La concienciación no funciona ¿Cuáles son las mejores armas de un país contra la obesidad?

Los ciudadanos de las sociedades occidentales siguen engordando pese a la ingente investigación y concienciación sobre la obesidad. Un estudio publicado en The Economist concluye que sumando iniciativas se podría conseguir que una quinta parte parte de la población con sobrepeso alcanzara un peso equilibrado en los próximos cinco o diez años.

Expansión, por Marga Castillo Grijota
las armas más efectivas contra la obesidad, foto by Expansion¿Por qué la gente sigue engordando pese a las numerosas campañas de concienciación contra los efectos de la obesidad? ¿Qué capacidad disuasoria tiene los Gobiernos para impedir que las poblaciones sigan ganando peso? Un análisis de McKinsey publicado en The Economist concluye que la concienciación, por sí misma, no funciona, pero combinando campañas y poniendo en práctica lo que ya se sabe, se podría revertir.

El 30% de la población mundial es obesa o tiene sobrepeso, un porcentaje 2,5 veces mayor que el número de adultos y niños en situación de desnutrición. La obesidad está implicada en el 5% de los fallecimientos y su impacto económico alcanza el 2,8% del PIB mundial, casi equivalente al del tabaquismo, las guerras y la violencia y el terrorismo juntos.

Los países ricos destinan entre un 2% y un 7% de su gasto en salud a tratar afecciones asociadas al sobrepeso, porcentaje que se eleva hasta el 20% si se incluye el tratamiento de las enfermedades asociadas como la diabetes. Sin embargo, la solución a la obesidad no es ni mucho menos simple.

En las tres últimas décadas ningún país ha conseguido unas tasas de éxito medianamente aceptables pese a los esfuerzos para concienciar a la población, según un estudio de The Lancet. Es decir, las campañas de concienciación impulsadas por las autoridades sanitarias no se han mostrado capaces de revertir esta tendencia al sobrepeso que invade las sociedades occidentales: seguimos ganando peso, aunque somos conscientes de que «estar gordo no es bueno».

Un estudio publicado por el Instituto de Investigaciones Globales de la consultora McKinsey (MGI, en sus siglas inglesas), del que se hace eco The Economist, explica por qué los programas de concienciación no han conseguido disuadir a sus habitantes de que mejoren su estilo de vida para no seguir ganando kilos de más.

La investigación, titulada Derrotando a la obesidad; un análisis económico básico, ha analizado 74 iniciativas puestas en marcha en 18 condados estadounidenses para ofrecer un punto de vista independiente e intentar abordar una nueva estrategia que consiga detener esta epidemia. «Si continuamos así, a finales de 2030 casi la mitad de la población adulta será obesa o tendrá sobrepeso», advierte la investigación.

Las iniciativas analizadas son diversas: desde aquellas encaminadas a impulsar la elección de alimentos saludables, hasta la disuasión, incluso dificultando el acceso en superficies comerciales a opciones de escasa calidad nutricional.

Así, MGI ha estudiado campañas de diverso ámbito entre las que se incluyen los menús subvencionados por el Gobierno estadounidense en colegios e institutos, las reformas legislativas para mejorar el etiquetado nutricional, así como restricciones publicitarias en comidas y bebidas hipercalóricas o campañas de salud pública centradas en la concienciación a la población general .

Entre todas las iniciativas analizadas, MGI encontró datos susceptibles de ser analizados en 44 iniciativas de 16 áreas. De los resultados se extrae que ninguna de las campañas puede hacer mucho si se pone en marcha de forma aislada.

Sin embargo, la combinación de las 44 iniciativas analizadas podría conseguir que al menos una quinta parte de la población con sobrepeso alcanzara un peso equilibrado en los próximos cinco o diez años. El estudio se centra en comportamientos, más que en analizar la respuesta clínica de nutrientes específicos o el papel que juega la genética. Desde el plato más pequeño hasta las ‘chuches’ fuera de la vista Según este análisis, en función de rentabilidad, lo más efectivo para luchar contra la obesidad es obligar a la industria y la restauración a ofrecer porciones más pequeñas y eliminar los ingredientes hipercalóricos. También se valoran otras iniciativas menos paternalistas, como la de sustituir en los supermercados las estanterías dedicadas a los dulces por opciones más saludables.

Lo que está claro, dicen los investigadores, es que animar a la gente a adelgazar y hacer más ejercicio, sin ningún tipo de ayuda opcional, es totalmente ineficiente. «Es posible que conciencie pero, claramente, no se lleva a la práctica».

¿Hasta qué punto tienen que implicarse los gobiernos para promover la salud? Es un intenso debate, señala The Economist, cuando se esgrime el concepto de la libertad de elección para cuestionar la efectividad de las campañas más efectivas.

El artículo recuerda el caso del alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, cuando en 2012 intentó limitar el tamaño de los refrescos azucarados: se topó con una gran reacción en contra y el intento acabó muriendo en los tribunales.

Pero John Stuart Mill, el filósofo decimonónico adalid del liberalismo, justificó las intervenciones del Estado cuando se podían prevenir daños a la sociedad. Y algunas de las medidas antiobesidad entran en esta categoría. Cuatro premisas: cooperación, límites, alianzas y ensayos El estudio de McKinsey establece cuatro conclusiones cuya aplicación en el ámbito de la salud pública ayudará a que quienes diseñan las políticas tomen decisiones informadas y que los países elijan soluciones sanitarias vitales que sean rentables.

