¿Cuánto azúcar consumimos a diario sin darnos cuenta?

CuidatePlus Marca, por María Sánchez-Monge

El azúcar es, según el diccionario de la RAE, una “sustancia cristalina perteneciente al grupo químico de los hidratos de carbono, de sabor dulce y de color blanco en estado puro, soluble en el agua, que se obtiene de la caña dulce, de la remolacha y de otros vegetales”. No se considera imprescindible en nuestra dieta porque nos aporta calorías vacías, es decir, nos da energía pero sin nutrientes.

Por supuesto, nuestro organismo necesita energía. Daniel Ursúa, dietista-nutricionista y autor del blog Nutrihabits, cree que es “muy importante entender que el cuerpo no necesita azúcar; necesita glucosa y este hidrato de carbono se puede obtener de multitud de fuentes distintas, como frutas y verduras”.

En esta línea, Ramón de Cangas, dietista-nutricionista y doctor en Biología Molecular y Funcional, explica que el exceso y abuso de ingesta de azúcares libres (sacarosa o azúcar de mesa y otros como glucosa o fructosa) se relaciona con un mayor riesgo de obesidad y enfermedad cardiovascular y metabólica.

Por eso, las recomendaciones de ingesta máxima diaria de azúcar libre son muy estrictas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que no supere el 10 por ciento de las calorías totales diarias, pero el objetivo deseable es que esté por debajo del 5 por ciento. “Esto equivale a unos 25 gramos de azúcar libre al día”, afirma Cecilia Lorca, dietista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

No es difícil sobrepasar esa ingesta diaria; “con consumir una sola lata de refresco ya estamos ingiriendo entre 35 y 45 gramos de azúcar”.

Según el estudio Anibes, realizado en 2013, la ingesta media de azúcar total en España fue de 76,3 gramos al día, de los cuales casi 33,9 gramos al día fueron de los denominados azúcares libres o añadidos, lo cual representa un 7,3 por ciento de la ingesta energética total. Este porcentaje ascendía al 10 por ciento en los niños y adolescentes, muy por encima del 5 por ciento fijado como objetivo por la OMS.

El azúcar que se oculta en los ultraprocesados

¿Cómo podemos averiguar la cantidad de azúcar añadido que estamos incluyendo en nuestra dieta cada día? Lorca considera que es una tarea sencilla “si no consumimos alimentos procesados que contengan azúcar oculto, ya que únicamente tendríamos que medir en cucharaditas de café, de forma que, si consumimos más de 6 al día, estaríamos sobrepasando el límite”.

De Cangas coincide en señalar que la mejor forma de reducir a la mínima expresión el consumo de azúcar se refleja en esta frase: “más mercado y menos supermercado”. O, lo que es lo mismo: más materia prima (frutas, verduras, legumbres, pescado…) y menos ultraprocesados, bebidas y salsas azucaradas.

Pero, puesto que en algún momento consumimos procesados y ultraprocesados, conviene, según Ursúa, que nos “paremos a leer las etiquetas y la cantidad de azúcar añadido presente en este tipo de alimentos”.

El etiquetado puede depararnos alguna que otra sorpresa. Estefanía Ramo, nutricionista del IMEO, cita algunos ejemplos de productos que albergan un exceso de azúcar:

  • Cacao soluble: 2 cucharadas aportan aproximadamente 15 g de azúcar.
  • Cereales de desayuno: algunos pueden llegar a aportar 50 g de azúcar / 100 g producto.
  • Galletas y bollería: aportan > 20 g de azúcar / 100 g producto.
  • Refrescos azucarados y bebidas energéticas: aportan aproximadamente 40 g de azúcar / 100 ml.
  • Chocolate blanco, con leche y chocolatinas: (hasta 60 g de azúcar / 100 g de producto).
  • Mermeladas: hasta 50 g de azúcar / 100 g de producto.
  • Postres lácteos: aproximadamente 23 g de azúcar / 100 g de producto.
  • Tomate frito y salsas: entre 7g y 22 g de azúcar / 100 g producto.
  • Golosinas, chucherías y caramelos: 56 g azúcar / 100 g producto.

¿Cuál de los anteriores productos no suele considerarse rico en azúcar? Responde la nutricionista: “La mayoría de la población pasa por alto el tomate frito y las salsas comerciales comerciales (kétchup, mostaza, salsa barbacoa, etc.), en las cuáles  la industria alimentaria añade azúcar para asegurar un sabor agradable y evitar cierta acidez.

Ursúa señala que, a estas alturas, la mayor parte de la población entiende que la bollería y los refrescos son ricos en azúcar libre, pero hay otros productos, como las galletas, “que también son ricas en azúcar pero, dado que culturalmente se han consumido en el desayuno y se han considerado un producto saludable, muchas personas no consideran que sean productos que deban evitarse”.

Algo parecido sucede con la miel, a la que, al ser un producto natural, se le atribuyen muchos beneficios y suele pensarse que el exceso de azúcar que contiene “es saludable o que no tendría por qué evitarse”. Pero lo cierto es que, aunque contiene muchos más nutrientes que el azúcar refinado, “la cantidad que aporta de dichos nutrientes no justifica el alto consumo de azúcar que supone”.

¿Los edulcorantes son una buena alternativa?

Los edulcorante acalóricos o bajos en kilocalorías, utilizados en sustitución de los azúcares añadidos, pueden conducir a una ingesta menor de energía y por tanto ayudar a alcanzar y a mantener un peso saludable”, recalca De Cangas, quien asegura que esta declaración la suscriben distintos organismos científicos.

Pero, dejando aparte su empleo para mejorar la adherencia a las dietas, sobre todo de pérdida de peso, hay que considerar otra cuestión que apunta Lorca: “Estas sustancias tienen un sabor mucho más dulce que el azúcar, lo cual supone la ventaja de usar poca cantidad. Sin embargo, el problema en este caso no son las calorías ni la cantidad, sino la dependencia de ese sabor dulce”. Los edulcorantes pueden contribuir a mantener muy alto el umbral de dulzor, “lo cual aumenta nuestras ganas de consumir otros alimentos dulces con mayor frecuencia, como chocolates o bollería industrial”.

En opinión de Ursúa, “la mejor opción es ir reduciendo las cantidades de azúcar que tomamos, aprender a apreciar el sabor real de los alimentos y, una vez que hemos llegado a un consumo aceptable de azúcar, no torturarnos por, de manera esporádica, consumir un refresco o un postre que nos apetezca”.

¿Podemos consumir más azúcar si es moreno?

