Por qué no funcionan las tres dietas más buscadas

· La dieta alcalina, la Perricone y la 5:2 son nuevas variaciones de ‘dietas milagro’
· En la antigua Grecia, la «Díaita” hacía referencia al estilo de vida. Ahora solo buscamos bajar de peso a cualquier precio
· Dieta mediterránea y aceite de oliva reducen el riesgo de cáncer de mama

El País, por Julio Basulto Marset
vida saludable«¿Qué dieta funciona?», es una de las búsquedas más comunes en Google. Pero «funcionar» y «dieta» son conceptos que no congenian, salvo para algunos charlatanes dietéticos que se inventan propuestas alimentarias, o se abrazarán a una “dieta milagro” ya existente, para prometernos un éxito garantizado y sin esfuerzo. Sus promesas convencen a miles de personas por dos motivos: nuestros conocimientos relacionados con la nutrición son escasos, y además estamos poco dispuestos, en general, a cambiar nuestros hábitos.

Las “dietas milagro”, como las denomina el Ministerio de Sanidad, suponen un riesgo para la salud. Lo peor es que algunos de estos legionarios de la dieta definitiva, por llamarlos de alguna manera, son nutricionistas titulados o incluso médicos en bata blanca. Son los más peligrosos. Uno de ellos se llama Pierre Dukan. Por fortuna, el Colegio de Médicos de su país lo expulsó en enero de 2014, lo que coincidió con el declive de su proteínico imperio.

¿Qué hemos aprendido de esta lección? Muy poco, a juzgar por lo que revela “Google Trends” con relación a las dietas más buscadas en Internet. Hablaremos de ellas en unas líneas, pero antes, miremos a los ojos a los conceptos «funcionar» y «dieta».

Si entendemos por “funcionar” conseguir que la báscula marque una cifra que alguien ha decidido arbitrariamente, para que la aguja se mantenga allí in sæcula sæculorum, vamos mal encaminados. Si nos mencionan un peligroso constructo intelectual denominado “peso ideal”, no solo nos están timando, además están poniendo en riesgo nuestra delicada autoestima. El objetivo de la pérdida de peso no debería ser embellecer nuestra estética, sino mejorar la salud.

¿Y qué decir del cada vez más desvalorizado concepto “dieta”? En la Grecia clásica, tal y como reveló Montserrat Jufresa al periodista Antonio Ortí en marzo de 2015, la “Díaita” (de la que deriva el vocablo “dieta”), hacía referencia al estilo de vida, a la manera de vivir. La doctora Jufresa, catedrática emérita de filología griega en la Universidad de Barcelona, añadió que los pitagóricos aplicaban a esta palabra el equilibrio entre cuerpo, mente y espíritu. Comer saludablemente todos los días, y no solo durante una temporada, realizar ejercicio físico a diario, mantener una buena relación con nuestros congéneres y respetar el medio ambiente, todo eso significaba seguir una buena dieta. Es más, la belleza para ellos no era ni mucho menos el “peso perfecto” sino que tenía un sentido ético. Era impensable ser bello siendo una mala persona. ¿Queda algo de este noble legado? Casi nada, porque la mayor parte de los habitantes de este mundo (incluyendo los griegos) entienden hoy como dieta un descabellado régimen de alimentación a seguir durante un tiempo, para volver más tarde a nuestros (malos) hábitos anteriores.

Vayamos pues a las búsquedas más habituales, según Google Trends, de dietas «que funcionan». El oro se lo lleva la dieta alcalina, muy de moda en pacientes con cáncer, por más que los oncólogos abjuren de ella con inmisericordes denuncias. La base científica de esta “dieta” es tan sólida como el papel de fumar light: en teoría debemos seguir una alimentación que concuerde con el nivel de pH de la sangre. No voy a extenderme en las características de esta propuesta que se supone que es sana porque es “natural”. Basta con declarar que lo que comamos o bebamos (y eso incluye al vinagre o al zumo de limón) no alterará el pH de la sangre ni una pizca, como refirió en 2008 el Instituto Americano para la Investigación del Cáncer.

La plata recae sobre la dieta Perricone, que toma su nombre de un adinerado dermatólogo americano. Como hemos apuntado antes, cuando el apellido de una dieta es el de un médico titulado, el peligro aumenta: el médico es una figura de incuestionable reputación cuya casi mística autoridad ejerce una atracción irresistible. Es un fenómeno psicosocial que merece un análisis aparte. En todo caso, este dermatólogo de Connecticut alude desde su estrado al peso ideal, justo después de garantizarnos el éxito en poco tiempo (es una dieta de tan solo tres días). Incluye, además, una lista de alimentos sanadores (básicamente, el salmón) y otra de alimentos prohibidos. Además, el señor Perricone nos vende carísimos complementos alimenticios con los que alcanzar el nirvana nutricional. Sus insostenibles promesas son falsas, pero los riesgos de confiar en ellas son veraces.

Y el dudoso honor del bronce lo ostenta la dieta 5:2. Si la busca en Internet verá que hay varios tipos de dieta 5:2. ¿Cuál es la buena? Buena, lo que se dice buena, ninguna. Seguramente nació inspirada en La dieta del ayuno intermitente, una propuesta que parte de una premisa tan simple como desatinada: la mitad del tiempo podremos comer lo que nos venga en gana, para purgar nuestros pecados en la otra mitad a base de ayunos y crudités. Tanto esta dieta como su sucesora, la dieta 5:2, utilizan una jerga pseudocientífica que persigue convencernos de que no tenemos ni idea de nutrición para que así caigamos en las manos de sus promotores, que nos guiarán por el recto camino. Tal y como indicó en mayo de 2013 NHS Choices, el mayor portal de salud del Reino Unido, esta dieta ni es eficaz ni es segura. Lo más sensato es ayunar de ella.

Si miramos de cerca las tres propuestas, podemos esbozar algunas características comunes.

– Contienen afirmaciones que contradicen conocimientos científicos bien establecidos.
– No aportan pruebas fiables de eficacia y seguridad en base a investigaciones rigurosas en humanos.
– Aluden a que sus propuestas son válidas por el hecho de ser “naturales”.
– Prometen resultados rápidos y sin esfuerzo.
– Detallan listados de alimentos permitidos y prohibidos.
– Es preciso consumir preparados que casualmente vende la persona que promueve el método.
– Se pueden administrar sin la revisión de profesionales sanitarios (“hágalo usted mismo”).

Como ven, para detectarlas no hace falta poseer una aguda sutileza de percepción: son un insulto al intelecto. Recuerde: cuando algo suena demasiado bonito como para ser verdad, es que no lo es.
Es posible que piensen que no he respondido a la pregunta con la que arrancaba este escrito. No lo he hecho porque no tiene respuesta, y porque en muchas ocasiones reconocer lo que no conviene hacer (es lo que he intentado en estas líneas) es más importante que saber qué debemos hacer. Es algo perfectamente aplicable a la nutrición humana, como bien demuestra el llamado “efecto yoyó”.

¿Quiere usted perder peso? Pues no haga dieta. Acuda al médico (un médico de verdad, no un terapeuta alternativo), para que decida si es preciso que usted pierda peso y además revise su estado de salud. A continuación, acuda a un dietista-nutricionista colegiado. Si es un buen profesional, no le “pondrá a dieta”, sino que pactará con usted para qué y cómo mejorar sus hábitos dietéticos, sin olvidar la importancia crucial del ejercicio físico. Cambiar nuestro estilo de vida y no hacer dieta, sino “Díaita”, ahí reside el milagro.