1. Las iniciativas aisladas no funcionan Ninguna por separado tiene un impacto significativo para reducir la obesidad. Para conseguir resultados se necesita un conjunto de iniciativas adaptado a escala y adaptada para cada población determinada.

2. La educación y la llamada a la responsabilidad individual, es decir, la concienciación, es útil, pero no suficiente. La educación sanitaria tiene que ir acompañada de otras campañas encaminadas a promover el consumo responsable: porciones más pequeñas, prohibición de campañas de marketing perniciosas, así como la promoción de la salud y el deporte en las zonas urbanas para facilitar la actividad física.

3. Ningún componente de la sociedad puede luchar contra la obesidad aisladamente Ni gobiernos, ni distribuidores, ni empresas alimentarias, restaurantes, empleados, medios de comunicación, educadores, ni sanitarios. Para que una campaña sea efectiva se necesita la implicación de todos los sectores posibles. «Hay precedentes de que una alianza entre los gobiernos y la industria alimentaria en combinación con líderes comunitarios es capaz de hacer funcionar campañas de salud pública contra la obesidad».

4. Ninguna campaña funcionará sin establecer unas premisas fundamentales Cuantos más actores participen para poner en marcha una iniciativa, en todas las escalas y todos los niveles, basándose en el principio de la cooperación, más efectiva será. Si se priorizan determinadas campañas e investigaciones, se obstaculiza el éxito de la acción constructiva.

Mientras la investigación continúe, la sociedad debería ensayar, dar salida a proyectos piloto basados en la prueba-error en función de la evidencia científica, especialmente cuando los riesgos son bajos.

«La investigación en obesidad es prolífica, aprovechémoslo». Pese que la evidencia sobre la intervención clínica y comportamental para reducir la obesidad es todavía escasa, es prioritario aumentar los recursos para investigar, pero también poner en marcha ensayos y experiencias, concluye McKinsey.

En muchos casos, dar prioridad a una investigación prometedora puede tener un efecto perverso, ya que en el esfuerzo para intentar encontrar una «solución perfecta», se puede estar impidiendo pasar a la acción. «Mejor que esperar a tener pruebas de lo que funciona, hay que experimentar, aprender de los éxitos y también de los errores: sólo así podremos tener más conocimientos para mejorar».

Los europeos, cada vez más longevos pero con más sobrepeso

Un informe llamado ‘Salud en un vistazo’, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo y la Unión Europea, muestra resultados positivos en esperanza de vida y en número de personal sanitario, pero con asignaturas pendientes en cuanto al gasto en salud y la obesidad.

Agencia SINC
Los-europeos-cada-vez-mas-longevos-pero-con-mas-sobrepesoEuropa se ha sometido a un chequeo sobre su estado de salud y los resultados, expuestos en una declaración conjunta por Vitenis Andriukaitis, comisario europeo de Salud y Seguridad Alimentaria, y Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), son bastante desiguales.

El documento ‘Salud de un vistazo: informe europeo 2014’ expone los datos comparativos sobre los sistemas de salud y de salud que cubren los 28 estados miembros de la Unión Europea (UE) y pone de relieve las principales tendencias de salud: gasto, desigualdades, recursos, calidad y acceso a la atención e impacto de la crisis económica.

Uno de los hallazgos más destacados es que la esperanza de vida es cada vez mayor en la UE, alcanzando 79,2 años de media en 2012 (82,2 años para las mujeres y 76,1 para los hombres), lo que supone un aumento de 5,1 años desde 1990. No obstante, existe una brecha de 8,4 años entre los estados.

En relación al gasto medio de la salud en la UE, este fue del 8,7% del PIB en 2012. Así, el gasto en salud per cápita ha disminuido en promedio un 0,6% anual desde 2009, ajustado por inflación. El texto indica que los países que redujeron el gasto en salud hicieron recortes principalmente a los honorarios pagados a los proveedores de salud, el gasto farmacéutico y el personal sanitario y los salarios.

“El capítulo sobre el gasto en salud es muy relevante, ya que aunque estamos saliendo de la crisis económica, la presión sobre los presupuestos de salud continúa en muchos países europeos”, han manifestado Andriukaitis y Gurría.

Sin embargo, en relación con el personal sanitario en la UE, los expertos han señalado que desde el año 2000 “el número de médicos por habitante ha aumentado en todos los países de la UE a excepción de Francia, donde se ha mantenido estable, y el número de enfermeras que ejercen se ha incrementado en todos menos en dos estados miembros (Lituania y Eslovaquia)”.

Por último, el informe subraya como una de las grandes preocupaciones el sobrepeso y la obesidad, ya que afecta al 53% de los adultos. Esta última, que presenta aún mayores riesgos para la salud que el sobrepeso, aqueja actualmente a uno de cada seis adultos (16,7%) en la UE, lo que supone un incremento desde el 12,5% de hace una década.

La obesidad ha crecido rápidamente en los últimos diez años en países como Francia, Luxemburgo, Dinamarca, Finlandia, Islandia o República Checa. España se sitúa muy cerca de la media europea con un 16,6% de obesidad.