El azúcar moreno o integral es aquel que no se refina, aportando así nutrientes como vitamina B, calcio, magnesio, sodio y potasio. Por este motivo, se suele considerar más saludable. Sin embargo, “estas diferencias no son significativas y su valor nutricional es, a efectos prácticos, el mismo que el del blanco”, argumenta De Cangas.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que algunos productos que se comercializan como azúcar moreno simplemente están formados por azúcar blanco que se trata con melaza para darle esa tonalidad marrón.

En definitiva, la cantidad máxima diaria recomendada de azúcar moreno es la misma que la que se aplica al azúcar blanco.

¿Los niños de hoy almuerzan mejor que los de antes?

El interés creciente por la alimentación saludable de los menores no se refleja en las actuales tasas de sobrepeso y obesidad infantil

Consumer, por Miguel Ángel Bargueño

Desayunar, vestirse, preparar la mochila e introducir en ella un snack para consumir en el recreo. La escena se viene repitiendo desde siempre, aunque con ingredientes distintos: como reflejo de un interés cada vez mayor de la sociedad por la alimentación saludable, el picoteo de media mañana ha cambiado en los últimos años. Sin embargo, los niños de hoy no están tan sanos como esa concienciación por el bienestar podría sugerir. Según el Estudio Nutricional y de Hábitos Alimentarios de la Población Española (ENPE), impulsado en 2015 por la Fundación EROSKI, la tasa de obesidad de los menores de 6 a 9 años se incrementó en un 22,8 % desde 2000. El dato nos pone a la cabeza de Europa, solo por detrás de Chipre. ¿Qué hacer? A continuación veremos qué tomaban en el recreo los niños antes y qué comen ahora. Además, daremos algunos consejos de almuerzos de la mano de expertos.

Aperitivos y almuerzos de ayer y hoy

Los aperitivos de antes eran, en general, menos procesados. Andrea Marqués, nutricionista y experta en Dietética y Gastronomía, lo explica así: «Algunos productos no tenían tantos aditivos ni conservantes. Esto se puede ver en los panes congelados que se comercializan en la actualidad. Por otra parte, los bocadillos podían incluir rellenos menos saludables, como embutidos, aunque unos eran más sanos que otros, como el jamón».

En la actualidad, hay padres muy comprometidos con garantizar una adecuada alimentación para sus hijos, pero otros no lo están tanto o no disponen de suficiente información. Hoy en día existen muchas opciones, y progenitores preocupados que le dan a su hijo una pieza de fruta, frutos secos en un táper pequeño o medio sándwich integral con un poco de jamón. Pero luego está el polo opuesto: quienes recurren a los ultraprocesados. «Esta es la lucha que tenemos los nutricionistas. Padres que les dan a los niños paquetitos de galletas con mucho azúcar, bollería industrial con grasas saturadas y zumos con azúcar añadido», describe la experta.

En décadas pasadas se daba prioridad a la comida casera. «Hoy, aunque los productos ultraprocesados están sometidos al marco de la seguridad alimentaria, incorporan una serie de compuestos químicos que, a veces, si se consumen en exceso, pueden actuar como inductores endocrinos o alterar el metabolismo; si se acumulan, pueden ser perjudiciales para el organismo. Deberíamos evitar los ultraprocesados siempre que podamos», aconseja Marqués.

La importancia de picar algo (sano)

La comida del recreo supone, como mínimo, el 10 % del aporte calórico diario. Por más que en los últimos años se esté cuestionando la ideoneidad de hacer cinco comidas al día, que los menores piquen algo a media mañana es mejor que si no lo hacen. «En jornadas que pueden empezar a las ocho o nueve de la mañana y se prolongan hasta la hora de comer, sí es necesario, sobre todo en niños que desayunan mal en casa», advierte Andrea Marqués. Ahora bien, también es preciso que esa opción matinal sea lo más saludable posible.

Algunas alternativas respaldadas por los nutricionistas son las siguientes. Si el menor no ha desayunado bien, sería conveniente darle una pieza de fruta para que tenga el aporte necesario de vitaminas; mejor fresca que en zumo, para no añadir más azúcar. Otra opción es meterle en la mochila un puñado de frutos secos, que contienen grasas saludables y omega 3, y vienen muy bien para la actividad cerebral. Incluso se puede incluir un pequeño lácteo o, si sabemos que el niño tiene apetito, medio sándwich de pan integral relleno de un poquito de jamón serrano o jamón cocido, o de media lata de atún que le aporte proteínas de calidad. En cambio, convendría evitar el chorizo, el salchichón y otros embutidos con exceso de grasa.

Puestos a planificar un picoteo saludable, sería buena idea intentar conjugarlo con los menús diarios del comedor escolar. Se elaboren en cocinas propias o en empresas externas, están sujetos a unos férreos estándares de calidad que fomentan la inclusión de frutas y verduras y limitan la presencia de fritos, precocinados o derivados cárnicos, como salchichas o hamburguesas. La nutricionista cita algunos ejemplos de cómo combinar los platos de la comida con el snack del recreo: «Si el niño va a comer un arroz con pescado y no va a ingerir verdura, deberíamos incidir más en que ese día se llevara fruta. La jornada en la que no vaya a consumir proteína animal porque tiene legumbres de plato único, debería llevarse algo más de proteína a media mañana. También podemos fijarnos en el postre del menú: cuando sea fruta, llevarles yogur, y viceversa».

Es razonable albergar la sospecha de que alejar a los niños de un almuerzo poco saludable hará que se atiborren de zumos y chucherías fuera del centro escolar. Pero se ha demostrado que no es así. En 2009, investigadores estadounidenses convencieron a los alumnos de tres colegios para que dejaran de consumir bocadillos y refrescos, mientras que no dieron directriz alguna a los estudiantes de otros tres centros. Como revelan los resultados publicados en Health Education & Behaiour, al término del experimento, los alumnos a quienes se les habían retirado los aperitivos menos recomendables admitieron que no habían tenido un consumo compensatorio de estos en el hogar.

Un piscolabis sano educa al menor en los hábitos saludables y acostumbra su sentido del gusto a comidas que ayudan a cuidar su organismo. «Sabemos que a los niños les cuesta comer ciertos alimentos y aceptan mejor otros. Eso hay que tenerlo en cuenta», dice Juana María González Prada, dietista-nutricionista. «El apetito está relacionado con saber identificar el alimento, que te guste verlo, la textura… La comida tiene que estar rica. Con el sentido del gusto se nace, pero también se educa», concluye.