Los 25 alimentos cotidianos que son tan adictivos como la droga

Afecta a nuestro cerebro de forma similar, nos generan cierta dependencia y, en la mayoría de casos, son extremadamente calóricos.

Hay momentos en los que, sin saber por qué, el cuerpo parece pedir una buena porción de pizza o un trozo de chocolate. Cuando esto sucede, lo achacamos a que tenemos un «hambre de lobos» o que, simplemente, son alimentos que nos gusta meternos entre pecho y espalda para saciar nuestro apetito. La realidad es bien diferente pues, en palabras de los expertos, existen multitud de comidas que crean una adicción en nuestro cerebro similar a la que puede generar la droga.

Todo ello, a pesar de que –en la mayoría de los casos- sabemos que son altamente calóricos, que pueden provocarnos severos trastornos en la alimentación o, simplemente, que nos sientan mal al estómago. Pero… ¿Cuáles son estos alimentos? Esta pregunta la han respondido la Universidad de Michigan y el New York Obesity Research, instituciones que han elaborado una lista en la que se destacan los 25 «caprichitos» a los que nuestro cerebro se vuelve adicto.

Los primeros lugares, como no podía ser de otra forma, son para la pizza, el chocolate y las patatas fritas de bolsa, tres comidas altamente calóricas que cuentan con azúcar y grasas (sustancias que provocan adicción en el ser humano). Por descontado, la verdura y la fruta no aparecen entre ellas, pues ofrecen energía de forma mucho más lenta y no activan el denominado «sistema de recompensas del cerebro».

«Esta diferencia tiene mucho sentido desde el punto de vista fisiológico. Dentro de este sistema, cuando tengo hambre, voy a buscar una comida más calórica, como las que tienen azúcares o grasas, que me satisfaga más rápido y con mayor intensidad. Cuando comemos alguno de estos alimentos, se produce una activación en distintas regiones del cerebro similares a las de los adictos a otras drogas, como la cocaína», explica –en declaraciones recogidas por el diario «Clarín»- el coordinador de la Red de Trastornos Adictivos del Instituto de Salud Carlos III, Fernando Rodríguez de Fonseca.

En palabras de los investigadores, la forma más adecuada de luchar contra la adicción a determinados alimentos es identificar cuáles son, saber si son perjudiciales para la salud y, en el caso de que la respuesta a esta última cuestión sea afirmativa, no ingerirlos en grandes cantidades. Y es que, aunque parece que darse un «homenaje» a diario no es peligroso, puede ser dañino para la salud y el físico.

Los 25 alimentos más adictivos

1-Pizza.

2-Chocolate.

3-Patatas fritas de bolsa.

4-Galletas de chocolate.

5-Helado.

6-Patatas fritas.

7-Hamburguesas con queso.

8-Refrescos con azúcar.

9-Pasteles.

10-Queso.

11-Beicon.

12-Pollo frito.

13-Bollería.

14-Palomitas con mantequilla.

15-Cereales.

16-Golosinas.

17-Carne.

18-Magdalenas.

19-Frutos secos.

20-Huevos.

21-Pechuga de pollo.

22-Pretzels.

23-Crackers.

24-Agua.

25-Barritas energéticas.

Fuentes: ABC / Telemadrid (Aquí Madrid)

¿Hay que obligar a comer a los niños?

  • No es necesario forzar a los pequeños para que dejen el plato reluciente
    Verne El País, por Natalia Marín Cantero

1441901302_115340_1442212216_noticia_normalNadie en su sano juicio volvería a un restaurante en el que el camarero le obligase a comer todo lo que ha pedido, ni a quedarse pegado en la silla hasta acabar, ni escogiera los alimentos, la cantidad e incluso la velocidad a la que el comensal tiene que acabar el plato. Y, sin embargo, para muchos niños, quizás la mayoría, este es el pan de cada día (literalmente) tanto en casa como en el comedor escolar.

En su libro Mi niño no me come, una biblia para padres desesperados, el pediatra Carlos González incluye a modo de epílogo un cuento titulado La carga de la brigada nutricional que sucede en un país imaginario donde una “policía nutricional” obliga a los comensales a acabarse sus raciones, por las buenas o por las malas. El mensaje del libro, según resume el propio González, es este: “No obligue a comer a su hijo. No le obligue jamás, por ningún método, bajo ninguna circunstancia, por ningún motivo”.

Para aquellos que hayan vivido la tortura de los comedores escolares (con sus ingeniosos métodos para librarse de alimentos, como envolver el filete en la servilleta o incrustar el huevo frito bajo la silla) o la presión de un hogar en el que se sirve para la cena el pescado que se rechazó en la comida, las palabras de González suenan a música celestial. Pero ¿son realistas? O, dicho de otra manera, ¿por qué tantas víctimas de estos atropellos se empeñan en que sus propios retoños, cuando los tienen, dejen el plato niquelado? El 85% de los padres obliga a comer a sus hijos cuando ya han saciado su apetito, de acuerdo con el estudio realizado en la Universidad de California y titulado Sólo tres bocados más.

La respuesta parece estar en la pertenencia en masa al “Club del plato limpio”. Sus socios tienen más riesgo de padecer obesidad años después, como prueban estudios como Consecuencias de pertenecer al club del plato limpio, de la Universidad Cornell de Ithaca. Instar al niño a que coma sólo tres bocados más es contraproducente, recuerda Julio Basulto, nutricionista y autor de Se me hace bola. Basulto, que considera “vejatorio, innecesario y contraproducente” obligar a comer al niño o castigarlo por no comer, recuerda que numerosos estudios, como este otro publicado en la revista Appetite, prueban que insistir al niño para que coma verduras simplemente no funciona. “No sabemos por qué. La teoría que más me convence es que prohibir es despertar el deseo. Dar buen ejemplo sí se traduce en que el niño coma más saludable”.

Además de dar ejemplo, hay que evitar colocar en la mesa alimentos no saludables. “En algunas casas a la hora de la comida no se bebe agua, sino Coca-Cola. No hay pan integral, sólo blanco. Ni cereales integrales. Hay derivados cárnicos a mansalva. A media tarde toman un postre lácteo en lugar de fruta”, señala Basulto a Verne. “No soy muy partidario de hablar de qué es una dieta sana; prefiero explicar que las cosas que no son comida no deberían estar frecuentemente en su mesa”.

Cuando uno de cada tres niños padece sobrepeso u obesidad, merece la pena replantearse el método tradicional de alimentar a los pequeños, que viene a consistir en que coma, tanto si tiene hambre como si no. Partimos de la base de que todos los animales de este mundo comen lo que necesitan, y de que cada uno elige, además, la dieta adecuada para su especie. Como escribe González, no se encuentra uno, paseando por el campo, bichos muertos porque nadie les dijo que tenían que comer.

Podemos comenzar por cuestiones como estas:

¿Cuánto hay que llenarle el plato al niño?

