absorberla de manera accidental al inhalarla o por contacto epidérmico.

IMEO avisa de que el Plan de Sanidad para reducir la sal, azúcar y grasas “no afecta” a la mayoría de zumos infantiles

abril 10, 2018

Un análisis a fondo realizado por expertos en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) ha puesto de manifiesto que el Plan aprobado por el Ministerio de Sanidad para mejorar la composición de alimentos y reducir el contenido de sal, azúcar y grasas de cara a 2020 en más de 3.500 productos “no afecta” la mayoría de refrescos o zumos infantiles envasados, o disminuye la sustancia menos relevante en otros.

El Economista/ EP

“En países, como Canadá, el modelo voluntario hacia las empresas a la hora de reducir las cantidades de sal, azúcar y grasa en los alimentos industrializados ha fracasado”, ha explicado el portavoz del IMEO, Rubén Bravo. Asimismo, prosigue, en el caso del sodio, por ejemplo, se pedía disminuir la proporción en un 60 por ciento, cuando éste se utilizaba para mejorar el gusto, y en un porcentaje menor cuando desempeñaba un papel de conservación.

Ahora el organismo federal responsable de la salud pública canadiense exigirá que los alimentos que son ricos en estas sustancias se marquen en la parte delantera de sus envases y, si quieren evitar este logotipo negativo, los fabricantes tendrán que revisar y cambiar las recetas.

Otra medida adoptada por muchos países, tal y como ha argumentado el experto en Nutrición, es la subida de impuestos para aquellos productos que superan los 5 gramos de azúcar por cada 100 de producto. Dinamarca fue la primera en introducir el gravamen, si bien terminó eliminándolo dos años después tras ver que apenas tuvo efecto sobre el consumo de refrescos y bollería.

“Hay que aprender de los errores y buscar vías alternativas y eficaces para resolver un problema de salud que comienza por un cambio en los hábitos de consumo y por fomentar la cultura nutricional desde casa. Desde IMEO apelamos a la conciencia, tanto de las empresas como de las familias, a la hora de abordar el tema con responsabilidad, para que alimentación y salud vayan de la mano”, ha recalcado Bravo.

Además, ha asegurado que combatir desde la cesta de compra el excesivo consumo de sal, azúcar y grasas ayudará a prevenir tanto la obesidad, como enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión o cáncer. Por todo ello y con el fin de afrontar el problema desde su raíz, los expertos del instituto ofrecen una serie de consejos prácticos, ejemplos saborizantes naturales y alternativas saludables a la hora de sustituir dichas sustancias o alimentos que muestran un contenido muy elevado.

“Combinados con otros potenciadores del sabor, como el glutamato y los edulcorantes, o las grasas, activan nuestra serotonina a nivel cerebral, desencadenando una sensación de placer y bienestar, con un efecto aditivo difícil de controlar en pacientes con ansiedad”, ha apostillado una nutricionista del IMEO, Andrea Marqués.

De hecho, la recomendación general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) limita la cantidad del azúcar, tanto añadida, como la presente de forma natural en los alimentos, al 10 por ciento de la ingesta calórica diaria, siendo lo deseado que ésta sea inferior del 5 por ciento para obtener beneficios para la salud.

“Hablamos de unos 25-50 gramos, equivalentes a 1-2 cucharadas soperas, dependiendo del peso y la edad de cada persona. Estas cantidades suelen superarse con frecuencia, debido a malos hábitos alimentarios, consumo frecuente de productos preparados, bollería industrial, zumos y refrescos con elevadas cantidades de azúcar añadido”, ha recalcado la experta.

Se estima que tres cuartas partes de la sal que se ingiere proviene de productos elaborados y procesados, si bien la recomendación de la OMS limita el consumo a los 5 gramos al día, que corresponden a 2 gramos de sodio y sería el equivalente de una cucharadita de café. En el caso de los niños menores de 14 años y en pacientes hipertensos esta cantidad se reduce a 3-4 gramos.