Mejorar las políticas sanitarias

Los representantes de las dos instituciones han explicado que este análisis “es importante para el debate público sobre políticas que mejoren el sistema de salud en toda Europa. Los resultados demuestran que son necesarias estrategias euroepas para promover estilos de vida saludables y mejorar la prevención, el diagnóstico precoz y el tratamiento de las enfermedades en los países que se están quedando atrás”.

“Nuestra esperanza es que este informe ayude a estimular nuevas medidas para que los ciudadanos europeos de todos los orígenes socioeconómicos puedan disfrutar de vidas más largas, saludables y activas», han concluido.

Más información:

‘Salud de un vistazo: Europa 2014’ es un informe conjunto de la Comisión Europea y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que presenta indicadores clave de los sistemas de salud y de salud en 35 países europeos, entre ellos de 28 estados miembros, los países candidatos Montenegro, ex República Yugoslava de Macedonia, Serbia y Turquía, con la excepción de Albania debido a la limitada disponibilidad de datos, y tres países de la Asociación Europea de Libre Comercio (Islandia, Noruega y Suiza).

Esta tercera edición se basa en las dos ediciones anteriores en 2010 y 2012. La selección de los indicadores se basa principalmente en los Indicadores europeos básicos de salud (ECHI), desarrollado por la Comisión Europea en cooperación con los Estados miembros de la UE. El estudio está financiado por una subvención del Programa de Salud de la UE.

La obesidad puede reducir en 8 años la expectativa de vida

Acorta además en 19 los años de vida sin enfermedades.

EFE, La Voz de Galicia
obesidad y cancerLa obesidad puede reducir en hasta 8 años la expectativa de vida de las personas y en 19 los años de vida sin enfermedades, según concluye un estudio publicado hoy en la revista médica «The Lancet».

Un equipo del Instituto de investigación del centro de salud de la Universidad McGill de Montreal (Canadá), dirigido por el doctor Steven Glover, elaboró un modelo informático de la incidencia de enfermedades según el peso, con datos extraídos del Estudio de nutrición y salud nacional de Estados Unidos.

Los expertos calcularon el riesgo de contraer diabetes y enfermedades cardiovasculares para adultos de diferente peso y después analizaron el efecto del sobrepeso y la obesidad en los años de vida que perdían -y en los años de vida sana perdidos- de adultos estadounidenses de entre 20 y 79 años, comparado con personas de peso normal.

Comprobaron que las personas con sobrepeso (un índice de masa corporal, o IMC, de 25) perdían de 0 a 3 años de expectativa de vida, dependiendo de su edad y género.

Las personas obesas (IMC de 30) perdían entre 1 y 6 años, mientras que las muy obesas (IMC de 35) veían recortada su vida entre 1 y 8 años, comparado con personas con un IMC ajustado a su altura y dimensiones.

Se considera que un IMC por debajo de 18,5 indica desnutrición o algún problema de salud, mientras que uno superior a 25 indica sobrepeso.

Por encima de 30 hay obesidad leve, y por encima de 40 hay obesidad elevada.

«Nuestro modelo informático prueba que la obesidad está asociada con un riesgo más alto de desarrollar enfermedades cardiovasculares y diabetes que, de promedio, reducirán drásticamente la expectativa de vida de la persona y sus años de vida sana, sin estas enfermedades crónicas», explica Grover.

Según su estudio, el efecto del peso excesivo en la pérdida de años de vida es mayor entre los jóvenes de entre 20 y 29 años, ascendiendo a 19 años de vida menos en los casos de obesidad extrema, y disminuye con la edad.

El exceso de peso no solo reduce la expectativa de vida sino también los años de vida sana, definidos en este estudio como los años sin enfermedades asociadas al peso, como la diabetes de tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, apuntan los expertos.

«La pauta está clara», afirma Glover.

«Cuanto más pesa una persona y cuanto más joven es, mayor es el efecto en su salud, pues tiene más años por delante en los que los mayores riesgos de salud asociados con la obesidad pueden tener un impacto negativo en su vida», declara.

Según este especialista, estos datos son útiles para que las personas obesas y los profesionales de la salud «puedan apreciar mejor la escala del problema y los beneficios de un estilo de vida más sano».

Un nuevo estudio arroja esperanza a los afectados de obesidad severa

La cirugía laparoscópica sumada al seguimiento multidisciplincar en un alto porcentaje de los casos ayuda a lograr un peso saludable disminuyendo la incidencia de riesgo cardiovascular, hipertensión y diabetes tipo dos

La epidemia de obesidad sigue en aumento, según las últimas estadísticasCon el motivo del Día Mundial contra la Obesidad que se celebra este miércoles, 12 de Noviembre, el Instituto Médico Europeo de la Obesidad hace públicos los resultados de un esperanzador estudio para los afectados en mayor grado por la enfermedad. En señal de su apoyo, el Instituto organiza la tradicional semana dedicada a la obesidad. Durante su transcurso, del 10 al 14 de noviembre, el IMEO ofrecerá en su centro en Madrid 50 estudios gratuitos que consisten en un análisis metabólico personalizado y un estudio emocional y hormonal completo. Para evitar saturación o largas colas en las consultas, el centro pide a los interesados reservar cita en el teléfono 91 737 70 70.

