Gordofobia. ¿Quién no ama a estas mujeres?

Se rompe el silencio sobre el castigo social a la gordura. En las redes, activistas y blogueras visibilizan sus cuerpos, y sus argumentos, tratando de hacerse comprender y querer.

Mujer hoy, por Elena de los Ríos

gordofobiaUn fantasma recorre las conversaciones de las mujeres de medio planeta: el miedo a engordar. No hay día en el que las pizpiretas periodistas de la radio, cincuentañeras risueñamente aterradas, no comenten lo que comen o dejan de comer para evitar la maldición de los kilos de más. En la televisión mañanera, unas se felicitan a las otras por su delgadez, mientras diseccionan en directo la vida de una colega antaño escultural y hoy sepultada por la «vergüenza» de estar gorda y viva a la vez (qué poco nos queremos las gordas las unas a las otras, al menos en el universo de Carlota Corredera y Terelu Campos).

No dejamos de hablar de dietas ni cuando comemos. De hecho, en enero de 2016 supimos que las conversaciones que monopolizaron Twitter durante las navidades fueron la resaca y el miedo a engordar. Recientemente, se ha bautizado una nueva patología, la pregorexia, que designa al trastorno que sufren las embarazadas que se empeñan en no engordar: un 30% de ellas. Y las estadísticas dicen que si las mujeres españolas siguen fumando es, en realidad, por no coger peso.

Pero ¿por qué? ¿Qué causa en estas mujeres tal angustia, digna de Munch y su espeluznante grito? ¿Qué significa tanta conversación alrededor de sus cuerpos, de los cuerpos que desearían o de los cuerpos de sus amigas y conocidas? En realidad, reaccionan a la creciente presión social sobre los cánones estéticos, un repertorio de normas aplicado implacablemente a las mujeres para su mejor sometimiento, como explica Naomi Wolf en El mito de la belleza (Ed. Salamandra). Y en su huida hacia la bella delgadez, en su incesante expresión de horror ante los kilos, nos convierten a las que no nos ajustamos a la norma en la viva encarnación de todo lo que la sociedad desprecia y hasta le asquea.

«Está tremenda» y otros insultos…

Gordofobia no es solo que te griten «¡Adelgaza!» por la calle, un hecho puntual, una anécdota, un imbécil que dice con mala educación lo que otros piensan. Gordofobia es ese medio ambiente social en el que los kilos de más te convierten automáticamente en un lugar indeseado. Magda Piñeiro, fundadora de Stop Gordofobia y autora de Stop Gordofobia y las panzas subversivas habla de la «hipervisibilidad invisible» de los gordos: «No existimos y vivimos en soledad. Y esta invisibilidad alimenta el hecho de que, cuando nuestra hipervisibilidad se hace visible en algún sitio, seamos los seres extraños, raros, señalables, susceptibles de exclusión. Por eso creo que esto es una nueva forma de racismo.

La delgadez copa todos los espacios, como siempre lo hizo la piel blanca, mientras eran invisibilizadas las personas negras, sus costumbres, sus deseos, sus vidas, y el maltrato, la violencia y la humillación a la que siempre fueron (y lamentablemente siguen siendo) sometidas». Lo cierto es que engordar provoca hoy más censura social que, pongamos, defraudar a Hacienda.

Ser curvy…

  1. Ser curvy es una actitud.
  2. Una curvy no busca aprobación, confía en su belleza.
  3. Una curvy no sigue la moda, la inspira.
  4. La sonrisa de una curvy es un arma de seducción masiva.
  5. Una curvy no necesita ser un ángel, es una diosa.
  6. Una curvy no hace ejercicio, se esculpe.
  7. Una curvy rompe moldes.
  8. Una curvy sabe lo que importa.
  9. Una curvy es una curvy.

Entrar en la categoría de gordo o gorda aniquila directamente tu capital erótico, definido por la socióloga Catherine Hakim como «un activo personal que aúna belleza, atractivo sexual, vitalidad, saber vestirse bien, encanto, don de gentes y competencia sexual». Se requiere mucho dinero, mucho poder o mucho talento para que un gordo o una gorda alcance relevancia social. Por ejemplo: pensemos cuántos gordos y gordas encontramos en la primera fila de nuestros partidos políticos. Un estudio de la universidad John Hopkins reveló que los médicos de Estados Unidos se sienten menos identificados con los pacientes obesos y la comunicación en consulta es peor.

Además, los doctores pasan menos tiempo con ellos y les piden menos a pruebas diagnósticas, porque conectan sus dolencias con la obesidad. De hecho, los médicos disfrutan menos de su trabajo conforme sube el peso de sus pacientes. En otros países, como Gran Bretaña, incluso se está estudiando excluir de las operaciones quirúrgicas a obesos y fumadores. De hecho, ya se está negado intervenciones en rodillas o caderas a pacientes con sobrepeso. ¿Porque se les considera culpables?

Lo que aquí está en juego es el estereotipo de la gordura, una reducción al absurdo que es impugnada desde las redes por activísimas blogueras como Valerie Sagun o Jessamyn Stanley, que demuestran que el sobrepeso no está reñido con el ejercicio físico o el yoga, y que se puede ir sobrada de kilos y de salud. El cliché ordena que las gordas seamos vagas, glotonas, descuidadas, sin voluntad ni amor propio y con una salud en riesgo. «La gordura es una enfermedad mental», se atrevió a decir Mario Vargas Llosa en un arranque de empatía. Sin embargo, los expertos confirman que el fenómeno va mucho más allá de una cuestión de autocontrol.

La nutricionista Mónica Moll admite que «se simplifica sobremanera el asunto, como si estar gordo fuera como ser miope y tuviera una solución estándar», y añade que existen casi tantas causas de la gordura como gordos: «Los kilos pueden tener origen endocrino, genético, psicológico, cultural, educacional, deberse a accidentes o discapacidades, a medicaciones…». El estudio La estigmatización social de la obesidad (2014) concluye que es imposible luchar contra un fenómeno global de causas tan complejas sin tener en cuenta el prejuicio y el sufrimiento que produce, sobre todo en las mujeres. «La estigmatización no solo exacerba las desigualdades sino que interfiere con los esfuerzos eficaces de intervención de la obesidad», dice el citado estudio.