“No hay una noción”, dice Basulto, padre de tres hijas. “Si deja algo, es que le has puesto mucho y al día siguiente lo reduces. Lo que se ha dejado se lo retiras y tan amigos. Los cálculos que se hacen sobre cuántas calorías necesita comer un niño tienen una desviación estándar muy grande. Tu hija puede necesitar la mitad de calorías que otra niña de su edad de su mismo sexo, talla y peso. ¿Quién sabe cuántas calorías necesita tu hija? Tu hija, nadie más”.

El pediatra Jesús Garrido cree, por su parte, que en España hay dos problemas con las cantidades de comida que se ofrecen. El primero es que las abuelas son de la época de la postguerra, donde el hambre en muchas familias fue una realidad, y es difícil convencerlas de que un niño puede estar sano sin estar gordo. La segunda es que en la cultura mediterránea toda actividad social gira en torno a la comida y nuestra dieta está muy condicionada por la forma en la que compartimos la comida a escala social. “En verano es raro quien no engorde en un país en el que se puede comer y cenar en la calle consumiendo comida como parte del ocio”, señala.

¿Qué pasa cuando el niño está en un percentil bajo?

Garrido cree que las tablas de peso, longitud y perímetro craneal son una herramienta útil, pero también peligrosa. “Si no se usan y sobre todo si no se explican adecuadamente son uno de los desencadenantes de problemas con la comida más frecuentes”, señala. “Hay que entender que estas tablas se hacen usando datos sólo de niños sanos. Y que un percentil 3 por ejemplo, que para muchos es un criterio de peso bajo en sí mismo, sólo significa que el 3 por ciento de los niños sanos de esa edad están por debajo de esa cifra”.

El problema está en que se interpreta como una escala de aprobado o suspenso, dice Garrido. “Cuanto más alto está en peso y talla mejor lo interpretan los padres. Y estar por debajo de la media es visto como un suspenso. Cuando los niños que hay por encima y por debajo están igualmente sanos. Si esto no se explica bien, enterarse de que su hijo está por debajo de la media es para muchos razón para forzar al niño a comer más. Cuando el niño estaba sano y no lo necesitaba, al hacer esto aseguramos que aparezcan problemas de relación con la comida”.

¿Cuáles son las consecuencias de utilizar la comida como herramienta para inculcar obediencia?

«Si mezclas mente, estómago y corazón, complicación», resume el pediatra Garrido. “Si no queremos que nuestro hijo use la comida como pieza de cambio y se focalicen en la comida otros problemas, no debemos dar a la alimentación más importancia de la que tiene ni una función diferente”, sostiene. “Los únicos objetivos que deberíamos plantearnos con la comida son que el niño tenga una dieta variada porque se la ofrezcamos; que sea él y sus mecanismos de regulación quienes decidan las cantidades y los horarios mientras no haya un problema claro.

Basulto, por su parte, cree que estos comportamientos se asocian con más riesgos de obesidad, trastornos alimentarios, y obsesiones que nos acompañan a lo largo de la vida. “Si el helado era una recompensa cuando eras pequeño, quizás de mayor, cada vez que tengas un conflicto emocional necesites comer helados”.

“El problema más habitual de un niño pequeño con la comida”, escribe González, “es el intento de los adultos de intentar obligarle a comer. Es un grave problema que produce sufrimiento, angustia, humillación, vómitos e incluso, si se tiene éxito, obesidad. El motivo suele ser la visión distorsionada de los adultos sobre cuál es la cantidad normal de comida que necesita un niño, y la falta de respeto hacia el niño como ser humano”.

¿Qué hacer cuando el niño rechaza la verdura?

niño no comeLo primero es retirar los alimentos no saludables. Con un magnum de chocolate, dice Basulto, un niño puede haber cubierto buena parte de las necesidades calóricas del día. “Luego no tiene hambre, y así no va a comer verdura o fruta, mucho menos apetitosas”. Lo segundo es dar ejemplo. Y en tercer lugar, no hacer nada; no felicitar ni castigar, ningún intento de modificar su comportamiento: se sabe, como señalamos antes, que premiar es contraproducente. “Pero tenemos que haber dado los dos primeros pasos. Decirle al niño algo así como ´Qué bueno está este brócoli. Fíjate que cardioprotector y antioxidante´ no es más que una manipulación”, dice Basulto.

Y un recordatorio importante: a los niños españoles no les faltan vitaminas y minerales. Les sobran calorías, grasas y azúcares. No es cuestión de añadir nutrientes, es cuestión de retirar calorías vacías de su alimentación. “Tenemos que tener una relación más normal con la comida”, resume Basulto. “Tan normal como respirar o pestañear”. A nadie se le obliga a eso.

Comer en movimiento podría favorecer el sobrepeso

Según los resultados de una investigación llevada a cabo en el Reino Unido, comer en movimiento podría favorecer el sobrepeso, la razón es simple, caminar, igual que ver la tele, son formas de distracción potentes que alteran la percepción de lo que se come y aumenta la cantidad total que se ingiere.
Gastronomía y Cía
comer_caminarUna investigación realizada por expertos de la Universidad de Surrey (Reino Unido) concluye que comer en movimiento podría favorecer el sobrepeso ya que propicia el despiste y el aumento de la ingesta de alimentos. Según los investigadores, comer sobre la marcha, como por ejemplo caminando, es una forma de distracción mucho más potente que comer viendo la tele o manteniendo una conversación.

Se baraja la posibilidad de que la acción de caminar pudiera interrumpir la capacidad de procesar el impacto que tiene la comida que se ingiere en el hambre que se tiene, o bien que el ejercicio que se está realizando al caminar pueda ser una justificación para comer más, sea para la reposición de energía o como una recompensa. Los expertos explican que cuando no nos concentramos en los alimentos que tomamos y cómo los comemos, caemos en una especie de trampa en la que comemos sin control y no somos capaces de reconocer la cantidad de comida que hemos consumido.

En la investigación se analizó a un grupo de 60 mujeres que fueron divididas en tres grupos, a todas ellas se les proporcionó una barrita de cereales que deberían comer en tres situaciones diferentes. A un primer grupo de mujeres se les pidió comer la barrita mientras veían durante 5 minutos una serie televisiva, al segundo grupo se le pidió comer la barrita de cereales mientras caminaban por un pasillo y al tercer grupo que se la comieran sentadas conversando con un amigo.

Tras concluir el experimento, se pidió a las participantes que rellenaran un cuestionario y que realizaran una prueba de sabor, en esta última prueba se les invitaba a comer diferentes aperitivos, chocolate, uvas, palitos de zanahoria y patatas fritas, los investigadores procedieron a analizar lo que comieron las participantes. Los resultados mostraron que aquellas participantes que se comieron la barrita de cereales mientras caminaban comieron muchos más aperitivos que el resto de participantes durante la prueba de sabor, destacando la preferencia por el chocolate, siendo la cantidad de este alimento hasta cinco veces mayor que la que consumieron los otros dos grupos del estudio.

La principal responsable del estudio, la profesora Jane Ogden, explica que caminar y comer al mismo tiempo puede favorecer el sobrepeso, pero también cualquier otra forma de distracción, como comer mientras se trabaja delante del ordenador o se recoge la casa. Hacer otras tareas mientras se come también puede provocar comer en exceso sin darse cuenta, y evidentemente, un exceso de alimentos puede conducir al aumento de peso y por tanto a sufrir sobrepeso.

