La EFSA confirma que la acrilamida incrementa el riesgo de cáncer

La EFSA asegura que la acrilamida en los alimentos es motivo de preocupación y confirma las investigaciones y evaluaciones que se han realizado hasta el momento, en las que se concluye que la acrilamida incrementa el riesgo de cáncer.

Gatronomiaycia.com
acrilamida_efsaLa EFSA confirma que la acrilamida incrementa el riesgo de cáncer en los consumidores, así se refleja en las evaluaciones y estudios que se han realizado hasta el momento. Con esta conclusión se responde a fundaciones como el IFIC (International Food Information Council), cuyos investigadores aseguraban en el año 2012 que la acrilamida de los alimentos no era peligrosa y que no se podía demostrar que esta sustancia supusiera un riesgo para la salud.

La acrilamida es una sustancia que se cataloga como un compuesto orgánico cancerígeno, se forma a partir de la cocción de los alimentos que contienen asparagina y azúcares reductores, a temperaturas superiores a 120º C. Recordemos que la acrilamida se metaboliza en el hígado y se convierte en glicidamida, un metabolito con el que se han realizado varios estudios con animales y en los que se ha concluido que es una sustancia altamente cancerígena. Alimentos fuente de acrilamida pueden ser las galletas, el pan, las patatas fritas y algunos alimentos infantiles cuyas fuentes dietéticas son importantes en contenido de acrilamida. Se cita a la infancia porque, según la EFSA, los niños son los más expuestos a la acción de esta sustancia, la agencia recomienda a los fabricantes que reduzcan el contenido en acrilamida de los alimentos en la medida de lo posible, y que ofrezcan consejos a los consumidores sobre cómo preparar los alimentos para evitar la aparición de acrilamida o al menos que los valores sean los mínimos.

Sobre este tema, la EFSA ha lanzado una consulta pública relacionada con el dictamen científico de la acrilamida en los alimentos, hasta el próximo día 15 de septiembre, investigadores y partes interesadas van a poder formular observaciones sobre el dictamen emitido a través de un sistema de consulta pública online. Toda la información recopilada será analizada por la Autoridad de Contaminantes de la Cadena Alimentaria (CONTAM), posteriormente será tratada con sus autores a finales de año. El presidente de esta comisión explica que la acrilamida se consume por vía oral y se absorbe a través del tracto gastrointestinal, tras la metabolización se convierte en glicidamida que es distribuida en todos los órganos del cuerpo. Como ya explicábamos, este compuesto es potencialmente peligroso y así se ha demostrado en varios estudios realizados en animales.

El experto explica que hasta el momento no se han realizado investigaciones en seres humanos sobre la exposición a la acrilamida, su metabolización y la asociación con la aparición de cáncer, pero, los resultados de las pruebas realizadas con animales, se pueden trasladar a los seres humanos. Además de este riesgo, se destaca que la acrilamida también tiene efectos negativos en el sistema nervioso, en la reproducción masculina y en el desarrollo pre y post natal, aunque estos efectos no se han considerado como preocupantes según los actuales niveles de exposición a la acrilamida en la dieta. El proyecto de dictamen incluye recomendaciones para una futura investigación realizada con seres humanos, así como los métodos de detección y evaluación de los riesgos mutagénicos en las células germinales. Toda información recabada será de gran interés, ya que se podrá determinar con más exactitud la cantidad de acrilamida que se genera en los alimentos.

La EFSA va a apoyar a las autoridades europeas y nacionales para examinar posibles alternativas que permitan reducir aún más la exposición de los consumidores a la acrilamida, es de suponer que también tendrán en cuenta los diferentes estudios en los que se muestran procedimientos para reducir el contenido de este elemento. Recordemos por ejemplo el post Las bacterias del ácido láctico pueden reducir la formación de acrilamida, a través de su lectura podíamos saber que una investigación noruega demostraba que podía reducir el contenido de esta sustancia hasta en un 90%. Las bacterias del ácido láctico pueden eliminar la mayor parte del aminoácido asparagina (Asn) y los azúcares simples, azúcares reductores que poseen un grupo carbonilo y que reacciona con otras moléculas. En cocciones a altas temperaturas favorecen la reacción que provoca la formación de acrilamida. Hay algunas investigaciones más a destacar, como la realizada por investigadores de la Universidad de Corea y el Instituto de Investigación Alimentaria de Corea (Korea Food Research Institute), los expertos demostraban que la taurina podría inhibir la formación de acrilamida en las frituras hasta en un 96%.