Ninguneadas y condenadas

  • En el trabajo. Su empleabilidad, posibilidad de ascenso y remuneración se ven comprometidos por los prejuicios en torno a la gordura: cansancio, debilidad moral, falta de autocontrol… Según un estudio de la Universidad de Exeter, si una mujer pesa 6,3 kilos más de lo esperable, ganará desde 1.700 euros menos al año.
  • En la calle. Aumentan los insultos públicos y la denigración cotidiana con burlas y acoso, por la percepción de los cuerpos gordos como inferiores. Los casos de bullying en los colegios han aumentado en e último año un 75%, muchos dirigidos a niños gordos.
  • En los medios. Abunda la representación negativa, con gordos y gordas en roles menores asociados a la vejez, el trabajo doméstico y la maternidad. Además, gorda es sinónimo de fea, de persona menos exitosa, menos inteligente y feliz.
  • En la vida personal. Las mujeres con obesidad desde la infancia a la etapa adulta, no solo tienen la mitad de probabilidades de tener un empleo remunerado, sino también de tener pareja (según el estudio La estigmatización social de la obesidad, de Domingo Bartolomé, publicado en Cuadernos de Bioética). En cambio, en los hombres, la obesidad continuada no se asoció con ningún resultado adverso.
  • En la alimentación. Un reciente estudio del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) ha desvelado que se incrementa más la obesidad en las mujeres porque son ellas las que presentan las mayores tasas de desempleo, con el consiguiente consumo de productos más baratos y menos nutritivos.

Bellas, gordas, visibles

En los últimos tiempos, cada vez más marcas y revistas de moda cuentan con blogueras como Nadia Aboulhosn o Callie Thorpe. ¿La idea? Apoyar la visibilidad de cuerpos diversos como una manera de representar y atraer a más lectoras. De hecho, arrastrada por las compradoras y contra todo pronóstico, la moda se está convirtiendo en el espacio donde mejor se empiezan a visibilizar las mujeres con kilos.

A las consabidas Asos, Violeta by Mango, H&M, Persona o AD de Adolfo Domínguez, se unen firmas como Anna Scholz, Universal Standard o Fiorella Rubino. Solo Inditex permanece incomprensiblemente impermeable a la demanda global de una ampliación de sus tallas, con pocas prendas que llegan a la XXL en el catálogo de Zara. Pero, más allá de su visibilidad, la glotonería -caballo de batalla de los gordos y las gordas-, vive un proceso de politización imparable impulsado por estudios e investigaciones que denuncian las mentiras y malas prácticas de la industria alimentaria.

El retrato que poco a poco va imponiéndose acerca de porqué más del 40% de las personas en Occidente presenta algún sobrepeso -con países como el nuestro, con una tasa del 21,6% de obesos y del 39,3% de sobrepeso-, tiene mucho que ver con la correlación entre la (creciente) pobreza, cero educación en hábitos alimenticios saludables y acceso únicamente a alimentos de baja calidad. De hecho, aquí se cierra un segundo círculo vicioso que atenaza a la gordura: el de la adicción. La hormona leptina que ha de comunicar la saciedad al cerebro no hace su trabajo porque es inhibida por el azúcar. De esa forma, el «hambre eterna» del gordo se mantiene gracias a la industria de los refrescos y los alimentos baratos del supermercado, a rebosar de azúcar y grasas saturadas.

La complicidad de la industria

Cuando Michelle Obama decidió emprender una cruzada contra la obesidad infantil tuvo que dar marcha atrás de su intención inicial de cuestionar los refrescos gaseosos y la comida rápida, y centrarse solo en la promoción del ejercicio físico. ¿La razón? La todopoderosa industria alimentaria puso sus lobbies a trabajar… Pero para perder peso los estudios dicen que no es suficiente con el deporte; es necesario cortar con los productos ricos en azúcar y grasas. Pero el de la comida basura no es el único sector que necesita a los gordos, también la industria de las dietas.

Solo en España, adelgazar genera 2.000 millones de euros al año de beneficios. La gordura es rentable para muchos y, a la vez, el signo de un tiempo marcado por la ansiedad. En la presentación de ‘La cara oscura del capital erótico’ (Akal), un estudio sociológico sobre el valor de los distintos cuerpos en el mercado, su autor, José Luis Moreno Pestaña, explicaba: «Es muy difícil mantener pautas corporales de élite en condiciones de estrés laboral angustioso», de ahí que sean las personas con menos recursos las que acaben cediendo a la obesidad o lleguen a realizar prácticas de riesgo para su salud con tal de evitar al monstruo de los kilos.

«La herramienta fundamental que encuentran muchas de estas personas son restricciones vecinas de la patología», explicaba este profesor de Filosofía en la Universidad de Cádiz, que se atreve a cuestionar «verdades absolutas» de nuestro tiempo: ¿de verdad es posible transformar el cuerpo, tal y como nos exige la norma social? ¿Es pobreza lo que vemos en la obesidad? ¿Es la delgadez otro factor que busca homogeneizar la diversidad natural de los cuerpos? ¿Por qué le dedicamos tanto tiempo y dinero a la belleza física? ¿No es un tiempo que podríamos invertir mejor en otras cosas?

La angustia ante lo femenino

  • La gordofobia, el miedo a engordar o el rechazo a las personas gordas, proviene, como toda fobia, de un mecanismo psicológico que intenta proteger de la angustia. Si ese algo está fuera de mí, en el gordo o la gorda, no me afecta. Yo sí puedo controlarme. Premisa falsa, ya que todos estamos habitados por deseos que en cierta medida nos dominan.
  • Somos mucho más que un cuerpo. Las dificultades con la alimentación constituyen una manera de expresar sentimientos que no pueden ser dichos, emociones que no pueden ser reconocidas o afectos que desde nuestro inconsciente intentan manifestarse. Comer demasiado o no comer puede ser un intento de buscar una solución somática a una tensión interna. Entonces aparecen síntomas (atracones, obesidad, anorexia, bulimia) que pueden restaurar un interior dañado.
  • ¿Por qué apenas se rechaza la extrema delgadez y sí los kilos de más? ¿Qué representa estar gordo o gorda? El cuerpo femenino tiene curvas y las curvas excesivas se rechazan. Entonces la mujer, tomada solo como un cuerpo, cosificada, se tiene que adaptar a la moda. Se la pide que sea como un falo, sin curvas, sin feminidad. Se la constriñe.
  • La obesidad se está convirtiendo en un problema. Quizá en algunas sociedades tenemos más recursos materiales, pero menos psíquicos, estamos más estresados o frustrados. El acto de alimentarse está íntimamente ligado, desde los primeros momentos de la vida, a la construcción de las emociones. Podemos intentar compensar, con excesos o defectos de la comida, un vacío insoportable, más ligado a necesidades psíquicas que biológicas. Mientras el peso del cuerpo invada nuestro interés, no se pone palabras a otro tipo de peso que aplasta el ánimo, no nombramos los deseos, no nos hacemos dueñas de nuestra vida, colocándonos en el objeto de deseo «delgado» del otro. En este siglo las mujeres, estamos intentando consolidar nuestras conquistas. ¿Es posible que el camino hacia una vida más plena haya que pagarlo con la insatisfacción por unos kilos? ¿Es lo femenino lo que angustia?