La experta explica que esto no ocurre si nos concentramos totalmente en la comida, ya que somos más conscientes de lo que ingerimos y la respuesta al hambre que sentimos no se distorsiona. Por tanto, como siempre nos han enseñado, lo mejor a la hora de comer o tomar un tentempié, es sentarse y disfrutar del comer sin elementos de distracción. De todos modos sería interesante poder corroborar la asociación entre comer en movimiento y el riesgo de sufrir sobrepeso, quizá el hecho de haber realizado algún tipo de ejercicio físico mientras se comía provoca que el organismo demande más alimento para reponer la energía.

La investigación que hemos conocido a través de este artículo de la Universidad de Surrey, ha sido publicada en la revista científica Journal of Health Psychology.

Foto | Jessie Jacobson

La Dieta de los Días Alternos en TVE1

Rubén Bravo, experto universitario en nutrición y gastronomía, y autor de la Dieta de los Días Alternos, avalada por el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) explica en Televisión Española cómo podemos perder peso de forma saludable preservando la salud a largo plazo.

De cara al verano y sólamente durante el mes de Septiembre, se podrá obtener de forma gratuita la versión abreviada de la dieta, llamada Plan Postvacacional, que permite perder entre 4 y 6 kilos en un mes.
A partir de este enlace: http://dietadiasalternos.es/dieta-post-vacacional/

 

Coca-Cola, acusada de financiar a científicos con un discurso sesgado sobre la obesidad

El Mundo, por Cristina G. Lucio

Coca Cola y la obesidadLa polémica está servida para Coca-Cola desde la publicación, el pasado domingo en The New York Times, de un artículo en el que se señala que la compañía ha financiado y apoyado logísticamente a investigadores que sostienen que es principalmente la falta de ejercicio -y no una mala alimentación- la causante de la epidemia de obesidad que vive el planeta.

La productora de refrescos ha donado, según el diario norteamericano, unos 1,5 millones de dólares (1,36 millones de euros) a la recién creada organización sin ánimo de lucro Global Energy Balance Network y, desde 2008, otros cuatro millones (3,6 millones de euros) a los proyectos de dos de sus miembros fundadores -Steven N. Blair y Gregory Hand-; cuyos mensajes dirigidos a la opinión pública y a la comunidad médica ‘exculpan’ en gran medida a la dieta de estar detrás de los problemas de sobrepeso.

«La mayor parte del foco en los medios y la prensa científica es ‘oh, se come demasiado; se come demasiado’, culpando a la comida rápida y a las bebidas azucaradas. Pero realmente no hay una evidencia convincente de que eso sea así», ha señalado Blair recientemente en un vídeo presentando la organización.

Sin embargo, ese mensaje está sesgado y obvia los resultados de investigaciones que han demostrado que la actividad física tiene un impacto mucho menos importante que la dieta en la ganancia de peso, tal y como señalan varios expertos en Nutrición y Salud Pública.

«La agenda de Coca-Cola es muy clara: Consigue que esos investigadores confundan la ciencia y desvíen la atención sobre la ingesta calórica», ha señalado a ‘The New York Times Marion Nestle, profesora de Nutrición de la Universidad de Nueva York.

Por su parte, Barry M. Popking, de la Universidad de Carolina del Norte, ha comentado que estas tácticas recuerdan a las empleadas por la industria tabaquera, que reclutaban a expertos para que se convirtieran en «vendedores de dudas» sobre los riesgos para la salud del tabaquismo.

Desde España, el dietista-nutricionista Aitor Sánchez coincide en criticar las estrategias de la industria alimentaria y de bebidas para conseguir que los mensajes de salud pública sean favorables a sus intereses.

«No es una novedad. Uno de los argumentos que pretenden hacer que cale es el del balance energético, lo que implica poner al mismo nivel cualquier tipo de calorías. Pero lo cierto es que no es lo mismo tomar determinadas calorías a través de un refresco azucarado, que no tiene ningún interés nutricional y que provoca una absorción rapidísima del azúcar, que hacerlo comiendo garbanzos», señala.

«Está demostrado que el sedentarismo por sí mismo no explica la epidemia de obesidad», continúa el también autor del blog Mi dieta cojea. «La mala dieta es lo que está detrás. No hay obesos que coman poco», subraya.

Sánchez recuerda que el caso de Coca-Cola no es aislado ni se limita a Estados Unidos. «El mayor patrocinador de muchos organismos y entidades de Nutrición en todo el mundo es la industria. Es quien financia a sociedades científicas, quien paga sus congresos, quien patrocina sus investigaciones», apunta. Y eso, añade, tiene repercusión en los mensajes que llegan a la población y en los resultados de las investigaciones.

En este sentido, una investigación realizada por científicos de la Universidad de Navarra y publicada en ‘PLoS Medicine’ en enero de 2014 señaló que las conclusiones de los trabajos que analizaban la relación entre consumo de refrescos y aumento de peso eran muy diferentes en función de si se habían financiado o no por compañías del sector.

«Hemos visto que es cinco veces más probable que las revisiones sistemáticas donde los autores reconocen la existencia de un potencial conflicto de interés económico determinen que la relación entre el consumo de refrescos y la ganancia de peso es inconcluyente», indicó a EL MUNDO Maira Bes, profesora del Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra y principal firmante de la investigación.

Hace algo más de un año, la asociación Dietética sin Patrocinadores, a cuyo nacimiento contribuyó Sánchez, comenzó a denunciar los estrechos lazos que unen a la industria de la alimentación con las sociedades científicas y a abogar por «la divulgación libre e independiente» de la información nutricional.

El problema de la transmisión de mensajes sesgados y confusos sobre alimentación no tiene visos de pronta solución, concluye Sánchez, porque la financiación pública de los ensayos cada vez se reduce más en favor de la privada, lo que abre la puerta a los conflictos de interés.

En un comunicado, The Coca-Cola Company señala que la empresa «tiene una larga historia de apoyo a la investigación basada en la evidencia sobre nuestras bebidas, los ingredientes que usamos e importantes temas como el balance de energía».»Como parte de ese compromiso», continúa el texto, «hacemos equipo con algunos de los principales expertos en los campos de la Nutrición y la Actividad Física. Hacemos un gran esfuerzo para asegurarnos de que proporcionamos apoyo de una manera apropiada y de acuerdo a los estándares fijados por las universidades y las organizaciones con las que trabajamos. Para nosotros es importante que los investigadores con los que trabajamos compartan sus propios puntos de vista y hallazgos científicos, independientemente del resultados, y sean transparentes y abiertos sobre nuestra financiación».

Explican como la obesidad promueve el cáncer de mama

C. BICKELL/ STM
C. BICKELL/ STM

Al aumentar la rigidez de los tejidos de la grasa mamaria, las células tumorales crecen con mayor facilidad. Los expertos aconsejan dietas para perder peso en las pacientes

ABC

La obesidad favorece el cáncer de mama al aumentar la rigidez de los tejidos de grasa mamaria, lo que crea un microambiente que promueve el crecimiento del tumor. Lo acaba de demostrar una investigación que se publica en «Science Translational Medicine» y que sirve para esclarecer un poco más la compleja relación que existe entre la obesidad y el cáncer de mama. Además, esta nueva información puede tener implicaciones importantes para las técnicas quirúrgicas de reconstrucción mamaria que emplean tejido adiposo o grasa.