Estos hábitos influyen directamente en la tasa de sobrepeso y obesidad infantil. Es responsabilidad de los padres que los niños lleven una alimentación saludable, pero en casas donde se come mal, los menores comen mal. «En general, los niños que proceden de hogares donde se consumen muchos alimentos ultraprocesados, van a llevar al colegio bollería industrial o galletas, y van a tener tasas de obesidad más altas», explica Andrea Marqués. Es de esperar que la tendencia contraria, la de unos padres cada vez más informados y preocupados por la vida sana, termine imponiéndose. Más aún en España, donde el apego a la dieta mediterránea debería garantizar una alimentación sana y equilibrada.

Consecuencias para la salud de la obesidad en niños

CuidatePlus Marca, por Ana Callejo Mora

Un niño obeso tiene más probabilidades de convertirse en un adulto obeso, y las repercusiones de esta enfermedad metabólica en el adulto son bien conocidas. Se trata de la principal consecuencia para la salud de la obesidad infantil, según explica a CuídatePlus José Manuel Moreno Villares, coordinador del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP).

“Lo que hemos venido observando es una aparición más precoz de exceso de peso en niños más pequeños y también de obesidades más extremas en edades inferiores. Eso significa que comenzamos a ver en edad infantil y juvenil algunas de las consecuencias que antes solo se veían en adultos: hipertensión, hiperglucemia, trastornos del sueño, lesiones en piel, etc., además de las repercusiones psicológicas -lo que se ha venido a llamar el estigma de la obesidad-”, advierte Moreno. 

Comienzan a verse casos de diabetes tipo 2 (DM2) en la infancia, aunque la prevalencia en adolescentes obesos en España es muy inferior a los datos norteamericanos. En un estudio  español con jóvenes con obesidad mórbida la prevalencia de DM2 era inferior al 1 por ciento. Otras series españolas muestran resultados semejantes (alrededor del 1 por ciento de los pacientes seguidos en una Unidad de Diabetes Infanto-juvenil es diabetes tipo 2).

¿Qué pasa cuando llegan a la edad adulta?

Casi la mitad de los adultos con sobrepeso eran niños con exceso de peso, y, a su vez, dos tercios de los niños con índice de masa corporal (IMC) más elevados son luego los jóvenes con IMC más elevados.

Según expone Moreno, “cuando se compara la mortalidad a largo plazo, los adolescentes con mayor IMC tienen tasas de mortalidad un 30 por ciento superiores cuando son adultos jóvenes, al compararlos con sus pares con normopeso.  En general, ese alto riesgo ocurre por una mayor incidencia de hipertensión, diabetes tipo 2, un riesgo cardiovascular más elevado…. Es decir, por su asociación con el denominado síndrome metabólico”.

Por eso, dice el miembro de la AEP, “cada vez hay mayor interés en buscar qué marcadores precoces podemos encontrar para actuar en consecuencia. Y cuando hablamos de marcadores precoces de riesgo de obesidad más tarde significa que aparecen antes de los 4 o 5 años de edad, como es el peso elevado al nacimiento, tener padres obesos, la ausencia de lactancia materna y la ganancia excesiva de peso en los dos primeros años de vida”.

Pautas para prevenir la obesidad infantil

No todos los factores que influyen en el riesgo de obesidad son modificables (por ejemplo, el condicionante genético o algunos factores ambientales), pero hay muchas acciones que pueden emprenderse desde edades muy tempranas. Algunas son acciones individuales o familiares y otras competen a todos los actores sociales, incluyendo medios de comunicación, la escuela o las administraciones públicas.

Moreno señala algunas acciones, debiendo los padres servir de ejemplo de estas:

Comer de forma más saludable:

  • Más frutas y verduras y cereal integral poco procesado.
     
  • Controlar el tamaño de las raciones.
     
  • Tener orden en las comidas. Evitar el picoteo y sentarse todos juntos a comer cuantas más veces mejor.
     
  • Evitar o limitar los alimentos calóricos con bajo interés nutricional: chuches, bollería industrial y refrescos azucarados.

Más actividad física:

  • Un máximo de 1 o 2 horas al día ante una pantalla, tableta, ordenador, etcétera.
     
  • Recuperar los juegos al aire libre.
     
  • En los niños más mayores, al menos una hora diaria de actividad física intensa.
     
  • Ir al cole caminando o en bici.

Promoción de la lactancia materna.

Otras medidas que podrían influir, o no…

La Comisión Europea ha aprobado un nuevo reglamento, que se aplicará a partir del 2 de abril de 2021, en el que se fija el límite máximo de grasas trans que pueden contener los alimentos de la Unión Europea. Así, la cantidad máxima fijada es de 2 gramos de grasas trans por 100 gramos de grasa contenidos en los alimentos de distribución al por menor y los destinados al consumidor final.

¿Medidas como la mencionada ayudarán a la prevención de la obesidad infantil? “Esta en concreto tiene poca influencia sobre el riesgo de obesidad y más sobre el riesgo cardiovascular, pero es cierto que algunas medidas legislativas -comedores escolares, máquinas de venta en centros escolares e impuestos sobre bebidas azucaradas- pueden influir en la modificación de los hábitos en niños y adolescentes”, responde Moreno.

¿Cuánto de importante es el desayuno?

El desayuno es la comida que marca la pauta del día, actúa como el reloj o, mejor, como el despertador de los ciclos de hambre y saciedad sobre los que se basa la alimentación en el ser humano. No siendo la comida principal del día, proporciona con un grupo pequeño de alimentos una buena cantidad de nutrientes.

Por estas razones, se ha asociado la ausencia de desayuno a un riesgo más incrementado de desarrollar obesidad en el niño y en el adolescente. Se estima que el riesgo de sobrepeso u obesidad es un 20 por ciento superior en los individuos que no desayunan, cuando se comparan con sus pares, y se tienen en cuenta factores como estrato socioeconómico, nivel de estudios de los padres, etcétera. “Viendo el cuadro por el reverso: hacer un desayuno diario completo disminuye el riesgo de desarrollar obesidad”, destaca el pediatra.

Venció la obesidad y perdió los 80 kilos que le sobraban

Tras someterse a un tratamiento de reducción de estómago en el IMEO, esta joven madrileña mejoró su salud y autoestima; dejó de ser una “nini” para recuperar el control de su vida 

Eva entró en quirófano con 27 años, pesando 140 Kg. Tenía síntomas analíticos de hígado graso e hipotiroidismo subclínico. Sus niveles de triglicéridos, colesterol LDL y fibrinógeno eran muy altos apuntando a riesgo cardiovascular y diabetes tipo 2. Su tasa metabólica era bajísima, priorizaba el consumo de azúcar y almacenaba su exceso en forma de grasa.