Cómo reducir los efectos del alcohol con ejercicio

El ejercicio regular podría reducir el riesgo de enfermedades relacionadas con la sustancia

La Vanguardia, por Rocío Navarro Macias
el-ejercicio-ayuda-contra-la-resaca_istocklavanguardia-webExiste una larga lista de recetas populares que pretenden contrarrestar los efectos de la resaca. Desde complementos vitamínicos hasta ciertas comidas, son las herramientas que de forma cotidiana intentan minimizar el molesto estado. La cuestión es ¿alguna funciona?

Aunque según una revisión de estudios publicada en el British Journal of Medicine concluía que no existe ningún método efectivo para acabar con ella, un nuevo trabajo parece indicar que puede haber una vía para que su presencia sea lo menos invasiva posible.

Según indica una reciente investigación, sudar la camiseta podría ser el remedio contra la resaca y sus efectos a largo plazo.

Sudar contra el alcohol

El estudio de la Universidad de Sidney ha descubierto que incluso la actividad básica recomendada por semana (unos 150 minutos de ejercicio de intensidad moderada) podría disminuir los efectos nocivos de la ingesta de alcohol.
“La práctica de ejercicio nos puede ayudar a eliminar las toxinas que se han acumulado en el organismo pues aumenta la velocidad de metabolización del alcohol”, apunta Jorge Martín Brañas entrenador personal del Instituto Médico Europeo de la Obesidad.

Como comenta el especialista físico, cuando se consumen un par de copas o más, el hígado las metaboliza en acetato, un elemento residual utilizado por el cuerpo en lugar de las grasas como combustible. La práctica de ejercicio físico ayudaría al organismo a quemar más rápido el acetato y volver a la normalidad.

La mejor rutina anti-resaca

Para obtener beneficios el día después de haberse pasado con las copas no sirven las sesiones extenuantes. “Una sesión suave de cardio en el gimnasio o un paseo andando o en bicicleta al aire libre pueden ser una buena opción, siempre haciendo caso a nuestras sensaciones e hidratándonos muy bien”, recomienda Brañas.
Lo más importante estos días, según subraya Jorge es no sobrepasar la intensidad. “Si mantenemos esta premisa, estas rutinas activarán el metabolismo favoreciendo la eliminación de las sustancias tóxicas que sobran en el organismo”, manifiesta.

Entrenar contrarresta los síntomas

De vuelta a la investigación anterior, los científicos encontraron una relación directa entre el consumo de alcohol y el riesgo de mortalidad por cáncer. Sin embargo, el análisis de los resultados de los más de 36.370 participantes demostró que la asociación entre el consumo de alcohol y el riesgo de mortalidad fue atenuada entre los individuos que cumplían con las recomendaciones de actividad física.
“Hay que destacar una relación dosis-respuesta entre el consumo de alcohol y las muertes por cáncer, es decir, son directamente proporcionales. Pero este no es el caso entre personas físicamente activas”, comenta el autor del estudio Dr. Emmanuel Stamatakis en un comunicado.
Sin embargo, los investigadores alertan: “En ningún caso sugerimos que hacer ejercicio es una licencia para beber más alcohol, ya que el abuso de esta sustancia causa un daño en la salud y la sociedad significativo”, afirma Stamatakis.
Algo en lo que coincide Jorge: “El alcohol no es un buen aliado para nuestra salud ya que su consumo puede estar unido a enfermedades como la cirrosis, cáncer de hígado, deterioro de la función renal, disminución de la función sexual y cardiopatías”.

A veces, mejor descansar

Aunque los beneficios del ejercicio físico quedan constatados cuando se realizan de forma regular, existen ocasiones en las que es mejor dejar la sesión para otro día. Existe una larga lista de consecuencias como la desnutrición, mareos, diarrea y un largo etcétera que requieren sobre todo de reposo.

“Si tenemos síntomas como náuseas, diarrea y vómitos, lo ideal será quedarse en casa tranquilo e hidratarse hasta que desaparezcan”, cuenta Jorge.

Saboreando halloween sin calorias

Diario de León, por R. Segura

Healthy Fruit Halloween Treats made into Banana Ghosts and Clementine Orange Pumpkins
Healthy Fruit Halloween Treats made into Banana Ghosts and Clementine Orange Pumpkins

Niños y adolescentes, pero también cada vez más jóvenes y adultos, disfrutan en las casas, calles, discotecas y salas de fiesta, de los juegos, disfraces, bailes, espectáculos, filmes y actividades que se desarrollan en torno a la víspera de Todos los Santos. Otro de los grandes motivos de disfrute en esta particular jornada en la que la muerte, el miedo y el más allá se dan la mano con la diversión, las risas y los festejos, son las comidas, bebidas y golosinas muy calóricas, que se consumen a menudo en abundancia y sin controL.

Si no prestamos atención a lo que ingerimos, la ‘Noche de Brujas’ puede aportar a nuestro organismo una enorme cantidad de ‘monstruosas calorías’, provenientes de comidas muy energéticas y poco nutritivas que, ‘por arte de magia’, nos harán aumentar de peso y nos provocarán malestar digestivo, de acuerdo al Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO). «Durante Halloween los niños, jóvenes e incluso los adultos pueden consumir una gran cantidad de alimentos con abundantes grasas, azúcares, harinas refinadas, así como alcohol», confirma Rubén Bravo, experto universitario en nutrición y gastronomía del IMEO.

Según este experto, ese consumo excesivo de comidas y bebidas calóricas y poco nutritivas puede acabar en problemas digestivos, como nauseas, vómitos, inflamación abdominal, gases, estreñimiento o diarrea, acidez y pesadez estomacal. «Los menores suelen consumir una media de 7.000 calorías diarias en Halloween”, explica Bravo, quien insiste en que el principal problema no radica tanto en la comida en sí, sino más bien en el enorme consumo de dulces, y en el caso de los adolescentes, su combinación con el alcohol. Por eso propone diversión, sí, pero controlada en todas las edades.

Comidas sanas para la ‘oficina’

306_lznn_fotonoticia_20161016081452_640Sin embargo, no todas las personas preparan sus ‘tupper’ de forma correcta, ya que, tal y como ha comentado el portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo, algunas cometen el error de pensar en ellos como un plato único, más contundente y calórico, otros los llenan con las sobras de la cena y otros sólo comen pasta o legumbres.

Cada vez más españoles comen ‘tupper’ durante su jornada laboral, una costumbre ya arraigada en otros países europeos y que permite desarrollar hábitos alimentarios saludables, ahorrar de forma considerable y economizar el tiempo que se pasa en el trabajo. Sin embargo, no todas las personas preparan sus ‘tupper’ de forma correcta, ya que, tal y como ha comentado el portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), Rubén Bravo, algunas cometen el error de pensar en ellos como un plato único, más contundente y calórico, otros los llenan con las sobras de la cena y otros sólo comen pasta o legumbres. Con fin de ayudar a la población a preparar menús equilibrados, variados y saludables para toda la semana, los expertos de IMEO han elaborado un menú para cada día.