Se sabe desde hace tiempo que la obesidad es un importante factor de riesgo para el cáncer de mama, especialmente en las mujeres posmenopáusicas. En comparación con las pacientes de peso normal, las personas obesas tienden a tener tumores más avanzados y agresivos de mama. Y aunque se han propuesto muchos factores, incluyendo cambios en los niveles hormonales y la inflamación, la verdad es que a día de hoy se desconoce cómo la obesidad conduce a un cáncer de mama.

Lo que ahora ha hecho un equipo de la Universidad Cornell-Ithaca y del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, coordinado por Bo Ri Seo, ha sido analizar el tejido adiposo mamario de pacientes y ratones. Así, han visto que la obesidad puede desencadenar cambios estructurales en la matriz extracelular, el andamio de colágeno y otras proteínas fibrosas que rellenan el espacio entre las células y el tejido y son responsables de proporcionar apoyo estructural.

Miofibroblastos

Los investigadores han visto que la grasa mamaria de ratones genéticamente obesos y obesos después de una dieta alta en grasa contienen un mayor número de células llamadas miofibroblastos, que hacen que la matriz extracelular sea más densa y rígida. Cuando analizaron esta situación en el tejido mamario de pacientes con cáncer de mama obesos, los científicos observaron que sus fibras de colágeno eran más gruesas y más rígidas que las de pacientes más delgadas. Dicha rigidez, explican, parecía desencadenar cambios mecánicos que se transformaban en señales química que estimulaban el crecimiento del tumor.

De hecho, aclara en su investigación, las células mamarias precancerosas desarrolladas en matrices extracelulares del tejido adiposo de pacientes obesas, en comparación con los del tejido magro, presentaban una mayor tendencia a progresar a tumores malignos.

La buena noticia es que este proceso puede ser reversible. Los investigadores pusieron a dieta a los ratones y así se redujo el número de miofibroblastos en el tejido mamario, lo que sugiere que, en humanos, adelgazar puede potencialmente revertir esta rigidez del tejido.

Los resultados vuelven a poner de relieve la importancia de fomentar un peso saludable en las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama pero también en la población general.

Sin embargo, como reconocen Lisa Arendt y Charlotte Kuperwasser, de la Universidad de Wisconsin–Madison y de la Escuela de Medicina de la Universidad de Tufts, aunque una de las principales recomendaciones para las mujeres obesas con diagnóstico de cáncer de mama es la pérdida de peso después del tratamiento, poco se sabe acerca cómo influye en el riesgo de cáncer de mama edad. Según estas investigadores, el estudio de Seo muestra los efectos de la pérdida de peso en una cohorte de ratones obesos, aunque algunos estudios reciente en mujeres posmenopáusica sugieren que, al menos a corto plazo, la pérdida de peso electiva no parece alterar el riesgo de cáncer de mama.

Biomarcadores

Las expertas también señalan que aunque existen varios estudios en curso para examinar los efectos de la pérdida de peso en las supervivientes de un cáncer de mama en su supervivencia a largo plazo, pocos trabajos examinan biomarcadores después de una intervención dietética a fin de comprender los efectos del cambio de estilo de vida en los mecanismos relacionados con el cáncer de mama. En su opinión, identificar cómo contribuye de pérdida de peso en el riesgo de cáncer de mama íntimamente es fundamental para un correcto asesoramiento de la paciente.

Las investigadores concluyen que debido a que no hay terapias específicamente dirigidas a pacientes con cáncer de mama obesas y aun así se recomienda la reducción de peso para las supervivientes de un cáncer de mama, se necesita más investigación para determinar si las intervenciones dietéticas o el ejercicio, o ambos, son formas eficaces en la mejora de los cambios en la matriz extracelular inducidos por la obesidad.

 

«La obesidad se ha convertido en una de las manifestaciones visibles de la pobreza»

«La comida es el pivote del día, un momento de encuentro. Si cambias el horario cambias los vínculos, las relaciones familiares y hasta el tipo de alimentos que comes»
Cecilia Díaz Méndez Directora del Grupo de Sociología de la Alimentación de la Universidad de Oviedo
El Comercio, por Laura Mayordomo

OVIEDO, 02-05-2013, FACULTAD DE ECONÓMICOS-CECILIA DÍAZ-ALIMENTACION. AUTOR JESUS DIAZ
OVIEDO, 02-05-2013, FACULTAD DE ECONÓMICOS-CECILIA DÍAZ-ALIMENTACION. AUTOR JESUS DIAZ

Desde su cargo como directora del Grupo de Sociología de la Alimentación de la Universidad, Cecilia Díaz (Parlero, Villayón, 1962) lleva años analizando los cambios alimentarios de la sociedad asturiana y española. Estos últimos, marcados por una crisis económica que no ha variado mucho los hábitos de alimentación pero sí los de consumo. Se buscan los comercios más baratos para hacer la compra y ganan peso las marcas blancas. Pero alimentarse es mucho más que eso. En Asturias, las comidas tienen «un componente de ritual».

Las industrias lácteas relacionan la caída en el consumo de leche en el último año con una «moda antileches».

¿Existe tal moda?
Me cuesta creerlo. No sé por qué se plantea en esos términos. Si ha habido cambios en los consumos de los lácteos han ido en la línea de sustituir unos productos por otros, no en la de eliminarlos.

¿Por ejemplo?
La preocupación por la salud lleva a la gente a consumir leches desnatadas o semidesnatadas, en lugar de las enteras. Es una tendencia que ya se dio en el resto de Europa. Las tendencias que hemos visto también revelan un mayor consumo de productos dulces lácteos, en los que se incluyen los yogures, probablemente por motivos de salud. Hay cada vez más una orientación hacia productos que se entiende que son saludables, que tienen alguna funcionalidad, como ayudar a combatir el colesterol. Los denominados ‘alicamentos’.

¿Comemos determinados alimentos porque están de moda?

No sé si se puede llamar moda a la preocupación por la salud, pero hay tendencias que se generalizan por ese motivo. Y no solo en los hogares de mayor renta. Lo peculiar es que la alimentación siempre se había visto como un hábito estable y por tanto ajeno a las modas. Ahora, en cambio, se están introduciendo en este campo, en el de los productos de alimentación elaborados, estrategias de marketing similares a las de otros productos.

¿Se mantiene el consumo de productos frescos?
Ahí tenemos una ventaja en comparación con otros países, porque aquí el comercio de proximidad existe, está a mano y ofrece buenos precios. Eso, que no sucede en todos los sitios, propicia que no haya una dificultad añadida en la compra. Si tienes acceso a esos alimentos tienes más facilidad para llevar una dieta saludable.

Dicen los médicos que está comprobado que a menor peso, mayor supervivencia. ¿Ha calado ese mensaje en los asturianos?
Claro que cala, pero si seguimos las encuestas de salud vemos que son los grupos mejor situados los que logran tener un peso cercano a lo que los médicos consideran adecuado y que eso no ocurre con los más desfavorecidos. Eso pasa en Asturias y en el resto de España.

De tres platos a uno

¿El plato preparado le ha ganado la batalla al plato de cuchara de toda la vida?
Según las encuestas, aumenta el consumo de platos preparados y, al mismo tiempo, hay una reducción del consumo de legumbres. Pero hay cambios más grandes, como haber pasado de comer tres platos -sopa, garbanzos, con compango, y postre- a uno solo. También a hacer cenas más ligeras. Son cambios importantes, pero no tienen por qué ser peores. Es algo que se aprecia en unos grupos sociales más que en otros.