La iniciativa de celebrar semana dedicada a la obesidad surge hace cinco años a raíz del preocupante aumento del número de personas que padecen esta patología y que cada año engrosan las estadísticas creando alarma social. Se estima que hoy en día en el mundo hay 1429 millones de personas con sobrepeso y 671 millones obesos que suman el 29 por ciento de la población actual; más de la mitad de ellos viven en tan sólo 10 países, entre ellos Estados Unidos, China, Brasil y México. En nuestro país los índices están muy por encima de la media europea y de cada 100 adultos 17 padecen obesidad y 37 presentan sobrepeso. El gasto destinado por la sanidad española a esta tendencia en aumento ronda los 7 por ciento, unos 5.000 millones de euros anuales del presupuesto total, difícil de sostener a largo plazo y también insuficiente para solventar el problema.

La Organización Mundial de la Salud prevé que 7 millones de personas perderán la vida a causa de enfermedades no transmisibles en 2030, debido a factores de riesgo comportamentales y físicos como el sedentarismo, el sobrepeso y la obesidad. Las previsiones para la próxima década no son nada favorables: se estima que dos de cada tres personas serán obesas[1].

Resultados del estudio médico con pacientes operados de Manga Gástrica

la cirugía de la obesidad reduce la incidencia de la diabetes tipo 2De cara al Día Mundial de la Obesidad, el IMEO presenta los resultados de un estudio esperanzador llevado a cabo durante los dos últimos años con 150 personas con obesidad importante que se han sometido a una operación de reducción de estómago con manga gástrica. Los datos fueron concluyentes: en el 92% de los casos fue lograda la pérdida total del sobrepeso. En el seguimiento de 24 meses que se realizó de forma quincenal se ha podido demostrar que esta técnica laparoscópica de mínima invasión tiene 0% de mortalidad, debido a los avances tecnológicos en la medicina y a las sofisticadas tecnologías que permiten profundizar en el diagnóstico de la obesidad. Además de ofrecer una solución en el tratamiento de obesidad, este tipo de cirugía también contribuye a la disminución del riesgo cardiovascular y en la incidencia de comorbilidades como la hipertensión y la diabetes tipo dos.

El estudio se basa en el seguimiento continuado de 36 hombres y 112 mujeres, entre 25 y 55 años de edad. Todos empezaron el tratamiento con un elevado peso inicial: 128 kilos de media para los varones y 103 kilos de media para las mujeres. «Los índices más altos de obesidad entre los representantes del sexo masculino se dieron alrededor de los 30 años de edad, mientras que los casos de obesidad más impactantes entre las representantes del sexo femenino se manifestaban a partir de los 37 años», explica Rubén Bravo, portavoz del IMEO y coordinador del estudio. Esto nos hizo reflexionar sobre el origen de la obesidad en ambos sexos. En la mujer se da una relación más directa con los cambios hormonales, coincidiendo con el período de la transición a la menopausia o con un período posterior al embarazo. Hecho que explica, pero no justifica su grado de obesidad. En los hombres, sin embargo, la causa suele ser la misma de siempre: vida sedentaria y un patrón alimentario no saludable.

La reducción del estómago es la solución definitiva de la obesidad mórbida«Muchos pacientes que acaban en nuestras consultas confiesan que están hartos de la dieta del déficit calórico, se quejan que han probado varias y ninguna les ha funcionado», explica Bravo. Esto pasaría, porque no se les enseñó a comer y cuando acudían a especialistas que no podían dedicarles más de 10 minutos por consulta, se les entregaba una hoja con una dieta estándar de 1000, 1200 o 1500 Kcal. No se tiene en cuenta si el paciente come en casa sólo o con otras personas en restaurante, si cena con amigos los fines de semana o viaja a menudo. Tales condicionantes sociales pueden sabotear la buena intención y voluntad de cualquier persona en régimen. Un buen plan nutricional debe adaptarse a las características sociales y personales del individuo. Por supuesto, se restringirán algunos alimentos, pero sin instaurar la sensación de estar a dieta todo el tiempo.

Cuando se trata de una obesidad severa y no de simple sobrepeso, no es suficiente como correctivo hacer dieta y deporte. Hay que profundizar en el diagnóstico, realizar numerosos estudios, estudiar el estado hormonal y emocional del paciente, ver si tiene ansiedad, algún trastorno de la alimentación, herencia genética o problemas con la glándula toroide.

La cirugía se utiliza como último recurso para solucionar un problema de obesidad complejo que acaba perjudicando otras funciones del organismo y amenaza con recortar la expectativa de vida hasta en 15 años. «Cuando se necesita perder entre 50 y 80 por ciento del peso corporal, no queda otra que reducir la capacidad del estómago para así evitar la ingesta de grandes cantidades de alimentos», sostiene Bravo. Está demostrado que al intervenir en una disfunción del fundus gástrico mediante la manga gástrica, se elimina la mayor fuente de producción de grelina, la hormona responsable de la sensación de hambre, y esto permite que el paciente se sacie comiendo el 25% de lo que comía antes.

reducción de estómagoCon este tratamiento se suele perder la mayor parte del sobrepeso durante los primeros seis meses, a un ritmo estable donde la media pérdida de peso es de 7 kilos al mes, disminuyendo la cifra con 1,5Kg en cada siguiente semestre. Una vez logrado el objetivo, se continúa con dieta equilibrada y plan de entrenamiento para mantener el peso y establecer un nuevo modo de vida saludable.