«En primer lugar, damos opciones para aquellas personas que simplemente quieren comer saludablemente. Como un segundo paso, ofrecemos una alternativa en la que, a través de una pequeña modificación, se adapta el plato para aquellas personas que quieran bajar de peso comiendo sano y, a continuación, desarrollamos una plantilla para que sirva como base para la elaboración del menú», ha explicado la nutricionista clínica Carmen Escalada.

  1. Lunes: la opción saludable consiste en pasta integral, marisco y verdura; y la opción hipocalórica en verduras y marisco.
  2. Martes: la comida saludable se basa en verduras, ternera y pan (por ejemplo, una hamburguesa de ternera con espinacas, lechuga, tomate, cebolla, mostaza y mollete de pan de barra); y la hipocalórica en verduras y ternera (igual pero sin el pan de la hamburguesa).
  3. Miércoles: la opción más saludable consiste en preparar el ‘tupper’ con verduras, legumbres y pavo (lentejas con verduras y pechuga de pavo); mientras que en la hipocalórica se eliminan las legumbres (filetitos de pavo rellenos de verdura en juliana).
  4. Jueves: los expertos del IMEO aconsejan tomar verdura, pescado y boniato (como por ejemplo pimientos rellenos de bacalao y pasas con salsa de tomate natural triturado y cama de boniatos asados) para la opción saludable; y verduras y pescado para la hipocalórica.
  5. Viernes: la opción sana consiste en comer verdura, pollo y arroz integral (por ejemplo arroz integral tres delicias con jamón de york en taquitos, tomate, queso fresco y tortilla francesa); y la opción hipocalórica se basa en verduras y pollo (salteado de taquitos de pollo con verduras, setas y salsa de soja).

Ahora bien, para las jornadas intensivas, la nutricionista del IMEO ha aconsejado llevarse al trabajo un tentempié saludable y bajo en calorías como, por ejemplo, una pieza de frutas, zumo de frutas sin azúcares añadidos, yogur líquido, cuatro unidades de nueces o almendras, una barrita de cereales sin azúcares añadidos, una tortita de cereales, dos lonchas de pechuga de pavo, café descafeinado o una onza de chocolate negro.

EVITA LA CAÍDA DEL CABELLO EN OTOÑO

Asimismo, con la llegada del otoño aparece la «temida» caída de cabello, por lo que la nutricionista sénior de IMEO Andrea Marqués ha recomendado tomar suplementos naturales con una buena base de vitaminas y minerales que, además de reforzar el nacimiento capilar y reducir la caída estacional, ayudarán a recargar energía de cara al invierno.

Algunos de los suplementos para reforzar las defensas son, por ejemplo, el propóleo (en forma de cápsulas, jarabe o gotas), una sustancia que una serie de flavonoides que le otorgan una acción antibiótica natural y que se puede utilizar tanto para prevenir como para tratar infecciones respiratorias, anginas, infecciones urinarias e incluso alergias ya que refuerza el sistema inmunitario.

Los suplementos multivitamínicos para la caída del cabello se suelen encontrar en farmacias, parafarmacias, herbolarios o supermercados. Sin embargo, es importante fijarse en la composición del mismo para saber si es lo que se necesita:

  1. Vitaminas del grupo B: esenciales en la composición del cabello. Nuestro suplemento deberá contener siempre biotina o vitamina B7, ya que ayuda al crecimiento y restauración del folículo capilar. También es importante la niacina, o vitamina B3, que aumenta la circulación sanguínea en el cuero cabelludo y por tanto, también colabora en el crecimiento capilar.
  2. Vitamina E: previene la caída del cabello ya que también favorece la circulación y la formación de vasos sanguíneos. Se puede consumir por vía oral o aplicarla directamente en el cuero cabelludo a través de aceites vegetales. Además también es un buen hidratador del cabello seco.
  3. Vitamina D: promueve el crecimiento del folículo piloso, nuestro cuerpo la sintetiza gracias a la exposición solar, y también la consumimos a través de ciertos alimentos como los aceites de pescado, la yema de huevo o los frutos secos. Suele estar en déficit por lo que puede suplementarse, pero siempre bajo consejo profesional.
  4. Minerales como hierro, magnesio y zinc: todos necesarios para promover el crecimiento y sobre todo para evitar la caída del cabello. Suelen ir combinados con las vitaminas mencionadas anteriormente. EP

    Fuente: medio ambiente

Errores a la hora de preparar los smoothies, ¡si quieres adelgazar!

Manual del smoothie light perfecto

Telva, por Gloria Vázquez Sacristán

Un manojo de kale o col rizada y sin tallos, medio plátano, medio mango pelado y sin hueso, 200 ml de agua de coco y una cucharadita de espirulina. Foto: @dietox
Un manojo de kale o col rizada y sin tallos, medio plátano, medio mango pelado y sin hueso, 200 ml de agua de coco y una cucharadita de espirulina.
Foto: @dietox

¿No entiendes por qué la gente habla tan bien de los smoothies cuando a ti no te funcionan? Puede que estés cometiendo algunos errores producto del boca a boca. Preguntamos a los expertos en smoothies y en nutrición para que nos den las pautas básicas para conseguir que el smoothie sea sano, bajo en calorías y… ¡te ayude a adelgazar! Además te damos nuestra selección de batido de frutas para que te inspires y crees el tuyo según las máximas que acabamos de descubrirte.

Errores a la hora de preparar smoothies

Desde el hotel Barceló Montecastillo con su rincón Premium Vital Corner nos dan los tips necesarios para que el smoothie no exceda las calorías y sea saciante gracias a su nutricionista.

Error nº1: Falta de fibra

«La fibra es el elemento clave para bajar de peso ya que llena y sacia más, así que elegir los ingredientes adecuados es primordial. Alimentos ricos en fibra como la col, kiwi, peras o semillas de chía».

Error nº2: Exceso de fruta

«La fruta contiene una gran cantidad de azúcares naturales que aunque se metabolizan rápidamente, dejan la sensación de hambre cuando ha pasado un rato. Para evitar este problema, lo mejor es mezclar la fruta con proteínas como la leche de soja, nueces, yogurt o mantequilla«.

Error nº3: Evitar azúcares adicionales

«Para todos aquellos que tienen un paladar más dulce es complicado renunciar a los edulcorantes o azúcares, para ello lo mejor es optar por yogures naturales o de soja o leche de almendras».

Error nº4: Demasiada cantidad

«Porque sea sano no significa que se pueda tomar toda la cantidad que uno quiera, hay que tomarlo con cabeza. Si se consume como sustitutivo de una comida la cantidad puede ser mayor que si se toma entre horas como snack (que no pase de las 150 calorías)».