La obesidad es una enfermedad crónica multifactorial, difícil de abordar en solitario, debido a mecanismos biológicos y de comportamiento que dificultan la pérdida de peso. En los casos graves, cuando se busca reducir más de la mitad del peso corporal del paciente, la solución pasa por el quirófano y forma parte de un tratamiento multidisciplinar que ofrece las garantías y controles periódicos necesarios. Porque no sólo se trata de limitar la capacidad de ingesta y, con ello, frenar temporalmente los atracones, sino de corregir con ayuda profesional aquellos hábitos que han llevado a esta situación de alto riesgo.

Con el fin de concienciar a la sociedad sobre los riesgos de esta enfermedad que se instala en la vida de las personas de forma sigilosa e indolora, condicionando no sólo su movilidad física y salud general, pero también las perspectivas de futuro, queremos dar a conocer un verdadero caso de éxito en la lucha contra la obesidad. Es el caso de Eva Lerma, una joven madrileña que tras someterse a un tratamiento de reducción de estómago en el Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) no sólo logró perder los 80 kilos que le sobraban, sino también recuperó el control de su vida; dejó de ser una “nini” que no trabajaba, ni estudiaba para convertirse en una mujer emprendedora, centrada en su proyecto familiar y laboral.

Mejoras sobre la salud que trascienden más allá del aspecto físico 

Después de perder los 80 kilos que le sobraban, la paciente no muestra ningún signo de hígado graso, colesterol malo o problemas con las tiroides. Su metabolismo está equilibrado y no tiene riesgo de diabetes tipo 2.

En el caso de Eva Lerma, combinar la cirugía bariátrica con un seguimiento semanal multidisciplinario nos ha permitido: reducir la grasa visceral de la paciente y con ello, el riesgo de enfermedad cardiovascular e hipertensión; remitir en un alto porcentaje la incidencia de la diabetes 2; mejorar la tasa metabólica, es decir, la efectividad del organismo para utilizar la grasa como fuente de energía; normalizar la función del páncreas y los niveles de tiroides, triglicéridos y colesterol.

Tras reducir su peso corporal en un 57%, eliminando 80 kilos de peso, la paciente necesitó varias cirugías complementarias reconstructivas realizadas por la unidad de cirugía plástica y reparadora del IMEO, entre ellas una abdominoplastia, lifting de brazos y muslos, corrección y rejuvenecimiento mamario.

Puntos importantes del estudio médico[1] de la paciente

“Eva Lerma, cuyo caso de éxito queremos compartir para que sirva de referencia para personas con similares problemas, es una joven madrileña que hace dos años acudió al IMEO con un sobrepeso de 80Kg, para someterse a una intervención de reducción de estómago, conocido como manga gástrica o gastroplasia tubular”, señala Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto. Esta cirugía aporta en una reducción importante de la ingesta de alimentos, obligando a la paciente, por un lado, a comer muy despacito y, por otro, a eliminar sustancialmente su sensación de hambre, de modo que con una cantidad muy pequeña de comida el estómago se siente lleno. La técnica ha sido completada con un seguimiento quincenal psicológico y semanal nutricional para asegurar la eficacia de este tratamiento multidisciplinar en los dos años posteriores.

El día que ingresó en quirófano, Eva tenía 27 años de edad y pesaba 140 Kg. A fecha de hoy ella pesa 58,9 Kg, habiendo perdido unos 80Kg. Su porcentaje de grasa inicial era de 46,1% estacionándose en un nivel muy elevado correspondiente a obesidad tipo IV, considerada extrema. Actualmente su IMC se sitúa dentro de su normopeso ideal. Su porcentaje de grasa ha pasado a un 19,8% y corresponde a un nivel muy bajo dentro de la masa grasa saludable.

Respecto al Índice de Tasa Metabólica que nos indica la efectividad del metabolismo para quemar grasa, hemos observado que en el punto de partida la paciente mostraba unos niveles bajísimos, correspondientes a 1 en una escala de 1 a 15, donde un metabolismo equilibrado se situaría en la tasa de 5 a 10. Esto nos indicaba claramente que el organismo de la paciente priorizaba el consumo de azúcar, no de grasa y que, al no utilizar el exceso de azúcar como fuente de energía –básicamente por la inexistente actividad física–, lo almacenaba en forma de grasa.

En este sentido, Eva tenía que hacer frente a la tendencia genética que tenía de obesidad, una dificultad añadida a la hora de perder peso. Gracias a sus esfuerzos y el trabajo de nuestro equipo multidisciplinar, compuesto por cirujanos, psicólogos, nutricionistas, fisioterapeutas y preparadores físicos, la paciente normalizó su tasa metabólica a 10 que corresponde a un metabolismo de alta efectividad.

Sus analíticas iniciales mostraban niveles de azúcar de casi 170 mg/dl, indicando claramente el riesgo de desarrollar una diabetes tipo 2. En el trascurso de la pérdida de peso, estos valores se fueron corrigiendo.

Otra amenaza para su salud suponía los síntomas analíticos de hígado graso con factores elevados tanto en la gama GOT, como en la gama GPT. Ambas enzimas se encargan del correcto funcionamiento de nuestro organismo y su presencia ayuda para diagnosticar enfermedades hepáticas. A esto debemos sumar los altos niveles de triglicéridos y colesterol malo LDL y la cantidad de fibrinógeno en sangre, una proteína que contribuye al incremento de la agregación plaquetas y a la formación de trombos, estando directamente relacionada con un alto riesgo cardiovascular.

Además, Eva Lerma rozaba los límites que se definen como un hipotiroidismo subclínico, con una TSH de 3,5 y aunque no llegaba a ser hipotiroidismo analítico, era bastante preocupante, visto su estado de salud general. Hoy esta tasa se ha reducido, pasando a 1,22, mostrando un funcionamiento de tiroides correcto.

Su fibrinógeno también está corregido. Los niveles de azúcar han pasado de casi 170 a 86 y la paciente está totalmente fuera de riesgo de la diabetes tipo 2. No aparecen ya ningún tipo de signo de hígado graso, todos los variables que medimos están en valores normalizados y saludables.

TESTIMONIAL DE EVA LERMA

La motivación, clave

Tardé muchos años en decidirme a pasar por el quirófano para deshacerme de los 80 kilos de más que llevaba encima. El apoyo de mi familia y de la persona que ahora es mi pareja me han ayudado a dar el paso y a superar el miedo a la intervención y a la anestesia. Lo que realmente me hizo tomar la decisión, fue el deseo de tener hijos en un futuro. El nivel de obesidad que tenía en aquel entonces suponía un factor de riesgo de mucho peso, que afectaría mi salud, complicaría un posible embarazo y pondría en cuestión mi capacidad de poder jugar y cuidar bien de mis hijos, al tener la movilidad bastante limitada por el exceso de peso.