En casi todos los casos estudiados se observó una mejora de la tasa metabólica[2], es decir, la efectividad del organismo para utilizar la grasa como fuente de energía. Los índices iníciales eran realmente bajos, de 1,8 de media en el caso de las mujeres y 2,1 de media en el caso de los hombres, correspondiendo a metabolismo lento e inefectivo. Finalizado el tratamiento, los parámetros mejoraron considerablemente, pasando a 7,1 de media en el caso de las mujeres, y a 7,7 de media en el caso de los hombres, alcanzando unos niveles equilibrados.

El estudio también evaluó el riesgo de enfermedad cardiovascular, hipertensión y diabetes tipo dos, medidos a través del factor de grasa visceral que nos marca un índice de intervalos desde 0 a 40, siendo a partir del factor 11 cuando comienza a dispararse el riesgo para el corazón y los peligros del síndrome metabólico. El factor medio de grasa visceral inicial en los hombres antes de someterse al tratamiento de manga gástrica era de 24,9; en las mujeres, de 12,1. Pasados los dos años de tratamiento este factor de riesgo se estabilizó en cuotas saludables, obteniendo unas medias de 7,6 en hombres y de 3,2 en mujeres.

La obesidad tiene múltiples consecuencias negativas sobre la saludSegún el equipo médico, el éxito de ésta intervención se debe a tres factores fundamentales: seguimiento multidisciplinar, reducción en la ingestas de comida y disminución en la sensación de hambre. «Para conseguir un cambio profundo en los hábitos del paciente con obesidad severa, en el Instituto Médico Europeo de la Obesidad aunamos, además de la gran ayuda de la manga gástrica, los esfuerzos de un amplio equipo de especialistas, entre ellos nutricionistas, endocrinos, psicólogos, fisioterapeutas, preparadores físicos y entrenadores profesionales, esteticistas, médicos internistas, cirujanos bariátricos y plásticos», señala Carmen Arribas, Directora Técnica y Asistencial del IMEO.

Además de favorecer la pérdida de peso, disminuir la diabetes y mejorar la hipertensión, la manga gástrica produce una serie de efectos endocrinos beneficios para la salud. Regula el metabolismo de la glucosa, la secreción de insulina y la función del páncreas. Aumenta la secreción de la hormona de crecimiento y ralentiza el vaciado gástrico. Reduce tanto el apetito, como la sensación de hambre y es un gran avance en la lucha contra la obesidad severa.

Los estudios de seguimiento se han realizado a través de ElectroImpedancia TANITA Medical Multifrecuencial, evaluando en cada paciente metabolismo basal, composición corporal total y segmental, índice de grasa visceral, tasa metabólica, equilibrio del agua y distribución corporal.

[1] Obesity: update 2012 de la OCDE.

[2] Se mide en una escala de 0 a 15, determinando si un metabolismo es lento e inefectivo (de 0 a 5), equilibrado (de 5 a 9), activo o hiperactivo (de 9 a 15).

Fed Up a debate, la película que descubre un sucio secreto de la industria alimentaria estadounidense

Fed Up descubre un sucio secreto de la industria alimentaria estadounidense, y que muchos más de nosotros, de lo que nadie se podría imaginar enferma por lo que comemos.

HispaniaTv

La cineasta Stephanie Soechtig, y la periodista de televisión Katie Couric, nos, llevan a través de esta potente exposición a descubrir por qué, a pesar de la atención mediática, la fascinación del público con la apariencia, y las políticas del Gobierno para combatir la obesidad en los niños estadounidenses.
Si no se cambian las políticas alimentarias y publicitarias –sobre todo aquellas que «protegen» los productos con grandes cantidades de azúcar añadidos– podrían cumplirse los peores pronósticos de cara al futuro. En Estados Unidos los niños de ahora tienen una esperanza de vida más corta que la de sus padres y en las próximas décadas el 95% de la población de este país tendría sobrepeso u obesidad.
¿Qué es lo que estamos haciendo mal? ¿Qué cambios tenemos que realizar para evitar este alarmante escenario? Son entre las preguntas que plantea el debate.
En el plato del programa de HispanTv, Cine a contracorriente, ofrecen un profesional y enriquecedor punto de vista los invitados Blanca Ruibal, responsable de agricultura y alimentación del ONG Amigos de la Tierra, y Rubén Bravo, especialista en nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).
Para escuchar el debate, pulsa Play.

Los edulcorantes artificiales favorecen la obesidad y la diabetes

Actúan en nuestro organismo cambiando la composición y función de la microbiota intestinal, la importante población de bacterias que residen en nuestro intestino

ABC/ EP
Fotolia_47260486_Subscription_Monthly_XXL.jpgLos edulcorantes artificiales, utilizados como ayuda para perder peso y prevenir la diabetes, en realidad podría acelerar el desarrollo de intolerancia a la glucosa y la enfermedad metabólica al cambiar la composición y función de la microbiota intestinal, la importante población de bacterias que residen en nuestros intestinos, según concluye una investigación realizada en ratones y seres humanos y que se publica este miércoles en Nature.

Entre otras cosas, según explica el director de la investigación, el doctor Eran Elinav, del Departamento de Inmunología del Instituto Weizmann, en Israel, junto con el profesor Eran Segal, del Departamento de Matemática Aplicada e Informática, el uso generalizado de los edulcorantes artificiales en las bebidas y los alimentos pueden contribuir a la obesidad y la epidemia de diabetes que está afectando a gran parte del mundo.