Adelgaza con tu smoothie

Depurator Ingredientes: 1 rama de apio, 1 taza ½ de agua mineral, 1 cucharada de perejil, 4 rodajas de piña natural en su jugo, 8 espárragos trigueros.
Depurator
Ingredientes: 1 rama de apio, 1 taza ½ de agua mineral, 1 cucharada de perejil, 4 rodajas de piña natural en su jugo, 8 espárragos trigueros.

Desde del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO) recomiendan unas sencillas reglas para que además de saludable, tu smoothie sea dietético. A continuación desgranamos algunas a modo de consejos prácticos:

1. No ingredientes calóricos
Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del IMEO, descarta: azúcar, miel, sirope, cacao en polvo, lácteos enteros como leche y yogur griego, nata, mantequilla de maní, etc.

2. Mezclar 60% de fruta con 40% de verdura, triturar con la piel
¿Por qué? «El 80% de los micronutrientes se encuentran en la pulpa y en la piel, es muy importante triturarlos, siempre que sea posible, enteros y consumirlos en los siguientes 20 minutos«.

3. La fruta es más económica, si se compra congelada
«Se venden congelados a precio más económico; preservan todas sus propiedades y no contienen bacterias de mal estado, de modo que tenemos una ventaja», añade Bravo.

4. ¿Cómo calculamos las calorías?
«Las frutas son mas calóricas que las verduras, por esto hay que vigilar la proporción. Para hacernos una idea, unos 250ml (un vaso) de esta bebida tendrían alrededor de 150kcal, perfectamente aceptable en un desayuno, merienda o como un tentempié de media mañana».

5. ¿Para qué sirve cada smoothie?
«Los preparados de color verde (espinacas, apio, pepino, puerro) tienen más fibra y calcio y pueden ayudar frente a enfermedades degenerativas, ejerciendo algunos efecto depurativo. Los de un color intenso rojo (sandia, fresas, frambuesas, arándanos) son antioxidantes y favorecen la salud cardiovascular. Los de color naranja (naranjas, zanahorias, mango) ayudan a prevenir el cáncer».

6. No sustituyen una comida
«Al ingerir la fruta y verdura triturada, omitimos una parte del proceso de la digestión, que son la masticación y la insalivación, que puede influir en el afecto de saciedad y acentuar la sensación de hambre», apunta el experto en nutrición del IMEO.

7. Juega con los beneficios de las especias
Endulza el smoothie con azúcar moreno, estevia o especias con un toque dulce, como canela, cúrcuma, jengibre, vainilla o té verde.
La canela es para calmar la sensación de apetito.
La cúrcuma, también conocida como azafrán de raíz, es un antiinflamatorio natural que metaboliza la grasa y reduce el colesterol. ¡Picante!
El jengibre te interesa si hay inflamación abdominal. Mejora la digestión de las proteínas y calma las molestias de estómago.
La vainilla es un tranquilizante natural. El té verde es aconsejable para problemas de retención de líquidos.

Bufé libre… de excesos

Para evitar que la abundante y variada oferta de comida y bebida del “todo incluido” que ofrecen numerosos restaurantes y hoteles se transforme en digestiones pesadas y kilos de más, los nutricionistas ofrecen pautas para prevenir y compensar los excesos del bufé libre

EFE reportajes, por Ricardo Segura

bufé libreEl ‘bufé’, término derivado del idioma francés que designa una “comida en la que todos los alimentos están dispuestos a la vez en una o varias mesas para que los comensales, de pie, elijan lo que prefieran”, puede tener un impacto muy diferente en quienes los consumen cuando se le añade la palabra “libre”.

Es que los también llamados restaurantes o servicios de tenedor libre o ‘self service’ (autoservicio), que permiten comer y beber todo o casi todo lo que uno desee, pagando un precio fijo, pueden ser buenos para el bolsillo, pero peligrosos para la silueta.

No todo lo que reluce es oro y la abundancia no siempre conviene cuando se trata de comer por placer y no por deber, recalcan los expertos en nutrición, recordando que hay que evitar que la suculenta y variada oferta de comida de los bufés libres y los menús “todo incluido” nos conduzca al libertinaje gastronómico.

Esta modalidad gastronómica es aceptable si se practica con acierto y moderación, de acuerdo a los expertos en nutrición.

“No es malo buscar la mejor opción en la relación calidad-precio en la comida, pero aprovecharlo para cometer continuos excesos durante un lapso prolongado como las vacaciones, puede sumar de 0,5 a 1,5 kilos de más al cuerpo por cada semana”, explica Rubén Bravo, experto en nutrición y gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

El riesgo de la glotonería

En la imagen un bufé libre o self-service del desayuno en un hotel. Foto IMEO
En la imagen un bufé libre o self-service del desayuno en un hotel. Foto IMEO

“Hace años el sistema de restauración de estilo bufé, se centraba en cruceros y restaurantes de hotel, pues está diseñado para dar de comer a un gran número de personas en un horario más o menos amplio”, explica el portavoz del IMEO (www.imeoobesidad.com) .

Bravo indica que este modo de comidas era muy común esencialmente en las épocas estivales y vacacionales.

Explica que en los últimos años al bufé tradicional se han incorporado variantes importadas de las influencias brasileñas, chinas y americanas, donde se paga una cantidad fija por comer todo lo que uno quiera.

“A estos restaurantes se suele acudir en cualquier época del año y sin un motivo concreto, salvo ‘salir a comer fuera de casa’”, explica Bravo.

Consultado sobre las características nutricionales que suelen tener las comidas de estos establecimientos, Bravo responde que “en los bufés de hoteles o cruceros la variedad y la calidad suele ser más alta que en las opciones ´come todo lo que quieras´, principalmente por la sostenibilidad del propio negocio”.

“En general y centrándonos en las opciones más cotidianas, para que un bufé libre sea rentable debe acudir a alimentos de calidad nutricional media, que sacien el apetito de forma temprana y no muy alto coste”, señala este experto en nutrición.

Por eso, “lo habitual es encontrar en ellos arroz, patatas, opciones harinosas como la pasta, la empanada o similares, carnes o derivados cárnicos como salchichas, pollo en salsa, charcutería, quesos, huevos, postres dulces y repostería en general”, apunta.

“Las características nutricionales de estos alimentos no se encuadran dentro de las más saludables si tenemos en cuenta el factor cantidad de micronutrientes (vitaminas, minerales…) por cada caloría aportada. Realmente es necesario un esfuerzo por parte del consumidor para realizar una comida equilibrada en la mayoría de las opciones de bufé.

La ventaja de esta modalidad para el consumidor es gastronómica y económica, pues “puede degustar muchos platos diferentes y variados, normalmente sabrosos y apetecibles, pero su riesgo es la glotonería: comer un exceso de comida que aporte cantidades de calorías muy superiores a las que necesita”, advierte el experto del IMEO.