Había llegado a una situación insostenible; me di cuenta que estaba perdiendo mucho tiempo de mi vida encerrada en casa frente al ordenador. No estudiaba, no trabajaba y tampoco me esforzaba en buscar un empleo: encajaba perfectamente en la “generación nini”. Aunque no lo admitiese, creo que también me daba vergüenza salir a la calle o ir según a qué sitios. Una vez tomada la decisión, he tenido el apoyo incondicional tanto de la familia, como de amigos y simples conocidos y sabía que lo que hago lo hago por mi bien.

Riesgo para la salud

Llegué a pesar en algún momento determinado 152 kilos; entré a quirófano con 27 años y unos 140 kilos. Siempre he sido una niña gordita hasta que la cosa se descontroló y pase, sin darme cuenta, a una obesidad importante. Tenía el hígado graso y corría el riesgo de desarrollar hipertensión, es decir, estaba claro que la mochila de sobrepeso que cargaba me pasaría factura más bien antes que después, pero por aquel entonces todo me daba igual. Tampoco me esforzaba a dedicar tiempo a la actividad física; en mi rutina diaria era prácticamente nula. 

Relaciones afectivas

Antes de dar paso al cambio no tenía gana de hacer nada, vivía en un estado de ansiedad y depresión constante. No obstante, tuve mucha suerte de dar con un grupito de amigos que me brindaron su cariño y apoyo, así que, por ese lado, más bien me sentía acompañada que sola. En cuanto a la situación sentimental, me considero afortunada: conocí a mi actual pareja pesando 140 kilos y puedo afirmar que, a día de hoy, con 80 kilos menos, me sigue queriendo tal como soy.

La relación con la comida

Antes todo entorno a la comida era un caos: no tenía horarios y raciones eran desmesuradas. Comía cuando me apetecía, cuando tenía un bajón de ánimo, cuando me sentía deprimida o, incluso, cuando estaba indispuesta. “El grueso” de mi plato consistía en pasta, galletas, patatas, ensaladas condimentados con mucho aceite o salsas y carne. No tenía el hábito de desayunar, pero cuando lo hacía el paquete de galletas completo con un vaso de cacao no me lo quitaba nadie. Era capaz de acabar medio kilo de pasta o una ensaladera completa, de aquellas que se ponen en el centro de la mesa para que se sirva toda la familia, con mucho aceite.

Cuando me daba ansiedad por el dolor de ovarios, obtenía extra energía de en un paquete de donettes, –¡8 unidades de estos pastelitos industriales rondan 700 kcal! — y una bolsa de doritos, un aperitivo de maíz frito con sabor a queso donde la módica cantidad de 150 gr que contiene la bolsa sumaba otros 750 Kcal. Tomaba esta mezcla de grasas, azúcar y sal todos los días durante una semana hasta que me pasaban los dolores. En mi nevera antes nunca podían faltar salsas, nata, mayonesa, bollería industrial, pan, pasta y latas de pescado en aceite; eran “los alimentos básicos de supervivencia” en mi despensa.

Un cambio que “ha valido la pena”

Ahora tengo 29 años y peso 59,85 Kg. Estoy consciente del esfuerzo que hice para conseguirlo: la cirugía ayuda, pero no hace milagros y durante años he seguido las pautas del nutricionista para llegar a mis objetivos. Ahora hago la compra de forma responsable, pensando en mi dieta y en la salud: jamás pueden faltarme en la nevera filetes de carne magra (pollo sin la piel, lomo de cerdo o ternera, todas ellas bajas en grasas), verduras como las espinacas, frutas de la temporada y, para ocasiones especiales, chocolate negro sin azúcar.

Mi analítica ha mejorado, igual que mi estado de salud general. Eso sí, tengo algo de anemia, un efecto bastante frecuente después de una cirugía bariátrica, que se está tratando. Anímicamente estoy un poco saturada, debido a la falta de costumbre de hacer cosas. Intento tomarme las cosas con calma, sin prisa, pero sin pausa.

En cuanto a la ocupación profesional, ya no me quedo sentada en casa. Trabajo como auxiliar de enfermería y tengo encaminado mi proyecto empresarial. En mi tiempo libre me gusta pasear, junto a mi perra y, ahora que me veo en forma, tengo ganas de ir al gimnasio, algo impensable en mi condición de antes.

Si tengo que resumir la experiencia, solo diría que vale muchísimo la pena. Para mí era como darme otra oportunidad en la vida, como volver a nacer. Mi consejo hacia los que ahora están como yo hace dos años es que no lo dejen para después. Lo que a primera vista parece enorme sacrificio, trae inimaginables beneficios para la salud y en cuanto al crecimiento personal y profesional. Es algo por lo que merece la pena luchar.  


[1] Los estudios de seguimiento se han realizado a través de ElectroImpedancia TANITA Medical Multifrecuencial, evaluando metabolismo basal, composición corporal total y segmental, índice de grasa visceral, tasa metabólica, equilibrio del agua y distribución corporal.

Por primera vez, la población mundial con obesidad supera a la que pasa hambre

Diario de Sevilla

El director de la FAO recomienda la actividad del sector privado en ese ámbito con impuestos, un mejor etiquetado y restricciones a la publicidad infantil

Según los datos preliminares de un estudio realizado por la ONU para la Alimentación y la Agricultura, FAO, la población mundial que sufre obesidad supera a la que pasa hambre. Hasta el próximo mes, no se publicará al completo el documento sobre la seguridad alimentaria y la nutrición, pero el director general de la FAO, José Graziano da Silva, ya se ha pronunciado sobre ello  «por primera vez tendremos más personas obesas que con hambre», «la malnutrición está creciendo muy rápido, especialmente la obesidad».

Obesidad y subalimentación en cifras

En 2018, la ONU estimaba que el hambre había crecido en 2017 por tercer año consecutivo hasta afectar a 821 millones de personas en todo el mundo, y encontraba las causas en los conflictos, el cambio climático y la lenta recuperación económica, mientras que la obesidad en adultos afectaba en 2016 a más de 672 millones.

En 2016, por ejemplo, el número de adultos obesos ya sumaba 104,7 millones en Latinoamérica y el Caribe, cifra muy superior a los 39 millones de personas que sufrieron subalimentación en esa región entre 2015 y 2017.

«Ahora la obesidad está en todas partes«, sin distinguir entre países desarrollados o en desarrollo, dijo el responsable de la FAO, que vinculó su aumento al «cambio en las dietas» como consecuencia de la urbanización, el consumo de comida rápida y otros muchos factores.

Alimentos saludables y Derechos Humanos

Para evitar comprometer el futuro de la población, reclamó modificar el enfoque y pasar «de producir más alimentos a producir más alimentos saludables«.