Respecto a la grasa, su consumo diario debe representar de 20 a 30 por ciento de la ingesta calórica total: entre 50 y 80 gramos en adultos y entre 30 y 40 gramos en niños. Sin embargo, las grasas saturadas que resultan perjudiciales para la salud y se encuentran en los lácteos enteros (mantequilla, nata, queso curado, leche entera), en las grasas vegetales de baja calidad (palma, palmiste, margarina) o en las carnes grasas (embutidos grasos, manteca de cerdo o de vaca) no deben superar el 10 por ciento de esa ingesta total, siendo ideal que fueran inferiores al 7 por ciento.

CONSEJOS PARA ENDULZAR LOS PLATOS SIN AZÚCAR

“Las opciones más utilizadas para endulzar un alimento sin añadirle azúcar son los edulcorantes y la miel, aunque últimamente se han ido introduciendo en nuestro entorno otros, como la panela (obtenida del jugo de la caña de azúcar, con minerales y vitaminas del grupo B) o el sirope de agave. A pesar de tener ventajas, no son la mejor opción, puesto que favorecen el desarrollo de numerosas patologías y mantienen el umbral del dulzor extraordinariamente alto, neutralizando el propio sabor del alimento”, ha argumentado una nutricionista clínica del IMEO, Carmen Escalada.

Por ello, ha asegurado que la manera “más sencilla” de endulzar los platos de manera saludable es usando fruta fresca, madura o deshidratada (manzana, plátano, higo y pera) o verduras dulces (calabaza, zanahoria y remolacha). Todas ellas se pueden emplear en recetas variadas para hacer masa de bizcochos, salsas o siropes, solas o mezcladas con leche o bebida vegetal, en ensaladas o guisos. Además, los platos quedan más coloridos y atractivos para los niños.

Otra opción para conseguir este efecto es recurrir a los frutos secos (almendras, avellanas, pistachos, nueces o castañas) y ciertas especias dulces (canela, vainilla, nuez moscada y jengibre). Además, hay hierbas aromáticas o especies picantes que pueden ayudar a reducir el consumo de sal en la dieta.

“En ensaladas o platos de carne y pescado se suele añadir albahaca, perejil, tomillo o romero, lo que aportaría un sabor fresco y refrescante al plato, pero también algunas propiedades medicinales, debido a su poder antiséptico, antiinflamatorio y antibacteriano”, ha aconsejado Escalada, para aseverar que la especies picantes como curri, pimienta roja, cayena, guindilla o chile son “ideales” para aderezar carnes adobadas, arroces, pescados o encurtidos, aportan sabon y pueden reducir la cantidad de alimento ingerida, debido a la presencia de capsaicina que ayuda a regular el apetito.

Respecto a las grasas, hay que evitar aquellas más perjudiciales para la salud como la de palma y los productos que tienden a contenerla, como ultraprocesados o bollería industrial. En este sentido, los expertos han recordado que el aceite de oliva virgen extra, por ser rico en grasas monoinsaturadas, ácido oleico y antioxidantes, ayuda a reducir el riesgo de enfermedades coronarias, así como los altos niveles de colesterol en la sangre, aunque se deben controlar las cantidades, porque es muy calórico.

“En general, recomendamos intentar evitar los productos procesados o elaborados ya que emplean la sal, el azúcar o las grasas como parte de su composición con el fin de aumentar su vida útil y hacerlos más apetecibles para los consumidores”, ha apuntado la nutricionista del IMEO Estefanía Ramo.

Por otra parte, prosiguen los alimentos de la dieta mediterránea con menor contenido de estas sustancias son las verduras y frutas frescas, el pescado blanco y azul, la carne magra, los cereales sin procesar, los frutos secos naturales, el aceite de oliva virgen extra y el agua.

Finamente, han recomendado tener “especial cuidado” con los aperitivos salados, las bebidas refrescantes, los néctares, bollería y pastelería, el pan de molde o envasado, galletas y cereales con importantes cantidades de azúcar, helados y polos comerciales, cremas y salsas procesadas, platos preparados y rebozados, derivados cárnicos ricos en grasa en los que la sal se emplea de conservante.