La EFSA invita además a proporcionar consejos sobre los hábitos alimenticios, sobre el control que se debe realizar en la producción de alimentos a nivel industrial, etc. A través de este artículo de la Agencia de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea, podéis acceder a un resumen de las investigaciones y evaluaciones anteriores sobre el contenido de acrilamida en los alimentos desde el año 2002 y cómo el dictamen ha ido evolucionando hasta llegar a la conclusión final, confirmando que la acrilamida incrementa el riesgo de cáncer. Por último, queremos recordar que fueron unos investigadores suecos quienes detectaron en el año 2002 que la acrilamida podía ser peligrosa, la EFSA en su momento concluyó que no había suficiente información disponible para determinar el riesgo real para los consumidores.

La obesidad puede reducir el tamaño del cerebro

Así lo indica el estudio realizado por el investigador de la Universidad de California, Paul Thomson.

El Intransigente
la obesidad reduce el tamaño del cerebroUn estudio realizado por Paul Thompson, investigador de la Universidad de California, apunta a que la obesidad puede reducir el tamaño del cerebro en los ancianos, haciéndolos más vulnerables a la demencia.

Tras analizar a 94 sujetos que superaban los setenta años de edad, Thompson observó que el cerebro de los obesos parecía 16 años más «viejos» que el de sus compañeros más delgados, indica Muy Interesante.

Sus resultados indican que los ancianos con mayor índice de masa corporal (IMC) tienen también un cerebro más pequeño, en concreto un 8% más reducido que el de sujetos con un peso normal. Y que la pérdida de masa cerebral se produce fundamentalmente en el lóbulo temporal y el lóbulo frontal, con un importante papel en la planificación y la memoria, respectivamente.

Thompson sugiere que a medida que aumenta la grasa corporal es más probable que existan arterias obstruidas, lo que reduce la llegada de oxígeno y sangre a las neuronas del cerebro. La buena noticia, añade, es que hacer ejercicio intenso puede «salvar» la misma cantidad de tejido cerebral que se pierde a causa de la obesidad. Sus conclusiones se publican en la revista Human Brain Mapping. (Especial El Intransigente)

Un 10,6% de los menores madrileños padece obesidad, según un estudio

Europa Press, Infosalus 

fotonoticia_20140625154839_260   La obesidad infantil afecta a uno de cada diez niños en la Comunidad de Madrid, es decir, un 10,6 por ciento de los menores residentes en la región padece obesidad, según un estudio realizado por DKV Seguros.

Esta compañía ha iniciado una gira por más de 25 ciudades españolas con el objetivo de fomentar los hábitos de vida saludables a través de Charlas de Nutrición gratuitas en las que se abordan las pautas de alimentación más adecuadas para potenciar la salud de niños y mayores.

En España la obesidad ha aumentado del 7,4 por ciento al 17,0 por ciento en los últimos 25 años. De hecho, de cada 100 adultos de 18 y más años, 17 padecen obesidad y 37 presentan sobrepeso y, de cada 10 niños y adolescentes (de 2 a 17 años), dos tienen sobrepeso y uno obesidad.

En este contexto, Madrid figura como una de las comunidades con mayor tasa de obesidad infantil, 10,6 por ciento. Este porcentaje se eleva hasta el 11,8 por ciento en niños y cae al 9,4 por ciento en el caso de las niñas.

Entre la población adulta, según señala el estudio la tasa de obesidad crece hasta el 14,3 por ciento mientras un 34,9 por ciento de hombres y mujeres en la comunidad tiene sobrepeso.

 

Cáncer, la mortalidad aumenta en los pacientes obesos

Evolución

En este contexto, la doctora Yolanda Escobar, del servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, añade que «la obesidad puede tener influencia en la evolución de los cánceres que sean hormonodependientes y, en concreto, estrógenodependientes porque hay una relación entre la grasa y la síntesis de los estrógenos». Esta misma opinión la comparte la doctora Mónica Jorge, oncóloga médica del Hospital de Vigo, quien añade que «en la mayor parte de los cánceres, sobre todo en los de digestivo, uno de los factores de riesgo es la obesidad».