Graziano recomendó promover la actividad del sector privado en ese ámbito con impuestos, un mejor etiquetado, restricciones a la publicidad infantil y «circuitos locales» de alimentación en las ciudades. También llamó a actuar en el terreno comercial al constatar que la obesidad está creciendo rápidamente en los países que más alimentos importan, como pequeñas islas del Caribe o el Pacífico.

La relatora de Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, Hilal Elver, insistió en incorporar principios como los de sostenibilidad, salud e igualdad a los sistemas alimentarios, promoviendo un enfoque de derechos humanos «más allá de las soluciones ligadas a la tecnología o al mercado».

En un mundo que ya produce más comida de lo necesario, «centrarnos demasiado en la tecnología puede evitar que pensemos en las causas de raíz del problema«, afirmó Elver.

La relatora pidió proteger y empoderar a las personas más vulnerables para que participen de la producción de alimentos y del acceso a la tecnología y la capacitación, como respuesta a los «ecosistemas contaminados» y la «destrucción de comunidades de familias productoras» que ha dejado el actual sistema.  

Uno de cada tres jóvenes en Madrid presenta obesidad abdominal

Agencia SINC

La tasa de sobrepeso y obesidad infantil y juvenil en España preocupa cada vez más. Un estudio realizado en centros escolares de la Comunidad de Madrid sitúa esa tasa en el 27,23 %. Sin embargo, es aún más alarmante el porcentaje que padece obesidad abdominal, la más grave y relacionada directamente con enfermedades cardiovasculares: un 35,17%.

El 27,23 % de la población infantojuvenil de la Comunidad de Madrid padece sobrepeso u obesidad. Esta cifra alcanza el 35,17 % si se trata de obesidad abdominal, según un estudio realizado por el Grupo de Investigación EPINUT de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA).

La obesidad abdominal está relacionada con el riesgo cardiovascular. / rawpixel.com

Los resultados, publicados en Nutrición Hospitalaria, revelan también una preocupante tasa de sedentarismo, 25,12 %, y un alto consumo de productos procesados de bajo valor nutricional en las franjas horarias del desayuno, media mañana y merienda.

“El estudio confirma lo que sabemos desde hace tiempo: el exceso de peso infantil en nuestro medio alcanza unas cifras realmente importantes. Pero más allá de ellas, el problema a medio y largo plazo es el riesgo aumentado de numerosas enfermedades que estos niños podrían tener en un futuro”, apunta Jesús Román Martínez Álvarez, investigador del departamento de Enfermería de la UCM y uno de los autores del trabajo.

La investigación se ha llevado a cabo en varios centros escolares de la Comunidad de Madrid durante los cursos 2016/2017 y 2017/2018, con una muestra de 1.936 chicos y chicas de entre 7 y 16 años de edad.

Según Martínez Álvarez, los datos obtenidos “son muy interesantes ya que la población madrileña representa bastante fielmente la media poblacional española. Aun así, es de esperar que en localidades concretas o en regiones específicas con niveles de renta muy por debajo de las de Madrid esas cifras de exceso de peso sean mayores”.

Más riesgo en chicas

El grupo de edad de 12 a 16 años presenta mayor sobrepeso y obesidad que el de sus compañeros más jóvenes y la tasa en mujeres es del 30,19 % frente al 24,61 % de los varones. Estos porcentajes se obtuvieron a partir del índice de masa corporal (IMC).

Una de las novedades de este trabajo es la relevancia otorgada al índice cintura/talla (ICT), que reveló que la tasa de adiposidad abdominal es ocho puntos superior a la global, siendo la franja de edad entre 7 y 11 años la mayor afectada.

“El índice cintura/talla proporciona una definición más concreta y exacta de la obesidad y, especialmente, del riesgo cardiovascular por su correlación con la obesidad abdominal, precisamente la más peligrosa de todas”, advierte Martínez Álvarez.

Además de este análisis antropométrico, también se realizaron encuestas sobre los alimentos que los jóvenes suelen consumir, sus gustos y el estilo de vida y hábitos sedentarios o relacionados con la práctica de actividad física.

Para solventar esta situación, el investigador de la UCM aboga por el diseño de intervenciones que promocionen la dieta mediterránea “acompañados de acciones para favorecer la práctica de la actividad física y la disminución del sedentarismo”.

Referencia bibliográfica:

Calderón García A, Marrodán Serrano MD, Villarino Marín A, Román Martínez Álvarez J. “Valoración del estado nutricional y de hábitos y preferencias alimentarias en una población infanto-juvenil (7 a 16 años de la Comunidad de Madrid”. Nutrición Hospitalaria 2019. DOI: 10.20960/nh.2244.

La obesidad infantil grave es más elevada en los países de la dieta mediterránea

Pressdigital

La obesidad infantil grave es más elevada en Grecia, Italia y España en medio del declive de la dieta mediterránea, según un informe de la OMS.

Prevalencia de la obesidad infantil en Europa

Malta tiene la tasa más alta de niños gravemente obesos, con un 5,5 por ciento de niños de seis a nueve años afectados, pero el sur de Europa tiene tasas más altas que los estados occidentales.

Los países mediterráneos -con dietas se han mantenido durante mucho tiempo como puntos de referencia para una vida sana- tienen las tasas más altas de obesidad infantil grave de Europa, ha advertido la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El informe, que recoge datos de 21 países europeos, pone al desnudo la crisis en los estados del sur, con más del 4 por ciento de los niños en edad de asistir a la escuela primaria que sufren de obesidad grave en España, Grecia, Italia, España y San Marino.

Con más del 5,5 por ciento de los niños afectados, Malta tenía las tasas más altas de obesidad grave en el estudio, presentado en el Congreso Europeo sobre Obesidad en Glasgow el 30 de abril.

Mientras que los países de Europa occidental y septentrional, como Bélgica, Irlanda y Noruega, tienen tasas de obesidad grave inferiores al 2 por ciento.

Los investigadores señalan que un factor probable es la «disminución» de la dieta mediterránea idealizada, rica en cereales integrales, nueces, verduras, aceite de oliva y pescado.

Muchos países están viendo ahora los efectos de un abuso de alimentos baratos y ricos en calorías, y algunos, como Dinamarca o Reino Unido, han introducido impuestos sobre los productos con alto contenido de azúcar o de grasas.

Otros estudios han encontrado tasas igualmente altas de obesidad infantil y adulta en los países del sur del Mediterráneo.

Pero la investigación, dirigida por el doctor João Breda, jefe de la Oficina Europea para la Prevención y el Control de Enfermedades No Transmisibles de la OMS, es la primera en analizar específicamente la obesidad infantil «grave». 