Los más aficionados al tenedor libre

“Esto es un inconveniente pasajero si se acude a los bufé de forma esporádica o allí se elige una mayoría de opciones saludables, pero se transforma en problema cuando se incurre en la adicción y se efectúa con mucha frecuencia, incluyendo este modo de alimentarse dentro de los hábitos cotidianos”, recalca.

“Afortunadamente, por el momento no demasiadas personas incluyen los bufés en sus hábitos diarios, sino que recurren a esta modalidad como mucho una vez por semana como una forma de ocio en el fin de semana, aunque tenemos conocimiento de varios perfiles asiduos a estos restaurantes”, señala.

“Entre los más aficionados al bufé libre figuran los físico-culturistas, que necesitan ingerir mucha cantidad, tanto de carbohidratos como de proteínas, y estos restaurantes ofrecen ambas opciones a un precio muy razonable y en cantidades ilimitadas”, explica Bravo.

“También suelen acudir a estos restaurantes algunas personas con bulimia, que periódicamente se dan atracones de comida y después intentan compensarlos tomando laxantes, haciendo ejercicio o vomitando, lo cual en este caso puede potenciar este grave y peligroso trastorno de la alimentación”, según Bravo.

También pueden ser asiduos a los bufés libres algunas personas con obesidad de clase humilde, según este experto.

“Muchas personas obesas padecen adicción hacia ciertos alimentos, todos ellos abundantes en los bufés, y este perfil de personas puede disfrutar comiendo infinidad de platos, en la cantidad que quieran y a un precio muy asequible”, informa.

Claves para no caer en la tentación

Rubén Bravo proporciona unos sencillos consejos prácticos para disfrutar del bufé libre todo el año sin caer en los excesos ni engordar.

  1. Procure restringir la visita a una vez por semana.
  2. Incluya una ensalada como primer plato.
  3. Controle las cantidades, evitando “comer por los ojos”.
  4. Coma despacio y deguste los platos.
  5. Procure acudir en la hora del almuerzo evitando la visita en la cena.
  6. Compense la comida del medio día con una cena ligera y saludable rica en verduras.

Por su parte, para ayudarnos a no bajar la guardia ante las tentaciones del bufé libre, Andrea Marqués, nutricionista dietista del IMEO, aconseja:

  1. Elija los platos menos calóricos, dando preferencia a las ensaladas y sopas frías.
  2.  Opte por la fruta de postre.
  3. Tome agua con la comida, en lugar de bebidas alcohólicas o refrescos.

Cómo hacer un bufé libre de excesos

EFE, Hoy digital
26_08_2016-HOY_VIERNES_260816Para evitar que la abundante y variada oferta de comida y bebida del “todo incluido” que ofrecen numerosos restaurantes y hoteles se transforme en digestiones pesadas y kilos de más, los nutricionistas ofrecen pautas que ayudan a prevenir y compensar los excesos del bufé libre…

El “bufé”, término derivado del idioma francés que designa una “comida en la que todos los alimentos están dispuestos a la vez en una o varias mesas para que los comensales, de pie, elijan lo que prefieran”, puede tener un impacto muy diferente en quienes los consumen cuando se le añade la palabra “libre”.

Es que los también llamados restaurantes o servicios de tenedor libre o “self service” (autoservicio), que permiten comer y beber todo o casi todo lo que uno desee pagando un precio fijo, pueden ser buenos para el bolsillo, pero peligrosos para la silueta.

No todo lo que reluce es oro y la abundancia no siempre conviene cuando se trata de comer por placer y no por deber, recalcan los expertos en nutrición, recordando que hay que evitar que la suculenta y variada oferta de comida de los bufés libres y los menús “todo incluido” nos conduzca al libertinaje gastronómico.

Esta modalidad es aceptable si se practica con acierto y moderación, aclaran los expertos en nutrición.

“No es malo buscar la mejor opción en la relación calidad-precio en la comida, pero aprovecharlo para cometer continuos excesos durante un lapso prolongado como las vacaciones, puede sumar de 0.5 a 1.5 kilos de más al cuerpo por cada semana”, explica Rubén Bravo, experto en nutrición y gastronomía del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

El riesgo de la glotonería. “Hace años, el sistema de restauración de estilo bufé se centraba en cruceros y restaurantes de hotel, pues está diseñado para dar de comer a un gran número de personas en un horario más o menos amplio”, explica a Efe, el portavoz del IMEO (www.imeoobesidad.com).

Bravo indica que este modo de comidas era muy común esencialmente en las épocas estivales y vacacionales.

Explica que en los últimos años al bufé tradicional se han incorporado variantes importadas de las influencias brasileñas, chinas y americanas, donde se paga una cantidad fija por comer todo lo que uno quiera.

“A estos restaurantes se suele acudir en cualquier época del año y sin un motivo concreto, salvo salir a comer fuera de casa”, explica Bravo.

Consultado por Efe sobre las características nutricionales que suelen tener las comidas de estos establecimientos, Bravo responde que “en los bufés de hoteles o cruceros la variedad y la calidad suele ser más alta que en las opciones “come todo lo que quieras”, principalmente por la sostenibilidad del propio negocio”.

“En general, y centrándonos en las opciones más cotidianas, para que un bufé libre sea rentable debe acudir a alimentos de calidad nutricional media, que sacien el apetito de forma temprana y no tengan muy alto coste”, señala este experto en nutrición.

Por eso, “lo habitual es encontrar en ellos arroz, patatas, opciones harinosas, como la pasta, la empanada o similares, carnes o derivados cárnicos como salchichas, pollo en salsa, charcutería, quesos, huevos, postres dulces y repostería en general”, apunta. “Las características nutricionales de estos alimentos no se encuadran dentro de las más saludables si tenemos en cuenta el factor cantidad de micronutrientes (vitaminas, minerales…) por cada caloría aportada, indica el experto del IMEO.

¿Qué es peor: un atracón de beicon o de dulces?

Expertos nutricionistas despejan la eterna duda: grasas versus carbohidratos

El País, por Elena Horrillo

1471342866_572511_1471423965_noticia_fotograma¿Grasas o carbohidratos? Adivinar quién es el malo de la película parece fácil: «Las grasas», dirá probablemente, con soltura. Un macronutriente de los tres principales (grasas, proteínas e hidratos) al que se ha demonizado en casi todas las dietas. Se ha llevado el sambenito de responsable de la obesidad y de las grasas acumuladas, se ha vinculado al aumento del colesterol y a un mayor riesgo cardiovascular. Sin embargo, la nutrición no es una cinta de Hollywood; aquí los malos no son tan malos, la ciencia evoluciona y los matices no solo son importantes, sino primordiales.