Para conocer cómo influye el exceso de peso en los pacientes oncológicos, el doctor Jesús García-Foncillas, jefe de Oncologia de la Fundacion Jiménez Díaz de Madrid, explica que «cuando hay obesidad se producen una serie de cambios metabólicos que conllevan la activación o cambios en la regulación de unas hormonas como la insulina. Las células tumorales tienen receptores para factores de crecimiento que se asemejan a la insulina, lo que significa que cuando hay una alteración en este equilibrio podemos estar poniendo en marcha mecanismos de activación de la célula tumoral que si hay un normopeso no suele estar alterado». Dado que las dosis que se emplean en el tratamiento contra la enfermedad «se administran en función de la superficie corporal, es decir, que están calculadas según el índice de masa corporal (IMC) del paciente. Por tanto, ahora mismo hay un debate sobre de qué forma y de qué manera se deben determinar la dosis más adecuada en pacientes oncológicos con un cierto grado de obesidad de cara a buscar el maximizar la eficacia y minimizar, por tanto, los efectos secundarios». Hay que tener en cuenta, según Jorge, que «la distribución de los fármacos en estos pacientes no es la misma porque si tienen mucha grasa, se deposita más ahí y el metabolismo es diferente».

Otro aspecto relevante se halla en los procesos inflamatorios asociados a la obesidad y que, según García-Foncillas, «la inflamación conlleva la producción de una serie de sustancias que son, a su vez, capaces de inducir al tumor o cambiar su entorno. Todo ese conjunto de situaciones hace que, sobre todo en situaciones donde esa obesidad llega a lo que clásicamente conocemos como patología de obesidad mórbida, pueda tener más derivaciones y consecuencias en todo el contexto del perfil y del comportamiento biológico del cáncer». Esta situación complica, según Escobar, el tratamiento, porque «a veces no pueden entrar en los estudios clínicos, no reciben la terapia a dosis plenas y si, además, presentan alguna patología asociada a la obesidad como cardiovascular, renal o diabetes descompensada todo se vuelve más difícil».

Post terapia

Hay tumores que conllevan una pérdida importante de peso. «En el caso de los cánceres de cabeza y cuello es muy frecuente que adelgacen un porcentaje importante de kilos. En este caso, los obesos se quedan no obesos y los que no tenían un exceso importante de peso se quedan muy delgados durante el tratamiento», advierte Escobar. Sin embargo, los expertos coinciden en que durante la terapia oncológica no se debe exigir a los pacientes que pierdan peso. «No es el momento porque a veces les cuesta, incluso, ingerir lo básico», recuerda Escobar.

Dietas ‘yoyó’, riesgo de diabetes

Estudios revelan que disminuir drásticamente el consumo de calorías para bajar de peso causa resistencia a la insulina.

Portafolio.co
BásculaEspecialistas del Grupo de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) indican que existe una predisposición a desarrollar diabetes mellitus tipo 2 en aquellos pacientes que han vuelto a ganar peso, tras haberlo perdido en un programa de alimentación hipocalórico.

Los investigadores estudiaron a 136 pacientes obesos que siguieron una dieta hipocalórica de ocho semanas para bajar de peso y que, al finalizarla, trataron de mantenerse en el peso alcanzado.

Entre cuatro y seis meses después fueron reevaluados para comprobar si habían alcanzado su objetivo y logrado evitar el llamado ‘efecto rebote’, que suele producirse en algunos tras este tipo de restricciones alimentarias.

“En las evaluaciones se atendió, de forma especial, a los niveles de irisina, leptina y adiponectina, para determinar la diferencia entre las cantidades iniciales, al final de la dieta y después del periodo de seguimiento. Los resultados no dejaron lugar a dudas: del total, 50 % recuperó el peso perdido y fueron clasificados como resistentes a la insulina”, señala Ana Belén Crujeiras, autora del estudio.

Crujeiras explica que la leptina y la adiponectina son liberadas por el tejido graso de nuestro organismo. “La leptina tiene como función disminuir el apetito y, además, está relacionada con la regulación del metabolismo. Por su parte, la adiponectina tiene que ver con el metabolismo de la glucosa y es una hormona protectora”, indica la experta.