Esto se define de manera diferente a la de los adultos, pero más o menos requiere que tengan un índice de masa corporal superior a 19 de cada 20 niños de su grupo de edad.

Breda y sus colegas aseguran que una explicación para los mayores índices de obesidad en el sur de Europa «sigue siendo esquiva», aunque hay varias explicaciones posibles.

«La pérdida de la dieta mediterránea en los países del sur de Europa podría estar relacionada con este grave problema de obesidad», señalan los autores.

Aunque también podría ser el resultado de la «menor estatura para la edad que se encuentra en el sur de Europa», el mayor peso al nacer, la menor duración del sueño y los diferentes patrones de alimentación y actividad física.

Los índices más altos de educación materna es otro factor que reduce el riesgo de obesidad grave, según el informe. 

Los autores advierten que si no se hace nada, el mismo patrón podría desarrollarse en otras naciones con dietas y hábitos tradicionalmente mediterráneos, como Albania y Moldavia.

«Sin medidas políticas oportunas, apropiadas y eficaces para prevenir la obesidad, existe el riesgo de que las tasas de prevalencia en estos países acaben igualando los niveles observados en otros países europeos», apuntan los autores.

El estudio utilizó datos de 636,933 niños de seis a nueve años de edad, y los hallazgos indican que hay al menos 400,000 niños que ya son gravemente obesos de un total de 13.7 millones de niños de seis a nueve años de edad en los 21 países incluidos en el estudio.

«La obesidad grave es un grave problema de salud pública y los resultados de este estudio muestran que un gran número de niños en Europa la padecen», concluyen los autores.

«Dado su impacto en la educación, la salud, la asistencia social y la economía, la obesidad debe abordarse a través de una serie de enfoques, desde la prevención hasta el diagnóstico y el tratamiento precoz».

Cómo se pierden 80 kilos en 2 años: testimonio de una paciente del IMEO

«Cuando el objetivo es perder 80 kilos en 2 años, la cirugía ayuda, pero no hace milagros; hay que aprender a comer», comenta Eva, una paciente del IMEO que ya lo ha logrado y comparte su testimonio en el Día Mundial de la Nutrición.
El Programa de Nieves Herrero de Onda Madrid

Cada 28 de mayo se celebra el Día Mundial de la nutrición, un día importante para concienciar a todos sobre la importancia de la alimentación en la salud y el peligro que conllevan ciertos desórdenes alimenticios.
Dentro del programa Madrid Directo, en Onda Madrid, se ha entrevistado a Carmen Escalada, nutricionista clínica del Instituto Médico Europeo de la Obesidad y a Eva, paciente que ha perdido 80 kilogramos en dos años.
Con ellas se ha hablado de riesgos alimenticios, de obesidad y por supuesto de cómo perder peso de forma equilibrada y saludable.

Cómo pasar de la negación a aceptar que has engordado

CuidatePlus, por Ana Callejo Mora

La distorsión de la imagen corporal que nos impide percibir la imagen real se debe a un mecanismo de defensa psicológico.

De la misma manera que hay personas que están muy delgadas, pero se ven gordas. ¿Hay otras con un exceso de peso que se ven delgadas? ¿Por qué se produce esa percepción distorsionada de la realidad? “Efectivamente, la distorsión de la imagen corporal constituye una de las manifestaciones centrales en los denominados trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y está presente en ambas direcciones: tanto en la anorexia nerviosa, en la que la persona sobreestima su tamaño corporal, como en la “fatorexia”, un trastorno definido recientemente en el que las personas que lo padecen, generalmente con obesidadse perciben a sí mismas con un peso mucho menor al peso real, lo que conlleva importantes implicaciones médicas”, cuenta a CuídatePlus Ana Gutiérrez Frutos, psicóloga del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).
La percepción distorsionada del propio cuerpo es una cuestión compleja. Para comprenderla, dice esta experta, debemos tener en cuenta que nuestro cuerpo es mucho más que un peso, una altura y una imagen reflejada en el espejo, sino que cada uno de nosotros ha ido formando una representación, una imagen mental de nuestro propio cuerpo según nuestras sensaciones, actitudes y vivencias a lo largo de la vida. Concretamente, la distorsión de la imagen corporal en la fatorexia puede entenderse como un desajuste entre la imagen real y la imagen percibida, como mecanismo de defensa que protege a la persona del malestar al aceptar su propio yo.

Según Gutiérrez, “si bien llevar ropa demasiado ajustada en relación al tamaño del cuerpo, en ciertos casos prolongados en el tiempo, podría ser indicativo de una diferencia entre la imagen real y la percibida, nunca podríamos considerarlo como un síntoma concluyente, ya que puede haber múltiples explicaciones alternativas”.

¿A quiénes les cuesta más reconocer que han ganado peso?

Sistemáticamente, se ha demostrado que existen claras diferencias de género en la percepción y satisfacción en relación a la imagen corporal. “La presión sociocultural percibida por las mujeres hacia la búsqueda del ideal de belleza femenino se asocia a que tiendan a ser más críticas con su cuerpo y a percibir en mayor medida el aumento de peso. Esta diferencia suele mantenerse a lo largo de toda la vida, siendo las mujeres jóvenes las que presentan una mayor vulnerabilidad”, señala la psicóloga del IMEO.

Gutiérrez reconoce que, actualmente, dado que la fatorexia es una condición reciente que aún no ha sido clínicamente definida, no existen datos concretos sobre las franjas de edad en las que la percepción distorsionada del aumento de peso es mayor.

Cómo puede ayudar la familia y el entorno más cercano

“Como he comentado anteriormente, la percepción distorsionada del cuerpo es un fenómeno complicado. Al tratarse de un mecanismo psicológico de defensa en el que no se puede tolerar la imagen real en ese momento y dado que se basa en las experiencias y sensaciones vividas por la persona y no en lo objetivo, los esfuerzos por parte del entorno a través de comentarios o argumentos para hacerle cambiar de idea sobre su cuerpo no son eficaces”, dice Gutiérrez.

Cuando señalamos a alguien cercano de un cambio repentino en el peso, en cualquiera de las direcciones, en ocasiones, lo que queremos transmitir es una preocupación por cómo se encuentra esa persona. Por ello, aconseja la psicóloga, “es preferible sustituir los comentarios en referencia al físico por otros que comuniquen la preocupación real; en definitiva, que le preguntemos a la persona si se encuentra bien y si podemos serle de ayuda”.

El primer paso para volver al peso anterior

Cuando una persona que solía estar delgada ha engordado varios kilos y no es capaz de perderlos fácilmente, aceptar que ha engordado sería el primer paso para fijarse el objetivo de adelgazar.