Durante años, los investigadores han estado desconcertados por el hecho de que los edulcorantes artificiales no calóricos no parecen ayudar en la pérdida de peso y algunos estudios han sugerido que incluso pueden tener un efecto contrario. Por lo general, se cree que la intolerancia a la glucosa ocurre cuando el cuerpo no puede hacer frente a grandes cantidades de azúcar en la dieta, siendo el primer paso en el camino hacia el síndrome metabólico y la diabetes del adulto.

El estudiante de posgrado Jotam Suez en el laboratorio de Elinav, quien condujo el estudio, colaboró con los estudiantes de posgrado Tal Korem y David Zeevi, en el laboratorio de Segal, y Gili Zilberman-Shapira en el laboratorio de Elinav, en el descubrimiento de que los edulcorantes artificiales, a pesar de no contener azúcar, tienen un efecto directo sobre la capacidad del cuerpo para utilizar la glucosa.

Reacción de las bacterias

Los científicos dieron a los ratones agua mezclada con los tres edulcorantes artificiales más utilizados en las cantidades equivalentes a los permitidos por la agencia estadounidense del medicamento (FDA, por sus siglas en inglés). Estos ratones desarrollaron intolerancia a la glucosa en comparación con ratones que bebieron agua o, incluso, agua de azúcar. Repetir el experimento con diferentes tipos de ratones y distintas dosis de los edulcorantes produjo los mismos resultados: estas sustancias inducen de alguna manera intolerancia a la glucosa.

A continuación, investigaron la hipótesis de que la microbiota intestinal está involucrada en este fenómeno y pensaron que las bacterias pueden hacer esto por reacción a las nuevas sustancias como edulcorantes artificiales, que el propio organismo no puede reconocer como «alimento». De hecho, los edulcorantes artificiales no son absorbidos en el tracto gastrointestinal, pero al pasar por él encuentran billones de bacterias de la microbiota intestinal.

Nutrición y microbiota

Los investigadores trataron a ratones con antibióticos para erradicar muchas de sus bacterias intestinales, lo que provocó una reversión completa de los efectos de los edulcorantes artificiales sobre el metabolismo de la glucosa. Después, transfirieron la microbiota de los roedores que consumieron edulcorantes artificiales a ratones libres de gérmenes, lo que resultó en una transmisión completa de la intolerancia a la glucosa a los ratones receptores.

Esto, en sí mismo, era una prueba concluyente de que los cambios en las bacterias intestinales son directamente responsables de los efectos nocivos para el metabolismo de su anfitrión. Incluso, el equipo encontró que la incubación de la microbiota fuera del cuerpo, junto con edulcorantes artificiales, fue suficiente para inducir la intolerancia a la glucosa en los ratones estériles.

Un análisis detallado de la microbiota en estos ratones reveló cambios profundos en sus poblaciones bacterianas, incluyendo nuevas funciones microbianas que son conocidas por inferir una propensión a la obesidad, la diabetes y las complicaciones de estos problemas en ratones y seres humanos.

Para ver si esto sucedía también en el microbioma humano, Elinav y Segal analizaron los datos recogidos de su Proyecto de Nutrición Personalizada, el mayor ensayo en humanos hasta la fecha para ver la conexión entre la nutrición y la microbiota. Aquí, descubrieron una asociación significativa entre el consumo de edulcorantes artificiales, configuraciones personales de las bacterias intestinales y la propensión a la intolerancia a la glucosa.

Después, estos expertos llevaron a cabo un experimento controlado, pidiendo a un grupo de voluntarios que por lo general no comen o beben alimentos endulzados artificialmente que los consumieran durante una semana y luego les realizaron pruebas para ver sus niveles de glucosa, así como sus composiciones de microbiota intestinal.

Intolerencia solo una semana después

Los hallazgos mostraron que muchos, pero no todos, los voluntarios habían empezado a desarrollar intolerancia a la glucosa después de sólo una semana de consumo de edulcorantes artificiales. La composición de su flora intestinal explicó la diferencia: los investigadores hallaron dos poblaciones diferentes de bacterias del intestino humano, una que induce intolerancia a la glucosa cuando se expone a los edulcorantes y otra sin ningún efecto en ambos sentidos.

Elinav cree que ciertas bacterias en los intestinos de las personas que desarrollaron intolerancia a la glucosa reaccionaron a los edulcorantes químicos mediante la secreción de sustancias que luego provocan una respuesta inflamatoria similar a la sobredosis de azúcar, promoviendo cambios en la capacidad del cuerpo para utilizar el azúcar.

«Los resultados de nuestros experimentos resaltan la importancia de la medicina personalizada y la nutrición para nuestra salud en general. Creemos que un análisis integrado de grandes datos individualizados de nuestro genoma, microbioma y los hábitos alimenticios podría transformar nuestra capacidad de entender cómo los alimentos y los suplementos nutricionales afectan a la salud y el riesgo de la enfermedad de una persona», sugiere Segal.

«Nuestra relación con nuestra propia mezcla individual de bacterias intestinales es un factor muy importante en la determinación de cómo los alimentos que comemos nos afectan. Especialmente interesante es la relación entre el uso de edulcorantes artificiales, a través de las bacterias en nuestros intestinos, con una tendencia a desarrollar los mismos trastornos para los que fueron diseñados para evitar, lo que exige una reevaluación del consumo masivo de hoy en día sin supervisión de estas sustancias», concluye Elinav.