“Los sujetos obesos tienen niveles muy altos de leptina. En tanto, la adiponectina está muy disminuida y se asocia con los fallos que tienen los obesos en el metabolismo de la glucosa”, añade. Explica además que la irisina fue descubierta hace solo un año y generó grandes expectativas como protectora ante la obesidad. En un principio, se descubrió que era secretada por el músculo después de hacer ejercicio y se propuso como protectora para combatir la obesidad y mejorar el metabolismo de la glucosa. “Observamos que también la secretaba el tejido adiposo y encontramos que los pacientes obesos tenían los niveles de irisina aumentados. Además, en este estudio que acabamos de publicar hemos hallado una asociación entre la irisina, la resistencia a la insulina y volver a ganar peso después de una dieta”, apunta.

“La nutrigenómica o nutrigenética se basa en buscar biomarcadores de respuesta a las dietas y establecer un patrón determinado dependiendo del perfil genético de cada persona para diseñar dietas o terapias personalizadas”, concluye.

IRISINA, LA NUEVA CLAVE EN LA LUCHA CONTRA LA OBESIDAD

Descubrieron que los pacientes con niveles más altos de irisina en la sangre presentaban una mayor predisposición a tener resistencia a la insulina en el periodo de reganancia de peso.

“Este dato parece contradictorio, puesto que la irisina es protectora de deficiencias en el metabolismo de la glucosa”, apunta la doctora Crujeiras.

La investigadora comenta que «sobre la irisina todavía queda mucho por estudiar». No obstante, se barajan distintas hipótesis sobre su comportamiento.

“Nos estamos planteando que quizás no funcione como se propuso, o bien que en sujetos obesos se produzca una resistencia a la acción de la irisina, es decir, que mediante algún mecanismo desconocido se esté bloqueando su acción. También puede ser que la irisina se secrete para tratar de compensar esos fallos en el metabolismo, pero sin ser capaz de hacerlo”, detalla.

La especialista destaca la importancia de medir los valores de irisina en paciente obesos antes de que se sometan a terapias para perder peso.

“Una comprobación previa de los niveles de esta hormona podría predecir una alteración futura en la glucosa corporal de los pacientes (lo que podría provocar que sufran, en un futuro, diabetes tipo 2) y, en definitiva, el éxito o fracaso de los tratamientos antiobesidad”, afirma.

Además, en palabras de la doctora Crujeiras, “este hallazgo aporta nuevas evidencias sobre la necesidad de localizar biomarcadores que permitan evaluar la eficacia de alimentos funcionales y la importancia de conjugar nuestro ADN con nuestra alimentación”.

Ver la televisión durante el embarazo puede ser una causa de obesidad en el niño

Un estudio presentado de la Sociedad Americana de Pediatría también revela que apagar la televisión a la hora de la comida ayuda a una mejor alimentación de los niños.

Heraldo.es

obesidad y embarazoLos padres pueden prevenir la obesidad de sus hijos simplemente apagando la televisión durante las comidas. Los niños se alimentarán así de manera más saludable y los mayores podrán darse cuenta de cuándo están saciados. Así lo revela un estudio presentado este martes durante la reunión anual de la Sociedad Americana de Pediatría en Vancouver (Canadá). Además, el estudio demuestra que este proceso puede comenzar incluso antes del nacimiento del niño, debido a la relación entre el tiempo que las mujeres ven la televisión durante el embarazo y la futura obesidad de sus bebés.

Y es que las futuras madres que están acostumbradas a comer o cenar viendo series o el telediario serán más propensas a hacerlo también cuando nazca su hijo, lo que puede derivar en una mala alimentación de éstos debido a que los padres les prestan menos atención a lo que comen y al momento en el que se sienten saciados. «Reforzar una vida saludable durante el embarazo ayuda a reducir el impacto de los malos hábitos en los niños en el largo plazo», aseguró la autora principal del estudio, la doctora Mary Messito. «Si las mujeres embarazadas no vieran la televisión al comer serían más eficaces los programas de prevención de la obesidad en los niños más pequeños», recordó Messito.