Así lo defiende la experta del IMEO: “No es posible cambiar aquello de lo que no se ha tomado conciencia. Es necesario plantearse preguntas como ¿qué hábitos le han llevado al aumento de peso?, ¿con qué circunstancias se han relacionado? y ¿qué factores han influido?, entre otras. Bajo mi punto de vista, es fundamental que la pérdida de peso sea siempre desde un enfoque de autocuidado”.

Además, la subestimación del peso, en trastornos como la fatorexia, supone un inconveniente en la recuperación, en la medida en que la persona llega, incluso, a no estimar necesaria la búsqueda de ayuda profesional.

Boda a la vista: consejos para llegar en forma

Entre mayo y septiembre es cuando más ceremonias se celebran en nuestro país y el esfuerzo de llegar con el mejor aspecto físico posible no sólo se limita a la novia; por este motivo, los expertos del IMEO sugieren un calendario exprés para un planteamiento realista, saludable y sin margen de errores

     – La edad media en España a la hora de contraer el primer matrimonio es de 33 años para las mujeres y de 35 para los hombres y el número de ceremonias celebradas aumenta entre los meses de mayo y septiembre, según los últimos datos del INE.

     – La demanda de tratamientos médico-estéticos para perder peso, remodelación del cuerpo o rejuvenecimiento facial aumentan notablemente a partir del abril de cara a la época de ceremonias, según atestiguan expertos del IMEO.

Con las celebraciones de la primera comunión en mayo arranca la época de bautizos y bodas que, en su mayoría, se suceden en verano y alcanzan su auge en septiembre. Y no estaremos lejos de la verdad, diciendo que a la operación bikini le ha salido competencia, eso sí, cargada de glamour y exigencias en su busca de la belleza suprema, no solo en las formas, sino también desde el interior donde todo vale para estar a la altura de la novia. Por ello, no es de extrañar que cada vez son más las personas que acuden a los centros médicos y de estética en estas fechas para quitarse algunos kilitos de más o someterse a un retoque de última hora.

En consulta, a partir de abril se dispara la demanda de tratamientos médico-estéticos, sobre todo aquellos enfocados en la pérdida de peso, la remodelación corporal o rejuvenecimiento facial, señalan los expertos del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). “Lo que buscan, en general, los pacientes con este perfil son resultados visibles a corto plazo: perder peso, ya sea con dieta o cirugía mínimamente invasiva; reducir volumen o grasa localizada en zonas comprometidas; aumentar la masa muscular para dar un “toque fit” al cuerpo; eliminar la celulitis, flacidez o la indeseada piel de naranja; hacerse un aumento o corrección de pecho; y tratamientos de rejuvenecimiento facial”, enumera Rubén Bravo, portavoz del Instituto.

Es de suponer que tener un evento a la vista de tal magnitud dará mucho que hablar y a nadie le gustaría, por descontado, ser la figura de fondo y atrás en la foto de familia, debido a complejos no superados o comparaciones desfavorables. En estos casos, lo mejor es sacar provecho de la motivación extra para adquirir buenos hábitos en cuanto a la alimentación y el deporte, y preservarlos pasado el gran día.

Es muy importante dejar los caprichos de lado y centrarnos en establecer objetivos más realistas. Esto evitará que caigamos en frustraciones o problemas relacionados con deficiencias nutricionales, estreñimiento, pérdida de cabello, efectos rebote, anemias y/o bajadas de azúcar o tensión.

Sobreponiendo la salud ante cualquier capricho estético o cambio radical, los expertos del IMEO han confeccionado un Calendario provisional de tratamientos de belleza[1]que nos ayudará a plantearnos objetivos realistas y gestionar la cuenta atrás para un evento o ceremonia en cuanto a dieta, cirugía estética y de obesidad, suplementación vitamínica, terapias de bienestar y rutinas de fitness.

Calendario express para llegar en forma a una boda o evento

CUENTA ATRÁS PARA LA CEREMONIA de 1 a 4 meses

DIETA PARA PERDER PESO:

Para perder de 4 a 6 kg:
-Dieta con alta densidad de nutrientes;
-Dieta nórdica
Para perder de 10 a 12 kg:
-Dieta de los días alternos
-Dieta al estilo Royalty

CIRUGÍAS DE PÉRDIDA DE PESO MÍNIMAMENTE INVASIVAS

Si < 10 kg, Balón intragástrico de 6 meses.
Si > 10 kg, Sutura gástrica endoscópica de método Apollo sin incisiones externas de 18 meses.

TRATAMIENTOS DE ESTÉTICA Y CIRUGÍA PLÁSTICA
de 1 a 2 meses

Antiaging facial con:
-Ácido hialurónico para tratar arrugas y aportar elasticidad y volumen a la piel;
-Mesoterapia o rejuvenecimiento facial mediante micro inyecciones para combatir la flacidez;
-Vitaminas inyectadas para dar luminosidad de la piel y corregir pequeñas imperfecciones, como rojez o poros abiertos.

Aumento o corrección de pecho.

De 3 a 4 meses
Liposucción para eliminar la celulitis y grasa localizada rebelde.
BodyLifting para corregir flacidez de brazos, muslos, flancos, espalda y abdomen, producida por una gran pérdida de peso.

NUTRICOSMÉTICA  

Complementos vitamínicos y suplementos alimenticios para:

-Nutrir piel y cabello (colágeno, vitamina C y E, tipo Capivance);
– Reducir la ansiedad (Sereniten o Griffonia) y el estrés (Serotone);
-Disminuir la retención de líquidos (drenantes y diuréticos naturales);
-Mejorar la calidad del sueño (Melatonina) y favorecer la pérdida de peso.

FISIOTERAPIA

Técnicas con aparatología no invasiva:

-Diatermia para eliminar “las alas de murciélago” y reafirmar los brazos;
-Radiofrecuencia para regenerar y reafirmar la piel, tratar las bolsas y ojeras, redefinir el óvalo facial o reducir las líneas de expresión;
-Cavitación ultrasónica para combatir las adiposidades y la piel de naranja;
-Presoterapia y depresoterapia para estimular la circulación linfática y la producción de colágeno, evitando la flacidez cutánea;
-Láser metabólico para reducir la grasa hormonal y de reserva;
-Vela Smooth para remodelar la línea, reducir la celulitis y evitar la flacidez.

Fisioterapia, como masaje descontracturante, corrección postural, ejercicio terapéutico o estiramientos analíticos para tratar lesiones o conseguir equilibrio musculoesquelético.

Bienestar: drenaje linfático o masajes anti estrés y anticelulítico para tonificar el cuerpo, romper cúmulos de grasa localizada, eliminar retención de líquidos.