 

La importancia de la hora de comer para adelgazar

Diversos estudios han demostrado que comer temprano y respetar los ritmos circadianos ayuda a perder peso.

ABC, por Cristina Garrido
importancia-horas-comidasEn la batalla por mantener un peso saludable tan importante es lo que se come y cuánto se come como el cuándo. Nuestro ritmo circadiano, marcado por los ciclos de luz y oscuridad, «Ante un mismo alimento, la capacidad de metabolizarlo será diferente según el tipo de hormonas activas en ese momento. Por ejemplo, por la mañana tenemos mucha capacidad de metabolizar los azúcares porque la insulina funciona de cine, mientras que por la noche, baja la insulina y sube la melatonina, y hay una mayor intolerancia a la glucosa», explica a ABC la doctora Marta Garaulet, catedrática de Fisiología y Nutrición de la Universidad de Murcia y profesora visitante en la Universidad de Harvard (EE.UU.). Garaulet es autora además de un estudio publicado en 2013 en la revista «International Journal of Obesity», que reveló que comer antes de las 3 de la tarde ayuda a perder más peso que hacerlo después.

Para llegar a estas conclusiones, estudiaron a 420 personas, 210 hombres y 210 mujeres, con sobrepeso, que siguieron una dieta hipocalórica de 1.400 calorías, durante 20 semanas, para perder peso. Los participantes fueron divididos en dos grupos: los que almorzaban antes de las tres y los que lo hacían después de esa hora. Todos ingirieron igual cantidad calorías, mantuvieron la misma actividad y durmieron las mismas horas.

Durante las seis primeras semanas perdieron el mismo peso, pero a partir de la sexta semana la diferencia se hizo clara. Los que comieron antes de las tres de la tarde perdieron de media 12 kilos en 20 semanas, mientras que los que lo hacían más tarde bajaron 8 kilos. Los miembros de este segundo grupo también presentaron una mayor resistencia a la insulina, un factor de riesgo para la diabetes y la obesidad. «Comer a deshora hace que tu reloj interno no funcione bien y la eficacia metabólica para perder peso sea menor», asegura la doctora Garaulet.

No es el único estudio que ha abierto la puerta a plantearse que hay otros factores que hacen que las calorías sean más o menos eficaces a la hora de transformarse en grasa corporal. En 2009, el investigador Fred Turek, director del «Center for Sleep & Circadian Biology» de la Universidad de Northwestern (EE.UU.), publicó un estudio en la revista «Obesity» que demostraba que ir en contra del reloj biológico interno favorece la obesidad.

La investigación se llevó a cabo con ratones a los que se administró una dieta hipergrasa con la misma cantidad de calorías y gasto energético. A la mitad del grupo se le permitía comer de día y a la otra mitad durante la noche, que es cuando estos roedores están más activos. La conclusión es que el grupo de ratones que comía por la mañana (el equivalente a los humanos que comen de noche) engordó más que los ratones que comían de noche, de acuerdo con sus ritmos circadianos.

Más calorías en el desayuno

Para comprobar si el momento del día en que se ingieren los alimentos y su composición afectaba a la pérdida de peso, investigadores de la Universidad de Tel Aviv reclutaron a 193 adultos obesos no diabéticos a los que se dividió en dos grupos con idéntica ingesta de calorías, 1.600 al día para los hombres y 1.400 para las mujeres. Sin embargo, al primer grupo le suministraron una dieta baja en carbohidratos, con un pequeño desayuno de 300 calorías; mientras que al segundo se le proporcionó un desayuno de 600 calorías rico en proteínas y carbohidratos, que siempre incluía un dulce.

Como pasaba en la investigación de la doctora Garaulet, durante las primeras semanas, los participantes de ambos grupos perdieron el mismo peso, pero después la diferencia se hizo notable. Al final del estudio, 32 semanas después, aquellos que tomaron el desayuno de 600 calorías habían perdido de media 18 kilos más que sus compañeros. «La primera comida del día aporta energía para las tareas de la jornada, ayuda al funcionamiento del cerebro, y pone en marcha el metabolismo del cuerpo, que es crucial para perder peso y mantenerse», advierte Daniela Jakubowicz, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tel Aviv, que añade: «El desayuno es la comida que regula con más éxito la grelina, la hormona que controla el apetito».

La clave, según las conclusiones de este estudio, publicado en 2012 en la revista «Steroids», está en complacer al cuerpo por la mañana, cuando el metabolismo está más activo y tenemos más tiempo para quemar las calorías durante el día. Los investigadores creen que añadir el dulce al desayuno evita que tengamos otros «antojos» el resto del día.

«Las dietas que prohíben dulces y carbohidratos son efectivas al principio, pero a menudo los que las siguen terminan saltándosela porque empiezan a sentir síntomas de abstinencia, y acaban recuperando gran parte del peso perdido», avisa la autora de la investigación.

Comer temprano no da carta blanca para hacerlo sin control. Si quieres adelgazar, el cuerpo tiene que quemar más calorías de las que ingiere, ya sea comiendo menos o aumentando la actividad física. No hay más misterio. A partir de ahí, si dentro de una dieta equilibrada y con horarios racionales, de forma eventual tenemos el antojo de comernos un pastelito, mejor que sea por la mañana.