La doctora y sus compañeros analizaron los datos de ‘Starting Early’, un proyecto en el que estudiaron el efecto de la intervención a través de programas de prevención en niños obesos de familias hispanas de bajos recursos de la Escuela Belleveu de Nueva York. Las mujeres que se inscribieron en el estudio fueron analizadas desde el embarazo hasta que los bebés cumplieron tres años. Estas madres recibieron asesoramiento nutricional individual durante el embarazo y tras el nacimiento del niño, participaron en grupos de actividades y se les dio varios libros y vídeos relacionados con la buena alimentación.

Durante el último mes de embarazado estas mujeres tuvieron que explicar con qué frecuencia veían la televisión durante las comidas. Cuando sus bebés cumplieron tres meses tuvieron que responder acerca de con qué frecuencia estos niños veían la televisión mientras les alimentaban. Los resultados mostraron que el 71% de las mujeres embarazadas veían la televisión durante las comidas y el 33% de los niños de tres meses estaban frente a la televisión mientras eran alimentados. Las mujeres embarazadas que veían la televisión durante las comidas eran cinco veces más propensas a exponer a sus bebés a la televisión que las que no estaban acostumbradas a verla. Por otro lado, las madres de menos de 25 años son las más propensas a exponer a su bebé a los programas de televisión mientras estos se alimentan, según reveló el estudio.

«Este estudio es de los pocos que determinan cómo los hábitos de la madre durante su embarazo afectan en la vida del niño al nacer», explicó la doctora Messito. «Identificar el comportamiento de las embarazadas ayudará a prevenir la obesidad infantil», añadió la autora. Además, según la doctora, se promoverá una alimentación más sana y se pondrá límite al tiempo que los niños ven la televisión, sobre todo a la hora de las comidas.

Las proteínas, mejor en la primera comida, y el resto del día, a raya

Un nuevo estudio vuelve a subrayar los beneficios de estos nutrientes. Sin embargo, las dietas están saturadas de ellas y, pese a su potencial efecto saciante, no constituyen la panacea contra la obesidad.

Correo Farmacéutico, por Elena Alonso

proteinas en el desayunoEl desayuno es una de las piezas más importantes en la alimentación de personas de todas las edades, especialmente entre los niños en edad escolar.

Una investigación presentada en la conferencia sobre Biología Experimental de la Sociedad Americana de Nutrición celebrada el pasado lunes en Estados Unidos defiende que los desayunos altos en proteínas serían muy recomendables, ya que controlarían el apetito y optimizarían el nivel de glucosa.

El equipo investigador comprobó la capacidad saciante de 6 desayunos diferentes que compartían unos niveles similares de calorías, grasas y fibra, pero variaban en la cantidad de proteínas.

Los participantes tuvieron que indicar su nivel de hambre antes del desayuno y cada 30 minutos durante las siguientes 4 horas. Pasado este tiempo, a los sujetos se les sirvió un plato de pasta que debían terminar hasta que se sintieran llenos. Los resultados posteriores mostraron que el grupo de personas que había desayunado más proteínas mejoraron sus niveles de apetito a lo largo de la mañana, además de consumir menos calorías en la comida.

Las conclusiones de este estudio, que todavía no se ha publicado formalmente en una revista científica, no son completamente nuevos. De hecho, algo similar reivindicaba Barry Sears y su popular dieta de la zona.

Clotilde Vázquez, jefa del Departamento de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid, advierte de que este estudio sólo muestra un aspecto: «La obesidad es muy compleja. No porque haya tenido éxito en un momento determinado y con unas determinadas personas quiere decir que siempre vaya a funcionar así».

Rubén Bravo, del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, aconseja no consumir aisladamente las proteínas, sino siempre acompañadas de grasa e hidratos de carbono para asegurar su efecto saciente.

En caso contrario sería más fácil que esa ingesta, siempre en cantidades importantes, produzca efectos negativos en órganos como los riñones o el hígado.

Un desayuno ideal, respetando las costumbres gastronómicas españolas (sin huevos ni salchichas), incorporaría lácteos, una pieza de fruta, cereales y un alimento proteico (pavo, jamón york, queso fresco…), propone la dietista Estefanía Sal. El orden de los alimentos sería indiferente.

La presente investigación sí que suma material a la controversia que existe sobre la idoneidad de las proteínas. Hace unas semanas CF se hacía eco de un estudio publicado en Cell Metabolism según el cuál el exceso de proteínas de origen animal estaría vinculado al cáncer.