No me diga más. En los jóvenes.
Sí, en los jóvenes.

Y mientras, los concursos de cocina triunfan en televisión…
Probablemente es una moda pasajera que, cuando deje de tener esa visión mediática, perderá fuelle. Lo que demuestran este tipo de concursos es el creciente interés por la alimentación. Por sacarla de la cocina, cuando hace años era una cuestión doméstica y femenina.

Femenina, en su mayoría, sigue siendo, ¿no?
Sí, en torno al 77% de las personas que gestionan la alimentación en un hogar son mujeres. Lo que sí se aprecia también es que los que más se incorporan a la cocina son jóvenes con un nivel educativo alto.

¿Con un gusto culinario muy distinto al de sus padres?
Sí, la cocina cambia e incorpora cosas nuevas, se enriquece. Se produce una revisión de la cultura tradicional con la incorporación de productos y formas de alimentarse de otras culturas, como la asiática. Eso ha enriquecido mucho la dieta.

Porque lo que no ha cambiado es lo mucho que a los asturianos nos gusta comer.
Sí, el deleite, el placer ligado a la comida y no prescindir de la alimentación como una actividad social nos define. Mantenemos ese componente de ritual en las comidas. Por eso no nos gustan nada las comidas en solitario e incluso se altera la hora de comer para hacerlo en compañía, y así tenemos esos horarios tan caóticos. Un 25% de las personas que viven solas no comen solas. Los jóvenes van a casa de los padres y los mayores, a casa de sus hijos.

¿Veremos algún día a los españoles comiendo a las doce del mediodía, como en la mayor parte de Europa?
El tema de los horarios se ha debatido mucho y no ha calado. Puede parecernos muy racional el horario europeo, pero aquí no ha habido una respuesta contundente hacia el cambio. Eso indica que no es solo una cuestión de horario, sino que hay mucho en torno a eso. Y lo mucho que hay es por la comida. Es el pivote del día, un momento de encuentro. Si cambias el horario, cambias los vínculos y las relaciones familiares. Hasta el tipo de comida que comes.

¿Por qué cambiamos nuestros hábitos de alimentación?
Básicamente por cuestiones de salud y de dinero.

¿Qué productos se han dejado de consumir por culpa de la crisis?
Ha habido un trasvase hacia carnes más baratas. Se ha reducido el consumo de la de ternera y ha aumentado el de pollo. Sobre todo, en los hogares con menor renta. En éstos, las estadísticas oficiales revelan que se compra también menos pescado y fruta.

¿El cambio en el consumo de los hogares ha sido significativo?
No, la diferencia no es muy grande. Las estadísticas no ofrecen una imagen muy clara, porque el cambio es lento. No hemos reducido mucho nuestro gasto alimentario. Se restringe si hace falta, pero no se elimina lo fundamental. Las necesidades básicas, en este sentido, están cubiertas.

En la crisis, ¿se ha pasado hambre?
Las propias ONG han dicho que no. Y los pediatras. Cuando se hablaba de privación alimentaria se hablaba de escasez, de delgadez, sin embargo, en los países desarrollados se habla de malnutrición. No falta comida sino que se come mal y eso está dando lugar a más casos de obesidad. Está siendo una de las manifestaciones visibles de la pobreza. Todos los expertos dicen que hay que afrontar la obesidad, no la falta de alimentación.

Estigmatizados

El grupo que usted dirige analizó los casos de una treintena de familias, nuevas perceptoras de ayudas alimentarias de la Cruz Roja. ¿Qué conclusiones extrajeron?
No reveló un cambio importante en la dieta cotidiana, pero sí en la forma de organizar la alimentación. La gente cambia de comercio buscando el más barato y opta por marcas blancas, incluso compran distintos productos en distintos sitios en función del precio. Además de las ayudas de las instituciones, reciben ayudas de la familia o los vecinos. Y lo que hacen es gestionarlo conjuntamente para tratar de componer una dieta saludable.

Un estudio reciente reveló que, en familias con pocos recursos, los lácteos se reservaban a los niños.
Sí, nosotros también hemos constatado que, en las familias con hijos, éstos tienen prioridad. También, que siguen comprando productos que denoten una cierta normalidad, como chucherías, para que los niños no aprecien una situación de privación.

¿Estigmatiza ser perceptor de ayudas sociales?
Es algo que vimos en el estudio. La gente nos comentaba que intentaban ocultar que tenían un vale de alimentos dado por una ONG. Incluso estos vales se transformaron para evitar que se notase que era una ayuda. Eso ocurría sobre todo en pueblos pequeños. Las personas mayores solas que entrevistamos consideraban que recurrir al comedor social era lo último que les podía pasar. Hasta el punto de que ocultaban la situación a sus propios hijos. No hay que olvidar que se trata de nuevos usuarios de ayudas y que nunca antes se habían encontrado en una situación así. Asumirlo es duro.

Chips, el aperitivo más adictivo

Un nuevo libro explica por qué la patata chip engancha | El eslogan de Frito Lay reta al consumidor a «comer sólo una chip» | Según Harvard, la patata chip industrial es una de las comidas que más engorda | Cuanto más crujiente y ruidoso al comerse es la chip, más patatas se comen

La Vanguardia, por Andy Robinson
Patatas-chips_adictivasLos madrileños que tenían la costumbre de comer una ración de patatas fritas entre tres o cuatro personas con boquerones o mejillones y un vermut en los chiringuitos del parque del Retiro habrán visto que, tras las nuevas concesiones, la vieja patata frita procedente de las fábricas locales como La Zamorana de José Jiménez en Toledo, va siendo sustituida por la marca multinacional Frito Lay. Es la filial más lucrativa de la gigante Pepsico, cuyas patatas chips ya consolidan su implacable conquista del mercado global.

La llegada de Frito Lay al Retiro es simbólica porque la multinacional estadounidense no está demasiado interesada en el tradicional aperitivo madrileño, un precursor de un buen cocido o besugo, sino en rematar la conversión de España a la costumbre que ha transformado la cultura alimentaria estadounidense en los últimos 30 años: el snacking. «El snacking es comer en cualquier lugar y en cualquier momento, comer mecánicamente, sin pensar«, dijo Michael Moss, premio Pulitzer de The New York Times y autor de Salt, sugar fat (2013) una critica demoledora del papel de las grandes multinacionales de comida basura en la epidémica de obesidad que arrasa el mundo. «Ha sustituido las comidas en EE.UU. y las gigantes de la industria de alimentos procesados se mueven ya por el mundo para promocionar un modelo alimenticio tipo estadounidense», añade.