La mitad de los españoles que quieren adelgazar dedican 150 euros mensuales, según estudio de la OCU

La mayoría de los que logran perder peso acaban recuperándolo

EFE, El Periódico

Barcelona 24.11.2011 Uno de tres sufre sobrepeso Fotografia Albert Bertran.Más de la mitad de las personas que quieren adelgazar (el 55%) gasta una media de 150 euros mensuales en hacerlo y la inmensa mayoría de los españoles (el 94% de las mujeres y el 88 % de los hombres) ha intentado adelgazar en algún momento de su vida.

Estos son algunos de los resultados de una encuesta realizada por la Unión de Consumidores y Usuarios (OCU) a más de 2.000 personas entre 18 y 64 años para analizar cómo valoran su salud y peso, qué hacen para adelgazar y el coste y la satisfacción con diferentes métodos.

Según la encuesta, el 73% de las mujeres y el 54 % de los hombres tienen más peso del que les gustaría.

La OCU recuerda que el sobrepeso y la obesidad en España afectan ya a casi la mitad de la población.

Las cifras oficiales revelan que el 54% de adultos y el 28% de los menores tiene sobrepeso u obesidad, unos datos que el estudio Aladino (elaborado por la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición) eleva al 45 % de los escolares de entre 6 y 9 años.

La OCU califica esta situación de «sumamente preocupante», y recuerda que el sobrepeso y la obesidad incrementan el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares o degenerativas de los huesos, diabetes y diferentes tipos de cáncer.

Además, según refleja la encuesta, la obesidad y el sobrepeso también se relacionan con una peor salud psicológica y emocional.

El 90% de los encuestados ha intentado adelgazar «por sentirse bien consigo mismo».

Un 30% adujo problemas de salud o consejo médico, un 18 % lo hizo por insistencia de un amigo o un familiar; un 17 % para mejorar su aspecto ante el verano o para una ocasión concreta; un 16 % para mejorar la vida social; un 10 % por consejo de su pareja y un 9 % por mejorar su carrera profesional.

Los métodos utilizados para reducir peso «fueron variopintos», según la OCU.

Así, el 31 % de los encuestados solo incrementó la actividad física, un 26 % aumentó el número de comidas al día, un 14% hizo dieta y actividad física, un 13% solo hizo dieta, un 11% se sometió a algún método en una clínica de adelgazamiento, un 10% lo hizo a base de suplementos dietéticos.

Y solo un 0,20 % se sometió a cirugía, método que únicamente está indicado para los casos de obesidad más graves.

Según la encuesta, cuando el método elegido fue una dieta, el 43 % hizo una que le recomendó un amigo o familiar.

Respecto al coste, dependiendo del método utilizado, un 45 % de los encuestados asegura que no gastó ninguna cantidad y el resto, 151 euros de media.

Uno de los aspectos negativos de los intentos por adelgazar fueron los efectos adversos: sensación continua de hambre, mal humor, tristeza y debilidad.

Sobre los resultados algo más de la mitad consiguió deshacerse de un 30% o más de su exceso de peso pero, con el paso del tiempo, la mayoría acaba recuperando parte o la totalidad de lo perdido.

De hecho es muy común haber realizado varios intentos por adelgazar a lo largo de la vida, lo que convierte este proceso en algo cíclico.

La OCU recuerda que la pérdida de peso segura y duradera solo se consigue con un cambio permanente de hábitos.

Para ello, recuerda la importancia de acudir a un endocrino, utilizar sólo medicamentos prescritos por un médico e incrementar la actividad física.

La obesidad materna modula las funciones digestivas de sus hijos

Europa Press
obesidad maternaLa obesidad materna conduce a marcados cambios en la composición de la microflora gastrointestinal y la función gastrointestinal de su descendencia, según conlcuye un estudio realizado con roedores que se presentará en la Reunión Anual de la Sociedad para el Estudio del Comportamiento Alimenticio (SSIB, por sus siglas en inglés). La microflora gastrointestinal consiste en múltiples especies de microorganismos que viven en el tracto digestivo de los animales y ayudan a la digestión.

Se sospecha que un desequilibrio en la microflora de un individuo contribuye al desarrollo y la persistencia de la obesidad. Un aumento en Firmicutes o Endobacterias frente a Bacteriodetes es una marca de la obesidad y está vinculado a un incremento de la permeabilidad gastrointestinal, la inflamación sistémica y el aumento de peso.

Los resultados de este nuevo estudio muestran que la microflora «obesa» se puede pasar de una madre a su descendencia. En roedores, las crías de madres obesas exhibieron un aumento de Firmicutes frente a Bacteriodetes y un incremento en la permeabilidad gastrointestinal, lo que sugiere que hay factores no genéticos que podrían transmitirse de la madre a los hijos para elevar la susceptibilidad a la obesidad.

Hoy en día alrededor del 30 por ciento de las mujeres que se quedan embarazadas son obesas y sus hijos tienen más riesgo de obesidad y trastornos metabólicos asociados. «Modular la composición de la microflora es bastante fácil y no invasivo y puede ser benficioso para estos niños», apuntan los investigadores, que continuarán estos trabajos para analizar si puede ser una opción de tratamiento viable y promover la salud de la descendencia.