Pilar Martín Vaquero, endocrina en el D-Médical, considera que «no se necesitan tantas proteínas en la vida adulta porque ya no crecemos, salvo a lo ancho. Al ingerirlas, casi siempre estamos consumiendo un montón de grasas sin saberlo». A continuación pone el siguiente ejemplo: «80 gr. de jamón york tienen 16 gr. de proteína y 18 gr. de grasas malas (226 kcal.). Resulta curioso ver a la gente que cena jamón york y luego no come pan porque dice que engorda (60 gr. de éste equivaldrían a 30 gr. de hidratos, 4,5 gr. de proteínas y 0 grasas, es decir, 138 kcal.)».

Las proteínas de origen vegetal (soja, alubias…) son mejores: «No contienen tanta grasa. Pero como tienen aminoácidos limitantes hace falta que sean combinadas con productos como la patata o el pan», comenta Vázquez.

Lo ideal es que se ingieran entre 0,8 y 1,1 gr. de proteína por kg. de peso corporal. A lo largo del día los porcentajes calóricos deberían distribuirse del siguiente modo: 45-55 por ciento hidratos de carbono; 20-35 por ciento, lípidos y, finalmente, 10-35 por ciento, proteínas.

En los últimos 50 años las estadísticas han registrado un aumento de dos puntos en la ingesta de proteínas y de 8 en el caso de los lípidos, mientras que los hidratos de carbono han bajado 11 puntos.

Los expertos coinciden en afirmar que a la dieta actual le sobran proteínas: «En el momento en que los productos cárnicos bajaron de precio se empezaron a consumir más», explica Vázquez. «El segundo plato, muy abundante, ha ido paulatinamente sustituyendo al plato único». Paradójicamente, aquellas personas que se ven obligadas a consumir un plato único en una tartera «estarían más cerca de unos hábitos alimenticios más saludables, siempre y cuando contenga hidratos y proteínas».

El Reino Unido tiene ocho millones de chocohólicos

Una nueva investigación de la empresa analista de consumo Mintel afirma que uno de cada seis británicos son verdaderos adictos al chocolate comiendo al menos una barra al día.

Noticieros Televisa, por Vytas Rudavicius

chococolicosUna de las tradiciones de la Semana Santa británica es dar a sus seres queridos chocolates en forma de huevo: No sólo los niños, sino también los adultos intercambian estos chocolates de Pascua que varían desde el tamaño de un huevo real a enormes huevos de chocolate de más de 1 kilo. Debido a esta tradición, las ventas de chocolate en el Reino Unido durante la Semana Santa siempre se duplican.

Ahora una nueva investigación de la empresa analista de consumo Mintel afirma que uno de cada seis británicos son verdaderos «adictos al chocolate»: comiendo al menos una barra al día.

Esta estadística equivale aproximadamente a ocho millones de ciudadanos del Reino Unido. Además, otro 17 por ciento de la población come chocolate entre cuatro y seis veces a la semana.

En comparación: sólo el 5% de los británicos afirmaron que nunca lo comen.

Los londinenses consumen la mayor cantidad de chocolate: el 26 por ciento de los habitantes de esta metrópoli lo comen cada día. En comparación, en Escocia, la cifra es del 17 por ciento, 16 por ciento en el País de Gales, y sólo el 11% en el condado de Yorkshire.

La investigación también descubrió que la generación de los adultos jóvenes consumen más chocolate: una cuarta parte de los británicos entre de 25 y 34 anos come chocolate todos los días.

«Desde la época de los aztecas, el cacao y el chocolate han ocupado un lugar especial en los corazones de las personas a lo largo de los siglos. Lo demuestra el hecho de que sólo una pequeña minoría de los británicos dicen que nunca comen chocolate. El chocolate como un regalo personal sigue siendo una parte esencial de la dieta de los consumidores. Esto es a pesar del reciente énfasis en el papel de los alimentos que son altos en grasa y azúcar en la crisis de obesidad británica», dijo Richard Ford, el autor de la investigación.

La variedad mas favorita entre la población del Reino Unido es el chocolate de leche, que se come en un 75%. En segundo lugar: barras rellenas con dulce de leche o de otras delicias. El chocolate blanco y chocolate amargo fueron los menos populares entre los  encuestados.