Pongamos las cartas sobre la mesa. Es cierto que las grasas tienen más calorías: 9 kcal por gramo, frente a las 4 que tienen las proteínas y los hidratos; pero también es cierto que, como el resto de macronutrientes, son completamente necesarias para nuestra dieta. Aportan el combustible a nuestro cuerpo, son imprescindibles para la absorción de importantes vitaminas (A, D, E y K), suministran ácidos grasos fundamentales y forman parte de la estructura de otros compuestos esenciales como las hormonas esteroides y los ácidos biliares. Aunque, eso sí, hay que tener en cuenta que no todas las grasas son iguales. Y esta es la piedra angular del asunto. Hay tres grandes tipos: en primer lugar, las insaturadas, que se dividen a su vez en monoinsaturadas (de origen vegetal, como el aceite de oliva o el aguacate) y poliinsaturadas (del pescado azul y otros aceites como el de girasol). El segundo grupo es el de las saturadas, presentes principalmente en carne y lácteos derivados de la leche entera. Y, por último, las grasas trans, que son las que pasan de ser insaturadas a saturadas (alterando las parejas de átomos), normalmente, de forma artificial, al añadir más hidrógenos, aumentando así su perdurabilidad y mejorando su textura. A este grupo pertenecen las margarinas, bollería industrial y multitud de alimentos preparados.

A pesar de la gran diferencia entre unas y otras, se las englobó en el mismo saco durante décadas. “De algún modo se equipararon todas las grasas con las saturadas, por lo que las recomendación nutricional era evitarlas y tomar, en su lugar, carbohidratos”, explica Emili Ros, director de la Unidad de Lípidos del Hospital Clinic de Barcelona y jefe de grupo de Obesidad y Nutrición del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBEROBN) del Instituto Carlos III. Así pues, durante años, se asoció directamente el consumo de cualquier tipo de grasas con el aumento del colesterol y, por tanto, con el incremento del riesgo cardiovascular. Además, múltiples dietistas ayudados por numerosas campañas de márketing hicieron de lo bajo en grasa (de nuevo, de forma genérica) un reclamo de dieta saludable. Pero la mayonesa light engorda (y mucho).

Con el tiempo, comenzaron las necesarias diferenciaciones y empezaron a borrarse o matizarse algunos de los estigmas atribuidos a este nutriente. Para nuestro cerebro, la conexión puede ser obvia: a mayor consumo de grasa, más obesidad; pero lo cierto es que la asociación no es tan sencilla. “La gente que come más grasas vegetales [aceites de oliva, girasol o maíz, aceitunas y frutos secos] no tiene más tasas de obesidad ni ganan más peso que las que consumen más carbohidratos. Para el tratamiento de la obesidad, un régimen hipocalórico con más grasa es más fácil de tolerar y consigue más pérdida de peso que con una dieta alta en carbohidrato”, asegura Ros.

¿Y qué pasa con el riesgo cardiovascular? Hasta ahora se afirmaba que había correlación entre el consumo de este tipo de lípidos y los peligros para el corazón, pero algunos estudios comienzan a ponerlo en duda. Porque ni siquiera la asociación grasas insaturadas/buenas y grasa saturadas/malas es certera. “El debate existe porque se ponían en un mismo saco a todas las grasas saturadas. Ahora se ha visto que hay que darles nombres y apellidos: no todas tienen el mismo efecto”, asegura Eduard Baladia, profesor de la Universidad de Alicante y editor de la Revista Española de Nutrición Humana y Dietética. Tanto es así que Ros asegura que solo si se sustituyen «las grasas saturadas por mono o poliinsaturadas, baja el riesgo cardiovascular. Su mera eliminación carece de efecto sobre este problema y la diabetes».

Baladia se muestra más cauto: “La mayoría de las grasas saturadas siguen teniendo efectos nocivos”, aunque asegura que los lípidos son solo “un factor más” al evaluar los peligros a nivel cardiovascular: “Las grasas nunca han sido el único elemento a tener en cuenta, el peso ha sido otro, la obesidad abdominal, la ingesta energética o la falta de ejercicio físico”. Sin embargo, Ros es más optimista y cree que habría que ir sacando del banquillo de los acusados a la leche entera, los lácteos fermentados ricos en grasa como el queso y las carnes rojas magras. Se quedarían, sin embargo, las carnes procesadas, como ya adelantó en su día la OMS.

El peligro de los azúcares

El debate sobre las grasas se encuentra abierto y la evidencia científica trabaja contra reloj para aportar más certezas sobre el asunto. Sin embargo, en lo que todos los expertos consultados se muestran de acuerdo es en la condena a los hidratos de carbono refinados, es decir, el azúcar y aquellos a lo que se les ha eliminado la parte más rica en fibra. Aquí también es capital la diferenciación entre estos y los hidratos buenos (principalmente los integrales y los que se encuentran se forma natural en frutas y verduras). “Estos van entrando lentamente, así que nos aportan energía estable a largo plazo, en cambio, los azúcares nos provocan un pico de insulina, que es una energía que dura poco y que, si no la quemamos, la almacenaremos en forma de grasa”, explica Rubén Bravo, experto en nutrición y portavoz del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO).

Los refinados sí se han demostrado enemigos de nuestro corazón. Según el informe Consenso sobre las grasas y aceites en la alimentación de la población española adulta, dirigido por Ros, “las dietas altas en hidratos de carbono, particularmente aquellas con un alto índice glucémico [que elevan rápidamente la glucosa en la sangre: donuts, azúcar de mesa, refresco, pasta blanca, natillas, golosinas…], contribuyen, no solo a un mayor riesgo cardiovascular, sino también de síndrome metabólico, obesidad y diabetes”. Baladia señala que su consumo “hace que aumente la producción de grasa saturada endógena” y señala a los integrales como sustitutivos primordiales.

Tanto Ros como Baladia señalan un punto fundamental que parece resumir, con grandes dosis de sentido común, el estado de la cuestión: la importancia del tipo de grasa o de hidratos, y recordar que un alimento no se compone de un único nutriente. Por ello, Ros se muestra tajante: “Es mucho más importante el alimento que el nutriente”. El foco, más que en consumir más o menos grasas, más o menos hidratos o más o menos proteínas, debe centrarse en tomar más alimentos saludables. Y ni un kilo de beicon o una caja de donuts parecen serlo…

Por qué un poco de sal en la comida sabe tan bien y si te pasas sabe tan mal

Las reacciones las provoca la homeostasis de organismo

La Vanguardia, por Rocio Navarro
img_msanoja_20160805-122514_imagenes_lv_getty_istock_62967447_small-103-kNEG-U403710861947xiG-992x558@LaVanguardia-WebCuando alguien cuenta que le han quitado la sal, normalmente lo hace desde un ánimo taciturno que anticipa que la percepción de la comida -a la que hasta ahora estaba acostumbrado- va a cambiar de forma radical.