La clave del snacking para megaempresas como Pepsico que necesitan expandir sus ventas y beneficios constantemente bajo fuertes presiones de los inversores en Wall Street, es crear adicción. Betcha can’t eat just one, (apostamos a que que no puedes comer solo una) es el famoso eslogan publicitario de las chips de Frito Lay. Es esta cualidad adictiva -garantía de ventas en ascenso permanente- lo que interesa mucho a Wall Street. La presidenta de Pepsico, Indra Noovi, ha comentado en alguna ocasión que su buena voluntad de reducir la cantidad de azúcar y grasa en sus productos (tanto bebidas como chips) choca contra las presiones desde Wall Street. «Frito Lay no es un imperio del mal. Hay voluntad de hacer productos más salubres pero los mercados bursátiles quieren productos que seduzcan a los consumidores. Y estos son los que llevan grasa, sal, azúcar», dice Moss. Tras perder cuota de mercado a la Coca-Cola y ver estancarse su acción, Pepsico depende cada vez más de la venta de aperitivos, sobre todo patatas chips.

¿Cómo se hace una patata chip adictiva, según los requisitos de Wall Street? La respuesta se encuentra en el laboratorio de Frito Lay en Dallas (Texas), donde un centenar de científicos, psicólogos y expertos en marketing, dotados de un presupuesto de 30 millones de dólares anuales, desarrollan la fórmula más placentera de sal y grasa que combinan con el azúcar natural en el almidón de la patata. «He hablado con muchos de ellos. Son muy inteligentes y hacen muy bien su trabajo de crear productos irresistibles. No sólo quieren que nos guste su patata frita sino que queremos más y aún más».

Existe una jerga científica para cada sensación. El momento exquisito en el cual la saliva se mezcla con la sal de la patata es la explosión de saliva y la sensación de grasa deshaciéndose es el efecto boca. Aunque el almidón no es dulce, el subidón de glucosa provoca nuevos ataques de hambre casi enseguida. De ahí: Betcha can’t eat just one. Según experimentos neurálgicos, un subidón de glucosa enciende el encefalograma cerebral igual que un chute de cocaina. Es el efecto deseado por Wall Street.

En los laboratorios se va ampliando la gama de sabores adictivos: barbacoa mezquite, pepinillo deli, queso cheddar y nata, chili jalapeño. Se empieza también a cambiar la estructura química de al sal para crear un polvo muy fino absorbido rápidamente por la lengua. En el Reino Unido, donde Frito Lay controla la marca Walkers, los sabores que enganchan incluyen costillas barbacoa, filete y cebolla, y pavo relleno. Esto ayuda a que cada británico cada año consuma 150 paquetes de las llamadas ‘crisps’ al año. Luego está la textura. En los laboratorios de las corporaciones multinacionales como Frito Lay, la meta siempre es ser crunchy (crujiente) . «Se sabe que, cuanto más ruidoso es el sonido del crunch de una patata chip, más se comen», dice Moss.

Moss califica la patata chip -inventada en Saratoga Springs (estado de Nueva York) en 1853- como el «producto mas icónico» de la estrategia de la industria de alimentos iniciada hace 40 años de cargar su productos con azúcar, sal y grasa en busca de adicción masiva, beneficios en aumento constante y subidas bursátiles. La estrategia coincide con la explosión de la obesidad en EE.UU. hasta la situación actual en la que el 35,7% de los estadounidenses son obesos, lo cual ha provocado una epidemia de diabetes. «La patata chip es el producto que más engorda», dice.

Segun un estudio de la Universidad de Harvard, en el 2011 con la participación de 120.000 personas a lo largo de 20 años, la patata chip provocó mayor aumento de peso. Una ración de 15 patatas cada día se tradujo en un aumento de peso de 1,69 libras, mucho más que los dulces. En cuanto al otro ingrediente adictivo, la sal, hay unos 180 miligramos de sodio en una bolsa pequeña de patatas Frito Lay, por encima del máximo consumo de sodio diario recomendado.

Ahora que crece el miedo sobre el catastrófico coste de la epidemia de obesidad, los científicos en el laboratorio Dallas de Frito Lay se emplean a fondo para inventar fórmulas innovadores para un snacking más sano, sin renunciar a esos sabores y texturas explosivos y adictivos. Pero la teoría de Michael Moss es que «el problema es el snacking en sí», dice. «Debemos ejercer un control; comer en un lugar determinado y no terminar la bolsa». Una sugerencia: si va al Retiro, busque el viejo chiringuito (aún quedan) y comparta con sus amigos una ración de patatas artesanales con aceitunas o mejillones antes de ir a comer un cocido.

Calidad de vida a nuestro alcance

  • España ha sido un país agrícola, sin embargo en las últimas décadas el sector primario español ha sufrido una considerable transformación
  • El número de explotaciones agrarias censadas en el año 2009 se situó en 989.796, con una disminución del 23,2% respecto a las registradas en el anterior censo agrario
  • La agricultura ecológica, un modelo idóneo para promover un sistema agroalimentario más sostenible
  • Los malos hábitos alimenticios han dado lugar a que según el INE un 45% de los niños entre seis y nueve años sufra exceso de peso
  • En un período de 12 años, el mercado interior de productos ecológicos se ha multiplicado por casi cinco, situándose en 2012 en torno a los 998 millones de euros, con un crecimiento del 3,4% respecto al año anterior

Plataneras-Gran-Canaria_EDIIMA20140812_0266_13En ocasiones hemos escuchado o visto cómo agricultores y ganaderos deciden hacer huelga o manifestarse, debido a la bajada de sus productos. Personas que viven de su producción y comprueban como cada día se le aporta un valor menor. Algo que resulta terriblemente extraño cuando diariamente consumimos dichos productos. Lo que sí está claro es que tradicionalmente España ha sido un país agrícola, sin embargo en las últimas décadas, el sector primario español ha sufrido una considerable transformación. Entonces, ¿qué ha ocurrido? La llegada de la modernización económica en 1960, los avances tecnológicos y la entrada en 1986 de España a la Unión Europea han modificado el panorama agrícola del país.

El primario es un sector necesario, pero que ha ido perdiendo importancia en el conjunto económico. Una prueba de ello es que el número de explotaciones agrarias censadas en el año 2009 se situó en 989.796, con una disminución del 23,2% respecto a las registradas en el anterior censo agrario, que tuvo lugar en 1999, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). No obstante, estos datos no deben interpretarse como un declive de la actividad, ya que la agricultura española ha experimentado una modernización y mejorado su productividad, aunque menos que otros sectores productivos. De ahí que adquiera un menor peso proporcional.

Cambios en el sector agrícola

Las labores agrícolas se han enfrentado a la mecanización, así como en ocasiones a un uso de fertilizantes, fitosanitarios y numerosos avances donde cabe destacar loscultivos bajo plástico, el riego por goteo o la selección de semillas, entre otros. Por tanto, estamos ante un campo tecnificado que en ocasiones al tener un reducido tamaño obliga a la adquisición de un mayor número de maquinaria agrícola, que gran parte del año se encuentra sin utilizar. Así se produce una mejora para el rendimiento y la productividad de la actividad agraria, pero un visible aumento en los costes de explotación.

De forma paralela asistimos a un escenario donde la producción ha sido destinada prácticamente para la comercialización de un mercado que demanda cada vez más productos de calidad y la lucha del sector ante la reducción del empleo agrario, el envejecimiento de los propietarios de las explotaciones agrarias, el ingreso de los agricultores inferiores a los del resto de los sectores o el impacto ambiental. Esta situación y un mercado cada vez más competitivo han obligado a que cada región tienda a especializarse en determinados cultivos, así como nuevas técnicas de explotación.