También se estableció que no hay diferencias significativas entre hombres y mujeres, en cuanto a consumo de chocolate se trata.

Cirugía bariátrica, la acción más eficaz contra la diabetes en obesos

Uno de cada tres adultos estadounidenses será diabético en 2050.
AFP/ El Tiempo
La cirugía bariátrica, que consiste en restringir la absorción de alimentos, es por lejos la más eficaz para controlar de manera duradera la diabetes tipo 2 en personas obesas o con sobrepeso, según un estudio, que siguió a pacientes durante tres años.

Cerca de 80 por ciento de los 23 millones de estadounidenses con diabetes también tienen sobrepeso o son obesos, según los autores de este ensayo clínico, el más vasto y de más larga duración realizado hasta ahora, presentado en la conferencia anual del Colegio Estadounidense de Cardiología (ACC) en Washington.

Los 150 participantes, de entre 41 a 57 años en el momento del reclutamiento y de los cuales 66 por ciento eran mujeres, sufrían de diabetes del adulto (tipo 2) no controlada.

Fueron divididos aleatoriamente en tres grupos. El primero fue sometido a un tratamiento médico intensivo que combinaba ejercicio, dieta y medicación. El segundo recibió tratamiento antidiabético y fue sometido a cirugía de bypass gástrico, lo cual supone reducir el estómago en 2 a 3% de su volumen original mediante la creación de una derivación en el tracto digestivo para reducir la absorción de nutrientes por el intestino delgado.

Por último, el tercer grupo, además de la terapia de medicamentos, sufrió una gastrectomía, una ablación de estómago para reducir su volumen. El objetivo de este estudio, bautizado «Stampede», fue comparar la eficacia de estos tres enfoques para el control de la diabetes manteniendo una glicemia o una tasa azúcar en la sangre, superior a seis por ciento, en promedio, durante tres meses. Los participantes tenían una tasa media de glucosa de 9,2% antes comenzar el estudio.

La «diabesidad», una verdadera epidemia

Tres años después de estas intervenciones, sólo el cinco por ciento de los pacientes del primer grupo, únicamente con tratamiento médico, fueron capaces de controlar su diabetes, contra 37,5 por ciento en quienes se sometieron a cirugía de bypass gástrico y 24,5 por ciento en quienes tuvieron ablación de estómago.

«Vemos gente con vidas devastadas por la diabetes y tres años más tarde este estudio muestra que la cirugía bariátrica es más efectiva, con efectos positivos duraderos, para el tratamiento de la diabetes en las personas mediana y fuertemente obesas», dijo Sangeeta Kashyap, un endocrinólogo de la Clínica Cleveland (Ohio), uno de los principales autores de esta investigación.

«Más del 90 por ciento de los pacientes sometidos a una de las dos cirugías bariátricas lograron perder 25 por ciento de su peso y controlar su diabetes sin necesidad de recurrir a la insulina y a múltiples antidiabéticos», dijo.

En comparación, los participantes del primer grupo, tratados sólo con una terapia convencional, sólo redujeron cuatro de su peso. El estudio también muestra que la cirugía permite mejorar la calidad de vida de los pacientes y disminuir la necesidad de tomar medicamentos para controlar la presión arterial y los niveles de colesterol en comparación con los tratados con la terapia estándar.

Así, los participantes sometidos a un procedimiento bariátrico tomaban significativamente menos medicamentos cardiovasculares y contra la diabetes. Su estado mental también mostró una neta mejora.

Pero la cirugía bariátrica no está exenta de riesgos, señalan los médicos, ya que puede tener complicaciones, como sangrado, infección y coágulos de sangre. Ninguna complicación mayor fue observada entre las cien personas que fueron sometidas a una intervención en este estudio, subrayaron los investigadores, que dijeron que después de un año, los problemas más frecuentes fueron sangrado y deshidratación.

La obesidad, que afecta a más de un tercio de los adultos en Estados Unidos, es el principal factor desencadenante de la diabetes tipo 2: las autoridades sanitarias hablan de una verdadera epidemia llamada «diabesidad».

Según la Asociación Estadounidense de Diabetes, de continuar la tendencia actual, uno de cada tres adultos estadounidenses será diabético en 2050. Este estudio también fue publicado el lunes en la versión online de la revista New England Journal of Medicine.