“Cuando añadimos sal a la comida, sus moléculas modifican las del alimento, cambiando la composición química del mismo”, indica Andrea Marqués, nutricionista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (Imeo). El resultado es un sabor potenciado, más sabroso y atractivo para el paladar.

En España se consume de media 9,8 gramos de sal al día por persona, según el Libro Blanco de la Nutrición de la Federación Española de Nutrición. Una cifra que casi dobla la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 5 gr. diarios.

Pese a ello, cuando se superan unos límites en la cantidad del condimento, es el propio organismo el que rechaza su ingesta. Estos son los motivos que despiertan la relación de amor/odio con el cloruro sódico.

La reacción al exceso

img_msanoja_20160805-122512_imagenes_lv_getty_istock_7169515_small-kNEG--656x437@LaVanguardia-WebSi has tragado agua alguna vez en el mar, habrás comprobado que la sensación al paladar no es agradable. Según revela un estudio publicado en la revista Nature, cuando ingerimos altas dosis de sal se estimulan los receptores amargos y agrios del gusto. Esto, provoca que la comida con exceso salino sea desagradable.

Sin embargo, cuando se encuentra en la cantidad justa, se fomenta el apetito. Estas sensaciones enfrentadas ayudan a mantener el consumo apropiado de sal.

“Es un mineral indispensable para la vida que el cuerpo humano necesita para funcionar correctamente. Contribuye a regular la presión arterial, controla la cantidad de agua del organismo y es esencial para que el sistema nervioso transmita impulsos al cerebro y para la relajación muscular”, describe Carmen Escalada, nutricionista clínica de IMEO.

Por el contrario, su abuso, desencadena una serie de efectos en el cuerpo que pueden resultar peligrosos. “La cantidad de sal que los riñones no son capaces de eliminar se acumula en la sangre. Esto aumenta la presión arterial (hipertensión), lo que puede terminar desencadenando trastornos renales y cardiovasculares”, continúa.

¿Por qué nos gusta?

Como explica el escrito científico, la sal abre el apetito. “La razón es que los alimentos salados resultan más sabrosos. Esto es debido a su menor disponibilidad de moléculas de agua que aumentan la liberación de compuestos de sabor y aromáticos”, señala Rubén Bravo, experto en nutrición y gastronomía de IMEO.

Por otra parte, también influye en las características relacionadas con la textura. “Mejora la jugosidad de los alimentos proteicos al contribuir a la retención de agua y disminuye el pH de las proteínas y por tanto su acidez”, añade.

¿Cómo la tomamos?

img_msanoja_20160805-124138_imagenes_lv_getty_istock_36845358_small-kNEG--656x437@LaVanguardia-WebCuando nos proponemos ajustarnos a la cantidad recomendada de sal diaria, el equivalente a una cucharada de café colmada, aparece un problema. El mineral está camuflado en numerosos alimentos.

“De la sal total que consumimos, aproximadamente el 72% está oculta en productos precocinados y conservas que, la mayoría de las veces ni siquiera tienen sabor salado. Otro 20% procede de la sal que añadimos a los alimentos y el 8% restante es la sal presente de por sí en ellos”, cuenta Estefanía Ramo, Nutricionista Dietista de Imeo.

Lo que exige un cambio en los hábitos alimenticios para asegurar una ingesta saludable.

¿Qué sal elegir?

img_msanoja_20160805-123006_imagenes_lv_getty_istock_8877376_small-kNEG--656x508@LaVanguardia-WebFíjate en el espacio dedicado a sales de cualquier supermercado. Las hay rosas, en escamas, gorda o incluso importada desde el Himalaya. “Sin embargo, según la legislación tan solo existen cuatro tipos de sal según su obtención y sus características: marina, de manantial, de gema o refinada”, cuenta Rubén.

Asimismo, algunas están enriquecidas con sustancias como el yodo o el flúor. “La primera resulta de utilidad en zonas de interior, donde se consumen pocos derivados pesqueros, o montañosas en las que los vegetales se cultivan en terrenos pobres en yodo”, continua, y añade que es recomendable para niños y embarazadas.

Por otra parte, las ricas en flúor pueden mejorar la mineralización dental.

Cómo compensar los excesos del ‘todo incluido’

Ingerir frutas y verduras depurativas, abundante agua y comer cinco veces al día son algunas de las claves aportadas por la nutricionista dietista del Instituto Médico Europeo de la Obesidad (IMEO), Andrea Marqués, para compensar los excesos de las vacaciones con el ‘todo incluido’.

Noticias de la Información

fotonoticia_20160804134243_640«Generalmente, en esta época del año es habitual descuidar nuestros buenos hábitos y alimentación, sobre todo en el caso de los grandes ‘resorts’ y cruceros que atraen los veraneantes con sus abundantes ‘buffets’ y menús ‘todo incluido’. Sin embargo, cuando se regresa a la rutina, se intenta perder rápidamente el peso ganado», ha explicado el experto en nutrición y portavoz del IMEO, Rubén Bravo.

En este sentido, la doctora Marqués ha aconsejado elegir los platos menos calóricos en el ‘buffet’ libre, dando preferencia a las ensaladas y sopas frías, tomar agua en lugar de bebidas alcohólicas o refrescos e incorporar al menú, junto al pescado a la brasa, una piña colada, espárragos blancos o un ‘crudité’ de apio y pepino.

Asimismo, la experta ha subrayado la importancia de practicar ejercicio físico; y hacer cenas ligeras a base de sopas frías, ensaladas o pescado.

PAUTAS SI TE ALOJAS EN UNA CARA RURAL

Por otra parte, muchas familias con niños optan por alojarse en un apartamento o casa rural durante sus vacaciones, por lo que los expertos han recomendado a los padres hacer desayunos ricos y nutritivos que incluyan, al menos, un cereal integral, un lácteo, una proteína magra, una grasa saludable y una fruta de temporada como melón, sandía, albaricoques, cerezas o melocotón.

Aprovechar las frutas y verduras de temporada; establecer unos horarios de comidas y emplearlos como un momento familiar, para comer sin prisa y cuidar sus digestiones; esperar al menos entre media hora y una hora después de terminar de comer; y fomentar la merienda, son otros de los consejos aportados por los nutricionistas de IMEO.

«Durante el verano debemos tratar de mantener una dieta variada rica en frutas y verduras frescas, pescados, carnes magras, cereales integrales, legumbres, frutos secos y aceite de oliva. A pesar de las frecuentes salidas y comidas fuera de casa, es importante acostumbrarnos a no improvisar y elaborar semanalmente una lista de compra, dejando que los menores aporten también sus gustos y preferencias para que posteriormente se impliquen tanto en la compra como en la preparación de los platos saludables», han zanjado.