Nuevo método y alimentación

Ante el abandono de la actividad agraria y el despoblamiento en las zonas rurales surge el desarrollo de la agricultura ecológica. Un modelo idóneo para promover un sistema agroalimentario más sostenible. Un tipo de agricultura que se convertirá en la alimentación del futuro, como así consideran especialistas en nutrición y salud. Los hábitos alimenticios de los españoles se han distanciado cada vez más de la dieta mediterránea. Según una encuesta nacional de salud del INE de marzo del 2013, en España de cada 100 adultos de 18 años en adelante, un total de 17 padecen de obesidad, mientras que 37 presentan sobrepeso.

La obesidad ha aumentado del 7,4% al 17,0% en los últimos 25 años. Cabe destacar que de cada 10 niños y adolescentes de 2 a 17 años, dos presentan sobrepeso y uno obesidad. Asimismo, en España el 41,3% de la población se declara sedentaria. Sin embargo, países cercanos como Italia o Francia cuentan con un 10% y 12,9% de obesidad respectivamente. Estamos ante un problema que se ha extendido a los menores, como así se ha afirmado desde el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). Actualmente, casi un 45% de los niños de entre seis y nueve años sufre exceso de peso, y más del 10% padece obesidad.

Mostrador-supermercado-lleno-verduras_EDIIMA20141203_0544_14Lo anteriormente mencionado tiene como principales motivos los malos hábitos alimenticios, la comida rápida y la falta de deporte, todo ello unido a una alimentación que en ocasiones se adapta a ritmos laborales estresantes. Junto a ello y según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la crisis económica también ha fomentado estos malos hábitos, ya que la falta de recursos ha provocado que   las familias gasten menos en comida sana como son las frutas y las verduras.

Por tanto, un elevado porcentaje de personas en los países de la OCDE tienen sobrepeso , esto da lugar a unas consecuencias sociales y económicas considerablemente graves, debido a que supone la exposición de un número creciente de ciudadanos con enfermedades crónicas como la diabetes, enfermedades del corazón o el cáncer.

La alimentación también se encuentra vinculada al uso de sustancias contaminantes tanto en el suelo, el aire, como el agua. La composición de los alimentos depende de las técnicas de cultivo empleadas, como puede ser el sistema de fertilización o el sistema de riego. Un claro ejemplo de ello es que un mal proceso de abonado dará lugar a que se altere la calidad del producto que posteriormente consumiremos. En ocasiones estos pueden contener residuos que suponen un riesgo para la salud al derivar en determinadas enfermedades. Estamos ante una transformación agroalimentaria, donde el mercado se ha convertido en global. Los productos que observamos frecuentemente bajo extensiones de plásticos esconden toda una historia desde que se cultivan hasta que llegan a nuestros platos.

Un modelo en auge

Una realidad es que en los últimos años el consumo de productos ecológicos ha aumentado de forma considerable. El principal motivo se debe a la preocupación de los consumidores por la salud, el medio ambiente y por saber qué componentes contiene o cómo ha sido tratado el producto que deciden adquirir. Es una agricultura que ha ido adquiriendo cada vez más terreno, pues las técnicas empleadas, junto a su vinculación con el mercado local y un consumo fresco y de temporada han sido factores idóneos para su promoción. Otro aspecto que refleja que se trata de un negocio en pleno desarrollo es que las grandes superficies e hipermercados han introducido y ampliado las secciones destinadas a la venta de productos ecológicos, tanto a nivel de alimentos, como cosmética o artículos de limpieza.

Los productos ecológicos no contienen sustancias contaminantes como pueden ser los fitosanitarios y muchos de los aditivos empleados para la preparación, manipulación y conservación de los alimentos. También diversos estudios han reflejado sus cualidades nutricionales. Por un lado, estamos ante medios de comunicación que informan sobre la contaminación ambiental y por otro, el acceso a numerosas fuentes que permiten contrastar los datos debido a las nuevas tecnologías. Esto ha provocado un nuevo tipo de consumidor bien informado con unas preferencias muy claras.

Hace unos años una gran parte de estos productos ecológicos provenían de Europa y llegaban a España a través de un pequeño grupo de distribuidores que no contaban con una red dedicada a establecimientos especializados como herbolarios o tiendas ecológicas. En cambio, en la actualidad ha aumentado el número de empresas productoras y distribuidores que ofrecen artículos a más de 3.000 tiendas dedicadas a ello, además de la numerosa cantidad de espacios online que también ofertas productos ecológicos.

Con respecto a Canarias, según el último estudio realizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en el año 2013 revela que el total de productores dedicados a la agricultura y ganadería ecológica en la Comunidad es de 884 frente a las 847 del año anterior. En España la superficie ecológica inscrita ha pasado en el año 2000 de contar con 380,92 ha a 1.756,55 en el 2012 según el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. En un período de 12 años, el mercado interior de productos ecológicos se ha multiplicado por casi cinco, situándose en 2012 en torno a los 998 millones de euros, con un crecimiento del 3,4% respecto al año anterior.

Agricultura ecológica y sostenibilidad

La agricultura ecológica es una de las pocas actividades productivas que no contaminan, ni degradan el medio, debido a que emplea prácticas de conservación y mejoramiento de la fertilidad del suelo, así como la protección de los recursos naturales. Por tanto, esto se traduce en una técnica de producción compatible con las actuales políticas de desarrollo sostenible. Este incremento que ha experimentado en España, se debe en parte a la crisis en la que se encuentra el sector agrario, principalmente en los agroecosistemas del interior peninsular, pues presentan dificultades para hacer frente a la producción intensiva y los numerosos capítulos que informan sobre las dosis de residuos superiores a los permitidos que pueden llegar a tener los alimentos. Así es que estamos ante una opción rentable para los agricultores y nuevas oportunidades de mercado, unido todo ello a las subvenciones que conlleva.

Con esta técnica se produce una reducción del coste energético medioambiental, frente a la agricultura tradicional que cuenta con una continúa disminución en cuanto a la energía obtenida y utilizada en su producción. Además, la agricultura orgánica ayuda a la rotación de cultivos al aplicarse según diagramas fijados y ya estudiados para mantener la calidad del suelo y de los alimentos. Una técnica que no favorece la aparición de plagas, ni disminuye los nutrientes naturales del suelo.

Al tratarse de alimentos orgánicos es necesario cumplir con una serie de reglamentos y normas que así lo certifiquen. Estos se producen a partir de diversas reglas que especifican la producción, el procesamiento y la comercialización con el fin de obtener los correspondientes certificados necesarios para la exportación y venta. Estos alimentos son rápidamente identificados, pues la Unión Europea por su parte dispone del llamado logo ecológico  obligatorio para todos los productos y donde también se especifica el lugar de producción. En este sentido, cabe destacar que el mencionado logo sólo es válido cuando el 95 % de las sustancias aplicadas en la producción se ajustan a los mecanismos de la agricultura ecológica.

Es un modelo en auge, donde en algunas comunidades ha llegado a las aulas de centros escolares. Bajo el nombre ‘La Agricultura Ecológica una alternativa sostenible’ pretende llegar al alumnado de tercer ciclo de primaria y secundaria con la finalidad de que analicen el actual modelo de agricultura, sus causas y consecuencias, así como repercusiones en el entorno. Todo ello con la intención de lograr ente los más jóvenes, una reflexión, una concienciación y forma de actuar comprometida.