Los antibióticos, nuevos sospechosos de epidemia de la obesidad

Una nueva teoría señala que detrás de la epidemia de obesidad en el mundo están los antibióticos. Los expertos explican qué pasa cuando el apetito se mezcla con la penicilina.
Semana.com
obesidad y antibioticosEn el juicio por identificar el culpable del aumento de peso de la población han pasado muchos sospechosos a la silla de acusados: el azúcar, la grasa, el sedentarismo, e incluso se ha señalado a la industria alimenticia por hacer comidas muy apetitosas. El más reciente en la lista, sin embargo, parece el más inocente, pero todo indica que no lo es. Se trata de los antibióticos, medicamentos ampliamente usados hoy para tratar infecciones.

Quien los acusa es Martin Blaser, director del programa del Microbioma Humano de la Universidad de Nueva York, que ha estudiado durante décadas la relación entre estas drogas y la obesidad en animales. La idea de que los antibióticos engordan no es nueva. De hecho, en las fincas se utilizan rutinariamente para aumentar la talla y el peso del ganado y los pollos. En su laboratorio, Blaser comprobó hace unos años que a los ratones les pasa lo mismo con un experimento que consistió en ofrecerles una dieta alta en calorías. Aquellos que fueron expuestos a dicha droga aumentaron el doble de peso a pesar de haber ingerido el mismo tipo de comida que los demás.

Desafortunadamente, en los humanos se ha visto ese mismo efecto. Uno de los estudios pioneros en el tema reveló que a los niños a los que se les suministraba antibióticos ganaban más peso, 6,5 libras, mientras que el grupo control apenas aumentaba 1,9 libras.

Blaser, quien en abril publicará el libro Missing Microbes, cree que esto sucede porque los antibióticos interfieren con el microbioma de las personas, es decir con las millones de bacterias que habitan en el cuerpo y que a cambio de comida ayudan a procesar enzimas y a producir hormonas en el organismo. El experto está investigando una en particular, la Helicobacter pylori, bacteria que incrementa el riesgo de úlcera y cáncer de estómago. A pesar de su prontuario, Blaser ha encontrado que H. pylori tiene un papel importante para regular la ghrelina, hormona involucrada en la sensación de apetito, tanto así que el estómago se comporta distinto luego de un tratamiento con antibiótico para erradicar esa bacteria.

Antes de comer, los niveles de ghrelina deben subir para anunciarle al cerebro que la persona tiene hambre, y bajar después de comer para que reciba la señal de satisfacción. Pero todo parece indicar que en personas sin H. pylori no se produce ese control. En un trabajo con 92 personas, aquellos que fueron tratados con antibióticos para eliminar esta bacteria aumentaron de peso porque los niveles de ghrelina se mantuvieron altos luego de comer, cuando debían haber bajado, lo que hizo que tuvieran hambre por mucho más tiempo y por consiguiente que comieran más. “Esto quiere decir que el microbio está regulando no solo la ghrelina sino también el apetito”, dijo Blaser a Scientific American. En su lucha por demostrar esta teoría, Blaser no está solo. Otros investigadores han encontrado que si se altera el balance microbiano del estómago con antibióticos aumenta el riesgo de que los pacientes suban de peso.

Estos hallazgos suponen un dilema pues si no se administran antibióticos para este tipo de bichos se pondría en peligro la vida de la persona. Además, “los pacientes que tienen la flora intestinal dañada por los antibióticos la recuperan en el tiempo”, dice Barry Marshall, biólogo de la Universidad de Western, Australia. Pero lo contrario también podría llevar a comer de más y, a largo plazo, a la obesidad, una condición que genera otros riesgos de enfermedad. Pero lo que preocupa a Blaser no son estos tratamientos sino su abuso. Hoy cualquiera se los autorreceta como si se tratara de una aspirina.

El proyecto del Microbioma Humano podría probar la validez de esta teoría. Y de ser así, Blaser piensa que se podrían identificar cuáles microbios protegen al ser humano de la diabetes y de la obesidad e impedir que los antibióticos los aniquilen. La otra opción es desarrollar drogas que podrían llamarse anti-antibióticos, cuya función sería repoblar el estómago con los bichos indispensables para regular el apetito. Mientras tanto, habrá que convivir con el sospechoso.